26 abril, 2014

Ateísmo

Soy ateo. Por esa causa Dios se enfureció conmigo y me sometió a un vendaval de infortunios. Soporté todo con dignidad y tesón. Le dije que tanto abuso era prueba de su inexistencia o al menos de su inutilidad. Desde entonces no me ha molestado.

19 abril, 2014

El físico teórico

Se movió de este a oeste a gran velocidad y logró retroceder en el tiempo unas horas.  Aceleró su movimiento hasta el punto en que logró retroceder varios días. Buscó modo para superar en varias veces la velocidad de la luz. Lo hizo. Primero desapareció él, luego la galaxia, finalmente el universo completo. Usted es una ilusión, un fantasma. O quizás existe en otro universo.

13 abril, 2014

Everywhere

El buitre me seguía a dondequiera que fuese con una persistencia extraordinaria. No me inspiraba temor pese a su apariencia temible: curvo pico filoso, ojos oscuros como escotillas del infierno, cuello estriado y rugoso cubierto de manchas rojizas, ridículamente orlado por un collar blanco.
Caminaba tras mis pasos con gracioso balanceo, con las alas medio abiertas para mejorar su equilibrio. Al paso de las horas logró impacientarme; me volteé para enrostrarlo.
-¿Acaso quieres decirme algo? Anda, procede –espeté.

Como es de suponer, no hubo respuesta. Los buitres no hablan. Solo te siguen a todo lugar. Y esperan. Tienen mucha paciencia. 

05 abril, 2014

Circus 3

El enano era pequeño, resentido, envidioso, lleno de fracaso. Tenía celos de artista contra todo el mundo, pero el trapecista concentraba su rencor. Se estremecía de odio al escuchar las ovaciones con que el público lo premiaba. El enano era un asesino en potencia. A la primera oportunidad, envenenó al trapecista. La misma tarde del velorio se ofreció atolondradamente para reemplazarlo. Le dijeron que sus brazos eran demasiado cortos para aferrarse al trapecio. Él dijo que eran cortos, pero fuertes. Que no debían discriminarlo. Gran suerte que nadie sospechara de él. Procuraron disuadirlo sin éxito. Arrastrado por su ansia de fama, insistió hasta que no hubo más remedio que darle la oportunidad de su vida.
Consiguió el aplauso que ansiaba. El público contuvo la respiración para el doble salto mortal. Sintió la turbulenta  adrenalina corriendo por sus venas y quiso repetirse la dosis, pero el trapecio le fue esquivo. Un milímetro apenas lo separó definitivamente de la vida. Sus malditos brazos cortos. Mientras volaba fuera del alcance de la red, pensó que aquella postrera aclamación compensaba todos sus anhelos frustrados. Y confundió el unánime aullido de horror con la consagración definitiva.


 
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