24 agosto, 2006

El cuento y la promoción de la lectura

Ponencia presentada en el XI Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura, Resistencia, Argentina, Agosto 2006

Diego Muñoz Valenzuela


El cuento una magia que se escapa

Después de publicar cuatro libros de cuentos y escribir otros dos inéditos y a la caza de editor, el mecanismo de su escritura sigue –por fortuna- pareciéndome enigmático. Esta es la razón que me lleva a efectuar periódicamente un acto que a primera vista podría calificarse de descabellado. A los alumnos de mis talleres en la primera sesión les advierto que no pretendo enseñarles nada, que quiero aprender de ellos algo que me ayude a descifrar su estructura inaprensible, resistente a cualquier tipo de canon. Así no sólo logro dimensionar las expectativas de los talleristas, sino que también logramos (recalco el plural) tomar el asunto como un juego, una búsqueda conjunta, por cierto más entretenida, dinámica y democrática.

El cuento tiene esa clase de magia que escapa a las axiomáticas y las recetas. No hay postulado que valga: todos se derrumban a poco andar con algún ejemplo. Así se confirma la vigencia del género y su poder potencial para cautivar a nuevos lectores y en particular a los adolescentes. La extensión del cuento es propicia para un joven que debe escoger entre una variada gama de entretenciones que suelen tener a salto de mata o hasta más cerca: televisión abierta, vídeos, televisión por cable, internet, juegos electrónicos, música envasada, recitales, atractivas revistas, baile, romance, sexo, en fin. La lista es larga y la pretensión es alta: lograr un espacio importante para la lectura literaria en un adolescente sometido a toda clase de estímulos.

No vamos a entrar aquí en disquisiciones acerca de la conveniencia de que los jóvenes lean narrativa o poesía: partimos desde tal convencimiento. El asunto es cómo lograrlo. Incluso la pregunta podría hacerse en términos muy pesimistas: cuestionarse acaso puede lograrse tal meta en las condiciones actuales más allá de algunas excepciones que confirmen la regla.

La jungla de cemento

En las grandes urbes la vida puede caracterizarse como un acelerado tráfago de afanes que absorben como vampiros la energía física y espiritual de las personas. El mero traslado a los lugares de trabajo o estudio es la barrera primaria que todos deben cruzar para comenzar un nuevo día. Hay que levantarse con los albores para ganar espacio en el atestado transporte público, después de un descanso posiblemente exiguo, recortado por el traslado de retorno al hogar y sus correspondientes afanes. El espacio para confraternizar es mínimo y la tentación de abandonarse a una rutina de aislamiento constituye un peligro perenne. Los jóvenes no escapan a esta lógica, participan de ella igual que los adultos, aunque tengan menos obligaciones. Siempre es posible estar muy ocupado sin producir nada útil. Más bien la pereza se constituiría en la oportunidad para ofrecerle a un adolescente la posibilidad de pasar un buen rato mediante la lectura. El problema real es que los jóvenes suelen estar muy ocupados en cualquier cosa. Y si el objeto de su concentración son la escuela y sus deberes (en mi país a veces francamente abrumadores), sólo queda invocar a George Bernard Shaw cuando afirma: “Mi educación fue muy buena hasta que el colegio me la interrumpió”.

Por cierto que existe una minoría de privilegiados que se mueve fuera de esta zona de celeridad y autismo, pero creo que el anterior esbozo es válido para este análisis. Es en este mundo alterado por los deberes, las exigencias y los continuos desafíos donde debemos insertarnos para cavilar sobre el fomento a la lectura. Tal es el campo de batalla, el escenario que debemos afrontar. Allí es donde debemos buscar tanto aliados como oportunidades. También allí aguardan por nosotros las amenazas, las falsas esperanzas y por qué negarlo, trampas mortales como el facilismo, la sub-literatura. Ocupémonos ahora de las oportunidades para ser positivos. El Chaco es demasiado hermoso para convertirlo en escenografía para un análisis amargo.

El cuento, un arma cargada de futuro

Un buen cuento jamás es lo que aparenta a primera vista. Es oscuro y misterioso, no devela fácilmente sus verdaderas intenciones. Otras voces, otras historias, otros temas anidan bajo la superficie, se deslizan entre medio de las palabras, se insertan en medio de la acción aparentemente regulada por el ritmo de una historia más o menos lineal. El cuentista efectivo actúa como mediador de un mundo más complejo, para cuya descripción el lenguaje no es suficiente como medio de soporte, sino que debe erigirse en el resorte de una sugerencia, una evocación oblicua de algo que queda a medio expresar y por cierto, después de la lectura, a medio comprender en la conciencia de los lectores.

Así las cosas un buen cuento requiere un lector atento, activo, dinámico. No puede ser un lector vaca que va a ir mansamente donde lo llevemos, parafraseando a Julio Cortázar. En el cuento reside un universo completo, atractivo, pleno de sorpresas. Hay que descubrirlo a los ojos de los jóvenes.

La extensión breve se adapta perfectamente a la circunstancia de la vida acelerada. Es decir, nuestra arma tiene la dimensión y el peso perfectos. La extensión es propicia para una lectura en Internet, más aún si nos deslizamos hacia el territorio del cuento breve, las minificciones o el microcuento. Si –como hemos afirmado- hay poco tiempo disponible para la lectura, tenemos que competir con las otras alternativas potenciando variables diferenciadoras como la brevedad, la intensidad y la riqueza de significado.

En Letras de Chile hemos experimentado activamente desde el año 2005 en torno al potencial del microcuento como incentivo a la lectura y la creación literaria. En nuestra página web una de las secciones que ha acaparado el interés de los jóvenes es precisamente aquella consagrada al género de las minificciones. Y dentro de las sesiones de lectura y encuentro directo de escritores con público las más concurridas siempre han sido aquellas consagradas al microcuento. Incluso ha sido posible realizar pequeños talleres multitudinarios de minicuento donde el público ha podido escribir y enseñar sus creaciones personales. Hay antecedentes que sumar, por ejemplo el interés creciente de un público lector para este tipo de narraciones, que se ha visto reflejado por el interés de editoriales chilenas en el género. Un concurso auspiciado por el tren subterráneo de Santiago recibe anualmente miles de microcuentos; los ganadores reciben una suma generosa y se publican en las vitrinas del Metro, donde cada día los leen millares de pasajeros.

Menos es más, podríamos decir. El Pulgarcito de la literatura podría convertirse en un portal de entrada al mundo de la lectura.

Contando el cuento o andar con cuentos

Después de realizar tres antologías del cuento chileno con mi amigo el escritor Ramón Díaz Eterovic, dos de ellas generacionales y otra que abarcan cuatro promociones de narradores, estoy convencido acerca de las virtudes del relato contemporáneo de mi país para entusiasmar a los jóvenes lectores. La lectura de otras antologías consagradas al cuento latinoamericano actual me llevan a idéntica conclusión.

En las periódicas jornadas de lectura que organizamos (varias de las cuales han desembocado en antologías o muestras de narrativa actual), los jóvenes suelen concurrir masivamente y acercarse para declarar su interés en los autores participantes. Estos jóvenes suelen criticar a los programas educacionales o a sus profesores que no han sabido orientarlos en sus búsquedas de un material literario renovado, que toque variables relevantes del mundo en que viven, con un lenguaje que provoque su atención.

Aquí encontramos una raíz que nos conduce a las causas del problema tantas veces diagnosticado. El estado chileno reconoce dificultades en el interés por la lectura, esto desde gerentes y directivos hasta los estudiantes de escuela básica, pasando por profesionales, estudiantes, trabajadores, dueñas de casa. Más aún, entre quienes sí leen, se advierte una precaria comprensión de los textos. Programas de lectura desactualizados, abrumadora lejanía entre escritores y estudiantes, carencia de librerías y canales de distribución, prensa poco interesada en el quehacer literario, ausencia de planes permanentes de incentivo a la lectura .

Por el momento –a la espera de una reacción gubernamental sistémica, dirigida por una estrategia bien digerida y diseñada- hay que confiar en iniciativas privadas como la de Letras de Chile y otras organizaciones que saben aprovechar el tremendo potencial del cuento para acercar a cualquier persona a la lectura, no sólo a los jóvenes. La lección de la experiencia indica que hay que echarse a caminar y confiar en la maravillosa magia del cuento. En otras palabras, es una buena cosa andar con cuentos y contarlos bien.

2 comentarios:

Carmen venezuela dijo...

Estoy realizando un trabajo sobre la promoción de la lectura utilizando el cuento como estrategia didáctica en niños de segundo grado.(primera etapa de Educación Básica, su trabajo es bien interesante, en cuanto coincidimos en varios aspectos.

monica landinez dijo...

EN ESTE MOMENTO ME ENCUENTRO HACIENDO UN TRABAJO DE INVESTIGACION SOBRE EL CUENTO COMO ESTRATEGIA DE LA PROMOCION DE LA LECTURA, EN GRADO QUINTO DE PRIMARIA,SU TRABAJO ES REALMENTE INTERESANTE YA QUE TRATA SOBRE EL CUENTO QUE ES ALGO QUE YA CASI NADIE LO TRABAJA, COMO INVESTIGACION.

 
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