19 mayo, 2016

Bromas extravagantes

Disfrazó a la gallina de pavo real: una máscara con penacho (que dejaba ver parte de su cresta), una frondosa cola multicolor amarrada a la suya mocha mediante un cáñamo ordinario. Entrenó a la gallina para caminar con aires aristocráticos, como salpicando indulgencia hacia los toscos seres que la contemplasen admirados. Fue una bella impostura: loca, frívola, inútil, ajena a cualquier pragmatismo. Por eso te la narro. 

2 comentarios:

Hola, me llamo Julio David dijo...

Jaja es del tipo "aunque el mono se vista de seda...". Y por supuesto que me lo creo, en términos literarios soy un creyente convencido de lo imposible a disposición de la palabra.

Saludos, Diego!

muñoz valenzuela dijo...

La inutilidad es la clave, el disfraz es bello pero no sirve
abrazo
Diego

 
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