27 agosto, 2017

Memorias del futuro 1

Estoy en mi paseo matinal por el parque. El gran danés sale a pasear solo por el condominio. Da varias vueltas, orina por ahí, defeca por allá. Su amo lo mira desde una ventana. El perro recoge las heces con una bolsa y las tira a la basura. El amo lo aplaude. Nos cruzamos. Lo saludo. Me responde y dibuja una sonrisa en el hocico. Jadea. Le pregunto por qué vive con el hombre. “Está viejo y solo; no tiene a nadie”. Su voz tiene un remoto timbre de ladrido. “Cuando muera, viviré solo”. Le deseo buen día. Me corresponde. Regresa a su casa. Me pregunto a qué se dedicará todo el día.

1 comentario:

Hola, me llamo Julio David dijo...

Bajo el tono de humor, se esconde una verdad en esos solitarios que no tienen más que un perro para hacerse acompañar. Por suerte hay perros que se las ingenian para llenarlo todo con su presencia.

Saludos y saludes.

 
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