28 junio, 2014

Capítulo 1 TODO EL AMOR EN SUS OJOS, novela publicada por LOM

CAPITULO I



—Ulises—dije —, Ulises— no sé si por Joyce, Ho­­mero o simplemente porque sonaba bien; o por las tres razones. Además qué importa, nadie me preguntó nada, ahora era Ulises y punto. Mejor dicho de­bía aprender a ser Ulises, que no era lo mis­mo que ser rey de Itaca, cegador de cíclopes, encantador de brujas, excusa de tejido, eterno esperado. Me abu­­rrí un rato escuchando la lata de alguno, me en­tre­­tuvo lo de otro. Llegó mi turno y di mi opinión mientras Rubén tomaba breves notas, mirándome ape­­nas, palabras que escribía con un lápiz Faber Nº 2 en una hoja blanca, delgada, casi transparente, comestible. Hizo una especie de asentimiento le­ve con la cabeza cuando terminé. Pensé que había ha­bla­do dos o tres minutos más de lo convenido. Sin embargo, noté que me habían escuchado con atención, con interés. Eso me tranquilizó. Miré las ideas anotadas en el papelito pequeño que habría de que­mar al término, pulverizar sus cenizas y esparcirlas en un viento que no existía en aquella pieza oscura, cerrada, llena de aire viciado y humo espeso de ciga­rrillos, donde todos hablábamos en voz bajita, casi en susurros, como en un aquelarre o misa negra o en una espectral catacumba. Me concentré con toda el alma en las piernas de Sonia. Rubén siguió su labor de anotación; siempre escribía algo. Después se refirió a las opiniones. La mía le llamó la atención, pero habló de todas. Recordaba los nombres con precisión, despejó algunas dudas, nos provocó otras terribles.
—¿Cuánto tiempo creen ustedes vamos a necesitar: uno, cinco, diez, treinta, más años?— nos pre­gun­tó mientras repartía los periódicos.
—Ah, casi se me olvida, el precio está marcado en la portada. A fin de mes me lo pagan junto a la otra plata, y sin correrse, que es importante.
Hablamos de objetivos y lugares, de tiempos y estrategias. No opiné, porque no se me ocurrió nada. Discutieron largo rato acerca de la consigna de una pintada mural. Ahí sí que intervine, debía ser una frase corta, llamativa, capaz de atraer la atención. Pro­pu­se, con falsos aires de improvisador, una que tenía en mente hace bastante tiempo. Rubén la anotó en su alargada hoja blanca. Fue aprobada con cier­­­­to entusiasmo. Después preguntaron por voluntarios para el rayado. Se requerían tres, más per­so­nas implicaba un riesgo innecesario. Me sentí obligado, pero mantuve silencio, atento a la reacción de los demás que recién venía conociendo, ima­ginando cómo sería aquel rayado nocturno en me­dio de las patrullas militares, los focos, las ben­galas, los ruidos de motor aproximándose, el furgón lentísimo a la vuelta de la rueda doblando la esquina. Sonia levantó la mano sin hablar; prácti­camente no ha­bía abierto los labios en toda la reunión. Sentí más pesa­­da la obligación de ser voluntario, y sin querer bajé la vista como cuando el profesor pre­gunta algo difícil y los alumnos agachan la cabeza hun­didos en una meditación profunda o una tarea urgente. Co­men­cé a temer que Rubén me nombrase, “Por qué no contesta usted, Valenzuela”, y yo lev­­an­tándome enrojecido de vergüenza, sin po­der ar­t­i­cular palabra. Entonces recordé que ahora era Uli­ses, que no podía hundir la mirada en el piso, que era atractivo como el canto de las sirenas, y subí los ojos.
 —Yo voy— dijo Daniel. Entonces levanté la mano derecha en la misma forma que había visto a Sonia (fue un gesto mecánico, no una imitación).
—Yo también— y quizás hablé demasiado fuerte con el nerviosismo, porque los otros dieron un res­pingo. O tal vez no esperaban que yo saliera con esa a la primera, más de uno habría pensado que después de tanto hablar resultaría difícil a la hora de asumir tareas. Me sentí bien, satisfecho de mí mismo. Daniel me bajó a la tierra con eso de “Al térmi­no nos ponemos de acuerdo en los detalles para no interrumpir la reunión”. Yo asentí y se me cru­zaron los ojos con Sonia, sonriéndose a todas luces por las pupilas, divertida con esos arranques míos un poco obvios. Huí de su mirada hasta mis apuntes y tracé un garabato que no significaba nada y me hizo sen­tir todavía más ridículo que antes. Se acordó también que Sergio y Mariel volantearan vigi­lados por Hernán. Lugares, día y hora serían entre­gados por Ru­bén, de acuerdo a un plan de acciones propa­gandísticas. Lo mismo corría para el rayado mural. Rubén miró la hora en el reloj de pulsera que había dejado sobre la mesa, de modo de poder obser­varlo en cualquier momento.
—Bien, estamos al término, yo salgo primero, des­pués los demás, con diferencias de por lo menos quince minutos. Si algunos vinieron en pareja, salgan del mismo modo para no llamar la atención. Ya tengo forma de comunicarme con ustedes. Me ve­rán sólo cuando sea preciso. Ah, perdón, nunca les dije mi nombre, soy Rubén, cuídense, chao, nos vemos —se despidió de cada uno. Un apretón de ma­nos para los hombres. A las mujeres les daba un beso en la mejilla y les tomaba el antebrazo con la mano derecha.
—Te felicito por tus opiniones compañero— me dijo —están bien, ya tendremos tiempo para conversar— y me estrujó los dedos con afecto. Me puse contento, pero después sentí vergüenza. Sonia mi­ró a través de la cortina hacia la calle antes de abrir­le la puerta. Rubén tenía un aspecto cuidado y meticuloso; su afeitada impecable y sus libros lo hacían parecer un estudiante ejemplar. Sergio y Ma­riel se fueron juntos. Dijeron que estaban apurados en lle­gar a almorzar a la casa de la madre de ella. Se fue­ron. Yo pretexté que tenía una prueba al día siguiente para no quedarme solo con Sonia y sus ojos risueños. Me despedí con un ademán de Hernán y Daniel, pero a ella tuve que besarle la mejilla en la puerta. Incluso creo haberle dicho “hasta la vista” o algo así de estúpido, antes de salir pen­sando en que merecería que me acribillaran por imbécil.


Y en cada auto estaban ellos esperándome con sus ametralladoras, y cada persona que se cruzaba conmigo adivinaba todo lo que yo hacía con sólo mi­­rarme, y se daban señales a mi espalda sobre la cual caía el sol de mediodía sin que pudiera sentir­lo mientras escapaba de mis enemigos, hundía un ma­dero aguzado en el ojo de Polifemo, asaltaba un nido de ametralladoras, seducía a Circe que era Sonia. 

23 junio, 2014

La hora del recogimiento

            Como era Hora de Recogimiento nadie caminaba por la enorme  avenida. Era, quizás, hora de almuerzo y el sol hacía hervir los  tejidos y el renegrido pavimento. Muy de tarde en tarde una  mirada atravesaba los vidrios y caía indiferente sobre la  desolación exterior.
            Y a lo lejos, una minúscula partícula que se va transformando en  un hombre, un hombre que camina por las calles, que se acerca...  El sol lo hace transpirar en abundancia, casi derrite su cuerpo,  es vapor lo que se fuga por sus poros. Posiblemente la Hora no  tenga más sentido que evitar este calor terrible, Pero sólo  tal vez.
            Llegaré a la avenida y después daré la vuelta ‑ murmuró el hombre  para su propio oído, medio trastornado por la torridez. Todo es  más infierno, más brillante, punzante en los ojos. En el confín  de la visión la avenida se vuelve atractiva e inalcanzable.  Imposible apresurarse. El calor ataca en raudales para quemar el  aire. La Hora está en su apogeo.
            El hombre llega a la avenida, se dispone a atravesarla. Pisa el  asfalto. Con lentitud empieza a cruzar, con la mirada fulgente,  lleno de expectación. Una extraña música invade la atmósfera en  el preciso momento en que se siente aprisionado. Kiss, Bee‑Gees,  Frampton, Clapton, northamerican music, it's all the same. Un pie  se hunde en el alquitrán. Nights of Broadway. El otro también. No  puede salir. Grita, grita, grita, maldice, tironea. Nada; está  atrapado. La música ensordece para que no se escuche la voz, el  sol adormece y destruye. Alguien grita, alguien hace esfuerzos  para liberarse.
            El sol ha caído para convertirse en crepúsculo y el hombre de  alquitrán espera algo, de rodillas. La Hora ha terminado.
            Acude el camión municipal; de él saltan algunas siluetas que  cortan el asfalto endurecido alrededor de los pies del hombre y  acaban por extirparlo del pavimento; después lo llevan a la parte  trasera del vehículo. Lo dejan solo. Cierran la puerta y luego,  por una rendija, dejan caer una radio hacia el interior. El  hombre abre la boca, pero unas palabras en inglés le aprisionan  la garganta. Abre los ojos, pero una fiesta de colores y  movimientos ataca su cerebro.
            Quiere morir, quiere estar muerto, pero oye, aún escucha, the  music, the succesful, the extraordinary music proceeding from the  great country of North.

            El camión se pone en marcha y acelera por la avenida.

14 junio, 2014

Atraso

            
Raúl
estaba en el paradero sosteniendo el portadocumentos con la axila. El microbús se detuvo justo frente a él y subió de un salto a la pisadera. Pagó el pasaje sin mirar al chofer y fue a sentarse al final del pasillo.

            Después de algún rato se dio cuenta de que era el único pasajero, y que la micro, a pesar de no transportarlo más que a él, se demoraba muchísimo en avanzar.
            - ¡Qué desgraciado éste! – susurró, mordiéndose los labios.
            Raúl miró la hora; en efecto, estaba atrasado. Ante sus ojos las calles y los árboles de la ciudad se desplazaban morosamente. Pensó en apurar al conductor.
            Luz roja ¡cuarenta segundos más!
            - Oiga, apúrese un poquito… por favor – la timidez congénita traicionaba su ira.
            El chofer siguió como si nadie hubiese hablado.
            Jamás llegaría a tiempo, alguna partícula de resignación comenzaba a impactarle.
            - ¡Usted ni volando llega a tiempo a alguna parte! – gritó Raúl con un cierto dejo sarcástico en medio de su cólera.
            - ¿Está seguro? – interrogó el conductor.
            De pronto se escuchó un confuso aleteo proveniente de los costados del microbús. Simultáneamente Raúl advertía la monstruosa antigüedad de la máquina y pensaba en qué le recordaba aquella voz. Se incorporó para ver lo que ocurría, pero al tiempo de ponerse de pie, el vehículo emprendió el vuelo.

            Entonces el chofer se volvió hacia él y le hizo un guiño malicioso con el ojo derecho.

08 junio, 2014

Taller de Inicio al Cuento de Diego Muñoz Valenzuela

Taller de Inicio al Cuento de Diego Muñoz Valenzuela

Se realiza los días jueves de 19 a 21 horas, desde Julio de 2014. Es un taller para quienes se interesen por conocer el género e iniciarse en la escritura de cuento. A tres cuadras de la estación de Metro Pedro de Valdivia.

Escribir al correo electrónico: dmunoz@surlatina.cl y enviar datos personales (nombre, teléfono, mail, edad, estudios, interés en el taller, etc.), indicando las razones específicas de su interés por participar.


Orientación del Taller
           
            Este taller literario está orientado personas interesadas en incursionar en el género cuento. No es necesario que hayan escrito anteriormente. También pueden ser personas interesadas en desarrollar su apreciación narrativa y aprender técnicas básicas.

            El aprendizaje de la escritura es un trabajo a largo plazo que requiere disciplina, paciencia y una reflexión permanente sobre los diversos aspectos que involucra el proceso creador.

            Los objetivos  básicos de este taller de cuentos son:

·          Conocer las principales características del cuento contemporáneo a través de lecturas escogidas
·          Conocer los conceptos básicos ligados a la escritura del cuento, y las principales tendencias vigentes
·          Aplicar los conceptos anteriores en el análisis de cuentos en el taller (los participantes pueden traer sus propios textos con este fin).
·          Realizar ejercicios de escritura propuestos por el monitor.

            Las actividades en cada sesión apuntan a ir entregando elementos técnicos de la escritura de narrativa, vinculados por ejemplo a: tipos de narrador, acción, manejo de diálogos, subgéneros (cuento fantástico, realista, policial, cuento breve, microcuento, etc.), tendencias actuales.


Funcionamiento del Taller

Horario:                     Jueves de 19:00 a 21:00 horas
Periodicidad:                        Semanal
Costo:                        40.000 $ al mes, pagados por adelantado
Ubicación:                A 3 cuadras del Metro Pedro de Valdivia
Matrícula:                  Sin costo
Inicio:                                     Se inicia comienzos de Junio de 2014.

Inscripciones y consultas

Escribir al correo electrónico: dmunoz@surlatina.cl y enviar datos personales (nombre, teléfono, mail, edad, estudios, interés en el taller, etc.), indicado las razones de su interés por participar y enviando un texto narrativo breve de su autoría (extensión máxima 4 páginas tamaño carta, doble espacio, letra tamaño 12).
           
Director del Taller: Diego Muñoz Valenzuela (Constitución,  Chile, 1956)

Ha publicado seis libros de cuentos: Nada ha terminado, Lugares secretos,  Ángeles y verdugos, De monstruos y bellezas, Déjalo ser y Las nuevas hadastres novelas: Todo el amor en sus ojos, Flores para un cyborg y Las criaturas del cyborg; y los libros ilustrados de microrrelatos Microcuentos (libro virtual, 2008,  con Virginia Herrera) y  Breviario Mínimo (2011, con Luisa Rivera).

Ha sido incluido en antologías y muestras literarias publicadas en Chile y el extranjero. Cuentos suyos han sido traducidos al croata, francés, italiano, inglés, islandés y mapudungun. Distinguido en diversos certámenes literarios, entre ellos el Premio Consejo Nacional del Libro en 1994 y 1996. La novela Flores para un cyborg fue publicado por EDA Libros en España (2008) y en Italia, por la editorial Atmosphere Libri (2013), y se publicará por la editorial ALFA en Croacia a fines de 2014; y el volumen de cuentos Lugares secretos en Croacia por ZNANJE en 2009.

En 2011 el autor fue seleccionado como uno de los "25 tesoros literarios a la espera de ser descubiertos"  por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara para celebrar sus 25 años de existencia. En 2012 recibió la MEDALLA COLIBRÍ 2012 en categoría Literatura Juvenil / Libros de Ficción, otorgada por Colibrí-IBBY Chile (International Board on Books for Young People) y el Centro Lector de Lo Barnechea, por el libro de microrrelatos ilustrado Breviario Mínimo.

Más detalles en:




07 junio, 2014

ORDEN

Es de noche. El hombre toma un taxi. Viaja. El taxista asalta al  hombre. Le quita dinero y documentos. El hombre queda abandonado  en una esquina. Vienen asaltantes, cuchillo en mano. Lo despojan  de sus vestimentas. Huyen. El hombre, desnudo, va en procura de  auxilio. Detiene un  coche policial. Lo golpean. Es arrestado por  no portar identificación. Sospechan delincuencia sexual. Lo  encierran en la celda de los sodomitas. Es violado. Grita. Los  guardias no vienen. Al día siguiente lo trasladan a enfermería.  El médico ordena cambiarlo de celda. Lo dan de alta. Es trasladado  a la sección de presos políticos. Después de algunos días lo  interrogan. Nada le creen, pues no posee documentos. Nadie sabe o  recuerda a quienes lo detuvieron. Lo torturan. Exigen entregue el  nombre de sus contactos. El hombre cuenta su  historia. Todos  ríen. Es incomunicado. Permanece en la celda solitaria por varios  meses. Cuando se acuerdan de él,  está flaquísimo y loco. Lo  envían al Manicomio. Grita que lo dejen en paz. Muere.

01 junio, 2014

Ucronía literaria

El escritor viajó al futuro varios años adelante en su máquina del tiempo. Arribó al momento de la presentación de la novela que planeaba comenzar a escribir. El presentador se prodigó en elogios y enhebró una intrincada y brillante explicación de su estructura de influencias e implicancias. El autor, tras escuchar con atención el extenso discurso, optó por no escribir la novela: le pareció una misión demasiado compleja, imposible de lograr. Regresó a su pasado y cambió de oficio.

24 mayo, 2014

Maquillajes cambiantes

Nunca aprendió el sentido del maquillaje, pero sí aprendió mucho de arte. Cada día se pintaba el rostro, y a veces el cuerpo, según el ánimo con que despertaba. Por ejemplo hoy se ha dado un brochazo verde, irregular, impreciso, curvo sobre sus cejas y sus párpados, y otro brochazo carmín sobre la boca y parte del mentón y la mejilla derecha. Ayer estaba entera teñida de verde, sin matices, como una extraterrestre. Antes, se dibujó arrugas por todas partes y parecía una anciana horrible. Y aún antes, rayas trasversales y paralelas de todos colores, atravesando su faz como un arcoíris. Nunca se repite. Otras la imitan y confunden sus excentricidades cotidianas con una moda. Tiemblo pensando en que se pinte una calavera.

18 mayo, 2014

VEINTE AÑOS NO ES… mucho!
Reconocimiento actual de la obra de Diego Muñoz Valenzuela

                                                                           Por Marcelo Coddou

Han transcurrido poco más de dos décadas desde que Diego Muñoz Valenzuela se hiciera presente en la literatura hispanoamericana. La acogida inicial de su obra fue entusiasta, pero limitada a un restringido número de lectores y críticos: los condicionantes de la recepción literaria en esos instantes en Chile –principios de los 90--, estaban muy lejos de ser óptimos. Y traspasar fronteras constituía un desafío realmente enorme. Ahora, tras el plazo señalado, y con muchas obras nuevas, parece haber llegado el instante de apreciación cabal del sitio que en el decurso de la narrativa continental que va desde 1991 al presente 2011, le corresponde a este escritor nuestro. El mismo se ha definido como “un narrador que busca en la literatura un espacio para la fantasía, aunque de verdad no logra huir de la realidad”. Muestra cabal de ello son sus relatos de ciencia ficción y sus originalísimos microcuentos.

Indicador indiscutible del espacio receptor que para sus obras está abriéndose y explayándose, es que haya sido seleccionado como  uno de “Los 25  secretos mayor guardados de América Latina” : 25 escritores provenientes de 15 países del Continente –de Chile también se eligió a Nora Fernández y Francisco Díaz­­­­­--,que constituirán el centro neurálgico de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, sin duda la más prestigiosa feria editorial del continente y que se desarrollará en 9 días de finales de noviembre e inicios de diciembre de este año en la vibrante ciudad mexicana.

Como muestra de que eso para algunos de sus lectores era predecible –el reconocimiento de su valor tendría que darse, pronto o un poco más tarde-- reproduzco, con mínimas variantes, la nota-reseña que sobre Todo el amor en sus ojos publicara yo en 1991, a poco de su aparición. Lo hago a modo de homenaje a este narrador nuestro que, tras no muchos años, ha encontrado las apreciaciones de los logros –que ahora sabemos valorar como decisivos—de su quehacer creativo. Tanto los presentes en esa obra inicial como otros de variada índole en sus relativamente numerosos escritos posteriores. Decía yo en ese  entonces, 20 años atrás:

Exaltado hasta extremos que pueden ser delirantes, el "fenómeno" de la narrativa chilena joven --abundosa, crecida, no poco publicitada-- exige ya [en 1991] de una reflexión serena que logre, entre otras urgencias, distinguir las voces de los ecos. Cuando esto se intente de un modo serio   estoy seguro que va a destacarse la primera novela de Diego Muñoz, Todo el amor en sus ojos, como un hito importante en tal desarrollo. Y lo es en varios sentidos, pero fundamentalmente en uno: el haber sabido resolver eficazmente, a nivel de escritura, de discurso, el difícil desafio que significa enfrentar un tema recurrente dentro de la corriente en que se enmarca: el casi insoslayable de la situación sociopolitica de los últimos plazos. Su máxima virtud está, entonces, no en la novedad del asunto, sino en el tratamiento propiamente narrativo que logra darle. Y ello sin incurrir en la falla que debilita la mayor parte de los ejemplos de escritores coetáneos que pudieran mencionarse: el tecnicismo superficial, la rebúsqueda de formas sin sustento real en una materia de por si problemática para un cumplimiento riguroso, el vacuo experimentalismo.

Aquí no: Todo el amor en sus ojos deja sin usar muy pocos procedimientos que los maestros contemporáneos del género (muchos de ellos mencionados en el texto, desde Joyce y Hemingway a Cortázar y Bryce Echeñique, más otros que no necesita nombrar, como el primer Vargas Llosa y Manuel Puig) le hayan ofrecido como modelo. Lo notable es que resultan modelos asimilados. En la textura narrativa de esta obra hay tal fluidez, tanta facilidad de expresión, que la "naturalidad" de cada artificio permite ese modo de goce que el consumidor habitual de novelas --si es realmente exigente-- quisiera siempre encontrar: estar atento y reconocer el tratamiento literario a que se somete la anécdota, pero sin dejar nunca de sentirse atrapado a la vez por una trama, la del mundo ficticio del cual cree llegar a ser co-partícipe. Novela para un lector activo, cómplice si se quiere, que por ningún instante experimenta como ajeno el universo en que es introducido. Universo que asimila en un proceso que corre paralelo- -o, mejor, integrado--, al placer de lo que es efectiva y cabalmente estético.

En la alternancia y entrecruzamiento de dos instancias temporales (una, la inmediatamente anterior al triunfo de Allende-- y un poco antes--, y otra, la inicial, de la dictadura que pretendió cortar de un tajo el proyecto popular), se va desenvolviendo la existencia cada vez más enriquecida del adolescente y luego joven militante en la Resistencia que actúa como protagonista y, en la mayor parte del relato, narrador de sus peripecias. Desde el mundo concentracionario de los grupos de que forma parte (la pandilla de liceo, más adelante la célula política antidictatorial en que participa) se nos abren perspectivas plenas de resonancias humanas, sobre una realidad que ineludiblemente marcara a la sociedad chilena en su conjunto en período de tantas y tantas convulsiones sociales. Ante la severa gravedad de los hechos --dolor, frustraciones de mucho tipo, muertes, miedo cotidiano--, la visión propuesta abre, sin embargo, al carácter total de vidas privadas y colectivas a la vez. Y esto lo logra, entre otros medios, con el empleo magistral --por riguroso, por mesurado y bien construido-- del humor. Es, en efecto, con humor que agiliza cada escena, cada reflexión de los personajes. Los diálogos --y los abundantes monólogos internos, diestramente trabajados, a veces en paralelo o solapados unos con otros-- acusan el oficio a que ha llegado un autor de quien confiamos seguirá entregándonos muchas otras muestras de su talento.



Marcelo Coddou, hispanista y analista literario chileno especializado en literatura hispanoamericana. Es profesor de español en la Drew University de Nueva Jersey. 

11 mayo, 2014

Huevo loco

Desde que su madre lo trajo al mundo, no tuvo conciencia de su condición de huevo. Sin importarle su fragilidad, escapó del nido dando tumbos, con serio riesgo para su integridad. En vano sus progenitores trataron de convencerlo para regresar a la calidez del hogar: él persistió en sus vagabundeos. Nunca maduró.

La última vez que fue visto, intentaba trinar mientras se equilibraba precariamente sobre un alambre telefónico. 

02 mayo, 2014

LOM publicó mi novela TODO EL AMOR EN SUS OJOS (tercera edición)

Publicada en 1990 y reeditada en 1999, Todo el amor en sus ojos es una novela sobre el movimiento estudiantil chileno. No sobre el que irrumpió en las calles en 2011, sino sobre el que bulle al interior de las universidades y los liceos a fines de los sesenta, y continúa clandestinamente durante los años más crudos de la dictadura militar.
En los capítulos relativos al colegio, el narrador y protagonista —Valenzuela o Gorila— y sus compañeros de curso, además de organizarse políticamente, apodan a todo el que tenga la desventura de cruzarse en su camino. Pero la incontinencia rebautizadora del grupo es algo más que una muestra de la soez y productiva creatividad juvenil: es la necesidad imperiosa de que las palabras describan al género humano sin recurrir a la arbitrariedad del nombre propio.
Los lexicógrafos repletan entusiasmados las asambleas estudiantiles: quieren llevar a cabo una convención, reformular el reglamento y reemplazar a la directiva completa del Centro de Alumnos. Se organizan para derrocar al inspector del colegio —el Chancho Arriarán, Puercote, Arrollado Furibundo, Chanchín del Monte,  Pernil Rudo, Inspector Arraño, etc.— y, pronto, empiezan a dejar atrás las salas de clases, ansiosos por reinventar otras reglas y sacar de circulación a autoridades más importantes.

Años más tarde, en dictadura, Valenzuela —que ahora se llama a sí mismo Ulises, Ruy Díaz de Vivar o Rubén— y un grupo de estudiantes universitarios estarán obligados a cambiar de nombre. O al menos lo estarán si deciden sobrevivir y defender a la comunidad que salió a la calle para celebrar el triunfo electoral de Allende. Pero, nuevamente, el tráfico de designaciones (chapas) esconde algo más. La pandilla liceana se ha disuelto, pero su precepto sigue intacto: cambiarse el nombre es una forma de disolver y compartir la identidad. 

26 abril, 2014

Ateísmo

Soy ateo. Por esa causa Dios se enfureció conmigo y me sometió a un vendaval de infortunios. Soporté todo con dignidad y tesón. Le dije que tanto abuso era prueba de su inexistencia o al menos de su inutilidad. Desde entonces no me ha molestado.

19 abril, 2014

El físico teórico

Se movió de este a oeste a gran velocidad y logró retroceder en el tiempo unas horas.  Aceleró su movimiento hasta el punto en que logró retroceder varios días. Buscó modo para superar en varias veces la velocidad de la luz. Lo hizo. Primero desapareció él, luego la galaxia, finalmente el universo completo. Usted es una ilusión, un fantasma. O quizás existe en otro universo.

13 abril, 2014

Everywhere

El buitre me seguía a dondequiera que fuese con una persistencia extraordinaria. No me inspiraba temor pese a su apariencia temible: curvo pico filoso, ojos oscuros como escotillas del infierno, cuello estriado y rugoso cubierto de manchas rojizas, ridículamente orlado por un collar blanco.
Caminaba tras mis pasos con gracioso balanceo, con las alas medio abiertas para mejorar su equilibrio. Al paso de las horas logró impacientarme; me volteé para enrostrarlo.
-¿Acaso quieres decirme algo? Anda, procede –espeté.

Como es de suponer, no hubo respuesta. Los buitres no hablan. Solo te siguen a todo lugar. Y esperan. Tienen mucha paciencia. 

29 marzo, 2014

Epitafio 1

Aquí yacen los restos de Perengano. El único hecho relevante de su existencia fue, sin duda, su muerte accidental, anónima, insignificante.

22 marzo, 2014

El fisicoculturista obseso


Bajo el influjo de una obsesión injustificable, y sin anuncio previo, fue invadiendo su vida con rutinas gimnásticas y exigentes series de  ejercicios: bicicleta estática, mancuernas, máquinas, trote, flexiones.
                Como suele ocurrir con los cambios más perturbadores, éste comenzó de manera inocente, inocua, aparentemente intrascendente. Un día un poco, al día siguiente algo más, y así. Por fin evolucionó a una situación que rondaba el límite de lo imposible.
                Impedido de dedicar más tiempo a sus ejercicios, comenzó a integrarlos en otras actividades.  Aquí transgredió el límite de la razonabilidad de manera flagrante. Comía con una mano y con la otra movía una mancuerna. Leía sus apuntes corriendo sobre la trotadora. Incluso al baño entraba provisto de  pesas, resortes o cintas elásticas. El computador o el televisor los observaba desde la bicicleta gracias una enorme pantalla de cristal líquido.
                Fue convirtiéndose en una compacta masa de músculos que hacía caso omiso de razones. Su cerebro se convirtió en un músculo cuyo único pensamiento era la necesidad de convertir su cuerpo en acero puro.

Al final dormía ejercitándose. El descanso se redujo a la nada. Sus padres se resignaron y lo conectaron a una máquina generadora de electricidad. Gracias a la venta de energía se convirtieron en millonarios. Viajaban por el mundo mientras su obsesionado vástago producía megavatios para mover miles de industrias. Y fueron felices, aunque no para siempre.

13 marzo, 2014

Asuntos computacionales

Tenía la calva completamente cubierta de teclas. La tecla $ no funcionaba, por más que la hundiera. Deseaba sentirse menos abrumado y apretó el botón para aumentar el brillo. Detestó  el rápido e inexorable transcurso del tiempo y puso el índice sobre pausa.  Se aburrió de esperar y dio avance página. Añoró olvidarlo todo y presionó  suprimir. Hizo una reflexión terrible y oprimió ingreso. Sintió abandono y de un tirón arrancó la tecla &. Aplastó el signo de interrogación. El escape no funcionó. Quiso un final  definitivo y apretó control alt suprimir.

03 marzo, 2014

Antiutopía 2

            Despertó desprovisto de ganas de vivir. Salió del compartimiento de hibernación y comprobó que había dormido por 72 horas. Necesitaba salir en busca de alimento: la máquina lo había reanimado cuando alcanzó el límite máximo señalado para nutrirse. Se enfundó la mascarilla y le cargó una gragea de oxígeno sólido. Comprobó que le quedaban solo cinco; tendría que conseguir más para seguir viviendo. Salió al mundo exterior. Como siempre estaba gris y desolado. Entre sus sombras vagaban criaturas tanto o más peligrosas que él. De pronto vio al perro; estaba flaco, pero poseía suficiente carne para justificar una hibernación de una semana. Le silbó, el animal se acercó, desconfiado, tal vez con sus propios planes. Cuando estuvo cerca gruñó y le mostró los dientes. Saltó justo sobre el cuchillo que enarboló en el momento preciso. La hoja se hundió hasta la empuñadura. Se entretuvo en descuerarlo. Dejó la piel colgando sobre un arbusto que en unos segundos se plagó de insectos hambrientos. Regresó con la carne al refugio. La asó y se la comió de una sentada. Quizás la próxima vez él sería la cena de otro. Pero ahora estaba ahíto. Sintió como el sopor se iba apoderando de su cuerpo y su voluntad. Caminó hacia el compartimiento. Dormiría hasta que llegara la nueva jornada. 

23 febrero, 2014

Aclaración con efecto público

Con el propósito de esclarecer la confusa realidad en que vivimos, es preciso develar que los masoquistas organizados se han integrado a las filas de los conspiradores. De ese modo alcanzan la felicidad mediante la represión, la tortura y la muerte. Ellos hacen todo lo que está en sus manos para que aumente la efectividad de las fuerzas del orden, porque así logran su perversa finalidad. Y nuestro gobierno no ha hecho otra cosa que proporcionarles los medios para que alcancen el placer más alto. ¡Malagradecidos! Pagan nuestro empeño con la moneda ruin de la difamación.  Así se tergiversa la situación actual, con brillante mañosería, sin asomo de principios morales.

14 febrero, 2014

Ateísmo

Soy ateo. Por esa causa Dios se enfureció conmigo y me sometió a un vendaval de infortunios. Soporté todo con dignidad y tesón. Le dije que tanto abuso era prueba de su inexistencia o al menos de su inutilidad. Desde entonces no me ha molestado.

06 febrero, 2014

El tanatólogo asesino 3

El día menos pensado, tal vez aburrido de su condición de asesino en serie, el tanatólogo asesino derivó hacia la necrofilia. En consecuencia, sus crímenes se orientaron a mujeres hermosas y distinguidas, aquellas que jamás habría podido convencer en vida para entregarse a él como objeto de lujuria y placer. Condesas, senadoras, millonarias, gerentes, artistas famosas fueron integrándose a su lista.
Una vez muertas, desnudas y expuestas sobre la mesa de autopsias a la acción de sus instintos más bajos, el tanatólogo asesino se consagraba a la diversión de poseerlas en las formas más variadas, desde las más triviales a otras refinadas y alambicadas, así como también grotescas, enfermas y repugnantes (por respeto al lector, no describiremos las oscuras prácticas que llevaba a cabo con partes de los cadáveres que disecaba).

De cada víctima conservaba algún trofeo de significancia erótica: un pezón, el clítoris, un trozo de vulva, lengua o labios. Los rotulaba cuidadosamente. Fue constituyendo un museo en cuya visita se esmeraba cuando no le era posible alimentar su malsana pasión con una nueva adquisición. Así acontecen los hechos en nuestro mundo imperfecto. Ya veo, no debí contárselo. No se decepcione, se lo ruego.

31 enero, 2014

Cabeza hueca

Tiene la cabeza perfectamente hueca, como si en el sitio donde debiera reposar un cerebro estuviera el espacio vacío apropiado para instalar  una piscina. Ahora, espacio hay; el problema es que lo repleta con datos inútiles, referencias burocráticas, cuentas por cobrar y extravagantes documentos por el estilo. Sonríe con el aplomo de los rematados imbéciles, como se podría haber sospechado. ¿Ha encontrado alguna vez a un idiota que no se considere un genio? Seguro que no.

Lo contraté para utilizarlo como cesto de papeles, pero quiso escribir una novela. El resultado de su escritura fue, como era de esperar considerando como se nutría, fue una gran bolsa de basura. Me apoyé en la causal de imbecilidad excesiva para despedirlo. No se le ocurrió nada que decir mientras lo notificaba. Idiota rematado hasta el final. 

26 enero, 2014

Final feliz

Le juró de rodillas que la amaba, que haría cualquier cosa por ella. La muy hipócrita derramó abundantes lágrimas, simulando que vacilaba, aunque su único móvil era hacerse de sus bienes. Él por su parte, sabedor de la gran fortuna que su supuesta amada había acumulado con su larga cadena de maridos, insistió hasta convencerla.

Cada día se juraron amor eterno mutuamente, aunque fuera una mentira flagrante, animada por su avaricia inclemente. Sin embargo, en algún momento la mentira se impuso para convertirse en verdad absoluta. Locura galopante, convicción resultante del ejercicio de la repetición cotidiana, maldición de una bruja bromista; lo mismo da la causa. Se amaron y fueron felices para siempre.

19 enero, 2014

El tanatólogo asesino 2

Llegó el momento de celebrar el milésimo homicidio del tanatólogo. Decidió conmemorar este logro sacrificando a su impertinente Director. Procedió con la acostumbrada eficacia, agregando el lógico grado de placer que proporciona la existencia de un móvil en esta clase de ejecuciones.
Todo funcionó a pedir de boca hasta el momento en que el médico debió realizar la autopsia. Se ensañó aplicando mutilaciones a todas luces excesivas e innecesarias, al contrastarlas con la causa de muerte determinada.

Este hecho atrajo el interés del auditor interno, que murió –como era de esperar- antes culminar su tarea. La autopsia fue rápida y simple. Las personas aprenden de los errores, usted sabe.

15 enero, 2014

El tanatólogo asesino 1

Como vivían en una sociedad muy avanzada, el crimen prácticamente había desaparecido. El tanatólogo, en consecuencia, vio declinar su trabajo; su prestigio decayó a un nivel ignominioso.
Así las cosas, el tanatólogo se vio obligado a cometer asesinatos periódicamente para restaurar su honra y autoestima. Por fortuna, su exitosa experiencia profesional realizando autopsias lo había puesto en contacto con una amplia variedad de métodos para prodigar la muerte.
De otra parte, su labor se simplificó, ya que no requería investigar la causa del deceso, debido a su condición de homicida.

Tanta fama acumuló, que le ofrecieron trabajo en las naciones más poderosas. Sabedor de sus propias falencias, declinó aceptar ofertas generosas y decidió afincarse en su posición. Eso fue interpretado como ejemplar acto de modestia. Mucho mejor para él. 

04 enero, 2014

La noche mil dos

La noche mil dos se le habían terminado las historias a Scherezade. Aterrada, trémula, se entregó a la desesperación, como si eso pudiera salvarla. Un ominoso desánimo se instaló en el centro de su alma.
Entonces, como no podía recordar ninguna historia que ya no le hubiera relatado al sultán Shahriar, decidió inventar una. De ahí en adelante, cada noche la heroína concibió una historia para fascinar a su amado. Bien pronto el monarca comenzó a colaborar en la creación de las fantasías, animado por el infantil deseo de escuchar un cuento inédito cada noche.
Esta secuencia jamás acabó. Fue una bella historia de amor. Ahora justamente usted lee uno de aquellos  cuentos que Scherezade narró a Shahriar después de la noche mil uno, quizás a  partir de alguno de los temas que el propio sultán le propuso.

No obstante, hay quienes piensan que la literatura no sirve para nada. Ya ve usted, están equivocados.

27 diciembre, 2013

La hormiga atómica

La hormiga atómica transforma la radiación en cielo azul, la sombra en destellos, el dolor en fortaleza. Asciende la montaña inaccesible animada por sus sueños y su fe enorme, porque sabe que al final vendrá algo bueno. Convierte la saudade en aire para sus pulmones ahogados, la angustia en manantial de imaginación, la incertidumbre en lucidez. Destruye la rabia para transmutarla en solidaridad y en pena. A puñetazos revienta la oscuridad para  tornarla en luz, luz, brillante luz que ilumine su camino.

15 diciembre, 2013

Lengua de origami

Poseía la habilidad de dibujar figuras plegando la lengua de un modo inconcebible. Por ejemplo, podía formar un rosado flamenco batiendo sus alas. Increíble. Un rinoceronte blanco pastando en la llanura atento a cualquier presencia peligrosa. La catedral de Rouen al atardecer, el amanecer y medio día en cualquier estación que escogiera su interlocutor. Un computador donde podías escribir mensajes a tus amigos por todo el mundo. O hasta este microcuento que lees ahora, incrédulo lector. 

10 diciembre, 2013

Soberbia 2

Bella, arrogante, se consideraba muy viva. Así era ella. Se creía la muerte.

Sin embargo, cuando la enterré, dejó de sonreír. Le faltó confianza.

30 noviembre, 2013

Soberbia

Se creía la muerte. Le di la razón.

22 noviembre, 2013

Caballeros y dragones: la verdadera historia

Érase un dragón cuya fama consistía en cazar a los armados caballeros que pretendían acabar con su especie. Naturalmente, se trataba de un dragón muy gallardo y poderoso, invulnerable para las armas de acero de los humanos. Coleccionaba las cabezas de los desgraciados combatientes y las acomodaba sobre un mesón enorme. Allí se equilibraban torres de cráneos con sus respectivos yelmos. Con el tiempo, los caballeros fueron exterminados y se inició el reino de los dragones, que tras unas décadas acabaron por devorar al último humano. Ahora apenas quedan algunos vestigios de su civilización, a punto de ser olvidad.  Esta crónica se escribe para eterna gloria de nuestra imperecedera raza de dragones. 

16 noviembre, 2013

Tzanza 1

Aquel señor tenía cabeza de tzanza. Difícil de creer, pensará usted, pero así era. En todos los demás aspectos era completamente normal, excepto de la cerviz hacia arriba. Sobre el albo cuello de la camisa se instalaba aquella versión jibarizada de una cabeza humana, pequeña, ridícula y grotesca. Imposible de disfrazar… o disimular.
Tenía los ojos entrecerrados, como si habitara un sueño grato. Gruesos labios, pelo tieso y oscuro.

Me examinó desafiante. Sostuve su mirada. Los labios de la tzanza se estremecieron. Pensé que iba a dirigirme la palabra para maldecirme o predecir el futuro. Algo dijo, pero me resultó ininteligible. Se fue con gran priesa y desapareció entre los miles, millones de ciudadanos que recorren la ciudad en todas direcciones. El refugio perfecto.

08 noviembre, 2013

La maniquí

El día está precioso. Tras calzarte un vestido breve, te bajo al jardín. De pie te coloco junto a la fuente de agua en perpetua circulación. Tu mirada de niña luce un poco triste. Hago que mires hacia un punto indefinido del horizonte. Las horas transcurren en armonía. 

01 noviembre, 2013

Halloween

Se desnuda y coloca una lechuza sobre su cabeza. Tan hermosa es, que aún así, y cubierta de escamas, resulta electrizante. No me disuaden ni los arácnidos que caminan sobre su piel fría, ni las uñas filosas como cuchillos, ni la mirada cargada de fuego que ahora me dirige. Camino hacia ella, a sabiendas del final.

26 octubre, 2013

Transiciónsauria

Cuando el presidente encargado de hacer  la transición despertó, el tiranosaurio todavía estaba allí.

18 octubre, 2013

Aquí llueve

Dentro de mi pieza llueve copiosamente. En cambio, afuera brillan el sol y un cielo azul. Acá hasta rayos caen, granizo, nieve, gruesos goterones. Un auténtico vendaval.

Tal vez aquí reine el clima de otra ciudad. Quisiera saber cuál para informarme acerca de los pronósticos. 

12 octubre, 2013

Encuentro poético

El poeta estaba en su refugio subterráneo, solo, bebiendo un vino también solitario. El sitio apenas justificaba llamarlo taberna y apestaba a humedad, tabaco y alcohol derramado. Me senté junto a él, sin dirigirle la palabra, y me lo agradeció con un suave asentimiento. Largo rato bebimos a ritmos dispares, sin separar los labios para otra tarea que consumir licor en tragos rápidos y urgentes. Así pasó mucho tiempo, pero no sé cuánto. No vino nadie. Finalmente él decidió irse, pero antes ejecutó una reverencia. Me quedé esperándolo, todavía no vuelve.

05 octubre, 2013

El muro de los lamentos

La jirafa acudió al muro de los lamentos y se unió al hombre que estaba allí. Descendió un alienígena de su nave espacial y se allegó a los dolientes. Resucitaron Cristo, el Tiranosaurio Rex, Moby Dick y Artajerjes y fueron a desplegar sus quejas con ahínco. Llamaron al Eslabón Perdido y a unos seres del futuro: acudieron. En breve plazo, ante la muralla se constituyó una multitud quejosa, suplicante, como nunca se vio antes, y como jamás habrá de verse. No sirvió para nada. Se fueron agotando. Uno a uno, los emisores de lamentos se fueron retirando. Solo el hombre se quedó ahí. Persistió. No se me ocurre el significado de esta historia. 

28 septiembre, 2013

La era de lo desechable


Desechó a Bárbara por mala de la cabeza, eso dijo, que tenía una teja corrida y se dedicaba por entero a vigilarlo. Lo que no contó fue que ya tenía otra novia: Rebeca. A Rebeca a poco andar se le declaró una sicosis severa: en cualquier mujer veía una  eventual competidora. Eso acabó por pudrirlo y la abandonó de un día para otro. Lo que no contó es que ya tenía una nueva pareja: Antonia. Ella era una actriz famosa, muy bella. Tras unos meses de vida feliz en común, se entregó a la bebida sin restricciones. Alcoholizada totalmente, consumía varios litros de alcohol en una jornada y en el paroxismo de la borrachera siempre lo increpaba por insensible. Como usted ya podrá suponer, Antonia fue despachada sin mayor trámite. Y él  ya se había agenciado a Eleonora, una profesora muy bella. Vea usted como termina esta historia.
 
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