21 junio, 2011

Educación pública gratuita (2)


No creo en ningún dios con marca registrada. Ninguna religión ha logrado convencerme. Sin embargo, puedo imaginar que existe un ente superior al que puedo contarle mis penas y mis rabias, y rogarle para que nos ayude. De esa extraña convicción y de la emoción que siento ante lo que sucede en mi país, ha surgido este texto.

Me da rabia que a nuestros representantes en el congreso -como norma, porque no pierdo la esperanza de que haya excepciones- les importe un comino defender nuestros intereses. Los veo más ocupados en representar los intereses de sus partidos políticos, de los financistas de sus campañas, de los poderosos que los tientan, los manipulan y los presionan. Los ciudadanos les interesamos muy poco, eso se nota, y me molesta, porque las cosas no debieran ser así. Y esto también vale para otros dirigentes afincados en toda clase de organizaciones que han dejado de servir a sus bases, sean ellas partidos políticos, sindicatos, gremios o clubes de fútbol.

Por eso te pido encarecidamente que nos ilumines con la gracia de la autonomía de pensamiento, que nos hagas ver la imperiosa necesidad de que pensemos y actuemos por nuestra cuenta. Me encoleriza que nos crean idiotas y que traten de manipular nuestras conciencias mediante la farsa sistemática y oprobiosa que los medios de comunicación –fieles a los intereses de sus propietarios- propalan por doquiera. “Una mentira mil veces repetida....se transforma en verdad”, aseveraba Joseph Goebbels, y me horroriza ver y oír a sus seguidores por todas partes.

Por eso te pido con humildad que nos dotes de agudeza para analizar la realidad en que vivimos y que no nos dejemos influir por las meras apariencias de escenografías bien montadas, para distinguir la mentira de la verdad y ver debajo del agua turbia de las versiones oficiales.

Me indigna que pretendan dirigirnos y darnos lecciones de ética aquellos que unas pocas décadas atrás caían de rodillas para recibir las medallas que repartía el dictador en un cerro coronado de antorchas que no consiguieron penetrar la oscuridad de un país estremecido por el crimen institucionalizado.

Por eso te ruego nos dotes de la capacidad de recordar e interpretar la historia y sacar nuestras propias conclusiones.

Me crispa que quienes permitieron o facilitaron que tantos oprobios se hayan mantenido inalterables por décadas, ahora se llenen la boca con exigencias que no ejecutaron, sea por comodidad, por temor o para mantener el status quo.

Por eso te pido que no nos hagas confiar en falsos cantos de sirenas que pretenden convertirnos en un inmenso rebaño.

Me da ira que los autoritarios, los maquinadores, los sectarios y los manipuladores se apresten para obtener beneficios de las esperanzas y los esfuerzos de las personas sencillas que sueñan con un cambio real.

Por esto te demando que nos refuerces la conciencia libertaria y sobre todo la tolerancia para descubrir nuevos caminos y tener el coraje de recorrerlos.

Me irrita anticipar que en aquellas sendas de futuro que imaginaremos juntos, los adversarios del progreso y los ambiciosos del poder instalarán millares de obstáculos: trampas, tentaciones, señales erróneas, amenazas, represiones y quizás hasta crímenes. Los cambios necesarios no son fáciles de lograr: tomarán mucho tiempo y requerirán grandes esfuerzos.

Por eso te imploro que nos llenes de fe y perseverancia para seguir adelante, contra viento y marea, y no renunciar a la esperanza de un país mejor. Te exijo nos infundas tanto coraje como inteligencia y fuerza, porque la razón está de nuestra parte.

Te suplico que nos transformes profundamente, nos hagas entregarnos a esta lucha con generosidad, con transparencia, sin segundas intenciones, porque así seremos mejores como personas. Ese es el único camino que nos conducirá a un país mejor, más justo y más solidario.

Diego Muñoz Valenzuela

18 junio, 2011

Restaurantes chinos

Esta es la revelación: hay un solo restaurante chino, un solo modelo único replicado millares de veces en todo el mundo, en cada ciudad y en cada pueblo. Cambian los nombres en idioma local, pero los signos son siempre idénticos. La decoración, los muebles de madera con barniz oscuro, el color invariablemente rojo de la fachada, las lámparas amarillentas y los desgastados manteles blancos, los adornos, los obesos budas y los dragones dorados. Puedes comer los mismos platos en Madrid, Lima o San Francisco, y te atenderán más o menos las mismas personas sonrientes y silenciosas.

¿Qué misterio anida tras esta realidad? ¿Una monstruosa conspiración montada urbi et orbi? ¿Qué pensamientos, qué propósitos anidan tras sus ojos oblicuos? Fíjate bien la próxima vez que vayas a uno de ellos, abre los ojos, examina los detalles, observa sus movimientos y escribe tus conclusiones.

16 junio, 2011

Educación pública gratuita


Soy un hijo entre tantos de la educación pública chilena. Lo digo con emoción y agradecimiento. Estudié en la Escuela No. 48 San Salvador de Ñuñoa, el Liceo No. 7 José Toribio Medina y el Instituto Nacional, desde donde egresé en 1973, para entrar en al año siguiente a la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile. Me titulé sin tener que pagar sumas exorbitantes como las que es necesario cancelar ahora por matrícula y colegiatura de universidades. Mis padres quedaron inscritos en las listas negras después del Once y jamás tuvieron trabajo en dictadura; no habrían podido financiar mi educación en las condiciones actuales; así de simple.
Todo lo que soy –lo que somos, porque soy uno más entre millares- se lo debo a los maestros que tuvieron la capacidad y la paciencia de enseñarme sin esperar a cambio nada diferente a nuestra conversión en jóvenes conscientes e ilustrados, en ciudadanos autónomos y libres. A esos profesores los rememoro con gratitud y con cariño, con los ojos brillantes de emoción. A doña Ana Madariaga en la escuela primaria, que supo empujarme a una superación constante y enrielarme al mundo de las letras. Jorge Villalón, el profesor que supo entusiasmarme con el mundo apasionante de las matemáticas modernas. A Osvaldo Arenas que no sólo me enseñó francés, sino que el arte del tesón y la disciplina. A Ignacio Guzmán que me obligó a ir mucho más allá de mí mismo en materia de imaginación. A Moisés Mizala que supo revelar los misterios del cuerpo humano. Y a tantos otros, que como los mencionados, supieron entregarme no sólo saber, sino una visión integral de la vida y una ética intachable que divulgaban –quizás sin saberlo- mediante el ejemplo de sus vidas.
Hablo de ética, no de moralina. De hombres llenos de necesidades que entregaban su tiempo sin medirlo. Que nos alentaban a entregar lo mejor, a soñar con un mundo nuevo que era necesario construir con nuestras manos y nuestras mentes. Profesores que en el más oscuro momento de nuestra historia –la pavorosa dictadura militar- supieron hacer universidad en medio de la represión, que es mucho más que entregar contenidos. La lista es larga y debo comenzar por Claudio Anguita (Decano de la Escuela de Ingeniería), que supo defender con valentía a sus alumnos de las presiones de la Rectoría y de los servicios de seguridad. Y aunque sea injusto mencionar unos pocos, no puedo dejar de recordar a Oscar Wittke, Hernán Von Marttens, Patricio Cordero; ellos siempre estuvieron junto a nuestras iniciativas y luchas estudiantiles, alentándonos a seguir adelante y aportándonos su sabiduría y su valentía moral.
¿Quiénes seríamos hoy sin maestros como estos? No tengo respuesta. Solo siento una gratitud gigantesca, indestructible. Y me pregunto cómo puedo agradecerles. Quizás escribiendo estas líneas, para empezar…
Si queremos un país grande y hermoso, debemos restituir aquello que la dictadura nos quitó oprobiosa, indignamente: la educación pública gratuita, para todos. Lo digo porque este acto atroz debiera ofender nuestro orgullo nacional. La imposición primero del autofinanciamiento y luego la apertura al mundo de las universidades privadas y la municipalización de colegios y liceos, fue como clavar una lanza envenenada en el alma nacional.
Nuestra esperanza de crecimiento y desarrollo con equidad para el Chile futuro solo puede fundarse sólidamente sobre la base de una educación pública gratuita para todos, financiada por el Estado.
Debemos ponernos a la altura de esos maestros maravillosos que pavimentaron el camino hacia lo que ahora somos. Podemos desandar la tremenda destrucción social, cultural y educacional que dejó como herencia la dictadura, y que la democracia –lamentablemente- no ha tenido la fuerza o el coraje de revertir, para construir un país realmente extraordinario, bello y justo.
Hoy vi a varios jóvenes corriendo alrededor de la Moneda con banderas con la leyenda EDUCACIÖN PÚBLICA GRATUITA. Se me llenaron los ojos de lágrimas. Creo que tenemos la posibilidad de construir un mundo mejor. No podemos desperdiciarla. Debemos hacerlo; todos unidos seremos capaces de lograrlo, y esto no es ni puede ser un eslogan. Es la convicción a partir de la cual acumularemos la fuerza y la inteligencia necesarias.
En consecuencia, tomo esa bandera de palabras y corro con ella siguiendo el ejemplo de los jóvenes que he visto haciéndolas flamear en este día, en nombre de esos magníficos maestros a quienes les debo ese cúmulo de conocimientos, convicciones y emociones que, al fin y al cabo, es lo que nos hace mejores, más sabios, más solidarios y más humanos.

Diego Muñoz Valenzuela
escritor e ingeniero

11 junio, 2011

“Las criaturas del cyborg”, novela, Diego Muñoz Valenzuela


Las criaturas del cyborg”, Simplemente Editores, 216 páginas

por Antonio Rojas Gómez

“Un abrelatas con pretensiones humanas”, así se autodefine Tom, el cyborg protagonista de esta novela, en conversación con Rubén Arancibia, el científico que lo construyó (Pág. 16). En realidad, es bastante más humano que un abrelatas. En primer lugar por su aspecto, pues su estructura metálica está recubierta por una piel artificial perfecta que en nada se diferencia de la que solemos usar. Luego, porque es autónomo, actúa por cuenta propia, sin esperar órdenes de su creador. Y enseguida, porque distingue cabalmente el bien del mal, lo que es propio de nuestra especie moralmente apta. Y elige el equipo del bien en este partido, que no tiene nada de amistoso, y que conforma la trama de una historia cautivadora.

Puede que Tom sea conocido para los lectores aficionados a la ciencia ficción, que hayan leído su primera aventura, “Flores para un cyborg”, merecedora en 1996 del Premio del Consejo Nacional del Libro a la mejor novela publicada aquel año, y fue editada también en España donde recogió comentarios elogiosos. Aquí vuelve en gloria y majestad para sorprendernos con sus cualidades de inventor. Él mismo es un invento, y genera nuevos ingenios, unos bichitos minúsculos, microscópicos, que cumplen funciones de espionaje y aun de cirujanos exitosos al salvar la vida de uno de los personajes más amables hacia el final del libro. ¿Podrá la inteligencia artificial llegar a resultados tan sorprendentes y valiosos en la vida real? Lo ignoramos. De lo que sí estamos seguros es de que en el territorio encerrado en las páginas de esta novela se logra de manera convincente. Y eso es lo que distingue a la buena literatura, generar mundos a los que el lector ingresa, en los que participa y convive con los personajes, ampliando sus experiencias y alimentando su sensibilidad y su inteligencia.

Quienes se aproximan a la literatura con un afán clasificatorio, tendrán dificultades para instalar esta novela en alguna de las naves del gran supermercado de la creación artística. ¿Es una típica novela de ciencia ficción? ¿Es novela negra? ¿Es política? ¿Social? Yo diría que es todo eso y más: simplemente humana.

La trama nos sitúa en el Chile de hoy. Una organización perversa, Génesis, sobrevive en las sombras esperando el instante de dar su zarpazo para recuperar el poder de que gozó en tiempos predemocráticos. La integran malos malos, que buscan alcanzar sus metas ultimando a buenos buenos, entre los que se encuentran Tom, Rubén y algunos personajes más, en especial un viejo profesor sumergido en un océano libresco, que resulta entrañable. Hay acción, contubernios, crímenes, escenarios que van desde tugurios de mala muerte a mansiones con parques ubérrimos por los que pasean faisanes dorados. La tensión va in crescendo y está matizada por pinceladas de fino humor.

En suma, “Las criaturas del cyborg” es una novela bien construida, amable pese al espanto que destila su argumento, de lectura fácil, envolvente, que da mucho que pensar. Un producto maduro de uno de los buenos narradores chilenos de la actualidad.

21 mayo, 2011

El huevo del Apocalipsis


El ínfimo pájaro estaba sentado sobre el huevo gigantesco que apenas se equilibraba sobre el nido. Su pretensión era evidentemente desmesurada, puesto que el óvalo tendría cien veces su tamaño. No obstante, el plumífero permanecía allí, empecinado. Tal vez empollaba al anticristo de los pájaros: una criatura letal que arrasaría con sus congéneres. O quizás con el mundo completo. Me fui de allí horrorizado. No quería asistir al momento de la eclosión.

14 mayo, 2011

Para gloria del innombrable


Aquel innombrable que tiene el poder de asignar la calidad de las personas, dictaminó que Benazul era el ser más siniestro del globo. Esto fue transmitido en todas las naciones y todas las lenguas, porque el innombrable es el dueño de todos los medios, así como es amo de todo lo que existe en el mundo. Benazul fue acusado de las mayores perfidias de la historia: criminal sin nombre, complotado, genocida, sicópata torturador, ladrón, depravado. Una interminable lista de atrocidades.

Benazul fue eliminado del mapa. Lo despedazaron lentamente antes de darle muerte. Transmitieron sus gritos desgarradores, las súplicas desesperadas y las grotescas confesiones. Aniquilaron a sus mujeres, sus hijos, sus amistades, sus colaboradores. Y así el mundo fue purificado, para gloria del innombrable que nos protege con mano firme de la iniquidad, impartiendo la justicia por doquiera.

07 mayo, 2011

La máquina del tiempo 1


Presuroso, al ver acercarse la góndola, ajustó su sombrero alón y apretó el cinturón del sobretodo antes de subir por la escalerilla. Llovía a cántaros y requería con urgencia para remediar los vértigos de la abuela licor anodino de Hoffman. Esa receta solo podía despacharla la botica del farmacéutico Hufeland, ubicada en pleno centro. Tomó asiento y miró sus embarradas galochas y se entretuvo mirando el lluvioso paisaje: biógrafos, mercerías, tranvías, abastos desfilaron ante sus ojos. Lamentablemente, la anciana estaba cucufata y a causa de inexplicables desvelos, solía abandonar la cama por las noches. Uno de aquellos vértigos la había cogido y estuvo a punto de descuajeringarse. ¡Pucha máquina la señora bien dunda! Ahora precisaba aquel escaso y caro elixir. Tendría que despojar sus menguadas faltriqueras para prevenir otro soponcio de la vieja y la trifulca consecuente. Su madre le había ordenado sin derecho a réplica: “no vuelvas sin la droga, estafermo, pinganilla, pelafustán roñoso”.
Bajó de la góndola, pero antes de ingresar a los dominios del boticario, una hetaira lo arrastró a las profundidades de un burdel. Allí el sicalíptico mequetrefe se entregó con ardor a las bataclanas, iniciando una sandunga interminable. Recién al otro día logró el badulaque escapar de aquel cuchitril, sufriendo de antemano la debacle que su madre iba a desatar. Aquellas felonías la sacaban de quicio. Estrilaría hasta que le diera puntada, meditó el tarambana. No le quedaba otra que convertirse en lambeculos y soportar la lluvia de pescozones que su progenitora desataría sobre él. ¡Ojalá le diera un patatús por la rabia y desmayara antes de atormentarlo demasiado! Las pelanduscas se habían apoderado de todo su dinero, así que más encima era un atorrante. Merecía que lo desconchabaran por babieca, concluyó, y se regresó a casa, a pie, despotricando, pateando quiltros por quítame estas pajas, pensando en la zurra que lo aguardaba.

01 mayo, 2011

El relato y los políticos


En algún momento se desató la moda que interesó a los políticos en el “relato” y centenares de ellos se inscribieron en talleres literarios. Esto significó pingües ganancias para los autores, que por un momento alcanzaron inéditos estándares de masividad en sus matrículas. Cabe destacar que los saldos de sus cuentas corrientes pasaron de rojo a azul, al menos por un breve periodo.
Sin embargo, la moda poco duró, debido al surgimiento de una serie de características que defraudaron hondamente las expectativas de los profesionales de la política y los obligaron a escapar a toda velocidad del territorio literario:
• La necesidad intrínseca de un propósito para el relato, que lo sostenga en sí mismo. Para el político el objetivo del relato es externo al ente en sí: su propósito es darle atractivo y credibilidad a su accionar.
• La estructura consistente, donde no es tolerable la existencia de elementos prescindibles, meramente decorativos y efectistas.
• Si bien la distinción entre veracidad y verosimilitud los alentó en un primer momento, pronto advirtieron que era inaceptable cambiar constantemente la interpretación de los hechos.
• El imperativo de trabajar el relato en forma recursiva, refinando versiones, corrigiendo, eliminando aspectos fútiles y escogiendo los vocablos más precisos.
• La exigencia de manejar narradores distintos a la primera persona, o bien personajes relevantes distintos al YO.
• La exclusión de la retórica y la promesa en el aire como herramienta literaria válida.
• La regla inmanente de la originalidad, esto es, no replicar indefinidamente los truquillos que han funcionado antes.
De este modo, la única huella que dejó esta moda pasajera, fue el pago de algunas cuentas pendientes de los escritores. En los políticos se afincó la vieja idea de que los escritores son seres imprácticos y peligrosos, potencialmente claro está, nada más que eso, potencialmente.

29 abril, 2011

Cambios de horario


Mediante sucesivos decretos, el gobierno fue estableciendo cambios de horario cuya acumulación determinó finalmente que la vida se desplazara a un ciclo nocturno. En consecuencia, durante el día imperaban el silencio y la inactividad en las calles con raras excepciones: vigilantes, policías, personal técnico de emergencia, bomberos, médicos.
Durante un tiempo reinó la paz. Luego algunos disidentes (nunca faltan) propusieron desplazar el horario para aprovechar la luz del día. La propuesta fue rechazada por las autoridades y el tema se convirtió en disputa central de la política.
Cuando otra coalición alcanzó el poder, se implementó el cambio. A esas alturas nadie recordaba que nada más estaban regresando al origen. Los noctámbulos fueron derrotados y pasaron a la clandestinidad, a la espera de una oportunidad de repostular su ideología.
Aquellos que observan en silencio el devenir de la historia se dividen entre quienes piensan que el asunto da lo mismo y que en el fondo el orden de las cosas se mantiene inalterables, y unos pocos cínicos que aseveran que la diferencia está en quienes ocupan la cima. Tal vez haya otra explicación.

22 abril, 2011

Errores ortográficos 1


En su primer viaje por el trópico, un mosquito lo picó y le transmitió el paludismo. La enfermedad se incubó y su manifestación ocurrió varias semanas después de su regreso. El médico que realizó el diagnóstico preliminar garabateó unas líneas ininteligibles en el reporte. La enfermera que trató de descifrar los jeroglíficos escribió “peludismo” en el computador.
En los días siguientes, el todo el cuerpo del paciente fue cubriéndose de toda clase de vellosidades profusas. En pocos días acabó convertido en un simio peludo. El médico efectuó una nueva anamnesis y advirtió el error. Fiel a sus métodos, registró el cambio de diagnóstico en un papel que entregó a la enfermera, que digitó “peladismo”.
Tras este desaguisado, el infectado se desprendió a las pilosidades y se ganó una fulminante alopecia. Asumió resignado su nueva condición. Una peluca y dos hábiles trazos de cejas resolvieron los inconvenientes. Jamás experimentó fiebres, escalofríos o náuseas. Jamás reniega del sistema de salud. Menos aún del atroz decaimiento de la ortografía o de la espantosa caligrafía que impera en la era de los computadores.

16 abril, 2011

Visita demoniaca

Cuando ya sentía próximo mi fin, me visitó el demonio. Aposentó su peludo trasero sobre mi colcha nueva y cruzó sus patas terminadas en pezuñas. Olía pésimamente, como si hubiera devorado una fuente repleta de ajos y cebollas machacados. Molesto, le representé mediante señas mi reclamo por el insufrible hedor. Echó a reír expeliendo fétidas nubecillas de azufre. Sus membranosas alas se estremecían con las carcajadas. -No mañosees –me dijo con una voz aún más terrible que su aliento-, mal que peor he tenido la deferencia de venir a verte. En aquello tenía razón, reflexioné, y asentí. Quizás tenía algo importante que comunicarme antes de que yo expirase. -¿No quieres saber el destino que te aguarda? –bramó molesto el demonio. Denegué con la cabeza y mantuve el silencio. Eso lo irritó más. -Ya sé que te desagrada el imperio de mis paradigmas… pero no puedo responder por ello. Nadie reclama, ni siquiera los sacerdotes, que se han transformado en mis embajadores principales, de modo que tú, que tú, que nos has sido precisamente un santo… El diablo estaba muy enojado y yo sin fuerzas. Ni siquiera se me ocurría cómo ayudarlo. Era evidente su costumbre de ganar cuanta partida se le ofrecía. -Bueno, ¿quieres un trato? Sí o no, necesito una respuesta. Conste que estoy bastante ocupado por estos días. Volví a denegar sin abrir la boca. Me sentía cada vez con menos energías. La vida me abandonaba con premura. Partió furioso tras despedir llamaradas sulfurosas. Ese gas me sanó, quizás por qué misteriosa razón. Tal vez me haya dado una chance para que me convenza de algo. No tengo la más mínima sospecha. Y no ha regresado

10 abril, 2011

Consecuencias del Mesmerismo

En plena sesión espiritista, cuando los participantes comenzaban visiblemente a perder la paciencia, a uno de ellos –a título de último recurso- se le ocurrió invocar a Franz Mesmer. Entonces sí que ocurrieron muchas cosas. Una silla antigua, de estilizadas patas curvas, se largó a correr como gacela por la estancia entre los aullidos de las horrorizadas damas asistentes. Un sillón pesado y burdo partió en su siga, dando saltos prodigiosos para su contextura. La mesa alrededor de la cual se efectuaba la ceremonia también adquirió vida y comenzó a caminar por las paredes con la habilidad de un arácnido. El sillón acorraló a la silla con evidentes intenciones de aparearse con ella. Esa fue la gota que rebalsó el vaso. La médium prendió la luz y pronunció un conjuro indescifrable y agregó algo sobre el magnetismo animal. Las cosas regresaron a la normalidad rápidamente. Los muebles se tranquilizaron y volvieron a sus puestos, mansos y estáticos. Desde entonces profeso un riguroso materialismo.

20 marzo, 2011

Taller de Cuento 2011 de Diego Muñoz Valenzuela


Se realiza los días martes a las 19 horas, desde fines del mes de abril y por un periodo de 16 sesiones. Es un taller para quienes se interesen en aproximarse al conocimiento del género y quieran iniciarse en la escritura de cuento. Muy cerca de la estación de Metro Pedro de Valdivia.

Escribir al correo electrónico: dmunoz@surlatina.cl y enviar datos personales (nombre, teléfono, mail, edad, estudios, interés en el taller, etc.), indicando las razones específicas de su interés por participar.


Orientación del Taller

Este taller literario está orientado personas interesadas en incursionar en el género cuento. No es necesario que hayan escrito anteriormente. También pueden ser personas interesadas en desarrollar su apreciación narrativa y aprender técnicas básicas.

Los objetivos básicos de este taller de cuentos son:

• Conocer las principales características del cuento contemporáneo a través de lecturas escogidas
• Conocer los conceptos básicos ligados a la escritura del cuento, y las principales tendencias vigentes
• Aplicar los conceptos anteriores en el análisis de cuentos en el taller (los participantes pueden traer sus propios textos con este fin).


Funcionamiento del Taller

Horario: Martes de 19 a 21 horas
Periodicidad: Semanal
Ubicación: Cerca de la estación de Metro Pedro de Valdivia
Inicio: Se inicia a fines de abril de 2011.

Inscripciones y consultas

Escribir al correo electrónico: dmunoz@surlatina.cl y enviar datos personales (nombre, teléfono, mail, edad, estudios, interés en el taller, etc.), indicado las razones específicas de su interés por participar.

Antecedentes del Director del Taller

Diego Muñoz Valenzuela (Constitución, Chile, 1956)

Ha publicado los volúmenes de cuentos Nada ha terminado, Lugares secretos, Ángeles y verdugos, Déjalo ser y De monstruos y bellezas; y las novelas Todo el amor en sus ojos, Flores para un cyborg y Las criaturas del cyborg. Ha sido incluido en antologías y muestras literarias publicadas en Chile y el extranjero. Cuentos suyos han sido traducidos al croata, francés, italiano, inglés y mapudungun. Distinguido en diversos certámenes literarios, entre ellos el Premio Consejo Nacional del Libro en 1994 y 1996. Flores para un cyborg fue publicado por EDA Libros en España (2008) y Lugares secretos en Croacia por ZNANJE en 2009.

17 marzo, 2011

El entomólogo torturador 3


Observó con desprecio al díptero a través de la enorme lupa, a sabiendas que estaba condenado irremisiblemente. Disparó con precisión el láser sobre uno de sus ojuelitos, desintegrándolo. El insecto vibró de dolor.
-¿Cuántos pares son tres moscas? –aulló el interrogador.
Utilizó el rayo para seccionar una de sus patas traseras. Una mínima voluta de humo emanó del exoesqueleto y los élitros temblaron.
-Un mosquito mata un león. No te hagas el inocente y contesta. Antes he aniquilado a siete de un golpe –le quemó una docena de ojuelitos.
-En boca cerrada no entran moscas –replicó el díptero, sellando su suerte.

12 marzo, 2011

LAS CRIATURAS DEL CYBORG: la visión de Fernando Jerez


Las criaturas del cyborg
Revista Punto Final, No. 726. 7-20 enero 2011

El 11 de marzo de 1990 asumía la presidencia de Chile Patricio Aylwin. Por lo tanto, con meses de antelación comenzaron a desmantelarse los aparatos represivos cuyos miembros durante 17 años habían practicado con inclinación morbosa, la perversión y el crimen en todas sus facetas. Quedaron muchos desempleados que, para colmo, debían vagar a cara descubierta, desprovistos de las chapas cobardes que habían ocultado sus identidades. Por lo tanto, para subsistir en la holgura económica y en la recuperación de ciertas facetas de poder, encaminaron sus pasos al submundo de la droga, el tráfico de personas y el control de empresas comerciales. Pero otros peligros acechaban a estas almas miserablesmientras intentaban ubicarse en el nuevo contexto: surgían también unos pocos arrepentidos que podían delatarlos revelando sus nombres y los delitos repugnantes que habían practicado con toda impunidad.
En Las criaturas del cyborg, la más reciente novela de Diego Muñoz Valenzuela (Simplemente Editores, Santiago, 2010) hay también personas que no están dispuestas a tolerar el crecimiento de la flamante maléfica organización. Lo que seguirá en las páginas del libro es puro movimiento y vértigo. A Muñoz Valenzuela no le interesa detenerse en elucubraciones o devaneos filosóficos. Iniciada la lectura se entra de lleno en la acción, en el ajetreo de las conjuras que alimentan los dos grupos bien definidos que se enfrentan en sus páginas. Asistimos, pues, a la descomposición de los cuadros de la antigua inteligencia represiva, y a la sorprendente aparición de un militar que desea limpiar su conciencia develando temas que sus pares han juramentado callar. Está dispuesto, en medio de temores y balbuceos,desclasificar los hechos abominables que le impiden un sueño tranquilo. Pero no es fácil el arrepentimiento que implica traicionar a quienes en una época estuvieron tan férreamente conjurados. La delación suele ser fatal, por tanto, los perjudicados deciden silenciarlo cuanto antes. Una trama sencilla, para un problema humano complejo y trascendente. Conspiran los antiguos jerarcas y sus sicarios, como hemos dicho, tras el poder del dinero, las ganancias del narcotráfico y las inversiones cuantiosas, con la finalidad de recuperar en parte la omnipotencia perdida. Las actuaciones ocurren en las sombras más recónditas, pero para ayudar a resolver esos problemas está Tom, el cyborg que ha superado su condición de máquina inteligente para convertirse en un ser de piel sensible y de buen corazón. Y está el personaje que ha creado ese híbrido perfecto, esa existencia simbiótica de máquina y organismo vital. Un producto de la infinitud del ingenio humano. El cyborg, este cyborg de Muñoz Valenzuela, con la psiquis modelada minuciosamente, con la formación de códigos que le han permitido elaborar pensamientos, lógica y cálculos científicos, logra desarrollar una inteligencia autónoma tan poderosa, que es capaz de generar a su vez, sus propias criaturas: unos sorprendentes insectos microscópicos que se adhieren a las personas y que son capaces de acusar el menor movimiento y la voz más tenue a través de sus invisibles cámaras de transmisión.
Suena a novela de aventuras cuyo conflicto radica en la lucha secular entre el bien y el mal, en un campo de batalla donde los buenos y los malos combatientes no se dan tregua, como ocurría en el cine de antaño que nos encantaba, cuando gritando desde la platea avisábamos a los buenos que los malos estaban a punto de darles alcance. El mal tiene infinitas variaciones, incluso se viste de virtudes. La tecnología, los aparatos que han facilitado con su progreso el confort del hombre, han tenido avances increíbles, día a día, segundo a segundo. Pero la codicia y la corrupción no varían. La cultura de la violencia y del individualismo en pos del éxito sin sacrificio no admiten obstáculo alguno. Las criaturas del cyborg quieren encaminar a la humanidad en un sentido mejor. Y entre sus muchos personajes, se destaca también , como un homenaje, el aporte de los viejos sabios, esos seres que subsisten impregnados de experiencia, los que sólo se preocuparon de enriquecer el espíritu.
En suma, esta novela no permite el aburrimiento.

Fernando Jerez

05 marzo, 2011

El entomólogo torturador 2


Clavó nuevamente la cachiporra electrónica en los genitales del vencido escarabajo. Sin dejar de aplicársela, preguntó por última vez.
-No repetiré la pregunta, monstruoso insecto. ¿Qué le hiciste a Gregorio Samsa?

26 febrero, 2011

El entomólogo torturador


Se quedó mirando fijo los ojos de la mariposa. Después la abofeteó con rudeza antes de preguntarle por última vez:

-Contesta, si aprecias tu vida. No sigas protegiéndolo. ¿Dónde está el maldito Chuang Tzu?

20 febrero, 2011

Gorila en el living


El maldito gorila vestía uniforme gris y llevaba el pecho cargado de medallas colorinches. Las ostentosas charreteras doradas contrastaban con los desnudos pies peludos y acrecentaban así su grotesca apariencia. La gorra apenas cubría el montículo de su cabeza enorme. Estaba sentado en mi bergere, succionando un habano bien seleccionado, frente a un vaso atiborrado con mi mejor whisky.
Decidí entrarle duro; es lo mejor en estos casos.
- Creí que tu tiempo había terminado.
- El mío… y también el tuyo, camarada –gruñó con sorna, dejando ver sus magníficos y aterradores colmillos.
No le faltaba razón al miserable. Pero eso no lo autorizaba a sentarse en mi living a consumir mis mejores reservas.
- ¿Por qué no vas a instalarte a la mansión de aquellos que dirigen el país? –lancé la estocada- ¿Acaso ellos no te reciben?
- Tú sabes la respuesta -rugió mirándome con sus horribles ojos inyectados en sangre- No te hagas el imbécil.
- Mmmh –repuse-, puedo proponerte algo. Con ese traje y un libreto astuto podemos ganar mucho dinero.
“Dinero” es una palabra mágica en esta era. Abre cualquier puerta, incluso el entendimiento de un gorila. La mueca de odio se transformó en una sonrisa gentil.
- ¿Cuánto? –fue la pregunta.
- Suficiente para que compres whisky, habanos y bananas en cantidades industriales. Yo haré los libretos y me encargaré del marketing y la producción. Tú nada más hablarás babosadas.
Nos dimos la mano, o lo que fuera en su caso. Somos socios. La gente compra feliz entradas para ver su espectáculo decadente y anacrónico. La mejor paga es cuando se calza una polera tal o una chaqueta cual ante las cámaras de televisión.
Por cierto, nunca hablamos de política.

11 febrero, 2011

Zombies at home

Era domingo y le tocaba cocinar; eso implicaba preparativos tempranos. Abrió el refrigerador y tras una breve vacilación sacó dos pollos. Los puso a descongelar en una bandeja.

Unas horas después los fue a mirar. La bandeja tenía bastante agua y los cuerpos estaban reblandecidos. Hundió su dedo en uno de ellos y sintió una sensación extraña, como si tuviera palpitaciones. Denegó con la cabeza y partió a comprar verduras frescas a la feria.

En cuanto ingresó a la cocina detectó algo extraño. Miró la bandeja de los pollos. Los cuerpos blancuzcos estaban contorsionados caprichosamente: apoyados en un ala y un gordo muslo, con el cuello erguido en posición de alerta, desprovistos de patas y cabeza. Las piernas le flaquearon cuando los pollos se levantaron emitiendo unos sonidos guturales. Caminaban hacia él bamboleándose sobre sus piernas truncadas y agitando sus alas mochas. No pudo moverse. Oyó un alarido en la casa vecina. Él no alcanzó a gritar.

05 febrero, 2011

Fisuras en la realidad


Recién amanece y se levanta para ir a trabajar. Descubre que el mundo está inclinado, unos diez grados en el eje norte sur. El norte está más arriba, como en los mapas. Sin embargo, va descubriendo que él es el único que percibe este desnivel; ni siquiera el agua lo reconoce, pues los ríos, los arroyos y cualquier efluente no lo obedecen. El mundo sigue operando como si la pendiente no existiese.
No obstante a él le cuesta caminar hacia el norte, porque va cuesta arriba. En el otro sentido la tarea se facilita. Y para el eje este oeste, la movilización adquiere –sólo para él- un ribete de cojera francamente insoportable. Sabedor de su especial condición, se traga la rebeldía y no rechina a causa de las molestias. Y como el hombre es animal de costumbres, al fin termina por asimilarse; y hasta encontrarle ciertas ventajas a la situación.
Pero como nada es fácil en la vida, un día el gradiente amanece en la dirección este oeste. Todo de nuevo. Lo soporta con estoicismo, hasta que de nuevo se acostumbra. Y ahí vuelta a cambiar: el mundo vuelve a recomponerse. Así se va dando una sucesión impredecible. A veces la gradiente es más cuantiosa; de otra parte, el eje ya no responde a orientaciones exactas de la brújula.
Él procura seguir viviendo como si nada extraordinario aconteciera. Convive con la tremenda desazón de ser el único testigo de esta arbitrariedad, sorprendido de su mansedumbre. Y sobre todo, de su silencio.

28 enero, 2011

El triunfo de la perseverancia

El hombre lobo acudía sin falta cada día al casting de cuanta productora de películas de terror existía en la ciudad del cine. Ansiaba con locura una oportunidad, con toda la fuerza que le demandaba aquello que anidaba en su interior –no precisamente un alma- y lo impulsaba a la vida. La decepción cotidiana lo hacía aullar a la salida de las oficinas y era un espectáculo realmente lastimoso.
No obstante, como bien sabemos, la perseverancia siempre triunfa, y el licántropo fue contratado por una nueva empresa que pretendía conquistar la gloria con un presupuesto bastante magro. Obviando la escualidez de los emolumentos, el loup garou aceptó la oferta.

Recién cuando leyó el libreto se enteró de que su rol protagónico era el de Conde Drácula. Tras un ataque de aullidos se calmó. Hubo de afeitar cada vello de su cuerpo, una tarea ardua. Apegar sus orejas a la cabeza mediante cinta adhesiva invisible y recortar y limar escrupulosamente las uñas de sus garras. Ocultar sus patas traseras en unas botas de caña alta y enrollar la cola dentro de los pantalones. Los colmillos y los ojos encendidos eran perfectos.

La película fue un éxito de taquilla y el hombre lobo alcanzó el éxito codiciado. Por cierto, vinieron las secuelas, cada cual más triunfante que la anterior. Su carrera coronada de logros lo consagró entre los más grandes: Bela Lugosi y Cristopher Lee, él completaba la trilogía.

Murió rico y admirado. Jamás pudo interpretar el rol de licántropo, a excepción de uno que otro aullido entre ensayos y filmaciones. Aquella oportunidad no llegó para él. Pero eso nadie lo sabe.

25 enero, 2011

Exhortación a visitar el castillo de los monstruos


Con ejemplar paciencia fue construyendo su colección pieza por pieza. Acabó alcanzando la perfección no sólo por la calidad de cada entidad, sino por la amplitud y la conexión de sus integrantes. “En cada monstruo hay algo infinitamente enternecedor e imperecedero. Una derrota esencial, una gota única de la esencia humana”, afirma con vivacidad el propietario del castillo donde se asienta la compilación viviente.

Un castillo que puedes visitar, acaso tienes coraje y tiempo. No puede ser una inspección de pasada. Has de recorrerlo con parsimonia. Hablar con el vampiro sobre su condena a la eternidad y la privación del sol. De las propias fauces del lobizón podrás oír la narración de las persecuciones feroces y crueles a las que ha sido sometido. Observar la candidez del ser construido con trozos de cadáveres y constatar sus ansias existenciales. Acariciar a la Gorgona y procurar aliviarla de su soledad sempiterna. Compartir unas copas con el Kraken para consolarlo. Y así te irás quedando para constatar la implacable perfección de esa serie infinita.

15 enero, 2011

Discontinuidad de los parques


Entras a una casa desconocida. Avanzas por el pasillo y llegas a la sala de estar. Impera el silencio, de modo que lo único que escuchas son tus pasos, tu respiración y, cuando te quedas estático, el latido de tu corazón. Hay alguien leyendo sentado en un sillón, de espaldas a ti. Te acercas por detrás sin ruido y descubres que él lee esta historia, y que hay otras copias sobre la mesa de centro. En la portada está tu fotografía. Tomas asiento en el sofá. La persona que lee levanta el libro y te da una rápida ojeada; agrega una venia y sigue leyendo. Es una perfecta réplica tuya. Inicias la lectura. Llega un tercero, ahora desde tus espaldas. Sabes que está mirando porque lo estás leyendo en la historia. Luego se sienta en el otro sillón. Es como si te vieras en el espejo. Después de un rato, la sala de estar parece una biblioteca pública, repleta de personas idénticas leyendo el mismo libro. Pero no puedes salir de allí. Y tampoco es un sueño.

08 enero, 2011

La inaccesibilidad del poder


La inaccesibilidad del poder

José Promis

El Mercurio, Literatura y Libros, domingo 28 de noviembre de 2010
http://www.mer.cl/modulos/catalogo/Paginas/2010/11/28/MERSTAT023OO2811.htm

Diego Muñoz Valenzuela publicó Flores para un cyborg en 1997. En su argumento confluían mecanismos narrativos de ficción científica, de aventuras escalofriantes y de crítica política para denunciar las alteraciones que el régimen militar había producido en la sociedad chilena de esos años. Varios críticos y comentaristas escribieron favorablemente sobre esta novela, destacando la originalidad de su mundo imaginario, la facilidad de su lectura y el consiguiente agrado y entretención que provocaba. Pero en cuestión de opiniones sobre objetos culturales no existe la unanimidad. Por mi parte, consideré que Flores para un cyborg era una novela que no añadía nada a la obra ya publicada por su autor. Me pareció que la prisa con que había sido escrita se revelaba en su inestable estructura, en la debilidad de sus imágenes y, sobre todo, en el descuido de su lenguaje narrativo.

El autor ha publicado recientemente la continuación de las aventuras de Tom, el cyborg creado por el científico Rubén Arancibia: Las criaturas del cyborg . Su propósito narrativo es ahora denunciar las funestas rémoras de odio y ambición que todavía subsisten al cabo de los veinte años que han corrido desde el retorno de la democracia. Chile se ha transformado en un país ensordecido por la luminosa propaganda del éxito económico, pero bajo su aparente fisonomía triunfalista se ocultan los intereses de ciertos individuos que trabajan incansablemente para recobrar el poder absoluto e impune que detentaban hasta fines de los años ochenta. Estos antiguos mandamases y sus esbirros torturadores se agrupan en la sociedad secreta denominada Génesis, cuyo representante es un misterioso y despiadado personaje llamado don William. Pero otro grupo formado por individuos engañosamente inofensivos, al que pertenece Rubén Arancibia y el cyborg Tom, se dedica también en secreto a perseguir y eliminar a los miembros de Génesis, evitando que logren "esparcir sus huevos de serpiente".

El conflicto entre Génesis y sus adversarios convierte a Las criaturas del cyborg en un relato de radicales y violentos antagonismos. Los integrantes de Génesis son luciferinamente despiadados, mientras que sus oponentes constituyen una galería de personajes sobre los cuales la escritura del autor deposita todas sus simpatías. En su mayoría pertenecen a la clase trabajadora chilena y varios de ellos han sido también antiguas víctimas de la tortura. Los esbirros y sicarios de Génesis son retorcidos individuos que transitan por los más bajos fondos de Santiago, en ambientes adecuados a la putrefacción de sus propósitos y personalidades. Exhiben a la traición, la crueldad y la deslealtad como sus sentimientos dominantes, en notorio contraste con los valores de solidaridad, generosidad y afecto que apoyan el comportamiento de sus adversarios.

A diferencia, pues, de otras novelas contemporáneas que cuestionan esta dicotomía, Diego Muñoz ofrece un mundo imaginario donde el Bien y el Mal son términos absolutos e irreconciliables. Su enfrentamiento comprueba la omnipresencia e inaccesibilidad de los verdaderos poderes que desequilibran el orden social. Como afirma uno de los personajes, los nombres públicos del régimen militar fueron sólo "marionetas del auténtico poder... los líderes de verdad siempre se ocultaron". El cyborg Tom, por su parte, afirma que "quizás existan las antecesoras de las antecesoras de Génesis. Nadie ha investigado las ramificaciones. Podrían remontarse a épocas primigenias, haberse gestado en tierras lejanas, como esas antiquísimas sociedades secretas que perpetúan su poder en las sombras".

Si bien es cierto que esta novela conserva una notoria dureza lingüística que necesitaría mayor pulimento expresivo, su estructura no exhibe la debilidad que manifestaba Flores para un cyborg . Se trata, por el contrario, de un relato bien armado que cumple los requisitos de interesar y sugerir, propios de toda buena novela de ficción científica.

01 enero, 2011

LAS CRIATURAS DEL CYBORG: la visión de Miguel de Loyola


Las criaturas del Cyborg, novela de Diego Muñoz Valenzuela; Simplemente Editores 2010, 212 pp.

Diego Muñoz Valenzuela maneja muy bien los códigos y triquiñuelas características de la novela policial, y agrega un simpático toque fantástico a su narración, incorporando un supuesto personaje cibernético en el centro de la trama, más propio al género fantástico que al policial. Se trata de aquel codiciado robot producto de la tecnología, no sólo capaz de suplantar al hombre en sus actividades normales, en este caso, sino también de superarlo en inteligencia y aún en sensibilidad. Dicho espécimen nominado Tom, se mueve en la novela como un personaje más, cuestionando a su creador (Rubén Arancibia), y tomando finalmente el protagonismo de la acción. Gracias a ciertas criaturas creadas por él mismo –a tal extremo llega su independencia cibernética- se desenreda el nudo policial generado, y termina siendo el héroe de la narración.

La novela de Diego Muñoz Valenzuela, pone así en perfecto movimiento la consabida red de intrigas propias del género policial, donde crimen y asesino son eje medular. Para escribir una buena novela, postulan los genios del género negro, basta con una buena trama. Diego Muñoz Valenzuela lo consigue en Las criaturas del cyborg, cuestionando las instituciones de inteligencia creadas durante la dictadura, a partir de la precariedad mental de sus esbirros, desamparados y hambrientos en el nuevo escenario político del país, y dispuestos a cualquier traición con tal de salvar ahora la subsistencia definitiva de sus vidas miserables. Tal es el caso de Orlando y Mariani, dos sicarios y torturadores utilizados por los servicios de inteligencia y abandonados a su suerte, tras la pérdida del poder.

Desde luego, la novela remite a una realidad concreta, Chile pos dictadura, cuando la organizaciones de inteligencia creadas para mantenerse firmes en el poder, todavía se mantienen vivas en democracia, aunque clandestinas, como estrategia o necesidad para preservar sus secretos más sucios. Toda esa información confidencial acumulada durante los años que ha durado la dictadura, y sobre todo, rostros e identidades de los verdaderos culpables intelectuales de los crímenes cometidos durante diecisiete años de impunidad judicial.

La narración recrea los clásicos ambientes sórdidos por donde se mueven estos personajes degradados por causa de su situación en el mundo en calidad de entes, de vehículos utilizados por el poder para alcanzar sus objetivos, y desechados una vez alcanzados. Detallando hechos y lugares con el consabido desprecio del narrador displicente que caracteriza al género negro. Exento de la piedad propia de los seres normales frente a los hechos criminales.

Contrasta, por cierto, la figura del Cyborg Tom, con la de los esbirros que circulan por la novela, tanto más automatizados que el propio robot. Paradojalmente, Tom termina siendo el más humano de los personajes, dotado de una sensibilidad que le permite, incluso, caer en reflexiones existenciales y filosóficas respecto a su “ser en el mundo.” A través de este juego de contrarios, de cambio de identidades, la novela alcanza el nivel de la denuncia social e ideológica, proponiendo abiertamente que este robot producto de la tecnología, es o será en el futuro, el tipo de ideal humano.

El hombre ha muerto, es la frase trascendental de Michel Foucault, la cual abre la gran discusión hacia la llamada posmodernidad. El hombre ha muerto porque se acabaron los ideales, y lo asiste un nihilismo suicida, nietzscheano. Lo suplantarán las máquinas. Una idea que se viene gestando desde hace algunos siglos. Recordemos La máquina del tiempo, o El hombre invisible (1897), H.G. Wells, y por supuesto a Aldous Huxley en Un mundo feliz, por nombrar las novelas que se me vienen a la memoria en este momento. Para no hablar de Heidegger, quien es el primer filósofo que advierte el peligro de la apropiación del mundo y del hombre por la tecnología.

Si el hombre ha muerto, ¿quien está en las calles?, se preguntan los franceses tras la espeluznaste afirmación de Foucault por allá a principio de los años 60. La novela Las criaturas del Cyborg, propone una luminosa respuesta. La literatura y el arte es el único país donde las utopías son posibles, y cuanto más acabadas, perviven para siempre en el imaginario colectivo. En la realidad –como bien lo hemos visto a lo largo de la historia del siglo XX- fracasan, y eso Diego Muñoz Valenzuela como ingeniero civil lo sabe perfectamente, y por eso escribe, por eso se escribe, para soñar un mundo perfecto.

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Octubre del 2010

26 diciembre, 2010

Estatuas derribadas


A la estatua de Lenin la habían colocado en el espacio junto a la escalera, debajo del techo inclinado sobre el segundo tramo. Un lugar que podría haber ocupado una planta o un mueble inútil. La abuela solía sentarse al lado porque en invierno siempre estaba caliente debido a una conjunción absurda de calefactores. Le hablaba de tiempos pasados como si se tratara de un viejo amigo. En cambio la estatua de Stalin estaba en la carbonera, medio ladeada y sostenida por la frente, a punto de caerse. El abuelo lo tenía castigado allí, como a un chico desobediente. “Fue un gran cabrón éste”, decía el viejo, “la verdad es que nos jodió la vida”.
Cuando le preguntábamos a la abuela por qué no habían relegado a Lenin a la carbonera, nos respondía inefablemente: “Yo creo que fue un buen hombre, no merecía ir a parar al sótano, como el otro”. A Stalin nunca lo mencionaba por su nombre, como si fuera el demonio.
Una vez el abuelo mencionó de paso a un tal Trotsky. Le preguntamos quién era. Respondió que tal vez habría sido una esperanza de éxito. Después se quedó pensando un rato y añadió que en verdad no estaba seguro. No nos atrevimos a preguntarle por qué no teníamos una estatua del tal Trotsky.

18 diciembre, 2010

El gorro de Santa Claus


Entró a la casa por la chimenea apenas, dificultosamente. Se ensució el traje rojo: lo dejó repleto de manchas horribles. Su aspecto era lastimoso, hasta la blanca barba la tenía emporcada. Seguí sus evoluciones agazapado en la oscuridad. No esperaba lo que iba a suceder. Empezó a llenar su bolsa con mis juguetes predilectos. Después agregó los mejores libros y discos con una precisión extraordinaria. Me estaba despojando en serio. Cuando comenzó a guardar las joyas de mi madre entré en sospecha. Y la certidumbre llegó cuando se pudo a probar suerte en la caja fuerte.
Entonces salí, armado con un garrote capaz de volarle la cabeza al propio Hércules. Apenas me lo podía. Lo perseguí mientras blasfemaba. El viejo miserable imploraba piedad. Entre chillidos argüía que todo iba a repartirlo entre los pobres. Ándate al carajo, viejo de mierda, le dije y le aticé un trancazo. Soltó la bolsa y salió por la puerta corriendo como alma que lleva el diablo.
Se le cayó el gorro. Lo conservo como trofeo. Si quieres, te lo muestro.

10 diciembre, 2010

Eventos imposibles


Dentro de la botella hay un reloj en cuyo interior flota un transatlántico donde la gente bebe y baila en una sala enorme en cuyo centro hay una orquesta tocando una música muy extraña, porque esto ocurre en una galaxia muy lejana y en otro tiempo muy diferente. En el bolsillo de uno de los músicos hay un libro marcado en una de sus páginas donde está impreso este cuento que no podrías leer, porque está escrito con caracteres incomprensibles. La historia termina aclarando que es imposible que algo así ocurra jamás.

04 diciembre, 2010

El detective robótico por Patricia Espinosa


Las Últimas Noticias, viernes 1 de octubre 2010, pp. 42

http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2010-10-01&PaginaId=42&bodyid=0%20

El cruce entre el neopolicial y lo cyber, esto último por la presencia de lo tecnológico, sumado a la temática política chilena, da lugar a Las criaturas del cyborg , novela de Diego Muñoz Valenzuela, que retoma los crímenes cometidos en dictadura, la impunidad de los ejecutores y su conversión en delincuentes de cuello y corbata.

La novela establece un contrapunto entre el científico Rubén Arancibia y Orlando Sánchez, un ex agente de seguridad de la dictadura chilena. El científico, experto en robótica, crea a Tom, un cyborg ultrainteligente y sensible, que se convertirá en la pieza central del relato. Un aspecto interesante de esta dupla es que el cyborg parece sentir pasión por su amo o más bien estar enamorado de su creador, faceta que lo humaniza de manera radical y le da un giro bastante atractivo a la narración. Tom es, en definitiva, el protagonista de la historia. Un cyborg que se ubica en el lado del bien, irónico, con un sentido del humor permanente y una capacidad estratégica a veces no tan certera.

El científico y su criatura operan como improvisados detectives privados, ya que intempestivamente se involucran en un caso policial. Rubén tiene una suerte de padrino, Malcom, que perteneció a una organización antidictatorial y que ahora es perseguido por un grupo mafioso, conformado por ex militares que participaron en torturas y crímenes. Una asociación ilícita liderada por un sujeto de apellido Williams, que ha contratado a Orlando Sánchez para asesinar a Malcom, a Claudio Cerda y a su profesor, Óscar Godoy. Cerda también ha pertenecido al ejército, pero en la actualidad ha decidido declarar ante la justicia todos los horrores de los que fue parte y testigo; su testimonio sacará a la luz importantes nombres y es por ello que este oscuro grupo lo tiene en la mira.

Hay un amplio despliegue de personajes, en su mayoría configurados a partir del estereotipo, pero la experticia del autor logra diluir los clichés, mediante la exposición de la ambivalente e insegura intimidad de estos sujetos. Sin embargo, lo que no tiene ambivalencias es el ejercicio del mal, porque en última instancia, más allá del castigo judicial, queda la culpa atormentando de por vida al victimario. Además, resulta llamativa la sólida base político-filosófica de un relato lleno de conspiraciones donde se confrontan implacablemente lealtades, traiciones y distintos sentidos de la justicia.

La derrota y el triunfo se entrecruzan, porque alcanzar la verdad, identificar el origen del mal, termina siendo un fracaso, al igual que la creación de un cyborg que, como corresponde a la costumbre robótica, anhela ser débil, vulnerable, mortal, a costa de perder su condición de superioridad intelectual.

Las criaturas del Cyborg es una novela que lee nuestra historia, una novela que reabre heridas y que nos revela con una crudeza implacable que estamos perdidos o que definitivamente hemos sido derrotados por la corrupción, porque al parecer Don Dinero hace caer hasta al más ético individuo.

Las criaturas del cyborg
Diego Muñoz Valenzuela
Simplemente Editores, 2010, 212 páginas.

21 noviembre, 2010

El error de Darwin

El error de la teoría Darwin deriva de un evidente simplismo. Sostuvo que la semejanza morfológica sería el criterio determinante para establecer los ciclos evolutivos de las especies. Ergo, ya que nos parecemos a los primates, descendemos de ellos. Un mecanicismo brutal, porque basta sentarse en un banco y ver pasar personas para descubrir que descienden del hipopótamo, del gato, del camello o de la rata, por mencionar casos comunes.

En mi caso, he concluido que desciendo del lobo. Lo baso en evidencias mucho más fundamentales que la pilosidad excesiva, el largo de mis colmillos o la mirada hambrienta y penetrante. Mi naturaleza se revela en la preferencia por las mujeres que descienden de las borregas o de las gallinas; ellas son mis presas predilectas por su mansedumbre e indefensión.

No obstante, de vez en cuando caigo en manos de la descendiente de alguna sierpe. Soy extremadamente sensible al poder hipnótico de sus miradas. Me torno sumiso y obediente. Entonces pienso que quizás el lobo desciende del cordero, y que eso justifica que el hombre sea el lobo del hombre.

16 noviembre, 2010

La verdadera historia de Chuang Tzu


Chuang Tzu tuvo una horrible pesadilla. En el sueño se le aparecía un escarabajo gigantesco que aseveraba llamarse Gregorio Samsa e insistía en extenderle sus negras patas. Si bien Chuang Tzu no creía que los sueños pudiesen ser fuente de inspiración, concluyó que si cambiaba el escarabajo por una mariposa, la historia se tornaba atractiva. Y se dispuso escribir aquella mañana diáfana y luminosa.

13 noviembre, 2010

VISITA "LA NAVE DE LOS LOCOS"

Los invito a visitar el blog de Fernando Valls, donde se ha publicado una serie hasta ahora inédita de microrrelatos en homenaje al sueño de Chuang Tzu.



http://nalocos.blogspot.com/2010/11/diego-munoz-valenzuela-1.html

07 noviembre, 2010

La evolución de las especies

Tal fue la magnitud de su destructiva obsesión, que rastreó y compró o robó cada copia de libro, revista, compilación, antología, plaquette donde estuviera incluido el malhadado microrrelato; recorrió el mundo entero levantando alfombras, hurgando en desvanes polvorientos, revisando acuciosamente bibliotecas y librerías; se dio maña para hackear millones de páginas web para borrar todo rastro; eliminó papers, actas de congresos, modificó archivos para borrar cualquier mención, aun cuando fuera elíptica; por fin, y sin piedad, aniquiló réplicas y secuelas sin excepción. Así fue, según Monterroso, que ocurrió la extinción de los dinosaurios.

02 noviembre, 2010

Flores para un cyborg: tercera edición en Chile

Simplemente Editores ha publicado recién una nueva edición de Flores para un cyborg, que estaba agotada en Chile. Está disponible en la Feria del Libro en el stand de Liberalia (B8, B9 y B10, bajando la escalera, ladio Sur).

Y está también Las criaturas del cyborg, que será presentado por Poli Délano y Fernando Jerez en la 30ª. Feria Internacional del Libro este sábado 6 de noviembre a las 19 hrs. en la Sala Nemesio Antúnez.

Flores para un cyborg irrumpió en la escena literaria nacional en 1996 al ganar el Premio del Consejo Nacional del Libro de Novela Inédita, y poner en el centro de la atención -después de muchos años de silencio- la ciencia ficción en Chile. Esta es la tercera edición en Chile y fue publicada en España en 2008. Aquí se combinan elementos de la ciencia ficción, el género negro y la novela social moderna. Una trama delirante conduce a un androide a trasponer el límite que separa a máquinas y humanos, haciendo realidad el sueño de la inteligencia artificial.

Algunas opiniones sobre la edición española (fines de 2008):

“Para la lectura del libro de Muñoz Valenzuela, además del ya mencionado sentido del humor que lo recorre, adquiere importancia la soltura de la prosa, la facilidad con que se avanza: no es difícil liquidar las más de 260 páginas de tirón”.
Pepe Cervera, España

“El chileno Muñoz Valenzuela combina el género negro, la ciencia ficción y la novela social en una vertiginosa novela centrada en la corrupción política y en los experimentos en torno a la inteligencia artificial”.
Revista Mercurio, febrero 2009, España

“¿Una novela de ciencia ficción ambientada en Chile? Sí pero, también y a su manera, Flores para un cyborg es una historia delirante y un thriller social que no logra acomodarse en ningún género salvo en aquel al que todos los escritores aspiran: mantener atrapado al lector desde la primera página”.
Hari Seldon, España
 
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