03 mayo, 2009

FLORES PARA UN CYBORG, por Pepe Cervera


http://latormentaenunvaso.blogspot.com/2009/02/flores-para-un-cyborg-diego-munoz.html

martes, febrero 10, 2009
Flores para un cyborg, Diego Muñoz Valenzuela
EDA, Madrid, 2008. 196 pp. 14.25 €

En Flores para un cyborg, uno de los seis libros que hasta la fecha ha publicado su autor, Diego Muñoz Valenzuela, (Chile, 1956), se cuenta la historia de un científico experto en robótica, Rubén Arancibia, que después de pasar varios años exiliado regresa a su país, Chile, acompañado de Tom, cyborg que ha construido a su imagen y semejanza. A tal extremo llega el parecido de la máquina con el aspecto de su creador, que es capaz de pasar por éste en «reuniones sociales, cócteles, conferencias, almuerzos, partidos de béisbol y a más de un seminario inútil», incluso llega a superarlo en cuanto a relaciones sociales, ya que el androide aprende rápido a lucir un encanto del que Arancibia carece.Pese a haberse convertido en un país democrático, en el Chile que el protagonista se encuentra permanecen latentes los vicios de la anterior dictadura. Los antiguos torturadores están ahora al mando de negocios excesivamente conectados con el actual gobierno; aquellos que administraban el país continúan manejando ahora excesiva información que les permite mantener un estatus privilegiado con la connivencia de jueces y políticos. La corrupción está en el orden del día. Rubén Arancibia y un viejo amigo, activista opositor al régimen, Ricardo Bell, se plantean darle al Perro Torres, torturador y asesino, una píldora idéntica a las que él administraba.

«— ¿Dárselas a ese hijo de puta? ¡Claro! Pero es muy difícil. Ningún tribunal lo condenaría. No conseguiríamos nada con esos magistrados corruptos o, en el mejor de los casos, inertes.—No hablo de tribunales, hablo de justicia. Dejar seca a esa alimaña.»Lo que a priori parece una empresa etérea y descabellada toma cuerpo rápidamente y se transforma en una idea palpable gracias a la implicación del hombre de acero, cuyos principios y reglas morales coinciden con los que rigen el comportamiento de su creador. El cyborg se convierte en el instrumento con que su hacedor llevará a cabo la revancha. Se desata una oleada de violencia para resarcir el daño que les fue causado. El argumento que trabaja el autor posee por sí mismo una importante carga de tragedia, sin embargo Diego Muñoz Valenzuela va salpicando su prosa con las dosis justas de humor para desdramatizar el punto de vista del lector, quien no puede evitar la reflexión pero tampoco dejar escapar una sonrisa —como la que provoca la obsesión del cyborg por conseguir un apéndice viril que le permita mantener relaciones sexuales con mujeres de carne y hueso. Tom adquiere sensibilidad y capacidades humanas; sorprendentemente la máquina desarrolla cierta facultad de sentir, es capaz de querer y conseguir que le quieran. Ruben Arancibia lo considera un amigo, un hermano, un hijo, y a lo largo de la narración se percibe la reciprocidad de esos sentimientos. Para la lectura del libro de Muñoz Valenzuela, además del ya mencionado sentido del humor que lo recorre, adquiere importancia la soltura de la prosa, la facilidad con que se avanza: no es difícil liquidar las más de 260 páginas de tirón. Los objetivos que el protagonista y sus cómplices se asignan van cayendo y lo que se planteó en un primer momento como una reparación puntual e irreprochable empieza a perder freno tomando visos de venganza. El protagonista lo advierte casi al mismo tiempo que el lector: «—Haces justicia por tu mano y te conviertes en uno más de ellos, un vampiro que jamás se cansará de succionar la sangre de sus víctimas…», le dice al cyborg después de su último trabajo. A un pelo estamos de cuestionar la rectitud de sus hazañas cuando una veta de esperanza viene a apaciguar las malas conciencias.A Diego Muñoz Valenzuela se le conocía en España por haber sido incluido en la Antología de cuentos chilenos que en 2006 preparó el italiano y especialista en literatura hispanoamericana Danilo Manera para la editorial Siruela; en Chile ha publicado otra novela y cuatro colecciones de relatos. Ahora se le puede encontrar en las librerías españolas gracias a la labor de E.D.A. libros (http://www.edalibros.com/), que poco a poco, de manera injustamente callada y con unos libros de muy buen tacto, está elaborando un catálogo nada despreciable —en su colección “Los días terrestres” ya ha publicado a autores como Guillermo Busutil, José Eduardo Tornay, David Roas, Federico Fuertes Guzmán—: Flores para un cyborg es una prueba más de ello.

01 mayo, 2009

Malentendidos


a Eloísa Muñoz Fehrmann

Con su último aliento, el presidente de la corporación sin fines de lucro, desangrado y destrozado por aquella letal furia de garras y colmillos, la increpó con voz entera: “te dije que necesitábamos un filántropo, no un licántropo”.

19 abril, 2009

Diego Muñoz Valenzuela deshoja sus 'Flores para un cyborg'

http://www.malagahoy.es/article/ocio/348582/diego/munoz/valenzuela/deshoja/sus/flores/para/cyborg.html

El escritor chileno presentó ayer en el Museo Municipal su última novela, publicada en España por la editorial malagueña EDA, dentro de los actos del IML. Un científico viaja a un país lejano para hacer un doctorado en Robótica. Para entretenerse construye un robot porque se siente solo. Lo hace en secreto. Nadie le cree. Todos piensan que es absurdo. Lo crea a su imagen y semejanza. Pero el doble comienza a actuar de manera inesperada. Así comienza la trama de la novela Flores para un cyborg, de Diego Muñoz Valenzuela (Constitución, Chile, 1956), editada en España por la editorial malagueña EDA. "De repente surgió el interés, producto de conversaciones y finalmente los editores de Málaga se interesaron por esta obra, que está recién sacadita del horno", comentó el autor, que presentó su obra ayer en el Museo Municipal dentro de los actos del Instituto Municipal del Libro (IML).

"Para mí es una novedad. El hecho de estar presente en España es para mí estar en un mundo distinto, por eso de la cantidad de lectores posibles e intereses, que para un autor latinoamericano es más que apetecible", aseguró el escritor chileno. Muñoz Valenzuela, entre otras muchas obras, ha publicado además cuentos en antologías como Cuentos chilenos de Siruela.

Flores para un cyborg, que será presentada en distintos puntos de Andalucía y del resto del país en las próximas semanas, ha sido ganadora en Chile de varios premios como el del Consejo Nacional del Libro a la mejor obra literaria. "Esta obra generó allí además mucho impacto de crítica y de prensa porque era una novela que mezcla ciencia-ficción, novela negra y política, porque tiene que ver con la Transición chilena. Espero que en España ocurra lo mismo y que vaya bien", desea su autor, aunque se siente expectante por ver cómo reaccionará el público español.

Flores para un cyborg está escrita "como en tiempo presente. Es la idea. Lo que tiene de trama es pura ciencia-ficción porque la capacidad de crear una mente artificial, de un robot casi perfecto, que engaña a cualquiera..., es la gracia que tiene, aunque tiene su fundamento científico". La novela se convertirá pronto en una trilogía: ya hay una segunda parte que está a punto de salir y la tercera está en elaboración. "No me lo propuse así pero se me ha ido convirtiendo en una serie con secuelas", subrayó Muñoz.

"Pienso -añadió- que es un libro que puede interesar tanto a los que leen novela negra como a los que leen ciencia-ficción. Además, tiene cierta actualidad política, porque tiene que ver con la historia de casi todos los países hispanoamericanos, puesto que casi todos ellos han vivido dictaduras". Y en cuanto a las edades, "creo que está indicado para todos. A los jóvenes gusta y a los mayores les atrae la parte social y política de la obra".

El escritor chileno, en tanto que promocionaba su novela, vendía además ayer las bondades de su país, "al que me gustaría que muchos españoles fueran a conocer. Yo ya he venido aquí varias veces, y es España un país en el que me siento muy cómodo". Y defendió también el autor la literatura hispanoamericana, "que es una sola, y debería haber un solo mundo hispanoamericano, pero estamos separados por un océano, aunque las conexiones son impresionantes. Hay palabras perdidas aquí que han sido encontradas allí. Y viceversa. A pesar de todo, estamos en un mismo mundo".

18 abril, 2009

Asuntos de estado


El empresario vio una formidable oportunidad de negocio. Habló con el ministro, luego con el senador y les explicó lo que deberían hacer. Después conversó con el director de la red de medios de comunicación de la que era accionista. Negoció con los mayores proveedores extranjeros. Tras unos meses, se declaró la guerra. El ejército compró los pertrechos a la industria del empresario, pues era el único que los tenía a mano, a un precio –por cierto- elevado. El general dirigió la guerra: millares de soldados y armas fueron movilizados. Los jóvenes héroes fueron inmolados en decenas de batallas: defendieron la patria con su vida, hasta la última gota de sangre. Su ejemplo fue destacado en los noticiarios. Las madres despidieron sus restos cubiertos con la bandera en ceremonias de gran marcialidad. Las utilidades fueron formidables. Vino el armisticio. Lentamente todo fue volviendo a la normalidad.

12 abril, 2009

Confucuento


Cenicienta mordió la manzana envenenada y se hundió en un plácido sueño donde ella, convertida en sastrecillo valiente, aplastaba a siete ogros de un solo golpe. La maligna bruja se introdujo en el sueño, pero salió trasquilada porque un gato con botas la convirtió en sapo. Un hambriento lobo cazó al anfibio y lo cocinó a fuego lento. La Caperucita reprobó el guiso y ordenó al lobo, hacha en mano, que se lo sirviera a su abuelita. Cenicienta despertó sudando frío y se horrorizó al ver a siete horrorosos y desnudos enanos contemplándola con lascivia.

28 marzo, 2009

Invasiones extrañas

Vinieron de múltiples colores y tamaños, silenciosos y de grandes ojos impasibles, en grupos cada vez más nutridos. Se contorsionaban y agitaban sus aletas para desplazarse por el aire, como si fuesen pájaros y no peces. En tanto los gigantescos cardúmenes se precipitaban por parques y bosques, las personas arrancaban de aquel hecho incomprensible. Pronto ocuparon todo el espacio disponible con sus cuerpos escamosos y la gente comenzó a morir de asfixia.

18 marzo, 2009

FLORES PARA UN CYBORG EN ESPAÑA


http://www.diariodejerez.es/article/ocio/347599/flores/para/cyborg/la/maquina/perfecta/existe.html

Arantxa Cala / Jerez | Actualizado 11.02.2009 - 05:00

Un científico viaja a un país lejano para hacer un doctorado en Robótica. Para entretenerse construye un robot porque se siente solo. Lo hace en secreto, porque nadie lo cree. Piensan que es absurdo. Lo crea a su imagen y semejanza. Un doble humano que empieza a... Y así comenzaría la trama del nuevo libro, 'Flores para un cyborg', de Diego Muñoz Valenzuela (Constitución, Chile, 1956), editado en España por la editorial malagueña EDA. "De repente surgió el interés, producto de conversaciones y finalmente los editores de Málaga se interesaron por esta obra, que está recién sacadita del horno", cuenta el autor. Una edición, la tercera, a la que le preceden dos, una en Mondadori en 1997 y una segunda por RIL Editores en 2003.

"Para mí es una novedad. El hecho de estar presente en España es para mí estar en un mundo distinto, por eso de la cantidad de lectores posibles e intereses, que para un autor latinoamericano es más que apetecible", asegura el escritor chileno. Muñoz Valenzuela, entre otras muchas obras, ha publicado además cuentos en antologías como 'Cuentos chilenos' de Siruela.

'Flores para un cyborg', que será presentado en distintos puntos de Andalucía y del resto del país en las próximas semanas, ha sido ganadora en Chile de varios premios como Mejores Obras Literarias del Consejo Nacional del Libro. "Esta obra generó allí además mucho impacto de crítica y de prensa porque era una novela mezcla entre ciencia ficción, novela negra, política (porque tiene que ver con la Transición chilena). Espero que en España ocurra lo mismo y que vaya bien", desea su autor, aunque se siente expectante por ver cómo reaccionará el público español.

'Flores para un cyborg' está escrita "como en tiempo presente. Es la idea. Lo que tiene de trama es pura ciencia ficción porque la capacidad de crear una mente artificial, de un robot casi perfecto, que engaña a cualquiera..., es la gracia que tiene, aunque tiene su fundamento científico". La novela se ha convertido ya casi que en una trilogía. Ya hay una segunda parte que está a punto de salir y la tercera está en elaboración. "No me lo propuse así pero se me ha ido convirtiendo en una serie con secuelas", subraya Muñoz.

"Pienso -añade- que es un libro que puede interesar tanto a los que leen novela negra como a los que leen ciencia ficción. Además, tiene cierta actualidad política, porque tiene que ver con la historia de casi todos los países hispanoamericanos, puesto que casi todos ellos han vivido dictaduras". Y en cuanto a las edades, "creo que está indicada para todos. A los jóvenes gusta y a los mayores les atrae la parte social y política de la obra".

El escritor chileno, en tanto que promocionaba su novela, vendía además las bondades de su país, "al que me gustaría que muchos españoles fueran a conocer. Yo ya he venido aquí varias veces, y es España un país en el que me siento muy cómodo. Es un encuentro con las raíces. Aquí tengo antepasados andaluces". Y defendió también el autor la literatura hispanoamericana, "que es una sola, y debería haber un solo mundo hispanoamericano, pero estamos separados por un océano, aunque las conexiones son impresionantes. Hay palabras perdidas aquí que han sido encontradas allí. Y viceversa. A pesar de todo, estamos en un mismo mundo".

08 marzo, 2009

Jugando a Rodin

Se enamora de la estatua de mármol. Allí permanece, inmóvil, enloquecido de pasión, consumido por el deseo. Con el paso de las horas va petrificándose. Se desnuda y se aproxima a la mujer, la abraza, la anuda con sus piernas y sus brazos. Se torna blanquecino, marmóreo. Los guardias recogen las ropas abandonadas y cierran la galería.

01 marzo, 2009

Amores insectiles 2


El ardoroso hombre mosca perseguía a la mujer araña obedeciendo a su instinto masoquista. La mujer araña miraba con simpatía los afanes del humanizado díptero y escapaba coquetamente. Por fin, la alcanzó y la poseyó con ferocidad; luego –resignado- le ofreció su cabeza en calidad de manjar. Sin embargo, ella lo besó con pasión. Él, sorprendido, la increpó con dureza, insistió en que debía devorarlo. La mujer araña se rindió ante tal majadería y le inyectó su toxina digestiva. Estaba delicioso: se arrepintió de sus vacilaciones. Eso del amor es una bobada, concluyó. Y salió a la caza de galanes.

20 febrero, 2009

El traidor fracasado


a Paco Torres, que me dio la idea

Toda su vida quiso cometer una traición flagrante, pero no logró reunir el valor necesario. Así las cosas, tuvo que ser sensible, leal y entrañable.

17 enero, 2009

EL OTRO SEGMENTO


COORDENADA TEMPORAL 5648222

He estado desde siempre en el laboratorio. Carezco de cualquier recuerdo ligado a otro lugar que no sea éste. Los autómatas debieron cuidar de mí cuando pequeño debido a mi constitución biológica pura. Yo no puedo ser reparado como ellos, estoy sometido de por vida a la fatiga física y mental, a la necesidad de descanso, al deterioro progresivo de mi organismo que habrá de culminar con la vejez inútil y, por último, con la llegada de la muerte. Ellos me interrogan con frecuencia acerca de la sensación del cansancio, el sueño, el aburrimiento, el dolor. Resulta imposible explicarles nada. No sólo es engorroso tratar de descubrirles mis experiencias, sino que me siento desgraciado, insignificante ante su eternidad racional e inconmovible. Ellos conocen bien el significado formal de las palabras que expresan estados físicos o psicológicos, tienen almacenadas en sus unidades de memoria las definiciones de la risa, el tedio, la rabia, el sufrimiento, el dolor. Pero, aunque pueden identificar esos estados en mi persona, son incapaces de comprenderlos, de atisbar siquiera por un instante mis sentimientos. Tampoco conciben mi identidad; ellos están en permanente intercambio de información, podría decirse que son uno solo con la computadora central que rige todas las actividades del Laboratorio. Les he preguntado si no les parece graciosa mi condición de ser orgánico débil; han respondido que esa es mi naturaleza, así como la de ellos es perenne e inmutable, que para encontrarlo gracioso tendrían que poseer rasgos biológicos similares a los míos, y en ese caso no podrían divertirse conmigo, pues sería como burlarse de sí mismos. A pesar de su lógica impecable, no abandonan sus arrebatos de curiosidad. Han estado conmigo desde mi nacimiento y he visto junto a ellos las imágenes holográficas que siguen la evolución del embrión que fui, aquella minúscula criatura flotando perezosamente en el fluido nutritivo del reactor tibio, translúcido. Los sensores microscópicos informan ciertos paneles que despliegan gráficos de presión arterial, temperatura, índices metabólicos. El embrión crece hasta que es retirado del medio líquido para que el androide médico active su mecanismo respiratorio pulmonar. Luego la visión tridimensional reproduce las escenas del desarrollo y aprendizaje, la infinita paciencia de los autómatas encargados de las diversas especialidades que hube de aprender de ellos. He visto muchas veces esas escenas en el proyector holográfico tratando de buscar algo indefinible, un detalle que aclare las incógnitas que me agobian. Intenté, y seguiré haciéndolo, averiguar las razones de mi existencia aquí, la función que desempeño o he de desempeñar más allá de la sucesión monótona de los días terriblemente iguales del Laboratorio. La tenacidad de mis dudas se estrella de modo inexorable con la lógica inconmovible de la computadora: el Laboratorio debe funcionar de acuerdo a sus objetivos, mantener los mecanismos en óptimo grado de eficacia, regenerar las piezas dañadas de los androides, reasimilar desechos orgánicos, procurar las condiciones ambientales para mi subsistencia. Le resulta absurdo que yo pretenda tener alguna misión y si pudiera calificarme de corazón, me trataría de engreído o de loco o simplemente de imbécil. En vez de esto insiste hasta el cansancio con sus explicaciones de que no existe ninguna información respecto a una finalidad mía, fuese la que fuese. Está allí toda la historia de mi crecimiento, las normas que rigieron mi alimentación, cuidado médico, educación, todo. Mi presencia tiene que ver con la actividad normal del Laboratorio, en alguna cinta magnética residía la programación de mi existencia desde el comienzo, en un tiempo inconmensurablemente remoto. Quizás todos mis pensamientos y mis acciones estuvieron previstos hasta el mínimo detalle y no hago más que reproducir una sucesión de hechos perfectamente delineada. Ella (la computadora) dice, contradiciendo mi opinión, que soy más bien impredecible por mi sujeción a las emociones, pudiendo opinar distinto sobre un mismo asunto en tiempos diferentes. Dice que ciertos juicios míos dependen de mi estado emocional más que de mi intelecto y de mis conocimientos. Eso me hace sentir espantosamente estúpido e inferior ante la vista de los androides que me consuelan con su historia de las naturalezas distintas. Incluso la computadora ha llegado a conversarme acerca de las etapas de desarrollo de un ser de mi especie; opina que estoy entre dos fases: la inicial tardía y la desarrollada plena. Este fenómeno provoca alteraciones fisiológicas y psicológicas que me hacen aún más inestable, receloso y propenso a las divagaciones desprovistas de sentido. Acto seguido establece que este período será superado y que habré de alcanzar una etapa de mayor tranquilidad, aunque no exenta de las tribulaciones propias de mi condición orgánica. Siento envidia de ellos que no sufren estos malditos cambios que me convierten en víctima pertinaz de la incertidumbre.

COORDENADA TEMPORAL 5648298

He descubierto una afición que mitiga en buena parte mis dudas y me abstrae de sus tormentos: la matemática. La verdad es que la misma computadora me lo ha sugerido a manera de distracción, sospecho que se trata de una conclusión del androide médico. La matemática y este diario son mis principales actividades, si bien es cierto que no cumplen ninguna funcionalidad en relación al Laboratorio. Ellos tienen esa inexplicable (para mí) tolerancia hacia mi inutilidad y falta de criterio práctico. Entienden mis debilidades, las estimulan, me prestan su ayuda. Difícilmente podrán concebir placer en la resolución algebraica de un problema intrincado, a pesar de que dominan a la perfección todos sus procesos y los utilizan hábilmente cuando las necesidades del Laboratorio lo exigen. Esa altísima comprensión de las peculiaridades de mi existencia suele exasperarme, me irrita esa superioridad indulgente y servicial. Y luego decaigo por la injusticia de mis sentimientos hacia quienes tanto debo, siento vergüenza de mi actitud orgullosa y mezquina. La escritura de este diario confirma esas míseras necesidades mías: escribo para mí mismo, sin ningún propósito definido, registro mis devaneos absurdos para luego leerlos y disfrutar insensatamente de su reconstrucción gradual. La computadora me entrega casi a diario impresos que orienten mi trabajo, propone temas nuevos y ejercicios con grados de dificultad progresivamente altos. Me siento feliz y ocupado. El tiempo transcurre así con una rapidez extraordinaria. Experimento una voracidad por aprender que hasta hace poco tiempo atrás habría sido incapaz de concebir. Aunque se trate de una mera ilusión, me siento menos insignificante. Y es una ilusión, una pérdida de tiempo, una actitud extravagante, estéril, incoherente.

COORDENADA TEMPORAL 5648534

He comentado a la computadora mis impresiones acerca de las esferas y su matemática y acabada perfección, le he hablado de la intuición de que cumplen alguna suerte de relación algebraica que rige la armonía de sus formas, pero ella ha contestado que nada así está referido en sus bases cognoscitivas, que en consecuencia carece de sentido lógico imaginar la existencia de alguna relación matemática. Entonces le relaté aquello del círculo trazado con ayuda de dos lápices, uno fijo y otro moviéndose a su alrededor. Ella dijo que era la manera en que se trazaban los círculos. Yo repliqué lo de la igualdad de las distancias al punto ocupado por el lápiz inmóvil. Si se hubiera tratado de un ser orgánico como yo, hubiese pensado que titubeaba, pero no podía ser ese el caso. Tal vez buscaba en lo más recóndito de sus unidades de memoria algo que explicase mis raras proposiciones. Después insinuó que parecía tener yo la razón, pero que no veía nada práctico en ello. Era preferible que continuara mis estudios. Así lo he hecho, cada vez con mayor pasión porque vislumbro la posibilidad de descubrir nuevas cosas ‑ no sé exactamente qué ‑ ni para qué ‑ leyes nuevas, nuevas relaciones no escritas antes por la computadora. ¿Es mi vanidad la que me arrastra a este camino desprovisto de sentido? ¿Busco justificar mi existencia con esta búsquedas anhelantes y ciegas? Si hubiese alguien que compartiera estos afanes, si pudiese hablar con alguien sobre ellos. Perdida la esperanza de entusiasmar a la computadora o a los androides, he pensado en mi unicidad, mi absoluto abandono de congéneres. No necesito consultarles nada a ellos. ¿Por qué tendría que existir alguien más? Los androides, la computadora, son los encargados de cumplir con los objetivos del Laboratorio, a ello deben su existencia y sus afanes. ¿Pero el androide médico no existe en buena parte para encargarse de mi asistencia y control orgánico? ¿No soy, entonces uno de los objetivos del Laboratorio? ¿Acaso no habrá para mí una secreta finalidad dispuesta desde siempre? Claro, no hay otros como yo porque son innecesarios. Esa es la explicación. Hay algo que impide la existencia de otros. Quizás sólo no pueden existir otros. Soy por definición único, solo, extraño, confuso, ajeno.

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He escrito ajeno al final del párrafo anterior y esa palabra, ese concepto mejor dicho, ha estado dando vueltas y vueltas en mi interior. Parece cual si una sombra difusa y enigmática se agazapara detrás de esa idea. He meditado en el significado de ajeno como algo fuera de relación con el medio donde subsiste, ésa es mi situación de alguna manera: soy radicalmente distinto de los androides, de la computadora, de los instrumentos y objetos del Laboratorio. Es como si no perteneciera a este lugar definitivamente, como si procediera de otra parte. Sé de mi historia anterior por las imágenes holográficas, pero cuando he interrogado acerca del origen del embrión me han dicho que estaba allí esperando el momento adecuado para la incubación y crecimiento. El momento estaba predeterminado también desde el principio (¿el principio de qué? ¿el cero absoluto?). Todo estuvo dispuesto en el momento preciso, hasta la atmósfera que debió crearse para permitir a mis pulmones abastecerse del gas oxigenado que debo respirar por razones metabólicas. Antes no hubo atmósfera, alimentos, impresos, dudas, nada de eso. La computadora dice una y otra vez que esto no debe inquietarme, es un hecho objetivo e indiscutible que no merece desperdicio de tiempo. He escrito ajeno y pensado al mismo tiempo en la noción de exterior, como si fuese posible un exterior. Imagino una esfera, hay un lugar donde ella termina: su superficie sólida. Si la esfera es hueca, pueden introducirse cuerpos en su interior, cuerpos que antes estaban afuera. Un cuerpo de cualquier forma tiene adentro o afuera aunque sea sólido. Si es sólido está lleno con algo que lo constituye, que está en su interior. Los cyborg, la computadora, yo mismo, tenemos interior y exterior. El Laboratorio ha de poseer alguna forma. El Laboratorio es todo lo que existe, dicen los autómatas. No tiene sentido pensar en un exterior, como en el caso de mi habitación o de una esfera.

COORDENADA TEMPORAL 5648586

La computadora comprende mis disquisiciones sobre exterior e interior, pero se niega a aplicar esos conceptos al Laboratorio. Yo he insistido diciendo que el Laboratorio ocupa un espacio susceptible de medir en base a volúmenes más pequeños. He revisado infructuosamente su almacenamiento una vez más, sin encontrar respuestas verdaderas. He pedido que imagine el Laboratorio repleto de esferas de mi tamaño. He dicho que resultaría un número fijo de esta operación. Si imagino una esfera más, ésa deberá estar necesariamente en el exterior y no adentro. Entonces, si puedo concebir esta fantasía, si mi abstracción dice que es posible el afuera ¿por qué éste va a carecer de existencia? La computadora asevera que carece de sentido la noción de exterior, que no sirve para nada a los objetivos del Laboratorio y repite mil veces su raciocinio imperfecto (¡qué digo!). Hice un bosquejo, una suerte de mapa del Laboratorio tratando de reproducir la sensación de forma que me producen. Mantuve las proporciones para trabajar con un tamaño razonable y así pude obtener una especie de disco ondulado con tres protuberancias equidistantes. Fue un arduo trabajo que consumió muchas jornadas. Una vez finalizado el bosquejo, se lo presenté a la computadora. Lo examinó con atención, casi con perplejidad (sentí esa absurda impresión). Opinó, después de un rato, que esa matemática que hacía con las formas era una cosa nueva, desconcertante e impredecible, tal como yo, pero que no existía nada de valor práctico que se pudiese hacer con ella, no imaginaba cómo poner esas ideas en su base cognoscitiva. Por último era curioso como podía llegarse a un absurdo tan evidente por una vía aparentemente racional. Nada existe además del Laboratorio. El Laboratorio es todo lo que existe. Nada está afuera, no posee exterior. Eso es todo lo que puede explicarme con su voz suave y desprovista de matices y su ilimitada indulgencia.

COORDENADA TEMPORAL 5648668

He discurrido largamente la idea de finitud y de forma del Laboratorio sin llegar a deducciones definitivas. Revisé mi "mapa" con minuciosidad y corroboré su exactitud para proceder a elaborar una imagen holográfica para enseñarla a los androides. Su reacción ante la proyección ha sido negativa una vez más, podría resumirse en que encuentran "ingeniosas" mis proposiciones y la manera en que logro desembocarlas en conclusiones disparatadas a través de un proceso de apariencia rigurosa y matemática. Sin embargo se declaran fuera de competencia cuando les solicito que identifiquen el paso algebraico que conduce al error flagrante de mis resultados. Suelen alegar que el desacierto consiste en la base de mi procedimiento: la aplicación de las leyes matemáticas al estudio de los cuerpos y las formas, porque no existe siquiera un recóndito vestigio de tales métodos en sus bases de conocimiento. Es del todo imposible realizar una discusión productiva con ellos. ¿O simplemente he perdido la razón al vagar por este espacio de formas y relaciones hasta perder toda noción de realidad y de utilidad? ¿Puedo juzgar como estúpidas las reacciones de los seres que me trajeron a la vida, me enseñaron, cuidaron de mí con paciencia, hasta con resignación? Pero ellos carecen de experiencias sensoriales como las mías, su naturaleza es opuesta, radicalmente diferente a la mía. Lo que para mí es paciencia es para ellos deber, mi idea de rutina significa perfección para la computadora; no valoran nada realmente, alternan con la sucesión monótona de las coordenadas temporales, tienen previstas sus actividades hasta épocas inimaginables.

Si hay un exterior ¿cómo habrá de ser su apariencia? ¿Tendrá, a su vez, un exterior? ¿O será el Laboratorio su exterior? Claro, de algún modo si defino una esfera, lo que hago es convenir lo que constituye su interior y lo que está afuera. Ahora, todo lo que está afuera posee también una forma cuyo exterior es precisamente la esfera. Por eso ambas nociones están aparejadas de modo indisoluble. Cualquier forma segmenta en dos la totalidad que uno quiera considerar. De manera que es preferible hablar del otro segmento. Tal vez exista otro ser como yo del otro lado cavilando en este mismo sentido. Esto comportaría una suerte de simetría entre ambos segmentos, simetría que sería hermosamente matemática y perfecta, pero que es indeductible a partir de la información de que dispongo ahora. Debe existir algún modo de demostrar la veracidad de mis hipótesis. Observo la imagen holográfica sin acertar a descubrir la respuesta.

COORDENADA TEMPORAL 5648691

¡Tengo la ansiada respuesta! Debo encontrar o abrir una puerta hacia el otro segmento. La superficie de la imagen holográfica denota los puntos de contacto con nuestra externalidad. Es posible llegar allí cruzando esa superficie. Si yo parezco ajeno al Laboratorio, si provengo realmente de otro lugar, debo haber cruzado esa puerta alguna vez. Ya sé que la computadora no maneja las nociones de la matemática de las formas (ni quiere hacerlo, aunque creo que tiene capacidad suficiente para ello), en consecuencia ninguna ayuda puedo esperar de ella. Intenté incorporar mi imagen holográfica a sus procesos para lograr que la perfeccionase, pero fue inútil: si no ve un beneficio identificable se niega de plano a invertir energía en otra cosa que escucharme y tratar de disuadirme de ideas extrañas. Por lo tanto me he resignado a trabajar a solas en la búsqueda de la puerta, revisaré escrupulosamente las probables superficies de contacto.

COORDENADA TEMPORAL 5648790

Un alto en mi investigación servirá para realizar un balance entre éxitos y fracasos para visualizar con calma los escasos ‑ aunque no exentos de valor ‑ resultados alcanzados a la actualidad. Lo primero que debo anotar es que toda la superficie de contacto tiene aspecto y consistencia similar, es una especie de metal aparentemente liviano. La unidad de su constitución refuerza mi hipótesis que hubiérase visto disminuida acaso se constatara la existencia de diversos materiales. Por otra parte, cuando intenté sacar una muestra de material con herramientas apropiadas, los androides me conminaron severamente a abandonar inmediatamente tales actividades. Aludieron peligros difusos residentes en sus unidades de memoria. No pudieron explicar la naturaleza del peligro que enfrentaba, pero vi tal disposición en sus miradas desprovistas de auténtica vida que comprendí que en nada trepidarían con tal de que no cumpliera mi propósito. Sentí miedo de ellos por primera vez en mi vida y les entregué mansamente mis herramientas.

Tercero, no encontré nada semejante a una puerta, al menos en primera inspección. Sin embargo, descubrí una pantalla de considerables dimensiones montada sobre un codo cuyo otro extremo está montado, o más bien nace, de la superficie de contacto. Está hecho del mismo material de la superficie. Consulté a la computadora acerca de la funcionalidad de aquella pantalla y no me entregó ninguna respuesta razonable: "siempre ha estado allí", "forma parte de Laboratorio", "carece de importancia" y otras aseveraciones por el estilo. No hay switches o mandos que sugieran operabilidad. Si la califico de pantalla es porque parece constituida de un vidrio opaco, grisáceo, como los paneles de la computadora. Siento que los androides me vigilan después de mis comentarios sobre esta pantalla. Creo que temen vaya a intentar destruirla. No hay ningún objeto con qué romperla tampoco, han ocultado todo en alguna parte. No he decidido romperla siquiera, pero ellos ya han tomado todas las prevenciones posibles. Creo que siempre hay uno de ellos cerca mientras duermo. Simulan actividades para que no me sienta cercado, pero lo mismo da su delicadeza, la verdad es que me someten a una vigilancia continua y estricta. ¿Qué puede haber detrás de esa pantalla? ¿Cuál es la razón del peligro almacenado en sus memorias? ¿Por qué les temo ahora? ¿Por qué ellos me temen a mí?

COORDENADA TEMPORAL 5648823

La custodia es permanente. Si llego a aproximarme a la pantalla, siempre hay un par de ellos cerca, viéndome de reojo. No resisto sus miradas ni el agobio de esta situación. Ellos no pueden cansarse, aburrirse, desistir o enloquecer. Yo sí, absolutamente sí, iré cuando reúna el valor suficiente para hacerlo. La computadora trata de tentarme inventando juegos necios. Quieren erradicar esta obsesión de mi mente, lo sé. No lo lograrán, jamás me convencerán de sus estúpidas imposibilidades. Es mucho más verdad esta idea que me circunda que todas sus afirmaciones y sus credos, más verdad que la que mis ojos pueden ver o mis dedos tactar. ¿Habrá otros como yo? ¿Habrá habido otros en el pasado? ¿O seré una creación de los cyborgs, una justificación insólita para sus existencias? Ninguna de estas respuestas podré encontrar aquí dentro. He de salir en su busca. He de tener fe en mi pensamiento y audacia para cumplir sus dictados.

COORDENADA TEMPORAL 5648837

Mi certeza es total. Afuera existe algo y la única forma de acceso es mediante la pantalla adherida a la superficie de contacto. La existencia carece de sentido si no actúo ahora. Uno de mis lápices es de metal bastante sólido y es posible que sea suficiente para atravesar el vidrio opaco de la pantalla. Tengo mi herramienta oculta entre las ropas, aguardando la ocasión propicia.

Doblo por el pasillo seguido de cerca por el cyborg médico. Sin necesidad de mirar hacia atrás presiento su andar sordo y rítmico. Descubro el agitado rumor de mi corazón saltando allá abajo. Mis piernas vacilan, estoy tembloroso, parezco convaleciente de una grave enfermedad. Dos estancias más allá está la sección donde me aguarda la pantalla. Un vahído amenaza apoderarse de mis sentidos. Logro vencerlo y avanzo por el pasillo frente a la segunda estancia. Debo parecer tranquilo para no llamar la atención del androide. Afirmo mi marcha y cruzo la primera estancia. Imagino como el cyborg estará enviando mensajes a la computadora y a los otros. Emprendo una loca carrera derribando instrumentales, luces, cajas, estoy frente a la pantalla, enarbolo mi arma y la dejo caer sobre la superficie lisa y opaca una y otra vez, veo cómo crecen en ella fisuras por donde saltan trozos de vidrio reluciente, un resplandor hiere mis pupilas y acometo con mayor furia mi tarea, aunque casi a ciegas por el brillo que emana de la abertura que voy excavando sobre la pantalla, casi puedo ver a los androides precipitarse sobre mi cuerpo para detenerme, aprisionarme entre sus brazos mitad mecánicos ‑ mitad biológicos, atenazarme y arrastrarme lejos, debe erizar mis cabellos el espanto cuando ya a mano limpia golpeo los restos de vidrio que estallan en mil fragmentos inundados de luz y dolor. Entonces, de un salto, me precipito en la cavidad recién abierta y me sacude la sensación de vértigo y caída, de laceración y fulgor. Entonces, mientras voy cayendo hacia el otro segmento, entreabro los ojos para ver la aterrada imagen de mi propio rostro en algo que podría ser un espejo pero no lo es, unas facciones idénticas a las mías sobre una faz crispada, una imagen especular que cae en el otro sentido, hacia mi Laboratorio, una imagen que lanza un grito de horror justo cuando abro los labios, una figura cayendo hacia la luz con los nudillos manchados de sangre desde el otro segmento.


* este cuento pertenece al volumen LUGARES SECRETOS (Mosquito Comunicaciones, 1994), Premio Consejo del Libro al Mejor Libro de Cuentos publicado ese año.


11 enero, 2009

El gigante egoísta


El gigante sonrió con auténtica felicidad al contemplar a los millares de niños que repletaban los entretenimientos de su patio. Apelotonados en filas interminables ante cada juego, exigían a sus padres que les comprasen toda clase de golosinas. El gigante calculó el exorbitante monto de la taquilla: su salud y comodidad estaban aseguradas. Había desterrado definitivamente aquellas terribles pesadillas donde moría de frío, sumido en la soledad y la miseria.

24 diciembre, 2008

Regalo sospechoso


Era un paquete enorme, delicadamente envuelto en papel celofán verde y ornamentado con un abultado moño de cinta roja. Lo abrí con recelo, pensando en alternativas desagradables: bombas de tiempo, perros muertos, lavadoras descompuestas, esculturas modernas. Errores todos ellos. Era un hermoso caballo de madera tallado y barnizado al natural, sostenido sobre una plataforma rodante. El Caballo de Troya, pensé. Tenía la pata izquierda levantada, eso le otorgaba movimiento y elegancia. Del recelo pasé al temor, y de allí al sobrecogimiento. ¿Qué oscuro enemigo podía haber ideado este plan homérico en mi contra? Repasé la lista y eso me tomó un buen tiempo. Todos podían haber sido; no pude descartar a ninguno. Ahora, qué contenía el caballo, ésa era la pregunta. Me aproximé con cautela y golpeteé la madera con los nudillos. Madera maciza. O interior repleto de explosivos plásticos. O cobalto radiactivo, para eliminarme lentamente. O una masa de arácnidos letales. No había tarjeta ni indicación de remitente.
Me subí sobre el regalo. Instantáneamente echó a rodar por el mundo. Me llevó lejos, a lugares maravillosos y desconocidos. Muy tarde comprendí la trampa, pero ya era feliz.

08 diciembre, 2008

Taller de Cuento 2009 de Diego Muñoz Valenzuela

Se realiza los días martes a las 19 horas, desde fines del mes de marzo de 2009 y por un periodo de 16 sesiones. Es un taller para quienes se interesen en aproximarse al conocimiento del género y quieran iniciarse en la escritura de cuento. Muy cerca de la estación de Metro Pedro de Valdivia.

Escribir al correo electrónico: dmunoz@surlatina.cl y enviar datos personales (nombre, teléfono, mail, edad, estudios, interés en el taller, etc.), indicando las razones específicas de su interés por participar.

Orientación del Taller

Este taller literario está orientado personas interesadas en incursionar en el género cuento. No es necesario que hayan escrito anteriormente. También pueden ser personas interesadas en desarrollar su apreciación narrativa y aprender técnicas básicas.

El aprendizaje de la escritura es un trabajo a largo plazo que requiere disciplina, paciencia y una reflexión permanente sobre los más diversos aspectos que involucra el proceso creador.

Los objetivos básicos de este taller de cuentos son:

· Conocer las principales características del cuento contemporáneo a través de lecturas escogidas

· Conocer los conceptos básicos ligados a la escritura del cuento, y las principales tendencias vigentes

· Aplicar los conceptos anteriores en el análisis de cuentos en el taller (los participantes pueden traer sus propios textos con este fin).

Las actividades en cada sesión apuntan a ir entregando elementos técnicos de la escritura de narrativa, vinculados por ejemplo a: tipos de narrador, acción, manejo de diálogos, subgéneros (cuento fantástico, realista, policial, cuento breve, microcuento, etc.), tendencias actuales,

En diversas ocasiones se invita al taller a autores chilenos importantes a establecer un diálogo, previa lectura de algunos de sus cuentos.

Funcionamiento del Taller

Horario: Martes de 19:00 a 20:45 horas

Periodicidad: Semanal

Costo: 35.000 $ mensuales, pagados al inicio de cada mes

Ubicación: Local cerca de la estación de Metro Pedro de Valdivia

Matrícula: Sin costo

Inicio: Se inicia hacia fines de marzo de 2009.


Inscripciones y consultas

Escribir al correo electrónico: dmunoz@surlatina.cl y enviar datos personales (nombre, teléfono, mail, edad, estudios, interés en el taller, etc.), indicado las razones específicas de su interés por participar.

Antecedentes del Director del Taller

Diego Muñoz Valenzuela, cuentista y novelista, nació en Constitución (Chile) en 1956. Ha publicado:

NADA HA TERMINADO, volumen de cuentos, Ediciones de Obsidiana, 1984

TODO EL AMOR EN SUS OJOS, novela, Ed. Mosquito, 1990. 2ª edición por Mosquito, 1999

LUGARES SECRETOS, cuentos, Ed. Mosquito, 1993.

FLORES PARA UN CYBORG, novela, Ed. Mondadori, 1997. 2ª edición por RIL Editores 2003; 3ª. Por EDA Libros en Málaga, España

ANGELES Y VERDUGOS, cuentos, Ed. Mosquito, 2002

DÉJALO SER, cuentos, Ed. Fondo de Cultura Económica, 2003

DE MONSTRUOS Y BELLEZAS, Ed. Mosquito, 2007

También es coautor de varias antologías, entre ellas CONTANDO EL CUENTO (Ed. Sinfronteras, 1986), ANDAR CON CUENTOS (Ed. Mosquito, 1992), y CUENTOS EN DICTADURA (LOM Editores, 2003), todas ellas realizadas en conjunto con Ramón Díaz Eterovic.

Ha sido incluido en más de cuarenta antologías y muestras literarias publicadas en Chile, México, Argentina, Ecuador, Canadá, Italia, España, Holanda, Bulgaria, etc. Cuentos suyos han sido traducidos al francés, italiano, inglés y croata. Distinguido en numerosos certámenes literarios, entre los cuales destaca el concurso de Mejores Obras Literarias del Consejo Nacional del Libro en dos oportunidades: por el volumen de cuentos Lugares Secretos en 1994 y por la novela Flores para un Cyborg en 1996. Colabora con artículos culturales y de crítica literaria en periódicos y revistas especializadas.

Más detalles en:

http://diegomunozvalenzuela.blogspot.com/

06 diciembre, 2008

Rehabilitación de Circe


La preciosísima Circe estaba aburrida de la simplicidad de Ulises. Si bien era fogoso, bien dotado y bello, la convivencia no daba para más. Solía convertirlo en perro para propinarle patadas, y él sollozaba y le imploraba perdón. Lo transformaba en caballo para galopar por la isla de Aea, fustigándolo con dureza. Lo transmutaba en cerdo para humillarlo alimentándolo con desperdicios. Volvía a darle forma humana para hacer el amor, y volvía a fastidiarse con su charla insulsa. Por fin lo expulsó del reino, le devolvió su barca y sus tripulantes y lo dotó con alimentos para un largo viaje. “Vete y no vuelvas”, le ordenó con voz terminante al lloroso viajero, “y cuenta lo que quieras para quedar bien ante la historia”. Después sopló un hálito mágico para hinchar la vela de la embarcación.

23 noviembre, 2008

Coincidencias


El afamado escritor se puso el sombrero de periodista y escribió la crónica acerca del ensayo del colega que lo entrevistó en televisión la semana recién pasada. Cuando envió el texto por correo electrónico, se puso el sombrero de editor y redactó el informe que aprobaba el volumen de relatos de su mejor amigo, compañero de universidad. Bebió un expreso admirando la factura de su último libro, publicado en la misma editorial donde trabajaba. Se dispuso a leer una docena de originales del concurso donde era jurado y reconoció la mano de un camarada: dejó su cuento en el montón de los buenos. Le llegó un correo anunciando que lo invitaban a un congreso en Colombia: la compañía era inmejorable, todos eran compinches; confirmó que asistiría. Descargó una elogiosa crítica de su libro y concluyó que estaba al debe con el autor. Después pensó qué haría con el dinero del premio Mayor: el fallo debía estar por anunciarse. Por fin se aprestó a escribir algunas páginas de la obra que lo consagraría definitivamente, pero ya era tarde y su agenda estaba plagada de reuniones.

21 noviembre, 2008

Contracuento de hadas


Con el tiempo, el príncipe ha engordado debido a la gula, el alcoholismo y la fiesta permanente. Ahora tiene una barriga gigantesca y una papada descomunal. Las piernas raquíticas apenas son capaces de sostenerlo. Hipa constantemente producto de una borrachera consuetudinaria. “Dios mío”, se dice con amargura la infanta, “ha terminado por convertirse en un sapo, igual que al inicio”. Y concluye que la historia es circular.

11 noviembre, 2008

Cabeza de televisor


La cabeza del hombre había ido tomando la forma del televisor que contemplaba buena parte del día. Mientras más miraba, más iba metamorfoseándose con el aparato. Sus rasgos se fueron desdibujando, hasta que la cara se convirtió en una gran superficie grisácea donde –en momentos gratos para él- surgían imágenes en movimiento. Unos pocos meses bastaron para completar la transmutación: su cabeza llegó a ser perfecto émulo de artefacto televisivo. Se prendía o apagaba –mediante un control remoto- a solicitud de las personas que lo acompañaran, quienes sintonizaban el programa que más les apeteciera. Tras un severo desorden psíquico resultante de la competencia entre los protagonistas de las series que exhibía, cayó en depresión y decidió apagarse para siempre. Sin embargo, nadie quiso aceptar este hecho: todos se sentaban a contemplarlo ávidamente. Después de un tiempo, sus cabezas empezaron a cambiar.

26 octubre, 2008

Ciudadano ejemplar


Yo descuartizo criminales, atormento torturadores, timo estafadores, envicio a los traficantes, violo pederastas, despojo a los ladrones, ¿qué más se me puede exigir?

20 octubre, 2008

El juego de las simulaciones

Sale de su casa el sábado al mediodía en su auto. Los cambios pasan con dificultad y re­niega cada vez que la palanca se atasca. La dirección está dura y maldice a cada vuelta. Hace calor y se enjuga el sudor con un pañuelo cada vez que las gotas comienzan a deslizarse por su rostro. Pero no abre la ventana para que no vayan a creer los demás que su coche no tiene aire acondicionado. En una esquina congestionada saca el celular de la guantera y hace como que disca un número. Gesticula, discute, simula que escucha, contesta airado, ríe. Piensa que el juguete es una imitación perfecta. Lo deben estar mirando con admiración, mientras cierra negocios a distancia con Hong-Kong. En el supermercado se pasea ostentando un carro que llena de delicatesses: whisky, vino del mejor, quesos finos, paté francés, filete, frutas exóticas, bombones. Se encuentra con amigos, habla de sus éxitos y escucha los de ellos. Se acerca cauteloso a las promotoras, mirando hacia otra parte, hasta que está cerca y con toda dignidad prueba el producto, disimulando su avidez. Sigue saludando, recibe nuevas llamadas, sonríe, quiere mostrarse feliz, no vaya a ser que los demás piensen que sufre o que es un fracasado. No vaya a ser que los demás piensen ya que no tiene alma.



* Este cuento integra el volumen ANGELES Y VERDUGOS, Mosquito Comunicaciones, 2002.

* Ilustración de http://virginiaherrera.wordpress.com/

17 octubre, 2008

Eficiente


Escribía sobre el teclado con gran velocidad, mil idioteces por minuto. Era celebrado por su eficiencia

05 octubre, 2008

Exposición de pechos


a Juan Carlos Sánchez

Concurrió dichoso a la exposición de pechos: era su gran oportunidad. Los había de todos los tamaños y contexturas: mínimos y firmes, grandes y fláccidos, enormes y turgentes. De aureolas rosadas, cafés de todas las tonalidades, casi negros. Pezones erectos y pezones blandengues, puntudos y suaves, lisos y granulosos. Pechos con curva en su parte inferior y otros rectos, prominentes, desafiantes. Separados y convergentes, abundantes y magros, Todos bellos, suaves, atractivos. Se relamía en la contemplación de aquellas divinidades; oró antes ellas, trémulo y devoto. Cada cual le pareció perfecto, lamible, succionable. Allí quedó, atrapado en su imaginación desorbitada, sin poder decidirse por uno de ellos, desesperadamente ansioso como un bebé hambriento de vida.

Minificción

Intenta otra vez, pero logra un mamarracho, igual que en la oportunidad anterior. Ensaya de nuevo, pero el esfuerzo es vano, estéril. Otro adefesio resulta. Está empeñado en escribir microcuentos para el importante concurso. ¿Cómo podría adivinar que sus talentos son otros? En el camino acumula una importante cantidad de supuestos relatos. Concluye que se trata de un libro, excelente por cierto. No se da cuenta que él mismo, su vida, es un microcuento.

25 septiembre, 2008

Soledad

Se sentaba frente a la inmensidad del océano a contemplar el incesante espectáculo de las olas. Esperaba con ansias que su teléfono sonara, cosa que ocurría de tanto en tanto. Cuando llamaban, ella era feliz.

14 septiembre, 2008

ACERCA DE CÓMO OTORGAR PREMIOS


En esta oportunidad escribiré desde el enorme regocijo que me ha provocado el reciente otorgamiento del Premio Nacional de Literatura a Efraín Barquero. No es necesario justificarlo de modo alguno en estas letras, pero creo que se ha premiado lo que se debe premiar: macicez y calidad de la obra literaria, significancia para la vida nacional, coherencia y consistencia artística. Días antes del fallo, un diario nacional consultó mi opinión acerca de dos interrogantes: quién tenía mis preferencias y otra –más inquietante- quién iba a obtenerlo. Esa segunda pregunta contiene buena parte de mis preocupaciones al escribir estas notas. Contesté a la primera con el nombre de Barquero, poeta a quien he seguido desde mi adolescencia con interés y admiración. Luego a la segunda pregunta respondí taxativamente así: “no me satisface ninguna otra opción; y aclaro esto: detesto las candidaturas y las presiones que se constituyen tras ellas”.

Me llevé una sorpresa, debo confesarlo. Esperaba que se impusieran que las presiones extraliterarias, las ambiciones personales, la extrema pérdida de las proporciones en algunos casos; es decir al imperio de fuerzas ajenas al juicio de la calidad artística. Y por sobre todos estos temores justificados, en mí imperaba también el miedo a la ignorancia. Afortunadamente, en este caso, mis aprensiones eran equivocadas. Por eso me alegré con desmesura por premio a Efraín Barquero, a quien no conozco (por las dudas) sino a través de la lectura de sus libros. Paso a referirme a aquellos fantasmas –reales por cierto, nada de etéreos- pues no siempre el resultado del mecanismo de premiación será tan gratificante. Lo que quiero afirmar es que en su articulación hay distorsiones severas que atentan contra la calidad del otorgamiento; esto hará que en el futuro la probabilidad de que un error lamentable –como ha ocurrido si se revisa la historia- se imponga con facilidad. Hay que hacer compleja la tarea de tales factores distorsionantes.

Hagamos la revisión de los principales factores distorsionantes, algunos de ellos de sencilla y diáfana solución.

La composición del jurado. Un asunto es la manera en la cual se constituye el jurado, donde intervienen un ministro, dos rectores, un académico de la lengua y un solo escritor garantizado, el anterior Premio Nacional. En este caso, certeramente la Academia de la Lengua nombró a un escritor, pero pudo no ser así. Esto parece una auténtica aberración. No quiero establecer dudas acerca de las competencias de tan destacables personajes para su quehacer propio –aunque por cierto que las hay, y se han expresado de muy diversas formas-, pero en el terreno que no las otorgaría fácilmente es en el ámbito literario. Cabe preguntarse cuánto conocen el complejo y variado campo de la creación literaria actual; y se me ocurre que si hubiera un proceso de acreditación no lo aprobarían precisamente con honores. Los premios para escritores deben ser concedidos por sus pares. Aún así, podría ocurrir que las autoridades gubernamentales o académicas –como solía hacerse en el pasado (cuando el jurado contaba de base con una mayoría de escritores)- delegaran tal responsabilidad –con gran despliegue de sabiduría- en un escritor de renombre. De ese modo podía salvarse cualquier asomo de insolvencia para llevar a cabo una tarea tan especializada. Cualquier mejora en el procedimiento pasará necesariamente por el establecimiento de un jurado integrado por escritores.

El mecanismo de postulación que implica el sistema de otorgamiento. El jurado –asumiendo que se trata de un equipo competente, diverso, conocedor de su materia- puede llevar a cabo su trabajo sin la necesidad de estimular carreras, campañas y la consecuente acumulación de cartapacios cargados de demostraciones incuestionables del valor de tal o cual. El papel –es sabido- resiste todo, hasta las presentaciones más ridículas por su desparpajo, osadía y total carencia de sentido de realidad. Por ejemplo, hay postulaciones que revisten caracteres grotescos; eso trae perjuicios evidentes: siembra dudas sobre el proceso, farandulizan el ambiente de las letras, hacen considerar posible que cualquier gañán sea merecedor de una distinción tan alta. Se alientan postulaciones que medran en busca de apoyo político, académico, de prensa; el “lobby” y las acciones de marketing ingresan con todo al campo literario; más que lamentable. Solución: el jurado no requiere de estas postulaciones, acaso tiene las competencias necesarias.

La frecuencia del otorgamiento. Un Premio Nacional de Literatura cada dos años es atrozmente insuficiente para un país que ha recibido tantos honores en este ámbito. Y me refiero más allá de nuestros dos Nobeles, a todas aquellas distinciones extraordinarias: Juan Rulfo, Cervantes, Príncipe de Asturias, y también al posicionamiento destacado de muchos escritores chilenos en el ámbito internacional. Aumentar la frecuencia del Premio –esto es restablecer el premio anual- es lo mínimo que podría hacerse.

La necesidad de discriminar entre géneros. Se tiende a respetar una regla no explícita en la norma: rotar el premio entre poesía y narrativa. Esto permite generar un equilibrio siempre deseable, pero otros géneros quedan fuera, por ejemplo el ensayo, Y pueden formularse otros cuestionamientos legítimos. La solución: crear un Premio Nacional de Poesía y otro de Narrativa; y otros, ¿por qué no? ¿Acaso Chile no da pasos firmes en la senda del desarrollo económico, social y cultural? ¿No puede darse el lujo de premiar a sus escritores?

Aún así fue posible que el Premio Nacional se le concediera a Efraín Barquero. Los dos escritores del jurado –José Miguel Varas, galardonado predecesor, notable cuentista y novelista y Andrés Gallardo, destacado narrador-, deben haber dado una argumentación tan sólida que salvó la situación. No imagino otra explicación. Habrá sido una batalla dura en el campo de las ideas para lograr tan excelente resultado.

A las extraordinarias dotes poéticas de Efraín Barquero hay que agregar otras, que no suelen destacarse: la sencillez personal, una fuerte sensibilidad social y su prescindencia de cualquier protagonismo. Ojalá éstas cualidades fueran exigibles a todo premiado, y a todo servidor público, amén de sus competencias en su ámbito de desempeño. Sería mucho pedir en esta era, marcada por el individualismo y la ambición y el protagonismo exacerbados.

Pero no es mucho pedir un Premio Nacional de Literatura anual otorgado por escritores sin necesidad de procedimientos de postulación. O mejor aún, que el galardón se conceda por géneros. Así el Estado reconocería la importancia de una actividad tan importante como solitaria y silenciosa: la escritura de las letras de Chile

03 septiembre, 2008

Amores insectiles


El hombre araña perseguía a la mujer mosca con evidentes malas intenciones. Al fin la acorraló en un callejón solitario y oscuro. Se aproximó rápidamente corriendo por la muralla con sus precisos movimientos de arácnido. Detuvo su marcha y extendió sus extremidades para envolverla en su abrazo de seda. Notó que sobre la trompa de la víctima había otra artificial, terminada en sendos filtros. Entonces ella extrajo el insecticida del bolso, roció el rostro de su enemigo y se sentó a esperar las consecuencias.

22 agosto, 2008

Ascensor ocupado


El ascensor se abrió. Compungido, en su interior estaba el elefante, ocupando cada milímetro cúbico, contorsionado al máximo para caber dentro del exiguo paralelepípedo. Desde su extrema compresión me sonrió afligido, más bien avergonzado. Le regalé una sonrisa mientras la puerta se cerraba.

10 agosto, 2008

Cosas de borrachos


El elefante reunió varios taburetes con su trompa antes de apotincarse en ellos apoyando las patas delanteras sobre la barra. Después de un portentoso berrido y una serie de golpes con sus gigantescas uñas, exigió medio barril de caipirinha. Evidentemente se encontraba borracho a más no poder. Fui a sentarme en una banqueta contigua. Me dirigió una mirada torva, escudriñándome el alma, como saben hacer los paquidermos. El resultado del examen fue positivo: me sonrió y guió sus ojos diminutos y sabios. Pedí caipirinha. De pronto puso su monstruosa pata gris sobre mi espalda. Envolvió su enorme copa con la trompa y la estrelló contra la mía. Salimos de allí dando tumbos. No tengo idea como llegué a la casa tras dejarlo en la puerta del zoológico.

02 agosto, 2008

Microcuentistas 2


Ella era una eximia microcuentista, pero además poseía una belleza y una inteligencia extraordinarias. Él era un escritor de minificciones, lleno de energía y de sueños. Primero se enamoraron de sus respectivas obras. Después se conocieron y fueron incapaces de resistirse al influjo de la pasión que los consumió instantáneamente. Ambos eran de pocas palabras y fueron directo a los hechos. No tuvieron hijos, sino libros donde podía reconocerse la influencia del otro. Algunos estudiosos afirman que sus estilos se contaminaron y que se había perdido la pureza original. Ellos reían ante esa clase de comentarios. Decían que daba lo mismo quién escribiera, que lo único importante era la calidad del texto. Después decidieron firmar todo con un solo nombre. Como es natural, los críticos dirigieron sus esfuerzos a dilucidar quién era el autor de cada obra. Ellos nada más se dedicaron a ser felices.

20 julio, 2008

Asunto de macacos


Estoy seguro de que lo hizo por joderme. Nadie se empareja de buenas a primeras con un chimpancé, aunque sea estrella de televisión. No podía ser mera coincidencia que acabáramos de terminar nuestra relación después de tantos años. Mi primera reacción fue cuestionar su vínculo legal, pero se me vinieron encima las organizaciones antixenófobas y las protectoras de animales. Me libré por poco de la cárcel. Luego intenté por las buenas, mas ella me dijo que amaba a su monito. Le pregunté qué tenía el macaco que yo no tuviera y casi muere con el ataque de risa que le vino. El simio le devolvió la mirada de complicidad y le cerró el ojo. Ahí abandoné la contienda.

12 julio, 2008

Microcuentistas


El microcuentista pequeño –era casi enano- escribió un relato ínfimo y potente, y fue aplaudido por ello. El minificcionista gigante –medía más de dos metros y era fuerte como un coloso- escribió un relato conciso y sublime; fue aclamado. El autor pequeño sintió enorme envidia y una compleja serie de ataques de furia, tras los cuales creó un nuevo texto: brillante, mínimo y pleno de significado. El gigante leyó ese cuento y quedó embelesado, tanto que redactó, a manera de secuela, una minificción perfecta, auténtica joya de la economía verbal.

Continuaron escribiendo y por fin se encontraron en una tertulia. Leyeron sus textos en contrapunto y sacaron aplausos. Conversaron el resto de la noche y se hicieron amigos. Podrás encontrarlos en bares, cafés o librerías. Es fácil reconocerlos: se ven felices, siempre portan libros y libretitas para anotar ideas para minificciones. Ah, uno es ciclópeo y el otro es diminuto. Pero sabemos que eso da lo mismo.

29 junio, 2008

La derrota del tiempo



La obsesionaba el envejecimiento, sentía terror de convertirse en una anciana de piel ajada, inundada de arrugas y manchas oscuras. Por eso se envolvió en delgadas láminas de papel plástico, igual que las maletas de los aeropuertos o los envoltorios de la carne. Si bien sus ojos quedaron asimétricos, sus finos rasgos aplastados por la presión del film, las cejas deformadas y los rojos labios engrosados, se sintió dichosa. Ni la atmósfera, ni el tiempo, ni los avatares de la vida afectarían su piel. Sonrió para entrar en la inmortalidad y el silencio.

* Ilustración de http://kusari-blah.deviantart.com

27 junio, 2008

Libros de Mentira


http://www.librosdementira.org/ es una original librería virtual abierta a todo lector, que contiene una propuesta muy interesante producto de esfuerzos por combinar la literatura con las artes gráficas e internet. El proyecto, impulsado por Luis Cruz y Gabriel Oyarzún, persigue el objetivo de crear una biblioteca virtual de escritores chilenos que puede ser visita en fora gratuita. Cuenta con el apoyo del escritor y crítico Camilo Marks y la Universidad de Santiago.

Por ahora, ya que el sitio está desarrollo, se pueden encontrar allí textos de los narradores chilenos Alberto Fuguet, Roberto Fuentes, Alejandra Costamagna y Diego Muñoz Valenzuela. Y se anuncia la incproración de muchos otros: Sonia González Valdenegro, Ramón Díaz Eterovic, Carlos Tromben, Germán Marín, Pía BArros, Alejandro Zambra, Sergio Gómez.

La experiencia es única: lo primero que se ve son los lomos de los libros, que pueden escogerse y abrirse en una experiencia muy especial. Recorrer sus páginas bien diagramas e ilustradas es placentero y comparable a la experiencia de leer un "libro de verdad".

Una biblioteca informática muy sintonizada con los tiempos que vivimos. Una excelente respuesta al presunto dilema que opone internet y literatura, demostrando el enorme potencial de la alianza entre ambas potencias.

Es posible leer los libros, dejar comentarios y tener acceso a un blog muy interesante. Una iniciativa loable, crestiva y de ato valor. ¡Felicitaciones!

23 junio, 2008

Apocalipsis


El último conejo devora la última brizna de hierba mientras lo acecha el último ser humano.
 
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