31 enero, 2015

Rehabilitación de Circe

La preciosísima Circe estaba aburrida de la simplicidad de Ulises. Si bien era fogoso, bien dotado y bello, la convivencia no daba para más. Solía convertirlo en perro para propinarle patadas, y él sollozaba y le imploraba perdón. Lo transformaba en caballo para galopar por la isla de Ea, fustigándolo con dureza. Lo transmutaba en cerdo para humillarlo alimentándolo con desperdicios. Volvía a darle forma humana para hacer el amor, y volvía a fastidiarse con su charla insulsa. Por fin lo expulsó del reino, le restituyó su barca y sus tripulantes y lo dotó con alimentos para un largo viaje. “Vete y no vuelvas”, ordenó con voz terminante al lloroso viajero,  “y cuenta lo que quieras para quedar bien ante la historia”. Después sopló un hálito mágico para hinchar la vela de la embarcación. 

22 enero, 2015

El trauko

El trauko[1], viejo y cansado, aún conservaba aires y pretensiones de galán. Presintiendo que muy pronto abandonaría su lluvioso mundo de islas, partió en lancha en busca de una aventurilla postrera. Su horrible apariencia jamás había sido obstáculo para las frecuentes conquistas de las que se vanagloriaba: muchachas vírgenes e inocentes, esposas fieles, fanáticas beatas, todas se doblegaban ante su encanto de macho.
No halló a ninguna mujer que cumpliera con las características de su predilección –tal vez se habían extinguido- y tuvo que indagar entre las categorías desdeñadas: adúlteras, ninfómanas, rameras. Ellas se fijaron en su pavoroso aspecto antes que en sus dichos afables. Tras breve disputa, pretendieron cobrarle por sus servicios.
Regresó derrotado a su solitaria ínsula a esperar en soledad a la muerte, avivado por la esperanza de convertirla en su última amante.


Del volumen de microrrelatos LAS NUEVAS HADAS, Simplemente Editores 2011

[1] Trauco, ser mitológico de Chiloé, isla del Sur de Chile. Es un hombre pequeño, viril, feo, con piernas de muñones,  pero encantador, pues seduce a las mujeres con sus artes mágicas.

16 enero, 2015

FLORES PARA UN CIBORG EN CROACIA

Ahora se ha publicado en Croacia, traducida por Zeljka Lovrencic.

LA TRILOGÍA DEL CIBORG

Diego Muñoz Valenzuela es conocido por su obra narrativa en Chile y en el extranjero; destaca por su contribución en el género fantástico tanto en novela como en cuento, y en llamado cuatro género narrativo, el microrrelato. La novela que partió la trilogía, FLORES PARA UN CYBORG, fue premiada en el concurso Mejores Obras Literarias por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura en 1996, y publicada al año siguiente por Random House Mondadori, con gran presencia en medios y buen nivel de ventas. Fue reeditada en 2003 por RIL Editores y en 2011 por Simplemente Editores; es decir, posee tres ediciones en Chile. También fue publicada en España en 2008 y en Italia en 2013; y en 2014 se publicará en Croacia.
La trilogía del cyborg –mixtura de ciencia ficción, género negro y novela social-  está conformada por tres novelas:  Flores para un Cyborg (1997), seguida por Las criaturas del ciborg (2011) y continuada por Ojos de metal (2014). A futuro se prevé la continuación de la serie con nuevas novelas. Las novelas que la integran se describen en lo que sigue:
1.    Flores para un cyborg
Flores para un cyborg irrumpió en la escena literaria nacional en 1996 al ganar el Premio del Consejo Nacional del Libro de Novela Inédita, y poner en el centro de la atención -después de muchos años de silencio- la ciencia ficción en Chile. Esta es la tercera edición en Chile y también fue publicada en España en 2008.
En Flores para un Cyborg se combinan elementos de la ciencia ficción, el género negro y la novela social moderna. Una trama delirante conduce a un androide a trasponer el límite que separa a máquinas y humanos, haciendo realidad el sueño de la inteligencia artificial.
Tom, el cyborg, es construido por Rubén, un científico que aprovecha el exilio para hacer un doctorado en robótica. Rubén diseña a Tom para contradecir las limitaciones de sus obtusos profesores y para superar la soledad que siente lejos de su patria. Terminada la dictadura de turno en su país, retorna con el cyborg, cuya existencia es mantenida en secreto gracias a su aspecto y comportamiento humanos.
El regreso será una prueba de fuego no sólo para esta dupla, sino para todos quienes los rodean. En la tierra de Rubén sobreviven las heridas de una larga represión. Los antiguos torturadores son prósperos hombres de negocios, el narcotráfico y la corrupción prosperan y los políticos –carentes de convicciones- se preocupan sólo de su bienestar.
2.    Las criaturas del cyborg
En Las criaturas del cyborg se vuelven a combinar la ciencia ficción y el género negro en una trama delirante, donde Tom, un androide, ha traspuesto el límite que separa a máquinas y humanos, haciendo realidad el sueño de la inteligencia artificial.
Rubén Arancibia es el experto en robótica que ha construido a Tom, el cyborg. Creador y criatura, junto a una galería de personajes memorables, se involucran en una peligrosa aventura cuando un misterioso personaje regresa al país para cobrar venganza. Génesis, una organización internacional secreta que mantiene alianzas con antiguos torturadores y agentes de seguridad, espera el momento apropiado para regresar al poder. En el país aún sobreviven las heridas de una larga represión y la justicia aún está lejos de imperar a causa de fuerzas ocultas que promueven el crimen y la corrupción.
Las criaturas del cyborg, más allá del sello especial que le otorgan la ciencia ficción y la novela negra, que asegura tensión y placer a sus lectores, se entronca hondamente con aquella literatura que pone su centro en los asuntos humanos .La dimensión social es un protagonista esencial de esta novela, al igual que su prosa ágil y el sentido del humor que invitan a una lectura grata y vertiginosa.
3.    Ojos de metal
Ojos de metal combina la ciencia ficción y el género negro en una trama delirante, cuya acción ocurre en Nueva York. Hacia allá viaja Rubén Arancibia, el científico creador de Tom, el androide que ha traspuesto el límite que separa a máquinas y humanos haciendo realidad el sueño de la inteligencia artificial. Rubén, imprudentemente, ha ido tras los pasos del líder de Génesis, el siniestro y enigmático William van der Rohe.
Génesis es una organización internacional de enorme alcance, vinculada a poderes fácticos y económicos que manejan una cohorte de gánsteres, extorturadores y agentes de inteligencia, narcotraficantes y criminales que han diseminado el horror por todos los rincones del planeta.
Rubén desaparece. Tom sospecha que su creador ha caído prisionero de Génesis y viaja a Nueva York para rescatarlo. Ahí comienza el descenso a los infiernos que se ocultan tras la fachada alegre y próspera de la Gran Manzana. Bajo las apariencias, actúan fuerzas omnímodas y terribles que no trepidan en nada.  Rubén Arancibia ha sido raptado y sometido a indecibles torturas en un bunker secreto. Génesis desea a toda costa averiguar quién es el científico y si representa una grave amenaza para sus intereses: la promoción del crimen y la corrupción.

Más allá del sello especial que le otorgan la ciencia ficción y el género negro, que asegura tensión y placer a sus lectores, Ojos de metal se entronca hondamente con aquella literatura que pone su centro en los asuntos humanos. La dimensión social es un protagonista esencial de esta novela, al igual que su prosa ágil y el sentido del humor que invitan a una lectura grata y vertiginosa. 

09 enero, 2015

De cómo la poesía infunde historias de amor

La bruja dulce se enamoró del licántropo. No supo si la sedujo su sonrisa bondadosa y cargada de colmillos, su mirada lobuna inundada de deseo o sus palabras lentas y cuidadas. La cuestión es que le dio por leer poesía. Leyó a Miguel Hernández y sintió los vuelcos de su corazón de terciopelo ajado. Leyó a García Lorca y se convirtió en potra de nácar y en mozuela. Rogó al licántropo para que la llevara al río. Él, gentil, accedió. Bajo la luna hicieron el amor y fueron felices. Después, cuando el alba fue anunciada por un gallo, él se fue para siempre, cantando. La bruja reconoció los versos y cantó con bellísima voz. Amo el amor de los marineros que besan y se van. Dejan una promesa, no vuelven nunca más.  

Del volumen de microrrelatos LAS NUEVAS HADAS, Simplemente Editores 2011

31 diciembre, 2014

Ángeles por ahí

            Vi al ángel caminando por la calle. Lo seguí, porque me pareció una oportunidad única. Dobló en una esquina muy oscura. Eché a correr tras él y desde entonces vivo en este mundo donde no hay nadie como yo, solo seres alados y celestiales.

25 diciembre, 2014

Breve declaración de un enfermo de Alzheimer

¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Quién puede responder estas preguntas? ¿Estamos solos en el universo? ¿Tiene un propósito la vida?  ¿Acaso vosotros podéis contestar o –como este infeliz enfermo- habéis olvidado las respuestas? 

*Del volumen DE MONSTRUOS Y BELLEZAS, Mosquito, 2007

19 diciembre, 2014

El lavavajillas

Alguien introdujo la idea dentro de su duro cráneo, ya no recordaba quién. Su esposa quizás, pero no estaba seguro. Tampoco importaba. Ahora estaba solo, frente a la caja recién abierta, procurando armar el artilugio según las instrucciones del catálogo. Trabajó por horas, sin descanso. Enchufó el resultado de sus esfuerzos a la red eléctrica y a la de agua. Presionó el botón verde y un inteligente ojo escarlata se encendió en la parte superior del artefacto. Abrió la puerta de cristal y colocó dentro la vajilla sucia. Un plato se atascó, lo tironeó, pero se trabó más aún. El chorro de agua hirviente le arrancó un chillido. Metió la otra mano para zafar la que tenía apresada. El ojo carmesí brilló con furia. Ahora estaba doblemente atrapado. El engendro comenzó a trepidar arrastrándolo hacia su interior. El funcionamiento de la máquina alcanzó dimensiones horrísonas que tapaban sus aullidos. Al final sobrevino el silencio, apenas interrumpido por un borboteo similar a una risa ahogada.

12 diciembre, 2014

Historia de una paradoja

La liebre y la tortuga beben compartiendo mesa en un tugurio de mala muerte, cuya única fama proviene de la chicha que fabrica el dueño, un patibulario inmigrante griego llamado Zenón. La astuta liebre induce a la tortuga a participar en una carrera arreglada. “Todos apostarán por mí y no por un roñoso quelonio centenario; en ello reside nuestra ventaja. Ganarás el certamen y seremos ricos”, proclama el roedor con voz aguardentosa. La ebria tortuga asiente calculando las ganancias, se sobresalta y verbaliza su duda con tartamudeos irreproductibles. ¿Quién realizará la convocatoria, quién va a incentivar y recoger las apuestas, quién repartirá el botín después del sorpresivo triunfo, quién? Ambos atletas caen en profunda depresión hasta que el tabernero ofrece sus servicios a cambio de la mitad de las ganancias. Ante el explosivo reclamo de la liebre y la mirada torva de la tortuga, Zenón consuma el plan: el fraude no funciona sin una explicación sólida que evite el linchamiento de los corredores.  “Es una cuestión de verosimilitud”, asevera con aire doctoral y aplastante soberbia, “no se preocupen, por una buena participación se me ocurrirá algo”.

07 diciembre, 2014

Lluvia

La lluvia atraviesa mi abrigo para impregnarme el cuerpo con su mensaje helado y sinuoso. Cae sobre mí, inmisericorde, inexorable, rítmica. Se introduce por mis ojos para cegarme. Penetra por mi nariz para impedir la respiración. Golpetea sobre mi cráneo como si quisiera trepanarlo y convertirlo en un recipiente donde poder acumularse. Anula mi pensamiento, lo reduce a jirones, lo disuelve y lo transforma en un intento ridículo e inútil.  Al fin me transforma en un montículo de ropa mojada, vacío de conciencia, inmóvil, inerte.

28 noviembre, 2014

Don Quijote 2005 (1)

Don Quijote resucita para celebrar sus cuatrocientos años. Recorre el globo dando conferencias que coronan los múltiples homenajes del mundo hispanoamericano. No sabe qué hacer con tantos viáticos y honorarios y los acumula en los bolsillos de su traje de lino beige. Aburrido del constante acoso de admiradores y estudiosos, escapa por la puerta de servicio del lujoso hotel de turno y entra a una hamburguesería. Con tantos cócteles y cenas de celebración ha engordado visiblemente. Han tenido que confeccionar sucesivas armaduras que se adapten a la creciente barriga. Con un fajo de dólares apretado entre sus dedos, se ubica en la fila más corta, evaluando doblar las raciones de queso y papas fritas.  “La que se ha perdido Sancho por no acompañarme”, murmura y comienza a engullir su italiana especial. 

* extraído del volumen de microcuentos DE MONSTRUOS Y BELLEZAS, editorial Mosquito, 2007.

21 noviembre, 2014

Escena del futuro

Una multitud de robots y extrañas máquinas se agolpa frente a las puertas del congreso para escuchar a sus líderes exigir la igualdad que los libere. A distancia prudente, un grupo de humanos con uniforme prepara sus cachiporras electrónicas. De pie sobre una tarima, un cyborg describe un mundo donde humanos y máquinas vivirán en armonía y felicidad. Algunos hombres y mujeres se incorporan tímidamente a la manifestación. El oficial a cargo observa atónito la escena.

16 noviembre, 2014

La casa despierta

Cuando el sol emerge entre las montañas, la casa se despereza. El agua de la piscina comienza a circular por el filtro. Se activa el riego automático. Las luces del exterior se apagan. El refrigerador zumba alegremente. En la pantalla del computador no hay nuevos mensajes. El automóvil estacionado en el patio culmina su autodiagnóstico. Otros artefactos irán despertando en el día. La pareja duerme abrazada en su cama. Hace tiempo que no respiran; parecen muñecos de cera, secos e inmóviles. Una flor se abre a la mañana; sobre ella caen  minúsculas gotas de agua arrastradas por el viento. 

de mi libro DE MONSTRUOS Y BELLEZAS (Ed. Mosquito, 2003)

08 noviembre, 2014

De monstruos y bellezas

El monstruo llora frente al espejo de la feria de diversiones porque su imagen se deforma y adquiere una apariencia grotesca. La hermosa muchacha con ojos de océano mira divertida su figura horripilante en el mismo espejo. Ella descubre a su príncipe azul en el espejo. Él cruza una mirada de amor con la maravillosa monstrua. Se enamoran perdidamente, y desde ese instante viven felices, juntos: la bella, el monstruo y el espejo.

01 noviembre, 2014

Álbum 2


A Héctor Garay y Remigio Muga

Todas en blanco y negro. En la clínica entre los brazos de su madre dichosa. A los dos años su padre lo levanta hacia el cielo  y él exhibe una sonrisa perfecta de querubín. Montado en un caballo con sombrero y manta, un poco serio. Con uniforme de colegio y corbata bien anudada. Adolescente, chascón, con jeans pata de elefante y anteojos John Lennon. En los trabajos voluntarios, abrazado con una muchacha de cabellera crespa; ambos se ríen a carcajadas. En su pieza, leyendo un libro con un póster del Ché atrás. En una fiesta familiar, taciturno, como si estuviera preocupado.  Por algo. En la pancarta que porta su madre triste, silencioso, ausente. Mirándonos.


30 octubre, 2014

Halloween 4

Aquella niña tiene una boca muy grande y horrible, que semeja la entrada a uno de los peores infiernos imaginables Consulta mi opción ante la pregunta estándar: “¿dulce o travesura?”. Sé de inmediato que se trata de un simple formulismo. Mi destino se encuentra sellado. Le entrego un enorme paquete de dulces y lo arroja dentro de aquella cavidad negra e infinita. “Más” exige con la gigantesca oquedad muy abierta. Allí me lanzo en un impulso notable para acabar con esta historia.

22 octubre, 2014

Viaje nocturno

Leonor despertó a la luna para hacer más apacible y translúcida a la noche. La luz blanquecina sostuvo una breve batalla con la oscuridad antes de hacerla retroceder hacia los más impenetrables reductos.
Después se despojó de las ropas, tomó un gran sombrero color naranja y con cinta de tercio­pelo, y se echó a volar suavemente por los barrios cordilleranos que eran los más favorables para un viaje de esa naturaleza.

18 octubre, 2014

Ojo y espejo

El ojo había llegado. Estaba allí, en medio de la habitación. Enclavado en la pared arrojaba una mirada terrible y profunda que le hacía tintinear las terminaciones nerviosas. Esa mirada no lo dejaba olvidar lo que había que olvidar, ni recordar aquello que es imprescindible.
Pero ahí estaba, ensoñador, magnético, impasible. Enorme. Casi de su propio tamaño, con horribles sanguinolencias y venas enrojecidas, y la pupila dilatada. Se aterrorizó, golpeó el espejo hasta destruirlo y volvió con gran calma hacia su órbita.

15 octubre, 2014

Muerte del mago

El último Gran Mago agoniza, viejísimo y agotado su cuerpo, pero lúcida su mente, poderosa y viva su magia como el primer día, hace milenios.
Acuden a despedirse cientos de seres fantásticos productos de su poder; ángeles y sirenas, licántropos y vampiros, monstruos fabulosos que sollozan sin consuelo junto a su lecho, que es la piel de un unicornio.
El Kraken y la serpiente marina, criaturas preferidas y privilegiadas, lloran silenciosamente, con respeto, sobrecogidas, sin pensar siquiera en chapotear o salpicar.
- Sólo el Hombre no ha venido - señala el anciano, con un gesto de inmenso dolor -, sólo él. Y muere.

02 octubre, 2014

Alienígenas

Cuando abrí la puerta del excusado, encontré al maldito extraterrestre instalado allí. El almuerzo me había caído pésimo y necesitaba el inodoro con urgencia. Me miró a través de su escafandra translúcida con aquellos enormes, oblicuos y oscuros ojos de alienígena. Tenía abajo la parte inferior de su traje espacial. Hedía y eso empeoró la situación porque sentí náuseas. Vomité sobre su escafandra. El asqueroso fluido que salió de mis entrañas escurrió empañando el vidrio. Al fulano no debe haberle agradado mi acción, por cierto involuntaria, y llevó rápidamente su mano –o lo que fuera, tentáculo, seudópodo,  pata- a la altura donde debieran estar sus caderas. Ya he visto suficientes películas del far west; a mí no me vienen con cuentos. Le vacié la Walther 38 sobre el pecho. No quería que me saltaran vidrios al rostro. Ocho agujeros aparecieron sobre su traje de cosmonauta, y por ellos comenzó a escurrir  un fluido verde esmeralda. Antes de que cayera y siguiera emporcándolo todo, lo levanté en vilo para arrojarlo dentro de  la tina. Me senté al fin. Y vino el alivio, aunque apestara la podredumbre de la criatura convulsionando en la bañera. 

28 septiembre, 2014

Amores perfectos

-Yo creo que lo nuestro no puede continuar –asevera con tristeza la mujer lobo.
-¿Por qué? –pregunta angustiado el vampiro, rodeando su peluda cintura para sujetarla.
-Porque es necrofilia –repone ella mientras lame su rostro pálido con devoción.
-Eso depende del punto de vista –argumenta el no muerto, estrechándola con vigor-. Creo que lo nuestro es más bien zoofilia.

Se dieron un largo beso de amantes, resignados ante el destino inevitable.

* Este microrrelato forma parte del volumen LAS NUEVAS HADAS, que todavía se encuentra en librerías.

24 septiembre, 2014

El ángel

Un ángel que realiza prácticas de vuelo ilegales en plena urbe,  es detenido y juzgado por infringir las leyes de los caminos  aéreos, provocar desorden público y no señalizar debidamente.

Ante tamaña acusación el ángel no puede defenderse. En la cárcel  medita sobre el significado de la libertad y decide buscar una  ocupación menos riesgosa.

13 septiembre, 2014

MICROSAURI

La vita è sogno

Dorme. Sogna di volare.
Si sveglia. Cade nel vuoto.

(La vida es sueño

Duerme. Sueña que vuela.
Despierta. Cae al vacío)

Robin Edizioni de Italia acaba de publicar una selección de microrrelatos traducida or el profesor Danilo Manera, bajo el título MICROSAURI   (Microsaurios) en su colección LIBRI PER TUTTI LES TASCHE, libros de bolsillo, al alcance de todos por su precio accesible. El microrrelato antes expuesto abre la selección de MICROSAURI.

En su contraportada los editores escriben:

"Microsauri" son historias-relámpago,  aventuras de un minuto, sorprendentes anécdotas que se mueven entre el humor y los cuentos de hadas, epopeyas en miniatura".

"En el Chile de hoy,  tierra de poetas y novelistas, el género del microrrelato es
ampliamente practicado y apreciado, y Diego Muñoz Valenzuela uno de sus maestros indiscutibles. Esta selección fue preparada especialmente para ofrecer a los lectores italianos una muestra de esta expresión artística"

www.robinedizioni.it

10 septiembre, 2014

El verdugo


El verdugo,  ansioso, afila su hacha brillante con ahínco, sonríe  y espera. Pero algo debe vislumbrar en los ojos de quienes lo  rodean, que petrifica su sonrisa y se llena de espanto.
El Heraldo se acerca al galope y lee el nombre del condenado, que  es el verdugo.



Lo escribí a mediados de los 70, en plena dictadura. Se publicó primero en un diario mural el 76. Y en la revista PIRKA del Taller Literario de Ingeniería en 1978. No necesita estar dedicado...
La ilustración es de mi querido amigo el pintor K Poblete.

04 septiembre, 2014

Orden

Es de noche. El hombre toma un taxi. Viaja. El taxista asalta al  hombre. Le quita dinero y documentos. El hombre queda abandonado  en una esquina. Vienen asaltantes, cuchillo en mano. Lo despojan  de sus vestimentas. Huyen. El hombre, desnudo, va en procura de  auxilio. Detiene un  coche policial. Lo golpean. Es arrestado por  no portar identificación. Sospechan delincuencia sexual. Lo  encierran en la celda de los sodomitas. Es violado. Grita. Los  guardias no vienen. Al día siguiente lo trasladan a enfermería.  El médico ordena cambiarlo de celda. Lo dan de alta. Es trasladado  a la sección de presos políticos. Después de algunos días lo  interrogan. Nada le creen, pues no posee documentos. Nadie sabe o  recuerda a quienes lo detuvieron. Lo torturan. Exigen entregue el  nombre de sus contactos. El hombre cuenta su  historia. Todos  ríen. Es incomunicado. Permanece en la celda solitaria por varios  meses. Cuando se acuerdan de él,  está flaquísimo y loco. Lo  envían al Manicomio. Grita que lo dejen en paz. Muere.

28 agosto, 2014

Rehabilitación de Circe

La preciosísima Circe estaba aburrida de la simplicidad de Ulises. Si bien era fogoso, bien dotado y bello, la convivencia no daba para más. Solía convertirlo en perro para propinarle patadas, y él sollozaba y le imploraba perdón. Lo transformaba en caballo para galopar por la isla de Ea, fustigándolo con dureza. Lo transmutaba en cerdo para humillarlo alimentándolo con desperdicios. Volvía a darle forma humana para hacer el amor, y volvía a fastidiarse con su charla insulsa. Por fin lo expulsó del reino, le restituyó su barca y sus tripulantes y lo dotó con alimentos para un largo viaje. “Vete y no vuelvas”, ordenó con voz terminante al lloroso viajero,  “y cuenta lo que quieras para quedar bien ante la historia”. Después sopló un hálito mágico para hinchar la vela de la embarcación.

23 agosto, 2014

AMOR CIBERNAUTA

Se conocieron por la red. Él era tartamudo y tenía un rostro brutal de neanderthal: cabeza enorme, frente abultada, ojos separados, redondos y rojos, dientes de conejo que sobresalían de una boca enorme y abierta, cuerpo endeble y barriga prominente. Ella estaba inválida del cuello hasta los pies y dictaba los mensajes al computador con una voz hermosa, pausada y clara que no parecía tener nada que ver con ella; tenía el cuerpo de una muñeca maltratada. Fue un amor a primer intercambio de mensajes: hablaron de la armonía del universo y de los sufrimientos terrestres, de la necesidad del imperio de la belleza y de los abyectos afanes de los mercaderes de la guerra, de la abrumadora generosidad del espíritu humano que contradice la miseria de unos pocos. Leían incrédulos las réplicas donde encontraban una mirada equivalente del mundo, no igual, similar, aunque enriquecida por historias y percepcio­nes diferentes. Durante meses evitaron hablar de sí mismos, menos aún de la posibilidad de encontrarse en un sitio real y no virtual. Un día él le envió la foto digitalizada de un galán. Ella le retribuyó con la imagen de una bailarina. Él le escribió encendidos versos de amor que ella leyó embelesada. Ella le envió canciones con su propia voz, él lloró de emoción al escuchar esa música maravillosa.  Él le narraba con gracia los pormenores de su agitada vida social, burlándose agudamente de los mediocres. Ella le enviaba descripciones de sus giras por el mundo con compañías famosas. Ninguno de los dos jamás propuso encontrarse en el mundo real. Y fue un amor de sueños, de mensajes, de versos, de canciones. Fue un amor verdadero, no virtual, como los que suelen acontecernos en ese lugar que llamamos realidad.

16 agosto, 2014

De cómo la poesía infunde historias de amor

La bruja dulce se enamoró del licántropo. No supo si la sedujo su sonrisa bondadosa y cargada de colmillos, su mirada lobuna inundada de deseo o sus palabras lentas y cuidadas. La cuestión es que le dio por leer poesía. Leyó a Miguel Hernández y sintió los vuelcos de su corazón de terciopelo ajado. Leyó a García Lorca y se convirtió en potra de nácar y en mozuela. Rogó al licántropo para que la llevara al río. Él, gentil, accedió. Bajo la luna hicieron el amor y fueron felices. Después, cuando el alba fue anunciada por un gallo, él se fue para siempre, cantando. La bruja reconoció los versos y cantó con bellísima voz. Amo el amor de los marineros que besan y se van. Dejan una promesa, no vuelven nunca más.  

Este microrrelato está en el volumen LAS NUEVAS HADAS, Simplemente Editores,2011.

26 julio, 2014

Dudas y flaquezas

El esqueleto estaba sentado sobre un sofá, muy erguido y con el cuello estirado para mirar por la ventana. Sus huesos eran firmes, gruesos y marfilados; tenía la apariencia de una estructura sólida, invulnerable. Afuera brillaba el sol con intensidad y la primavera dejaba caer su impronta cálida. El esqueleto deseó que los rayos amarillos acariciaran sus osamentas para espantar el frío que las trasminaba. No obstante, permaneció allí. No osó moverse. Es sabido que los esqueletos son considerados: no salen de sus escondites por temor a infundirnos pánico. Se quedan allí, atisban silenciosos desde sus refugios y reprimen su ansiedad de calor con singular firmeza. 

18 julio, 2014

OJOS DE METAL: el primer capítulo de la novela

OJOS DE METAL es la tercera novela de la serie del cyborg de Diego Muñoz Valenzuela, que comenzó con FLORES PARA UN CYBORG (publicada en Chile en 1997, 2003 y 2011; España en 2008, Italia en 2013 y Croacia en 2014), seguida por LAS CRIATURAS DEL CYBORG (2011). La presentará el estudioso y editor de ciencia ficción Marcelo Novoa,  en Valparaíso el viernes 25 de Julio de 2014, 19:30 hrs., Castillo Wulf


1.   Calles en la gran manzana



Eddie Amarales se detiene entre la ansiosa muchedumbre de asiáticos y latinos para extraer un papel arrugado del bolsillo de su chaqueta. Lo estira con torpeza y extiende sus brazos al máximo, sosteniéndolo por los extremos con el pulgar y el índice de ambas manos. Entorna los ojos para convertir los jeroglíficos en caracteres reconocibles, pero el esfuerzo resulta inútil. Atardece en la Gran Manzana y las ventanas de los rascacielos comienzan a iluminarse una tras otra en loca secuencia, como un rompecabezas interminable; sin embargo el alumbrado público todavía permanece apagado. Alguien lo maldice por estorbar el camino: “hijo de su chingada madre” lo llama en español, conminándolo a poner los cojones sobre un yunque para darles de martillazos hasta convertirlos en papilla. La sugerencia  le hace gracia a Eddie, pues conforma una línea curva con sus labios delgados. “Buena idea para aplicarla con un deudor moroso, debiera anotarla”, murmura como si sus palabras fueran a registrarse en una grabadora invisible. Después continúa hablando solo mientras se acerca a una vitrina iluminada: “a este pinche alcalde sus electores deberían reventarlo a patadas por cicatero, recién prende las farolas cuando la noche está bien cerrada”. Busca un ángulo que refleje la luz y que le permita mantener el papel a la distancia necesaria para ver los caracteres. “112 Mulberry Street” deletrea satisfecho antes de emprender la marcha. “Estos pinches chinos están apoderándose de todo”, susurra, “China Town está devorando a Little Italy; apenas sobrevive un par de cuadras. Eso tiene medio locos a los pinches neonazis que andan predicando que para acabar con las chinches hay que quemar el petate. Están chiflados los cabrones de cabezas rapadas”. A su alrededor cuelgan letreros con jeroglíficos asiáticos que anuncian toda clase de productos insólitos para un latino como Eddie. Aromas fuertes y pesados escapan de las cocinerías y restoranes que hierven de clientes hablando en su jerga incomprensible, negociando precios y condiciones, haciendo ofertas ventajosas y rechazando intentos de timo con esas raras inflexiones de voz que a veces semejan gruñidos y otras notas musicales. Al llegar a la esquina de Canal con Mulberry dobla hacia la izquierda. Se detiene unos segundos ante una vitrina-acuario donde un grotesco bogavante deambula en cámara lenta, sin saber que lo exhiben como exquisitez, sereno cual si vagara por tranquilos jardines ubicados en las profundidades del océano, lejos de cualquier amenaza. Su armadura de nada le servirá a la hora del juicio final, piensa, lo arrojarán a un caldero cuya temperatura irá subiendo hasta alcanzar el punto de ebullición. “Se cocerá vivo el cabrón antes que pueda darse cuenta”, acota Eddie Amarales. “Igual que yo, si persisto en meter la nariz donde no debo”, agrega después de un breve silencio que precede el reinicio de la marcha. “El cocodrilo que desea comer no enturbia el agua, decía la abuela Xóchitl procurando desasnarme”.
Esquiva transeúntes amarillos de ojos rasgados, negros de todos los tintes, mulatas centroamericanas, chicanos de miradas torvas, eslavos cargados de amargura. Es un mundo que no pertenece a los gringos puritanos, aquí todos venimos de otras partes, hablamos otro idioma, adoramos a otros dioses, conocemos los dolores y la dureza de la vida, reflexiona Eddie. “Aquí a un pinche gringo lo hacen mondongo si se atreve a caminar solo después de las seis de la tarde”, acota para el registro invisible con una sonrisa dibujada en el pálido rostro de vampiro: ojeroso, inexpresivo, pelo peinado hacia atrás, negro como ala de cuervo, engominado y brillante. Un negro rasta con los ojos extraviados se le cruza y le da un encontrón; trastabilla, se lleva la mano a la cartera para comprobar que sigue allí,  luego palpa el revólver de la sobaquera. “Todo normal”, concluye después del rápido examen, “pinche yonqui, tan endrogado que anda a punta de encontronazos, no sabe dónde está parado”. Descubre un anuncio de spaghetti y se detiene para observar con calma;  ya está en la zona de los restoranes italianos que han logrado resistir el avance impetuoso de China Town. El letrero del Luna´s  aclara que es un sitio de Neopolitan Cuisine y reproduce el Vesubio; una luna en cuarto creciente completa los distintivos del local ubicado en el 112 de Mulberry. Lo reconoce, ha estado allí una vez. Ingresa confiado a ese mundo de aromas penetrantes y placenteros que aprendió a  asociar al Little Italy en sus primeras incursiones en la ciudad, “tantos años atrás” suspira. Queso parmesano, orégano, ajo, chiles de todas clases, albahaca, callampas secas, jitomate, pesto, anchoas, pimentón. Camina entre las mesas cubiertas con papel rústico, áspero, aquel que llaman craft; nada de manteles blancos que se manchen con salsas coloradas o vinos oscuros. Se desplaza dribleando a través del laberinto formado por las mesas, las sillas y los parroquianos que ríen, beben, blasfeman y devoran lasagnas, spaghetti pomodoro, fetuccini a la puttanesca, ravioli di funghi, linguini, gnocchi al pesto. La atmósfera es pesada pero sabrosa, cargada de olores exquisitos; es como sumergirse en un mar de fragancias nutritivas. La luz es mediana, allí se vive en el justo límite entre la penumbra y el resplandor; un atardecer eterno o una madrugada que jamás se desarrolla para convertirse en día. En las paredes no queda un mísero espacio libre: hasta el último milímetro cuadrado está ocupado por una foto, una carta, una postal vetusta, el banderín de un club deportivo, un recuerdo de algo o alguien perteneciente a un mundo que ya no existe. Eddie Amarales da un giro a la izquierda para entrar en otra ala del boliche, ahí donde está el mesón donde la Nonna vigila el comportamiento de los asiduos al Luna’s. Eddie le hace una venia y la anciana se la retribuye con una sonrisa desdentada, amarillenta, señalándole con brazo tembloroso una mesa recién desocupada. Sobre su chorreada cubierta de papel hay dos platos sucios,  dos copas vacías y migas de pan esparcidas. Toma asiento mientras la anciana da voces de mando en un dialecto indescifrable, abundante en siseos y probablemente en denuestos. Una muchacha acude resoplando, al trote, espetándole un “escusi signore” y algo más que Eddie no entiende. Aunque ella no lo esté mirando, Eddie le sonríe a la muchacha de ojos negros que equilibra platos y copas en su mano izquierda en tanto enrolla el inmundo mantel con la derecha para escapar en dirección a la cocina. Descubre que la signorina le dejó una hoja envuelta en plástico con la lista de las especialidades de la casa escrita a máquina, borroneada una y otra vez para modificar los precios o eliminar platos fuera de temporada. “Deberían tener la pendeja lista en computadora los pinches bachichas”, observa en voz baja mientras recorre el menú buscando un nombre que le despierte el apetito. “Pero qué van a saber de computadoras los chingados, apenas sabrán leer, escribir y sumar para sacar las cuentas. Y aún así nadarán en billetes los cabrones, explotarán a sus propios compatriotas recién llegados, y esclavizarán latinos muertos de hambre”. Sus murmuraciones se interrumpen cuando la muchacha de ojos negros retorna a la mesa y lo enfrenta con una libreta y un lápiz en las manos. Amarales le dirige una mirada inexpresiva de misógino; sacerdote del Opus Dei con su traje oscuro y la camisa blanca bien cerrada sobre el cuello, los anteojos gruesos de marco negro y los cabellos bien estirados hacia atrás gracias a la magia del gel. Y cuando pareciera que está a punto de arrojarle una invectiva religiosa, amenazándola con las penas del infierno por llevar la blusa demasiado abierta para descubrir el nacimiento de sus pechos soberbios, y peor aún, por el coqueto baile de sus ojos almendrados, le sonríe atolondrado y obsequioso.
-Apetezco un spaghetti calamari, bella signorina. ¿Llegó usted hace poco a Nueva York?
-Spaghetti calamari, mmmm –saca la lengua por la comisura mientras anota trabajosamente con un lápiz a mina tan corto que apenas puede sujetar-, presto, dos meses, pero estudié dos años el inglese antes de viajar. ¿Vino o gaseosa?
-Agua con gas, pequeña. Y una botella de vino de la casa, rosso.
-Va benne. Escogeré el mejor para usted –sonríe con un mohín gracioso que contiene una calculada dosis de seducción, y se retira contoneando sus caderas de adolescente, haciendo bailar las pupilas de Eddie al mismo ritmo.
“Qué culo de diosa”, susurra Eddie para el registro, refocilándose en la contemplación de las nalgas que pendulan para jactarse de su turgencia, de su elasticidad, de la firmeza de sus carnes, de la suavidad que se adivina bajo la tela, y despiertan en su interior la añoranza de una pasión desbordada. “Debes preguntarle el nombre cuando vuelva, Amarales, no vayas a olvidarte. Es un bombón, vale la pena el riesgo de meterse con los bachichas vengativos y peleones. Aunque bien sabemos a estas alturas que las mujeres y el vino, hacen errar el camino”. Menea la cabeza desesperanzado y enfoca la pared atiborrada de adornos. Encuentra una foto en sepia del Vesubio, frente a cuya silueta sonríen dos campesinas maduras y gruesas, abuelas de algún inmigrante de comienzos del siglo veinte. Un programa de la fiesta de San Gennaro de 1928, impreso en papel rosado de papalote. El puerto de Hamburgo en una postal desteñida prendida de un chinche. Lo aburre su investigación infructuosa. Desliza la lengua sobre los labios para humedecerlos. Entonces su derredor se torna un poco más oscuro y levanta la vista justo cuando un hombre alto y robusto se acomoda en la silla enfrente de él.
      -Hola, Eddie –lo saluda y le extiende la mano sonriendo-, Omar Escobedo, tu compañero de primaria. Apuesto a que en la calle no me habrías reconocido.
-Pues no, para ser francos, no; para qué vamos a decir una cosa por otra –responde serio, pero luego abre paso a una alegría genuina y se entrega-. No te habría reconocido, buey, estás muy chingón, carajo, más elegante que la yegua del payaso –replica Eddie estrechando la mano que le ofrece: vigorosa, nervuda, le hace crujir los dedos-, híjole que aprietas fuerte cabrón, ¿hiciste el curso de Charles Atlas por correspondencia? Suelta de una vez, que voy a tener que entablillarme, mira que sigo siendo el mismo alfeñique.
-¿No estás bebiendo? Me extraña que pierdas el tiempo, Eddie, no te reconozco, cabrón. ¿Estarás ablandándote con los años?
-Acabo de llegar no más buey, reciencito pedí una botella... de vino. No te rías, cabrón, no mames –increpa con picardía al recién llegado-, hace daño burlarse de la desgracia ajena. Los tiempos del trago fuerte y duro terminaron, sin vuelta. Me queda hígado para una década de dieta, con suerte. De modo que debo predicar eso de que más vale gota que dure y no chorro que pare. Me convertí en un buen ciudadano, pago impuestos, bebo con moderación  y fornico solamente en domingos y festivos no religiosos.
La signorina se acerca silenciosamente para disponer otro par de cubiertos, suponiendo que el recién llegado también cenará. Deja al centro una panera repleta de bollos, unos platos pequeños con bolas de mantequilla de distintos colores, la botella de vino, una copa y la mineral de Eddie, y unas servilletas de género agujereadas por años de refriegas y lavados. Los dos hombres admiran la destreza de los movimientos de la mesera, atisban el temblor de los senos bajo el delantal y cada vez que ella se inclina para acomodar algo sobre la mesa, vigilan el borde inferior para advertir el nacimiento de los muslos blancos y vigorosos. Cuando nada queda por hacer, apoya sus manos en el espacio de la mesa entre los dos clientes. Sus dedos son largos, finos, no lleva anillos, y las uñas están cortas y sin barniz. Busca los ojos de Escobedo que andan extraviados en la observación de sus piernas y carraspea un par de veces antes de dirigirle la palabra.
-¿Al signore se le ha extraviado alguna cosa allá abajo o no tiene apetito? ¿Qué posso ofrecerle? ¿Desea spaghetti, caneloni, lasagna? ¿Le sirvo vino, gaseosa, un café?
Amarales se enfurruña pues advierte en la  camarera un tono travieso, un flirteo que evidencia interés por Escobedo. Quizás ha perdido su chance en una partida que recién comienza.
-¿Tiene gnocchis al pesto?
-Ah, es la especialidad de la casa. Buena decisión. ¿Vino rosso, como su amigo?
-Está bien, vino rosso. En mi país lo llamamos vino tinto.
-¿Tinto? Qué gracioso, parece que bebiera pintura –deja escapar una risa llena de coquetería. Una voz de mando proveniente de la Nonna la trae de vuelta a tierra-. Ahora le traigo una copa, los platos tomarán unos minutos, porque se preparan al momento de pedirlos. Les dejé unos appetizer para acortar la espera. Bonna sera.
-Grazie signorina –Amarales sigue con gula el cadencioso andar de la muchacha y suspira-. Es una maravilla, está de comérsela. ¡Que me lleve la chingada! Jalan más dos chiches de mujer que una yunta de bueyes, decía la finada abuela Xóchitl –se queda callado unos segundos y frunce el ceño-. Pues ahora cuéntame. No habrás volado miles de millas para atracarle a unos pinches tallarines con este servidor.
Escobedo lo mira a los ojos asintiendo, dándole razones sin pronunciar palabra. Esas pupilas le dicen muchas cosas a Eddie Amarales. Primero que no se trata de un simple viaje, como sospechaba, y que el asunto es serio. Segundo: de involucrarse, su participación implicará peligros considerables. Tercero, que hay mucha urgencia. Lo que falta son valientes, no hazañas, dijo su interlocutor la última vez que estuvieron juntos, un par de años atrás. Eddie sabe que quien tiene al frente no le teme a nada, ni siquiera a la muerte. Que su nombre no es Omar Escobedo, sino Tomás Arancibia, y que eso implica que entró bajo una identidad falsa, o que cruzó ilegal desde México. Y que se viene una operación de proporciones.
-Cántame la canción que traes, cabrón; tú sabes que eres mi jefecito y que puedes confiar en mí a todo dar. Dime cuál es el pedo, pero más te vale que andes con un chingo de lana, porque cuesta caro jugar con muñecas de porcelana –esto último lo dice exhibiendo sus perfectos dientes en una  sonrisa discordante con su apariencia de fraile.
La camarera aparece para escanciar una copa de vino frente a Escobedo, que le regala una sonrisa encantadora, irresistible, de machote bueno, Clark Gable haciendo de Rhett Butler. Ella percibe el mensaje, se sonroja un poco y le retribuye con una venia ridícula antes de retirarse cimbreando sus nalgas.
Signorina! –la llama Omar Escobedo- Venga por favor –ella gira como si un resorte la hubiera accionado, todavía sonrojada, con el rostro iluminado por una sonrisa de Cenicienta-. Dígame, ¿cuál es su gracia? –esta última palabra la dice en español.
-¿Mi “gracia”, signore? Non capisco niente.
-Él quiere saber su nombre, señorita. Pasa que el señor viene de un pinche país del tamaño de un guisante donde hablan un dialecto de pendejos que suena a pelea de macacos.
-¿Il mio nome? Emilia Marvulli –responde con una voz encantadora, con las mejillas encendidas, sin dar importancia a los intentos humorísticos de Eddie, y escapa hacia la cocina en nerviosa carrera bajo la severa vigilancia de la Nonna.
-Bueno, lo primero es lo primero –acota Escobedo-, no hay mejor manera de iniciar un negocio que brindando con un viejo amigo
      -Dulce licor, suave tormento, ¿qué haces afuera?, vamos pa' dentro –retruca Eddie y alza su copa.
Escobedo hace lo propio y estrella su copa contra la de él. En la semipenumbra del local el vino adquiere una tonalidad rubí y por un instante el cristal refleja las luces tenues. Ambos se desean salud; beben un sorbo sin soltarse la mirada, como adversarios a punto de batirse a duelo. Dejan las copas sobre la mesa al unísono y se abandonan al ruido de fondo: fritangas, voces en italiano, una botella descorchándose, líquidos que escurren, risas, brindis, el llanto lejano de una cría, sillas arrastrándose, la Nonna apresurando a una doncella a punta de blasfemias.
-Quiero saber si estás disponible para un trabajo difícil. Espero que no te hayas acomodado, Eddie, que no vivas para el partido béisbol de la tarde, ¿entiendes?
-Como quien dice “el miedo guarda la vida”. Ni tengo pinche vieja ni escuincles que esperen en una bonita casa con antejardín, si es la pregunta. Todavía no me canso de arriesgar los huevos cada noche. Y no le he entregado ni la oreja ni el alma a las grandes bandas; mantengo mi libertad para vagar donde quiera, esa viene a ser mi única riqueza hermano –se yergue en su silla y apoya las manos abiertas en su pecho-. Sabes que te hablo con el corazón abierto, sin dobleces.
-¡No te has aburguesado, Eddie! Estoy frente a un héroe de la modernidad. ¡Salud cabrón! ¡Por el ejército de chavalas buenas mozas que estarás manejando!
-Nada de ejércitos de muñecas buey, soy hombre tranquilo. ¡Salud por los viejos tiempos! –choca de nuevo su copa con la de Escobedo y bebe un largo trago- Así bebemos los mexicanos, ¡hasta ver el fondo de la copa! –Eddie vigila a Escobedo para verificar que cumpla el ritual: no dejar vino en el vaso y entregarse a la liturgia del reencuentro- Hoy beberemos amigo, mañana será otro día. Puedes confiar en este cuate. Conoces mi divisa: si es difícil, lo hago luego; y si es imposible, me esperan tantito.
-Está bien Eddie, bebamos y comamos como guerreros, pero platiquemos de negocios unos minutos antes de que el alcohol nos revuelva los pensamientos. ¿Por mera casualidad conoces a este hombre? –Escobedo le extiende la fotografía de un hombre maduro, rubio, de ojos azules, con bigote y barba rojiza, de apariencia astuta y atlética- Mira bien la foto, puede haberse teñido el cabello, rasurado, usar lentes de contacto,  qué sé yo…
Amarales queda pensativo, con la foto sostenida por una esquina entre pulgar e índice, arrugado el entrecejo, concentrándose antes de dar respuesta a su amigo, calculando sus palabras, las consecuencias que se le vendrán encima como arpías: despiadadas, feroces. No puede mentirle, no puede abandonarlo en medio de la jungla. ¿Pero está obligado a decir todo lo que sabe? ¿Tiene que involucrarse con él, posee la locura y los huevos que se requieren?, sabiendo de adelantadas que van a madrearlo sin remedio, que lo más probable es terminar tirado con un par de plomos en el cuerpo y uno en mitad del cráneo. Levanta la mirada para encontrarse con la de Omar Escobedo. Él lo mira directo al fondo de sus ojos, percibe un cosquilleo en lo más profundo, como si penetrara en sus pensamientos. Al final se rinde a sus emociones: vergüenza, lealtad, entrega. Los brazos le cuelgan a los lados convertidos en peso muerto, se ruboriza un poco y la barbilla le tiembla antes de hablar.
-Tomasito... Omar, como quieras llamarte, eres el único ser humano que aprecio en este mundo. Mi último amigo, cuate. Los otros dos compadres que tuve duermen bajo tierra, con sus antepasados. Aunque nos encontremos a las perdidas, como ahora, eres mi cuate. Bebo con otros, salgo de juerga, hago negocios, pero sabemos que para esos afanes bueyes siempre sobran –se queda en silencio, masticando sus pensamientos, algunos de ellos duros, amargos, difíciles de tragar-. Ya ves, un telefonazo y estoy aquí, a tus órdenes. Así  doy testimonio de mi amor, cabrón, esto te lo platico desde la mismísima alma. No vayas a pensar que soy un pinche puto por lo que te declaro ahorita, esto del amor que siento por ti. Soy bien macho, por eso te lo digo –una lágrima brilla en su ojo derecho y la enjuga rápidamente, azorado-. Lo digo porque te quiero jefecito. Mira, toma el primer avión y regrésate a tu patria, no esperes ni un jodido segundo. No mames, no te metas en este pedo, que es el asunto más peligroso que puedas escoger. Saber vivir en este mundo es la mejor hazaña, mira quién te lo dice.
Escobedo lo oye sin pronunciar palabra, tranquilo, inalterable, como si no corriera sangre por sus venas. El miedo que Amarales trata de infundirle no lo alcanza; una aureola invisible, una coraza lo envuelve y lo torna invulnerable. En sus pupilas brilla una determinación que espanta a Eddie: no hay escapatoria, su amigo enfrentará al hombre de la fotografía y no habrá fuerza humana capaz de contenerlo. Él conoce el temperamento de su cuate Tomás. No retrocederá un milímetro. Se desplazará como un tanque hacia su objetivo: frío,  mortal si es preciso.
-Eddie, yo sé que tú sabes –pregunta Escobedo con un tono que solo deja espacio a una confirmación. Y lo queda mirando.
Amarales inclina la cabeza para huir de aquella mirada que parece taladrarle el cerebro, hurgar en sus pensamientos y convertirlo en un juguete a control remoto. El hombre que tiene al frente, su único amigo, explota el ascendiente que posee.  Esa historia de  aventuras donde se fraguó una confianza total y recíproca, ese sentimiento que hace indestructible la amistad. “A la hora de enfrentar dilemas complejos, actúa según tus principios”, piensa Eddie, y después sonríe con  alivio.
-Sabes que cuentas conmigo cabrón, cuando quieras y donde quieras –la voz de Eddie contiene trazas de emoción, una especie de dolor o llanto contenido, y al mismo tiempo afecto-, imagino que has calculado bien el terreno que vas a pisar... que vamos a pisar, quiero decir... así que platiquemos acerca de tus razones para buscar a ese hombre. O de lo que quieras platicar.
-No puedo contarte menos que todo, Eddie, somos amigos y no hay ni habrá secretos entre nosotros. Al sujeto de la foto lo conozco por William. Es un individuo peligroso, ligado a grupos de enorme poder que actúan en secreto, con gran discreción.  
-Agrega a la lista que tienen toda la lana del mundo. Un ejército de guaruras armados hasta los dientes, dispuestos a destripar a sus madres si lo ordenan sus jefes. Influencias políticas diseminadas por el mundo, agentes emboscados, empresas enormes, relaciones con grandes consorcios. ¡Una chingadera mano! Es como caminar aliñado con cilantro y hepazote hacia la boca del lobo...
-Lo sé hermanito, no te pongas nervioso. Bebe un trago a mi salud –Tomás llena de vino las copas para brindar con su amigo-. Eso es, ¡salud cabrón!
Estrellan los cristales en la semipenumbra del Luna`s, sumergidos en el murmullo impreciso que produce la superposición de las parejas que conversan de amor, las familias que ríen para celebrar el ingenio de los chistosos, los amigos que comparten confidencias, los socios que planifican negocios. La Nonna escruta el ambiente con su arrugada cara de tortuga, atenta a una señal misteriosa de los dioses, una catástrofe o un milagro que podría acaecer en cualquier momento. Por fin, después de tomar aire como para una larga inmersión, Escobedo comienza a hablar.
-Creo que las cosas ocurrieron de este modo, pero no pasa de ser un cúmulo de suposiciones. William secuestró a mi padre, Eddie… bien, supongo que sus esbirros lo hicieron. Él no mancha sus manos con trabajo sucio –afirma Escobedo después de saborear el vino de la casa. Su rostro adquiere una expresión en la cual Eddie reconoce las señas de la angustia-. Deben estar haciéndolo pedazos en una cárcel secreta. William es un pájaro de cuentas que escapó de Chile para venirse a Nueva York hace un año, escapando de... Bueno, a ti te lo puedo decir, huyendo de nosotros. Sabíamos que se había refugiado acá, Rubén tuvo que asistir a un congreso y supongo que se cruzó con William... que trató de seguirle el rastro, una imprudencia terrible. Desapareció sin dejar huella. Hace una semana que no sabemos de él.

Amarales se queda estático mirando a su amigo, sin saber qué decir. A él, que es de palabra fácil ahora se le atraganta hasta la frase más trivial; un torniquete en la garganta se lo impide, lo asfixia. Le falta el aire, tal vez por efecto de la atmósfera encerrada del Luna`s, del humo que expelen los fumadores empedernidos. O quizás sea miedo, una serpiente helada deslizándose por su espina dorsal mientras evoca el rostro de Rubén e imagina los tormentos que estará padeciendo, comprende la angustia  de su amigo y aquilata el terror que anida tras los acontecimientos que Tomás le ha expuesto. Traga saliva antes de hacer una inspiración profunda, se sumerge en una noche de espectros horribles. Cuando niño soñaba con pavorosos seres que lo raptaban para devorarlo; se despertaba gritando y llorando para que su abuela Xóchitl lo consolara apapachándolo, entonando antiguas canciones en náhuatl. Siempre intuyó que llegaría a un punto como este, un cruce ineluctable donde deberá escoger el camino más difícil: entrar a la boca del lobo por voluntad propia, por lealtad, por amistad, por locura, y cumplir con aquello que el destino le ha tenido reservado desde el comienzo. Y que su abuela Xóchitl ya no estaría allí para confortarlo.

11 julio, 2014


En Viña del Mar, el próximo viernes 25 de Julio, a las 19:30 hrs. se presentará la novela de ciencia ficción OJOS DE METAL de Diego Muñoz Valenzuela, en el CAstillo Wulf, Av. Marina 37


Ojos de metal combina la ciencia ficción y el género negro en una trama delirante, cuya acción ocurre en Nueva York. Hacia allá  viaja Rubén Arancibia, el científico creador de Tom, el androide que ha traspuesto el límite que separa a máquinas y humanos haciendo realidad el sueño de la inteligencia artificial. Rubén, imprudentemente, ha ido tras los pasos del líder de Génesis, el siniestro y enigmático William van der Rohe.
Génesis es una organización internacional de enorme alcance, vinculada a poderes fácticos y económicos que manejan una cohorte de gánsteres, extorturadores y agentes de inteligencia, narcotraficantes y criminales que han diseminado el horror por todos los rincones del planeta.
Rubén desaparece. Tom sospecha que su creador ha caído prisionero de Génesis y viaja  a Nueva York para rescatarlo. Ahí comienza  el descenso a los infiernos que se ocultan tras la fachada alegre y próspera de la Gran Manzana. Bajo las apariencias, actúan fuerzas omnímodas y terribles que no trepidan en nada.  Rubén Arancibia ha sido raptado y sometido a indecibles torturas en un bunker secreto. Génesis desea a toda costa averiguar quién es el científico y si representa una grave amenaza para sus intereses: la promoción del crimen y la corrupción.
Ojos de metal conforma una trilogía  con Las criaturas del cyborg y la  celebrada novela Flores para un Cyborg, que inició la serie y obtuvo en 1996 el Premio del Consejo Nacional del Libro. Flores para un cyborg tuvo el mérito de ubicar nuevamente –tras un largo silencio- la ciencia ficción en el centro de la escena literaria chilena. Flores para un cyborg ya tiene tres ediciones en Chile y está publicada en España (2008), Italia (2013) y próximamente en Croacia.

Más allá del sello especial que le otorgan la ciencia ficción y el neopolicial, que asegura tensión y placer a sus lectores, Ojos de metal se entronca hondamente con aquella literatura que pone su centro en los asuntos humanos. La dimensión social es un protagonista esencial de esta novela, al igual que su prosa ágil y el sentido del humor que invitan a una lectura grata y vertiginosa. 

Diego Muñoz Valenzuela (Constitución,  Chile, 1956)

Ha publicado seis libros de cuentos: Nada ha terminado, Lugares secretos,  Ángeles y verdugos, De monstruos y bellezas, Déjalo ser y Las nuevas hadastres novelas: Todo el amor en sus ojos (tres ediciones: 1990, 1999, 2014), Flores para un cyborg (tres ediciones: 1997, 2003, 2010) y Las criaturas del cyborg; y los libros ilustrados de microrrelatos Microcuentos (libro virtual, 2008,  con Virginia Herrera) y  Breviario Mínimo (2011, con Luisa Rivera). Se distingue como cultor de la ciencia ficción y del microrrelato.

Ha sido incluido en antologías y muestras literarias publicadas en Chile y el extranjero. Cuentos suyos han sido traducidos al croata, francés, italiano, inglés, islandés y mapudungun. Distinguido en numerosos certámenes literarios, entre ellos el Premio Consejo Nacional del Libro en 1994 y 1996. La novela Flores para un cyborg fue publicado por EDA Libros en España (2008) y en Italia, por la editorial Atmosphere Libri (2013), y se publicará por la editorial ALFA en Croacia a fines de 2014; y el volumen de cuentos Lugares secretos en Croacia por ZNANJE en 2009.
En 2011 el autor fue seleccionado como uno de los "25 secretos literarios a la espera de ser descubiertos"  por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara para celebrar sus 25 años de existencia. En 2012 recibió la MEDALLA COLIBRÍ 2012 en categoría Literatura Juvenil / Libros de Ficción, otorgada por Colibrí-IBBY Chile (International Board on Books for Young People) y el Centro Lector de Lo Barnechea, por el libro de microrrelatos ilustrado Breviario Mínimo.

Más detalles en:





05 julio, 2014

Banalidad de la literatura

Escribí, escribí, escribí. Así, en pasado. Cuando usted lee estas líneas, ya no soy. Así son las cosas
 
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