30 junio, 2012

El habitante invisible



Llegaba poco después que la familia había partido: los padres al trabajo, los hijos al colegio. Traía una bolsa de compras y desayunaba, porque volvía con mucho apetito del turno de la noche. En un bolso portaba sus propias sábanas y preparaba la cama matrimonial –esa prefería- para acostarse a dormir. Raramente sonaba el teléfono: nunca atendía, pues estaba seguro que se trataba de vendedores. Ya no caía en esa clase de trampas. Despertaba a eso de las cuatro de la tarde y guisaba su almuerzo. Después se duchaba y borraba escrupulosamente todo rastro de su paso por la casa. Paseaba por allí, husmeando, tratando de adivinar las actividades que ocurrían durante su ausencia. Por fin cargaba su bolso y partía. Siempre tenía alguna idea para matar el tiempo hasta el momento del turno. Se preguntaba cuándo se encontraría con uno de ellos –era inevitable ese momento- y dónde encontraría un nuevo hogar.

23 junio, 2012

La tensa relación literatura-realidad


El primer molino aprovechó el viento a favor para incrementar su galope brioso y cargó contra el corcel esquelético y ridículo que trató de interponerse en su camino. El segundo golpeó con furia la armadura del derribado jinete y un tercero lo remató sin vuelta. El tipo obeso montado sobre las ancas de un burro huyó a perderse. Los molinos no le prestaron importancia. El capítulo del libro en que usted piensa se aleja de la verdad. 

17 junio, 2012

Visitas de la Parca



Llevaba dos semanas en cama y no me sentía nada de bien. Apenas me lograba levantar para tomar un vaso de leche una o dos veces al día y hacer mis necesidades. Estaba solo hacía mucho tiempo y nadie se preocupaba de mí. Sentía que me iba debilitando sin remedio. Entonces me visitó la Muerte en su habitual apariencia de esqueleto. Sin embargo llevaba puesto un traje de viejo pascuero. Eso me pareció una inconsistencia y la reprendí severamente. El cráneo mondo me sonrió con una amabilidad que me antojó forzada en aquellas circunstancias. Se sentó a  mi lado y me preguntó cómo estaba. Lo encontré intolerable. Después me ofreció una tisana. Acepté y desapareció unos minutos. Concluí que se trataría de un activísimo veneno, pero ya estaba cansado y me resigné a morir. Bebí la tisana son la esperanza de hallar el descanso eterno.
De pronto me sentí bien, muy bien. Perfectamente, pletórico de energías. Salté del lecho y caí sobre ella. Quería agradecerle. Hicimos el amor con furia. Creo que hice realidad un poema de Parra. Ahora vive aquí, conmigo. Somos todo lo felices que se puede esperar. Ella sale a realizar su trabajo y yo el mío. Me pregunto cuánto irá a durar esto.

08 junio, 2012

Partida de Ray Bradbury


Debo haber tenido doce años cuando leí mi primer libro de Ray Bradbury: Las doradas manzanas del sol, un volumen de cuentos inolvidable que me impresionó vivamente.  Todavía recuerdo algunas de sus historias, por ejemplo aquella en que unos astronautas pierden su nave espacial y salen eyectados al espacio, donde los espera la muerte, y adivinan que al penetrar la atmósfera del planeta que los atrae irremisiblemente, alguien los verá y los confundirá con estrellas fugaces. La visión poética y existencial de un hecho terrible.
Otra historia –La Pradera-  narra cómo unos chicos se fanatizan con un equipo de televisión tridimensional –anticipo de la realidad virtual- que los transporta a la sabana africana, donde se dedican a contemplar leones. Ante la preocupación de sus padres por esta afición enfermiza y creciente, el relato nos conduce a un destino sorprendente, donde realidad, horror y fantasía se entrecruzan.
Y no puedo dejar de mencionar aquella historia que me dejó una impronta imborrable: El ruido de un trueno, acaso el más genial relato de ciencia ficción que he leído hasta el momento presente. Un viaje muy atrás en el tiempo para que alguien con el dinero suficiente se conceda el gusto de cazar un Tiranosaurio Rex. ¿Una crítica al consumismo irracional? ¿Al ilimitado poder del dinero en nuestra sociedad? ¿Una aguda reflexión sobre la pretendida linealidad secuencial del tiempo? ¿O sobre la posibilidad de que existan infinitos mundos paralelos que expresan variadas opciones de pasados/futuros alternativos?  Habría que responder: TODAS LAS ANTERIORES. El final del relato sugiere la aterradora posibilidad de que el destino de la humanidad sea cambiado por un mínimo hecho –una mariposa aplastada por la bota del cazador- que la precipita hacia una dictadura fascista.
 Luego –inevitablemente seducido por la potente pluma del narrador- vinieron muchas otras lecturas. Por ejemplo la magia de El Hombre Ilustrado, una imagen que me persigue desde siempre. ¿Cómo desprenderse de la descripción de un hombre tatuado completamente con figuras que durante la noche adquieren vida para contar historias maravillosas, como digno émulo de las Mil y Una Noches?
Crónicas Marcianas, mixtura de novela y relatos, un libro que atesoro y vuelvo a comprar cada cierto tiempo, porque es prestado y no retorna (entiendo el afán por apoderarse de esa maravilla, aunque sea yo quien pague las consecuencias). A muy poco andar en la lectura me di cuenta que era un libro que hablaba sobre nuestra sociedad y no sobre el auge y caída de una civilización en el lejano planeta rojo. Este fue el libro que trajo el primer éxito de ventas y lo consagró como autor.
Fahrenheit 451 es una espléndida novela anti-utópica que debiera ponerse al lado de obras maestras como 1984 de Orwell y Un Mundo Feliz de Huxley. En ella describe un mundo donde los libros se encuentran prohibidos y los bomberos son los encargados de encontrarlos y destruirlos quemándolos. El papel arde a la temperatura de 451 grados Fahrenheit, de ahí el título de la novela. Una historia inquietante que cobra más sentido en un mundo donde la lectura literaria declina continuamente y muestra una inquietante tendencia a la deshumanización progresiva.
Más allá de su posición como maestro de la ciencia ficción –desde cuya comunidad de lectores fanatizados fue criticado por “impuro”- Bradbury es, para mí sin duda, un gran heredero de Edgar Allan Poe –un referente frecuente en sus historias- y en definitiva, un auténtico clásico, aunque pasará tiempo antes que esto se reconozca así. . No cultivó solo la ciencia ficción, sino que más bien el entorno mayor de la narrativa fantástica, así como también incursionó en el género negro, el gótico y otras áreas menos “vistosas” de su amplia producción, que integran una treintena de novelas y cerca de un millar de relatos.
No deja de llamar la atención su postura retrógrada, no solo en el ámbito político (contradicha, como suele ocurrir, por sus propias obras), sino que también en el terreno tecnológico. Detestaba a los computadores y no cambiaba para nada su máquina de escribir. Abominaba de toda clase de máquinas y propugnaba la liberación de ellas, amaba a los libros, las bibliotecas y desconfiaba de la televisión,  jamás aprendió a conducir un automóvil, execraba Internet.
Ray Bradbury demoró en ser aceptado por el canon literario, aunque nunca lo fue de manera unánime. Declaraba su expresa intención de entretener, lo que le valía la crítica acerba de sus intelectualizados detractores. También era criticado por los fanáticos de la ciencia ficción, que no perdonaban sus devaneos “literarios” por sobre los científicos, sus incursiones en otros géneros, su noviazgo permanente con la poesía.
Aún así, por la calidad y riqueza de su obra, Ray Bradbury ingresó a la eternidad de la literatura, una quimera a la cual prefiero adherir, ingenuamente quizás, pero con la convicción de que siempre habrá alguien que lea una de sus historias para convertirlo en inmortal.

01 junio, 2012

El espectáculo secreto


El rinoceronte se montó sobre el elefante que soltó un berrido estremecedor. El búfalo saltó a los hombros hercúleos del cornudo, cuidando no enterrarle sus cachos. Entonces el gorila se dejó caer sobre el bovino desde los árboles y se golpeó el pecho como tambor, satisfecho. A la espalda del gorila se afirmó la gacela, muy asustada, y dio un respingo cuando la liebre saltó sobre la suya. Una paloma vino a posarse sobre el roedor y sobre su plumaje blanco  aterrizó un escarabajo de colores. Así recorrieron la selva, cantando, muy contentos. Nunca hacen esta clase de cosas en presencia de los humanos. No lo cuentes, porque podrían llevarlos a un circo para hacer negocio.

26 mayo, 2012

Afanes explicativos


Sobre las palmas de las manos le crecieron orejas, en los antebrazos sendas narices ansiosas de olfatearlo todo, sobre el cuello un collar de ojos ferozmente vigilantes. Sus piernas fueron sustituidas por brazos adicionales, de cuyos codos emergían larguísimos dedos dirigidos por el cerebro que reemplazó su estómago. Cuando nadie pudo reconocerlo, perdida la facultad del habla, acabó en un museo, convertido en objeto de toda clase de peregrinas teorías. 

20 mayo, 2012

Transformaciones 3



Despierto convertido en un enorme escarabajo con la nítida sensación de haber vivido esta situación. Como puedo, con mis patas delanteras provistas de tenazas, me pongo la camisa blanca y una corbata de nudo hecho (no habría podido formarlo con mis nuevas extremidades). El pantalón me queda ridículo: las últimas dos patas son cortas y tengo que arremangar las piernas. Las patas del centro quedan ocultas debajo de la chaqueta.
Con mi trompa succiono una caja de leche. Sabe bien, me sorprende. Difícil tarea caminar erguido hacia el automóvil. Conducirlo es un auténtico desafío. Acomodo el asiento y el volante a mi condición de artrópodo. Salgo con lentitud y tomo la autopista. Algunas personas me miran  con curiosidad: Pensarán que se trata de una campaña publicitaria. Un tipo enfurece, baja el vidrio de la ventana para insultarme. Echa el auto encima y me impacta. Mis patas son ineficaces y pierdo el control. Choco contra la pared del túnel.
“Qué horror”. “Se estrelló a toda velocidad”. Escucho las palabras como si estuviera sumergido: lejanas, lentas y distorsionadas. “Está destrozado”. “Irreconocible”.  Me hundo en una confortable oscuridad. “Se reventó como un insecto”. Vienen la paz y el silencio.

13 mayo, 2012

Transformaciones 1


           Desperté convertido en un enorme escarabajo, pero no me importó porque había leído a Kafka. Deambulé, devoré restos de comida y busqué la oscuridad, no por ocultarme, sino debido a una fotofobia incipiente. Logré llamar a mi exesposa tras ingentes esfuerzos para marcar su número con mis patas sarmentosas. Cuando al fin oí su temida voz en el auricular, emití una mezcla de siseo y zumbido que la enfureció. Si hubiera podido hablar, también se habría encolerizado; me consolé. No tenía a nadie a quien llamar, excepto a mi jefe, que estaría maldiciendo mi casta esclava por los siglos de los siglos. Estaba solo, como siempre.

Después se me ocurrió utilizar el correo electrónico. No fue fácil, pero lo hice. Escribí a los gerentes de producción de los canales de televisión. Expliqué lo que me había ocurrido, indicando que podría hablar mediante el sistema del físico Hawking. Adjunté un video mío: francamente horripilante. Me quedé con la mejor oferta: cuatro millones por hora de transmisión para el primer trimestre. Después veríamos.
Ahora soy atracción principal: el talk show del escarabajo. Todos acuden a mi programa: políticos, empresarios, modelos, futbolistas. Los interrogo con mi voz sintética y una dosis de ponzoña consecuencia  de la metamorfosis.
Al canal me llevan y traen en limusina desde mi nueva mansión. Escriben mujeres ofreciendo acoplarse conmigo, sea lo que sea. También mi excónyuge, melosa, tierna, complaciente. Yo restriego con regocijo las patas contra mis afiladas mandíbulas. Me basta con eso.

06 mayo, 2012

Transformaciones 2



        Despierto convertido en un enorme escarabajo, pero no me importa porque he leído a Kafka. Mi gato tiene un patatús cuando lo llamo en el patio; me muestra los dientes con ferocidad y se engrifa de cabeza a cola. Salto sobre él y le secciono el cuello con mis mandíbulas de tenaza. Sorbo su caliente sangre con deleite, como si fuera un espresso.
Luego viene el turno de la fámula. Se paralogiza, no logra gritar, y caigo sobre ella para decapitarla sin resistencia. La ingesta resulta excesiva y me quedo dormido junto a los restos de su cuerpo pálido.
Despierto con el timbre. Es el medidor del consumo eléctrico. Presiono el botón del portón automático. Agradece. Me precipito sobre él por la espalda, le clavo uno de mis aguijones emponzoñados en la espina dorsal. Queda vivo y inmovilizado. Su mirada, horror y súplica simultáneos, me conmueve. Lo transporto a la despensa. Mañana necesitaré un bocadillo.
Oigo el automóvil de mi esposa entrando al antejardín. Corro por el pasillo y acecho entre los arbustos. El portón automático se cierra y la puerta del coche se abre. Baja un horrible alacrán negro, de aspecto sanguinario. Me descubre con sus ojos crueles y susurra un “hola cariño” que suena a sentencia de muerte. 

Este microrrelato forma parte de mi libro LAS NUEVAS HADAS, publicados a fines de 2011 por Simplemente Editores. Se encuentra en librerías como Feria Chilena del Libro, Antártica, Lea Más (Centro Cultural Gabriela Mistral) . También lo puedes encargar a mi correo electrónico dmunoz@surlatina.cl


05 mayo, 2012

TRANSFORMACIONES, un corto de K Pérez

TRANSFORMACIONES es un cortometraje animado realizado por Francisco K Pérez, artista audiovisual. Este corto ganó recientemente el premio especial Embajada de Indonesia en el IX Festival de Cine Terror de Valdivia.


Antes Francisco diseñó tres estupendas portadas para mi serie del cyborg. !FELICITACIONES FRANCISCO!


Este es el vínculo a su excelente trabajo, que se inspira en mi microcuento Transformaciones 2, del volumen LAS NUEVAS HADAS, publicado en 2011por Simplemente Editores.


http://www.youtube.com/watch?v=9sc52JoNlWo&feature=youtu.be

27 abril, 2012

Peligros domésticos


Dentro de la máquina lavadora de ropa se oculta un terrible monstruo que rige en la oscuridad sus amenazas. En el refrigerador anida una entidad gélida e implacable que se apresta a clavar sus tenazas en mi cuello. La aspiradora es un vampiro ávido, la picadora un destripador en potencia, la juguera y el calentador de aguar torturadores eximios. El televisor el encargado de adormilarme para que los demás me exterminen. El computador el cerebro que orquestó este plan; el que sarcásticamente escribe esta última historia. 

22 abril, 2012

Taller de Cuento de Diego Muñoz Valenzuela en LETRAS DE CHILE

Se realiza los días miércoles a las 19 horas, desde el 16 de mayo de 2012 y por un periodo de 16 sesiones. Es un taller para quienes se interesen en aproximarse al conocimiento del género y quieran iniciarse en la escritura de cuento. Muy cerca de la estación de Metro Salvador. Escribir al correo electrónico: dmunoz@surlatina.cl y enviar datos personales (nombre, teléfono, mail, edad, estudios, interés en el taller, etc.), indicando las razones específicas de su interés por participar. Orientación del Taller Este taller literario está orientado personas interesadas en incursionar en el género cuento. No es necesario que hayan escrito anteriormente. También pueden ser personas interesadas en desarrollar su apreciación narrativa y aprender técnicas básicas. El aprendizaje de la escritura es un trabajo a largo plazo que requiere disciplina, paciencia y una reflexión permanente sobre los diversos aspectos que involucra el proceso creador. Los objetivos básicos de este taller de cuentos son: • Conocer las principales características del cuento contemporáneo a través de lecturas escogidas • Conocer los conceptos básicos ligados a la escritura del cuento, y las principales tendencias vigentes • Aplicar los conceptos anteriores en el análisis de cuentos en el taller (los participantes pueden traer sus propios textos con este fin). Las actividades en cada sesión apuntan a ir entregando elementos técnicos de la escritura de narrativa, vinculados por ejemplo a: tipos de narrador, acción, manejo de diálogos, subgéneros (cuento fantástico, realista, policial, cuento breve, microcuento, etc.), tendencias actuales, Funcionamiento del Taller Horario: Míercoles de 19:00 a 21:00 horas Periodicidad: Semanal Costo: 40.000 $ al mes, pagados por adelantado Ubicación: Local cerca de la estación de Metro Salvador Matrícula: Sin costo Inicio: Se inicia el 16 de mayo de 2012. Inscripciones y consultas Escribir al correo electrónico: dmunoz@surlatina.cl y enviar datos personales (nombre, teléfono, mail, edad, estudios, interés en el taller, etc.), indicado las razones específicas de su interés por participar. Director del Taller Diego Muñoz Valenzuela (Constitución, Chile, 1956) Ha publicado cinco volúmenes de microrrelatos: Ángeles y verdugos, De monstruos y bellezas, y Las nuevas hadas, dos de ellos ilustrados: Microcuentos (libro virtual, 2008) y Breviario Mínimo (2011), tres libros de cuentos: Nada ha terminado, Lugares secretos y Déjalo ser; y tres novelas: Todo el amor en sus ojos, Flores para un cyborg y Las criaturas del cyborg. Ha sido incluido en antologías y muestras literarias publicadas en Chile y el extranjero. Cuentos suyos han sido traducidos al croata, francés, italiano, inglés y mapudungun. Distinguido en diversos certámenes literarios, entre ellos el Premio Consejo Nacional del Libro en 1994 y 1996. Flores para un cyborg fue publicado en España (2008); Lugares secretos en Croacia en 2009. En 2011 el autor fue seleccionado como uno de los "25 tesoros literarios a la espera de ser descubiertos" por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Más detalles en: http://diegomunozvalenzuela.blogspot.com/

Still life



a Freddy Jarvis y a mi padre
 que estarán conversando por ahí,
 en alguna parte. Eso creo

Sobre la mesa de madura rústica sumergida en el reinado de la media luz, cubierta en parte por un mantel rojo deshilachado, descansa el cántaro de greda en cuyo interior se adivina el agua fresca. Alrededor, casi cayendo de un pequeño plato, un limón, una naranja, una manzana rojísima, un gajo de uvas grandes y negras;  más allá una granada abierta, a medio consumir.
Lo que no se aprecia en el óleo es el cuerpo del pintor, derrumbado frente al atril, retorcido en una mueca de dolor, ni los pinceles desparramados, ni la paleta manchada goteando pintura sobre el piso. Tampoco la indiferencia, el olvido, la soledad, el amor, los sueños perdidos. Sin embargo, están allí.

14 abril, 2012

Taller literario


Al momento de saludarlo, el tipo me pareció un lobo hambriento, lleno de dientes destilando la saliva de su furia asesina. Decidí describirlo utilizando las técnicas de Jack London.

A medida que fui escuchando su discurso meloso, fui convenciéndome que más bien era un burdo pirata susceptible de asimilar a la historia de Stevenson, o quizás al mundo de Salgari.

Siniestro, mortecino y cruel se revelaba a cada palabra, y parecía emanado de una historia de Mary Shelley o Brahm Stoker.

Cuando finalmente me despedí de él con cierta distancia, me pareció más bien una cucaracha y decidí eliminarlo mediante procedimientos kafkianos.

31 marzo, 2012

Los peligros de la cotidianidad


Encontré mi auto destrozado. Alguien piadoso dijo que un mamut enloquecido lo había despatarrado. Nadie más se pronunció.

Cuando entré a la oficina del liquidador de seguros di un salto. El funcionario, correctamente vestido de cuello y corbata, tenía la cabeza de un jabalí: peluda, enorme, de larga trompa coronada por dos colmillos formidables. Me miraba con sus ojillos rojos detrás de unos lentes ridículos. Gruñó algo a manera de saludo y me extendió su pezuña con gesto displicente. Siguió emitiendo unos ruidos sordos y grotescos. Por último me informó que la compañía no pensaba cubrir los gastos del accidente y elucubró varios argumentos inaceptables. Lo contradije y aulló de furor enseñándome sus colmillos, profiriendo horribles amenazas.

Me fui de allí a la oficina estatal de reclamos. El perezoso a cargo despertó de su profundo sueño y sin contener un bostezo, me preguntó que deseaba. Mientras yo le narraba mis experiencias con el puerco de la empresa aseguradora, se subió al perchero y volvió a dormirse.

Partí a la policía. A la entrada me detuvo un robusto gorila que me preguntó con cara de pocos amigos adónde iba.

Emprendí rumbo al psiquiatra. La cebra con delantal que me franqueó la puerta relinchó que el doctor me atendería enseguida. No alcancé a sentarme, cuando me hizo pasar al despacho. Allí, tras un escritorio antiguo, me acechaba un inquieto mono araña que apenas se contenía para dar saltos. Le narré mis experiencias del día. De repente saltó sobre mi pecho, aferrándome con sus peludas manos, y me dijo: “Usted tiene problemas ideológicos, ¿me comprende?”.

Pagué y me fui a la casa. Aquí estoy. No me atrevo a salir de nuevo.

27 marzo, 2012

El mimo asesino


Se presenta en mi departamento al mejor estilo de Marcel Marceau, rostro empastado de blanco arcilloso, cejas muy altas, labios escarlata, párpados oscurecidos y esas rayas debajo y al lado de los ojos. Vestido con una suerte de malla elástica azabache, porta una negra Beretta con silenciador.
Hace una reverencia sin dejar de apuntarme con la Beretta. Me parece un exceso ridículo y se lo digo. Me mira con una mueca compasiva que reconozco como falsa. Derrama unas lágrimas que van arrastrando grumos de maquillaje. Entonces dispara y se escucha como si alguien abriera una botella de champaña. Cierro los ojos.
Cuando los abro me veo tirado en el piso, con un orificio en plena frente, muerto. Me río a gritos y escondo la Beretta dentro de mi malla. Repentinamente sé de quién debo vengarme, y salgo de allí, bailo por las calles, imito a los transeúntes, cosecho risas, aplausos y monedas. Y te busco sin descanso.

16 marzo, 2012

El torturador de muñecas

Con tremendo envión, le removió un brazo; lo contempló, satisfecho. Ella no se defendió, ni siquiera gimió. Lanzó una especie de risita gutural. Después, sin demostrar vacilación, con el pulgar le hundió uno de los redondos ojos azules repletos de aquella candidez que lo irritaba. Ella mantuvo su ahora único ojo clavado con esperanzas en el infinito y musitó algo así como gu-gu. A él esto lo enfureció, aulló embravecido y respondió extirpándole una pierna. Ella volvió a soltar una risita que ahora resonó un poco siniestra. Eso le costó que le arrancara de cuajo la rubia cabellera. Ahora ella sí que ella sollozó y llamó a su mamá. Pero nadie acudió. Entonces él la acostó a su lado y reunió las partes que le había arrancado. Entonó una canción de cuna. Bien pronto se quedó dormido.

03 marzo, 2012

Final no feliz


Sonrió. Al fin el mundo estaba en su mano: lo veía girar azul sobre su palma. Cerró sus dedos envolviéndolo y empezó a triturarlo con todas sus fuerzas.

26 febrero, 2012

Mundos posibles


Aquel hombre era afortunado, pero brutal. La suerte le regalaba todo lo que necesitaba y mucho más. Llegó a creer que merecía todo aquello sin entender que era un don temporal. Despreciaba a todos por igual; esa era la única equidad que practicaba. No tenía amigos ni amigas porque le parecía una manifestación de fragilidad.

Un día halló el Aleph en una escalera. Miró aquel punto extraordinario que contenía todo el universo y le propinó un feroz martillazo. Entonces todo se fue a negro. El mundo desapareció.

Pero esa fue la vez anterior. Vino el big bang y el universo se echó a rodar de nuevo.

Ten cuidado si encuentras el Aleph por ahí, porque es muy delicado. No vaya a ser que se le agote la batería.

20 febrero, 2012

Causalidad y causalidad electrónicas


Se cortó el pelo y se le borró el correo electrónico. Recordó la historia de Sansón, pero la desechó como explicación.
Se hirió el talón con un clavo oxidado, soltó el computador y se hizo añicos; perdió toda la información. Recordó la historia de Aquiles, y tras un rato de reflexiones la desechó como explicación.
Tropezó en la calle por ir hablando por teléfono y cayó sobre un madero aguzado que se le hundió en un ojo, y recordó la historia de Polifemo. La desechó con dudas.
Como pudo se incorporó, restañó la sangre del ojo vaciado con un pañuelo y caminó vacilante, pensando cómo conseguir un GPS. Cuando vio ante sí la enorme cruz, emprendió la retirada en desesperada carrera.

11 febrero, 2012

Lobo escritor


a Juan A. Epple


Con su peluda y torpe zarpa, el Lobo aferró el lápiz grafito e inició la escritura de su primer y último microcuento, sabiendo que lo dedicaría a la Caperucita de sus sueños. Escogió un final feliz y lo borró con rabia. Lo cambió a un desenlace triste y se decepcionó. Optó por el final trágico, el clásico. Añadió el punto final y salió dispuesto a enfrentar su destino.

06 febrero, 2012

El hombre con vista de rayos X


A Ray Milland

De un día para otro adquirí visión de rayos X: fue una desgracia tremenda. En vez de pies curvados sobre calzado aguja, comencé a ver tarsos y metatarsos, falanges, astralagos, cuboides. En lugar de disfrutar de piernas bellas y torneadas, me atosigaba de fémures, tibias y peronés realmente lamentables. Los pechos usualmente suntuosos y acogedores, fueron reemplazados por destacamentos de costillas semejando defensas militares. Las nalgas fueron sustituidas por blancas caderas sin ningún refinamiento estético. Los cuellos largos por vértebras en precario equilibrio, los rostros hermosos trocados en calaveras repletas de dientes. Huesos, colecciones de huesos caminando, riendo, conversando. Incluso insinuándose, horrible. Ahora, por primera vez, pienso en la muerte como solución: tras un tiempo me convertiré en esqueleto. Quizás entonces me agraden mis símiles. Es una posibilidad.

29 enero, 2012

Máscaras cambiantes


Aquella curiosa máscara africana de tres puntas lo protegía, pero él ignoraba su poder. Por cierto jamás le agradeció la serie de milagros que ella pacientemente fue dibujando en su vida, hasta colocarlo en la cima. Ni siquiera la vio de reojo cuando pasaba por su lado y la máscara esperaba un signo de gratitud, una mirada condescendiente, alguna ínfima manifestación. Como coronación a esta serie de manifestaciones de indiferencia, su dueño y beneficiario la obsequió a un amigo pobre.
La máscara, desquiciada por tantas humillaciones, se consagró a hacer aún más funesta la existencia del pobre hombre. No obstante, éste ni un solo día olvidó saludarla y rogarle por un mejor porvenir, aunque no recibió más pago que desgracias mayores.
Tras muchos años en que su desdichado tenedor vivió una desdicha tras otra, la máscara reflexionó. Quizás entró en la madurez o fue nuevo capricho; muy poco sabemos acerca de los ciclos evolutivos de las máscaras. La cuestión es que la máscara prodigó a su dueño toda clase de bondades, riquezas y satisfacciones más allá de lo meramente material.
El hombre siguió agradeciendo. Ni más ni menos que antes. Así están las cosas ahora, pero podrían evolucionar de otra manera en el futuro. No lo sabemos. Las máscaras con caprichosas y volubles.

22 enero, 2012

Hambres tremendas


Comió un trozo de torta y al terminar sintió más apetito que al comienzo. Tragó el pastel completo a dentelladas feroces y se sintió cada vez más hambrienta. Presa de un frenesí incontrolable, devoró cuanto halló en el refrigerador: matas de apio, huevos, queso fresco, una hogaza, berenjenas crudas, yogurt, jugo de naranja, hasta un saco plástico repleto de mayonesa que bebió como si fuera el agua de la vida y una botella de champagne que aguardaba la ocasión propicia.

La encontraron inflada como un sapo, exánime, famélica, debilitada al punto de la parálisis. Pidió algo para comer, pero no entendieron lo que decía. Murió atravesada por la voracidad, soñando con una saciedad imposible.

BREVIARIO MÍNIMO: MICRORRELATOS ILUSTRADOS


http://www.apuntesdesobremesa.cl/archivos/1518

14 enero, 2012

Contemplaciones gnoseológicas


Los estudié durante décadas. Aquellos seres vivían felices en medio de la ignorancia. Saltaban felices entre los tentáculos de los monstruos que amenazaban devorarlos. A veces aquellas atroces criaturas los atrapaban y conseguían zampárselos. Aun en esos casos, los jubilosos seres celebraban con extensos ceremoniales a los desaparecidos.
Con el tiempo llegué a apreciar aquel espectáculo: los seres caminando tomados de la mano, dando brincos entre tentáculos malignos, celebrando cada momento de vida igual que si fuese el primero. O el último. Concluí que el conocimiento no les hubiera sido útil.

06 enero, 2012

Amores enormes


Aquel gigante adoraba a las criaturas pequeñas: las contemplaba arrobado, les procuraba alimento y cuidados, creaba parques extraordinarios, los transportaba a las regiones donde el clima fuera más propicio, cantaba con maravillosa voz para inspirar sus sueños.
No obstante, entre los minúsculos seres brotó aquella clase de rebeldía que proviene de la ambición y la envidia. Planearon sus actos con brutal genio. Un día el gigante despertó inmovilizado por millares de hilos de seda. Lo clavaron con alfileres para desangrarlo lentamente. El gigante lloraba. Acabaron por devorarlo.
Al fin quedó la enorme osamenta sobre un desierto infinito. Las criaturas se extinguieron, abandonadas a su suerte. Nadie ha encontrado los restos del gigante. Nadie conoce esta historia, que por otra parte jamás ha ocurrido.

29 diciembre, 2011

Profesional de la mendicidad


Paso a paso se convirtió en un profesional de la mendicidad. Partió por dejar su trabajo y pedir ayuda a sus amigos. Luego, cuando ellos se aburrieron de solucionar sus eternas necesidades, se acercó a otras personas. Así hasta que se acabó en la calle, estirando la mano a cualquier posible donante.
Se especializó en inflexiones de voz que magnificaran su hambre y su indigencia: hacía sentir culpable de su desdicha a quien lo escuchara. Aprendió a simular temblores de manos y piernas, convulsiones, a revolver horriblemente los ojos en sus órbitas y a caminar como un engendro. Cubierto de harapos, mugriento y fétido, logró conmover al más duro.
Sin darse cuenta, se convirtió en el hombre más rico del mundo. Y sigue pidiendo, cada día con mayor eficacia. Alguna vez ya no existirá nadie que posea algo para darle. Y sufrirá, gemirá, blasfemará, aunque sea el dueño de universo completo. No se compadecerá de sí mismo y continuará exigiendo limosna.

25 diciembre, 2011

Solipsismo


Su imagen escapa del espejo para perseguir la sombra que proyecta, y de ese modo ella queda sola en el mundo. Y no hay sol ni espejo que valgan.

19 diciembre, 2011

No hay enemigo pequeño


Me amenaza con una pistolita minúscula, una miniatura perfecta que sostenía dificultosamente entre el pulgar y el índice. Ante amenaza tan ridícula no tengo otra alternativa que lanzar una estentórea carcajada. Acto seguida ella describe unos pases mágicos con su mano recargada de anillos y me transforma en liliputiense. “Ríete ahora, enano”, me desafía ahora, apuntándome con el formidable mortero.

11 diciembre, 2011

Globalización


Fui al banco a negociar un crédito, Me dieron una tasa que me pareció buena. Al otro día había cambiado. Hacia arriba, por supuesto. Me dijeron algo sobre el efecto de la crisis en Europa. Les pregunté acaso una crisis no debiera hacer descender las tasas. El tipo me miró como se mira a un iletrado: con profundo desprecio. Quedé de pensarlo. Volví al otro día. La tasa había vuelto a subir. Por unas inversiones de los bancos chinos en Europa. Consulté si eso era bueno. Me respondieron que sí, que aumentaba la confianza. Pero subió la tasa, reclamé. Mire –repusieron- son los efectos de la globalización. Hay que entender los efectos de la interrelación económica.
Tomé el crédito. Al día siguiente iba a subir otro punto. La razón daría lo mismo. Estaba seguro.

03 diciembre, 2011

Trámites siniestros


Me pone nervioso que el funcionario me haya recibido con esa máscara antigases. Aduce que se están produciendo demasiadas manifestaciones en la zona. Su voz resuena lúgubre y lejana, como si hablara desde el interior de una gran caverna. Me observa a través de los gruesos cristales con unos ojillos pequeños y furiosos de jabalí y presiento que esboza una sonrisa debajo de la trompa. Asevera que mi postulación está incompleta. Que mi proyecto de beca resulta inaceptable, barbotea. Después tacha mi nombre sobre el formulario, lo timbra, y escribe algo en una computadora. Veo disolverse mis manos, luego mi cuerpo. Cuando ya no estoy allí, arroja al papelero este cuento.

28 noviembre, 2011

Farenheit 451


Se despierta siempre azorado, como si regresara a una vida que no le pertenece, y encuentra todo tan extraño y tan imposible. Por ejemplo, el lugar donde está; ahora mismo está en un hotel, en otra ciudad y en otro país. Un sitio que debe abandonar en unas horas para regresar a su departamento a miles de kilómetros, permanecer allí unos días y volver a viajar para alojar en otro hotel de otro país y en otra ciudad.

Ofrecerá conferencias, entrevistas, talleres, leerá sus trabajos. Le parece absurdo que sea un escritor y que tenga que viajar tanto. Que la gente que quiere esté tan lejos. Que la mujer que ama esté tan distante. Que lea un libro de un escritor (que conoció hace muy poco en una de esas ciudades que recorre) que tiene otra nacionalidad, pero que escribe sobre temas muy similares.

Imagina que existe porque otro escritor creó su historia y porque alguien lee esa historia. Y que si nadie más leyera esa obra podría ser el fin. Que amanece solo porque alguien ha vuelto a leer su historia.

Se ríe, sacude la cabeza e ingresa a la ducha. Abre la llave del agua caliente que cae sobre él acariciándolo, diluyéndolo, hasta que no queda nada, ni escritor, ni baño, ni hotel, ni ciudad, ni país. Nada.

12 noviembre, 2011

Grandes hazañas


La mayor hazaña de la fuerza aérea fue bombardear el palacio presidencial. La mayor hazaña del ejército fue ejecutar sumariamente a miles de compatriotas. La mayor hazaña de la policía fue espiar y perseguir a decenas de miles. La principal hazaña de la marina fue utilizar su buque escuela como centro de torturas. La principal hazaña de los políticos fue sepultar la democracia.
Tras tanta hazaña, el país quedó yermo, estéril, silencioso. Fue presa fácil para predadores y aves de rapiña. Entonces un astuto intelectual decretó el fin de la historia.

07 noviembre, 2011

Sociabilizando


La conoció una fría tarde de invierno muy lluviosa. En consecuencia, no salió de casa. Muy pocas veces se animaba a ir de paseo. Se instaló en su escritorio y se conectó al sistema de conversación. Allí estaba ella, destellando, “esperándome” pensó él. “Solita“ le respondió de inmediato, caso con ansiedad, leyó él. La invitó a salir y ella aceptó encantada. Concordaron en una visita virtual a un bar de Tokio. Bebieron, cada uno en su casa, el trago de su preferencia, mirando el perfecto escenario. Riñeron por cuestiones políticas que en verdad no les importaban demasiado. Por fin, exhausto, se desconectó. Inició un juego nuevo que le habían recomendado mientras reflexionaba acerca de la gran dificultad que encarnaban las relaciones humanas. Decidió no regresar por unos días al lugar de encuentros virtuales. No se le ocurrió nada más ese día.

30 octubre, 2011

Reconocimiento actual de la obra de Diego Muñoz Valenzuela


VEINTE AÑOS NO ES… mucho!



Por Marcelo Coddou





Han transcurrido poco más de dos décadas desde que Diego Muñoz Valenzuela se hiciera presente en la literatura hispanoamericana. La acogida inicial de su obra fue entusiasta, pero limitada a un restringido número de lectores y críticos: los condicionantes de la recepción literaria en esos instantes en Chile –principios de los 90--, estaban muy lejos de ser óptimos. Y traspasar fronteras constituía un desafío realmente enorme. Ahora, tras el plazo señalado, y con muchas obras nuevas, parece haber llegado el instante de apreciación cabal del sitio que en el decurso de la narrativa continental que va desde 1991 al presente 2011, le corresponde a este escritor nuestro. El mismo se ha definido como “un narrador que busca en la literatura un espacio para la fantasía, aunque de verdad no logra huir de la realidad”. Muestra cabal de ello son sus relatos de ciencia ficción y sus originalísimos microcuentos.


Indicador indiscutible del espacio receptor que para sus obras está abriéndose y explayándose, es que haya sido seleccionado como uno de “Los 25 secretos mayor guardados de América Latina”: "25 escritores provenientes de 15 países del Continente –de Chile también se eligió a Nora Fernández y Francisco Díaz­­­­­--,que constituirán el centro neurálgico de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, sin duda la más prestigiosa feria editorial del continente y que se desarrollará en 9 días de finales de noviembre e inicios de diciembre de este año en la vibrante ciudad mexicana.

Como muestra de que eso para algunos de sus lectores era predecible –el reconocimiento de su valor tendría que darse, pronto o un poco más tarde-- reproduzco, con mínimas variantes, la nota-reseña que sobre Todo el amor en sus ojos publicara yo en 1991, a poco de su aparición. Lo hago a modo de homenaje a este narrador nuestro que, tras no muchos años, ha encontrado las apreciaciones de los logros –que ahora sabemos valorar como decisivos—de su quehacer creativo. Tanto los presentes en esa obra inicial como otros de variada índole en sus relativamente numerosos escritos posteriores. Decía yo en ese entonces, 20 años atrás:

Exaltado hasta extremos que pueden ser delirantes, el "fenómeno" de la narrativa chilena joven --abundosa, crecida, no poco publicitada-- exige ya [en 1991] de una reflexión serena que logre, entre otras urgencias, distinguir las voces de los ecos. Cuando esto se intente de un modo serio estoy seguro que va a destacarse la primera novela de Diego Muñoz, Todo el amor en sus ojos, como un hito importante en tal desarrollo. Y lo es en varios sentidos, pero fundamentalmente en uno: el haber sabido resolver eficazmente, a nivel de escritura, de discurso, el difícil desafio que significa enfrentar un tema recurrente dentro de la corriente en que se enmarca: el casi insoslayable de la situación sociopolitica de los últimos plazos. Su máxima virtud está, entonces, no en la novedad del asunto, sino en el tratamiento propiamente narrativo que logra darle. Y ello sin incurrir en la falla que debilita la mayor parte de los ejemplos de escritores coetáneos que pudieran mencionarse: el tecnicismo superficial, la rebúsqueda de formas sin sustento real en una materia de por si problemática para un cumplimiento riguroso, el vacuo experimentalismo.


Aquí no: Todo el amor en sus ojos deja sin usar muy pocos procedimientos que los maestros contemporáneos del género (muchos de ellos mencionados en el texto, desde Joyce y Hemingway a Cortázar y Bryce Echeñique, más otros que no necesita nombrar, como el primer Vargas Llosa y Manuel Puig) le hayan ofrecido como modelo. Lo notable es que resultan modelos asimilados. En la textura narrativa de esta obra hay tal fluidez, tanta facilidad de expresión, que la "naturalidad" de cada artificio permite ese modo de goce que el consumidor habitual de novelas --si es realmente exigente-- quisiera siempre encontrar: estar atento y reconocer el tratamiento literario a que se somete la anécdota, pero sin dejar nunca de sentirse atrapado a la vez por una trama, la del mundo ficticio del cual cree llegar a ser co-partícipe. Novela para un lector activo, cómplice si se quiere, que por ningún instante experimenta como ajeno el universo en que es introducido. Universo que asimila en un proceso que corre paralelo- -o, mejor, integrado--, al placer de lo que es efectiva y cabalmente estético.

En la alternancia y entrecruzamiento de dos instancias temporales (una, la inmediatamente anterior al triunfo de Allende-- y un poco antes--, y otra, la inicial, de la dictadura que pretendió cortar de un tajo el proyecto popular), se va desenvolviendo la existencia cada vez más enriquecida del adolescente y luego joven militante en la Resistencia que actúa como protagonista y, en la mayor parte del relato, narrador de sus peripecias. Desde el mundo concentracionario de los grupos de que forma parte (la pandilla de liceo, más adelante la célula política antidictatorial en que participa) se nos abren perspectivas plenas de resonancias humanas, sobre una realidad que ineludiblemente marcara a la sociedad chilena en su conjunto en período de tantas y tantas convulsiones sociales. Ante la severa gravedad de los hechos --dolor, frustraciones de mucho tipo, muertes, miedo cotidiano--, la visión propuesta abre, sin embargo, al carácter total de vidas privadas y colectivas a la vez. Y esto lo logra, entre otros medios, con el empleo magistral --por riguroso, por mesurado y bien construido-- del humor. Es, en efecto, con humor que agiliza cada escena, cada reflexión de los personajes. Los diálogos --y los abundantes monólogos internos, diestramente trabajados, a veces en paralelo o solapados unos con otros-- acusan el oficio a que ha llegado un autor de quien confiamos seguirá entregándonos muchas otras muestras de su talento.

Marcelo Coddou, hispanista y analista literario chileno especializado en literatura hispanoamericana. Es profesor de español en la Drew University de Nueva Jersey.

26 octubre, 2011

País de opereta

No quiero herir las susceptibilidades de posibles admiradores del género al que hago referencia con el título de esta reflexión, así que defino opereta antes de empezar. La opereta es un tipo de obra musical muy animada derivada de la ópera, que pone énfasis en lo satírico, cuya característica fundamental es contar con una trama inverosímil y disparatada.

Apenas puedo creer lo que veo y oigo. Esto me pasa cada día. El inventario de situaciones parece infinito, grotesco, como si estuviera destinado a saturar la capacidad de asombro. Me declaro perplejo ante la realidad que se nos ofrece.

Trato de no ver los noticieros televisivos desde hace mucho tiempo, pero no siempre puedo evitarlo. No es posible aislarse del todo, por eso me informo a través de la prensa escrita, a sabiendas de que debo interpretar lo que leo (no es un misterio que los medios están controlados por pocas manos de un solo signo). Lo escrito –no solo en materia de noticias- tiene la ventaja de que uno puede saltarse páginas. En la televisión uno debe soportar mansamente aquello que esta le ofrece. Y ya no tengo paciencia.

Veo como Chile se va incendiando día tras día por causa de la inconcebible y suprema insensibilidad de nuestros gobernantes y una ausencia de efectividad tan flagrante que colisiona de manera violenta contra las expectativas generadas por la” nueva forma de gobernar”.

Hoy vi –por desgracia- noticias en televisión en la mañana. Lo que me prodigó la máquina visual fue un espectáculo recurrente, donde cambian las víctimas, no así los victimarios. Fuerzas Especiales repartiendo garrotazos a diestra y siniestra, arrastrando detenidos a sus furgones con violencia excesiva, gritos, insultos, alaridos.

Esta vez se trataba de conductores de taxis colectivos, ayer de conductores de buses, anteayer los estudiantes que han sido los receptores –desde hace muchos meses- de la violencia represiva que el Estado ha escogido como respuesta fundamental y sistemática a las demandas de las personas.

Me siento como si me hubiera sumergido en una pesadilla digna de Orwell o Kafka, y veo con horror como nos dirigimos hacia crisis mayores, arrastrados por la irresponsabilidad del gobierno, que está obcecado en no ceder ante nada ni nadie. La soberbia impera entre los ministros, que a la primera de cambios –cuando rápidamente se ven incapaces de controlar alguna situación- ofrecen aplicar “leyes de seguridad interior”, que resuenan –al menos a mis oídos impregnados de historia- con los siniestros ecos de la dictadura militar.

Puedo concordar en que los métodos de lucha empleados por quienes luchan por sus legítimas demandas hayan excedido -en algunas oportunidades- la lógica del respeto y la convivencia democrática. No obstante la situación debe ser juzgada como un todo y en un contexto. Ese contexto es la indiferencia, la dilación y la represión, las artes principales que el gobierno ha desplegado en el conflicto por la educación. Y en toda clase de conflictos.

¿Si lo único que recibes como respuesta oficial a tus demandas son postergaciones, amenazas, golpes, chorros de gas o agua infecta a presión, qué es lo que puede esperarse?

¿Si la policía es solo eficaz para detener a los estudiantes que marchan y se expresan en forma pacífica y no para actuar contra los famosos encapuchados, no será que no quiere detener a los violentistas? ¿O qué clase de policía tenemos que no resulta eficaz para cumplir su rol ante hechos delictuales?

Muchas más preguntas como esta pueden hacerse. Recientemente se ha hecho pública una declaración conjunta de la Corporación Letras de Chile y la Sociedad de Escritores de Chile, donde se critica e impugna el Concurso de Proyectos del Fondo del Libro debido a aberraciones evidentes en sus bases.

Por ejemplo, para muestra un par de botones, se exige que los postulantes a Becas de Creación (cuyo objeto es apoyar a los escritores para que ejerzan un oficio que en Chile es muy difícil y desprotegido) traigan por escrito un compromiso editorial de publicar la obra que aún no ha sido escrita. Esto es una vergüenza intolerable, que revela incomprensión y desprecio por oficio de los escritores. No es posible otra actitud –pienso- que rebelarse ante tamaña idiotez, si es que no malintencionada acción de barbarie.

De otra parte, se exige en los concursos de fomento a la lectura, un aporte obligatorio de al menos 15% de los fondos a las propias organizaciones o a donantes (se entiende empresas). ¿Qué puede hacer ante esto una corporación sin fines de lucro, por esencia paupérrima y altruista? Se me responderá: ir a las empresas a pedir apoyo. Es decir, son las empresas las que van a decidir qué proyectos son elegibles y cuáles no… Todo eso debe ocurrir en unas pocas semanas de plazo. Y en un país donde la literatura –esta es la triste verdad- importa muy poco.

Eso es lo que lo demuestran las bases del concurso del Fondo del Libro: la literatura importa muy poco. La gente lee poco, los empresarios y los ejecutivos leen poco, los gobernantes leen poco (basta escucharlos para saberlo). Estas palabras de un escritor importarán poco a las autoridades, estoy cierto. ¿Por qué van a importarle más que las de miles y miles de estudiantes que piden –enérgica e infructuosamente- una educación gratuita y de calidad?

Pero estas palabras, y las de muchos otros miles, millones de chilenos en algún momento se harán escuchan más allá de la soberbia, la insensibilidad y el ejercicio de la violencia. Eso pasó antes y volverá a ocurrir si se hace necesario. A veces tengo la sensación de un flash back: veo a los antiguos dirigentes estudiantiles designados por la dictadura embutidos en trajes de ministros. Lobos fascistoides llenos de garras y colmillos que se aprestan a mostrar su verdadera naturaleza.

Ojalá me equivoque y quienes detentan el poder político recapaciten y cambien. Si no ocurre así, el país se precipitará en una compleja crisis mucho mayor que la actual. Y eso, claramente, no es bueno para Chile. Mientras ese cambio no suceda, cada día avanzaremos en nuestra calidad de país de opereta. Trataré de no ver noticias en televisión estos días.

Diego Muñoz Valenzuela

escritor

 
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