28 enero, 2010

Amor a primera vista


Cruzaron miradas ardientes por primera vez una noche de viernes, en un bar repleto de solitarios ansiosos por dar un vuelco a sus vidas. Mantuvieron sus ojos clavados el uno en el otro mientras consumían los tragos. Pasaban la lengua por el borde, se empapaban los labios con licor, mordían con malicia los bordes del vaso. Así una y otra vez, hirviendo de goce. Bebieron la última gota dejándola caer sobre sus lenguas, terminaron juntos y pidieron la segunda ronda, que fue más cadenciosa y acompasada, de movimientos más tenues y calculados. El placer fue intenso, quizás debido a la lentitud con que bebieron. Pagaron sus cuentas sin cambiar palabra y sin soltarse la mirada, hasta que llegó el momento de partir. Se fueron felices y ensoñados rumbo a su mundo solitario, imaginando el reencuentro del viernes siguiente.

24 enero, 2010

Alarmas


Suena la alarma del auto, pero nadie hace caso. El ladrón lo desvalija con parsimonia. Algunos vecinos riegan el césped, indiferentes a lo que acontece. Justo en frente resuena la alarma de una casa. Varios tipos cargan el camión estacionado afuera. El sonido ululante no logra alterarlos. Se toman su tiempo. Después de un rato el auto y el camión se marchan sin prisa. Los vecinos continúan regando.

14 enero, 2010

Asunto de procesiones


Bailó dos días y dos noches sin parar, con el traje rojo con lentejuelas y la colorida máscara de diablo. Tras la efigie de la virgen sagrada danzó en honor de dioses perdidos en el tiempo. Tenía el atavío pegado al cuerpo sudoroso y su aliento era más bien una vaharada infernal. Entró al baño, extrajo con cuidado la horrible máscara frente al espejo y la depositó junto al lavatorio. Desde el reflejo lo observaba un rostro verdoso, con ojos rojos como ascuas, dientes filosos y cachos curvados. Sonrió satisfecho: realmente su máscara era una caricatura grotesca.

05 enero, 2010

Asunto de humaredas


El fumador sacó la cajetilla del bolsillo de su chaqueta. El que había dejado de fumar tomó su mano para detenerlo. El que nunca había fumado no entendió lo que estaba aconteciendo. “Aquí no se permite fumar” advirtió el que había renunciado al vicio. El fumador enfureció y dijo “a mí nadie me impide disfrutar un buen cigarrillo”. Y encendió el suyo con un diestro movimiento del Ronson a bencina. “Esta es la zona sin fumar. Tendría que ir afuera”, declaró el mozo indicándole el patio. El fumador se paró y fue adonde podía fumar. El que había dejado de fumar murmuró algunas imprecaciones. El que nunca había fumado, denegó con la cabeza, incapaz de comprender. “Yo creo que el negocio se fue a la mierda”, dijo el que había abandonado el vicio, “uno no puede asociarse con energúmenos”. Y se mandó cambiar. El que nunca había fumado pagó la cuenta. El fumador prendió un nuevo pitillo con su Ronson. “El negocio se convirtió en humo por un maldito cigarro”, concluyó el que nunca había fumado. Y se esfumó.
 
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