16 julio, 2020

Reflexiones sobre una doble crisis



Hoy estamos en medio de una doble crisis: aquella originada por el estallido social, esperable reacción contenida, acumulada durante décadas, ante la desigualdad y el abuso generados por el neoliberalismo, y después la pandemia del Coronavirus, una pesadilla de corte distópico, una suerte de regreso a las plagas del medioevo.
Resulta indudable que para ninguna de estas dos crisis estábamos preparados. Se ha evidenciado la falta de capacidad de la clase dirigente para enfrentarlas y generar caminos de solución, más allá del desprestigio de los actuales gobernantes, los anteriores y creo que de cualquier fuerza política formal existente al 18 de octubre de 2019.
Cuando advertíamos luz en el horizonte -me refiero al itinerario que abría la posibilidad cierta de crear una nueva Constitución-, llegó la plaga del COVID-19 y sus efectos.      Una epidemia de miedo que gatilla y exacerba comportamientos  individualistas, la conveniencia de manipular el temor de la ciudadanía para instalar un “orden” que inhiba las posibles réplicas de movimientos ciudadanos en las calles, parálisis parcial de la economía con sus consecuencias nefastas: pérdida de empleos, disminución o desaparición de los ingresos, atochamiento de los sistemas de salud. Un inventario parcial de los daños que causan ambas crisis combinadas y potenciadas.
 Para cualquiera, la cantidad de información que surge del entorno es gigantesca y produce confusiones. Es difícil distinguir qué datos de la realidad son veraces, primero, y luego cuáles de ellos son significativos y determinantes. Carecemos de referencias de situaciones similares a esta doble crisis que, al ser planetaria, produce avalanchas de datos, noticias, contradicciones y opiniones de toda clase: exaltadas, alocadas, desequilibradas, idiotas (aunque las emitan personas inteligentes y calificadas), incluso grotescas.
El oficio de un escritor es extremadamente solitario, pues requiere intimidad      para ejercerlo. No obstante, de parte de muchos -entre ellos el autor de estas líneas- existe la expectativa de actuar como un outsider, un observador activo, agudo e inquietante, que al estar descomprometido de los poderes fácticos, podría iluminar una situación compleja y oscura con sus opiniones o sus creaciones. Lo mismo podría esperarse de otros artistas, intelectuales, profesionales o académicos.
La desaparición de los intelectuales de estirpe autónoma de la vida política de la nación es una característica surgida con el retorno a la democracia, como si fuese condición necesaria del modelo. Las transformaciones de corte neoliberal han convertido los bienes sociales en productos privados, sin excluir ámbitos tan esenciales de la vida humana como la educación y la cultura. Qué decir de la salud, la previsión, la vivienda y otros más. La concentración de la propiedad privada se ha replicado en los medios de comunicación; pertenecen a los mismos grupos que controlan los principales sectores de la economía, haciendo difícil, si no imposible, el ejercicio de una auténtica libertad de expresión.
Vuelvo al imaginario donde el escritor opina desde su posición autónoma para contribuir a clarificar la situación que vivimos. Enfrenta la dificultad de procesar una enorme cantidad de datos y hechos contradictorios, diversos, confusos. Más allá de la complejidad, justamente se trata del momento para intentarlo, porque las soluciones a los problemas vigentes requieren de la creatividad e imaginación de los intelectuales.
En la escritura de ficción hay grados de libertad que no existen cuando se asume opinar sobre la realidad. La complejidad crece con la cantidad y calidad de la información acerca de esta doble crisis. ¿Cómo desprenderse de la angustia cotidiana que produce la constatación de tantos sufrimientos de las personas, materia primordial de cualquier literatura? Enfermos, desesperanzados, cesantes, muertos, desesperados, enclaustrados, empobrecidos, ansiosos…
En lo personal me ha sido más posible -aunque para nada simple- escribir acerca de esta doble crisis, versus retomar la extraviada cotidianidad de la escritura de ficción. Revisar textos anteriores y escribir artículos es lo que he logrado engendrar desde el  estallido social. Recién una semana atrás he podido regresar a una relativa disciplina para escribir narrativa de ficción, con bastantes límites y serias dudas, pero en fin, he vuelto al redil.
Todo esto ocurre en medio de las fragilidades personales y familiares de diversos órdenes: parientes ancianas encerradas en sus residencias, suspensión de ingresos habituales, inflexibles exigencias para cualquier cobranza de proveedores, trámites complejos para postular a créditos, desaparición de artículos esenciales del mercado farmacéutico (remedios, vacunas, mascarillas, alcohol), interminables colas para comprar cualquier artículo básico y esencial, postergación de cualquier  examen o cita médica “prescindible” (o sea, cualquiera que no se relacione con la pandemia), restricciones kafkianas al desplazamiento y trámites de permisos que no entiende ni siquiera la policía que los emite, cuentas matinales de los voceros del Ministerio de Salud manejadas con criterios maquiavélicos, canales de televisión inundados de opinólogos sacados de una lista cuidadosamente revisada.
Ahora se repite como un posible mantra el concepto de la “nueva normalidad”. ¿Qué será esto?, nos preguntamos todos en medio de la angustia, la desinformación, la sociedad manipulada y controlada por policías y militares que se pasean armados por la ciudad durante el toque de queda (una reminiscencia de la siniestra dictadura que sufrimos por diecisiete años). Desde la Presidencia se acuñó un nuevo concepto: “Retorno Seguro”. El Ministro de Salud lo ha celebrado como una “diferencia semántica o de lenguaje”, aunque en apariencia se trata de lo mismo: sinónimo, equivalencia, eufemismo. Se advierte como necesario que algunos especialistas asesoren al secretario de Estado, ya que en sus micro conferencias matinales  le ha dado por abordar materias culturales.
Tal vez la nueva normalidad consista en vivir encerrados, reducidos a lo mínimo, convertidos en ciudadanos de décima clase que deben pedir permiso a la policía hasta para ir a comprar pan. A mantenerse durante la noche encerrados en sus hogares mientras militares armados con enormes ametralladoras patrullan las ciudades vestidos para una guerra contra el “poderoso enemigo”, cuya identidad resulta esquiva y cambiante. A implorar ayuda del Estado, suplicar a los omnipotentes bancos la postergación de las deudas, tratar de conseguir recursos a como dé lugar. Combatir cada día contra la angustia, la soledad, la ansiedad o la locura que nos rondan. Sufriendo o viviendo la cesantía. Temiendo una futura recesión -anunciada por los dignatarios del mundo- que traerá horrores mucho más graves que la pandemia.
Regreso al punto. Hoy más que nunca es preciso sobreponerse a la situación, por más compleja y catastrófica que sea. Hacerlo por sobre las sofocantes condiciones que un ciudadano común experimenta.
Nos están tratando de convertir en mansas ovejas ante quienes asumen el rol de lobos. Eso es inaceptable y es preciso combatirlo desde el plano de las ideas. Se pretenderá “racionalizar” el calendario de elecciones, medida que encubre el deseo de postergar el itinerario hacia una nueva Constitución, única esperanza de cambio auténtico en nuestra sociedad arrasada por el dogma neoliberal y sometida a la indignidad y el abuso.
Desde esta situación compleja escribo, asumiendo que la salvación solo podrá surgir de nosotros mismos. Este es un tiempo para pensar y escribir desde la solidaridad con los demás, desde la humanidad intrínseca a la mejor literatura.


Diego Muñoz Valenzuela



Publicada en Grifo No. 39,  revista literaria producida por los alumnos y alumnas de la escuela de literatura de la Universidad Diego Portales.






















12 julio, 2020

La dignidad nacional


Mientras la poco fiable “leve mejoría” inicia su trayectoria como sustituto de la “nueva normalidad” y el “retorno seguro” como mantras gubernamentales del manejo de la pandemia, el cada vez más deteriorado equipo de la Moneda hace más de las suyas. Es decir, ejecuta errores mayúsculos, obnubilado por la codicia, la obsesión por mantener el statu quo que asegura la mantención del poder en manos de los ultra plutócratas, y la indiferencia total por el sufrimiento cotidiano de millones de chilenos.
Durante tres décadas nos hicieron “Pepito Paga Doble” (observe usted las iniciales, curiosa coincidencia): la patria de los jaguares haría historia y le enseñaría al mundo cómo hacer las cosas. Por estas fechas seríamos un país desarrollado, con pensiones equivalentes a los sueldos. Un mundo donde “chorrearían” leche y miel. En verdad teníamos un país con feroces, insalvables brechas económicas, sociales, educacionales. Los promedios estadísticos se harían cargo de ocultar las monumentales diferencias que se manifiestan en la realidad (nadie exhibe las gordísimas “desviaciones estándar”).
El trayecto cuidadosamente elaborado para convertir a Chile en el paraíso de los corruptos, los sinvergüenzas, los especuladores financieros y los prestidigitadores de la colusión, se inició en la dictadura de Pinochet. Jaime Guzmán desplegó su genio macabro para diseñar esta Constitución que nos amarra con sus tentáculos y nos impide escapar de esa prisión invisible y eficaz. Así se edificó el terreno para el ultra neoliberalismo que nos rige con sus potentes cerrojos jurídicos. Una trampa perfecta.
Hace años que no se habla de pobres en Chile. Es parte de la pantomima grotesca que han montado para reemplazar la realidad. Ahora hay sectores “vulnerables”, no hay pobres. Una gigantesca clase media que subsume todo. De los ricos no se habla. Me enferma este lenguaje eufemístico. Es fácil sostener esta falacia cuando se dispone de la connivencia de todos los medios de comunicación con cobertura nacional: prensa escrita, radio, televisión. Vea usted quiénes son sus dueños: los mismos propietarios de los supermercados, los bancos, las cadenas de farmacias, las mineras, las AFP (cof, cof, me atraganto). Ergo, pueden manejarnos a voluntad. Así lo han hecho, hasta ahora.
A los propios diputados de la derecha los han pretendido manipular como a simples marionetas. Se les llama desde palacio para dictar las terminantes órdenes del número uno. Sin embargo, han desobedecido, porque la situación actual no da para más. Hace rato que no da para más. Exactamente desde el 18 de octubre de 2019.
Basta de superchería, de fuegos de artificio, de falsas promesas, de campañas del terror. El perturbado gobernante (prospecto de sátrapa) no encuentra nada mejor que señalar la posibilidad de contar con una coalición más pequeña y leal. Cada vez más solo, tal es el pronóstico.
Ayer 11 de julio, se celebró un nuevo aniversario el Día de la Dignidad Nacional, cuando se nacionalizó el cobre durante el gobierno de Salvador Allende, en 1971. Que yo sepa, no hubo fiesta en la Moneda, no se repartió jabalí, ni caviar, ni avestruz, ni champaña. Aquí no ha pasado nada. Conste que esa ley se aprobó con el apoyo de todos los sectores políticos.  
Este recuerdo me induce fundadas esperanzas. Quizás la realidad penetre en las conciencias de los congresistas (ya que en palacio no hay caso, según se aprecia) de los diversos sectores políticos para apoyar e impulsar reformas efectivas que apunten a resolver las urgentes y extremas necesidades de los pobres y de los empobrecidos por la doble y estructural crisis que vivimos. El estado tiene ahorros; este es el mejor momento para gastarlos en quienes lo necesitan de verdad. Somos un buen prospecto para tomar créditos acaso no se cuenta con liquidez inmediata. El estado debe salvar a quienes lo requieren. No es posible mantener esta cruel, letal indiferencia hacia los terribles padecimientos y privaciones de millones de compatriotas.
Y tampoco podemos olvidar algo que es central: cambiar la Constitución del 80, tirar a la basura ese engendro fascistoide que ya no resiste más remiendos. Hay que construir una nueva Constitución, una que sustente un proyecto de desarrollo futuro iluminado por esos bellos y esperanzadores conceptos que siguen destellando en la memoria: libertad, igualdad, fraternidad. Destaco la fraternidad, porque debemos ser capaces de erigirnos por encima de cualquier diferencia entre ciudadanos para cimentar el futuro.
Para lograrlo, caben todos los que quieran transformar este statu quo de la injusticia, la iniquidad, la vergonzosa desigualdad. Hasta que la dignidad se haga costumbre. Este sí que es un mantra potente, veraz, resplandeciente.  
Diego Muñoz Valenzuela es ingeniero, escritor y miembro de la directiva del Partido por la Dignidad.

07 julio, 2020

FOTO DE PORTADA: opiniones


FOTO DE PORTADA
es una colección de diez cuentos que abordan el pasado -eludiendo al olvido- y el presente de forma simultánea. Publicado en 2003 por el Fondo de Cultura Económica bajo el título DÉJALO SER, ahora la editorial Zuramérica se atreve en plena pandemia a romper todos los esquemas y el confinamiento para lanzar FOTO DE PORTADA.


Ell ibro está a disposición de los lectores en el portal: www.zuramerica.com a un precio de $11.900, con posibilidad de envío a cualquier parte de Chile.

Este conjunto de diez cuentos —cuyas tramas recorren los años de dictadura y la transición a la democracia durante los 90— refleja la historia reciente de Chile. El horror de la violencia de Estado, las cárceles secretas, los servicios de inteligencia, la constitución del 80 y la instalación del neoliberalismo, la entrega de las empresas del Estado a precio de huevo. Después, la desmovilización de los ciudadanos, la exacerbación del individualismo, el imperio del mercado feroz, la falsa promesa neoliberal de producir riqueza para todos, el delirio de convertir a Chile en el jaguar de Latinoamérica, la privatización de todo, la jibarización del Estado, el manejo de los medios de comunicación.

Toda esta variada secuencia está reflejada en las historias de Foto de portada, algunas políticas y bastante colindantes con la realidad; otras irónicas, mordaces, humanas, hasta fantásticas. Rondan el amor, ya sea por la pareja, el dinero, los ideales, la familia, la justicia; la humanidad en despliegue total y diverso. La lectura de este libro, escrito treinta años antes, contiene una predicción de lo que iba a ocurrir en octubre de 2019: el estallido social, tanto así que en los cuentos aparecen frases relacionadas con sus consignas fundamentales. Eso demuestra que la crisis era predictible y que sus fundamentos eran evidentes, aunque se mantuvieran ocultos.

Y aquella democracia que una generación de jóvenes soñó mientras luchaba contra la tiranía, fue traicionada, manipulada y deformada para construir una sociedad desigual, de indignos contrastes y sueños burdos y falaces.

 

OPINIONES RECIENTES SOBRE FOTO DE PORTADA

“En esta paradójica “reconstitución de escena”, Diego Muñoz Valenzuela, en diez notables cuentos, configura un ideario que rejuvenece sus historias, que las resitúa en el Chile de hoy devastado por un tiempo que pareciera haber dado un salto enorme para caer justo en el mismo sitio que hizo resurgir esta obra indispensable desde las cenizas del olvido.

En suma: cuando el virus de la insensatez corroe los espacios antiguos y modernos, cuando esos invisibles enemigos se mimetizan en un neoliberalismo despiadado cuyo único norte continúa siendo la codicia desenfrenada, esta recreada mise en scene de Diego Muñoz Valenzuela nos representa un salto atemporal, a la vez que nos advierte sin tapujos de los peligros que encierran las sociedades desprovistas de un sentido esencial: su espíritu de fraternidad.

Un libro imprescindible hoy como ayer, que se esmera en instalarnos en el centro mismo de nuestro extraviado humanismo”.

Juan Mihovilovich

 

“Los diez cuentos de este volumen nos retrotraen al tiempo de la dictadura. La sombra de Pinochet planea sobre ellos y les presta un tinte sombrío. La misma sombra que oscurece el presente del país, incluidas las pandemias de salud y la social que se desató en octubre de 2019. Porque estos cuentos no nos hablan solo de los chilenos de hace cuarenta y cinco años, nos hablan de los chilenos de hoy. Y lo hacen a través de la voz de un narrador que utiliza de preferencia la primera persona, pero que conserva idéntica tonalidad las dos o tres veces que opta por la tercera. Son cuentos viscerales, escritos con pasión. Pero la pasión está mediada por el talento y el oficio del autor, que sabe lo que hace y lo hace bien”.

Antonio Rojas Gómez

 

“Foto de portada, de Diego Muñoz Valenzuela (1956), contiene diez cuentos que expresan el multifacético, complejo, inquisitivo, extraño mundo de este prolífico autor, quien, hasta la fecha, lleva cerca de una veintena de títulos publicados. En términos generales, la colección es ampliamente satisfactoria, sin baches, amena, de grata lectura, en suma, una atrayente experiencia. El estilo de Muñoz es sencillo, claro, directo, pero esa aparente facilidad en la escritura oculta un concienzudo, obsesivo trabajo de elaboración. Y la temática de la presente antología, es vasta: la lucha política contra la dictadura -con tintes autobiográficos-; las relaciones familiares; los conflictos sentimentales; la amistad masculina; el retroceso a la infancia o la adolescencia; la perplejidad ante una sociedad y un país que cambian y siguen siendo los mismos. Foto de portada da para todos los gustos, esté uno de acuerdo o no con las posiciones del narrador”.

Camilo Marks

 

“Este ejercicio de memoria puede ser considerado además como una reacción ante la política del olvido, una corrección a los efectos negativos concomitantes con el silencio y el ocultamiento, tanto en la esfera de lo público —pues es así cómo se construye una historia tergiversada, incompleta, parcial, unilateral—, como en el ámbito de lo privado, donde lo inconfesado ha sido uno de los elementos determinantes del periodo.

Este libro oportuno y necesario ofrece con sagaz amenidad los materiales discursivos para pensar y analizar las presencias y sentidos del pasado nacional, activando así un pensamiento de recuperación y transmisión de la memoria que es, a la vez, íntimo y político”.

Fernando Moreno Turner

 

“Publicado originalmente por el Fondo de Cultura Económica en el año 2003 bajo el título Déjalo ser, este libro recogió en sus narraciones, retratos de la época oscura que recién terminaba Con la mirada aguda, escéptica y experimentada de su autor, los diez relatos (…)  incluidos reflejan (…) el tiempo de la dictadura y los coletazos de la implantación de un nuevo modelo económico y cambios sociales de aquel período lejano, cuando recién se sumaba algo más de una década desde que Pinochet entregó la banda presidencial a Aylwin”.

Rodrigo Barra

 

Diego Muñoz Valenzuela (Constitución, 1956)

Ha publicado catorce libros de cuentos y microcuentos y seis novelas. Cultor de la ciencia ficción y del microrrelato. Ha abordado en profundidad el periodo de dictadura militar.

 Libros suyos han sido publicados en España, Croacia, Italia, Argentina, Perú y China. Cuentos traducidos a diez idiomas. Premio Mejores Obras Literarias 1994 y 1996. En 2011 el autor fue seleccionado como uno de los "25 secretos literarios a la espera de ser descubiertos” por la FIL de Guadalajara para celebrar sus 25 años de existencia.

 


01 julio, 2020

FOTO DE PORTADA: la visión de Fernando Moreno


Lugares de memoria.
A propósito de Foto de portada y otros cuentos, de Diego Muñoz Valenzuela
(Zuramérica ediciones & publicaciones, Santiago 2020, 159 pp.)

Fernando Moreno

El año 2003 la editorial Fondo de Cultura Económica publicó, bajo el título Déjalo ser, un conjunto de diez relatos de Diego Muñoz Valenzuela (1957). El nombre el volumen correspondía al de uno de sus cuentos, aquel que alude directamente, en una de sus posibles traducciones, a una de las más conocidas composiciones de Los Beatles, Let It Be. Allí se narra el auge y la caída, profesionalmente hablando, del consultor estrella de una importante empresa en el contexto de una sociedad que ha ingresado en la impía mecánica del neoliberalismo, así como también la imposibilidad de concreción de sus afectos. Ahora, diecisiete años más tarde, estas mismas narraciones, revisadas y con un cambio de título, el de otro de sus textos, aparecen reeditadas bajo el sello de la novel y promisoria Zuramérica, una iniciativa que merece ser saludada, entre otras razones, porque permite poner al alcance de nuevos lectores estos destacados textos y dejar en evidencia, además, su sustancial actualidad.
Una vigencia que se explica sobre todo porque, aunque en un principio la caracterización pueda parecer paradójica, los relatos de Foto de portada se perciben como lugares de memoria, para utilizar la expresión acuñada ya hace varias décadas por el historiador Pierre Nora, quien identificaba bajo estos términos esos espacios, y también unidades de sentido, donde se instala, condensa, materializa, clarifica y expresa la memoria colectiva. Y la literatura, en cuanto expresión simbólica, puede articular un espacio de experiencia –un pasado siempre presente–, y un horizonte de expectativas –un futuro avizorado a partir de esa actualidad–, para así configurarse como el lugar de una memoria actuante, remodelada y revisitada. Es lo que sucede con las atrayentes narraciones de Foto de portada.
De hecho, esta dinámica aparece acentuada incluso por el juego que se establece entre la elección de este nuevo título y por la ilustración de la portada del volumen, en la que confluyen otros lugares de memoria. La imagen a la que se alude en el cuento es la que capta una protesta universitaria en tiempos de la dictadura, una expresión del descontento frente a la opresión y a la injusticia; la fotografía de la cubierta del libro reproduce la estatua del general Baquedano, situada en llamada ahora Plaza de la Dignidad, es decir el foco del estallido social de 2019, consecuencia de años de abuso y de desigualdad. Se produce así una suerte homología de situaciones que aúna pasado y presente, que da cuenta de los avatares de la historia, de su movimiento en espiral y sobre el cual los narradores de los distintos relatos invitan a reflexionar acudiendo a la memoria, al repaso de los buenos o malos pasos que han conducido a un presente desde el cual se evocan impresiones, acciones, convicciones, opciones, decisiones, así como encuentros y desencuentros –con los demás, con la sociedad y consigo mismo–, sueños dentro de la pesadilla, expectativas, anhelos rotos, y carencias, que a veces solo la literatura permite recomponer o compensar.
Es precisamente el proceso de remembranza el que hila y establece puentes entre la proliferación de registros incidentales de distinto tipo y factura que exhiben los cuentos que componen el volumen. Porque ellos recorren y cubren una diversidad de temáticas y situaciones: la certeza y la incertidumbre del heroísmo, las dificultades o imposibilidades de los lazos afectivos, las modulaciones de los vínculos filiales, las hipertrofias del liberalismo, las subjetividades deformadas por el consumismo y la alienación, las amistades peligrosas y las verdaderas, los indisolubles lazos de camaradería, las atrocidades de la dictadura política, la revancha posible, la ferocidad de la dictadura económica, la añoranza y el desengaño, la posibilidad de una nueva relación con la naturaleza, entre otras. Y, se habrá deducido, que todos esos narradores, personales o no, están desplegando los signos de la memoria pública de la llamada generación de los ochenta, la del propio autor, aquella cuya juventud se vio luminosamente envuelta en los esperanzadores proyectos en pos de una sociedad más justa, descabezados primero por la irrupción de la tiranía, talados más tarde durante la llamada transición a la democracia, donde para el existir y el sobrevivir prima el orden económico y social impuesto por la dictadura y el liberalismo a ultranza, y por lo mismo, los desequilibrios flagrantes, el individualismo extremo y la violenta competitividad.
Este ejercicio de memoria puede ser considerado además como una reacción ante la política del olvido, una corrección a los efectos negativos concomitantes con el silencio y el ocultamiento, tanto en la esfera de lo público –pues es así cómo se construye una historia tergiversada, incompleta, parcial, unilateral–, como en el ámbito de lo privado, donde lo inconfesado ha sido uno de los elementos determinantes del periodo.
Los narradores y personajes de Foto de portada efectúan una suerte de radiografía y balance vivencial, se abocan a escudriñar en el pasado en un intento por redescubrir y articular las vivencias fragmentadas y dispersas que se esconden en el magma de sus recuerdos y que, esperan, les ayuden a comprender sentimientos, grandes gestos y pequeñas gestas realizados en determinados momentos de sus vidas y, además, a entender y hacer frente a un presente difuso, pero que quizás contenga ciertos indicios esperanzadores.
No solo ateniéndose a las dosis de realismo requeridas para este tipo de narraciones, rozando a veces la ciencia ficción o sumergiéndose en lo fantástico, con doctas anécdotas, bien entretejidos, mostrando un hábil manejo del diálogo y del entramado temporal, Foto de portada nos ofrece una colección de relatos vitales y comprometidos, no desprovistos de humor, con narraciones de amores y clamores, de revelaciones y testimonios. Allí se entretejen experiencia privada y experiencia social, lo fáctico se vislumbra a través del prisma del mundo sensible, los avatares de la subjetividad aparecen engarzados con la Historia. Este libro oportuno y necesario ofrece con sagaz amenidad los materiales discursivos para pensar y analizar las presencias y sentidos del pasado nacional, activando así un pensamiento de recuperación y transmisión de la memoria que es, a la vez, íntimo y político.

Fernando Moreno Turner es Doctor en Estudios Ibéricos e Iberoamericanos por la Universidad de Paris III (Sorbonne Nouvelle, 1980) y Doctor de Estado en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Poitiers, (1996).

Fernando Moreno TurnerHasta 1973, fue profesor del Departamento de Literatura de la Universidad de Chile de Valparaíso y, con posterioridad, de la Universidad de Poitiers, donde fue Catedrático de Literatura Hispanoamericana y también director del Centro de Investigaciones Latinoamericanas (CRLA-Archivos). Actualmente es Profesor Emérito de esa misma universidad. Autor de más de un centenar de estudios, capítulos de libros y artículos sobre la poesía y la narrativa hispanoamericanas y chilena contemporáneas aparecidos en revistas especializadas en Francia, Europa y América latina. También ha escrito varios libros y coordinado textos colectivos, entre los más recientes de esto últimos cabe citar Roberto Bolaño. La experiencia del abismo (2011), Lecturas de Nocturno de Chile (2014). Publicó con Etnika editorial la novela inédita de Carlos Droguett, Según pasan los años. Allende, compañero Allende (2019).

26 junio, 2020

FOTO DE PORTADA: la opinión de Camilo Marks

POLITICA, AMOR Y OTRAS AVENTURAS

 por Camilo Marks

FOTO DE PORTADA, Diego Muñoz Valenzuela, Zuramericana Ediciones, Santiago, 2020, 159 páginas,  CUENTOS

 

Foto de portada, de Diego Muñoz Valenzuela (1956), contiene diez cuentos que expresan el multifacético, complejo, inquisitivo, extraño mundo de este prolífico autor, quien, hasta la fecha, lleva cerca de una veintena de títulos publicados. En términos generales, la colección es ampliamente satisfactoria, sin baches, amena, de grata lectura, en suma, una atrayente experiencia. El estilo de Muñoz es sencillo, claro, directo, pero esa aparente facilidad en la escritura oculta un concienzudo, obsesivo trabajo de elaboración. Y la temática de la presente antología, es vasta: la lucha política contra la dictadura -con tintes autobiográficos-; las relaciones familiares; los conflictos sentimentales; la amistad masculina; el retroceso a la infancia o la adolescencia; la perplejidad ante una sociedad y un país que cambian y siguen siendo los mismos. Foto de portada da para todos los gustos, esté uno de acuerdo o no con las posiciones del narrador.

El relato que lleva el nombre de la compilación, que se acerca a una novela corta, expone la épica y la picaresca de un grupo de estudiantes que intentan realizar una asamblea en la época dura, con previsibles consecuencias: sus protagonistas, Vicente y el Guatón Alvarado, reciben el mote de Laurel y Hardy, evidente alusión al Gordo y al Flaco que tantas risas arrancaron hace unas generaciones. En la misma tónica, mediante una prosa saltona o meditativa, se inscriben "Vientos de cambio" y "Después de treinta años". La primera es una historia desopilante, absurda, fantasiosa, en la que un automovilista desaforado liquida, gracias a un computador portátil, a cuanta persona se interpone en su camino, incluyendo a una monja y un general. La segunda, describe el reencuentro de compañeros mucho tiempo después de haberse alejado, cuando son prósperos, se aproximan a la vejez y deciden reunirse en un céntrico bar para rememorar el pasado perdido; el héroe indiscutible de la jomada es Lucho Bell, convertido en empresario gastronómico español.

"Apuntes para una historia siniestra" indica con exactitud lo que esas palabras ' sugieren: Matías construye una lucrativa empresa vendiendo aceite humano para el rejuvenecimiento, obtenido en morgues, hospitales o clínicas por medio de gente que tiene acceso a cadáveres. "Déjalo ser" y "Yesterday", aparte de la pasión de Muñoz por los Beatles: son ejemplos de las diversas y contradictorias formas con las que se vive el erotismo. En el primer caso, Ramsay, un genio organizativo, un administrador eximio, siente por Rubén algo más que simple afecto, que este último es incapaz de corresponder: todo lo cual, sin perjuicio del trasfondo bullicioso, es tratado con gran delicadeza y respeto. El otro episodio describe los amores entre Emilio e Isabel a lo largo de un prolongado período, en escenarios locales e internacionales, caracterizados por las casualidades, los celos de él, la feroz independencia de ella y tal vez la filosofía manifestada en las palabras "eso que llamamos amor es solo una entelequia, una fantasía creada por la literatura". "Adagio para un reencuentro" sitúa al héroe en San Francisco, en los momentos en que sube al último piso de una librería y escucha la pieza de Samuel Barber. De súbito, aparece su padre, muerto hace seis años, con quien emprende un tour por la maravillosa ciudad californiana.

Quizá sea injusto calificar la calidad de unas crónicas sobre otras, en un compendio tan parejo como este. Sin embargo, hay dos que resultan sobresalientes. "Mirando los pollitos" despliega las pellejerías y miserias de Cárdenas, un contador que acaba de quedar cesante y se instala en la Plaza de Armas, angustiado porque no puede pagar los dividendos, las cuentas, los gastos domésticos y el resto, escondiendo a su mujer e hijos la verdad de la situación. De pronto, irrumpe Roky, aparentemente un charlatán vestido como hombre-sándwich, que hace propaganda a una marca de aves y pese a la inicial renuencia de Cárdenas, el estrafalario personaje logra convencerlo para que ambos compartan el mismo oficio. Aquí, lo que pudo terminar en desastre, culmina en un natural, si bien improbable, final feliz-  "El día en el que el reloj se detuvo" conforma una disparatada fantasía, en la que Alberto, el papá, se despierta para comprobar que nada funciona y otro tanto sucede con sus vecinos, de modo que es imposible hacer lo elemental, como ir al trabajo, al colegio, tomar micro o lo que sea. En el fondo, esta es una fábula contra las máquinas. Así, Foto de portada, se revela como una notable recopilación.


25 junio, 2020

VENTA DE ILUSIONES EN CHINA

VENTA DE ILUSIONES, microcuentos, 2019, Lijiang Publishing, China

 





Este libro traducido al chino como Venta de ilusiones, corresponde al volumen de microcuentos Demonios vagos, publicado por Simplemente Editores en 2015 en Chile, una selección del profesor Cristian Montes, de la Universidad de Chile. La traducción de Fan Tongxin fue revisada por un equipo de experimentados traductores: Sun Xintang, Pablo Rodríguez y Liljana Arsovska.

Con un segundo tiraje a junio de 2020, ya van 8.000 ejemplares con una muy buena recepción del público lector.

 

 

Extractos del prólogo hecho por el escritor A Yi

“Leyendo el libro Venta de ilusiones, de Diego Muñoz Valenzuela, encuentro más búsqueda de lo divertido que la ambición del autor. Eso me recuerda las apreciaciones del lector sobre la poesía de C. P. Cavafis: unión de lo objetivo, lo dramático y lo didáctico. (…) Para Diego, la escritura sirve para descargar la energía interior, pero también para buscar la luz. Tiene cuentos incluso más cortos que haiku, pero igualmente toman perfecta forma, bien parecidos a los diamantes que resplandecen en este libro. 

“En el libro de Diego se ve un legado impresionante de Kafka, que reside en el deseo de resumir las condiciones humanas y también en las recreaciones de textos de Kafka. Mediante la metamorfosis, si bien Kafka muestra el destierro de los seres humanos, Diego Muñoz revela la desenfrenada malicia humana. 

 

Editorial Lijiang

Desenfadada imaginación, colorida vivacidad, fantasía y esplendor en unos cuentos y oscuridad y crueldad en otros… Faltan palabras para calificar las obras del escritor chileno Diego Muñoz Valenzuela. Todo este poder mágico se palpa en los microcuentos incluidos en esta antología Venta de ilusiones.

 

Qiao Yuan, crítico literario chino

Diego Muñoz Valenzuela va más lejos que Kafka: en éste, desde lo real de la vida se espían las ilusiones, mientras que en el escritor chileno la gente, al lado de las ilusiones, divisa la realidad.

 

douban.com (portal chino más importante de crítica de libros)

Es cosa de un santiamén entrar en las ilusiones y despertarse de ellas, tal como nos cuentan estos microrrelatos.

 

Sun Xintang, traductor, profesor de la Universidad de Lengua y Cultura de Beijing

América Latina tiene larga tradición de microcuentos, de Juan José Arreola a Julio Cortázar, de Bioy Casares a Augusto Monterroso, y ahora el escritor chileno Diego Muñoz Valenzuela nos trae nuevas ilusiones.

 

Angie Tongxin Fan, traductora del libro

Diego exterioriza las olas bulliciosas del interior en estas obras con una salvaje imaginación y la subversión de los clásicos, más los personajes extravagantes e historias paradójicas, con lo que quedamos como quien ve visiones, pero sin poder parar la lectura.

 

Amplia recomendación

Muchos escritores recomiendan, por ejemplo: Li Jingze, el crítico literario chino de mayor prestigio; Hao Jingfang, narradora china premio Hugo 2016, y otros destacaron abiertamente el libro. 


 

Rankings en China

 

1.   Puntuación: 8.4 sobre 10 en douban.com, mejor portal chino de crítica de libros. La puntuación viene de lectores e internautas inscritos.

 

 

 

2.   Figura en la lista Wenyi Lianhe Shudan, edición 34 (octubre 2019), o sea, lista mensual de los libros más recomendables de literatura y arte de China. Es una lista hecha en conjunto por 24 editoriales chinas.

 

 

3.   Figura en la lista Luces de la literatura, octubre de 2019. Es una lista mensual de libros más recomendables por 16 editoriales chinas.

 

4.   Figura en el ranking de libros bookdao.com, edición segundo semestre de 2019. Se trata del ranking de los mejores libros publicados en China.


01 junio, 2020

FOTO DE PORTADA: comentario de Marino Muñoz



“Foto de portada y otros cuentos” Diego Muñoz Valenzuela

Por Marino Muñoz Aguerodomingo 31 de mayo del 2020

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Este conjunto de trabajos de Diego Muñoz Valenzuela (Constitución, Chile; 1956) es una re edición de “Déjalo ser” volumen publicado en 2003 por la editorial Fondo de Cultura Económica. Es una actualización del libro original, mediante su relectura y revisión de detalles en una labor conjunta autor-editor.
Al momento de su primera edición, había pasado poco más de una década del término de la última dictadura que asoló a Chile y ya existía en muchos el convencimiento de que la democracia tan ansiada, lo sería “sólo en la medida de lo posible”. En ese estado de cosas, entendemos, el autor mira hacia atrás y lo hace “desde adentro”, como si hubiera estado ahí para poder contarlo después (y en primera persona). Nos encontramos entonces con un narrador-protagonista de refinada y amena escritura, apoyado por muy buen manejo de los diálogos, en especial, los de corte intimista y una acertada categorización de los personajes, sin llegar necesariamente a la exploración psicológica.
Por medio de casi la totalidad de los relatos podemos proyectar el derrotero de vida de este narrador-protagonista, con la historia inmediata de Chile como telón de fondo: desde la infancia provinciana, pasando por la adolescencia y la vida universitaria en Santiago, hasta el joven profesional imbuido en el mundo de la consultoría de empresas y luego padre de la típica familia de clase media emergente que habita en un condominio. Por estas páginas desfilan distintos personajes, muchos de ellos desesperanzados, frustrados y con sus miserias a cuestas, producto de sus propias acciones o sus circunstancias.
En este recorrido por escenarios y épocas reconocibles, vendrá el encuentro (aparición) con el padre que ya partió de este mundo (uno de los pocos personajes que sale indemne), la añoranza de los amores tormentosos en la etapa de adulto joven o los ajustes de cuentas con los compañeros de la lucha contra la dictadura en cuanto a “quien puso más” (palabra vs. acción). Quedan como símbolos de tiempos idos, por ejemplo, las referencias recurrentes a ese bitter batido del bar del “Hotel City” o las idas a la Caleta de Quintay.  En el fondo, un contrapunto entre lo que fuimos y lo que nos queda: “¿Qué queda de esa época, además de los recuerdos? Poco más que nada, una que otra remembranza, o más bien el espectro de ideales derrumbados, la ironía como recurso final de salvataje, al afán por la comida de otros países, la costumbre de andar con un libro a rastras, las ganas de estar mirando el océano frenético, como los ojos que tengo enfrente” (en “Ojos un poco perdidos” recordando la etapa del grupo de matrimonios amigos cuando eran jóvenes profesionales). Todo ello no logra tumbar al narrador que, con una que otra herida, salva el honor y queda con saldo a favor en los ajustes de cuentas con un pasado del cual no logra desprenderse.
“Foto de portada y otros cuentos” es un muy buen texto de Diego Muñoz Valenzuela, una colección de relatos con hilos comunes a partir de cuales se podría construir una interesante novela. Un libro como para leerlo saboreando un bitter batido; aunque no sea el mismo que nos acercaba el viejo garzón del “City” que: “jugaba a la perfección su papel, un justo intermedio entre la sumisión y la camaradería, que va desapareciendo junto con los bares tradicionales, sustituidos por los higiénicos pubs de fin de siglo” (“Déjalo ser”).
Diego Muñoz Valenzuela es uno de los más importantes escritores chilenos de la actualidad. Ha publicado once volúmenes de cuentos y seis novelas, y en colaboración con otros autores, dos libros ilustrados y cinco antologías de cuentos.
“Foto de portada y otros cuentos”, Diego Muñoz Valenzuela -1ª edición- 2020. Zuramérica; Santiago, Chile, 162 pgs. Disponible próximamente en ebook.

03 mayo, 2020

El poder de los “inútiles”


Se reconoce que el quehacer del escritor es profundamente solitario. Requerimos de la soledad para poder dedicarnos a nuestra razón de existir. Pero la razón esencial de la literatura se encuentra en la sociedad, es a ella a quien interpelamos, más allá de nuestras ideas o intenciones. Se vive así en una constante contradicción entre sociabilidad y aislamiento. Sumergirse para entregarse al trabajo creativo con la mayor dedicación posible. Emerger, regresar a la vida social para nutrirse de nuevos elementos que comenzarán un proceso de fermentación en el subconsciente, generando material para una nueva escritura.
            Sin embargo, hay momentos históricos que afectan esta pulsión, y por cierto de maneras positivas y negativas. Por ejemplo, en la segunda mitad de los años 60 -como buena parte del mundo- vivimos intensamente la germinación de grandes cambios sociales, expresados en movimientos políticos que delineaban una evolución hacia estructuras sociales más justas y libertarias. Estos cambios fueron alentados por transformaciones previas que resultaron de las luchas de varias generaciones previas
            Este tránsito hacia un mundo mejor fue interrumpido -en el caso de Chile y varios países latinoamericanos- por brutales dictaduras criminales. Así como a fines de los 60 y comienzos de los 70 el aislamiento de los escritores fue suspendido y transformado en colaboración activa con los procesos de transformación social, en dictadura asumió formas de resistencia. Tal fue el crisol en el que se formó nuestra generación, mayoritariamente comprometida con la democracia y la lucha por restituir la libertad.
En el proceso regresivo y en esencia reaccionario que llevó adelante la Concertación desde 1990, cuando se recupero nuestra débil democracia, se inició una desmovilización de los actores sociales. Esto afectó por iguales a escritores, artistas, intelectuales, académicos, profesionales; a toda la gente vinculada al pensamiento, con excepción de aquellos que cerraban filas como militantes y asumían cargos en los partidos del nuevo oficialismo o en la administración del estado.
Así se alentó una diáspora y una etapa proclive al aislamiento, que tuvo beneficios en los años venideros: la producción de una serie de obras que abordaron de diversas formas la “era del ogro” así como otras renovadoras en la forma o el fondo.
Viene un periodo de silencio, de voces individuales, de escasa acogida al pensamiento críticos en los medios. Mientras tanto el neoliberalismo impuesto en dictadura se enquista en todos lugares: se apodera de gran parte de las empresas públicas, se glorifica al dios omnipotente del mercado como mantra milagroso de la gestión, se entroniza en las universidades y la educación. Vamos camino de ser los jaguares del continente, asumiendo que la concentración de grandes capitales producirá al “chorreo” hacia los sectores “vulnerables”, el eufemismo que permite desterrar el incómodo vocablo “pobreza”. Desaparece la pobreza del campo lingüístico.
De pronto vino, literalmente, el “estallido”, la rebelión ciudadana iniciada el 18 de octubre de 2019; rebeldía que siempre estuvo presente, pero que jamás fue escuchada ni considerada desde el poder. Gran sorpresa para los gobernantes y la abrumadora mayoría de los partidos políticos. Surge en la palestra un descontento esencial y vigoroso, la desigualdad extrema emerge a la superficie junto con el abuso. “Chile despertó” fue una de las frases acuñadas. De pronto los 30 años de democracia mostraron la parte oculta de su rostro. Y junto con esta rebelión, lo esperable es que surgieran las voces de los escritores y los intelectuales comprometidos con esa ciudadanía movilizada, porque forman parte de ella.
Es un despertar gradual, no explosivo (cuando debiera serlo) porque hicieron y hacen lo suyo los años de adormilamiento y falta de protagonismo (en el sentido de la acción), unidos a la transformación social realizada en 30 años (concentración de la propiedad de los medios de comunicación, transformación del modelo educacional y las universidades, acuñamiento de la “industria cultural” para asimilar los procesos creativos a la economía neoliberal).
Después hemos asistido a un espectáculo donde ningún agente político se ha hecho cargo nítido de las demandas sociales, erigiendo un liderazgo que ofrezca soluciones dentro de un cuadro integrado verosímil de transformaciones, necesariamente graduales y bien priorizadas. Y en las escasas e insuficientes soluciones planteadas hasta ahora, no se advierten las propuestas de cambio creativas y contundentes que un cambio efectivo requiere. Se tiende a repetir las fórmulas pasadas, a moverse dentro de los estrechos márgenes que el sistema neoliberal permite.
Ahora enfrentamos una doble crisis, pues la pandemia y sus efectos inmediatos y futuros (los más temibles), se adicionan y potencian con la constatación de las enormes injusticias y abusos del sistema neoliberal puestos a la fuerza sobre la mesa desde el 18 de Octubre de 2019. Peor aún, se nos previene -quizás para infundir miedo y generar control social- de que estamos a las puertas de una crisis económica tan contundente y fatal como la de 1929, la Gran Depresión.
En estas circunstancias ¿qué podría parecer más ocioso que las prácticas de la escritura, el arte o el pensamiento libre? Justamente cuando ni políticos, ni gobernantes, ni empresarios (hay excepciones tan honrosas como raras) han mostrado capacidad para ponerse a la altura del liderazgo requerido para superar esta doble crisis, sanitaria y socioeconómica.
            Son tiempos donde se espera una contribución esclarecida de los líderes formales, pero en cambio recibimos ausencia de información y un evidente predominio en cuanto a privilegiar la conveniencia de los negocios (la economía) por sobre el cuidado de las personas.
En estos momentos debiera ser más que bienvenido el aporte de la inutilidad del arte y el pensamiento, atendiendo a la posibilidad de que pueda volvernos mejores personas. Y encontrar soluciones originales, elaboradas fuera de los paradigmas imperantes en la sociedad en la cual vivimos, de la cual somos responsables.
En esta difícil etapa es necesario que se manifiesten e interrelacionen creativamente todos los conocimientos: científico, artístico, filosófico, económico, etc. Como en otros periodos complejos de nuestra historia. Intelectuales, científicos, artistas y profesionales deben salir de su soledad y desempeñar -juntos y en colaboración estrecha- un papel protagónico, expresando sus pareceres sin cortapisas y señalando caminos de solución para los graves y enormes problemas que nos aquejan.
En estos meses recientes, desde las ciencias, las artes y otras disciplinas, he advertido el inicio de un caudal valioso, pleno de aportes, que debe multiplicarse, pues puede ser una fuerza fundamental en el balance entre permanencia  y cambio.
Si queremos cambiar de manera efectiva, debemos delinear hacia dónde, en qué sentido, para lograr cuáles resultados. Y eso se debe diseñar e implementar con las grandes mayorías, no con minorías privilegiadas.
Las actividades “inútiles”, como la necesidad de crear e imaginar, son las que nos pueden conducir a los nuevos caminos, a salvarnos del inmovilismo y el aislamiento, a soñar y pensar juntos en un mundo mejor. Me parece imprescindible escapar de la prisión materialista e individual adonde nos ha arrastrado el actual estado de cosas. No veo otra manera viable para crear una sociedad donde resurjan como claves el humanismo y la libertad, donde dignidad y solidaridad sean las divisas fundamentales.

Diego Muñoz Valenzuela, escritor, presidente de Letras de Chile, ingeniero y miembro del Tribunal Supremo del Partido por la Dignidad.




 
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