Lugares
de memoria.
A
propósito de Foto de portada y otros
cuentos, de Diego Muñoz Valenzuela
(Zuramérica
ediciones & publicaciones, Santiago 2020, 159 pp.)
Fernando
Moreno
El año 2003 la
editorial Fondo de Cultura Económica publicó, bajo el título Déjalo ser, un conjunto de diez relatos
de Diego Muñoz Valenzuela (1957). El nombre el volumen correspondía al de uno
de sus cuentos, aquel que alude directamente, en una de sus posibles
traducciones, a una de las más conocidas composiciones de Los Beatles, Let It Be. Allí se narra el auge y la
caída, profesionalmente hablando, del consultor estrella de una importante
empresa en el contexto de una sociedad que ha ingresado en la impía mecánica
del neoliberalismo, así como también la imposibilidad de concreción de sus
afectos. Ahora, diecisiete años más tarde, estas mismas narraciones, revisadas
y con un cambio de título, el de otro de sus textos, aparecen reeditadas bajo
el sello de la novel y promisoria Zuramérica, una iniciativa que merece ser
saludada, entre otras razones, porque permite poner al alcance de nuevos
lectores estos destacados textos y dejar en evidencia, además, su sustancial
actualidad.
Una vigencia que se explica sobre todo porque, aunque en un principio la
caracterización pueda parecer paradójica, los relatos de Foto de portada se perciben como lugares de memoria, para utilizar
la expresión acuñada ya hace varias décadas por el historiador Pierre Nora,
quien identificaba bajo estos términos esos espacios, y también unidades de
sentido, donde se instala, condensa, materializa, clarifica y expresa la
memoria colectiva. Y la literatura, en cuanto expresión simbólica, puede
articular un espacio de experiencia –un pasado siempre presente–, y un
horizonte de expectativas –un futuro avizorado a partir de esa actualidad–,
para así configurarse como el lugar de una memoria actuante, remodelada y
revisitada. Es lo que sucede con las atrayentes narraciones de Foto de portada.
De hecho, esta dinámica aparece acentuada incluso por el juego que se
establece entre la elección de este nuevo título y por la ilustración de la
portada del volumen, en la que confluyen otros lugares de memoria. La imagen a
la que se alude en el cuento es la que capta una protesta universitaria en
tiempos de la dictadura, una expresión del descontento frente a la opresión y a
la injusticia; la fotografía de la cubierta del libro reproduce la estatua del
general Baquedano, situada en llamada ahora Plaza de la Dignidad, es decir el
foco del estallido social de 2019, consecuencia de años de abuso y de
desigualdad. Se produce así una suerte homología de situaciones que aúna pasado
y presente, que da cuenta de los avatares de la historia, de su movimiento en
espiral y sobre el cual los narradores de los distintos relatos invitan a
reflexionar acudiendo a la memoria, al repaso de los buenos o malos pasos que
han conducido a un presente desde el cual se evocan impresiones, acciones,
convicciones, opciones, decisiones, así como encuentros y desencuentros –con
los demás, con la sociedad y consigo mismo–, sueños dentro de la pesadilla,
expectativas, anhelos rotos, y carencias, que a veces solo la literatura
permite recomponer o compensar.
Es precisamente el proceso de remembranza el que hila y establece puentes
entre la proliferación de registros incidentales de distinto tipo y factura que
exhiben los cuentos que componen el volumen. Porque ellos recorren y cubren una
diversidad de temáticas y situaciones: la certeza y la incertidumbre del
heroísmo, las dificultades o imposibilidades de los lazos afectivos, las
modulaciones de los vínculos filiales, las hipertrofias del liberalismo, las
subjetividades deformadas por el consumismo y la alienación, las amistades
peligrosas y las verdaderas, los indisolubles lazos de camaradería, las
atrocidades de la dictadura política, la revancha posible, la ferocidad de la
dictadura económica, la añoranza y el desengaño, la posibilidad de una nueva
relación con la naturaleza, entre otras. Y, se habrá deducido, que todos esos narradores,
personales o no, están desplegando los signos de la memoria pública de la
llamada generación de los ochenta, la del propio autor, aquella cuya juventud
se vio luminosamente envuelta en los esperanzadores proyectos en pos de una
sociedad más justa, descabezados primero por la irrupción de la tiranía,
talados más tarde durante la llamada transición a la democracia, donde para el
existir y el sobrevivir prima el orden económico y social impuesto por la
dictadura y el liberalismo a ultranza, y por lo mismo, los desequilibrios
flagrantes, el individualismo extremo y la violenta competitividad.
Este ejercicio de memoria puede ser considerado además como una reacción
ante la política del olvido, una corrección a los efectos negativos
concomitantes con el silencio y el ocultamiento, tanto en la esfera de lo
público –pues es así cómo se construye una historia tergiversada, incompleta,
parcial, unilateral–, como en el ámbito de lo privado, donde lo inconfesado ha
sido uno de los elementos determinantes del periodo.
Los narradores y personajes de Foto
de portada efectúan una suerte de radiografía y balance vivencial, se
abocan a escudriñar en el pasado en un intento por redescubrir y articular las
vivencias fragmentadas y dispersas que se esconden en el magma de sus recuerdos
y que, esperan, les ayuden a comprender sentimientos, grandes gestos y pequeñas
gestas realizados en determinados momentos de sus vidas y, además, a entender y
hacer frente a un presente difuso, pero que quizás contenga ciertos indicios
esperanzadores.
No solo ateniéndose a las dosis de realismo requeridas para este tipo de
narraciones, rozando a veces la ciencia ficción o sumergiéndose en lo
fantástico, con doctas anécdotas, bien entretejidos, mostrando un hábil manejo
del diálogo y del entramado temporal, Foto
de portada nos ofrece una colección de relatos vitales y comprometidos, no
desprovistos de humor, con narraciones de amores y clamores, de revelaciones y
testimonios. Allí se entretejen experiencia privada y experiencia social, lo
fáctico se vislumbra a través del prisma del mundo sensible, los avatares de la
subjetividad aparecen engarzados con la Historia. Este libro oportuno y
necesario ofrece con sagaz amenidad los materiales discursivos para pensar y
analizar las presencias y sentidos del pasado nacional, activando así un pensamiento
de recuperación y transmisión de la memoria que es, a la vez, íntimo y
político.
Fernando Moreno Turner es Doctor en Estudios Ibéricos e Iberoamericanos por la Universidad de Paris III (Sorbonne Nouvelle, 1980) y Doctor de Estado en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Poitiers, (1996).

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