21 noviembre, 2009

Desventuras de Odiseo


“¿Acaso crees que soy idiota y nunca supe acerca de tu idilio con Circe?”, espetó furiosa Penélope, azotándole el rostro con el sudario tejido por sus manos extrañadas. “Mátalos a todos, o perderás toda honra, pues cada noche terminé este sudario para revolcarme sobre él con alguno de mis pretendientes”.

14 noviembre, 2009

Alzheimer


El avance de la enfermedad fue devastador. Su cerebro se limpió de recuerdos, como si un operador invisible se empeñase en hacer espacio para almacenar una enciclopedia. Olvidó todo: la ambición desmedida, el deseo de imponerse a cualquier voluntad, la codicia, su afán por la traición y la intriga, el arte de la muerte y su predilección por la violencia, la incapacidad de amar. Se convirtió en un anciano bueno, misericordioso, de límpida mirada.

07 noviembre, 2009

El dragón


Depositó su gigantesco corpachón cubierto con escamas verdes en el Central Park una tibia mañana de mayo, como si hubiera tenido la intención de regocijar a los niños que jugaban y gritaban en el césped, vigilados de cerca por sus padres. Al principio, creyendo que se trataba de un anuncio publicitario, no le hicieron mucho caso. El dragón tuvo miedo del bullicio y trató de escapar, batió las alas, levantó polvo, mas nada consiguió, a excepción de la atención de los presentes que comenzaron a rodearlo. Estaba viejo y enfermo. Intentó exhalar una lengua de fuego para desanimar a los imprudentes, pero sólo una ridícula voluta de humo emergió desde sus fauces. Un niño se encaramó por su lomo chillando de felicidad. Cerró los ojos; estaba tan cansado.

31 octubre, 2009

Cuento con ogro y bruja


El ogro queda mirando muy feo a su esposa, la bruja, aunque en realidad ella sea la antiestética en cuerpo y alma. Alza el brazo como si fuese a descargarlo sobre la nariz retorcida y verrugosa, pero a última hora se arrepiente.
-Eres una bruja manipuladora, un ser horrible y pérfido. Me has hecho desdichado –concluye con tristeza.
-Todo eso lo sabías antes de casarte conmigo, estúpido –le responde con voz cascada la anciana de aliento fétido y ponzoñoso-, pero más pudo tu interés por el dinero.
-¡Qué dinero, bruja maldita, si con el precio de tus hechizos no alcanza ni para el maíz de las gallinas!
-El del tesoro que hurté a Barbanegra después de convertirlo en sapo. ¿Acaso no lo sabías…? –pregunta incrédula, abriendo todo lo que puede sus ojillos maléficos.
-No.
-¿Fue por amor entonces, bello y bobo ogro, eso quieres decir? –interroga conmovida, con los ojos llorosos- ¿Tantas vicisitudes por nada? ¿Cómo he podido hacerlo? –duda unos segundos pero finalmente toma una compleja decisión- Descorre la alfombra y levanta la trampa de madera, allí está el tesoro.
El ogro ejecuta la tarea con diligencia. Una bóveda repleta de diamantes, rubíes, esmeraldas, perlas, metales nobles. Extrae una poderosa espada de oro macizo cuyo mango está engastado con piedras preciosas.
-Ese es un regalo para ti, hermoso ogro, por tu amor –anuncia la bruja con voz musical-, fue la espada del invencible Carlomagno.
El ogro blande el arma con fiereza y decapita a su esposa con un mandoble cabal. La infernal cabeza de la hechicera rueda por el piso de piedra e intenta lanzar una maldición, pero ya es tarde: la hoja de oro ha cortado sus vínculos con el averno. La dulce elfa emerge de su escondite y tomando por los cabellos grises la testa balbuceante la arroja a las llamas de la chimenea. El alarido tapa los efectos del chisporroteo infernal. La elfa salta a los brazos del ogro para besarlo con pasión.
-Ves, querido, el amor es más fuerte. Y la paciencia una virtud poderosa. Se lo enseñaremos a nuestros hijos, ¿verdad?

25 octubre, 2009

Ciudad Nueva


La ciudad ofrece rincones nuevos por doquier, basta con disponerse a recorrerla dotados de espíritu de aventura. Caminamos por sus calles como si fuera una ciudad extranjera, atentos a las sorpresas que el azar quiera depararnos. Al comienzo lo hicimos para vencer el pantanoso tedio donde nos fuimos hundiendo. Estábamos acostumbrados a rodar por las calles de Nueva York, Buenos Aires, México, Roma. Hasta a Shangai habíamos llegado a dar con nuestras almas. Eso ocurría en la época en que el dinero sobraba, se acumulaba en montañas virtuales en la cuenta corriente. Cuando ya se formaban cordilleras, organizábamos un viaje para toda la familia: Montevideo, Sao Paulo, Montreal, San Francisco, lo que fuera. Me parece que vivíamos arriba de los aviones. Así era nuestra vida hasta que se me ocurrió cumplir cincuenta años y la empresa donde trabajaba, a modo de celebración, decidió darme de baja con honores. Salí por la puerta grande, como suele decirse. Soñaba con las nuevas oportunidades de trabajo entre las cuales tendría que optar. Haría un concienzudo análisis antes de tomar una decisión. Me sentía tranquilo, optimista; la casa estaba pagada y no tenía deudas.
Pero nunca más encontré un trabajo. Nadie necesita ancianos en sus empresas. Eso aprendí. Por suerte Mariana tiene trabajo. Con ese dinero pagamos el supermercado, el colegio de los niños, la bencina y las cuentas de la casa. Para las emergencias –arreglos propios de la casa, los regalos, las medicinas y otros imprevistos- vamos devorando mis ahorros, que con terror veo menguar, mes tras mes. Tuvimos que suspender la televisión por cable, internet, los celulares y vender el segundo auto. Recién vendimos la casa en la playa porque no podemos solventar más los dividendos; la diferencia la deposité en mi cuenta para compensar las mermas continuas. Con frecuencia despierto transpirando, agitado, convulso. Una y otra vez se repite el mismo sueño: vago por desierto sediento y agónico. El agua de mi cantimplora se va agotando y me sigue una jauría de hienas hambrientas, cuyas fauces siento aproximarse. Mariana sabe de mis sueños y trata de consolarme con sus besos. “Ya va a pasar esta mala racha” me dice.
Por cierto ya no podemos viajar a ninguna parte. Así inventé los paseos de fin de semana. Escogemos un barrio y generamos un plan para recorrerlo. Al comienzo, este trabajo inicial hacía solo, pero ahora todos participan. Afortunadamente la ciudad es grande. Todos los meses emerge un barrio nuevo, así es que jamás nos quedamos sin panorama. Tenemos el cuidado de disfrazarnos para no parecer sospechosos. Para visitar los barrios de nuevos ricos, nos vestimos con elegancia, los hombres con traje, corbata, zapatos lustrosos; las mujeres con vestidos de seda y zapatos sin talón, muy bien peinadas y maquilladas. Poseemos tenidas especiales para cada tipo de barrio: de millonarios, aristócratas, empresarios, profesionales, empleados, obreros, cesantes, vendedores. En los sectores proletarios usamos ropa vieja y destartalada, y pasamos desapercibidos acaso nos ensuciamos un poco manos y rostros y nos revolvemos el cabello. Fue difícil convencer a mis hijos, pero terminaron por acostumbrarse.
A mis antiguos amigos no los veo nunca, progresivamente dejaron de llamarnos. Los escasos parientes nos han olvidado también, en consecuencia, vivimos solos y felices, sin interrupciones. Ayudo a los niños más pequeños con sus tareas. Cuido la chacra que he ido creando en el patio; gracias a ella disfrutamos de frutas y verduras gratis. He concebido la idea de criar conejos pero me preocupa que se produzca demasiado olor y eso moleste a los vecinos. Cuando estoy por sentirme abatido, abro el mapa de la ciudad sobre la mesa del comedor y me aboco a estudiarlo. Es una urbe extraña, llena de misterios, desconocida, apasionante. Cada día me siento más extranjero en ella.

21 octubre, 2009

Entretenciones


El rinoceronte de la taquilla dio un resoplido feroz y me extendió la entrad y el vuelto con su mano de dedos cortos y torpes. Le sonreí compungido y desaparecí lo más rápidamente que pude. El gorila de uniforme azul me cortó la entrada después de inspeccionarme con una mirada penetrante. Galopé por el sendero de entrada para visitar la jaula de los humanos. Mi atracción preferida es arrojarles galletas de chocolate con crema porque combaten con fiereza, como bestias que son.

17 octubre, 2009

Amores que matan


La piel escamosa y plateada, los enormes ojos sin párpados a cada lado de la cara en punta, las agallas palpitantes configuran un cuadro realmente horrible que en cierta forma aplacan esas pestañas largas y encrespadas que le confieren una indiscutible coquetería. Me hace un guiño gracioso, tal vez provocativo. Sé bien que sus gruesos labios de merluza ocultan unos dientecillos feroces, aunque estén pintados con un rojo furioso y pasional. Los peces chicos tenemos el deber de movernos con prudencia. Tras una serie de diestros coletazos me pongo fuera de su alcance.

14 octubre, 2009

Ducha matinal


Ayer instaló la nueva ducha teléfono. La antigua apenas tiraba el agua y se había convertido en un tormento largo y progresivo. El baño de la mañana se convirtió en una experiencia frustrante, la peor manera de comenzar un día. Por eso decidió reemplazarla. Cuidadosamente escogió el modelo y llegó agitado a la casa dispuesto a instalarla esa misma noche para disfrutar en breve los beneficios del cambio. Durmió feliz y esperanzado.
Llegó el añorado amanecer. Caminó hacia el baño, se desnudó y abrió la llave con placer. El cálido y vigoroso chorro resultante de la conjunción de centenares de surtidores ínfimos se estrelló contra su piel. Suspiró. Mucho mejor de lo esperado. Primero sintió ardor, pronto vino el malestar y al fin el dolor. Abrió los ojos para ver su piel cayendo a la tina en jirones. El hombro y el brazo estaban descarnados y se veían los huesos a los cuales todavía se mantenían adheridos algunos desgastados tendones. Soltó la ducha y el chorro maléfico disolvió su abdomen, luego la ingle y por último las piernas. Quiso gritar, pero el chorro saltó a su rostro para borrarlo. La tina, el baño, la casa empezaron lentamente a disolverse. Sólo se oía aquel espeso borboteo del chorro.

11 octubre, 2009

Pareja desnuda


Están desnudos como gusanos, trabajando como si nada especial aconteciera. Son bellos. Ella lleva unos aros circulares dorados y una cadena delgadísima que termina donde nacen sus pechos bien formados. Él solo está cubierto por un anillo; es musculoso, joven, parece que recién lo hubieran torneado. Ambos contemplan la pantalla del computador donde él va tecleando lo que ella le sugiere con movimientos intensos de los brazos que le hacen saltar los senos apetitosos. Concentrados totalmente en la pantalla, absorbidos por sus preocupaciones, laboran con esmero, como si no estuvieran desnudos. Escriben una historia erótica acerca de una pareja que escribe una ficción donde los bellos protagonistas despojados de vestimentas debieran hacer el amor con salvajismo, pero en vez de eso trabajan para que alguien los imagine así, excitados disimulando su pasión para despertar tu locura.

07 octubre, 2009

Estatuas en los parques


Desde el principio de los tiempos, las estatuas fueron concebidas como torrecillas de reposo para las aves y simultáneamente como repositorios de sus desechos. A estos efectos, se escogen como modelos personajes ilustres, de preferencia gloriosos, que representan odios seculares, envidia o al menos recelos. De este modo durante los plácidos fines de semana los cínicos, los apóstatas, los ácratas y los escépticos logran reponerse de sus amarguras al pasear por los parques y las plazas.

04 octubre, 2009

Carlos Olivárez, el bebedor de cocacola


Conocí a Carlos Olivárez, el Mono para los amigos, a comienzos de la década de los 80, muy probablemente en la Casa del Escritor. Miento. La verdad es que lo conocí más de una década antes, cuando leí Concentración de bicicletas, una colección de cuentos que despertó mi vivo interés en aquel momento (siendo un quinceañero) y me conectó con los Novísimos, una generación con la que la propia –la de los 80- entabló rápidamente -cuando esto fue posible (me refiero a los efectos compartimentadores de la dictadura militar)- una conexión muy fuerte
Los Novísimos donde contamos autores relevantes como Carlos Olivárez, Poli Délano, Antonio Skármeta, Ariel Dorfman, Eugenia Echeverría, Fernando Jerez, Ramiro Rivas, Luis Domínguez y Mauricio Wacquez, enfrentaron la coyuntura social de fines de los años 60, el Gobierno Popular de Salvador Allende, la interminable dictadura militar y el retorno a la democracia. Estos son más o menos los mismos sucesos que marcaron a fuego –con un desfase generacional- a la Generación de los 80. Y eso genera un hermanamiento profundo, al cual podemos añadir otros vínculos como la influencia gravitante de otras literaturas, la norteamericana y la europea, el boom latinoamericano, los aires libertarios de la revolución de las flores, la influencia y el compromiso con las ideas revolucionarias y una larga lista de elementos históricos comunes.
De este modo resultaba inevitable el encuentro con el Mono, y eso ocurrió a comienzos de los 80, como he dicho muy posiblemente en algún rincón poco iluminado de la Casa del Escritor, y en medio del oscuro escenario de la dictadura, con persecución, censura previa y rebeldía efervescente. Cuando supe quién era aquel personaje de ojos oblicuos, pómulos salientes, ancha cabeza, pelo retinto y sonrisa fácil, apariencia por la que recibió la distinción cariñosa de Príncipe de Arauco, me di maña para iniciar una conversación con él. Y fue cosa fácil, porque él estaba bien informado –como solía estarlo de todo- acerca de las andanzas iniciáticas de nuestro “team” ochentero.
Larga charla sobre literatura chilena y universal, sobre amigos comunes como Jorge Teillier y Rolando Cárdenas, sobre los tiempos heroicos del Pedagógico (reeditados en aquellos años con la resistencia universitaria) y personajes literarios claves como algunos ya nombrados, sobre chascarros y anécdotas ocurridas en la misma sede de la Sociedad de Escritores, poblada en esos años por toda clase de seres extravagantes, ingeniosos, temerarios, dementes o geniales, así como por agentes de seguridad a la caza de alguna información. Tras una hora de conversaciones, decidimos trasladarnos a un sitio más apropiado, y eso me trajo grandes expectativas. Nos sentamos en un bar, y ante mi sorpresa, él pidió cocacola. No podía creerlo. El ídolo se venía al suelo. Yo pedí algo más serio, y él no se inmutó. Después supe que para el Mono, el trago había quedado atrás para siempre, consumida ya la dosis para una vida completa. O para varias vidas. Continuó la conversación sin límite, aquella vez y muchas veces más en el futuro. Era un escritor ocurrente, simpático, divertido, agudo, sabio, una delicia de persona. Yo pedí otro trago y él otra cocacola, inaugurando un acuerdo tácito que se prolongó en el tiempo.
Unos años después, Carlos, junto con Fernando Jerez y el entonces recién retornado Poli Délano, alentaron al Instituto Cultural Chileno-Francés para realizar un Encuentro de Narrativa llamado ENCUENTO, que provocó mucho revuelo en aquella época. Fue una especie de puesta en escena, emblema de la narrativa chilena en años difíciles, y un lanzamiento propiamente tal para muchos autores de los 80. Posteriormente, la Editorial Bruguera dirigida por Hugo Galleguillos, publicó los cuentos leídos en este evento en un volumen que forma parte de la historia literaria más relevante de aquellos años.
Fue difícil de creer al comienzo: íbamos a leer nuestros cuentos ante un masivo público ávido e inteligente, desafiando la censura. Bellos afiches, programa, luego la publicación del libro en una edición muy hermosa. Y más encima nos pagaron derechos de autor, un verdadero bautismo de fuego. Recuerdo que Carlos en una reunión nos dijo que debíamos haber enmarcado aquel primer cheque en vez de cobrarlo. Pero tras contemplar ese valioso documento, incrédulos y felices, la necesidad tuvo, como suele tener, cara de hereje. Lo cobramos y lo gastamos sin piedad al día siguiente. Eran tiempos difíciles.
En la rutina del consumo infinito de cocacolas –única bebida que aceptaba el Mono, leal hasta las últimas consecuencia, un auténtico baluarte de la fidelidad de marca- participaban muchos otros escritores, entre ellos Ramón Díaz Eterovic, Fernando Jerez, Ramiro Rivas, Poli Délano (ninguno de ellos bebedores de cocacola precisamente). Las sucesivas rondas iban tornando traposas las lenguas a medida que avanzaba la noche, y para nuestra sorpresa la lengua del Mono también se iba amodorrando al mismo ritmo. Terminábamos hermanados en una borrachera colectiva de whisky, vodka, gin o lo que fuera –nosotros los bebedores- y el abstemio consumidor de cocacolas. Ignoro si era resultado del reflejo de un bebedor jubilado, una forma de solidaridad consciente, o un efecto no catalogado aún de la gaseosa estelar.
A comienzos de los 90, época en la cual Ramón Díaz Eterovic y el que escribe estas letras, asumimos la conducción de la Sociedad de Escritores, sin más respaldo político que la absoluta orfandad y la máxima ingenuidad, amén de varios buenos amigos con buena voluntad, encontramos en Carlos Olivárez un eficaz colaborador que alentó la creación de SIMPSON 7, una revista literaria que por su calidad, dimensión y originalidad dejó huella profunda, como tantas otras aventuras que el Mono emprendió.
En aquellas numerosas horas de charla con el Mono, desfilaron centenares de historias, personajes y anécdotas memorables que darían para más de un libro. Entre ellas la engreída confesión de que -durante la época en que trabajó como redactor creativo de agendas publicitarias- había inventado el ingenioso slogan VAMOS BIEN MAÑANA MEJOR, estandarte que la dictadura enarboló en aquellos años. No sé si era un invento de su mente de fabulador, muy posible explicación, o de una realidad desafiante. Por mi parte, yo le narré como a comienzos de los 80 una turba de rebeldes derribamos, destruimos e incendiamos un letrero luminoso con el referido slogan. Lo celebró con grandes carcajadas.
A Concentración de Bicicletas sucedió –tras un largo silencio narratico- Combustión Interna, un segundo volumen de relatos de tanta importancia y valor como el primero. A sus méritos propios de cuentista, más que suficientes para recordarlo con admiración, se añade su labor periodística y cultural en La Época, su trabajo como antologista y gestor cultural. Gran escritor, hombre sencillo y práctico, pleno de talentos múltiples. Muchas veces estuve en su casa, con su mujer, la querida Sonia y sus hijos Pablo y Rodrigo, respecto a cuyos progresos y andanzas siempre se preocupaba, orgulloso, de mantenerme informado. Todo esto refleja al entrañable Mono Olivárez a quienes tuvimos la suerte de conocer, respetar, querer y -desde hace diez años- extrañar.

03 octubre, 2009

La rock star del microcuento


Para Paulina Bermúdez

Viaja por todo el mundo recorriendo congresos, seminarios, conferencias. La aplauden de pie, aúllan, baten sus palmas, la esperan gritando en los aeropuertos para escuchar. Ordena, deduce, taxonomiza, establece categorías, interpreta y las masas vibran de felicidad. Sus conferencias están siempre repletas. Las revistas donde escribe se agotan y se transan a precios astronómicos en las bosas. Abandona un país para viajar a otro. Mientras vuela escribe artículos, conferencias, reseñas. Los fanáticos organizan el recibimiento. Una microhistoria que se repite una y otra vez.

29 septiembre, 2009

Alienígenas 1


Cuando abrí la puerta del excusado, encontré al maldito extraterrestre instalado allí. El almuerzo me había caído pésimo y necesitaba el inodoro con urgencia. Me miró a través de su escafandra translúcida con aquellos enormes, oblicuos y oscuros ojos de alienígena. Tenía la parte inferior de su traje espacial abajo. Apestaba y eso empeoró la situación porque me vinieron arcadas. Vomité sobre su escafandra. El asqueroso fluido que salió de mis entrañas escurrió empañando el vidrio. Al fulano no debe haberle agradado mi acción, por cierto involuntaria, y llevó rápidamente su mano –o lo que fuera, tentáculo, seudópodo, pata- a la altura donde debieran estar sus caderas. Ya he visto suficientes películas del far-west; a mí no me vienen con cuentos. Le vacié la Walther 38 sobre el pecho. No quería que me saltaran vidrios al rostro. Ocho puntitos verdes aparecieron sobre su traje de cosmonauta, y por ellos comenzaron a escurrir verdes color esmeralda. Antes que cayera, lo levanté en vilo y lo tiré a la tina para que no ensuciara más. Me senté al fin. Y vino el alivio, aunque podía oler la peste de la criatura que convulsionaba en la bañera.

27 septiembre, 2009

Sueños de una gata bizca


A Marcelo, Gabriela y Miguel, pero en especial a Sussy

Los escritores viajaron para participar en una lectura predestinada a no efectuarse. Los recibió una graciosa gata bizca que se les restregó con especial ternura. La hipotética lectura estaba programada en una esquina de un cerro. Hasta allí llegaron los autores, precedidos por la gata turnia trotando ágilmente. Los esperaban un fotógrafo cibernético, un revolucionario retirado (no muy diferente a los escritores), un perro lanudo y otros autores. Por un momento la esperanza brilló en todos ellos, pero luego se desvaneció alegremente. Al fin y al cabo, como ya sabemos, la lectura no era imprescindible. El mundo iba a continuar su marcha ineluctable e impredecible. El fotógrafo cibernético enarboló sus máquinas traídas del futuro y registró la lectura que no se efectuó. Muchas imágenes de aquel evento teórico. La gata estaba sentada como si aguardara aquella lectura que jamás se inició. El ojo bizco miraba hacia adentro graciosamente y hacía felices a los escritores. Por fin todos se fueron a beber y a conversar sobre trenes descarrilados, revoluciones fracasadas y libros maravillosos. Fue una tarde magnífica.
Unos días después, el fotógrafo envió las imágenes fidedignas de aquella quimérica lectura. Entre el numeroso y atento público, faltaba la gata bizca. En su lugar estaba Susan Sarandon, rodeada por libidinosos galanes que la moraban con picardía. Alguien comentó que los galanes que se parecían mucho a Kafka, Buñuel y Freud. Otro echó de menos a la gata. Pero como se trataba de un hecho que no alcanzó a ocurrir jamás, se quedaron con la alegría de aquella tarde imaginaria soñada por una gata bizca.

23 septiembre, 2009

Elecciones 2


La ambición es grande, pero los números no dan. Ni los votos presuntos, ni los aportes de los mecenas, que se han esfumado. Hay que liquidarlo todo, decide el candidato. No perseverar en el intento. Vender a precio de remate. Ahora. Votos, conciencias, palabras, programas, promesas, esperanzas, sueños. Habrá que dar explicaciones, aunque sean febles, precarias. Quizás algunos, unos pocos avispados, reclamarán traición. Los demás están acostumbrados. Seguirán el rumbo señalado o buscarán otra quimera. Números, nada más que números.

21 septiembre, 2009

VIDEOS: entrevista sobre el microcuento

http://www.youtube.com/watch?v=6rfVNdrqgAI

en el contexto del proyecto Artesanos de la Palabra en www.letrasdechile.cl

20 septiembre, 2009

Arenga a la patria


El asunto es clarísimo. A los cesantes les encuentras empleo o los conviertes en emprendedores. Construyes enormes cárceles para encerrar de por vida a los ladrones, los traficantes, los homicidas, los homosexuales, los terroristas y las prostitutas. No les concedes libertad provisional y ya, vives tranquilo en tu casa, sin temor a que te atraquen. Vendes las empresas del estado y obtienes fondos abundantes para que todo sea eficiente. Así puedes reducir el impuesto que pagan las empresas y el país crecerá vertiginosamente. Hay que gobernar con firmeza, no se trata de ir por ahí dándole el gusto a minorías étnicas o sexuales. Si las armas de la razón no bastan… en fin, hay otras. El futuro es luminoso.

18 septiembre, 2009

Elecciones 1


Cualquier ínfima semejanza con la realidad corresponde a una mera coincidencia

El candidato asevera que representa al cambio. Ofrece generoso, critica con acidez, ironiza, blasfema, sonríe ante las cámaras Afirma que tiene un programa de gobierno auténtico y que lo cumplirá sin ambages. Convertido en carroñero, aletea sobre los despojos de las otras ligas, una manga de tránsfugas y oportunistas. Antes los calificaba de oportunistas, vendepatrias, corruptos y vendidos. Ahora se han convertido en aliados. O en simples votos a precio de remate. Y para bien de la patria, calcula sus futuros beneficios.

17 septiembre, 2009

VIDEO: Don Quijote 2005

http://www.youtube.com/watch?v=neIXz-LDuzs

En el marco del proyecto Artesanos de la Palabra

16 septiembre, 2009

Clones 1


Lo compré por internet. Tuve que mandar una muestra de sangre junto con mi autorización notarial. Fue bastante caro, pero había decidido hacerme ese regalo. Tras separarme de mi tercera esposa me sentía solo. Mis hijos estaban viviendo en otros países y poco o nada sabía de ellos. Amigos, ni hablar, los negocios nunca dejaron espacio para ellos.
Tal como anunció un escueto correo electrónico, llegó una tarde de domingo calurosa y apacible. Golpeó la puerta y cuando abrí, entró cual Pedro por su casa. Bueno, era su casa. Era mi réplica exacta a la fecha de la muestra: aspecto, recuerdos, conocimientos. Se sentó en mi sillón favorito e inició la lectura del periódico.
De pronto, levantó la vista y la dirigió hacia mí, sin demostrar un ápice de sorpresa. “Tráeme un whisky en las rocas”, ordenó antes de agregar, “de doce años”. Continuó leyendo. Se lo preparé y agregué una dosis mortal de cianuro. Lo merecía. Bebió la mitad del vaso de una sola sentada, exhaló un suspiro de placer y quiso proseguir la lectura, pero no fue posible. Un estertor lo sacudió por completo. Trató de ponerse de pie, pero la muerte lo detuvo. Quedó seco, retorcido, con una grotesca mueca de dolor.
Arrojé sus restos al incinerador de basura, mientras reapreciaba las ventajas de la soledad. Me sentí mejor cuando oprimí el botón que ponía en funcionamiento el horno. Después escancié un whisky de doce años, no de seis como el que le había servido.

15 septiembre, 2009

VIDEO: Orden

http://www.youtube.com/watch?v=J_ua-1B_mvA

En el contexto del proyecto Artesanos de la Palabra

14 septiembre, 2009

El vínculo


El papelito decía: "Brasil con Alameda, esquina poniente, 25, 19, Victoria lleva libro verde bajo el brazo, diario abierto en la cartelera de cines; Túnel pregunta si le ha conocido en el cumpleaños de Enrique; Victoria contesta no me acuerdo haberlo visto ahí; Túnel dice que es hermano de Ramón, el músico". Aprendí de memoria el contenido y lo quemé para mayor seguridad. Ahora lo recuerdo mientras camino por el centro haciendo tiempo, viendo cómo se acerca la hora, miro el reloj: aún faltan diez minutos, salí demasiado temprano de la casa, había estado inquieto todo el día dándome vueltas, más de un año sin noticias, sin ver a nadie, concurriendo a misa todos los últimos domingos del mes a la iglesia convenida hasta que por fin, yo escuchaba aburrido la liturgia, como siempre, de improviso llegó alguien a sentarse a mi lado, vi de reojo a una mujer madura, aunque atractiva. Cuando comenzó a cantar el coro se inclinó un poco hacia mí y susurró Hola, Ernesto, no mires, voy a dejarte un recado en el periódico yo quedé como helado, ocurrió cuando menos lo esperaba, creo que en mi interior pensaba que esto era como un rito sin fin, que nunca iba a pasar nada, cerré los ojos, "Tanto tiempo, tanto tiempo, ahora el corazón salta y me siento como un niño", me quedé así, como soñando y cuando miré al costado no había nadie, pero estaba el periódico plegado esperando que lo tomase; a la primera oportunidad salí del recinto, era una sensación tan extraña, afuera todo transcurría normalmente, caminaba entre cientos de personas que no me miraban, pero yo me sentía como un bicho raro con ese diario apretado contra el brazo, aferrado a él como a la vida. Doy una vuelta a la manzana, estoy a dos cuadras de mi destino, cinco minutos todavía, me detengo a mirar los titulares de los periódicos por cuarta o quinta vez, simulo interés, cuatro minutos y medio, a ver, estoy a dos cuadras, a lo más tres minutos si camino lento, me sobra entonces como un minuto y medio, estudio la vitrina de una tienda de repuestos automotrices, más allá una venta de ropa interior femenina, ¿Necesita algo para su esposa? pregunta la dependiente que está como de guardia en la puerta No, no, miraba solamente me siento idiota por la respuesta y me alejo intranquilo, ah: tres minutos, marcho con lentitud hacia el punto, alrededor el ruido de los microbuses atronando, nunca me ha gustado ese bullicio, comienza a oscurecer y eso ahuyenta mi nerviosismo, enciendo un cigarrillo, cuesta mucho a causa del viento, quemo cuatro, cinco fósforos, aspiro el humo, tengo que doblar el diario en la página indicada, pero cuando atraviese la calle, cruzo, un minuto apenas, apuro el tranco, el diario está listo, lo tomo en la mano izquierda junto al libro de modo que ambos se vean claramente, sostengo el cigarrillo con la mano derecha, cuento los pasos y los pasos son el corazón que late por dentro, treinta segundos, hay algunas personas en esa esquina, ¿será alguno de ellos? Hacia el poniente hay un resplandor rojizo cada vez más débil, atravieso Brasil a las siete en punto y comienzo la espera. Cerca mío hay una pareja de ancianos que descarto de inmediato; una mujer joven, bien vestida que mira la hora con inquietud, tendría que haber visto bien el libro y el diario desde donde está, no, no puede ser ella; por Alameda se aproxima un hombre de barba, anteojos, con un portadocumentos, pasa por mi lado sin mirarme, observo desilusionado como se aleja; ahora se detiene un auto y desciende un individuo del interior, el coche parte, hay tres tipos adentro, no alcanzo a ver sus rostros, el que se acerca hacia acá es alto, fornido, terno café claro, me cruzo con sus ojos, imagino la pistola que oculta bajo la axila, ¡qué bien hice en quemar el papel!, bajo la vista para mirar el reloj, las siete y cinco, escucho sus pasos, cierro los ojos un segundo, alguien me toma el brazo con fuerza y pregunta la hora, en frente hay una jovencita de rostro risueño, veo ahora como el tipo de terno besa a la mujer que esperaba en la esquina, Son las siete ni siquiera miro el reloj, ¿Te pasa algo?, te ves nervioso me dice, reparo en sus ojos verdes, tendrá dieciocho, tal vez veinte años, es bonita, No tengo nada contesto apresuradamente para librarme de ella, ¿No nos hemos visto antes? insiste ella con sus ojos Claro, en el cumpleaños de Enrique , No recuerdo haberte visto , Yo sí, soy la hermana del pianista, de Ramón, ¿te acuerdas? , quedo en silencio, sorprendido, se toma de mi brazo sonriendo y caminamos por Brasil abajo, Hola Victoria me dice con aire divertido, Hola, Túnel contesto un poco avergonzado y nos ponemos a reír como locos, tanto que la gente del barrio se fija en nosotros y un anciano mira con admiración a Túnel, Lo felicito musita guiñándome el ojo con picardía, Gracias contesto y aprieto el brazo de Túnel mientras nos alejamos.

12 septiembre, 2009

Arthur Miller en Chile


Aquellas reflexiones y recuerdos inevitables que surgen a propósito de los nefastos aniversarios del 11 de septiembre de 1973, me trajeron la estampa serena e inteligente de un escritor que supo darse tiempo para venir a defender nuestras conculcadas libertades en plena dictadura. Así confirmó que los escritores pueden y deben actuar en la vida social y política; desgraciadamente un ejemplo poco seguido en nuestros días.

La muerte de Arthur Miller el año 2005, cuyos méritos en cuanto a escritura están fuera de discusión, generó menciones en la prensa local, aunque por cierto mucho menos de las que uno hubiera esperado. La literatura ostenta una magra importancia –por no decir nula- en la llamada posmodernidad, frente a otros asuntos de auténtica relevancia que los medios de comunicación exaltan a niveles galácticos, tales como los enormes senos de una reina de festivales, la hostigosa propaganda de las teleseries que adormecerán las conciencias durante el primer semestre, y nuestros bullados y dudosos éxitos deportivos. Pero éste es otro asunto.
Aquellos representantes de la ínfima minoría que todavía privilegia la cultura recordarán con admiración obras tales como Las brujas de Salem o Muerte de un vendedor viajante, de entre una extensa lista de títulos que –para muchos- lo erigieron en el dramaturgo estadounidense más destacado, aún por sobre Eugene O’Neill y Tenessee Williams. Se distinguió como un acerbo crítico de la cultura norteamericana; en sus obras abordó el conflicto social generado por el individualismo propio del modelo liberal, que lleva a la destrucción mediante la ruptura de la ética de la solidaridad y la justicia. No siempre contó con el apoyo de la crítica, con quien siempre mantuvo una actitud –mutua- de beligerancia. Se refería a los críticos como “gente que no puede cantar o bailar” y afirmaba “no conozco a ninguno que sea capaz de llegar al corazón de nada”.
Su intensa sensibilidad ante la injusticia del mundo lo llevó a mantener, durante toda su vida, una actitud activa en pro de la democracia y la libertad, mucho más allá del territorio literario, donde tampoco eludió de tratar estos temas, para él centrales en su visión humanista. En su momento, a fines de la década de 1930, su férreo código ético lo puso en directa (y por cierto peligrosa) trayectoria de colisión con el mccarthismo, inquisición renovada creada por la ultraderecha (y su pontífice fascistoide, el senador Joseph McCarthy) para perseguir al comunismo en una suerte de guerra interna infame desatada contra intelectuales y artistas en la “más grande democracia de occidente”. Miller se negó a dar nombres a la temida comisión de actividades antiamericanas encabezada por el implacable McCarthy, en tanto otros sí lo hicieron, como fue el caso de Elia Kazan (quizás el director que mejor entendió su obra), con quien se enemistó posteriormente. Sólo once intelectuales se negaron a delatar a sus colegas comunistas en el interrogatorio de la “comisión”. Las brujas de Salem es una metáfora de la caza de brujas de aquellos años de persecución, y hay quienes detectan en la obra un ajuste cuentas con Kazan.
Esos decididos pasos en pro de la democracia lo trajeron a Chile en los días previos al plebiscito a mediados de 1988, junto con el gran novelista William Styron (autor de novelas descollantes como La decisión de Sophie y Las confesiones de Nat Turner) para solidarizar con los artistas y escritores chilenos, a respaldar su libertad de expresión y sobre todo para apoyar la lucha de la oposición en contra de la dictadura de Pinochet. Tuve la suerte de compartir muchas horas con Miller y Styron en la Sociedad de Escritores, donde estuvieron en varias oportunidades, y conversar con ellos y otros escritores –entre ellos Poli Délano, uno de sus anfitriones. Ambos escritores se reunieron también con la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, liderada por la inolvidable Sola Sierra, y con la Vicaría de la Solidaridad, entre muchas otras organizaciones de derechos humanos.
En la sede de la Sociedad de Escritores, Miller dio una conferencia donde explicó las razones de su visita. Allí expresó “Nos preocupa la situación de los periodistas puestos en prisión. También supe que artistas y actores fueron amenazados. Quiero demostrar que en Estados Unidos nos preocupamos por estas cosas”. “Para mí, Pinochet representa la dictadura y pienso que es inaceptable”. Por ahí un periodista agudo y bien vestido lo enfrentó con dureza preguntándole acaso había venido para ser utilizado políticamente; Miller sonrió para contestarle con simpleza: “sí”, respuesta que fue saludada con risas y un aplauso estruendoso del público.
En uno de los sucesivos encuentros, no pude resistir la tentación de –al saludarlo- estrecharle la mano vivamente y expresarle en mi limitado inglés “la enorme dicha que sentía por sostener la mano que había tenido el privilegio de acariciar a Marylin Monroe”. Él celebró con entusiasmo esta salida de madre, haciendo gala de buen humor, tal vez adivinando que era otro más de los eternos enamorados de la estrella. Los cuatro años que compartió con Marylin fueron turbulentos y complejos; apenas pudo escribir algo, y lo expusieron a una fama adicional todavía más intensa que la ganada como dramaturgo. Su relación con Marylin lo persiguió toda la vida, y en su estadía en Chile le preguntaron sobre ella varias veces en público; una de aquellas veces el escritor afirmó: “si estuviera viva, ya no sería un mito, y si pudiera hablarles, les diría que quisieran mucho a sus hijos, porque los maltratos que sufrió en su infancia la destruyeron más tarde”. No faltó la nota graciosa y absurda: un pasquín local nos avergonzó como país titulando “ex marido de Marylin Monroe visita Chile”.
Era muy, muy alto, y con su envidiable impermeable flotando se veía imponente caminando junto a nosotros, sus más bajos colegas chilenos, que nos sentíamos protegidos a su alero, como si nada fuera a ocurrir desde ese momento, como si el poder de la dictadura comenzara a corroerse, anticipando el derrumbe.
Ganador del codiciado Pulitzer, reconocido más allá de las fronteras de su país por su aporte a la dramaturgia, nunca se abandonó a la tentación de la comodidad, el glamour, o el mero distanciamiento de los problemas sociales. Indagó en la suciedad oculta debajo de las alfombras del sueño americano: la corrupción, el doblegamiento de la moral ante el poder del dinero,
Casi a los noventa años, murió en la casa de la granja en Connecticut que compró con su primer éxito teatral: Todos eran mis hijos. Con sus propias manos construyó su estudio y el mismo escritorio donde después escribiría Muerte de un vendedor viajero
A pesar de que recuerdo a Miller como un hombre que supo mostrar alegría en aquellos días de su visita a Chile, no era de sonrisa fácil. Por momentos su rostro reflejaba desazón, tristeza, y un examen más atento de su actitud un poco distante, incluso fría, aunque jamás desatenta, revelaba que en su interior flotaban sentimientos de rebeldía y disconformidad. Creyó que el teatro era un arma para traer luz al mundo, para disminuir las injusticias y el dolor humano. No sé si tiene razón, pero simpatizo con la idea; es más, intuyo que de un modo intrincado, inaccesible, está en lo correcto. Lo recuerdo con afecto, enorme y solidario, afectuoso, sabio, triste, ingenioso, ajeno a la complacencia, y sobre todo, lleno de ternura por la humanidad.

11 septiembre, 2009

De lobos y ovejas


Primero la follaré y después la devoraré, anunció el Lobo, y una profusa salivación emanó de sus fauces temibles. Golpeó el vaso vacío contra la barra como para impresionar a sus compañeros de parranda. Ya se las verá conmigo esa tal Caperucita Roja.
La verdad es que los impresionó, pues recientemente había derribado, en días sucesivos, las casas de tres cerditos hermanos para engullirlos vivos ante el horror de los paralogizados vecinos.
Salió de allí con paso decidido hacia el bosque.
Algunas semanas después lo vieron comprando menestras en el almacén del pueblo. Tenía la piel teñida de blanco, el pelo de la cabeza ensortijado y bien recortados los colmillos y las garras. De su brazo colgaba una dichosa Caperucita vestida con sus mejores galas. Pagaron con la tarjeta de Lobo, que la extendió con aire sumiso al tendero. Cargó las mercancías en su carruaje, miró con nostalgia el bar desde donde lo contemplaban sus amigos, y dio media vuelta para ayudar a su esposa a subir.

10 septiembre, 2009

Condena


Mataré al asesin…

09 septiembre, 2009

El sitio


Está el castillo sitiado por un ejército enemigo. Quienes resisten en la fortaleza de piedra padecen de sed, hambre y fatiga. Desesperado por el asedio, el Barón hace llamar al Mago, quien ejecuta un sortilegio de inversión; ahora es el ejército invasor quien resiste dentro del castillo y son las fuerzas del Barón las que hostilizan a los defensores.
El Amo de los enemigos despierta sobresaltado y sorprendido por su propio sueño. Ordena el ataque.
El Barón despierta en su sillón señorial, donde lo había vencido el cansancio; escucha los clarines del combate y corre para organizar la defensa.
Bulle entonces la carcajada del Mago por almenas, fosos y puentes levadizos, por el llano. Lanza sus sortilegios maravillosos. Ríe.
El Barón nada oye y carga furiosamente con sus hombres hacia los torreones.
El Barón no escucha sino los gritos de sus enemigos y desenvaina la espada para la que será, acaso, su última batalla.

06 septiembre, 2009

Viaje nocturno


Leonor despertó a la luna para hacer más apacible y translúcida a la noche. La luz blanquecina sostuvo una breve batalla con la oscuridad antes de hacerla retroceder hacia los más impenetrables reductos.
Después se despojó de las ropas, tomó un gran sombrero color naranja y con cinta de tercio¬pelo, y se echó a volar suavemente por los barrios cordilleranos que eran los más favorables para un viaje de esa naturaleza.

05 septiembre, 2009

El guerrero



El mejor guerrero de una tribu nómade, el más valeroso y el más fuerte, se ha quedado en el camino mirando con desprecio la caravana que se aleja. Piensa que son unos cobardes, que ninguno es capaz de sobrevivir por sí mismo en el desierto.
No son hombres verdaderos, piensa.
Algunos días después, el guerrero muere calcinado por el sol. De su cuerpo devorado por las aves de rapiña sólo quedan osamentas. Su arrogancia son huesos blanqueados en la arena interminable.

04 septiembre, 2009

El arquero


Un arquero oscuro y perverso dispara flechas que deberán encontrar el corazón del enemigo, que está solo, desarmado, preocupado del cuidado de una rosa deslumbrante.
Las flechas cruzan limpiamente el valle, llegan a destino, pero horrorizadas de ensuciarse con crueldad y sangre, retornan y atraviesan al arquero uno y otra vez, hasta dejarlo irreconocible.

03 septiembre, 2009

Muerte del mago


El último Gran Mago agoniza, viejísimo y agotado su cuerpo, pero lúcida su mente, poderosa y viva su magia como el primer día, hace milenios.
Acuden a despedirse cientos de seres fantásticos productos de su poder; ángeles y sirenas, licántropos y vampiros, monstruos fabulosos que sollozan sin consuelo junto a su lecho, que es la piel de un unicornio.
El Kraken y la serpiente marina, criaturas preferidas y privilegiadas, lloran silenciosamente, con respeto, sobrecogidas, sin pensar siquiera en chapotear o salpicar.
- Sólo el Hombre no ha venido - señala el anciano, con un gesto de inmenso dolor -, sólo él. Y muere.

02 septiembre, 2009

Lucha social


Una rosa descontenta con su cuidado pincha furiosamente las manos del jardinero y maldice al jazmín vecino que sólo da perfume, ¡el muy inconsciente!

31 agosto, 2009

Huida de la flor


Una flor desertora de un jardín lejano y fabuloso va a tenderse a la orilla del mar a meditar sobre su reciente liberación. De pronto estalla en lágrimas su ocultada soledad, y tanto es lo que llora que al final se seca, y ya ni siquiera el mar es capaz de resucitarla.

30 agosto, 2009

Fábula


Unas decenas de años atrás vuestra ciudad no era más que una miserable aldea de chozas cenicientas, de hombres y mujeres escuálidos y desamparados.
Cierto día el Buen Abdul descubrió que bajo el suelo de la aldea se ocultaba un inagotable filón de oro y una portentosa cantidad de piedras preciosas, y avisó de ello a todo el mundo dando gracias a Alá por tal hallazgo y haciendo constantes genuflexiones a su efigie imaginaria.
Diez días de fiesta sucedieron al formidable descubrimiento del Buen Abdul; todos bendecían a Alá que les había traído tanta dicha: el fin de la miseria y el hambre en la aldea.
En medio de tanta alegría, nadie se fijó en la llegada de un hombre pequeño de piel oscura y ojos vivaces que observaba pacientemente los festejos.
Cuando todo volvió a la normalidad y los aldeanos comenzaron a discutir la forma más justa de distribuir tanta riqueza, apareció el hombre pequeño denominándose "Elegido de Alá" en medio del estupor del pueblo que esperaba la llegada de un profeta anunciada por una antigua leyenda. De modo que el "Elegido de Alá" fue aclamado como profeta por los aldeanos, y se le rindieron homenajes y se le hicieron ricas ofrendas de acuerdo con su elevada dignidad. Gran cantidad de riquezas le fueron entregadas para la construcción de un templo consagrado a la eterna adoración de Alá Baal y sus emisarios terrestres.
Así fue pues que la aldea creció y se convirtió en una maravillosa ciudad con torrecillas y almenas, hermosos templos y prósperos mercados donde se ha desahogado la avaricia y la envidia de los fieles, para finalmente llegar a ser el poderoso y rico Sultanato que es hoy día.
Quiero poner en vuestro reconocimiento, que el bienamado Sultán no es otro que el hombrecillo de ojos vivaces que llegó con las manos vacías tiempo atrás, y que el Buen Abdul, cegado con fierros candentes por la cruel Guardia del Sultanato, es el ciego miserable que junto a otros cientos de mendigos imploran limosnas a los extranjeros, ya que los habitantes de la ciudad tienen prohibición estricta de otorgárselas.

29 agosto, 2009

Cinco buenos libros para leer


Respondiendo a una invitación del escritor argentino Eduardo Berti un tiempo atrás, se demuestra demuestra que nada es imposible, ni siquiera lo irrealizable. Escoger cinco libros de ficción implica dejar fuera muchas maravillas, haciendo un acto de exclusión fenomenal, pero vamos… se puede, aunque me arrepienta más tarde. En todo caso, he escogido libros que me produjeron un gran desconcierto desde las primeras páginas.

LAS MIL Y UNA NOCHES. Cuando empezaba recién a navegar aguas afuera de la infancia, llegó a mis manos temblorosas una buena edición – quiero decir una exenta de pacatería- caí embelesado ante sus encantos, embrujado por la fábula de un mundo donde convivían magos, princesas de formas opulentas, ogros brutales, aves gigantescas y demonios carniceros, héroes indomables y hermosos. Soñé dormido y despierto – perturbado por esta lectura prohibida - con Scherazade narrando la trama interminable a Schahriar, domeñando su sed de sangre, derrotando su convicción sangrienta de desposar cada noche una mujer que no veía la luz del amanecer siguiente, para vengar la afrenta de una infidelidad pasada, pero vigente. Me prosterné ante ese libro donde la sensualidad emergía a cada paso, en una mezcla extraña de realidad y fantasía, magia y materialidad, lucha por la supervivencia y goce carnal.

EL LLANO EN LLAMAS. Entre la pléyade escritores latinoamericanos a los cuales rindo culto y releo continuamente por devoción, por simple placer y con ansias de continuar aprendiendo de ellos, está Rulfo en primer lugar, por esa maestría invisible para construir mundos complejos con una simplicidad que alcanza el punto del agobio. Aquella síntesis entre lenguaje culto y popular, entre tradición y novedad, entre fina y compleja poesía y narrativa, cruel, descarnada.
¿Cómo dejar fuera a Julio Cortázar de esta nómina? Imposible, ahora escoger un título, es tarea también compleja. Pero escojo HISTORIAS DE CRONOPIOS Y FAMAS, porque me pareció un compendio maravilloso de realidad y fantasía; pocas veces se encuentra una conjunción tan perfecta, y la exhibición de un humor tan juguetón, de apariencia tan inofensiva y tan letal efectividad. La tipología humana allí descrita me tuvo obsesionado mucho tiempo, clasificando a éste o aquélla en las categorías de fama, esperanza o cronopio. Todavía suelo jugar con placer esa clase de juego taxonómico.

CRÓNICAS MARCIANAS. Tenía que incluir un libro de ciencia ficción, aunque se distancie muchísimo del estándar del género. Es una colección de relatos asombrosos, impregnados de poesía y significados profundos, plenos de fantasía y no obstante tan asentados en la realidad, por momentos incluso ácidos, mordaces. La construcción del texto es deliciosa debido al fino trabajo con el lenguaje y las imágenes, pero las tramas son potentes, asombrosas, al igual que el trazado de los personajes y una fantasmagoría que impregna todo. Este libro de Ray Bradbury es una alegoría de nuestra realidad, más que un acto de imaginación fantasiosa del futuro.

EL CLUB DE LOS PARRICIDAS. Ambrose Bierce fue un descubrimiento extraordinario, de aquellos que se hacen a los quince años en un mesón de ofertas de una biblioteca de liquidaciones, contra todas las probabilidades. Podría haber puesto otro título de Bierce, como EL DICCIONARIO DEL DIABLO, una pieza notable de lucidez, ironía y ácida visión del mundo, pero EL CLUB DE LOS PARRICIDAS es –desde el propio título- una bofetada brutal de sarcasmo cargada de humor negro que no tiene equivalente.

28 agosto, 2009

Circus


Debido a mi juventud, entré en el puesto de enano. Tampoco había otra vacante. Sentí algo de vergüenza, pero para alguien que ha soñado trabajar en un circo, era un comienzo. Por eso acepté, pensando en hacer carrera. El tiempo, como acostumbra a suceder, se hizo cargo de mis aspiraciones. Crecí apenas un par de centímetros y traspuse la barrera de la veintena: la estatura me relegó para siempre a la condición de enano. Podría desarrollar al máximo la veta del humor ridículo, lograr aclamaciones y carcajadas unánimes, más mi destino estaba sellado.
Experimenté alivio tras envenenar al hombre de fuerza: su rostro contraído por el dolor intenso que antecede a la muerte fue un bálsamo para mí, un alivio transitorio. Unos meses después, el trapecista eximio se desprendió a la máxima altura. El malabarista fue aplastado por uno de los pilares de acero de la carpa. El mago fue mordido por una cobra. El domador fue devorado por sus leones.
Cuando llegó el turno de la mujer barbuda, mi mano con la navaja tembló en el último instante. Un repentino amor se apoderó de mí y también de ella. Huimos del circo y de la huella de mis crímenes. Recorremos el mundo fugitivos, de la mano, refugiados en nuestro idilio, trabajando en cualquier cosa. Guardamos la navaja como recuerdo; ella la usa para rasurarse cada mañana. Se mira en el espejo y sonríe. No cabe duda que es una sentimental.

27 agosto, 2009

Lectura de Chilenos en Resistencia, Argentina, 2006








Ahora que se cumplen 3 años de la presencia amplia de escritores chilenos en el Chaco con ocasión del XI Foro Internacional por el Fomento a la Lectura que organiza año a año la Fundación Mempo Giardinelli. De izquierda a derecha los escritores: Cristián Cottet. Miguel de Loyola, Lilian Elphick, Virginia Vidal, Jaime Valdivieso, Diego Muñoz Valenzuela. Fernando Jerez, José Osorio. Alejandra Basualto, Pía Barros y Max Valdés.


26 agosto, 2009

Circo pobre 2



El trapecista pasa corriendo bajo los rociadores, se seca vigorosamente y se calza la malla de hombre de fuerza. Tras los aplausos regresa sudoroso para ducharse, secarse y disfrazarse de payaso. Unos minutos después repite entre carcajadas el mismo trayecto para vestirse de mago. Atrona la masa cuando retorna para ponerse el uniforme de domador y regresa de inmediato para meterse dentro del traje de león, ruge terriblemente en la arena y vuelve para convertirse en malabarista, y sigue corriendo para….

25 agosto, 2009

Circo pobre 1


El payaso secó su transpiración con la toalla húmeda. Con mínimos y calculados movimientos se desprendió del traje colorido. Borró el maquillaje de su rostro sumergiendo la cabeza en una cubeta de agua espumosa, restregándose con sus manos diestras. Se colocó el atavío de trapecista eximio, se peinó a la gomina y se calzó las zapatillas plateadas. Tomó de la mano a la irreconocible mujer barbuda y salió con ella corriendo al escenario. El delirante público los esperaba ansiosos y estalló en aplausos al ver a las estrellas del show. La mujer voladora le guiña un ojo y le susurra al oído “a ver si llegamos con energía al número de acrobacia”. “Eso si no te corto en dos para el número de magia”, le contesta el trapecista excelso haciendo brillar sus lentejuelas.

23 agosto, 2009

NADA HA TERMINADO on line


http://www.letrasdechile.cl/mambo/images/diego_munoz_v.pdf

Aquí está mi primer libro publicado (1984) en cuanto se levantó la censura previa por Ediciones de Obsidiana. Letras de Chile lo tiene entre su oferta de libros on line. Lo pongo a disposición de ustedes. La edición era de tamaño pequeño, con una portada rojo intenso, y salieron sólo 300 ejemplares. Hubo otra edición igual en portada blanca.

Flores para un cyborg en España


22 agosto, 2009

VIDEO: de monstruos y bellezas

http://www.youtube.com/watch?v=ZW1beadSff8

En el contexto del proyecto ARTESANOS DE LA PALABRA

Clones 2


Le pedí que me reemplazara en la fiesta de cumpleaños del jefe. Por suerte tiene buena voluntad y aceptó con entusiasmo. Tiene mi aspecto, sabe todo acerca de mí. Como viene a ser el equivalente de un recién nacido, se interesa por los detalles de mi vida. En cambio a mí estos compromisos me fastidian horriblemente. Se entiende: ahora tiene una existencia de verdad, no una teórica, de libro, por decirlo de alguna forma. Va a hacerlo bien y me va a dejar mejor.
Que tenga cuidado con la perra esposa de mi jefe, le advertí. Que no se atrapar por la ninfomaniaca, por más que le ruegue. Que cuente mis mejores chistes, coma y beba cual cosaco, y se retire ebrio y feliz, adorado por todos. Debe estar ahí, disfrutando de mi vida.
Mañana lo enviaré al trabajo bien temprano. De vuelta pasará por el supermercado. Yo me quedaré leyendo, soñando con otras vidas. Añorando ser el clon de otro.

15 agosto, 2009

Telegrama 1

Enamoramiento. Pasión. Éxtasis. Felicidad. Acecho. Intrusión. Tentación. Impulso. Traición. Vértigo. Goce. Chisme. Incredulidad. Desconfianza. Seguimiento. Irrupción. Sorpresa. Culpa. Espanto. Crimen. Alivio. Cárcel. Paz.

08 agosto, 2009

El Chupacabras

Me queda mirando con sus malignos ojos de bestia y sus mandíbulas recargadas de aguzados dientes. Sus garras pueden destripar a un hombre de un solo zarpazo. Tiene un metro de estatura y su contextura es delgada, nervuda, ágil. Poco puede hacerme a mí, sin embargo. Salto sobre él antes que pueda advertirlo y le secciono el cuello de una sola dentellada. Su sangre es espesa, cálida, sabrosa; me reconforta. Lo succiono hasta convertirlo en un pellejo fofo que arrojo a la caja de los monstruos desechables.

Titulares


Enano mata a enana por pequeñeces.

01 agosto, 2009

Gótica mórbida


Parecía un auténtico camión enchulado con cien adornos: piercings y argollas por doquier, aros múltiples, pendientes, puntudas muñequeras de metal, labios y ojos pintados de negro, cejas delineadas y cutis albo. La tenida de cuero alabastro era monumental: podía cobijar a un circo completo y su público. Caminaba con una curiosa volatilidad, como si el peso monstruoso la alivianara en vez de apegarla más a la madre tierra.
Se cruzó con un punk de cabellera multicolor con doble cresta. El tipo la miró divertido, como se observa a un fenómeno de feria, y soltó una risita demoníaca. Esto exasperó a la gótica mórbida, y sin más le propinó una feroz cachetada que lo hizo volar. En el aterrizaje, su arquitectónico montaje capilar se resquebrajó. Quedó allí tirado, inconsciente. La gorda escupió sobre él y continuó su camino balanceándose cual paquidermo.
Ahora se encontró conmigo. Me examinó con cara de “y tú vas a reírte también”. Le sonreí amistosamente y me invitó a una cerveza. Yo pedí una garza. Ella un schop negro de un litro; para empezar, aclaró. Le consulté por qué adhería a la tribu de los góticos. “Quise parecer grotesca en esta sociedad hipócrita”. Iba a preguntarle si su engordamiento fue previo o posterior a esta decisión; me sentí en peligro. Quizás no fue suficiente con ser gótica y se puso a comer con desenfreno. O era mórbida desde siempre y no se consideraba caricaturesca. Opté por la primera opción, sin evidencias. Gótica mórbida. Era más distinguida esta alternativa. Me daba igual, con ella me sentía muy seguro.

26 julio, 2009

Burocracia 1


Ingreso a la oficina con esperanzas, pero la desazón se apodera de mi ánimo cuando reparo en la atiborrada sala de espera. Analizo el entorno, descubro el dispensador de números y arranco el ticket con un germen de rabia. Me siento y el espectro de la burocracia se carga en mi espalda. En mi imaginación me hundo en un infierno de abandono e indefensión. Transcurre el tiempo con su habitual indiferencia por nuestro estado, y el panel electrónico no se ilumina con el anuncio del turno siguiente. La masa de personas que aguarda se remueve sobre las sillas de acrílico, mas conforme la hora avanza, va aletargándose, hasta que vienen la noche, el sueño y caen, una a una, las cabezas vencidas por el agotamiento.

19 julio, 2009

Asunto de nombres


Don Eustorgio Zavarovsky jamás logró que una persona entendiera su nombre a la primera, mucho menos que lo escribiera bien. Su vida se tornó una suerte de diáspora con cada una de aquellas identidades alternativas. Algunas denominaciones le parecieron elegantes y distinguidas, incluso aristocráticas; otras rudas, vulgares, casi coprolálicas. Poco a poco fue extraviándose en aquel laberinto de posibilidades y se fue convirtiendo en una confederación de personalidades unida apenas por un origen remoto e inalcanzable.

11 julio, 2009

Acerca de premios


Escribió un microcuento maravilloso y obtuvo un premio ínfimo.

05 julio, 2009

Diva


Su vanidad había sobrepasado cualquier nivel imaginable. Víctima de una esquizofrenia múltiple, no sólo actuaba para sí misma, sino que -convertida en público- se aclamaba con fervor.

27 junio, 2009

Álbum 2



A Héctor Garay y Remigio Muga

Todas en blanco y negro. En la clínica entre los brazos de su madre dichosa. A los dos años su padre lo levanta hacia el cielo y él exhibe una sonrisa perfecta de querubín. Montado en un caballo con sombrero y manta, un poco serio. Con uniforme de colegio y corbata bien anudada. Adolescente, chascón, con jeans pata de elefante y anteojos John Lennon. En los trabajos voluntarios, abrazado con una muchacha de cabellera crespa; ambos se ríen a carcajadas. En su pieza, leyendo un libro con un póster del Ché atrás. En una fiesta familiar, taciturno, como si estuviera preocupado. Por algo. En la pancarta que porta su madre triste, silencioso, ausente. Mirándonos.

21 junio, 2009

Canibalismo 1


El caníbal desarrolló un narcisismo exacerbado. Acabó devorándose a sí mismo.

13 junio, 2009

Hombre gordo 1


El tipo había engordado tanto que ya no cabía por la puerta. Mediante su laptop solicitaba alimento y manejaba sus inversiones. Afortunadamente no necesitaba trabajar, así que tampoco necesitaba salir. Por otra parte, no habría podido hacerlo: sus piernas eran incapaces de sostener aquel peso desproporcionado. Era un cetáceo varado en una cama gigante, provisto de pequeñas extremidades fofas con las cuales escribía las instrucciones en el teclado. Obtenía todo lo necesario gracias a Internet. Era un enorme molusco rosado buscando satisfacción en la red virtual. Los proveedores dejaron de acudir a su casa, pues el alimento –de variadas clases, incluido el alcohol- se cargaba en receptáculos conectados a tuberías a solicitud del solitario e invisible comprador. Antes de cerrar para siempre su puerta, conectó sus puntos sensibles a robots de estimulación sexual. Se las arregló con el hampa para instalar dispensadores de droga. Finalmente la casa estalló, nadie sabe la causa. Los alrededores eran un asco, cubiertos de grasa, sangre y restos de órganos, tendones y huesos. Pudo ser resultado de un crecimiento grotesco del cuerpo; o una explosión de placer ilimitado; o una simple indigestión.
Pronto se sabrá: tiene seguidores y algunos de ellos se financian mediante contratos con canales de televisión que transmiten segundo tras segundo -como contraprestación y en virtud de un nítido contrato- el desarrollo de los acontecimientos. Algún científico aprovechará esa información, estoy seguro.

06 junio, 2009

Conserva fatídica


Abrió con parsimonia la conserva de duraznos a pesar del apetito voraz que lo dominaba. Al doblar la lámina redonda de hojalata, vio un ojo que lo observaba fijamente, con una insolente expresión de curiosidad. El primer impulso fue arrojar lejos el tarro, pero muy a tiempo el ojo parpadeó con coquetería. Se contuvo y quedó mirándolo, hechizado. Era un ojo bello, glauco, límpido, dócil, dulce. Se enamoró de él. Imaginó que pertenecía a una admirable princesa víctima de alguna bruja. Arrancó uno de sus ojos e insertó el hallazgo en la cuenca vacía; dejó de sangrar por milagro. Vio el mundo de una manera distinta. Devoró los duraznos y tiró a la basura la lata. Abrió otra. Allí estaba el ojo, esperando.

31 mayo, 2009

El esperador de muchachas

El esperador se instala en las esquinas tumultuosas del centro comercial de la ciudad. Los años cargan sus espaldas con una carga de achaques, arrugas, canas y falta de garbo. Sin embargo, aún se viste con toques juveniles: un pañuelo de colores arrollado al cuello, una chaqueta de cotelé, zapatos terminados en punta. Se ubica frente al paso de cebra a esperar las muchachas que corren cuando el semáforo está a punto de cambiar. Así por un instante imagina que corren a sus brazos, arrobadas de amor, totalmente rendidas. Sonríe, cierra los ojos, encantado, y las muchachas pasan a su lado, sin verlo.

24 mayo, 2009

La cigarra y la hormiga

La cigarra provenía de una familia aristocrática y la hormiga –como las de su especie- era sierva de la gleba. La cigarra se permitía toda clase de diversión y abusaba del alcohol, la comida y el sexo. En sus raros momentos libres, la hormiga –por lo demás talentosa- aprendió a tocar el laúd y a improvisar en décima espinela. Vistas aquellas dotes juglarescas, la cigarra se dio maña para que la hormiga amenizara sus veladas bohemias. Cobró fama y ciertas prebendas para cultivar su arte el esclavizado himenóptero. En total secreto escribió algunas esperanzadoras piezas narrativas inspiradas por su deseo de justicia; entre ellas figura la conocida fábula que usted habrá recordado. Por cierto, la presente historia carece de moraleja.

17 mayo, 2009

Demonios vagos 1


Era un demonio tan pequeño como horrible. Lo encontré vagabundeando entre mis libros, de modo que me sentí autorizado para atraparlo y meterlo en un frasco. Emitió un espantoso hedor a azufre: saltó, bramó, expelió fuego por su pequeña y perversa boca. Me divertí contemplándolo: en verdad era un demonio muy temible, sólo que demasiado pequeño. Enfureció hasta el paroxismo cuando le anuncié que iba a convertirlo en amuleto. Estrellaba su menudo cuerpo escarlata contra las paredes transparentes con empecinamiento notable. Terminó por quedar extenuado. Después de varias semanas, luce más tranquilo. Quizás resignado. Insiste mediante señas en que desatornille la tapa del frasco, pero no. Desconfío de él. Suelto, no hay demonio manso; eso decía mi abuela.

10 mayo, 2009

Paradojas de la Ingeniería Genética


Programo la última instrucción y el laboratorio robotizado comienza a ejecutar mis especificaciones. En la esfera condensa una espesa masa de neblina en cuyo núcleo se forma la criatura. Unas horas después extraigo al primer perro inteligente. Habla inglés, francés y alemán. Posee una cultura universal vastísima, incluyendo niveles de Ph.D. en cinco áreas de conocimiento. Ciertas modificaciones le permiten hablar. Tiene un carácter dócil, humor genial y es leal a toda prueba. Salimos a caminar por la playa. Corre, juega con las olas, vuelve a mí, salta y lame mi rostro. Me recita en francés un poema de Prevért. Estoy feliz de haber diseñado a una hembra: comienzo a enamorarme. La bautizo Eva. Ella está de acuerdo.

03 mayo, 2009

FLORES PARA UN CYBORG, por Pepe Cervera


http://latormentaenunvaso.blogspot.com/2009/02/flores-para-un-cyborg-diego-munoz.html

martes, febrero 10, 2009
Flores para un cyborg, Diego Muñoz Valenzuela
EDA, Madrid, 2008. 196 pp. 14.25 €

En Flores para un cyborg, uno de los seis libros que hasta la fecha ha publicado su autor, Diego Muñoz Valenzuela, (Chile, 1956), se cuenta la historia de un científico experto en robótica, Rubén Arancibia, que después de pasar varios años exiliado regresa a su país, Chile, acompañado de Tom, cyborg que ha construido a su imagen y semejanza. A tal extremo llega el parecido de la máquina con el aspecto de su creador, que es capaz de pasar por éste en «reuniones sociales, cócteles, conferencias, almuerzos, partidos de béisbol y a más de un seminario inútil», incluso llega a superarlo en cuanto a relaciones sociales, ya que el androide aprende rápido a lucir un encanto del que Arancibia carece.Pese a haberse convertido en un país democrático, en el Chile que el protagonista se encuentra permanecen latentes los vicios de la anterior dictadura. Los antiguos torturadores están ahora al mando de negocios excesivamente conectados con el actual gobierno; aquellos que administraban el país continúan manejando ahora excesiva información que les permite mantener un estatus privilegiado con la connivencia de jueces y políticos. La corrupción está en el orden del día. Rubén Arancibia y un viejo amigo, activista opositor al régimen, Ricardo Bell, se plantean darle al Perro Torres, torturador y asesino, una píldora idéntica a las que él administraba.

«— ¿Dárselas a ese hijo de puta? ¡Claro! Pero es muy difícil. Ningún tribunal lo condenaría. No conseguiríamos nada con esos magistrados corruptos o, en el mejor de los casos, inertes.—No hablo de tribunales, hablo de justicia. Dejar seca a esa alimaña.»Lo que a priori parece una empresa etérea y descabellada toma cuerpo rápidamente y se transforma en una idea palpable gracias a la implicación del hombre de acero, cuyos principios y reglas morales coinciden con los que rigen el comportamiento de su creador. El cyborg se convierte en el instrumento con que su hacedor llevará a cabo la revancha. Se desata una oleada de violencia para resarcir el daño que les fue causado. El argumento que trabaja el autor posee por sí mismo una importante carga de tragedia, sin embargo Diego Muñoz Valenzuela va salpicando su prosa con las dosis justas de humor para desdramatizar el punto de vista del lector, quien no puede evitar la reflexión pero tampoco dejar escapar una sonrisa —como la que provoca la obsesión del cyborg por conseguir un apéndice viril que le permita mantener relaciones sexuales con mujeres de carne y hueso. Tom adquiere sensibilidad y capacidades humanas; sorprendentemente la máquina desarrolla cierta facultad de sentir, es capaz de querer y conseguir que le quieran. Ruben Arancibia lo considera un amigo, un hermano, un hijo, y a lo largo de la narración se percibe la reciprocidad de esos sentimientos. Para la lectura del libro de Muñoz Valenzuela, además del ya mencionado sentido del humor que lo recorre, adquiere importancia la soltura de la prosa, la facilidad con que se avanza: no es difícil liquidar las más de 260 páginas de tirón. Los objetivos que el protagonista y sus cómplices se asignan van cayendo y lo que se planteó en un primer momento como una reparación puntual e irreprochable empieza a perder freno tomando visos de venganza. El protagonista lo advierte casi al mismo tiempo que el lector: «—Haces justicia por tu mano y te conviertes en uno más de ellos, un vampiro que jamás se cansará de succionar la sangre de sus víctimas…», le dice al cyborg después de su último trabajo. A un pelo estamos de cuestionar la rectitud de sus hazañas cuando una veta de esperanza viene a apaciguar las malas conciencias.A Diego Muñoz Valenzuela se le conocía en España por haber sido incluido en la Antología de cuentos chilenos que en 2006 preparó el italiano y especialista en literatura hispanoamericana Danilo Manera para la editorial Siruela; en Chile ha publicado otra novela y cuatro colecciones de relatos. Ahora se le puede encontrar en las librerías españolas gracias a la labor de E.D.A. libros (http://www.edalibros.com/), que poco a poco, de manera injustamente callada y con unos libros de muy buen tacto, está elaborando un catálogo nada despreciable —en su colección “Los días terrestres” ya ha publicado a autores como Guillermo Busutil, José Eduardo Tornay, David Roas, Federico Fuertes Guzmán—: Flores para un cyborg es una prueba más de ello.

01 mayo, 2009

Malentendidos


a Eloísa Muñoz Fehrmann

Con su último aliento, el presidente de la corporación sin fines de lucro, desangrado y destrozado por aquella letal furia de garras y colmillos, la increpó con voz entera: “te dije que necesitábamos un filántropo, no un licántropo”.

26 abril, 2009

Obsolescencia del amor


Ya nadie necesitaba amor, había pasado de moda. Sólo interesaban los suntuarios, las tarjetas de crédito, los automóviles la ropa de marca. Los enamoramientos eran asunto de otros tiempos, al igual que las amistades leales y las iniciativas altruistas. Con frecuencia uno encontraba en la calle –entre toda clase de residuos y envases vacíos- cuerpos de cupidos atravesados por sus propias flechas. Era penoso ver aquellos inertes cuerpecillos rechonchos y rosados abandonados por doquiera, entre desperdicios, ratas y cucarachas, con sus cabelleras doradas mecidas por el viento de la ciudad indiferente.

19 abril, 2009

Diego Muñoz Valenzuela deshoja sus 'Flores para un cyborg'

http://www.malagahoy.es/article/ocio/348582/diego/munoz/valenzuela/deshoja/sus/flores/para/cyborg.html

El escritor chileno presentó ayer en el Museo Municipal su última novela, publicada en España por la editorial malagueña EDA, dentro de los actos del IML. Un científico viaja a un país lejano para hacer un doctorado en Robótica. Para entretenerse construye un robot porque se siente solo. Lo hace en secreto. Nadie le cree. Todos piensan que es absurdo. Lo crea a su imagen y semejanza. Pero el doble comienza a actuar de manera inesperada. Así comienza la trama de la novela Flores para un cyborg, de Diego Muñoz Valenzuela (Constitución, Chile, 1956), editada en España por la editorial malagueña EDA. "De repente surgió el interés, producto de conversaciones y finalmente los editores de Málaga se interesaron por esta obra, que está recién sacadita del horno", comentó el autor, que presentó su obra ayer en el Museo Municipal dentro de los actos del Instituto Municipal del Libro (IML).

"Para mí es una novedad. El hecho de estar presente en España es para mí estar en un mundo distinto, por eso de la cantidad de lectores posibles e intereses, que para un autor latinoamericano es más que apetecible", aseguró el escritor chileno. Muñoz Valenzuela, entre otras muchas obras, ha publicado además cuentos en antologías como Cuentos chilenos de Siruela.

Flores para un cyborg, que será presentada en distintos puntos de Andalucía y del resto del país en las próximas semanas, ha sido ganadora en Chile de varios premios como el del Consejo Nacional del Libro a la mejor obra literaria. "Esta obra generó allí además mucho impacto de crítica y de prensa porque era una novela que mezcla ciencia-ficción, novela negra y política, porque tiene que ver con la Transición chilena. Espero que en España ocurra lo mismo y que vaya bien", desea su autor, aunque se siente expectante por ver cómo reaccionará el público español.

Flores para un cyborg está escrita "como en tiempo presente. Es la idea. Lo que tiene de trama es pura ciencia-ficción porque la capacidad de crear una mente artificial, de un robot casi perfecto, que engaña a cualquiera..., es la gracia que tiene, aunque tiene su fundamento científico". La novela se convertirá pronto en una trilogía: ya hay una segunda parte que está a punto de salir y la tercera está en elaboración. "No me lo propuse así pero se me ha ido convirtiendo en una serie con secuelas", subrayó Muñoz.

"Pienso -añadió- que es un libro que puede interesar tanto a los que leen novela negra como a los que leen ciencia-ficción. Además, tiene cierta actualidad política, porque tiene que ver con la historia de casi todos los países hispanoamericanos, puesto que casi todos ellos han vivido dictaduras". Y en cuanto a las edades, "creo que está indicado para todos. A los jóvenes gusta y a los mayores les atrae la parte social y política de la obra".

El escritor chileno, en tanto que promocionaba su novela, vendía además ayer las bondades de su país, "al que me gustaría que muchos españoles fueran a conocer. Yo ya he venido aquí varias veces, y es España un país en el que me siento muy cómodo". Y defendió también el autor la literatura hispanoamericana, "que es una sola, y debería haber un solo mundo hispanoamericano, pero estamos separados por un océano, aunque las conexiones son impresionantes. Hay palabras perdidas aquí que han sido encontradas allí. Y viceversa. A pesar de todo, estamos en un mismo mundo".

18 abril, 2009

Asuntos de estado


El empresario vio una formidable oportunidad de negocio. Habló con el ministro, luego con el senador y les explicó lo que deberían hacer. Después conversó con el director de la red de medios de comunicación de la que era accionista. Negoció con los mayores proveedores extranjeros. Tras unos meses, se declaró la guerra. El ejército compró los pertrechos a la industria del empresario, pues era el único que los tenía a mano, a un precio –por cierto- elevado. El general dirigió la guerra: millares de soldados y armas fueron movilizados. Los jóvenes héroes fueron inmolados en decenas de batallas: defendieron la patria con su vida, hasta la última gota de sangre. Su ejemplo fue destacado en los noticiarios. Las madres despidieron sus restos cubiertos con la bandera en ceremonias de gran marcialidad. Las utilidades fueron formidables. Vino el armisticio. Lentamente todo fue volviendo a la normalidad.

12 abril, 2009

Confucuento


Cenicienta mordió la manzana envenenada y se hundió en un plácido sueño donde ella, convertida en sastrecillo valiente, aplastaba a siete ogros de un solo golpe. La maligna bruja se introdujo en el sueño, pero salió trasquilada porque un gato con botas la convirtió en sapo. Un hambriento lobo cazó al anfibio y lo cocinó a fuego lento. La Caperucita reprobó el guiso y ordenó al lobo, hacha en mano, que se lo sirviera a su abuelita. Cenicienta despertó sudando frío y se horrorizó al ver a siete horrorosos y desnudos enanos contemplándola con lascivia.

04 abril, 2009

Mentiras verdaderas


Le dije que la amaba; le mentí. Con ojos lacrimosos y voz entrecortada, ella declaró que no podía vivir sin mí; mintió descaradamente. Respondí a su engaño con un apasionado beso, aunque no pensaba en ella. Simuló una pasión arrobadora y logró conmoverme. Me dejé conducir por su timo y le declaré amor sempiterno, indestructible, a sabiendas de la falsedad de mi promesa. El abrazo se traspasó de intensas emociones causadas por la ráfaga de mentiras mutuas. La cuestión es que nos hemos tragado esta quimera. Llevamos décadas hablando falacias, imaginando ímpetus que no existen y configurando un idilio tan embustero como inquebrantable. Otras parejas nos consideran ejemplo a seguir. Reímos cuando lo señalan; nos tomamos las manos y sonreímos satisfechos por la perfección de nuestra farsa.

28 marzo, 2009

Invasiones extrañas

Vinieron de múltiples colores y tamaños, silenciosos y de grandes ojos impasibles, en grupos cada vez más nutridos. Se contorsionaban y agitaban sus aletas para desplazarse por el aire, como si fuesen pájaros y no peces. En tanto los gigantescos cardúmenes se precipitaban por parques y bosques, las personas arrancaban de aquel hecho incomprensible. Pronto ocuparon todo el espacio disponible con sus cuerpos escamosos y la gente comenzó a morir de asfixia.

18 marzo, 2009

FLORES PARA UN CYBORG EN ESPAÑA


http://www.diariodejerez.es/article/ocio/347599/flores/para/cyborg/la/maquina/perfecta/existe.html

Arantxa Cala / Jerez | Actualizado 11.02.2009 - 05:00

Un científico viaja a un país lejano para hacer un doctorado en Robótica. Para entretenerse construye un robot porque se siente solo. Lo hace en secreto, porque nadie lo cree. Piensan que es absurdo. Lo crea a su imagen y semejanza. Un doble humano que empieza a... Y así comenzaría la trama del nuevo libro, 'Flores para un cyborg', de Diego Muñoz Valenzuela (Constitución, Chile, 1956), editado en España por la editorial malagueña EDA. "De repente surgió el interés, producto de conversaciones y finalmente los editores de Málaga se interesaron por esta obra, que está recién sacadita del horno", cuenta el autor. Una edición, la tercera, a la que le preceden dos, una en Mondadori en 1997 y una segunda por RIL Editores en 2003.

"Para mí es una novedad. El hecho de estar presente en España es para mí estar en un mundo distinto, por eso de la cantidad de lectores posibles e intereses, que para un autor latinoamericano es más que apetecible", asegura el escritor chileno. Muñoz Valenzuela, entre otras muchas obras, ha publicado además cuentos en antologías como 'Cuentos chilenos' de Siruela.

'Flores para un cyborg', que será presentado en distintos puntos de Andalucía y del resto del país en las próximas semanas, ha sido ganadora en Chile de varios premios como Mejores Obras Literarias del Consejo Nacional del Libro. "Esta obra generó allí además mucho impacto de crítica y de prensa porque era una novela mezcla entre ciencia ficción, novela negra, política (porque tiene que ver con la Transición chilena). Espero que en España ocurra lo mismo y que vaya bien", desea su autor, aunque se siente expectante por ver cómo reaccionará el público español.

'Flores para un cyborg' está escrita "como en tiempo presente. Es la idea. Lo que tiene de trama es pura ciencia ficción porque la capacidad de crear una mente artificial, de un robot casi perfecto, que engaña a cualquiera..., es la gracia que tiene, aunque tiene su fundamento científico". La novela se ha convertido ya casi que en una trilogía. Ya hay una segunda parte que está a punto de salir y la tercera está en elaboración. "No me lo propuse así pero se me ha ido convirtiendo en una serie con secuelas", subraya Muñoz.

"Pienso -añade- que es un libro que puede interesar tanto a los que leen novela negra como a los que leen ciencia ficción. Además, tiene cierta actualidad política, porque tiene que ver con la historia de casi todos los países hispanoamericanos, puesto que casi todos ellos han vivido dictaduras". Y en cuanto a las edades, "creo que está indicada para todos. A los jóvenes gusta y a los mayores les atrae la parte social y política de la obra".

El escritor chileno, en tanto que promocionaba su novela, vendía además las bondades de su país, "al que me gustaría que muchos españoles fueran a conocer. Yo ya he venido aquí varias veces, y es España un país en el que me siento muy cómodo. Es un encuentro con las raíces. Aquí tengo antepasados andaluces". Y defendió también el autor la literatura hispanoamericana, "que es una sola, y debería haber un solo mundo hispanoamericano, pero estamos separados por un océano, aunque las conexiones son impresionantes. Hay palabras perdidas aquí que han sido encontradas allí. Y viceversa. A pesar de todo, estamos en un mismo mundo".

08 marzo, 2009

Jugando a Rodin

Se enamora de la estatua de mármol. Allí permanece, inmóvil, enloquecido de pasión, consumido por el deseo. Con el paso de las horas va petrificándose. Se desnuda y se aproxima a la mujer, la abraza, la anuda con sus piernas y sus brazos. Se torna blanquecino, marmóreo. Los guardias recogen las ropas abandonadas y cierran la galería.

01 marzo, 2009

Amores insectiles 2


El ardoroso hombre mosca perseguía a la mujer araña obedeciendo a su instinto masoquista. La mujer araña miraba con simpatía los afanes del humanizado díptero y escapaba coquetamente. Por fin, la alcanzó y la poseyó con ferocidad; luego –resignado- le ofreció su cabeza en calidad de manjar. Sin embargo, ella lo besó con pasión. Él, sorprendido, la increpó con dureza, insistió en que debía devorarlo. La mujer araña se rindió ante tal majadería y le inyectó su toxina digestiva. Estaba delicioso: se arrepintió de sus vacilaciones. Eso del amor es una bobada, concluyó. Y salió a la caza de galanes.

20 febrero, 2009

El traidor fracasado


a Paco Torres, que me dio la idea

Toda su vida quiso cometer una traición flagrante, pero no logró reunir el valor necesario. Así las cosas, tuvo que ser sensible, leal y entrañable.

17 enero, 2009

EL OTRO SEGMENTO


COORDENADA TEMPORAL 5648222

He estado desde siempre en el laboratorio. Carezco de cualquier recuerdo ligado a otro lugar que no sea éste. Los autómatas debieron cuidar de mí cuando pequeño debido a mi constitución biológica pura. Yo no puedo ser reparado como ellos, estoy sometido de por vida a la fatiga física y mental, a la necesidad de descanso, al deterioro progresivo de mi organismo que habrá de culminar con la vejez inútil y, por último, con la llegada de la muerte. Ellos me interrogan con frecuencia acerca de la sensación del cansancio, el sueño, el aburrimiento, el dolor. Resulta imposible explicarles nada. No sólo es engorroso tratar de descubrirles mis experiencias, sino que me siento desgraciado, insignificante ante su eternidad racional e inconmovible. Ellos conocen bien el significado formal de las palabras que expresan estados físicos o psicológicos, tienen almacenadas en sus unidades de memoria las definiciones de la risa, el tedio, la rabia, el sufrimiento, el dolor. Pero, aunque pueden identificar esos estados en mi persona, son incapaces de comprenderlos, de atisbar siquiera por un instante mis sentimientos. Tampoco conciben mi identidad; ellos están en permanente intercambio de información, podría decirse que son uno solo con la computadora central que rige todas las actividades del Laboratorio. Les he preguntado si no les parece graciosa mi condición de ser orgánico débil; han respondido que esa es mi naturaleza, así como la de ellos es perenne e inmutable, que para encontrarlo gracioso tendrían que poseer rasgos biológicos similares a los míos, y en ese caso no podrían divertirse conmigo, pues sería como burlarse de sí mismos. A pesar de su lógica impecable, no abandonan sus arrebatos de curiosidad. Han estado conmigo desde mi nacimiento y he visto junto a ellos las imágenes holográficas que siguen la evolución del embrión que fui, aquella minúscula criatura flotando perezosamente en el fluido nutritivo del reactor tibio, translúcido. Los sensores microscópicos informan ciertos paneles que despliegan gráficos de presión arterial, temperatura, índices metabólicos. El embrión crece hasta que es retirado del medio líquido para que el androide médico active su mecanismo respiratorio pulmonar. Luego la visión tridimensional reproduce las escenas del desarrollo y aprendizaje, la infinita paciencia de los autómatas encargados de las diversas especialidades que hube de aprender de ellos. He visto muchas veces esas escenas en el proyector holográfico tratando de buscar algo indefinible, un detalle que aclare las incógnitas que me agobian. Intenté, y seguiré haciéndolo, averiguar las razones de mi existencia aquí, la función que desempeño o he de desempeñar más allá de la sucesión monótona de los días terriblemente iguales del Laboratorio. La tenacidad de mis dudas se estrella de modo inexorable con la lógica inconmovible de la computadora: el Laboratorio debe funcionar de acuerdo a sus objetivos, mantener los mecanismos en óptimo grado de eficacia, regenerar las piezas dañadas de los androides, reasimilar desechos orgánicos, procurar las condiciones ambientales para mi subsistencia. Le resulta absurdo que yo pretenda tener alguna misión y si pudiera calificarme de corazón, me trataría de engreído o de loco o simplemente de imbécil. En vez de esto insiste hasta el cansancio con sus explicaciones de que no existe ninguna información respecto a una finalidad mía, fuese la que fuese. Está allí toda la historia de mi crecimiento, las normas que rigieron mi alimentación, cuidado médico, educación, todo. Mi presencia tiene que ver con la actividad normal del Laboratorio, en alguna cinta magnética residía la programación de mi existencia desde el comienzo, en un tiempo inconmensurablemente remoto. Quizás todos mis pensamientos y mis acciones estuvieron previstos hasta el mínimo detalle y no hago más que reproducir una sucesión de hechos perfectamente delineada. Ella (la computadora) dice, contradiciendo mi opinión, que soy más bien impredecible por mi sujeción a las emociones, pudiendo opinar distinto sobre un mismo asunto en tiempos diferentes. Dice que ciertos juicios míos dependen de mi estado emocional más que de mi intelecto y de mis conocimientos. Eso me hace sentir espantosamente estúpido e inferior ante la vista de los androides que me consuelan con su historia de las naturalezas distintas. Incluso la computadora ha llegado a conversarme acerca de las etapas de desarrollo de un ser de mi especie; opina que estoy entre dos fases: la inicial tardía y la desarrollada plena. Este fenómeno provoca alteraciones fisiológicas y psicológicas que me hacen aún más inestable, receloso y propenso a las divagaciones desprovistas de sentido. Acto seguido establece que este período será superado y que habré de alcanzar una etapa de mayor tranquilidad, aunque no exenta de las tribulaciones propias de mi condición orgánica. Siento envidia de ellos que no sufren estos malditos cambios que me convierten en víctima pertinaz de la incertidumbre.

COORDENADA TEMPORAL 5648298

He descubierto una afición que mitiga en buena parte mis dudas y me abstrae de sus tormentos: la matemática. La verdad es que la misma computadora me lo ha sugerido a manera de distracción, sospecho que se trata de una conclusión del androide médico. La matemática y este diario son mis principales actividades, si bien es cierto que no cumplen ninguna funcionalidad en relación al Laboratorio. Ellos tienen esa inexplicable (para mí) tolerancia hacia mi inutilidad y falta de criterio práctico. Entienden mis debilidades, las estimulan, me prestan su ayuda. Difícilmente podrán concebir placer en la resolución algebraica de un problema intrincado, a pesar de que dominan a la perfección todos sus procesos y los utilizan hábilmente cuando las necesidades del Laboratorio lo exigen. Esa altísima comprensión de las peculiaridades de mi existencia suele exasperarme, me irrita esa superioridad indulgente y servicial. Y luego decaigo por la injusticia de mis sentimientos hacia quienes tanto debo, siento vergüenza de mi actitud orgullosa y mezquina. La escritura de este diario confirma esas míseras necesidades mías: escribo para mí mismo, sin ningún propósito definido, registro mis devaneos absurdos para luego leerlos y disfrutar insensatamente de su reconstrucción gradual. La computadora me entrega casi a diario impresos que orienten mi trabajo, propone temas nuevos y ejercicios con grados de dificultad progresivamente altos. Me siento feliz y ocupado. El tiempo transcurre así con una rapidez extraordinaria. Experimento una voracidad por aprender que hasta hace poco tiempo atrás habría sido incapaz de concebir. Aunque se trate de una mera ilusión, me siento menos insignificante. Y es una ilusión, una pérdida de tiempo, una actitud extravagante, estéril, incoherente.

COORDENADA TEMPORAL 5648534

He comentado a la computadora mis impresiones acerca de las esferas y su matemática y acabada perfección, le he hablado de la intuición de que cumplen alguna suerte de relación algebraica que rige la armonía de sus formas, pero ella ha contestado que nada así está referido en sus bases cognoscitivas, que en consecuencia carece de sentido lógico imaginar la existencia de alguna relación matemática. Entonces le relaté aquello del círculo trazado con ayuda de dos lápices, uno fijo y otro moviéndose a su alrededor. Ella dijo que era la manera en que se trazaban los círculos. Yo repliqué lo de la igualdad de las distancias al punto ocupado por el lápiz inmóvil. Si se hubiera tratado de un ser orgánico como yo, hubiese pensado que titubeaba, pero no podía ser ese el caso. Tal vez buscaba en lo más recóndito de sus unidades de memoria algo que explicase mis raras proposiciones. Después insinuó que parecía tener yo la razón, pero que no veía nada práctico en ello. Era preferible que continuara mis estudios. Así lo he hecho, cada vez con mayor pasión porque vislumbro la posibilidad de descubrir nuevas cosas ‑ no sé exactamente qué ‑ ni para qué ‑ leyes nuevas, nuevas relaciones no escritas antes por la computadora. ¿Es mi vanidad la que me arrastra a este camino desprovisto de sentido? ¿Busco justificar mi existencia con esta búsquedas anhelantes y ciegas? Si hubiese alguien que compartiera estos afanes, si pudiese hablar con alguien sobre ellos. Perdida la esperanza de entusiasmar a la computadora o a los androides, he pensado en mi unicidad, mi absoluto abandono de congéneres. No necesito consultarles nada a ellos. ¿Por qué tendría que existir alguien más? Los androides, la computadora, son los encargados de cumplir con los objetivos del Laboratorio, a ello deben su existencia y sus afanes. ¿Pero el androide médico no existe en buena parte para encargarse de mi asistencia y control orgánico? ¿No soy, entonces uno de los objetivos del Laboratorio? ¿Acaso no habrá para mí una secreta finalidad dispuesta desde siempre? Claro, no hay otros como yo porque son innecesarios. Esa es la explicación. Hay algo que impide la existencia de otros. Quizás sólo no pueden existir otros. Soy por definición único, solo, extraño, confuso, ajeno.

COORDENADA TEMPORAL 5648557

He escrito ajeno al final del párrafo anterior y esa palabra, ese concepto mejor dicho, ha estado dando vueltas y vueltas en mi interior. Parece cual si una sombra difusa y enigmática se agazapara detrás de esa idea. He meditado en el significado de ajeno como algo fuera de relación con el medio donde subsiste, ésa es mi situación de alguna manera: soy radicalmente distinto de los androides, de la computadora, de los instrumentos y objetos del Laboratorio. Es como si no perteneciera a este lugar definitivamente, como si procediera de otra parte. Sé de mi historia anterior por las imágenes holográficas, pero cuando he interrogado acerca del origen del embrión me han dicho que estaba allí esperando el momento adecuado para la incubación y crecimiento. El momento estaba predeterminado también desde el principio (¿el principio de qué? ¿el cero absoluto?). Todo estuvo dispuesto en el momento preciso, hasta la atmósfera que debió crearse para permitir a mis pulmones abastecerse del gas oxigenado que debo respirar por razones metabólicas. Antes no hubo atmósfera, alimentos, impresos, dudas, nada de eso. La computadora dice una y otra vez que esto no debe inquietarme, es un hecho objetivo e indiscutible que no merece desperdicio de tiempo. He escrito ajeno y pensado al mismo tiempo en la noción de exterior, como si fuese posible un exterior. Imagino una esfera, hay un lugar donde ella termina: su superficie sólida. Si la esfera es hueca, pueden introducirse cuerpos en su interior, cuerpos que antes estaban afuera. Un cuerpo de cualquier forma tiene adentro o afuera aunque sea sólido. Si es sólido está lleno con algo que lo constituye, que está en su interior. Los cyborg, la computadora, yo mismo, tenemos interior y exterior. El Laboratorio ha de poseer alguna forma. El Laboratorio es todo lo que existe, dicen los autómatas. No tiene sentido pensar en un exterior, como en el caso de mi habitación o de una esfera.

COORDENADA TEMPORAL 5648586

La computadora comprende mis disquisiciones sobre exterior e interior, pero se niega a aplicar esos conceptos al Laboratorio. Yo he insistido diciendo que el Laboratorio ocupa un espacio susceptible de medir en base a volúmenes más pequeños. He revisado infructuosamente su almacenamiento una vez más, sin encontrar respuestas verdaderas. He pedido que imagine el Laboratorio repleto de esferas de mi tamaño. He dicho que resultaría un número fijo de esta operación. Si imagino una esfera más, ésa deberá estar necesariamente en el exterior y no adentro. Entonces, si puedo concebir esta fantasía, si mi abstracción dice que es posible el afuera ¿por qué éste va a carecer de existencia? La computadora asevera que carece de sentido la noción de exterior, que no sirve para nada a los objetivos del Laboratorio y repite mil veces su raciocinio imperfecto (¡qué digo!). Hice un bosquejo, una suerte de mapa del Laboratorio tratando de reproducir la sensación de forma que me producen. Mantuve las proporciones para trabajar con un tamaño razonable y así pude obtener una especie de disco ondulado con tres protuberancias equidistantes. Fue un arduo trabajo que consumió muchas jornadas. Una vez finalizado el bosquejo, se lo presenté a la computadora. Lo examinó con atención, casi con perplejidad (sentí esa absurda impresión). Opinó, después de un rato, que esa matemática que hacía con las formas era una cosa nueva, desconcertante e impredecible, tal como yo, pero que no existía nada de valor práctico que se pudiese hacer con ella, no imaginaba cómo poner esas ideas en su base cognoscitiva. Por último era curioso como podía llegarse a un absurdo tan evidente por una vía aparentemente racional. Nada existe además del Laboratorio. El Laboratorio es todo lo que existe. Nada está afuera, no posee exterior. Eso es todo lo que puede explicarme con su voz suave y desprovista de matices y su ilimitada indulgencia.

COORDENADA TEMPORAL 5648668

He discurrido largamente la idea de finitud y de forma del Laboratorio sin llegar a deducciones definitivas. Revisé mi "mapa" con minuciosidad y corroboré su exactitud para proceder a elaborar una imagen holográfica para enseñarla a los androides. Su reacción ante la proyección ha sido negativa una vez más, podría resumirse en que encuentran "ingeniosas" mis proposiciones y la manera en que logro desembocarlas en conclusiones disparatadas a través de un proceso de apariencia rigurosa y matemática. Sin embargo se declaran fuera de competencia cuando les solicito que identifiquen el paso algebraico que conduce al error flagrante de mis resultados. Suelen alegar que el desacierto consiste en la base de mi procedimiento: la aplicación de las leyes matemáticas al estudio de los cuerpos y las formas, porque no existe siquiera un recóndito vestigio de tales métodos en sus bases de conocimiento. Es del todo imposible realizar una discusión productiva con ellos. ¿O simplemente he perdido la razón al vagar por este espacio de formas y relaciones hasta perder toda noción de realidad y de utilidad? ¿Puedo juzgar como estúpidas las reacciones de los seres que me trajeron a la vida, me enseñaron, cuidaron de mí con paciencia, hasta con resignación? Pero ellos carecen de experiencias sensoriales como las mías, su naturaleza es opuesta, radicalmente diferente a la mía. Lo que para mí es paciencia es para ellos deber, mi idea de rutina significa perfección para la computadora; no valoran nada realmente, alternan con la sucesión monótona de las coordenadas temporales, tienen previstas sus actividades hasta épocas inimaginables.

Si hay un exterior ¿cómo habrá de ser su apariencia? ¿Tendrá, a su vez, un exterior? ¿O será el Laboratorio su exterior? Claro, de algún modo si defino una esfera, lo que hago es convenir lo que constituye su interior y lo que está afuera. Ahora, todo lo que está afuera posee también una forma cuyo exterior es precisamente la esfera. Por eso ambas nociones están aparejadas de modo indisoluble. Cualquier forma segmenta en dos la totalidad que uno quiera considerar. De manera que es preferible hablar del otro segmento. Tal vez exista otro ser como yo del otro lado cavilando en este mismo sentido. Esto comportaría una suerte de simetría entre ambos segmentos, simetría que sería hermosamente matemática y perfecta, pero que es indeductible a partir de la información de que dispongo ahora. Debe existir algún modo de demostrar la veracidad de mis hipótesis. Observo la imagen holográfica sin acertar a descubrir la respuesta.

COORDENADA TEMPORAL 5648691

¡Tengo la ansiada respuesta! Debo encontrar o abrir una puerta hacia el otro segmento. La superficie de la imagen holográfica denota los puntos de contacto con nuestra externalidad. Es posible llegar allí cruzando esa superficie. Si yo parezco ajeno al Laboratorio, si provengo realmente de otro lugar, debo haber cruzado esa puerta alguna vez. Ya sé que la computadora no maneja las nociones de la matemática de las formas (ni quiere hacerlo, aunque creo que tiene capacidad suficiente para ello), en consecuencia ninguna ayuda puedo esperar de ella. Intenté incorporar mi imagen holográfica a sus procesos para lograr que la perfeccionase, pero fue inútil: si no ve un beneficio identificable se niega de plano a invertir energía en otra cosa que escucharme y tratar de disuadirme de ideas extrañas. Por lo tanto me he resignado a trabajar a solas en la búsqueda de la puerta, revisaré escrupulosamente las probables superficies de contacto.

COORDENADA TEMPORAL 5648790

Un alto en mi investigación servirá para realizar un balance entre éxitos y fracasos para visualizar con calma los escasos ‑ aunque no exentos de valor ‑ resultados alcanzados a la actualidad. Lo primero que debo anotar es que toda la superficie de contacto tiene aspecto y consistencia similar, es una especie de metal aparentemente liviano. La unidad de su constitución refuerza mi hipótesis que hubiérase visto disminuida acaso se constatara la existencia de diversos materiales. Por otra parte, cuando intenté sacar una muestra de material con herramientas apropiadas, los androides me conminaron severamente a abandonar inmediatamente tales actividades. Aludieron peligros difusos residentes en sus unidades de memoria. No pudieron explicar la naturaleza del peligro que enfrentaba, pero vi tal disposición en sus miradas desprovistas de auténtica vida que comprendí que en nada trepidarían con tal de que no cumpliera mi propósito. Sentí miedo de ellos por primera vez en mi vida y les entregué mansamente mis herramientas.

Tercero, no encontré nada semejante a una puerta, al menos en primera inspección. Sin embargo, descubrí una pantalla de considerables dimensiones montada sobre un codo cuyo otro extremo está montado, o más bien nace, de la superficie de contacto. Está hecho del mismo material de la superficie. Consulté a la computadora acerca de la funcionalidad de aquella pantalla y no me entregó ninguna respuesta razonable: "siempre ha estado allí", "forma parte de Laboratorio", "carece de importancia" y otras aseveraciones por el estilo. No hay switches o mandos que sugieran operabilidad. Si la califico de pantalla es porque parece constituida de un vidrio opaco, grisáceo, como los paneles de la computadora. Siento que los androides me vigilan después de mis comentarios sobre esta pantalla. Creo que temen vaya a intentar destruirla. No hay ningún objeto con qué romperla tampoco, han ocultado todo en alguna parte. No he decidido romperla siquiera, pero ellos ya han tomado todas las prevenciones posibles. Creo que siempre hay uno de ellos cerca mientras duermo. Simulan actividades para que no me sienta cercado, pero lo mismo da su delicadeza, la verdad es que me someten a una vigilancia continua y estricta. ¿Qué puede haber detrás de esa pantalla? ¿Cuál es la razón del peligro almacenado en sus memorias? ¿Por qué les temo ahora? ¿Por qué ellos me temen a mí?

COORDENADA TEMPORAL 5648823

La custodia es permanente. Si llego a aproximarme a la pantalla, siempre hay un par de ellos cerca, viéndome de reojo. No resisto sus miradas ni el agobio de esta situación. Ellos no pueden cansarse, aburrirse, desistir o enloquecer. Yo sí, absolutamente sí, iré cuando reúna el valor suficiente para hacerlo. La computadora trata de tentarme inventando juegos necios. Quieren erradicar esta obsesión de mi mente, lo sé. No lo lograrán, jamás me convencerán de sus estúpidas imposibilidades. Es mucho más verdad esta idea que me circunda que todas sus afirmaciones y sus credos, más verdad que la que mis ojos pueden ver o mis dedos tactar. ¿Habrá otros como yo? ¿Habrá habido otros en el pasado? ¿O seré una creación de los cyborgs, una justificación insólita para sus existencias? Ninguna de estas respuestas podré encontrar aquí dentro. He de salir en su busca. He de tener fe en mi pensamiento y audacia para cumplir sus dictados.

COORDENADA TEMPORAL 5648837

Mi certeza es total. Afuera existe algo y la única forma de acceso es mediante la pantalla adherida a la superficie de contacto. La existencia carece de sentido si no actúo ahora. Uno de mis lápices es de metal bastante sólido y es posible que sea suficiente para atravesar el vidrio opaco de la pantalla. Tengo mi herramienta oculta entre las ropas, aguardando la ocasión propicia.

Doblo por el pasillo seguido de cerca por el cyborg médico. Sin necesidad de mirar hacia atrás presiento su andar sordo y rítmico. Descubro el agitado rumor de mi corazón saltando allá abajo. Mis piernas vacilan, estoy tembloroso, parezco convaleciente de una grave enfermedad. Dos estancias más allá está la sección donde me aguarda la pantalla. Un vahído amenaza apoderarse de mis sentidos. Logro vencerlo y avanzo por el pasillo frente a la segunda estancia. Debo parecer tranquilo para no llamar la atención del androide. Afirmo mi marcha y cruzo la primera estancia. Imagino como el cyborg estará enviando mensajes a la computadora y a los otros. Emprendo una loca carrera derribando instrumentales, luces, cajas, estoy frente a la pantalla, enarbolo mi arma y la dejo caer sobre la superficie lisa y opaca una y otra vez, veo cómo crecen en ella fisuras por donde saltan trozos de vidrio reluciente, un resplandor hiere mis pupilas y acometo con mayor furia mi tarea, aunque casi a ciegas por el brillo que emana de la abertura que voy excavando sobre la pantalla, casi puedo ver a los androides precipitarse sobre mi cuerpo para detenerme, aprisionarme entre sus brazos mitad mecánicos ‑ mitad biológicos, atenazarme y arrastrarme lejos, debe erizar mis cabellos el espanto cuando ya a mano limpia golpeo los restos de vidrio que estallan en mil fragmentos inundados de luz y dolor. Entonces, de un salto, me precipito en la cavidad recién abierta y me sacude la sensación de vértigo y caída, de laceración y fulgor. Entonces, mientras voy cayendo hacia el otro segmento, entreabro los ojos para ver la aterrada imagen de mi propio rostro en algo que podría ser un espejo pero no lo es, unas facciones idénticas a las mías sobre una faz crispada, una imagen especular que cae en el otro sentido, hacia mi Laboratorio, una imagen que lanza un grito de horror justo cuando abro los labios, una figura cayendo hacia la luz con los nudillos manchados de sangre desde el otro segmento.


* este cuento pertenece al volumen LUGARES SECRETOS (Mosquito Comunicaciones, 1994), Premio Consejo del Libro al Mejor Libro de Cuentos publicado ese año.


11 enero, 2009

El gigante egoísta


El gigante sonrió con auténtica felicidad al contemplar a los millares de niños que repletaban los entretenimientos de su patio. Apelotonados en filas interminables ante cada juego, exigían a sus padres que les comprasen toda clase de golosinas. El gigante calculó el exorbitante monto de la taquilla: su salud y comodidad estaban aseguradas. Había desterrado definitivamente aquellas terribles pesadillas donde moría de frío, sumido en la soledad y la miseria.

24 diciembre, 2008

Regalo sospechoso


Era un paquete enorme, delicadamente envuelto en papel celofán verde y ornamentado con un abultado moño de cinta roja. Lo abrí con recelo, pensando en alternativas desagradables: bombas de tiempo, perros muertos, lavadoras descompuestas, esculturas modernas. Errores todos ellos. Era un hermoso caballo de madera tallado y barnizado al natural, sostenido sobre una plataforma rodante. El Caballo de Troya, pensé. Tenía la pata izquierda levantada, eso le otorgaba movimiento y elegancia. Del recelo pasé al temor, y de allí al sobrecogimiento. ¿Qué oscuro enemigo podía haber ideado este plan homérico en mi contra? Repasé la lista y eso me tomó un buen tiempo. Todos podían haber sido; no pude descartar a ninguno. Ahora, qué contenía el caballo, ésa era la pregunta. Me aproximé con cautela y golpeteé la madera con los nudillos. Madera maciza. O interior repleto de explosivos plásticos. O cobalto radiactivo, para eliminarme lentamente. O una masa de arácnidos letales. No había tarjeta ni indicación de remitente.
Me subí sobre el regalo. Instantáneamente echó a rodar por el mundo. Me llevó lejos, a lugares maravillosos y desconocidos. Muy tarde comprendí la trampa, pero ya era feliz.

08 diciembre, 2008

Taller de Cuento 2009 de Diego Muñoz Valenzuela

Se realiza los días martes a las 19 horas, desde fines del mes de marzo de 2009 y por un periodo de 16 sesiones. Es un taller para quienes se interesen en aproximarse al conocimiento del género y quieran iniciarse en la escritura de cuento. Muy cerca de la estación de Metro Pedro de Valdivia.

Escribir al correo electrónico: dmunoz@surlatina.cl y enviar datos personales (nombre, teléfono, mail, edad, estudios, interés en el taller, etc.), indicando las razones específicas de su interés por participar.

Orientación del Taller

Este taller literario está orientado personas interesadas en incursionar en el género cuento. No es necesario que hayan escrito anteriormente. También pueden ser personas interesadas en desarrollar su apreciación narrativa y aprender técnicas básicas.

El aprendizaje de la escritura es un trabajo a largo plazo que requiere disciplina, paciencia y una reflexión permanente sobre los más diversos aspectos que involucra el proceso creador.

Los objetivos básicos de este taller de cuentos son:

· Conocer las principales características del cuento contemporáneo a través de lecturas escogidas

· Conocer los conceptos básicos ligados a la escritura del cuento, y las principales tendencias vigentes

· Aplicar los conceptos anteriores en el análisis de cuentos en el taller (los participantes pueden traer sus propios textos con este fin).

Las actividades en cada sesión apuntan a ir entregando elementos técnicos de la escritura de narrativa, vinculados por ejemplo a: tipos de narrador, acción, manejo de diálogos, subgéneros (cuento fantástico, realista, policial, cuento breve, microcuento, etc.), tendencias actuales,

En diversas ocasiones se invita al taller a autores chilenos importantes a establecer un diálogo, previa lectura de algunos de sus cuentos.

Funcionamiento del Taller

Horario: Martes de 19:00 a 20:45 horas

Periodicidad: Semanal

Costo: 35.000 $ mensuales, pagados al inicio de cada mes

Ubicación: Local cerca de la estación de Metro Pedro de Valdivia

Matrícula: Sin costo

Inicio: Se inicia hacia fines de marzo de 2009.


Inscripciones y consultas

Escribir al correo electrónico: dmunoz@surlatina.cl y enviar datos personales (nombre, teléfono, mail, edad, estudios, interés en el taller, etc.), indicado las razones específicas de su interés por participar.

Antecedentes del Director del Taller

Diego Muñoz Valenzuela, cuentista y novelista, nació en Constitución (Chile) en 1956. Ha publicado:

NADA HA TERMINADO, volumen de cuentos, Ediciones de Obsidiana, 1984

TODO EL AMOR EN SUS OJOS, novela, Ed. Mosquito, 1990. 2ª edición por Mosquito, 1999

LUGARES SECRETOS, cuentos, Ed. Mosquito, 1993.

FLORES PARA UN CYBORG, novela, Ed. Mondadori, 1997. 2ª edición por RIL Editores 2003; 3ª. Por EDA Libros en Málaga, España

ANGELES Y VERDUGOS, cuentos, Ed. Mosquito, 2002

DÉJALO SER, cuentos, Ed. Fondo de Cultura Económica, 2003

DE MONSTRUOS Y BELLEZAS, Ed. Mosquito, 2007

También es coautor de varias antologías, entre ellas CONTANDO EL CUENTO (Ed. Sinfronteras, 1986), ANDAR CON CUENTOS (Ed. Mosquito, 1992), y CUENTOS EN DICTADURA (LOM Editores, 2003), todas ellas realizadas en conjunto con Ramón Díaz Eterovic.

Ha sido incluido en más de cuarenta antologías y muestras literarias publicadas en Chile, México, Argentina, Ecuador, Canadá, Italia, España, Holanda, Bulgaria, etc. Cuentos suyos han sido traducidos al francés, italiano, inglés y croata. Distinguido en numerosos certámenes literarios, entre los cuales destaca el concurso de Mejores Obras Literarias del Consejo Nacional del Libro en dos oportunidades: por el volumen de cuentos Lugares Secretos en 1994 y por la novela Flores para un Cyborg en 1996. Colabora con artículos culturales y de crítica literaria en periódicos y revistas especializadas.

Más detalles en:

http://diegomunozvalenzuela.blogspot.com/

06 diciembre, 2008

Rehabilitación de Circe


La preciosísima Circe estaba aburrida de la simplicidad de Ulises. Si bien era fogoso, bien dotado y bello, la convivencia no daba para más. Solía convertirlo en perro para propinarle patadas, y él sollozaba y le imploraba perdón. Lo transformaba en caballo para galopar por la isla de Aea, fustigándolo con dureza. Lo transmutaba en cerdo para humillarlo alimentándolo con desperdicios. Volvía a darle forma humana para hacer el amor, y volvía a fastidiarse con su charla insulsa. Por fin lo expulsó del reino, le devolvió su barca y sus tripulantes y lo dotó con alimentos para un largo viaje. “Vete y no vuelvas”, le ordenó con voz terminante al lloroso viajero, “y cuenta lo que quieras para quedar bien ante la historia”. Después sopló un hálito mágico para hinchar la vela de la embarcación.

23 noviembre, 2008

Coincidencias


El afamado escritor se puso el sombrero de periodista y escribió la crónica acerca del ensayo del colega que lo entrevistó en televisión la semana recién pasada. Cuando envió el texto por correo electrónico, se puso el sombrero de editor y redactó el informe que aprobaba el volumen de relatos de su mejor amigo, compañero de universidad. Bebió un expreso admirando la factura de su último libro, publicado en la misma editorial donde trabajaba. Se dispuso a leer una docena de originales del concurso donde era jurado y reconoció la mano de un camarada: dejó su cuento en el montón de los buenos. Le llegó un correo anunciando que lo invitaban a un congreso en Colombia: la compañía era inmejorable, todos eran compinches; confirmó que asistiría. Descargó una elogiosa crítica de su libro y concluyó que estaba al debe con el autor. Después pensó qué haría con el dinero del premio Mayor: el fallo debía estar por anunciarse. Por fin se aprestó a escribir algunas páginas de la obra que lo consagraría definitivamente, pero ya era tarde y su agenda estaba plagada de reuniones.

21 noviembre, 2008

Contracuento de hadas


Con el tiempo, el príncipe ha engordado debido a la gula, el alcoholismo y la fiesta permanente. Ahora tiene una barriga gigantesca y una papada descomunal. Las piernas raquíticas apenas son capaces de sostenerlo. Hipa constantemente producto de una borrachera consuetudinaria. “Dios mío”, se dice con amargura la infanta, “ha terminado por convertirse en un sapo, igual que al inicio”. Y concluye que la historia es circular.

11 noviembre, 2008

Cabeza de televisor


La cabeza del hombre había ido tomando la forma del televisor que contemplaba buena parte del día. Mientras más miraba, más iba metamorfoseándose con el aparato. Sus rasgos se fueron desdibujando, hasta que la cara se convirtió en una gran superficie grisácea donde –en momentos gratos para él- surgían imágenes en movimiento. Unos pocos meses bastaron para completar la transmutación: su cabeza llegó a ser perfecto émulo de artefacto televisivo. Se prendía o apagaba –mediante un control remoto- a solicitud de las personas que lo acompañaran, quienes sintonizaban el programa que más les apeteciera. Tras un severo desorden psíquico resultante de la competencia entre los protagonistas de las series que exhibía, cayó en depresión y decidió apagarse para siempre. Sin embargo, nadie quiso aceptar este hecho: todos se sentaban a contemplarlo ávidamente. Después de un tiempo, sus cabezas empezaron a cambiar.

26 octubre, 2008

Ciudadano ejemplar


Yo descuartizo criminales, atormento torturadores, timo estafadores, envicio a los traficantes, violo pederastas, despojo a los ladrones, ¿qué más se me puede exigir?

20 octubre, 2008

El juego de las simulaciones

Sale de su casa el sábado al mediodía en su auto. Los cambios pasan con dificultad y re­niega cada vez que la palanca se atasca. La dirección está dura y maldice a cada vuelta. Hace calor y se enjuga el sudor con un pañuelo cada vez que las gotas comienzan a deslizarse por su rostro. Pero no abre la ventana para que no vayan a creer los demás que su coche no tiene aire acondicionado. En una esquina congestionada saca el celular de la guantera y hace como que disca un número. Gesticula, discute, simula que escucha, contesta airado, ríe. Piensa que el juguete es una imitación perfecta. Lo deben estar mirando con admiración, mientras cierra negocios a distancia con Hong-Kong. En el supermercado se pasea ostentando un carro que llena de delicatesses: whisky, vino del mejor, quesos finos, paté francés, filete, frutas exóticas, bombones. Se encuentra con amigos, habla de sus éxitos y escucha los de ellos. Se acerca cauteloso a las promotoras, mirando hacia otra parte, hasta que está cerca y con toda dignidad prueba el producto, disimulando su avidez. Sigue saludando, recibe nuevas llamadas, sonríe, quiere mostrarse feliz, no vaya a ser que los demás piensen que sufre o que es un fracasado. No vaya a ser que los demás piensen ya que no tiene alma.



* Este cuento integra el volumen ANGELES Y VERDUGOS, Mosquito Comunicaciones, 2002.

* Ilustración de http://virginiaherrera.wordpress.com/

17 octubre, 2008

Eficiente


Escribía sobre el teclado con gran velocidad, mil idioteces por minuto. Era celebrado por su eficiencia

05 octubre, 2008

Exposición de pechos


a Juan Carlos Sánchez

Concurrió dichoso a la exposición de pechos: era su gran oportunidad. Los había de todos los tamaños y contexturas: mínimos y firmes, grandes y fláccidos, enormes y turgentes. De aureolas rosadas, cafés de todas las tonalidades, casi negros. Pezones erectos y pezones blandengues, puntudos y suaves, lisos y granulosos. Pechos con curva en su parte inferior y otros rectos, prominentes, desafiantes. Separados y convergentes, abundantes y magros, Todos bellos, suaves, atractivos. Se relamía en la contemplación de aquellas divinidades; oró antes ellas, trémulo y devoto. Cada cual le pareció perfecto, lamible, succionable. Allí quedó, atrapado en su imaginación desorbitada, sin poder decidirse por uno de ellos, desesperadamente ansioso como un bebé hambriento de vida.

Minificción

Intenta otra vez, pero logra un mamarracho, igual que en la oportunidad anterior. Ensaya de nuevo, pero el esfuerzo es vano, estéril. Otro adefesio resulta. Está empeñado en escribir microcuentos para el importante concurso. ¿Cómo podría adivinar que sus talentos son otros? En el camino acumula una importante cantidad de supuestos relatos. Concluye que se trata de un libro, excelente por cierto. No se da cuenta que él mismo, su vida, es un microcuento.

25 septiembre, 2008

Soledad

Se sentaba frente a la inmensidad del océano a contemplar el incesante espectáculo de las olas. Esperaba con ansias que su teléfono sonara, cosa que ocurría de tanto en tanto. Cuando llamaban, ella era feliz.

14 septiembre, 2008

ACERCA DE CÓMO OTORGAR PREMIOS


En esta oportunidad escribiré desde el enorme regocijo que me ha provocado el reciente otorgamiento del Premio Nacional de Literatura a Efraín Barquero. No es necesario justificarlo de modo alguno en estas letras, pero creo que se ha premiado lo que se debe premiar: macicez y calidad de la obra literaria, significancia para la vida nacional, coherencia y consistencia artística. Días antes del fallo, un diario nacional consultó mi opinión acerca de dos interrogantes: quién tenía mis preferencias y otra –más inquietante- quién iba a obtenerlo. Esa segunda pregunta contiene buena parte de mis preocupaciones al escribir estas notas. Contesté a la primera con el nombre de Barquero, poeta a quien he seguido desde mi adolescencia con interés y admiración. Luego a la segunda pregunta respondí taxativamente así: “no me satisface ninguna otra opción; y aclaro esto: detesto las candidaturas y las presiones que se constituyen tras ellas”.

Me llevé una sorpresa, debo confesarlo. Esperaba que se impusieran que las presiones extraliterarias, las ambiciones personales, la extrema pérdida de las proporciones en algunos casos; es decir al imperio de fuerzas ajenas al juicio de la calidad artística. Y por sobre todos estos temores justificados, en mí imperaba también el miedo a la ignorancia. Afortunadamente, en este caso, mis aprensiones eran equivocadas. Por eso me alegré con desmesura por premio a Efraín Barquero, a quien no conozco (por las dudas) sino a través de la lectura de sus libros. Paso a referirme a aquellos fantasmas –reales por cierto, nada de etéreos- pues no siempre el resultado del mecanismo de premiación será tan gratificante. Lo que quiero afirmar es que en su articulación hay distorsiones severas que atentan contra la calidad del otorgamiento; esto hará que en el futuro la probabilidad de que un error lamentable –como ha ocurrido si se revisa la historia- se imponga con facilidad. Hay que hacer compleja la tarea de tales factores distorsionantes.

Hagamos la revisión de los principales factores distorsionantes, algunos de ellos de sencilla y diáfana solución.

La composición del jurado. Un asunto es la manera en la cual se constituye el jurado, donde intervienen un ministro, dos rectores, un académico de la lengua y un solo escritor garantizado, el anterior Premio Nacional. En este caso, certeramente la Academia de la Lengua nombró a un escritor, pero pudo no ser así. Esto parece una auténtica aberración. No quiero establecer dudas acerca de las competencias de tan destacables personajes para su quehacer propio –aunque por cierto que las hay, y se han expresado de muy diversas formas-, pero en el terreno que no las otorgaría fácilmente es en el ámbito literario. Cabe preguntarse cuánto conocen el complejo y variado campo de la creación literaria actual; y se me ocurre que si hubiera un proceso de acreditación no lo aprobarían precisamente con honores. Los premios para escritores deben ser concedidos por sus pares. Aún así, podría ocurrir que las autoridades gubernamentales o académicas –como solía hacerse en el pasado (cuando el jurado contaba de base con una mayoría de escritores)- delegaran tal responsabilidad –con gran despliegue de sabiduría- en un escritor de renombre. De ese modo podía salvarse cualquier asomo de insolvencia para llevar a cabo una tarea tan especializada. Cualquier mejora en el procedimiento pasará necesariamente por el establecimiento de un jurado integrado por escritores.

El mecanismo de postulación que implica el sistema de otorgamiento. El jurado –asumiendo que se trata de un equipo competente, diverso, conocedor de su materia- puede llevar a cabo su trabajo sin la necesidad de estimular carreras, campañas y la consecuente acumulación de cartapacios cargados de demostraciones incuestionables del valor de tal o cual. El papel –es sabido- resiste todo, hasta las presentaciones más ridículas por su desparpajo, osadía y total carencia de sentido de realidad. Por ejemplo, hay postulaciones que revisten caracteres grotescos; eso trae perjuicios evidentes: siembra dudas sobre el proceso, farandulizan el ambiente de las letras, hacen considerar posible que cualquier gañán sea merecedor de una distinción tan alta. Se alientan postulaciones que medran en busca de apoyo político, académico, de prensa; el “lobby” y las acciones de marketing ingresan con todo al campo literario; más que lamentable. Solución: el jurado no requiere de estas postulaciones, acaso tiene las competencias necesarias.

La frecuencia del otorgamiento. Un Premio Nacional de Literatura cada dos años es atrozmente insuficiente para un país que ha recibido tantos honores en este ámbito. Y me refiero más allá de nuestros dos Nobeles, a todas aquellas distinciones extraordinarias: Juan Rulfo, Cervantes, Príncipe de Asturias, y también al posicionamiento destacado de muchos escritores chilenos en el ámbito internacional. Aumentar la frecuencia del Premio –esto es restablecer el premio anual- es lo mínimo que podría hacerse.

La necesidad de discriminar entre géneros. Se tiende a respetar una regla no explícita en la norma: rotar el premio entre poesía y narrativa. Esto permite generar un equilibrio siempre deseable, pero otros géneros quedan fuera, por ejemplo el ensayo, Y pueden formularse otros cuestionamientos legítimos. La solución: crear un Premio Nacional de Poesía y otro de Narrativa; y otros, ¿por qué no? ¿Acaso Chile no da pasos firmes en la senda del desarrollo económico, social y cultural? ¿No puede darse el lujo de premiar a sus escritores?

Aún así fue posible que el Premio Nacional se le concediera a Efraín Barquero. Los dos escritores del jurado –José Miguel Varas, galardonado predecesor, notable cuentista y novelista y Andrés Gallardo, destacado narrador-, deben haber dado una argumentación tan sólida que salvó la situación. No imagino otra explicación. Habrá sido una batalla dura en el campo de las ideas para lograr tan excelente resultado.

A las extraordinarias dotes poéticas de Efraín Barquero hay que agregar otras, que no suelen destacarse: la sencillez personal, una fuerte sensibilidad social y su prescindencia de cualquier protagonismo. Ojalá éstas cualidades fueran exigibles a todo premiado, y a todo servidor público, amén de sus competencias en su ámbito de desempeño. Sería mucho pedir en esta era, marcada por el individualismo y la ambición y el protagonismo exacerbados.

Pero no es mucho pedir un Premio Nacional de Literatura anual otorgado por escritores sin necesidad de procedimientos de postulación. O mejor aún, que el galardón se conceda por géneros. Así el Estado reconocería la importancia de una actividad tan importante como solitaria y silenciosa: la escritura de las letras de Chile

03 septiembre, 2008

Amores insectiles


El hombre araña perseguía a la mujer mosca con evidentes malas intenciones. Al fin la acorraló en un callejón solitario y oscuro. Se aproximó rápidamente corriendo por la muralla con sus precisos movimientos de arácnido. Detuvo su marcha y extendió sus extremidades para envolverla en su abrazo de seda. Notó que sobre la trompa de la víctima había otra artificial, terminada en sendos filtros. Entonces ella extrajo el insecticida del bolso, roció el rostro de su enemigo y se sentó a esperar las consecuencias.

22 agosto, 2008

Ascensor ocupado


El ascensor se abrió. Compungido, en su interior estaba el elefante, ocupando cada milímetro cúbico, contorsionado al máximo para caber dentro del exiguo paralelepípedo. Desde su extrema compresión me sonrió afligido, más bien avergonzado. Le regalé una sonrisa mientras la puerta se cerraba.

10 agosto, 2008

Cosas de borrachos


El elefante reunió varios taburetes con su trompa antes de apotincarse en ellos apoyando las patas delanteras sobre la barra. Después de un portentoso berrido y una serie de golpes con sus gigantescas uñas, exigió medio barril de caipirinha. Evidentemente se encontraba borracho a más no poder. Fui a sentarme en una banqueta contigua. Me dirigió una mirada torva, escudriñándome el alma, como saben hacer los paquidermos. El resultado del examen fue positivo: me sonrió y guió sus ojos diminutos y sabios. Pedí caipirinha. De pronto puso su monstruosa pata gris sobre mi espalda. Envolvió su enorme copa con la trompa y la estrelló contra la mía. Salimos de allí dando tumbos. No tengo idea como llegué a la casa tras dejarlo en la puerta del zoológico.

02 agosto, 2008

Microcuentistas 2


Ella era una eximia microcuentista, pero además poseía una belleza y una inteligencia extraordinarias. Él era un escritor de minificciones, lleno de energía y de sueños. Primero se enamoraron de sus respectivas obras. Después se conocieron y fueron incapaces de resistirse al influjo de la pasión que los consumió instantáneamente. Ambos eran de pocas palabras y fueron directo a los hechos. No tuvieron hijos, sino libros donde podía reconocerse la influencia del otro. Algunos estudiosos afirman que sus estilos se contaminaron y que se había perdido la pureza original. Ellos reían ante esa clase de comentarios. Decían que daba lo mismo quién escribiera, que lo único importante era la calidad del texto. Después decidieron firmar todo con un solo nombre. Como es natural, los críticos dirigieron sus esfuerzos a dilucidar quién era el autor de cada obra. Ellos nada más se dedicaron a ser felices.

20 julio, 2008

Asunto de macacos


Estoy seguro de que lo hizo por joderme. Nadie se empareja de buenas a primeras con un chimpancé, aunque sea estrella de televisión. No podía ser mera coincidencia que acabáramos de terminar nuestra relación después de tantos años. Mi primera reacción fue cuestionar su vínculo legal, pero se me vinieron encima las organizaciones antixenófobas y las protectoras de animales. Me libré por poco de la cárcel. Luego intenté por las buenas, mas ella me dijo que amaba a su monito. Le pregunté qué tenía el macaco que yo no tuviera y casi muere con el ataque de risa que le vino. El simio le devolvió la mirada de complicidad y le cerró el ojo. Ahí abandoné la contienda.

12 julio, 2008

Microcuentistas


El microcuentista pequeño –era casi enano- escribió un relato ínfimo y potente, y fue aplaudido por ello. El minificcionista gigante –medía más de dos metros y era fuerte como un coloso- escribió un relato conciso y sublime; fue aclamado. El autor pequeño sintió enorme envidia y una compleja serie de ataques de furia, tras los cuales creó un nuevo texto: brillante, mínimo y pleno de significado. El gigante leyó ese cuento y quedó embelesado, tanto que redactó, a manera de secuela, una minificción perfecta, auténtica joya de la economía verbal.

Continuaron escribiendo y por fin se encontraron en una tertulia. Leyeron sus textos en contrapunto y sacaron aplausos. Conversaron el resto de la noche y se hicieron amigos. Podrás encontrarlos en bares, cafés o librerías. Es fácil reconocerlos: se ven felices, siempre portan libros y libretitas para anotar ideas para minificciones. Ah, uno es ciclópeo y el otro es diminuto. Pero sabemos que eso da lo mismo.

05 julio, 2008

Mentiras verdaderas


Le dije que la amaba; le mentí. Con los ojos de lágrimas y voz entrecortada, ella declaró que no podía vivir sin mí; mintió descaradamente. Respondí a su engaño con un apasionado beso, aunque con los ojos cerrados no pensara en ella. Ella simuló una pasión arrobadora y logró conmoverme. Me dejé conducir por su timo y le declaré amor sempiterno, indestructible, a sabiendas de la falsedad de mi promesa. El abrazo se traspasó de intensas emociones causadas por la ráfaga de mentiras mutuas. La cuestión es que nos hemos tragado esta quimera. Hemos vivido por décadas hablando falacias, imaginando ímpetus que no existen y configurando un idilio tan embustero como inquebrantable. Otras parejas nos califican como ejemplo a seguir. Reímos cuando lo señalan; nos tomamos las manos y sonreímos satisfechos por la perfección de nuestra farsa.

29 junio, 2008

La derrota del tiempo



La obsesionaba el envejecimiento, sentía terror de convertirse en una anciana de piel ajada, inundada de arrugas y manchas oscuras. Por eso se envolvió en delgadas láminas de papel plástico, igual que las maletas de los aeropuertos o los envoltorios de la carne. Si bien sus ojos quedaron asimétricos, sus finos rasgos aplastados por la presión del film, las cejas deformadas y los rojos labios engrosados, se sintió dichosa. Ni la atmósfera, ni el tiempo, ni los avatares de la vida afectarían su piel. Sonrió para entrar en la inmortalidad y el silencio.

* Ilustración de http://kusari-blah.deviantart.com

27 junio, 2008

Libros de Mentira


http://www.librosdementira.org/ es una original librería virtual abierta a todo lector, que contiene una propuesta muy interesante producto de esfuerzos por combinar la literatura con las artes gráficas e internet. El proyecto, impulsado por Luis Cruz y Gabriel Oyarzún, persigue el objetivo de crear una biblioteca virtual de escritores chilenos que puede ser visita en fora gratuita. Cuenta con el apoyo del escritor y crítico Camilo Marks y la Universidad de Santiago.

Por ahora, ya que el sitio está desarrollo, se pueden encontrar allí textos de los narradores chilenos Alberto Fuguet, Roberto Fuentes, Alejandra Costamagna y Diego Muñoz Valenzuela. Y se anuncia la incproración de muchos otros: Sonia González Valdenegro, Ramón Díaz Eterovic, Carlos Tromben, Germán Marín, Pía BArros, Alejandro Zambra, Sergio Gómez.

La experiencia es única: lo primero que se ve son los lomos de los libros, que pueden escogerse y abrirse en una experiencia muy especial. Recorrer sus páginas bien diagramas e ilustradas es placentero y comparable a la experiencia de leer un "libro de verdad".

Una biblioteca informática muy sintonizada con los tiempos que vivimos. Una excelente respuesta al presunto dilema que opone internet y literatura, demostrando el enorme potencial de la alianza entre ambas potencias.

Es posible leer los libros, dejar comentarios y tener acceso a un blog muy interesante. Una iniciativa loable, crestiva y de ato valor. ¡Felicitaciones!

23 junio, 2008

Apocalipsis


El último conejo devora la última brizna de hierba mientras lo acecha el último ser humano.

10 mayo, 2008

Plaza de toros

El toro sale al ruedo con su ajustado traje de lentejuelas y la capa roja colgando de su pezuña derecha. El público lo aclama con una furibunda incondicionalidad. Del corral emerge el torero, desnudo como gusano, y echa a correr embravecido por la pista, seguido de cerca por los caballos de los banderilleros. Con las banderillas clavadas en los lomos ensangrentados, el furioso humano las emprende contra el toro, que espera, calcula, esquiva, provoca, insulta, una y otra vez. Al fin, sometido por el agotamiento, el hombre dirige una mirada de súplica al matador que se acerca, espada en pezuña, a cobrar la vida que le traerá fama. La plaza muge enfervorecida mientras el acero atraviesa el corazón vencido.



01 mayo, 2008

Puesta de sol


El elefante aposentó sus nalgas escuálidas sobre la frágil silla de playa, que crujió por efecto del brutal peso, más resistió con estoicismo aquella dura prueba. El proboscídeo resopló aliviado, barritó de felicidad y se relajó sobre la precaria lona verde. Su lomo curvo se adaptó fácilmente a la curva del asiento. Contempló el horizonte azul e interminable y recordó con precisión cada uno de los momentos de su larga vida en que había presenciado aquel espectáculo. Con tranquilidad paquidérmica entornó sus ojos mínimos; después se dedicó a despachar sucesivas dosis de vodka tónica. Por fin, borracho como cuba, prorrumpió a dormir despanzurrado sobre la silla. El sol de la tarde trajo tonalidades rojizas a su cuerpo gris y rugoso. Era hermoso verlo allí, majestuoso y ebrio, ante el sol incendiado muriendo en la distancia.

26 abril, 2008

Contorsionista


Se dobló hacia abajo en un ángulo imposible mientras al público se le cortaba la respiración. Su cabeza quedó adherida a la columna vertebral; sus brazos giraron como aspas a vertiginosa velocidad. Encogió las piernas para dar un salto y abrió una boca gigantesca para devorarse a sí misma. Desapareció. El público aplaudió a rabiar, desconcertado. Jamás regresó.

19 abril, 2008

Pecera


El pez rojo ha crecido en exceso. Como consecuencia, apenas cabe en su pecera y debe mantener parte de su escarlata cuerpo fuera del recipiente para no ahogarse. Con esta clase de acomodo pierde agua por salpicaduras y evaporación, y su supervivencia se hace cada vez más difícil. No puede evitar moverse, pues su epidermis corre riesgo de resecarse y sufrir daños severos. Sus ojos, por naturaleza grandes, ahora han adquirido un tamaño desmesurado debido al terror que progresivamente lo invade. Nadie sabe dónde se encuentra este pez rojo; sólo existe este relato.

13 abril, 2008

Autodestrucción



Está combatiendo contra sí mismo. Y va ganando.

08 abril, 2008

La habitación azul

Despierto en una habitación azul pastel, tapizada de cuadros de vivos colores. El cubrecamas es carmesí. Por una ventana entra el aire fresco del campo. Los objetos se ven levemente alargados, como en un cuadro del Greco o de Modigliani. Me incorporo y miro el piso de tablas resquebrajadas, donde se mezclan tonos de café y verde. Asomo la cabeza por la ventana y veo que es noche: inmensas estrellas como soles cuelgan del cielo. Me encuentro con el espejo. Unos ojos azules fulgurantes me contemplan bajo una cabellera roja y revuelta. El aire se revuelve en derredor, forma corrientes de color. Entonces comprendo quién soy. Tomo la navaja y corto mi oreja. La sangre brilla como mil soles furibundos y caigo entre lirios, girasoles y campos de trigo infinitos.

28 marzo, 2008

Paradojas de la Ingeniería Genética


Programo la última instrucción y el laboratorio robotizado comienza a ejecutar mis especificaciones. En la esfera se forma una espesa masa de neblina dentro de la cual se forma la criatura. Al rato saco al primer perro inteligente. Habla inglés, francés y alemán. Tiene una cultura universal vastísima, a la cual agrega niveles de Ph.D. en cinco áreas de conocimiento. Ciertas modificaciones le permiten hablar. Tiene un carácter dócil, humor genial y es leal a toda prueba. Salimos a caminar por la playa. Corre, juega con las olas, vuelve a mí, salta y me lame el rostro. Me recita en francés un poema de Prevért. Estoy feliz de haber diseñado a una hembra: comienzo a enamorarme. La bautizo Eva. Ella está de acuerdo.

16 marzo, 2008

Estética integral

Le quitaron las bolsas de los ojos. Le extrajeron la papada. Liposucciones por doquier. Un by-pass gástrico. Extirparon su apéndice y su vesícula. Un ciento de lunares, liposomas fueron cauterizados o extraídos. Forúnculos, puntos negros, espinillas, fuera. Redujeron su barriga y el tamaño de sus senos, recortaron el tejido fláccido de los antebrazos y los muslos. Reajustaron su cuello, retocaron sus orejas. Tras unos meses, desapareció en la clínica. Y no dejó huella.

05 marzo, 2008

Vudú


Fabricó varios muñequitos: una rubia como su madre, otro regordete como su padre, y otro más pequeño para su hermano.
Su madre la reprendió por regresar tarde del colegio y la encerró en su pieza para que hiciera deberes atrasados. Ella tomó la muñeca rubia y le clavó un alfiler en la cabeza. La madre tuvo una jaqueca atroz que la derrumbó.
Su hermano consiguió la llave de su pieza y entró a molestarla. Cuando logró expulsarlo, tomó su réplica y le clavó un alfiler en el estómago. Al hermano le vino una apendicitis fulminante.
El padre fue a su pieza para pedirle que los acompañara a la clínica, pero ella no quiso. El padre partió en su automóvil con los dos enfermos gimiendo. Ella los vio desde su ventana. Cuando perdió de vista el automóvil, fue a la cocina y puso a los tres muñecos en el horno de microondas. Cerró la puerta, apretó el botón y sentó a esperar.

08 febrero, 2008

Esperándolo


El hombre ama la libertad, escribe su nombre en las murallas de su ciudad (como Prévert), en hojas de papel pequeñas que deja caer luego desde sus manos, anda dibujándola en los rostros de quienes se atreven a escucharlo. Cuando su compañera no puede estar con él, lo espera inquieta en medio de la noche; acaricia a su hijo mientras duerme. El despierta a veces y pregunta por papá. Ella contesta ‑trabajando‑ y el niño vuelve a dormirse feliz. Mientras cierra los párpados, a los ojos de la madre asoman lágrimas que no la dejan dormir ni moverse del lado de su hijo. Sólo se tranquiliza cuando en la madrugada siente el juego de cerraduras, goznes, pasos acercándose, olor a transpiración, húmedo beso en la boca que la relaja, cuerpo que abraza con fuerza, dedos que la acarician. Así, muchas veces en el mes. Él le dice simplemente ‑volveré tarde esta noche‑ y ella comienza a sufrir por el temor de perderlo, pero no dice nada, pues eso es lo que más ama en él. Ahora lo espera con los dedos enredados en el cabello de su niño durmiendo, lucha contra el cansancio que la va venciendo, se va entregando a un sueño que se abre como un telón de pronto, donde hay cosas que no entiende, carreras, hombres que gesticulan y cuya voz no se escucha, ella desplazándose como cámara de televisión observando todo, en ese instante ve a su hombre cayendo, sin ruido, ametrallado, ve la camisa perforada de manchas rojas que van creciendo en tanto el hombre no deja de caer. Después está su hijo preguntando por papá, ella tratando de explicar, el niño gritando en la noche, el niño orinándose en la cama, el niño preguntando por papá, el niño con la misma risa del padre muerto, el niño con un volante que dice libertad en las manos, el niño tratando de saber lo que significa esa palabra, el niño tan igual a su padre creciendo y leyendo a Brecht y a Prévert, el niño convirtiéndose en un joven de barba rala que le dice ‑llegaré tarde, mamá‑ Entonces la puerta abriéndose la saca de su sueño, aunque no alcanza a abrir los ojos cuando ya unos labios que conoce la muerden, cuando unos brazos la levantan en vilo y la llevan a la cama de ambos, cuando esas mismas manos salpicadas de tinta o de pintura comienzan a desnudarla, a hacerla morir de felicidad y deseo, a olvidar ese sueño negro que va empequeñeciéndose y alejándose hasta desaparecer, hasta pensar en que todo está por delante, en qué tonta ha sido de pensar en esas cosas.

26 enero, 2008

El Maletín Literario: la etapa final



El Maletín Literario –controvertida iniciativa de fomento de la lectura del Gobierno, operada a través de la DIBAM- pasó a una nueva etapa que acerca el momento de su materialización. Así se continúa con un proceso que pone de relieve una decisión a ultranza, sin escuchar las voces críticas de actores relevantes y las propuestas alternativas al uso de los fondos asignados (once millones de dólares), por cierto inéditos para este tipo de iniciativas (en el Maletín se gastará más del doble de lo que el Consejo del Libro asigna en su concurso de proyectos a toda clase de iniciativas).

Más allá de que mantengo serias dudas acerca de la efectividad y eficiencia de la iniciativa y rechazo el criterio simplista que asevera que cualquier cosa que se haga por el fomento de la lectura será buena; mis primeras impresiones son éstas: se demuestra que el valor del libro depende del tamaño de la edición y se pone de relieve que estas licitaciones tienden a concentrar el efecto económico en escasos actores de la industria.

El precio unitario de los libros demuestra que es preciso buscar formas de impulsar la industria del libro hacia mayores tamaños de edición. La tecnología actual permite imprimir lotes económicos de 500 libros a los precios acostumbrados (5.000 a 7.000 $ para libros chilenos). Así ¿para qué producir, almacenar, distribuir más? Sin embargo, al crecer las economías de escala, los libros pueden reducir el precio a una quinta, incluso a una décima parte (ver los precios de la licitación). Al menos, aquí queda claro que el enemigo principal no son ni el IVA ni los piratas, sino los tirajes. Algunos han errado la puntería por muchos años.

Respecto de la concentración de la adjudicación en pocos operadores de gran tamaño, confiables, solventes, para garantizar la seriedad y viabilidad del proyecto, éste es el modus operandi habitual del Estado. Conlleva una profecía autocumplida: dejar fuera a los actores de la pequeña empresa, siempre desvalida más allá de los discursos gubernamentales abundantes de promesas, desprovista de medios de garantía y financiamiento para abordar grandes operaciones. Como ha ocurrido, la mayor parte de los pequeños empresarios del libro quedarán mirando el banquete de los peces mayores. ¿Dónde quedan entonces las palabras promisorias acerca del impulso a la micro y pequeña empresa, en este caso la editorial?

La controversia acerca del bullado maletín, para hacer memoria, estuvo centrada en diversos aspectos:

- La efectividad de la medida, es decir, que los libros fuesen leídos por los beneficiados y que les fuesen útiles
- La ausencia de un entorno o programa de intervención que asegure el impacto en cuanto a incentivo real de la lectura, sobre todo en estratos donde los hábitos de lectura son demostradamente débiles.
- El tono efectista y demagógico que rodea toda la idea, olor a populismo
- La selección de los textos incluidos (la verdad es que hay cientos de posibilidades buenas y que el valor depende del grupo de destinatarios). En todo caso, se está escogiendo por los beneficiados, sin consultarles a ellos.
-El costo involucrado respecto de los presupuestos históricos para este tipo de iniciativas
- La posibilidad alternativa de financiar centenares de iniciativas que han sido exitosas (por ejemplo los programas de Fundación La Fuente, INFOCAP de Un techo para Chile, Letras de Chile y otras)
-La posibilidad de que sea un dispendio fraudulento, malversación de fondos, u otras similares.

La iniciativa se llevará a cabo. De esto jamás he tenido dudas. Da para pensar, por cierto. No significa inmovilismo, ni crítica gratuita, ni desánimo. Los que hemos estado siempre en esto, en especial los escritores que hemos decidido actuar, hacer, comprometernos para promover la lectura y el libro desde hace muchos años, continuaremos en nuestro empeño.

Todavía esperamos –verbo ligado a la hermosa, tal vez ingenua expectativa que denominamos esperanza- que más allá de declaraciones vacías e iniciativas pomposas, se manifieste el respeto hacia el libro, la lectura, los escritores y todos los agentes ligados a este ciclo del cual dependen el crecimiento espiritual, cultural, material y en definitiva la auténtica libertad de un país.

Diego Muñoz Valenzuela

19 enero, 2008

La cosa de allá arriba

Yo sé que estás allí, dentro del ropero, puedo escuchar desde el primer piso tu respiración dificultosa, sentir como te revuelves inquieta, maldita criatura, siento los lamentos de la madera que se queja bajo tu peso. Si pudieras, saldrías de ahí – a veces lo haces – y bajarías la escalera haciendo crujir los escalones uno a uno con tus pies escamosos, verdes, llenos de algas igual que tu piel resbalosa, cubierta de légamo de quizás qué horrible lugar. Respiras más fuerte ahora, es casi un bramido, el ropero se estremece, bajo el volumen del televisor, pero inmediatamente viene un silencio más difícil de soportar que los ruidos de la película o tus movimientos allá arriba, parece que ese silencio durara más, tú saldrías de allí en todo tu esplendor, con toda tu maligni­dad, con tus ojos hambrientos y terribles, tus garras filosas, tus dientes de tiburón. Eso, podrías llegar al fin. A veces todo se reduce a esperarte, espero la noche para este duelo cotidiano. Yo sé que un día va a ocurrir. No sé cómo explicarlo: sólo lo sé. Bajarás con tus tentáculos, tus ventosas, tus brazos – lo que sean – dirigidos hacía mí y yo no podré moverme, me quedaré mirándote, paralizado, inmóvil, así como si fuera de piedra. Tal vez alcance a recordar algún párrafo de Lovecraft. Pero lo importante es que estarás acá, de este lado, y yo no podré moverme. Respiras, te mueves inquieta, maldita criatura. Te puedo ver casi, agazapada en la oscuridad, tus ojos brillando. A pesar del miedo, a veces me imagino qué ocurriría si tú bajases, qué ocurriría, qué ocurriría si entraran en ese momento mis padres, que están prontos a regresar, por eso creo que ya no bajarás, aunque a veces, a veces, casi es como si lo deseara.

13 enero, 2008

Ojo y espejo


El ojo había llegado. Estaba allí, en medio de la habitación. Enclavado en la pared arrojaba una mirada terrible y profunda que le hacía tintinear las terminaciones nerviosas. Esa mirada no lo dejaba olvidar lo que había que olvidar, ni recordar aquello que es imprescindible.


Pero ahí estaba, ensoñador, magnético, impasible. Enorme. Casi de su propio tamaño, con horribles sanguinolencias y venas enrojecidas, y la pupila dilatada. Se aterrorizó, golpeó el espejo hasta destruirlo y volvió con gran calma hacia su órbita.

03 enero, 2008

LUGARES SECRETOS comentado por Željka Lovrenčić

Diego Muñoz Valenzuela: Lugares secretos, Santiago, Mosquito editores, 1993., 177 pgs.

Por Željka Lovrenčić

La ficción y la realidad de Chile

Diego Muñoz Valenzuela nació en el año de 1956 en Constitución y es uno de los escritores contemporáneos más significante de Chile, uno de los pocos que en este país escribe obras de la ciencia ficción. Publicó dos novelas y sus cuentos han sido incluidos en más de treinta antologías ya traducidas a diferentes idiomas. Ha sido dos veces el ganador del premio “Las Mejores Obras Literarias” que otorga el Consejo Nacional Chileno para el Libro. Es el redactor de varias antologías del cuento chileno.

Pertenece a la generación de los años ochenta. La “generación que creyó que el cielo se tocaba con los dedos pero que a la vuelta de la esquina le quitaron la escalera” dice la periodista Faride Zerán. Esa generación saca del olvido los espíritus de la época de su juventud y en su obra usa el humor, escribe libremente y con cierta dosis de impertinencia.

Perdió sus amigos

Diego Muñoz proviene de la familia de escritores – su padre era un conocido escritor, y también escribían su madre y su abuelo materno. Él quiso ser diferente – decidió estudiar química e hizo la maestría de ciencias técnicas. Cuando ocurrió el golpe de estado en Chile, tenía 17 años. Por nostalgia y sufrimiento, porque en la época de la dictadura perdió muchos amigos queridos, empezó a escribir poesía. Dejó de escribirla en el año 1984 – entonces se dedica de manera total al cuento y edita la colección Nada ha terminado. En todas sus colecciones hay muchos cuentos con elementos biográficos – eso es evidente y en la colección Lugares secretos, publicada en Santiago en el año 1993. En ella, el lector tiene la posibilidad de conocer la variada y rica temática de ese excelente escritor: están presentados los mini-cuentos por los cuales Muñoz es conocido y fuera de las fronteras de su país, cuentos de ciencia - ficción y los cuentos que tratan el tema de la dictadura en Chile que son de gran sensibilidad.

Sus cuentos son de temas variados, algunos son descripciones realistas de la vida chilena. Podemos destacar el cuento “Cruzar la calle” en la cual el protagonista – empleado joven, de éxito y con perspectivas, que a menudo visita a su amigo en el manicomio, conoce a otros enfermos y al final piensa que le gustaría quedarse con ellos, lejos de la crueldad de la realidad.

La vida de los pobres

En el cuento “Aún te queda tu jardín” nos encontramos con el orgulloso viejo padre quien se quedó solo en Chile porque su esposa murió y su hijo decidió ir a vivir en los Estados Unidos donde se casó con una norteamericana y formó familia. El viejo vive en la pobreza cultivando su jardín.

El cuento “Bailarina de topless” describe, las dificultades de la vida en la capital chilena donde las muchachas jóvenes de familia pobre tienen que trabajar como bailarinas en topless bares para ganarse la vida. Un visitante ocasional de alta sociedad entra al bar y nace una simpatía, pero en eso se queda... Él al final se va a su mundo.

Diego Muñoz escribe con facilidad y de manera interesante en géneros diferentes que también contribuyen a su, cada vez más grande, popularidad entre los lectores.


Željka Lovrenčić, especialista croata en literatura latinoamericana y traductora con una amplia labor de difusión de obras narrativas y poética del español a croata (autores bolivianos, chilenos y de otros países), y del croata al español.

28 diciembre, 2007

Ciencia ficción en Latinoamérica (1).El estado de la cuestión

Por Guillermo Roz



No hay reseña periodística, ni análisis mas o menos actual del estado del género en Latinoamérica que no presente básicamente dos lados: uno el de la queja y la pena por el poco o nulo apoyo institucional y económico a la producción, y el otro el denodado esfuerzo de los escritores y editores para quienes la ciencia ficción es un arte dentro del arte, una literatura dentro de la literatura, casi una asociación con tintes de defensa deportiva.

En el lado de la queja los actores del panorama de la ciencia ficción reconocen en Internet el soporte «salvador» para la pervivencia y propagación de un modo literario, ya que las características socioeconómicas de una región del mundo castigada se mezclan o son el origen de ciertas reivindicaciones. Al respecto, podemos decir que los grupos de personas que se congregan para producir o discutir sobre el género (congresos, fanzines en papel, asociaciones de cultores o fans) empiezan y culminan sus proyectos en la creación de una página web, que será su medio de comunicación además de su eje vertebrador. Para comprobar esto no hay más que dar una vuelta por Internet, donde se comprobará cómo en Latinoamérica esa Babel digital representa un papel más destacado y protagónico en el muestreo de esta literatura que en otras zonas del planeta donde el apoyo económico puede solventar la edición en papel de, por ejemplo, autores de ficción noveles y ensayistas.

Por otro lado hay que destacar la iniciativa de estos grupos, la creatividad de sus proyectos y la mirada culta sobre un género definitivamente marginal, en cuanto a su difusión y comercialización en América latina. Los casos de Marcelo Cohen en Argentina (El oído absoluto, Donde yo no estaba), del peruano residente en Madrid Doménico Chiappe (Entrevista a Mailer Daemon) o del chileno Diego Muñoz Valenzuela (Flores para un cyborg) habla a las claras de que existe una calidad literaria indiscutible que se origina en Latinoamérica y que tiene como aporte decisivo y fundamental un giro hacia una ciencia ficción centrada en el intimismo psicológico, humanizador, un giro que relega el componente tecnológico al sitio de una mera cortina decorativa, a veces ridícula, a veces disparadora de la imagen de un futuro donde se comprueba a las claras que los problemas humanos, universales y atemporales, no los remienda ningún robot o máquina voladora.

Así, entre la angustia y la fe, entre la producción y los obstáculos económicos, un grupo de latinoamericanos sigue inventando una manera propia de ciencia ficción que constituye un corpus que debe ingresar si no al canon, sí al corpus de la literatura, en cuanto dialoga con una tradición y pone en evidencia procesos de apropiación de modelos y estéticas de otras literaturas.

http://cvc.cervantes.es/el_rinconete/anteriores/diciembre_07/14122007_01.asp
Viernes, 14 de diciembre de 2007

Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes,

23 diciembre, 2007

Espíritu navideño


El viejo pascuero estaba sobregirado. Se veía venir la catástrofe desde los años precedentes. Los chicos pedían más y más, sin límites. No fue posible revertir la tendencia. Los bancos hicieron efectivos sus procedimientos de recuperación y lo confiscaron todo: trineos, renos, regalos, enanos, hasta el traje del viejito, que quedó en calzoncillos en pleno polo. Luego vino la debacle: primero quebraron los fabricantes de juguetes, artículos electrónicos, ropa, CD, computadores, libros. Luego, por arrastre, los comercios gigantes y los bancos, y vino esta crisis terrible. Un analista sabiondo –de esos que explican las catástrofes cuando ya han ocurrido- ha dicho que el origen de la debacle estuvo en la codicia de los bancos, en su carencia de espíritu navideño.

12 diciembre, 2007

El trencito

Cuando sus padres le regalaron el tren eléctrico le brillaron los ojitos, apareció una sonrisa más larga en sus labios, daba saltos de felicidad. El tren subía y bajaba unas lomas, atravesaba desvíos, puentes, pequeñas estaciones.

Fue muy grande el precio de este tren; tendrás que cuidarlo mucho. Sólo podrás armarlo en ocasiones especiales. Esto le advirtió el padre.

Entonces ya no vio tan hermoso el ferrocarril en miniatura. Sin embargo, para sus cumpleaños y para navidad ensamblaba las piezas religiosamente, como si fuera un rito. Así hasta que cumplió doce años. El juguete quedó por allí, impecablemente almacenado en su caja con palabras en inglés. Mucho tiempo después, cuando el hijo ya tenía su propia familia y no visitaba más que una o dos veces al año a sus viejos padres (para ocasiones especiales), la anciana encontró el trencito. Estaba como recién salido de la juguetería.

- ¡Viejo, ven!‑ llamó al padre que acudió rengueando‑. Mira el tren del niño, lo encontré recién. Mira, está casi nuevo.

‑ Bueno, yo y tú le enseñamos a cuidarlo. Por eso está como nuevo.

‑ Lo echo de menos a veces, sería bueno que nos visitara más seguido.

Se quedaron silenciosos. La anciana se arrodilló en el piso y se dispuso a montar las líneas férreas. El padre dudó un instante antes de hacer lo mismo.

Ahora el tren está en funciones la mayor parte del tiempo. Los viejos lo echan a caminar y el tren recorre la llanura, los puentes, los pequeños poblados.

‑ ¡Qué suerte que el niño lo haya cuidado tan bien!‑ repite alguno de los dos, de vez en cuando.

Y sueltan algunas risitas de felicidad, brincan de alegría. En ciertas oportunidades alguna lágrima les torna borrosa la visión. ‑Será la edad ‑ dicen ‑qué otra cosa, si somos tan felices.

01 diciembre, 2007

Necrofilia 1


La doctora se acercó libidinosa a la mesa de disecciones del Instituto Anatómico Forense. Voluptuosamente se desprendió de su delantal y quedó desnuda, hermosa y palpitante frente al cuerpo que descansaba sobre la mesa, cubierto con una sábana amarillenta. Verificó la etiqueta que colgaba de una de las manos exánimes y asintió satisfecha. Arrancó la manta y descubrió el cuerpo también desnudo del cadáver, provisto de un enorme sexo erecto. Lo bañó con vaselina y saltó sobre él con salvajismo. El olor a formol la excitaba cada vez más. Gemía como un animal embravecido. Junto con el feroz orgasmo, él regresó a la vida y clavó sus colmillos en la yugular de la legista. Y murieron y vivieron felices para siempre.

25 noviembre, 2007

Mutatis mutandi


La chica se empeñó en cambiar su nariz: quería una más pequeña y respingada. Sus abnegados padres se lo concedieron. Hay que decir que antes ella se había teñido el pelo de rojo e insertado siete piercing en aquellas escasas partes de su cuerpo todavía no cubiertas por un tatuaje. Tras sucesivas pataletas convenció a sus progenitores para realizar nuevos cambios. Se agrandó los senos, aplanó su barriga, estilizó sus piernas y afirmó sus nalgas. Y muchas otras cirugías. Dos años después poco quedaba de ella misma. Sufrió una crisis identitaria que agravó su bulimia y la depresión endógena que la afectaban. Desesperada, se arrojó desde la terraza de un edificio. Nadie reconoció sus restos.

18 noviembre, 2007

Necrofilia, 2

Ocioso, desesperado por la carencia de trabajo, vago por la ciudad. Entro en una capilla donde se advierte mucha actividad. Cuando la veo dentro del ataúd, infinitamente tranquila, sumisa ante la muerte, con una leve sonrisa de satisfacción dibujada en los labios algo pálidos, comprendo que me he enamorado perdidamente. Es la mujer perfecta para mí: jamás me reprochará, carente de caprichos, se someterá a mis designios sin objeciones perversas. Me acerco a los deudos con tranco lento, calculado. Primero abrazo a la madre, que llora sobre mi hombro sin consuelo; luego a su devastado progenitor, a sus hermanos y hermanas que no hallan consuelo. Me siento en las bancas que rodean el catafalco y simulo rezar con los ojos entrecerrados. Sigo el ritmo de las expertas ancianas que recitan letanías milenarias en un circuito sin fin.

La hora pasa y los deudos van menguando con velocidad creciente. Cada media hora me incorporo para observarla. Su belleza serena me conmueve y me excita. En la ventana alcanza a vislumbrarse el nacimiento de sus pechos soberbios. Las fotografías que descansan entre las guirnaldas atestiguan su hermosura arrobadora. El amor y el deseo crecen en mi interior como bestias incontenibles. Por fin se retiran los padres, arrastrando los pies, antes de despedirse me advierten que la capilla cerrará en unos minutos. Me desean conformidad. Les digo que me quedaré orando esos minutos. Quedo solo. Me oculto bajo el ataúd, atrincherado entre guirnaldas. Viene un ominoso silencio que interrumpe el sacristán, que entra al recinto y cierra la puerta con candado. Siento su respiración acezante, la brutalidad con que levanta la tapa de la urna. Desnudo se encarama sobre el cajón gimiendo palabras de amor, le arranca las vestiduras a tirones y lanza terribles imprecaciones. Entonces salgo de mi escondite y le propino a la bestia el golpe mortal con un candelabro. Lo aparto con repugnancia y tomo su lugar. Le hablo en susurros, la voy besando en toda su magnífica desnudez, seduciéndola con amor infinito. Toda una noche hay por delante. Después vendrán el duelo, la nostalgia, el amor eterno.

03 noviembre, 2007

Literatura y desarrollo; ponencia para Primer Foro por el Fomento del Libro


Ponencia presentada en I Foro por el Fomento del Libro: San Felipe Ciudad que Lee, Octubre 2007

Literatura y desarrollo


Me cuenta un querido amigo, gran lector que aprecia la literatura chilena (y que sabe que este tiene sus raíces muy atrás en el tiempo, es decir, que no es una novedad, como algunos creen o quieren hacernos creer) que supo acerca de la existencia de un libro titulado “Nosotros somos del tamaño de nuestros sueños”. La idea es inquietante, por cierto, e iniciamos la búsqueda con grandes expectativas que espero sinceramente no sean frustradas por un texto chabacano tipo auto ayuda. Sin embargo ya el mero título gatilló en mí una tormenta de conexiones que me ayudó a ver viejos asuntos de una manera distinta, aunque el diagnóstico sea el mismo.

No me caben dudas acerca de la veracidad de esta afirmación, en toda la dimensión maravillosa y terrible de su significado. Sostengo, más sobre la base de la experiencia que desde la teoría, que literatura y lenguaje están íntima y sólidamente relacionados. El mayor conocimiento de la literatura, la lectura literaria entendida como actividad permanente desde la edad más temprana (incluso antes de que los niños aprendan a leer), lleva al desarrollo del lenguaje. Y el lenguaje constituye la base del pensamiento humano; se dice que hemos llegado a ser, para bien o para mal, la especie dominante del planeta gracias a nuestra capacidad de comunicarnos, es decir, gracias al lenguaje. No es que seamos eximios maestros en el arte de la comunicación, la historia está sembrada de contraejemplos, pero es gracias al lenguaje que estamos donde estamos.

¿Y sin casi nadie lee, como señalan tanto las encuestas como los resultados del fracasado esquema de educación municipalizada, qué pasará con la calidad de nuestro ya degradado lenguaje? Es vergonzoso contemplar, con impotencia y rabia contenida, la pobre manera de expresarse de muchos periodistas y hombres públicos, no poco connotados dirigentes políticos, empresarios y representantes de la ciudadanía: devorados por las muletillas y la miseria lingüística. Si el lenguaje es magro, las ideas también lo son.

Se ha dicho en algunos estudios que el promedio de palabras que usa un chileno es de 600. Esto no sólo indica un empobrecimiento en la capacidad media de expresión, sino que se correlaciona con una falta de comprensión del mundo que nos rodea, incluso con la imposibilidad de hacer ciertas distinciones, de darse cuenta de la existencia de algunos fenómenos o situaciones en curso que pueden estar afectándolos en forma tan seria como negativa. Esta es la verdadera gravedad del asunto.

Entre cognición y lenguaje existe una relación directa: nombramos a las cosas que nos interesan, aquellas con las cuales trabajamos en forma más directa, ya sean concretas o abstractas. Si no tenemos un nombre para algo, es porque no nos interesa, porque no nos sirve para nada, sin que esto conlleve un sesgo peyorativo, porque el criterio de servicio puede enfocarse en un amplio rango: desde lo más pragmático y material, hasta las abstracciones más puras.

¿Así que clase de sueños podemos tener? ¿Sueños de riqueza, gloria, poder, como aquellas efigies de los comerciales de la televisión? ¿Hombres y mujeres jóvenes, bellos, disfrutando de la vida en un yate que navega en aguas tropicales? ¿Un vaquero que galopa por la inmensa estepa con un cigarrillo en los labios, sin saber que corre hacia la muerte? Hablamos de sueños individuales, pero ¿qué pasa con los sueños colectivos, los sueños de país? ¿Qué pasa con los sueños de justicia y desarrollo? ¿Cómo podemos soñar si no leemos los sueños más enormes de la humanidad que la historia recoge en forma de literatura?

Me resulta difícil creer que un niño que no lea (y que entienda lo que lee, y lo disfrute) puede ser protagonista de los sueños. ¿Podrá ser un emprendedor si no domina el arte de soñar que los libros de ficción infunden? ¿Podrá entender y amar a los demás si no conoce nuestra historia, siquiera nuestra historia más reciente? ¿Podrá comprender la importancia capital de valores como la libertad, la solidaridad y la justicia sin buscarlos denodadamente en las mejores páginas de la literatura mundial? ¿O tendrá que conformarse con las misérrimas y antojadizas versiones con que suelen ametrallarnos desde los medios de comunicación?

¿Qué les preocupa hoy a los escritores?

A priori esta es una pregunta imposible de responder de forma única en la actualidad. Hay múltiples y muchas veces extrañas respuestas que son expresión de una crisis. Las preocupaciones más llamativas van desde la crisis del medio oriente hasta el uso malévolo de dineros institucionales, del discernimiento de los fondos estatales de la cultura (normalmente reclamando porque se aprobó el proyecto de algún ente indigno en vez del propio) hasta la discusión de los fallos en concursos literarios. La verdad es que ninguna de estas temáticas parece atractiva, ni menos aún constructiva. Buena razón para proponer otros asuntos más relevantes.

La política subsidiaria del estado en materia de cultura se basa en un concepto que hace crisis día tras día: los concursos de proyectos. Amén de las “fiestas culturales”, florilegio de zancos, colombinas y batucadas, poco más puede evidenciarse después de algunos años de existencia de un Ministerio del ramo.

Los concursos de proyectos no dejan construir una política cultural sólida y continua, puesto que los criterios de los jurados del Fondo del Libro son cambiantes (en un espectro impresionantemente amplio), heterogéneos (casi esquizofrénicos al comparar año por año los criterios aplicados). En este escenario, el quehacer de instituciones culturales como Letras de Chile –cuyo quehacer y aporte en diversos ámbitos está absolutamente acreditado- está abandonado al arbitrio de esta variabilidad oscilante y contradictoria de juicios. Poco puede esperarse en la empresa privada y menos todavía de los escuálidos bolsillos de aquellos escritores que a pesar de todo sostenemos un quehacer independiente.

Carecemos en consecuencia de una política de claras prioridades y objetivos, que permita dar continuidad a ciertos esfuerzos e iniciar iniciativas que urgen… ¿Cómo cuáles dirá usted? Veamos algunas:

· Financiar en forma masiva y decidida la visita regular de escritores a escuelas básicas y liceos para fomentar la lectura directamente (en nuestra experiencia el contacto de los alumnos con escritores es altamente efectiva para despertar el interés por la literatura, lo cual coincide con experiencia comparada en Argentina, Brasil y México)
· Financiar en forma permanente medios electrónicos de difusión literaria que tienen una audiencia numerosa y que buscan innovar continuamente (por ejemplo, http://www.letrasdechile.cl/ tiene más de 6.000 visitas diarias)
· Promover la traducción y publicación de obras de autores chilenos en el extranjero a través de un mecanismo a crear. ¿No sería esta una exportación no tradicional de alto valor agregado?
· Buscar un mecanismo para estimular la instalación de nuevas librerías (es preocupante que no lleguemos a sumar 100 puntos de venta de libros en todo Chile; hay comunas y ciudades sin librerías ¡qué vergüenza!). Por ejemplo podrían comprarse libros a través de las pequeñas librerías, he ahí un mecanismo de subsidio.
· Otro nudo o cuello de botella: la distribución nacional de libros, sobre todos aquellos autoeditados o publicados por las editoriales nacionales que deben competir contra los gigantes transnacionales en condiciones bastante adversas). ¿No podría intervenir el estado en esta material para regular tanto el acceso a la cultura como la competitividad del mercado?
· La empresa Correos de Chile podría aplicar una tarifa que fomente el envío de libros e impresos (que hoy resulta más caro que cualquier carta o encomienda, o sea se castiga el envío de un libro como difusión o regalo, o incluso originales para un concurso)

La política de concursos del Consejo del Libro permite por ejemplo que se adjudiquen recursos instituciones estatales para proyectos de infraestructura que debieran financiarse con presupuestos locales. El máximo ejemplo es el concurso de adquisiciones de libros ¿Por qué de una vez por todas no se incrementa el poder de compra de la DIBAM y se centraliza allí esta función?

Se podrá alegar que los recursos son menguados, pero es preciso recordar que la Ley del Libro se hizo sobre la idea de que el IVA de los libros (ya que no se podía eliminar por un impedimento relacionado con las paradigmas económicos vigentes), se reinvirtiera completamente en el sector.

Ciertamente no es el monto del presupuesto lo que solucionará esta problemática sino que las nuevas e inteligentes y estructuradas políticas (orientadas por una visión nuclear) que se definan y el criterio con que se apliquen. Pienso que los mecanismos de operación del Consejo del Libro debieran repensarse, desde su propia integración (lo mismo debiera hacerse con el Premio Nacional de Literatura) y mecanismos de selección de jurados y evaluadores. Pero todo esto requiere, primero, la definición de una política cultural que oriente los esfuerzos, defina prioridades, dé estabilidad al quehacer literario en toda su cadena y se centre en las tareas prioritarias más allá de la mera resolución de concursos de asignación de fondos.


Diego Muñoz Valenzuela

“Microcuenteros hay muchos, pero microcuentistas muy pocos”


Diego Muñoz Valenzuela presenta su libro de minirrelatos “De monstruos y bellezas”

Destacado autor de miniaturas literarias, el escritor desconfía del actual boom del género y declara que él escribe debido a su “beligerancia ante las manifestaciones negativas del sistema social y económico”.

por Leonardo Sanhueza
diario LAS ÚLTIMAS NOTICIAS, domingo 23 de septiembre de 2007


Diego Muñoz Valenzuela es uno de los escritores más quitados de bulla de la escena literaria actual. Tranquilo por las piedras, ha publicado seis libros, los que sin estruendos lo han situado como uno de los narradores más sólidos de su generación.

En el colmo del bajo perfil, su género predilecto es el cuento, en especial el microcuento o relato extremadamente breve –a veces sólo un par de líneas-, ámbito en el que Muñoz ha figurado como destacado cultor desde la década del setenta, y al que pertenece su más reciente libro, De monstruos y bellezas, que ha aparecido bajo el sello editorial de Mosquito.

Con sus cuatro piezas iniciales remitidas al quizás más famoso microrrelato que existe (“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”, de Augusto Monterroso), el volumen muestra de entrada sus cartas en el juego de la literatura minúscula, que actualmente parece pasar por una especie de boom.

Al respecto, Muñoz se muestra más bien escéptico.
-Ojalá existiera –dice- un verdadero boom del microrrelato en su forma literaria más acabada.
-¿No lo hay?
-Es un género que está teniendo algún impacto en los medios, porque genera la ilusión de cualquier ingenioso conjunto de palabras que remede una historia viene a constituirse en una minificción. La rigurosidad y la creatividad requeridas para dar a luz un buen microcuento alcanzan niveles bastante altos. Quiero decir, micro-cuenteros hay miles, pero micro-cuentistas muy pocos.
-¿A qué se debe esa escasez?
El propósito de un micro-cuento es ante todo estético. Eso deja fuera a los chistes, por ejemplo. El dinosaurio de Monterroso, más allá de su concisión extrema, es un excelente ejemplo de la potencia de este género: sugerente, impactante, capaz de inducir una multiplicidad de significados y reflexiones en el lector. En contraste, me aterra que se imponga lo pedestre, la trivialidad, el ingenio barato, la pobreza de lenguaje, el efectismo. La antiutopía convertida en realidad. Aunque quizás ya vivimos en ella.

Varios de los microrrelatos de Muñoz abordan aspectos de la vida actual, con personajes como el Homo Crediticius, que vive endeudado, o el Quijote que, rumbo a su casamiento con Dulcinea, no le hace caso a su insistente –y quizás muy urgente para el novio- teléfono celular.

-Inevitablemente, involuntariamente –explica el narrador-, relaciono la vida con la literatura. Mis preocupaciones literarias provienen de la realidad, de mi disconformidad con el mundo en que vivo. La principal razón para escribir, en mi caso, surge de una beligerancia ante las manifestaciones negativas del sistema social y económico: manipulación, superficialidad, abuso, dominación, injusticia. En todo caso, no planifico las temáticas en mis cuentos. Las historias nacen solas, son criaturas vivas que se alimentan por igual de literatura, imaginación y vida social.

Recuadro: Arreglines y criticones

Ganador , en dos oportunidades, del codiciado Premio del Consejo Nacional del Libro a las mejores obras literarias, Diego Muñoz le echa en uno de sus cuentos una repasada al mundillo de los concursos, jurados y presuntos arreglines, cuyas encendidas polémicas, a la larga, parecen más bien caídas del catre.

-Muchos colegas –señala- motivados por la escasez de privilegios y por sus necesidades, que son auténticas, caen en la tentación de manipular, criticar, descalificar, acusar y envilecer lo poco que tenemos en materia de compensaciones. Estoy muy lejos de creer que todos los premios y becas estén manipulados: esa sería una visión injusta y paranoica.

21 octubre, 2007

Elogio de Luis Sánchez Latorre

En días recientes hemos debido despedir a un intelectual valioso, erudito y valiente, a quien le cupo jugar un rol notable en el terrible periodo de la dictadura militar: Luis Sánchez Latorre, escritor, periodista y crítico literario. Presidió con dignidad, sagacidad y coraje la Sociedad de Escritores de Chile (SECH) por más de una década, desde donde se desplegó –desde el inicio del régimen- una creciente labor de resistencia de los intelectuales. La casona de Simpson 7, acogió a los perseguidos, fue voz de los sin voz, baluarte de la intelectualidad que enfrentaba la maquinaria asesina sin más armas que la inteligencia y la decisión de acoger el imperativo ético de luchar por la libertad arrasada.


Irónico, socarrón, dotado de una vena de humor ácido, erudito de la literatura, realizó una labor crítica de enorme valor durante seis décadas bajo diversos seudónimos, el más conocido Filebo, que se convirtió en el apelativo más corriente para referirse a su persona. Este trabajo crítico monumental, que esperamos sea objeto de acopio y estudio, fue el fundamento para otorgarle el Premio Nacional de Periodismo en 1983, junto a libros imprescindibles como Los expedientes de Filebo, Lejano Oeste y Memorabilia.

Cronista por excelencia, dotado de una oratoria y un humor extraordinarios, Sánchez Latorre era capaz de iluminar cualquier mesa redonda, tertulia o simple reunión, y elevarla a la calidad de eximia conferencia. Esta capacidad incluía, por cierto, las prolongadas asambleas con que “el pueblo de los escritores” (así lo denominaba él) celebraba en los tiempos más oscuros para exorcizar unas horas los flagelos de la tiranía. Filebo tenía arte para dirigir aquellas discusiones interminables y hacerlas recalar en algún puerto que infundiera optimismo y esperanzas. Al mismo tiempo, gracias a sus dotes de observador agudo, las convertía en admirables clases de literatura chilena que recuerdo con agradecimiento, pues enseñaba aquello que los textos oficiales jamás transmiten, y lo realizaba con deliciosa acidez y sabiduría.

No hay otra explicación para que asumiera la responsabilidad de conducir la Sech en dictadura que una tremenda vocación democrática y de servicio, junto a su devoción profunda por la literatura (murió como vivió: leyendo). Un profundo sentido moral lo llevó a desafiar los laberintos del poder militar desde la casa de Simpson 7, al frente de un “pueblo de escritores” que carecía prácticamente de todo: tribuna, trabajo, libertad. Una ética implacable lo saca del ámbito protegido y sagrado de su casa y su familia, a quienes se consagró desde siempre, con infinito amor.

Desde aquellos años que rememoro con cariño, he tenido que despedir a grandes escritores que tuvieron también la virtud de ser extraordinarias personas y maestros inolvidables tanto por su sabiduría como por su ausencia total de grandilocuencia: Diego Muñoz Espinoza (mi padre), Martín Cerda, Rolando Cárdenas, Jorge Teillier, Enrique Lihn, Juvencio Valle, Mariano Aguirre, Carlos Olivares. Ahora es el turno de Luis Sánchez Latorre y –más allá de la pena y la nostalgia inevitables- me inunda un sentimiento de gratitud y cariño hacia un maestro que vivirá conmigo hasta el último aliento.

Diego Muñoz Valenzuela
Octubre 2007

14 octubre, 2007

DE MONSTRUOS Y BELLEZAS comentado por JUAN MIHOVILOVICH

DE MONSTRUOS Y BELLEZAS; en el diario EL CENTRO, Talca, Suplemento LIterario; Viernes 3 de Agosto, 2007.

Cuento Mosquito Comunicaciones 2007
71 páginas.
Autor: Diego Muñoz Valenzuela

Lo que distingue a un autor de otro –u otros- no es, en definitiva, sólo la opción por los temas de que trata. Al fin de cuentas la naturaleza humana no es demasiado original en incursionar en nuevas perversiones, afanes de dominación o sometimiento de unos en desmedro de los demás. Lo que sí resulta significativo al momento de leer a un creador verdadero es la mirada con que desmitifica su entorno, la manera en que su visión de los seres y las cosas consigue remover nuestras fibras íntimas y hacer relaciones con el mundo adyacente.

Ese mundo que pareciéramos no ver, que ocurre y discurre a nuestro lado como si se tratara de una realidad ajena, o ni si siquiera fuera una realidad de la que formamos parte La vida de los otros no es la nuestra, pareciera ser una premisa fácil, acomodaticia, y esa constatación moderna nos escuda de sentirnos cómplices por las atrocidades y desviaciones del espíritu humano.

Pues bien, Diego Muñoz nos dice algo diametralmente opuesto. La “otredad” nos importa o debiera importarnos en tanto somos parte de lo mismo. No hay otros sin uno y la visión compartida de las miserias ajenas importa nuestras propias miserias personales. Así la corrupción del mundo moderno (Influencias, Premios Literarios, entre otros) no es una entelequia, sino una realidad virtual a escala humana básica: la manipulación de situaciones para beneficios personales resultaría verdaderamente humorística, como de hecho se evidencia en esas narraciones, sino fuera porque detrás de ellas discurre una ausencia absoluta de valores consustánciales a la esencialidad individual.

Las alusiones alegóricas que cruzan varias narraciones (De monstruos y bellezas, El gigante egoísta, Secuelas del verdugo: el complot, Don Quijote 1 y 2, Logro de objetivos etc.) dan cuenta de una agudeza e ingenio poco común en nuestras letras para desnudar en pocas líneas la patética carencia de solidaridad trastocada por “monstruos cotidianos” como la ambición desmedida, la avaricia o el poder implacable que somete sin concesiones.

No existe, para nuestra desgracia, un horizonte demasiado esperanzador: la tragicomedia de nuestro tiempo pareciera ser una variante de la contraposición. Los sueños son refracciones de nuestras propias contradicciones, de nuestros apetitos desmedidos, de nuestra deserción de la vida simple donde los gestos “amables” dieron paso al cálculo preciso, a la codicia sin retorno y a la deslealtad como norma de vida.

Estos cuentos soportan en su parquedad y concisión nuestra precariedad humana, la desgracia de contemplarnos a un espejo donde la bella y la bestia se confunden según el ángulo o el momento.

En esta parábola del desencuentro subyace, sin embargo, la reflexiva literatura de Diego Muñoz: es posible desentrañar lo que somos por lo que no somos. Pareciera una constatación elemental, pero que como especie hemos olvidado o pospuesto tras intereses mezquinos y circunstanciales.

Un libro que nos rescata de la frivolidad mundanal, que nos desconcierta a veces y nos sacude en otras. Que nos emociona o hace sonreír bajo el señuelo mordaz o el sarcasmo, escrito con una pulcritud y llaneza que nos reconcilia con la literatura de verdad.

Juan Mihovilovich




13 octubre, 2007

De dinosaurios y paradojas


Revista de Libros, El Mercurio

Domingo 7 de octubre de 2007


De dinosaurios y paradojas

por Hernán Poblete Varas


El ya legendario cuento de Monterroso ha hecho escuela y ha enseñado a muchos la mágica virtud de la brevedad. Lo que no todos saben es que Dinosaurio llamaba a uno de sus contertulios aquel grupo de farreros en que seguramente militó el gran Monterroso. Y ahí estaba, durmiendo la mona cuando despertó el anfitrión.


Diego Muñoz Valenzuela, en su reciente libro De monstruos y bellezas, erige como un símbolo de paradoja y brevedad la lección de Monterroso, sin servidumbre, sino con nueva mirada sobre el manejo del microcuento, especialidad en la que se está convirtiendo en un maestro. Le basta una línea (a veces algo más) para abrir las puertas de la imaginación, a menudo algo entornadas, del "desocupado lector".


Hacer un inventario o un resumen de estos brevísimos cuentos sería ofender al ya despercudido lector que, seguramente, avivó la imaginación con el primero de estos relatos: "Cuando despertó, le habían robado el libro de Monterroso". O este otro, con su ternura soterrada: "Cuando despertó, el dinosaurio de peluche todavía estaba allí. Lo abrazó, sonrió y continuó durmiendo".


Basta de citas. Sólo para terminar, remito al lector a ese microcuento que Diego Muñoz titula "Alzheimer". Conocido el personaje... ¿o no?Diego Muñoz Valenzuela domina su oficio y la claridad de su estilo ilumina la mente.Como para darle las gracias.



DE MONSTRUOS Y BELLEZAS
Diego Muñoz Valenzuela
Mosquito editores, Santiago, 2007, 71 páginas, $5.500.
MICROCUENTOS

05 agosto, 2007

Don Quijote 2005, II


Ulula con gran resonancia el teléfono celular de don Quijote, mas el hidalgo no transige y continúa cabalgando su rocín en derechura. Sancho resopla del otro lado de la línea, a Dios rogando que el caballero tenga a bien responder a la llamada que torciera el acechante destino. Dulcinea espera en la puerta de la iglesia con un ramo de orquídeas y exhala un suspiro al ver al caballero aproximarse al galope en lontananza. Viene por la avenida colmada de gentes que lo vitorean agitando banderillas de La Mancha. “Ella no es quien usted cree que es, don Alonso”, resuella el fiel escudero, “grandes decepciones le aguardan, mi señor, contestadme por la gracia de Dios”. Don Quijote carga con el rostro iluminado, sin hacer caso a la infernal sonaja.

Tomado de "De monstruos y bellezas", por Diego Muñoz Valenzuela, publicado en Julio de 2007 por Ediciones Mosquito

22 julio, 2007

Sueño con dinosaurio (2)


Cuando despertó, el dinosaurio de peluche todavía estaba allí. Lo abrazó, sonrió y continuó durmiendo.

Tomado de "De monstruos y bellezas", por Diego Muñoz Valenzuela, publicado en Julio de 2007 por Ediciones Mosquito

un microcuento en DE MONSTRUOS Y BELLEZAS


Sueño con dinosaurio (1)

Cuando despertó, le habían robado el libro de Monterroso.
Tomado de "De monstruos y bellezas", por Diego Muñoz Valenzuela, publicado en Julio de 2007 por Ediciones Mosquito.

01 julio, 2007

¿Qué cabe dentro de un maletín?


Caben muchos conceptos dentro de un maletín: improvisación, demagogia, intereses exacerbados, negocio, imagen, codicia, descoordinación, apresuramiento. Nos referimos a la iniciativa del Ministerio de Educación de entregar un maletín literario a 400.000 familias de escasos recursos, postergada por acción de los gremios de editores que reclamaron respecto de la confusa y acelerada convocatoria a licitación.

¡Once millones de dólares en libros para ediciones sobre 100.000 ejemplares! Un auténtico sueño, libros para todos. Creo que esta cifra es más del doble de lo que maneja el Fondo del Libro en un año. Si tenemos en cuenta la materialidad de este maletín repleto de billetes, debiéramos concluir –más allá de quienes se beneficien directamente, ya sea por razones de negocio o imagen- que es posible encontrar muchas otras alternativas de aplicación. No es claro que los “maletines literarios” vayan a producir un cambio instantáneo y profundo en los hábitos lectores de los sectores sociales más postergados. Como si la mera presencia de una pequeña biblioteca, un suerte de artilugio cultural sacrosanto y mágico, fuera a generar una influencia benéfica sobre las personas.

El Consejo del Libro está elaborando un Plan Nacional de Lectura cuyo objetivo es abordar sistémicamente nuestras dramáticas carencias en el ámbito de la lectura, a través de múltiples acciones y programas concebidos con representantes de diversos sectores ligados al libro. Este Plan aún no cuenta con un sustrato financiero y –espero equivocarme de manera rotunda- me cuesta imaginar que vaya a contar en sus inicios con una cifra tan impactante como estos once millones de dólares.

Ideas hay muchas. Por ejemplo, invertir en mejorar las colecciones de las bibliotecas públicas existentes, sobre todo la presencia de la literatura chilena y latinoamericana actual. En el sistema de bibliotecas públicas hay algo así como medio libro per capita, la décima parte de lo que debiéramos tener.

Hay muchas otras ideas y no quiero hacer un inventario de ellas ahora. Pero lo que advierto como dominante en la escena son palos de ciego, confusión, improvisación, aislamiento. Cualquier esfuerzo aislado, por cuantioso y enorme que sea, no surtirá efecto si no forma parte de una iniciativa sistémica, global, concatenada, alimentada por una visión clara del tipo de país que deseamos construir y el lugar que la lectura ocupa tanto en el itinerario como en el destino.

Es tiempo de focalizar esfuerzos, materializar un plan central bien pensado, de carácter nacional, con objetivos claros, para que no se dilapiden recursos en acciones aisladas, con sabor a efectismo e improvisación. Lo pero que puede ocurrir es que el fomento de la lectura –una iniciativa tan diáfana y fundamental para el destino de Chile- se infecte de apetencias, demagogia, sospechas y después de frustración, renuncia y por último de abandono.




Diego Muñoz Valenzuela

26 mayo, 2007

Un nuevo libro de cuentos: DE MONSTRUOS Y BELLEZAS

El microrrelato ha ido ganando adeptos entre lectores y autores en los últimos años. Diego Muñoz Valenzuela es uno de sus tempranos cultores en Chile, desde la década de los 70, lo cual se ha reflejado en su primer libro de cuentos “Nada ha terminado” (1984) y luego en “Ángeles y verdugos” (2002), celebrada colección de microcuentos.

“(el autor) nos ofrece la visión de una ciudad fría e implacable de poderes corruptos con un tono mordaz y un humor desgarrado y cruel. Con cuentos en los que perviven la tradición, las raíces precolombinas, el autor tiene como tema al hombre con sus fantasmas, sus fatuidades, el amor, la vejez, las fronteras entre la realidad y el sueño”. AMALIA VILCHES, profesora UNED, Cádiz, España.

“el microrrelato encuentra en la figura de Diego Muñoz Valenzuela a uno de los cultores más interesantes en el espectro de la narrativa chilena” EDDIE MORALES PIÑA, profesor, Universidad de Playa Ancha.

“El autor perpetra su búsqueda con una imaginación notable. Inventa pequeñas fábulas con un lenguaje somero, sin aspavientos, cuyo punto culminante (como debe ser) es un final imprevisto. Se conjugan así perplejidad y crueldad, en una visión del mundo que no puede sino dejarnos trémulos” IVAN QUEZADA, crítico.

Fomento de la lectura: mucho ruido, pocas nueces

Desde la recuperación de la democracia en Chile se viene hablando sobre la importancia de fomentar el libro y la lectura, tal vez como homenaje al progresismo desarrollista, o por efecto de una bendita inercia, quizás para compensar al gremio de los escritores que desafió como pocos a la dictadura, o simplemente para simular una preocupación auténtica por la cultura.
Al observar la realidad lo único que advierto –y creo no estar solo en esta convicción- es el fracaso sistemático, la insuficiencia o la futilidad de los esfuerzos, la irritante verborrea del marketing político, la escenografía burocrática que huele a fuego de artificio. No quiero desconocer los esfuerzos desplegados o reducirlos a la nada, pero la complacencia me parece detestable, execrable a estas alturas. Más allá de la creación del Consejo del Libro y sus programas de fondos concursables, y de los esfuerzos de la DIBAM por surtir mejor a las bibliotecas públicas y darles vida, poco ha ocurrido en Chile en estos años.

Empeño no es lo mismo que desempeño. Mucho ruido, pocas nueces. Bonitas frases, pero resultados deficientes. La complacencia carece de fundamento, sin embargo nadie le pone el cascabel al gato. Muchas autoridades han tendido a sacar cuentas alegres y siguen avivando su propia cueca, sin asumir la necesidad de cambios estructurales.

Tenemos menos de una librería cada 100.000 habitantes, y debiéramos tener diez. Usamos un promedio de 600 palabras para expresarnos. En las bibliotecas públicas menos de medio libro per capita; debiéramos tener 10 veces más. Un 60% de la población no leyó nada el año pasado. Dos tercios de los gerentes y directivos entiende poco y nada de lo que lee; ¿qué podemos exigirle a los estudiantes universitarios, básicos y medios? Las pruebas aplicadas hablan por sí solas del fracaso. Los tirajes de las ediciones locales bajan y el libro se convierte en un artículo escaso más que suntuoso. Suma y sigue. Mejor detenerse. ¿Cómo sacar cuentas alegres si prevalecen estos hechos?

No estamos haciendo nada significativo como país en cuanto al fomento del libro y la lectura. Es lo único que puedo concluir, y es lamentable. Quizás algunos dirán, “ése es un flagelante”, y seguramente serán los portavoces de la complacencia.

El foco en el asistencialismo (conste que escribo estas líneas antes de que se conozcan los resultados de los concursos de proyectos, sin saber si será beneficiado algún proyecto de mi interés, precisamente para actuar con independencia, y no bajo el influjo del éxito o el fracaso), más allá de sus efectos inmediatos, ha hecho perder el foco. Perfeccionar, ampliar, transparentar (al menos en la intención), los sistemas de concursos se ha convertido en una obsesión que obnubila al Consejo del Libro, y lo priva de ejercer una acción directa, efectiva y concreta. Podría objetarse que sea esta institución quién realice tal acción, argumentando definiciones y restricciones legales, pero los resultados son elocuentes. Alguien tiene que hacerse cargo y ese alguien se llama Estado o Gobierno.

Sea el Consejo del Libro, el Ministerio de Cultura, o el Ministerio de Educación, o todos ellos, pero alguien debe hacerse cargo de proponer, conducir y generar un vasto plan inteligente que nos permita salir, como país, del devastador estado en que se encuentra la lectura en Chile. Es una tarea urgente, patriótica y de inconmensurable efecto en el futuro. Esto, sin embargo, requiere de una voluntad política expresada en la forma de un plan ambicioso y un presupuesto de acuerdo a la magnitud de la tarea. No es un objetivo menor, uno más entre muchos otros, pues se vincula a la educación y la cultura de un país cuyas pretensiones de desarrollo permanecerán estáticas, en calidad de aspiraciones inalcanzables, mientras no se reviertan las alarmantes tendencias bosquejadas.

05 mayo, 2007

LUCES DE NEON


Despertó mientras avanzaba abriéndose paso entre centenares de personas ansiosas por llegar a su destino lo más pronto posible. Lo estrellaban con los hombros, con bolsos, con maletines. El presentía alguna malignidad en esas colisiones aparentemente casuales. Atardecía ya, y los letreros de neón comenzaban a destellar sobre las paredes de los enormes edificios. Los rostros de los pálidos transeúntes se iluminaban con aquellas trémulas luces de colores. Los automóviles hacían sonar sus bocinas y rugir sus motores, y los conductores solían abrir las ventanillas para insultar a alguien. Esto fue lo primero que vio al despertar como de un largo sueño del que había regresado desprovisto de recuerdos. Al pasar por una tienda de periódicos, supo que allí se vendían diarios, revistas, pudo comprender las palabras de los encabezados, aunque sin encontrar sentido a las noticias, pues carecía de referentes contra los cuales compararlas. No podía establecer si alguna noticia era disparatada o cuerda, por ejemplo. Sin embargo, esto dejó de interesarlo casi instantáneamente. Más atraía su atención la divertida premura que parecía animar aquellas legiones de caminantes con rostros centelleando en lila, verde, amarillo. Muchos de ellos portaban paquetes envueltos en papel. Adivinó que se trataba de comida para calentar en esos hornos especiales. Los anuncios de una fuente de soda ofrecían una hamburguesa y un jugo de frutas por un precio aparentemente irrisorio. Recordó la sensación del hambre y después vino el asombro de no experimentarla. Siguió caminando por lo que identificó como una avenida inundada de vitrinas de artículos electrónicos, ropas, muebles, alimentos, licores, discos, plantas, alfombras, libros, frutas. A medida que avanzaba por la avenida iba identificando el contenido de cada vitrina, sin saber siquiera si eran objetos o alimentos que le hubieran pertenecido alguna vez. Supo que las manzanas eran aquellas frutas rojas y redondas, que eran dulces y carnosas, pero le fue imposible recordar si las había probado alguna vez. Se respondía a sí mismo que debía haber comido manzanas pero ¿qué era eso de dulces? Lo dulce es placentero. Lo dulce es lo contrario de amargo. Las manzanas son dulces. Debe ser agradable comer una manzana. Para comer es preciso tener hambre. El hambre es un ardor en la boca del estómago. El hambre es sólo una palabra como la manzana. No siente hambre. Jamás ha sentido hambre. Jamás ha comido una manzana. ¿Pero cómo puede saber todas estas cosas si no puede recordarlas?

Cuando llegó a una esquina pensó que debía atravesarla por las líneas amarillas cuando los coches estuvieran detenidos ante una luz roja. Casi instantáneamente evocó la remota necesidad de poseer alguna identidad. Cada uno de esos seres a su alrededor poseía un nombre, un domicilio, un trabajo, una historia detrás. El apuro tenía relación directa con su identidad. Posiblemente volvían a casa de sus trabajos, llevaban comida para calentar mientras encienden el televisor, quizás daban un beso en la frente de sus hijos dormidos, tal vez tenían invitados a cenar. Quiso rememorar un nombre para sí, y escuchó en su interior una lista interminable y carente de sentido. Ningún nombre que viniera a su mente tenía el más mínimo significado. Comenzó a pronunciarlos en voz alta: acaso de ese modo cierta sonoridad retumbara en su conciencia oculta y removiera los engranajes de la memoria. A su alrededor la gente iba disminuyendo junto con la penumbra. Una anciana de gruesos lentes lo escrutó mientras agitaba la cabeza horizontalmente, compadeciéndolo. Un pequeño lo indicó a su madre entre ráfagas de risas. Pensó que estaba hablando en voz muy alta, casi gritando. Alcanzó también a sorprender sus propias manos gesticulando con vigor demencial. Estaba protagonizando un verdadero espectáculo. Hundió las manos en los bolsillos de la chaqueta y la mirada en las baldosas de la calle para seguir avanzando hacia ninguna parte. Estaba casi completamente oscuro y las luces de neón reverberaban en sus pupilas cuando alzó la mirada hacia los gigantescos edificios. Imaginó que sus pasos lo llevaban por instinto hacia el lugar donde su cuerpo acostumbraba descansar, pero pronto desechó esta posibilidad al percibir que le daba exactamente igual caminar en cualquier sentido. Retrocedió y no sintió nada especial ni siquiera después de varias cuadras. Dobló a la izquierda y nada. Todo lo que le rodeaba parecía familiar y extraño a la vez: conocía los nombres de las cosas, recordaba su utilidad, sus propiedades, sus variantes posibles, mas no había en él una mísera huella de pasado en relación con ellas. Peor aún, el pasado definitivamente no existía, a no ser aquel instante del atardecer en que se encontró a sí mismo hormigueando entre miríadas de transeúntes. Sonrió de pronto al descubrir que se trataba de una angustiosa pesadilla de la cual despertaría en cuanto se lo propusiese de verdad. Era curioso, eso sí, que no sintiera mayor angustia por los hechos. Desde ese punto de vista no parecía tratarse de una pesadilla. Bueno, un sueño entonces, y recordó eso de pellizcarse. Dudó por algunos instantes sintiéndose algo absurdo. Finalmente se detuvo junto a una vitrina de quesos y retorció con disimulo la piel de su muslo derecho. Cerró los párpados para percibir el dolor con más intensidad. Algo ardía y punzaba allá abajo. Casi disfrutó el padecimiento mientras imaginaba despertar en una alcoba que variaba en una suerte de infinita secuencia de diapositivas. Abrió los ojos cuando un muchacho moreno sacudía su hombro preguntándole si le pasaba algo malo. La luz de la vitrina de los quesos brillaba en sus pupilas negrísimas en tanto le ofrecía ir por un médico, una medicina, un vaso de agua. El lo miraba como atontado, sin saber qué decirle. Por último atinó a asegurarle que no tenía nada grave, que gracias y que siguiera su camino. Así lo hizo el muchacho, pero notó que se alejaba como a regañadientes, viéndolo de reojo quedarse parado allí junto a la tienda de los quesos. Entonces no era un sueño. Le asombró no sentir pavor o ansiedad. ¿Lo esperarían en alguno de esos millones de departamentos? ¿Tendría familia, amigos que se preocuparan de su desaparición? Claro que nadie podría inquietarse hasta tarde, llamarían a la policía, a los hospitales, a la morgue, al trabajo. Entre tanto, él vagaría amnésico por la ciudad interminable. De repente se puso a hurgar los bolsillos de su ropa, ¡qué tonto no haberlo intentado antes!, allí debería estar su identificación, dirección, edad, fotografía, todo. Encontró unas monedas, un pañuelo, una billetera con una suma que reconoció como alta, pero ningún papel que tuviera identificación alguna. Tampoco llaves, tarjeta de crédito, agenda. Nada, absolutamente nada que pudiera servirle de mínima pista. Discurrió presentarse en una estación de policía o en un hospital declarándose amnésico. Su fotografía aparecería en los noticiarios de televisión y en los periódicos. Alguien lo reconocería e iría por él. Ese sería el final de todo. Se puso a caminar de muevo, seguro de emprender la búsqueda de un policía. De pronto consideró la posibilidad de que fuese un criminal, de que su amnesia ocultaba horrendos asesinatos, aberraciones sin límite. Quizás era un peligroso demente homicida fugado de alguna clínica psiquiátrica al cual encerrarían sin piedad en una de esas piezas acolchadas. Hasta podían darle muerte antes de alcanzar a hablar. Era curioso que pudiera ser un asesino o un loco, ningún pensamiento suyo así lo indicaba, pero tampoco lo excluía de plano. Resolvió no hablar con nadie por el momento y prosiguió su deambular desprovisto de sentido.

No experimentaba fatiga aunque llevaba varias ¿horas? ¿minutos? vagando por cualquier parte. Concluyó que en algún momento retornaría su memoria de manera sorpresiva. Aspiró con fuerza el aire de la noche porque eso sería beneficioso para su organismo, para la dormida memoria que se agazapaba en algún oscuro rincón de allá adentro. Palpó su cabeza en busca de huellas de algún accidente, pero no encontró dolores ni señales en su cráneo. ¿Y si era un extranjero? Había comprendido perfectamente el idioma del muchacho, los insultos de los conductores de automóviles. Sabía que existían otros idiomas, pero ninguno de ellos acudió a su mente. Al distinguir su reflejo en la vitrina de una tienda de ropas advirtió que no pertenecía a un grupo étnico diferente a quienes se dirigían con prisa a sus lugares misteriosos y urgentes. ¿Y si no hubiese nadie esperándolo? ¿Si nadie le conociera en esa ciudad inmensa? ¿Si hubiese crecido en ella sin papeles, sin trabajo, fuera de todo orden y control? ¿Si alguien hubiese destruido su memoria, su identidad, sus posesiones, de modo que no prevaleciera ningún signo de su existencia anterior? Sería una especie de crimen, sólo que sin muerte física de por medio. Le habrían arrojado a la calle con una suma de dinero que le permitiera rehacer su vida de cierta forma; un gesto humanitario, sin duda. Podía tratarse también de una segunda oportunidad, después de una acción aborrecible que debía ser olvidada definitivamente, para no dar paso a la autodestrucción o a la locura. O tal vez tenía una misión especial y secreta entre estos seres apresurados y simples que la ciudad apremiaba para devorarlos en sus cubículos de metal y concreto. Eso era, él tenía una secreta misión que cumplir entre las miríadas de seres abandonados al hambre, a la fatiga, a las obligaciones absurdas, a la extravagante necesidad de buscar placeres, al irritante sometimiento de las emociones. Se sintió seguro de esta reflexión y su marcha se hizo más firme y decidida. En ese instante un furgón azul se detuvo a su lado. Bajaron de él dos hombres vestidos con buzos naranjas y provistos de gafas oscuras que ocultaban sus facciones. No percibió ninguna sensación de peligro y se quedó estático observando su accionar. Se aproximaron con naturalidad. Uno de ellos portaba una especie de detector. El más alto le dijo que estuviese tranquilo y así lo hizo. El otro le tocó con una especie de electrodo y sintió un ardor similar al de los pellizcos. No pudo moverse más después del chispazo, pero podía ver y escuchar a los hombres de buzo naranja. El pequeño se congratuló de haberlo encontrado tan pronto, pues debía cenar con la familia de su mujer esa noche y ella no le perdonaría que se tardase demasiado. El alto anunció que iría al cine a ver unas películas de terror, que eran las que más le gustaban. El pequeño acercó su mano izquierda a su pecho y abrió una especie de portezuela. El alto gruñó algunas palabras ininteligibles contra el imbécil bromista que lo había activado sin unidades de memoria completas. Vio abrir la piel de su tórax y observó los dedos del hombre pequeño girar un switch negro que apareció entre puntitos titilantes como las luces de neón de la ciudad, y de pronto ya no pudo ver ni escuchar a aquellos insulsos hombres de buzo naranja.

* este cuento pertenece al volumen LUGARES SECRETOS (Mosquito Comunicaciones, 1994), Premio Consejo del Libro al Mejor Libro de Cuentos publicado ese año.