21 agosto, 2012
Adagio para un reencuentro
18 agosto, 2012
Imposturas
10 agosto, 2012
Travesuras óseas
04 agosto, 2012
Falso faquir
29 julio, 2012
Una de zombies
22 julio, 2012
A tu puerta
14 julio, 2012
Juego de niños 2
06 julio, 2012
Amores prohibidos
30 junio, 2012
El habitante invisible
23 junio, 2012
La tensa relación literatura-realidad
17 junio, 2012
Visitas de la Parca
08 junio, 2012
Partida de Ray Bradbury
01 junio, 2012
El espectáculo secreto
26 mayo, 2012
Afanes explicativos
20 mayo, 2012
Transformaciones 3
13 mayo, 2012
Transformaciones 1
06 mayo, 2012
Transformaciones 2
Despierto
convertido en un enorme escarabajo, pero no me importa porque he leído a Kafka.
Mi gato tiene un patatús cuando lo llamo en el patio; me muestra los dientes
con ferocidad y se engrifa de cabeza a cola. Salto sobre él y le secciono el
cuello con mis mandíbulas de tenaza. Sorbo su caliente sangre con deleite, como
si fuera un espresso.05 mayo, 2012
TRANSFORMACIONES, un corto de K Pérez
Antes Francisco diseñó tres estupendas portadas para mi serie del cyborg. !FELICITACIONES FRANCISCO!
Este es el vínculo a su excelente trabajo, que se inspira en mi microcuento Transformaciones 2, del volumen LAS NUEVAS HADAS, publicado en 2011por Simplemente Editores.
http://www.youtube.com/watch?v=9sc52JoNlWo&feature=youtu.be
27 abril, 2012
Peligros domésticos
22 abril, 2012
Taller de Cuento de Diego Muñoz Valenzuela en LETRAS DE CHILE
Still life
a Freddy Jarvis y a mi padre
14 abril, 2012
Taller literario
Al momento de saludarlo, el tipo me pareció un lobo hambriento, lleno de dientes destilando la saliva de su furia asesina. Decidí describirlo utilizando las técnicas de Jack London.
A medida que fui escuchando su discurso meloso, fui convenciéndome que más bien era un burdo pirata susceptible de asimilar a la historia de Stevenson, o quizás al mundo de Salgari.
Siniestro, mortecino y cruel se revelaba a cada palabra, y parecía emanado de una historia de Mary Shelley o Brahm Stoker.
Cuando finalmente me despedí de él con cierta distancia, me pareció más bien una cucaracha y decidí eliminarlo mediante procedimientos kafkianos.
31 marzo, 2012
Los peligros de la cotidianidad

Encontré mi auto destrozado. Alguien piadoso dijo que un mamut enloquecido lo había despatarrado. Nadie más se pronunció.
Cuando entré a la oficina del liquidador de seguros di un salto. El funcionario, correctamente vestido de cuello y corbata, tenía la cabeza de un jabalí: peluda, enorme, de larga trompa coronada por dos colmillos formidables. Me miraba con sus ojillos rojos detrás de unos lentes ridículos. Gruñó algo a manera de saludo y me extendió su pezuña con gesto displicente. Siguió emitiendo unos ruidos sordos y grotescos. Por último me informó que la compañía no pensaba cubrir los gastos del accidente y elucubró varios argumentos inaceptables. Lo contradije y aulló de furor enseñándome sus colmillos, profiriendo horribles amenazas.
Me fui de allí a la oficina estatal de reclamos. El perezoso a cargo despertó de su profundo sueño y sin contener un bostezo, me preguntó que deseaba. Mientras yo le narraba mis experiencias con el puerco de la empresa aseguradora, se subió al perchero y volvió a dormirse.
Partí a la policía. A la entrada me detuvo un robusto gorila que me preguntó con cara de pocos amigos adónde iba.
Emprendí rumbo al psiquiatra. La cebra con delantal que me franqueó la puerta relinchó que el doctor me atendería enseguida. No alcancé a sentarme, cuando me hizo pasar al despacho. Allí, tras un escritorio antiguo, me acechaba un inquieto mono araña que apenas se contenía para dar saltos. Le narré mis experiencias del día. De repente saltó sobre mi pecho, aferrándome con sus peludas manos, y me dijo: “Usted tiene problemas ideológicos, ¿me comprende?”.
Pagué y me fui a la casa. Aquí estoy. No me atrevo a salir de nuevo.
27 marzo, 2012
El mimo asesino
Se presenta en mi departamento al mejor estilo de Marcel Marceau, rostro empastado de blanco arcilloso, cejas muy altas, labios escarlata, párpados oscurecidos y esas rayas debajo y al lado de los ojos. Vestido con una suerte de malla elástica azabache, porta una negra Beretta con silenciador.
Hace una reverencia sin dejar de apuntarme con la Beretta. Me parece un exceso ridículo y se lo digo. Me mira con una mueca compasiva que reconozco como falsa. Derrama unas lágrimas que van arrastrando grumos de maquillaje. Entonces dispara y se escucha como si alguien abriera una botella de champaña. Cierro los ojos.
Cuando los abro me veo tirado en el piso, con un orificio en plena frente, muerto. Me río a gritos y escondo la Beretta dentro de mi malla. Repentinamente sé de quién debo vengarme, y salgo de allí, bailo por las calles, imito a los transeúntes, cosecho risas, aplausos y monedas. Y te busco sin descanso.
16 marzo, 2012
El torturador de muñecas
Con tremendo envión, le removió un brazo; lo contempló, satisfecho. Ella no se defendió, ni siquiera gimió. Lanzó una especie de risita gutural. Después, sin demostrar vacilación, con el pulgar le hundió uno de los redondos ojos azules repletos de aquella candidez que lo irritaba. Ella mantuvo su ahora único ojo clavado con esperanzas en el infinito y musitó algo así como gu-gu. A él esto lo enfureció, aulló embravecido y respondió extirpándole una pierna. Ella volvió a soltar una risita que ahora resonó un poco siniestra. Eso le costó que le arrancara de cuajo la rubia cabellera. Ahora ella sí que ella sollozó y llamó a su mamá. Pero nadie acudió. Entonces él la acostó a su lado y reunió las partes que le había arrancado. Entonó una canción de cuna. Bien pronto se quedó dormido.
03 marzo, 2012
Final no feliz
26 febrero, 2012
Mundos posibles
Aquel hombre era afortunado, pero brutal. La suerte le regalaba todo lo que necesitaba y mucho más. Llegó a creer que merecía todo aquello sin entender que era un don temporal. Despreciaba a todos por igual; esa era la única equidad que practicaba. No tenía amigos ni amigas porque le parecía una manifestación de fragilidad.
Un día halló el Aleph en una escalera. Miró aquel punto extraordinario que contenía todo el universo y le propinó un feroz martillazo. Entonces todo se fue a negro. El mundo desapareció.
Pero esa fue la vez anterior. Vino el big bang y el universo se echó a rodar de nuevo.
Ten cuidado si encuentras el Aleph por ahí, porque es muy delicado. No vaya a ser que se le agote la batería.
20 febrero, 2012
Causalidad y causalidad electrónicas
Se cortó el pelo y se le borró el correo electrónico. Recordó la historia de Sansón, pero la desechó como explicación.
Se hirió el talón con un clavo oxidado, soltó el computador y se hizo añicos; perdió toda la información. Recordó la historia de Aquiles, y tras un rato de reflexiones la desechó como explicación.
Tropezó en la calle por ir hablando por teléfono y cayó sobre un madero aguzado que se le hundió en un ojo, y recordó la historia de Polifemo. La desechó con dudas.
Como pudo se incorporó, restañó la sangre del ojo vaciado con un pañuelo y caminó vacilante, pensando cómo conseguir un GPS. Cuando vio ante sí la enorme cruz, emprendió la retirada en desesperada carrera.
11 febrero, 2012
Lobo escritor
a Juan A. Epple
Con su peluda y torpe zarpa, el Lobo aferró el lápiz grafito e inició la escritura de su primer y último microcuento, sabiendo que lo dedicaría a la Caperucita de sus sueños. Escogió un final feliz y lo borró con rabia. Lo cambió a un desenlace triste y se decepcionó. Optó por el final trágico, el clásico. Añadió el punto final y salió dispuesto a enfrentar su destino.
06 febrero, 2012
El hombre con vista de rayos X
A Ray Milland
De un día para otro adquirí visión de rayos X: fue una desgracia tremenda. En vez de pies curvados sobre calzado aguja, comencé a ver tarsos y metatarsos, falanges, astralagos, cuboides. En lugar de disfrutar de piernas bellas y torneadas, me atosigaba de fémures, tibias y peronés realmente lamentables. Los pechos usualmente suntuosos y acogedores, fueron reemplazados por destacamentos de costillas semejando defensas militares. Las nalgas fueron sustituidas por blancas caderas sin ningún refinamiento estético. Los cuellos largos por vértebras en precario equilibrio, los rostros hermosos trocados en calaveras repletas de dientes. Huesos, colecciones de huesos caminando, riendo, conversando. Incluso insinuándose, horrible. Ahora, por primera vez, pienso en la muerte como solución: tras un tiempo me convertiré en esqueleto. Quizás entonces me agraden mis símiles. Es una posibilidad.
29 enero, 2012
Máscaras cambiantes
Aquella curiosa máscara africana de tres puntas lo protegía, pero él ignoraba su poder. Por cierto jamás le agradeció la serie de milagros que ella pacientemente fue dibujando en su vida, hasta colocarlo en la cima. Ni siquiera la vio de reojo cuando pasaba por su lado y la máscara esperaba un signo de gratitud, una mirada condescendiente, alguna ínfima manifestación. Como coronación a esta serie de manifestaciones de indiferencia, su dueño y beneficiario la obsequió a un amigo pobre.
La máscara, desquiciada por tantas humillaciones, se consagró a hacer aún más funesta la existencia del pobre hombre. No obstante, éste ni un solo día olvidó saludarla y rogarle por un mejor porvenir, aunque no recibió más pago que desgracias mayores.
Tras muchos años en que su desdichado tenedor vivió una desdicha tras otra, la máscara reflexionó. Quizás entró en la madurez o fue nuevo capricho; muy poco sabemos acerca de los ciclos evolutivos de las máscaras. La cuestión es que la máscara prodigó a su dueño toda clase de bondades, riquezas y satisfacciones más allá de lo meramente material.
El hombre siguió agradeciendo. Ni más ni menos que antes. Así están las cosas ahora, pero podrían evolucionar de otra manera en el futuro. No lo sabemos. Las máscaras con caprichosas y volubles.
22 enero, 2012
Hambres tremendas
Comió un trozo de torta y al terminar sintió más apetito que al comienzo. Tragó el pastel completo a dentelladas feroces y se sintió cada vez más hambrienta. Presa de un frenesí incontrolable, devoró cuanto halló en el refrigerador: matas de apio, huevos, queso fresco, una hogaza, berenjenas crudas, yogurt, jugo de naranja, hasta un saco plástico repleto de mayonesa que bebió como si fuera el agua de la vida y una botella de champagne que aguardaba la ocasión propicia.
La encontraron inflada como un sapo, exánime, famélica, debilitada al punto de la parálisis. Pidió algo para comer, pero no entendieron lo que decía. Murió atravesada por la voracidad, soñando con una saciedad imposible.
14 enero, 2012
Contemplaciones gnoseológicas

Los estudié durante décadas. Aquellos seres vivían felices en medio de la ignorancia. Saltaban felices entre los tentáculos de los monstruos que amenazaban devorarlos. A veces aquellas atroces criaturas los atrapaban y conseguían zampárselos. Aun en esos casos, los jubilosos seres celebraban con extensos ceremoniales a los desaparecidos.
Con el tiempo llegué a apreciar aquel espectáculo: los seres caminando tomados de la mano, dando brincos entre tentáculos malignos, celebrando cada momento de vida igual que si fuese el primero. O el último. Concluí que el conocimiento no les hubiera sido útil.
06 enero, 2012
Amores enormes
Aquel gigante adoraba a las criaturas pequeñas: las contemplaba arrobado, les procuraba alimento y cuidados, creaba parques extraordinarios, los transportaba a las regiones donde el clima fuera más propicio, cantaba con maravillosa voz para inspirar sus sueños.
No obstante, entre los minúsculos seres brotó aquella clase de rebeldía que proviene de la ambición y la envidia. Planearon sus actos con brutal genio. Un día el gigante despertó inmovilizado por millares de hilos de seda. Lo clavaron con alfileres para desangrarlo lentamente. El gigante lloraba. Acabaron por devorarlo.
Al fin quedó la enorme osamenta sobre un desierto infinito. Las criaturas se extinguieron, abandonadas a su suerte. Nadie ha encontrado los restos del gigante. Nadie conoce esta historia, que por otra parte jamás ha ocurrido.
29 diciembre, 2011
Profesional de la mendicidad
Paso a paso se convirtió en un profesional de la mendicidad. Partió por dejar su trabajo y pedir ayuda a sus amigos. Luego, cuando ellos se aburrieron de solucionar sus eternas necesidades, se acercó a otras personas. Así hasta que se acabó en la calle, estirando la mano a cualquier posible donante.
Se especializó en inflexiones de voz que magnificaran su hambre y su indigencia: hacía sentir culpable de su desdicha a quien lo escuchara. Aprendió a simular temblores de manos y piernas, convulsiones, a revolver horriblemente los ojos en sus órbitas y a caminar como un engendro. Cubierto de harapos, mugriento y fétido, logró conmover al más duro.
Sin darse cuenta, se convirtió en el hombre más rico del mundo. Y sigue pidiendo, cada día con mayor eficacia. Alguna vez ya no existirá nadie que posea algo para darle. Y sufrirá, gemirá, blasfemará, aunque sea el dueño de universo completo. No se compadecerá de sí mismo y continuará exigiendo limosna.
25 diciembre, 2011
Solipsismo
19 diciembre, 2011
No hay enemigo pequeño
Me amenaza con una pistolita minúscula, una miniatura perfecta que sostenía dificultosamente entre el pulgar y el índice. Ante amenaza tan ridícula no tengo otra alternativa que lanzar una estentórea carcajada. Acto seguida ella describe unos pases mágicos con su mano recargada de anillos y me transforma en liliputiense. “Ríete ahora, enano”, me desafía ahora, apuntándome con el formidable mortero.
11 diciembre, 2011
Globalización
Fui al banco a negociar un crédito, Me dieron una tasa que me pareció buena. Al otro día había cambiado. Hacia arriba, por supuesto. Me dijeron algo sobre el efecto de la crisis en Europa. Les pregunté acaso una crisis no debiera hacer descender las tasas. El tipo me miró como se mira a un iletrado: con profundo desprecio. Quedé de pensarlo. Volví al otro día. La tasa había vuelto a subir. Por unas inversiones de los bancos chinos en Europa. Consulté si eso era bueno. Me respondieron que sí, que aumentaba la confianza. Pero subió la tasa, reclamé. Mire –repusieron- son los efectos de la globalización. Hay que entender los efectos de la interrelación económica.
Tomé el crédito. Al día siguiente iba a subir otro punto. La razón daría lo mismo. Estaba seguro.
03 diciembre, 2011
Trámites siniestros
Me pone nervioso que el funcionario me haya recibido con esa máscara antigases. Aduce que se están produciendo demasiadas manifestaciones en la zona. Su voz resuena lúgubre y lejana, como si hablara desde el interior de una gran caverna. Me observa a través de los gruesos cristales con unos ojillos pequeños y furiosos de jabalí y presiento que esboza una sonrisa debajo de la trompa. Asevera que mi postulación está incompleta. Que mi proyecto de beca resulta inaceptable, barbotea. Después tacha mi nombre sobre el formulario, lo timbra, y escribe algo en una computadora. Veo disolverse mis manos, luego mi cuerpo. Cuando ya no estoy allí, arroja al papelero este cuento.
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