20 marzo, 2011

Taller de Cuento 2011 de Diego Muñoz Valenzuela


Se realiza los días martes a las 19 horas, desde fines del mes de abril y por un periodo de 16 sesiones. Es un taller para quienes se interesen en aproximarse al conocimiento del género y quieran iniciarse en la escritura de cuento. Muy cerca de la estación de Metro Pedro de Valdivia.

Escribir al correo electrónico: dmunoz@surlatina.cl y enviar datos personales (nombre, teléfono, mail, edad, estudios, interés en el taller, etc.), indicando las razones específicas de su interés por participar.


Orientación del Taller

Este taller literario está orientado personas interesadas en incursionar en el género cuento. No es necesario que hayan escrito anteriormente. También pueden ser personas interesadas en desarrollar su apreciación narrativa y aprender técnicas básicas.

Los objetivos básicos de este taller de cuentos son:

• Conocer las principales características del cuento contemporáneo a través de lecturas escogidas
• Conocer los conceptos básicos ligados a la escritura del cuento, y las principales tendencias vigentes
• Aplicar los conceptos anteriores en el análisis de cuentos en el taller (los participantes pueden traer sus propios textos con este fin).


Funcionamiento del Taller

Horario: Martes de 19 a 21 horas
Periodicidad: Semanal
Ubicación: Cerca de la estación de Metro Pedro de Valdivia
Inicio: Se inicia a fines de abril de 2011.

Inscripciones y consultas

Escribir al correo electrónico: dmunoz@surlatina.cl y enviar datos personales (nombre, teléfono, mail, edad, estudios, interés en el taller, etc.), indicado las razones específicas de su interés por participar.

Antecedentes del Director del Taller

Diego Muñoz Valenzuela (Constitución, Chile, 1956)

Ha publicado los volúmenes de cuentos Nada ha terminado, Lugares secretos, Ángeles y verdugos, Déjalo ser y De monstruos y bellezas; y las novelas Todo el amor en sus ojos, Flores para un cyborg y Las criaturas del cyborg. Ha sido incluido en antologías y muestras literarias publicadas en Chile y el extranjero. Cuentos suyos han sido traducidos al croata, francés, italiano, inglés y mapudungun. Distinguido en diversos certámenes literarios, entre ellos el Premio Consejo Nacional del Libro en 1994 y 1996. Flores para un cyborg fue publicado por EDA Libros en España (2008) y Lugares secretos en Croacia por ZNANJE en 2009.

17 marzo, 2011

El entomólogo torturador 3


Observó con desprecio al díptero a través de la enorme lupa, a sabiendas que estaba condenado irremisiblemente. Disparó con precisión el láser sobre uno de sus ojuelitos, desintegrándolo. El insecto vibró de dolor.
-¿Cuántos pares son tres moscas? –aulló el interrogador.
Utilizó el rayo para seccionar una de sus patas traseras. Una mínima voluta de humo emanó del exoesqueleto y los élitros temblaron.
-Un mosquito mata un león. No te hagas el inocente y contesta. Antes he aniquilado a siete de un golpe –le quemó una docena de ojuelitos.
-En boca cerrada no entran moscas –replicó el díptero, sellando su suerte.

12 marzo, 2011

LAS CRIATURAS DEL CYBORG: la visión de Fernando Jerez


Las criaturas del cyborg
Revista Punto Final, No. 726. 7-20 enero 2011

El 11 de marzo de 1990 asumía la presidencia de Chile Patricio Aylwin. Por lo tanto, con meses de antelación comenzaron a desmantelarse los aparatos represivos cuyos miembros durante 17 años habían practicado con inclinación morbosa, la perversión y el crimen en todas sus facetas. Quedaron muchos desempleados que, para colmo, debían vagar a cara descubierta, desprovistos de las chapas cobardes que habían ocultado sus identidades. Por lo tanto, para subsistir en la holgura económica y en la recuperación de ciertas facetas de poder, encaminaron sus pasos al submundo de la droga, el tráfico de personas y el control de empresas comerciales. Pero otros peligros acechaban a estas almas miserablesmientras intentaban ubicarse en el nuevo contexto: surgían también unos pocos arrepentidos que podían delatarlos revelando sus nombres y los delitos repugnantes que habían practicado con toda impunidad.
En Las criaturas del cyborg, la más reciente novela de Diego Muñoz Valenzuela (Simplemente Editores, Santiago, 2010) hay también personas que no están dispuestas a tolerar el crecimiento de la flamante maléfica organización. Lo que seguirá en las páginas del libro es puro movimiento y vértigo. A Muñoz Valenzuela no le interesa detenerse en elucubraciones o devaneos filosóficos. Iniciada la lectura se entra de lleno en la acción, en el ajetreo de las conjuras que alimentan los dos grupos bien definidos que se enfrentan en sus páginas. Asistimos, pues, a la descomposición de los cuadros de la antigua inteligencia represiva, y a la sorprendente aparición de un militar que desea limpiar su conciencia develando temas que sus pares han juramentado callar. Está dispuesto, en medio de temores y balbuceos,desclasificar los hechos abominables que le impiden un sueño tranquilo. Pero no es fácil el arrepentimiento que implica traicionar a quienes en una época estuvieron tan férreamente conjurados. La delación suele ser fatal, por tanto, los perjudicados deciden silenciarlo cuanto antes. Una trama sencilla, para un problema humano complejo y trascendente. Conspiran los antiguos jerarcas y sus sicarios, como hemos dicho, tras el poder del dinero, las ganancias del narcotráfico y las inversiones cuantiosas, con la finalidad de recuperar en parte la omnipotencia perdida. Las actuaciones ocurren en las sombras más recónditas, pero para ayudar a resolver esos problemas está Tom, el cyborg que ha superado su condición de máquina inteligente para convertirse en un ser de piel sensible y de buen corazón. Y está el personaje que ha creado ese híbrido perfecto, esa existencia simbiótica de máquina y organismo vital. Un producto de la infinitud del ingenio humano. El cyborg, este cyborg de Muñoz Valenzuela, con la psiquis modelada minuciosamente, con la formación de códigos que le han permitido elaborar pensamientos, lógica y cálculos científicos, logra desarrollar una inteligencia autónoma tan poderosa, que es capaz de generar a su vez, sus propias criaturas: unos sorprendentes insectos microscópicos que se adhieren a las personas y que son capaces de acusar el menor movimiento y la voz más tenue a través de sus invisibles cámaras de transmisión.
Suena a novela de aventuras cuyo conflicto radica en la lucha secular entre el bien y el mal, en un campo de batalla donde los buenos y los malos combatientes no se dan tregua, como ocurría en el cine de antaño que nos encantaba, cuando gritando desde la platea avisábamos a los buenos que los malos estaban a punto de darles alcance. El mal tiene infinitas variaciones, incluso se viste de virtudes. La tecnología, los aparatos que han facilitado con su progreso el confort del hombre, han tenido avances increíbles, día a día, segundo a segundo. Pero la codicia y la corrupción no varían. La cultura de la violencia y del individualismo en pos del éxito sin sacrificio no admiten obstáculo alguno. Las criaturas del cyborg quieren encaminar a la humanidad en un sentido mejor. Y entre sus muchos personajes, se destaca también , como un homenaje, el aporte de los viejos sabios, esos seres que subsisten impregnados de experiencia, los que sólo se preocuparon de enriquecer el espíritu.
En suma, esta novela no permite el aburrimiento.

Fernando Jerez

05 marzo, 2011

El entomólogo torturador 2


Clavó nuevamente la cachiporra electrónica en los genitales del vencido escarabajo. Sin dejar de aplicársela, preguntó por última vez.
-No repetiré la pregunta, monstruoso insecto. ¿Qué le hiciste a Gregorio Samsa?

26 febrero, 2011

El entomólogo torturador


Se quedó mirando fijo los ojos de la mariposa. Después la abofeteó con rudeza antes de preguntarle por última vez:

-Contesta, si aprecias tu vida. No sigas protegiéndolo. ¿Dónde está el maldito Chuang Tzu?

20 febrero, 2011

Gorila en el living


El maldito gorila vestía uniforme gris y llevaba el pecho cargado de medallas colorinches. Las ostentosas charreteras doradas contrastaban con los desnudos pies peludos y acrecentaban así su grotesca apariencia. La gorra apenas cubría el montículo de su cabeza enorme. Estaba sentado en mi bergere, succionando un habano bien seleccionado, frente a un vaso atiborrado con mi mejor whisky.
Decidí entrarle duro; es lo mejor en estos casos.
- Creí que tu tiempo había terminado.
- El mío… y también el tuyo, camarada –gruñó con sorna, dejando ver sus magníficos y aterradores colmillos.
No le faltaba razón al miserable. Pero eso no lo autorizaba a sentarse en mi living a consumir mis mejores reservas.
- ¿Por qué no vas a instalarte a la mansión de aquellos que dirigen el país? –lancé la estocada- ¿Acaso ellos no te reciben?
- Tú sabes la respuesta -rugió mirándome con sus horribles ojos inyectados en sangre- No te hagas el imbécil.
- Mmmh –repuse-, puedo proponerte algo. Con ese traje y un libreto astuto podemos ganar mucho dinero.
“Dinero” es una palabra mágica en esta era. Abre cualquier puerta, incluso el entendimiento de un gorila. La mueca de odio se transformó en una sonrisa gentil.
- ¿Cuánto? –fue la pregunta.
- Suficiente para que compres whisky, habanos y bananas en cantidades industriales. Yo haré los libretos y me encargaré del marketing y la producción. Tú nada más hablarás babosadas.
Nos dimos la mano, o lo que fuera en su caso. Somos socios. La gente compra feliz entradas para ver su espectáculo decadente y anacrónico. La mejor paga es cuando se calza una polera tal o una chaqueta cual ante las cámaras de televisión.
Por cierto, nunca hablamos de política.

11 febrero, 2011

Zombies at home

Era domingo y le tocaba cocinar; eso implicaba preparativos tempranos. Abrió el refrigerador y tras una breve vacilación sacó dos pollos. Los puso a descongelar en una bandeja.

Unas horas después los fue a mirar. La bandeja tenía bastante agua y los cuerpos estaban reblandecidos. Hundió su dedo en uno de ellos y sintió una sensación extraña, como si tuviera palpitaciones. Denegó con la cabeza y partió a comprar verduras frescas a la feria.

En cuanto ingresó a la cocina detectó algo extraño. Miró la bandeja de los pollos. Los cuerpos blancuzcos estaban contorsionados caprichosamente: apoyados en un ala y un gordo muslo, con el cuello erguido en posición de alerta, desprovistos de patas y cabeza. Las piernas le flaquearon cuando los pollos se levantaron emitiendo unos sonidos guturales. Caminaban hacia él bamboleándose sobre sus piernas truncadas y agitando sus alas mochas. No pudo moverse. Oyó un alarido en la casa vecina. Él no alcanzó a gritar.

05 febrero, 2011

Fisuras en la realidad


Recién amanece y se levanta para ir a trabajar. Descubre que el mundo está inclinado, unos diez grados en el eje norte sur. El norte está más arriba, como en los mapas. Sin embargo, va descubriendo que él es el único que percibe este desnivel; ni siquiera el agua lo reconoce, pues los ríos, los arroyos y cualquier efluente no lo obedecen. El mundo sigue operando como si la pendiente no existiese.
No obstante a él le cuesta caminar hacia el norte, porque va cuesta arriba. En el otro sentido la tarea se facilita. Y para el eje este oeste, la movilización adquiere –sólo para él- un ribete de cojera francamente insoportable. Sabedor de su especial condición, se traga la rebeldía y no rechina a causa de las molestias. Y como el hombre es animal de costumbres, al fin termina por asimilarse; y hasta encontrarle ciertas ventajas a la situación.
Pero como nada es fácil en la vida, un día el gradiente amanece en la dirección este oeste. Todo de nuevo. Lo soporta con estoicismo, hasta que de nuevo se acostumbra. Y ahí vuelta a cambiar: el mundo vuelve a recomponerse. Así se va dando una sucesión impredecible. A veces la gradiente es más cuantiosa; de otra parte, el eje ya no responde a orientaciones exactas de la brújula.
Él procura seguir viviendo como si nada extraordinario aconteciera. Convive con la tremenda desazón de ser el único testigo de esta arbitrariedad, sorprendido de su mansedumbre. Y sobre todo, de su silencio.

28 enero, 2011

El triunfo de la perseverancia

El hombre lobo acudía sin falta cada día al casting de cuanta productora de películas de terror existía en la ciudad del cine. Ansiaba con locura una oportunidad, con toda la fuerza que le demandaba aquello que anidaba en su interior –no precisamente un alma- y lo impulsaba a la vida. La decepción cotidiana lo hacía aullar a la salida de las oficinas y era un espectáculo realmente lastimoso.
No obstante, como bien sabemos, la perseverancia siempre triunfa, y el licántropo fue contratado por una nueva empresa que pretendía conquistar la gloria con un presupuesto bastante magro. Obviando la escualidez de los emolumentos, el loup garou aceptó la oferta.

Recién cuando leyó el libreto se enteró de que su rol protagónico era el de Conde Drácula. Tras un ataque de aullidos se calmó. Hubo de afeitar cada vello de su cuerpo, una tarea ardua. Apegar sus orejas a la cabeza mediante cinta adhesiva invisible y recortar y limar escrupulosamente las uñas de sus garras. Ocultar sus patas traseras en unas botas de caña alta y enrollar la cola dentro de los pantalones. Los colmillos y los ojos encendidos eran perfectos.

La película fue un éxito de taquilla y el hombre lobo alcanzó el éxito codiciado. Por cierto, vinieron las secuelas, cada cual más triunfante que la anterior. Su carrera coronada de logros lo consagró entre los más grandes: Bela Lugosi y Cristopher Lee, él completaba la trilogía.

Murió rico y admirado. Jamás pudo interpretar el rol de licántropo, a excepción de uno que otro aullido entre ensayos y filmaciones. Aquella oportunidad no llegó para él. Pero eso nadie lo sabe.

25 enero, 2011

Exhortación a visitar el castillo de los monstruos


Con ejemplar paciencia fue construyendo su colección pieza por pieza. Acabó alcanzando la perfección no sólo por la calidad de cada entidad, sino por la amplitud y la conexión de sus integrantes. “En cada monstruo hay algo infinitamente enternecedor e imperecedero. Una derrota esencial, una gota única de la esencia humana”, afirma con vivacidad el propietario del castillo donde se asienta la compilación viviente.

Un castillo que puedes visitar, acaso tienes coraje y tiempo. No puede ser una inspección de pasada. Has de recorrerlo con parsimonia. Hablar con el vampiro sobre su condena a la eternidad y la privación del sol. De las propias fauces del lobizón podrás oír la narración de las persecuciones feroces y crueles a las que ha sido sometido. Observar la candidez del ser construido con trozos de cadáveres y constatar sus ansias existenciales. Acariciar a la Gorgona y procurar aliviarla de su soledad sempiterna. Compartir unas copas con el Kraken para consolarlo. Y así te irás quedando para constatar la implacable perfección de esa serie infinita.

15 enero, 2011

Discontinuidad de los parques


Entras a una casa desconocida. Avanzas por el pasillo y llegas a la sala de estar. Impera el silencio, de modo que lo único que escuchas son tus pasos, tu respiración y, cuando te quedas estático, el latido de tu corazón. Hay alguien leyendo sentado en un sillón, de espaldas a ti. Te acercas por detrás sin ruido y descubres que él lee esta historia, y que hay otras copias sobre la mesa de centro. En la portada está tu fotografía. Tomas asiento en el sofá. La persona que lee levanta el libro y te da una rápida ojeada; agrega una venia y sigue leyendo. Es una perfecta réplica tuya. Inicias la lectura. Llega un tercero, ahora desde tus espaldas. Sabes que está mirando porque lo estás leyendo en la historia. Luego se sienta en el otro sillón. Es como si te vieras en el espejo. Después de un rato, la sala de estar parece una biblioteca pública, repleta de personas idénticas leyendo el mismo libro. Pero no puedes salir de allí. Y tampoco es un sueño.

08 enero, 2011

La inaccesibilidad del poder


La inaccesibilidad del poder

José Promis

El Mercurio, Literatura y Libros, domingo 28 de noviembre de 2010
http://www.mer.cl/modulos/catalogo/Paginas/2010/11/28/MERSTAT023OO2811.htm

Diego Muñoz Valenzuela publicó Flores para un cyborg en 1997. En su argumento confluían mecanismos narrativos de ficción científica, de aventuras escalofriantes y de crítica política para denunciar las alteraciones que el régimen militar había producido en la sociedad chilena de esos años. Varios críticos y comentaristas escribieron favorablemente sobre esta novela, destacando la originalidad de su mundo imaginario, la facilidad de su lectura y el consiguiente agrado y entretención que provocaba. Pero en cuestión de opiniones sobre objetos culturales no existe la unanimidad. Por mi parte, consideré que Flores para un cyborg era una novela que no añadía nada a la obra ya publicada por su autor. Me pareció que la prisa con que había sido escrita se revelaba en su inestable estructura, en la debilidad de sus imágenes y, sobre todo, en el descuido de su lenguaje narrativo.

El autor ha publicado recientemente la continuación de las aventuras de Tom, el cyborg creado por el científico Rubén Arancibia: Las criaturas del cyborg . Su propósito narrativo es ahora denunciar las funestas rémoras de odio y ambición que todavía subsisten al cabo de los veinte años que han corrido desde el retorno de la democracia. Chile se ha transformado en un país ensordecido por la luminosa propaganda del éxito económico, pero bajo su aparente fisonomía triunfalista se ocultan los intereses de ciertos individuos que trabajan incansablemente para recobrar el poder absoluto e impune que detentaban hasta fines de los años ochenta. Estos antiguos mandamases y sus esbirros torturadores se agrupan en la sociedad secreta denominada Génesis, cuyo representante es un misterioso y despiadado personaje llamado don William. Pero otro grupo formado por individuos engañosamente inofensivos, al que pertenece Rubén Arancibia y el cyborg Tom, se dedica también en secreto a perseguir y eliminar a los miembros de Génesis, evitando que logren "esparcir sus huevos de serpiente".

El conflicto entre Génesis y sus adversarios convierte a Las criaturas del cyborg en un relato de radicales y violentos antagonismos. Los integrantes de Génesis son luciferinamente despiadados, mientras que sus oponentes constituyen una galería de personajes sobre los cuales la escritura del autor deposita todas sus simpatías. En su mayoría pertenecen a la clase trabajadora chilena y varios de ellos han sido también antiguas víctimas de la tortura. Los esbirros y sicarios de Génesis son retorcidos individuos que transitan por los más bajos fondos de Santiago, en ambientes adecuados a la putrefacción de sus propósitos y personalidades. Exhiben a la traición, la crueldad y la deslealtad como sus sentimientos dominantes, en notorio contraste con los valores de solidaridad, generosidad y afecto que apoyan el comportamiento de sus adversarios.

A diferencia, pues, de otras novelas contemporáneas que cuestionan esta dicotomía, Diego Muñoz ofrece un mundo imaginario donde el Bien y el Mal son términos absolutos e irreconciliables. Su enfrentamiento comprueba la omnipresencia e inaccesibilidad de los verdaderos poderes que desequilibran el orden social. Como afirma uno de los personajes, los nombres públicos del régimen militar fueron sólo "marionetas del auténtico poder... los líderes de verdad siempre se ocultaron". El cyborg Tom, por su parte, afirma que "quizás existan las antecesoras de las antecesoras de Génesis. Nadie ha investigado las ramificaciones. Podrían remontarse a épocas primigenias, haberse gestado en tierras lejanas, como esas antiquísimas sociedades secretas que perpetúan su poder en las sombras".

Si bien es cierto que esta novela conserva una notoria dureza lingüística que necesitaría mayor pulimento expresivo, su estructura no exhibe la debilidad que manifestaba Flores para un cyborg . Se trata, por el contrario, de un relato bien armado que cumple los requisitos de interesar y sugerir, propios de toda buena novela de ficción científica.

01 enero, 2011

LAS CRIATURAS DEL CYBORG: la visión de Miguel de Loyola


Las criaturas del Cyborg, novela de Diego Muñoz Valenzuela; Simplemente Editores 2010, 212 pp.

Diego Muñoz Valenzuela maneja muy bien los códigos y triquiñuelas características de la novela policial, y agrega un simpático toque fantástico a su narración, incorporando un supuesto personaje cibernético en el centro de la trama, más propio al género fantástico que al policial. Se trata de aquel codiciado robot producto de la tecnología, no sólo capaz de suplantar al hombre en sus actividades normales, en este caso, sino también de superarlo en inteligencia y aún en sensibilidad. Dicho espécimen nominado Tom, se mueve en la novela como un personaje más, cuestionando a su creador (Rubén Arancibia), y tomando finalmente el protagonismo de la acción. Gracias a ciertas criaturas creadas por él mismo –a tal extremo llega su independencia cibernética- se desenreda el nudo policial generado, y termina siendo el héroe de la narración.

La novela de Diego Muñoz Valenzuela, pone así en perfecto movimiento la consabida red de intrigas propias del género policial, donde crimen y asesino son eje medular. Para escribir una buena novela, postulan los genios del género negro, basta con una buena trama. Diego Muñoz Valenzuela lo consigue en Las criaturas del cyborg, cuestionando las instituciones de inteligencia creadas durante la dictadura, a partir de la precariedad mental de sus esbirros, desamparados y hambrientos en el nuevo escenario político del país, y dispuestos a cualquier traición con tal de salvar ahora la subsistencia definitiva de sus vidas miserables. Tal es el caso de Orlando y Mariani, dos sicarios y torturadores utilizados por los servicios de inteligencia y abandonados a su suerte, tras la pérdida del poder.

Desde luego, la novela remite a una realidad concreta, Chile pos dictadura, cuando la organizaciones de inteligencia creadas para mantenerse firmes en el poder, todavía se mantienen vivas en democracia, aunque clandestinas, como estrategia o necesidad para preservar sus secretos más sucios. Toda esa información confidencial acumulada durante los años que ha durado la dictadura, y sobre todo, rostros e identidades de los verdaderos culpables intelectuales de los crímenes cometidos durante diecisiete años de impunidad judicial.

La narración recrea los clásicos ambientes sórdidos por donde se mueven estos personajes degradados por causa de su situación en el mundo en calidad de entes, de vehículos utilizados por el poder para alcanzar sus objetivos, y desechados una vez alcanzados. Detallando hechos y lugares con el consabido desprecio del narrador displicente que caracteriza al género negro. Exento de la piedad propia de los seres normales frente a los hechos criminales.

Contrasta, por cierto, la figura del Cyborg Tom, con la de los esbirros que circulan por la novela, tanto más automatizados que el propio robot. Paradojalmente, Tom termina siendo el más humano de los personajes, dotado de una sensibilidad que le permite, incluso, caer en reflexiones existenciales y filosóficas respecto a su “ser en el mundo.” A través de este juego de contrarios, de cambio de identidades, la novela alcanza el nivel de la denuncia social e ideológica, proponiendo abiertamente que este robot producto de la tecnología, es o será en el futuro, el tipo de ideal humano.

El hombre ha muerto, es la frase trascendental de Michel Foucault, la cual abre la gran discusión hacia la llamada posmodernidad. El hombre ha muerto porque se acabaron los ideales, y lo asiste un nihilismo suicida, nietzscheano. Lo suplantarán las máquinas. Una idea que se viene gestando desde hace algunos siglos. Recordemos La máquina del tiempo, o El hombre invisible (1897), H.G. Wells, y por supuesto a Aldous Huxley en Un mundo feliz, por nombrar las novelas que se me vienen a la memoria en este momento. Para no hablar de Heidegger, quien es el primer filósofo que advierte el peligro de la apropiación del mundo y del hombre por la tecnología.

Si el hombre ha muerto, ¿quien está en las calles?, se preguntan los franceses tras la espeluznaste afirmación de Foucault por allá a principio de los años 60. La novela Las criaturas del Cyborg, propone una luminosa respuesta. La literatura y el arte es el único país donde las utopías son posibles, y cuanto más acabadas, perviven para siempre en el imaginario colectivo. En la realidad –como bien lo hemos visto a lo largo de la historia del siglo XX- fracasan, y eso Diego Muñoz Valenzuela como ingeniero civil lo sabe perfectamente, y por eso escribe, por eso se escribe, para soñar un mundo perfecto.

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Octubre del 2010

26 diciembre, 2010

Estatuas derribadas


A la estatua de Lenin la habían colocado en el espacio junto a la escalera, debajo del techo inclinado sobre el segundo tramo. Un lugar que podría haber ocupado una planta o un mueble inútil. La abuela solía sentarse al lado porque en invierno siempre estaba caliente debido a una conjunción absurda de calefactores. Le hablaba de tiempos pasados como si se tratara de un viejo amigo. En cambio la estatua de Stalin estaba en la carbonera, medio ladeada y sostenida por la frente, a punto de caerse. El abuelo lo tenía castigado allí, como a un chico desobediente. “Fue un gran cabrón éste”, decía el viejo, “la verdad es que nos jodió la vida”.
Cuando le preguntábamos a la abuela por qué no habían relegado a Lenin a la carbonera, nos respondía inefablemente: “Yo creo que fue un buen hombre, no merecía ir a parar al sótano, como el otro”. A Stalin nunca lo mencionaba por su nombre, como si fuera el demonio.
Una vez el abuelo mencionó de paso a un tal Trotsky. Le preguntamos quién era. Respondió que tal vez habría sido una esperanza de éxito. Después se quedó pensando un rato y añadió que en verdad no estaba seguro. No nos atrevimos a preguntarle por qué no teníamos una estatua del tal Trotsky.

18 diciembre, 2010

El gorro de Santa Claus


Entró a la casa por la chimenea apenas, dificultosamente. Se ensució el traje rojo: lo dejó repleto de manchas horribles. Su aspecto era lastimoso, hasta la blanca barba la tenía emporcada. Seguí sus evoluciones agazapado en la oscuridad. No esperaba lo que iba a suceder. Empezó a llenar su bolsa con mis juguetes predilectos. Después agregó los mejores libros y discos con una precisión extraordinaria. Me estaba despojando en serio. Cuando comenzó a guardar las joyas de mi madre entré en sospecha. Y la certidumbre llegó cuando se pudo a probar suerte en la caja fuerte.
Entonces salí, armado con un garrote capaz de volarle la cabeza al propio Hércules. Apenas me lo podía. Lo perseguí mientras blasfemaba. El viejo miserable imploraba piedad. Entre chillidos argüía que todo iba a repartirlo entre los pobres. Ándate al carajo, viejo de mierda, le dije y le aticé un trancazo. Soltó la bolsa y salió por la puerta corriendo como alma que lleva el diablo.
Se le cayó el gorro. Lo conservo como trofeo. Si quieres, te lo muestro.

10 diciembre, 2010

Eventos imposibles


Dentro de la botella hay un reloj en cuyo interior flota un transatlántico donde la gente bebe y baila en una sala enorme en cuyo centro hay una orquesta tocando una música muy extraña, porque esto ocurre en una galaxia muy lejana y en otro tiempo muy diferente. En el bolsillo de uno de los músicos hay un libro marcado en una de sus páginas donde está impreso este cuento que no podrías leer, porque está escrito con caracteres incomprensibles. La historia termina aclarando que es imposible que algo así ocurra jamás.

04 diciembre, 2010

El detective robótico por Patricia Espinosa


Las Últimas Noticias, viernes 1 de octubre 2010, pp. 42

http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2010-10-01&PaginaId=42&bodyid=0%20

El cruce entre el neopolicial y lo cyber, esto último por la presencia de lo tecnológico, sumado a la temática política chilena, da lugar a Las criaturas del cyborg , novela de Diego Muñoz Valenzuela, que retoma los crímenes cometidos en dictadura, la impunidad de los ejecutores y su conversión en delincuentes de cuello y corbata.

La novela establece un contrapunto entre el científico Rubén Arancibia y Orlando Sánchez, un ex agente de seguridad de la dictadura chilena. El científico, experto en robótica, crea a Tom, un cyborg ultrainteligente y sensible, que se convertirá en la pieza central del relato. Un aspecto interesante de esta dupla es que el cyborg parece sentir pasión por su amo o más bien estar enamorado de su creador, faceta que lo humaniza de manera radical y le da un giro bastante atractivo a la narración. Tom es, en definitiva, el protagonista de la historia. Un cyborg que se ubica en el lado del bien, irónico, con un sentido del humor permanente y una capacidad estratégica a veces no tan certera.

El científico y su criatura operan como improvisados detectives privados, ya que intempestivamente se involucran en un caso policial. Rubén tiene una suerte de padrino, Malcom, que perteneció a una organización antidictatorial y que ahora es perseguido por un grupo mafioso, conformado por ex militares que participaron en torturas y crímenes. Una asociación ilícita liderada por un sujeto de apellido Williams, que ha contratado a Orlando Sánchez para asesinar a Malcom, a Claudio Cerda y a su profesor, Óscar Godoy. Cerda también ha pertenecido al ejército, pero en la actualidad ha decidido declarar ante la justicia todos los horrores de los que fue parte y testigo; su testimonio sacará a la luz importantes nombres y es por ello que este oscuro grupo lo tiene en la mira.

Hay un amplio despliegue de personajes, en su mayoría configurados a partir del estereotipo, pero la experticia del autor logra diluir los clichés, mediante la exposición de la ambivalente e insegura intimidad de estos sujetos. Sin embargo, lo que no tiene ambivalencias es el ejercicio del mal, porque en última instancia, más allá del castigo judicial, queda la culpa atormentando de por vida al victimario. Además, resulta llamativa la sólida base político-filosófica de un relato lleno de conspiraciones donde se confrontan implacablemente lealtades, traiciones y distintos sentidos de la justicia.

La derrota y el triunfo se entrecruzan, porque alcanzar la verdad, identificar el origen del mal, termina siendo un fracaso, al igual que la creación de un cyborg que, como corresponde a la costumbre robótica, anhela ser débil, vulnerable, mortal, a costa de perder su condición de superioridad intelectual.

Las criaturas del Cyborg es una novela que lee nuestra historia, una novela que reabre heridas y que nos revela con una crudeza implacable que estamos perdidos o que definitivamente hemos sido derrotados por la corrupción, porque al parecer Don Dinero hace caer hasta al más ético individuo.

Las criaturas del cyborg
Diego Muñoz Valenzuela
Simplemente Editores, 2010, 212 páginas.

21 noviembre, 2010

El error de Darwin

El error de la teoría Darwin deriva de un evidente simplismo. Sostuvo que la semejanza morfológica sería el criterio determinante para establecer los ciclos evolutivos de las especies. Ergo, ya que nos parecemos a los primates, descendemos de ellos. Un mecanicismo brutal, porque basta sentarse en un banco y ver pasar personas para descubrir que descienden del hipopótamo, del gato, del camello o de la rata, por mencionar casos comunes.

En mi caso, he concluido que desciendo del lobo. Lo baso en evidencias mucho más fundamentales que la pilosidad excesiva, el largo de mis colmillos o la mirada hambrienta y penetrante. Mi naturaleza se revela en la preferencia por las mujeres que descienden de las borregas o de las gallinas; ellas son mis presas predilectas por su mansedumbre e indefensión.

No obstante, de vez en cuando caigo en manos de la descendiente de alguna sierpe. Soy extremadamente sensible al poder hipnótico de sus miradas. Me torno sumiso y obediente. Entonces pienso que quizás el lobo desciende del cordero, y que eso justifica que el hombre sea el lobo del hombre.

16 noviembre, 2010

La verdadera historia de Chuang Tzu


Chuang Tzu tuvo una horrible pesadilla. En el sueño se le aparecía un escarabajo gigantesco que aseveraba llamarse Gregorio Samsa e insistía en extenderle sus negras patas. Si bien Chuang Tzu no creía que los sueños pudiesen ser fuente de inspiración, concluyó que si cambiaba el escarabajo por una mariposa, la historia se tornaba atractiva. Y se dispuso escribir aquella mañana diáfana y luminosa.

13 noviembre, 2010

VISITA "LA NAVE DE LOS LOCOS"

Los invito a visitar el blog de Fernando Valls, donde se ha publicado una serie hasta ahora inédita de microrrelatos en homenaje al sueño de Chuang Tzu.



http://nalocos.blogspot.com/2010/11/diego-munoz-valenzuela-1.html

07 noviembre, 2010

La evolución de las especies

Tal fue la magnitud de su destructiva obsesión, que rastreó y compró o robó cada copia de libro, revista, compilación, antología, plaquette donde estuviera incluido el malhadado microrrelato; recorrió el mundo entero levantando alfombras, hurgando en desvanes polvorientos, revisando acuciosamente bibliotecas y librerías; se dio maña para hackear millones de páginas web para borrar todo rastro; eliminó papers, actas de congresos, modificó archivos para borrar cualquier mención, aun cuando fuera elíptica; por fin, y sin piedad, aniquiló réplicas y secuelas sin excepción. Así fue, según Monterroso, que ocurrió la extinción de los dinosaurios.

02 noviembre, 2010

Flores para un cyborg: tercera edición en Chile

Simplemente Editores ha publicado recién una nueva edición de Flores para un cyborg, que estaba agotada en Chile. Está disponible en la Feria del Libro en el stand de Liberalia (B8, B9 y B10, bajando la escalera, ladio Sur).

Y está también Las criaturas del cyborg, que será presentado por Poli Délano y Fernando Jerez en la 30ª. Feria Internacional del Libro este sábado 6 de noviembre a las 19 hrs. en la Sala Nemesio Antúnez.

Flores para un cyborg irrumpió en la escena literaria nacional en 1996 al ganar el Premio del Consejo Nacional del Libro de Novela Inédita, y poner en el centro de la atención -después de muchos años de silencio- la ciencia ficción en Chile. Esta es la tercera edición en Chile y fue publicada en España en 2008. Aquí se combinan elementos de la ciencia ficción, el género negro y la novela social moderna. Una trama delirante conduce a un androide a trasponer el límite que separa a máquinas y humanos, haciendo realidad el sueño de la inteligencia artificial.

Algunas opiniones sobre la edición española (fines de 2008):

“Para la lectura del libro de Muñoz Valenzuela, además del ya mencionado sentido del humor que lo recorre, adquiere importancia la soltura de la prosa, la facilidad con que se avanza: no es difícil liquidar las más de 260 páginas de tirón”.
Pepe Cervera, España

“El chileno Muñoz Valenzuela combina el género negro, la ciencia ficción y la novela social en una vertiginosa novela centrada en la corrupción política y en los experimentos en torno a la inteligencia artificial”.
Revista Mercurio, febrero 2009, España

“¿Una novela de ciencia ficción ambientada en Chile? Sí pero, también y a su manera, Flores para un cyborg es una historia delirante y un thriller social que no logra acomodarse en ningún género salvo en aquel al que todos los escritores aspiran: mantener atrapado al lector desde la primera página”.
Hari Seldon, España

30 octubre, 2010

De ranas y princesas


El príncipe besó a la rana y ésta se transformó en infanta. Al unísono el príncipe se convirtió en sapo. A ella no le gustó nada aquel anfibio, lo aplastó con su zapato de cristal y se cambió de cuento.

22 octubre, 2010

LAS CRIATURAS DEL CYBORG


Las criaturas del cyborg, novela, Diego Muñoz Valenzuela, Simplemente Editores, 2010, 212 pp.

Por Paulina Bermúdez Valdebenito


Comenzar a hablar de Las criaturas del cyborg, sin nombrar Flores para un Cyborg es casi imposible. En la novela que antecede a la que nos convoca hoy se cuenta la historia de Rubén Arancibia, un científico chileno que aprovecha el exilio para estudiar robótica en Dirtystone, Estados Unidos. Ese es el escenario en donde comienza la narración, nada más lejano de nuestro Chile post-dictadura. Pero es desde ahí, de donde Rubén evoca un Chile utópico, un país sin las trizaduras de una dictadura reciente, sin las marcas ni el dolor de tantas muertes. La añoranza de la calidez y la seguridad de la casa materna.

Rubén regresa a Chile acompañado de Tom, un cyborg que construye mientras terminaba su doctorado, quien lo acompaña en los últimos meses y se convierte más que en un amigo, un compañero de vida y experiencias, en su doble, pues está construido a su imagen y semejanza.

Las criaturas del cyborg nos sitúa en este punto, en el Chile actual, en donde aún quedan vestigios de lo que fue el gobierno militar, a pesar de llevar un buen tiempo en democracia, aun están latentes los vicios de la anterior dictadura. Antiguos torturadores están al mando del país, pues se encuentran firmemente ligados a importantes negocios que los relacionan con el gobierno actual.
Chile ya no es el país que Rubén añoraba desde la distancia, aun hay un velo que oscurece y atormenta al país, la corrupción está a la orden del día y la justicia se yergue como una utopía onírica.

Las criaturas del cyborg se presenta como una mezcla entre novela negra y ciencia ficción, en donde la historia y los personajes aportan una fuerte crítica social, que acompaña al tópico de la política chilena.

La novela narra de forma paralela la vida de Rubén Arancibia, el científico creador de Tom y la de Orlando Sánchez, un ex agente de seguridad de la dictadura chilena. Tom y su creador conforman la dupla que protagoniza esta novela cargada de humor e ironía, muy característicos de los textos de Diego Muñoz Valenzuela.

El personaje del androide se transforma a lo largo de la narración en el personaje principal de la historia, cuando regresa a Chile un personaje misterioso en busca de venganza. Se entremezcla el pasado oscuro con el presente de algunos personajes, algunos viven sumidos en la clandestinidad y la ilegalidad, y otros que se han insertado en la sociedad como empresarios, muy lejos de sus antiguos puestos de torturadores, agentes secretos y militares.
La novela realiza una relectura de nuestra historia, los personajes son totalmente posibles y verosímiles en nuestra sociedad, se hace una dura crítica a los sistemas judiciales, en donde resulta más seguro y rápido tomar la justicia por sus propias manos, nos hace recordar el pasado de una forma dolorosa y nos demuestra que el miedo y el horror aun están latentes.

La lectura se hace muy ágil, divertida, ya que la prosa de Diego (como buen escritor de minificción) siempre tiene la palabra precisa, el adjetivo justo, ni más ni menos. Es un gusto ir avanzando en la lectura y darse cuenta que está tan bien narrado, que las 212 páginas pasan volando y la historia tiene un peso suficiente como para enamorar al lector y saber llevarlo hasta la última página.

12 octubre, 2010

Superobesos 1

El hombre murciélago se calzó con notoria dificultad el ceñido traje de superhéroe. Tras una esforzada sucesión de forcejeos y contorsiones, logró introducirse en la malla.
Rollin estaba dedicado a contemplarlo con evidente regocijo. Cada cierto tramo soltaba una risita que procuraba ahogar presionando con las palmas su abultada barriga.
-¿De qué te ríes, cabrón? –espetó Guatman con evidente cólera.
El mofletudo Rollin quedó mirando atónito a su líder, con una mezcla de adoración y temor.
-Te queda chico el traje, Guatman, vas a tener que cambiar de talla.
-¿Y eso qué tiene de gracioso, pendejo? –preguntó enfurruñado el hombre de los cachitos- ¡Además, mira cómo te cuelgan las charchas!
Rollin quedó atribulado, como si se hubiera sumido en una profunda reflexión, lo cual era imposible.
-Mejor vamos a comer unos hot-dogs para consolarnos.
-Te admiro, Guatman –dijo el del antifaz, arrastrado por el arrobamiento-. ¿Y podremos agregar doble de patatas fritas y gaseosa extra large?
-Eso es. Vamos. ¡Qué difícil es nuestro trabajo de superhéroes, Rollin!
Partieron en el Batimóvil a la zona rosa. Pidieron unas cervezas y fueron emborrachándose poco a poco, hasta que sus cabezas se derrumbaron sobre la mesa, con las bocas abiertas, grotescamente despatarrados.
Allí despertaron de madrugada, solos, desnudos y desorientados. Habían desaparecido relojes, billetera, coche. Nada más les quedaban los antifaces y las orejitas de murciélago. Escaparon de allí corriendo a pie pelado, sacudiendo sus carnosidades, perseguidos por una jauría de niños interesados en sus últimas pertenencias y uno que otro quiltro vagabundo que olisqueó el perfume a salchichas.

25 septiembre, 2010

LAS CRIATURAS DEL CYBORG: INVITACIÓN Y EL PRIMER CAPÍTULO


Simplemente Editores, le invita cordialmente al lanzamiento de la novela LAS CRIATURAS DEL CYBORG del escritor Diego Muñoz Valenzuela.

La obra será presentada por la profesora Paulina Bermúdez y la editora Mónica Tejos, el viernes 1 de Octubre de 2010 a las 19:00 horas en Arzobispo Casanova 36, Providencia, Barrio Bellavista, muy cerca del Metro Salvador.

Te invitamos a compartir con nosotros este momento inolvidable. Habrá un vino de honor.

Aquí te ofrecemos el primer capítulo de esta novela. Cualquier semejanza con la realidad es mera coincidencia.


Capítulo 1 El emisario de la muerte

El hombre tiene los ojos oscuros, fríos, implacables; la mirada de un tiburón antes de emprender su embestida final. Bebe tragos lentos de una botella de cerveza nacional, sobre cuyo gollete se equilibra un trozo de limón, un preciosismo incongruente con el mísero negocio del barrio Estación Central donde se encuentra. No ha utilizado el vaso, seguramente por desconfianza hacia la precaria higiene del local, en cuyos rincones sombríos transitan libremente las cucarachas. Bebe con parsimonia, con la calma de quien ha perdido la esperanza de construir un mundo diferente y con la certeza de quien no ganará ni perderá nada relevante en lo que le reste de vida. Si bien al observarlo desde lejos parece inmerso en hondas cavilaciones, al acercarse es posible percibir una especie de velo impalpable sobre sus ojos, una suerte de epidermis traslúcida que otorga a su rostro un aspecto maléfico y, al mismo tiempo, extraviado y demencial. Como cualquier día de semana antes de almuerzo, los parroquianos son escasos y el hombre está solo en una mesa rústica, aparentemente sumido en tenebrosos pensamientos. No parece una persona muy distinta a las que podría uno encontrarse en un tugurio, a excepción de su mirada reptilina, cruel, exenta de sentimientos.
Lleva media hora sentado ahí, sin evidenciar la inquietud propia del que aguarda por alguien, hasta que entra un hombre de unos cincuenta años, vestido de impecable terno gris, camisa blanca y una hermosa corbata de seda con flores estampadas. Es de complexión atlética, rubio, con una barba rojiza muy bien recortada. Observa el bar con evidente decepción, aunque sin remilgos. Ve al hombre de la cerveza en su mesa arrinconada y después de examinar el local con una ojeada en redondo, rápida y precisa, se dirige hacia él. En cuanto lo divisa, el tipo con ojos de reptil se incorpora, impulsado por un mecanismo invisible, presa de una animación que rompe su imagen estática.
-Don William, gusto de verlo –a pesar de la reverencia con que trata al hombre de la barba, no deja de transmitir esa sensación fría y asesina-. Tiempo sin vernos, ¿verdad?
-Orlando, ¿cómo está? –el tono de la voz es amistoso y distante, como si hablara con un antiguo sirviente, heredado por una dinastía de señores feudales. Hay neutralidad en su timbre, un leve acento extranjero, una modulación demasiado correcta, semejante a la de un locutor internacional-. Es cierto que no nos vemos hace tiempo, ¿dos años quizás?
-Mucho más, don William, desde la época en que luchábamos juntos contra…
-No hable más, hombre, que las murallas escuchan y los tiempos han cambiado demasiado para mi gusto. Aunque pronto cambiarán otra vez, tengo esa confianza. Pero mientras tanto debemos ser prudentes, Orlando ¿me entiende?
-Sí, don William, a la orden. ¿Qué se sirve?
-Tal vez un trago largo, ya que está pasado el mediodía… Pero, perdóneme, este no es un lugar donde vaya a encontrar lo que quiero. Una cerveza como la suya estará bien.
Orlando gruñe un mandato que cumple enseguida una mujer madura, enjuta y pequeña que corre con ritmo de rata a buscar una botella y un vaso. Con otra carrera la lleva hasta la mesa donde los dos hombres conversan trivialidades. El rostro de la mujer está muy ajado; varios dientes faltan en su horrible sonrisa que emana el aliento pútrido de los alcohólicos terminales. Como nada más se ofrece por el momento a los señores, desaparece con su agilidad de laucha por donde había venido, sin dejar rastro.
-Dígame don William, ¿a qué debo el honor después de tanto tiempo? –las inflexiones de voz de Orlando sugieren una dosis de ironía o resentimiento que no deben pasar inadvertidas para su acompañante.
-Indudablemente lo necesito. Diré mejor, lo necesitamos Orlando, como en los viejos tiempos.
-Los viejos tiempos... ¡Cómo los extraño! Ahora es como si uno fuera un pelafustán cualquiera. Bueno, esa es la suerte de nosotros, los peones que no tienen donde caerse muertos. Es mi caso, don William –lo mira con sus ojos impregnados de muerte; el otro hombre sostiene su mirada con altivez, quizás con un dejo de temor muy bien disimulado-, pero usted está bien, como si el tiempo no pasara.
-El deporte, Orlando, la vida sana. Me mantengo en forma y nadie percibe que pasé la cincuentena hace un buen rato. Bueno, pero vamos a nuestro asunto. Usted se preguntará para que lo citamos aquí…
-¿Habla en plural por simple costumbre, o tiene algo entre manos con otros socios?
-Más que costumbre. La patria nos necesita de nuevo.
-No utilice conmigo esa cháchara. La patria es una mierda que no agradece lo que sacrificamos por ella. Todo lo contrario; nos castiga, nos persigue, niega lo que nos debe. En especial a quienes hicimos el trabajo sucio. ¿Ha leído el diario últimamente?
-¿Quiere decir que fueron otros quienes se enriquecieron y lucraron del gobierno? No es mi culpa la diferencia de rango, ni que usted haya dilapidado sus ganancias... que no fueron pocas según recuerdo.
-Migajas, don William, migajas, si las comparamos con la parte del león. Pero supongo que no estamos aquí para conversar sobre mis fracasos y compararlos con sus éxitos.
-Cierto. Pero modere su lengua, usted sabe que podría ser cortada –anuncia William y a manera de respuesta el hombre de la mirada de tiburón arroja un destello de furia.
-¿Qué? ¿Me amenaza? –lleva la mano derecha a un bolsillo interior de su casaca clara manchada con recuerdos de sopas y bebidas.
-No será tan ingenuo para creer que ando solo. Ni solo, ni desarmado, así que déjese de leseras y escuche lo que he venido a proponerle –el tono de voz de William denota firmeza, autoridad. Orlando se entrega y una sonrisa feroz surge en su rostro.
-Son bravatas no más, don William, sería incapaz de...
-Más bien no sería tan imbécil para hacerlo, porque aprecia su vida, a pesar de las quejas.
-No esté tan seguro, quizás tenga poco que perder…
-Tiene mucho que ganar. Orlando, ¿podemos hablar aquí?
-Sí, la dueña es mitad sorda y mitad idiota. No entiende una frase con más de tres palabras, así que tranquilo…
-Ya verá por qué tantas precauciones. ¿Sabe que hemos perdido mucha gente?
-¿Quiénes “hemos”? Me carga lenguaje misterioso. Si no me dice quiénes somos “nosotros”, no podré entender.
-Nosotros, los mismos de entonces –repone con impaciencia el hombre de la barba rojiza-, no necesito entrar en explicaciones. A buen entendedor, pocas palabras. ¿Supo el final de Bernardo Moore? ¿O la muerte de Hernán López y Alfredo Lara? ¿Y antes de eso, Roberto Torres y Manuel Garcés? Supongo que recuerda esos nombres.
-Claro, trabajé con ellos. ¿Dice usted que existe conexión entre esas muertes? Yo entiendo que el Perro Chico, quiero decir Garcés, liquidó por negocios al Perro Grande. Que se volvió loco, dicen otros. Yo creo que fue por chuecura en asuntos de plata. No eran trigos muy limpios, bueno, es una manera de decir…
-Esa es una explicación, pero también podría no serlo. En cuanto a López y Lara, se supone que murieron producto de una vendetta; su casa fue asaltada por hombres entrenados, pero jamás averiguamos quiénes lo hicieron. Un atacante murió, una mujer según el médico legista. El cuerpo estaba calcinado y no pudieron identificarlo.
-Igual que López y Lara… y sus guardias ¿no? Pudo ser un montaje. Los muertos no hablan… y calcinados menos. Tal vez ese parcito está de la mano en el Caribe, riéndose de nosotros.
-Es verdad, Orlando, pero ya contamos dos casos muy extraños.
-¿Y Moore, qué? Era un mariconcito de barrio alto incapaz de aplastar una mosca. Le dio un ataque al corazón por la baja de la Bolsa de Nueva York, murió cagado de susto.
-No tengo respuestas, Orlando, sólo preguntas. Sería bueno responderlas. López y Lara no murieron de viejos. Ese puede ser nuestro destino, si no hacemos algo. Tal vez el fin de Moore no fue casual, consideremos que falleció justo cuando atraparon la red de narcos con la que se vinculaba.
-¿Usted piensa que los comunistas han formado un escuadrón de la muerte que nos sigue la huella para ajustar cuentas? No, no, no. Están demasiado jodidos para hacer algo así. No lo creo, son huevadas, don William, no haga caso de lo que las viejas histéricas propalan en los cócteles de sociedad.
-Tengo una pista, por eso lo llamamos. Habrá una buena paga para usted si hace lo que voy a pedirle. Varios millones para empezar, aquí mismo, en este sobre –arroja un sobre café claro sobre la mesa, donde las manos de Orlando lo atrapan en un movimiento rápido y brusco que pone en descubierto sus carencias.
Orlando abre el sobre plegando las delgadas hojas de metal que atraviesan un pequeño orificio para mantenerlo cerrado. Observa el interior: billetes azules ordenados en fajos sujetos por elásticos. Sus pupilas se dilatan como si llevara largo tiempo sin ver tanto dinero junto y los tiempos malos estuvieran llegando a su fin. William le extiende otro sobre.
-Aquí va información confidencial, solamente para su consumo Orlando, no lo olvide. No debe mencionar una sola palabra acerca de nuestra charla. Ni permitir que se filtren los nombres de la lista.
-¿Nombres? ¿Lista? ¿De qué me habla?
-Una lista computacional. Personas destacadas que retornaron al país poco antes de que nuestros asuntos comenzaran a andar mal. Y otros personajes sospechosos a quienes nunca pudimos vincular a la subversión. Es lo que tenemos: una hipótesis y una lista. Pocas hebras, un punto de partida. Por eso pensamos en usted, sabemos que puede lograrlo.
-Reventar docenas de testículos… ¿Eso quiere? Que haga el trabajo sucio para… mejor no sigo. El precio lo fijaré yo esta vez, quiero reposar sobre una alfombra peluda en un buen departamento en Las Condes, don William, así que tomaré esto como un adelanto.
-Es un adelanto. Y no queremos que reviente a nadie… todavía. Lo que pretendemos –se detiene un momento-, lo que quiero, es que investigue a esas personas, y a aquellos que llamen su atención, sígalos como sabueso.
-Necesitaré ayuda, equipos, más dinero.
-Dígame cuánto, le reembolsaré lo que gaste… contra boletas, por supuesto. Y recuerde que lo estaremos vigilando –William se acerca mucho al hombre, como si quisiera enseñarle una imagen mortal impresa en su rostro teutón-, nunca lo olvide. Hay instrucciones en el sobre, sígalas, pero sea creativo.
-Sabe que el asunto está en buenas manos ¿Cómo podré ubicarlo?
-Por correo electrónico. La dirección la encontrará en una tarjeta en el sobre, junto con un manual de códigos que deberá memorizar antes de quemarlo; tiene un par de días para eso. Tome este teléfono celular. Yo lo estaré llamando. Si me necesita con urgencia, llame al teléfono almacenado en la memoria 11. Está encriptado, no intente leerlo, pero úselo sólo en caso de emergencia, ¿me comprende?
El hombre de los ojos llenos de muerte parece sonreír, como si ocultara unas cartas invencibles en la manga. Eso habría exasperado a cualquiera.
-¿Me comprende? ¿O no entiende nada de lo que le digo?
-Lo entiendo mejor de lo que parece, don William. Haré lo que me pida, pero tendrá que pagarme bien. Ya no hago sacrificios por la patria.
Orlando vuelve a abrir el sobre y extrae los billetes para contarlos con evidente ansiedad. Hay cinco millones. Abre el otro sobre. Saca un listado de computador con una cincuentena de nombres y direcciones. También hay una hoja para cada persona: fotografía, dirección, profesión, trabajos recientes, familia, bienes, impuestos. Golpea las palmas de las manos, como en los viejos tiempos, y la vieja laucha acude solícita, a toda la velocidad que le permiten sus escuálidas piernas.

19 septiembre, 2010

Otro día


Miró con pesar la orden de compra en la pantalla de su notebook. Era un tremendo negocio y su comisión sería sustanciosa. Posiblemente equivaldría a un año de sueldo: una pequeña fortuna caída del cielo. La invertiría en pagar por adelantado la hipoteca de su casa. Eso la alegró, le deba una sensación de seguridad.
Sin embargo, el malestar regresó a tomar control de su ánimo. La extensa lista señalaba tipos y modelos de armas en abultadas cantidades. Armas que destruirían vidas humanas y sumergirían a centenares de familias en un sufrimiento atroz. Ella enviaría el pedido a la fábrica y el despacho iniciaría viaje a su destino en pocos días. También la jugosa factura.
Verificó las existencias y comprobó con satisfacción que todo estaba disponible. El sistema comprobó que la suma estuviera dentro de los límites de crédito del comprador y aprobó la compra. Sólo faltaba el último golpe sobre la tecla de ingreso para desatar el infierno.
Imaginó a sus hijos bañados en sangre, mutilados, acribillados. No debió ver aquellas fotografías de la guerra en Bosnia. Oyó el tableteo de las ametralladoras y las explosiones de las bombas. Cerró los ojos. Sintió que se le llenaban de lágrimas. No pudo hacerlo. Apagó el computador y regresó corriendo a su casa. Quería cerciorarse de que las cosas marcharan bien. Mañana sería otro día.

11 septiembre, 2010

Once de Septiembre: treinta y siete años después


Ayer –en una lectura pública organizada por Letras de Chile- un amigo poeta trataba de recordar qué estaba haciendo la tarde del 10 de septiembre de 1973 y se lamentaba de no poder hacerlo. No logré comprender por qué esa carencia de memoria le preocupaba tanto, pero tampoco le pregunté el porqué. Supongo que quería reconstruir las últimas horas de la democracia en Chile, antes de que cayeran sobre nosotros diecisiete años de dictadura con su agobiante gravamen de terror, opresión, persecución y muerte.
No recuerdo qué hice la tarde anterior al fatídico Once, pero puedo suponerlo. Nada muy distinto a aquellos días grises, pesados, cargados de fatalidad. Recuerdo una atmósfera opresiva, contaminada de intolerancia, odio y soterrada violencia.
Yo –aunque apenas frisaba los diecisiete años - intuía más o menos lo que iba a acontecer. Había pasado sucesivas épocas de entusiasmo, idolatría, euforia, seguidas de dudas, decepción y al final cierta falsa neutralidad, o más bien distanciamiento de la realidad. En aquellos días postreros de la Unidad Popular me convertí en observador, renunciando a la calidad de protagonista. Imaginaba lo que iba a pasar. Y al fin pasó.
Mi sensación de aquellos últimos días de democracia es que ya no quedaba nada que hacer, sino esperar un oscuro desenlace, que finalmente resultó ser peor que cualquier pesadilla. Se manifestaba una suerte de dinámica imposible de detener, como si los dados ya hubiesen estado echados, los roles y los hechos escritos en un guión, y los focos encendidos para exhibir el último acto de una tragedia griega.
También ayer, otro amigo –ingeniero y narrador- me refería como escribía una novela donde abordaba la posibilidad de un mundo paralelo, donde el golpe no ocurría y la historia discurría de otra manera. Eso me hizo recordar las palabras de mi padre, que el 5 de septiembre de 1970 –cuando recién estaba fresco el triunfo en las urnas de Salvador Allende y un delirante optimismo reinaba entre los partidarios de la Unidad Popular- me dio una lección de lucidez política impresionante. Aunque probablemente tan impracticable como perspicaz.
Visiblemente preocupado –una actitud que contrastaba con la loca felicidad imperante- cuando le pregunté la razón de su inquietud, me refirió lo que trato de reproducir: “Diego, está por cometerse un error histórico tremendo” –me miró con sus grandes ojos severos, coronados por cejas hirsutas y prosiguió- “Si comparas el programa de Allende con el de Tomic (el candidato democratacristiano) hay muy pocas diferencias, mínimas en verdad. Habría que deponerlas e invitar a la Democracia Cristiana a integrarse al gobierno. Pero no creo que vayan a hacer esto. Y van a arrepentirse”.
Vaya si tenía razón, pienso ahora. La historia pudo escribirse de otra forma. Pero no fue así. Quizás porque no convenía a quienes manejan los hilos de la historia, aquellos que –dentro del país o fuera de él- ostentan el verdadero poder (no los cómitres, los ejecutores, los voceros). De aquellos no podemos responder quienes estamos fuera de su órbita, o en sus antípodas. Nada que hacer.
También había otros que predicaban la cantinela de avanzar sin transar, o todo el poder a…. Habría que ver dónde están ahora esos personajes. Algunos en directorios de empresas, a la cabeza de partidos moderados, o convertidos en reaccionarios tan vociferantes como acomodados. Con aquellos pecamos de ingenuidad. Exceso de confianza, candor, inocencia.
Si la historia se hubiera escrito de otra manera, por ejemplo con el triunfo del socialismo, esos mismos personajes habrían sido ministros, diputados, embajadores o jefes del servicio secreto. Ante la menor vacilación demostrada por intelectuales pequeñoburgueses, habrían desatado una persecución inclemente. Tal vez incluso una dictadura estaliniana, con campos de concentración, cárceles secretas, tortura y crímenes por encargo. El otro lado de la moneda.
O el mismo, con otro signo.
La relación con el poder siempre es equívoca, allí aguardan muchas tentaciones, muchos peligros. Los poderes ocultos –sobre todo el del dinero- se confabulan con la ambición, el tráfico de influencias y la corrupción, incluso con el crimen.
¿Qué se puede concluir?, me pregunto.
Que mi padre tenía la razón, pero que no basta tener la razón para cambiar la historia.
Que hay que desconfiar de los fundamentalismos, de los principistas a ultranza, de las palabras apasionadas.
Que hay que desconfiar de quienes nos representan en las diversas instancias de gobierno, no firmarles cheques en blanco, y exigirles día a día que hagan lo suyo con efectividad y con transparencia.
Que sobre todo debemos confiar en lo que nosotros mismos seamos capaces de pensar y hacer, lo más juntos que podamos.
Eso me respondo este Once de Septiembre, treinta y siete años después del sacrificio de Salvador Allende, a quien sigo rindiendo silencioso homenaje, año tras año, convencido de que nunca lo entendimos. Y que la historia pudo seguir otro camino.

06 septiembre, 2010

Premio Nacional de Literatura: la polémica recurrente


La polémica recurre cada dos años. Después viene el olvido hasta la ocasión siguiente. La campaña le da inicio: unos meses de candidaturas, menciones en los medios de comunicación, entrevistas. Ataques, descalificaciones, mensajes, lobby, presiones de toda clase. Se otorga el Premio y vienen las reacciones, muchas de ellas destempladas, a favor o en contra.

Para despejar la duda y sacar el asunto del foco de atención, me parece excelente que el premio lo reciba una mujer (vaya injusticia la que se aprecia en la lista de galardonados), y que sea Isabel Allende, una escritora de oficio cuyo trabajo ha tenido eco universal, qué duda cabe. El premio más importante ya se lo han dado varios millones de lectores. Hay mucho que aprender de Isabel Allende, de su profesionalismo en la escritura, merece respeto, y francamente me resultan abominables ciertas críticas que parecen emerger de la envidia y la mezquindad. Felicito a Isabel Allende por haber recibido nuestro mayor galardón literario, aunque deba reconocerse –desafortunadamente, por cierto- que también cayó en destemplanzas producto del perverso mecanismo que favorece las “campañas” de prensa, el lobby y las presiones.

Dicho esto, también hay que decir que había otros posibles premiadas y premiados, todos ellos respetabilísimos. Hay una extensa lista de no galardonados tan abundante al menos como la lista de quienes ya recibieron el codiciado Premio Nacional de Literatura.

El asunto es que en nuestro pequeño Chile hay pocos estímulos para los escritores. Es por eso que la mayoría de nuestros literatos más conocidos y exitosos viven fuera del país, o han tenido que hacerlo por largos periodos. Acá reinan la escasez, la pobreza y la mezquindad.

Peor aún, el Premio Nacional se concede cada dos años. Se ha dicho hasta el cansancio que debe volver a ser anual. Es más, propongo que se dé en forma anual y por género. Igual criterio debería emplearse para reconocer y estimular el desarrollo de otras disciplinas artísticas y científicas. De ese modo habrá más posibilidad de reconocer los méritos de entre los muchos que son merecedores del galardón por su trayectoria y su obra.

Hay muchos escritores y escritoras que lo merecen. Basta de tacañerías y mezquindades. Si de escasez de dinero se trata, el Estado gasta plata mensualmente en apenas nueve sobrevivientes premiados: Nicanor Parra (1969); Gonzalo Rojas (1992); Jorge Edwards (1994); Miguel Arteche (1996); Raúl Zurita (2000); Armando Uribe (2004); José Miguel Varas (2006); Efraín Barquero (2008); e Isabel Allende (2010).

Grandes escritores olvidados por el Premio Nacional, son muchos, entre ellos –para nombrar sólo algunos notables- María Luisa Bombal, Jorge Teillier, Enrique Lihn, Vicente Huidobro, Nicomedes Guzmán; Luis Durand, Alberto Romero, Juan Emar, Daniel Belmar, Rosamel del Valle, Oscar Castro, Fernando Alegría. La lista puede seguir engrosándose con omisiones graves.

Y expresados estas propuestas y estos votos, paso al asunto que me parece más trascendente. Aquellas prácticas que me resultan francamente abominables y las ordeno en una lista donde no hay prioridad. Todas ellas detestables, es imposible jerarquizarlas:

• ¿De dónde surge la legitimidad que faculta a los senadores y los diputados a opinar tan fundadamente sobre las virtudes literarias? Y más encima permitirse consensuar mociones congresales. Me gustaría conocer de primera mano la cantidad de libros de literatura que leen en un año y examinar su grado de conocimiento sobre la producción escritural vigente.

• Lo mismo puede decirse de la mayoría de los integrantes del jurado. El mero ejercicio de un cargo ministerial, la investidura de rector universitario, o la condición de ex Presidente o Presidenta de la República, no habilitan a una persona para discernir un premio que –creemos algunos- debiera ser cuestión de especialistas.

• El mero hecho de que se preciso hacer una presentación escrita de una candidatura formal me parece (perdónenme colegas) lesivo para el ámbito de la dignidad de los escritores. Un buen jurado no necesita candidaturas; sólo requiere conocimiento del campo literario, capacidad argumentativa y de diálogo.

• Al punto anterior agrego que me repugna toda clase de prácticas que impliquen el uso de influencias de cualquier naturaleza ajena al campo de la obra literaria. Hablo del famoso “lobby”, sea que éste se practique desenfadada o sibilinamente; en la forma de halagos a las autoridades, de presiones a través de los medios, del aprovechamiento de banderías de cualquier especie. Las insólitas e intensas campañas desarrolladas por algunos candidatos, algunas con descaro, otras solapadas, sólo pueden surtir efecto en jurados sin ninguna autoridad para resolver con justicia un asunto tan importante en el terreno literario.

Ahora –en breve- vendrán el silencio y el olvido. Y se repetirá la misma senda, los mismos episodios, las mismas distorsiones. Es lo más probable. Lo quisiera de otro modo. Pero si bien hay muchos responsables de esta situación entre los gobernantes y los congresistas, es también cierto que hay una gran responsabilidad nuestra, de los propios escritores.

Desunidos, debilitados en lo organizativo, abandonados al imperio del egocentrismo y los intereses personales, los escritores nos dejamos arrastrar –con honrosas excepciones- por la marea de un modelo que privilegia el individualismo por sobre la solidaridad.

03 septiembre, 2010

LAS CRIATURAS DEL CYBORG


Acaba de aparecer –publicado por Simplemente Editores- mi libro Las criaturas del cyborg, que es la continuación de Flores para un cyborg, una novela que lleva dos ediciones en Chile (pronto saldrá la tercera) y una en España, ganadora del Premio Mejores Obras Literarias el año 1996. Ya está en las librerías chilenas.


LAS CRIATURAS DEL CYBORG

Las criaturas del cyborg es la continuación de la celebrada novela Flores para un Cyborg, que obtuvo en 1996 el Premio del Consejo Nacional del Libro y que tuvo el mérito de ubicar nuevamente –tras un largo silencio- la ciencia ficción en el centro de la escena literaria chilena. En Las criaturas del cyborg se vuelven a combinar la ciencia ficción y el género negro en una trama delirante, donde Tom, un androide, ha traspuesto el límite que separa a máquinas y humanos, haciendo realidad el sueño de la inteligencia artificial.

Rubén Arancibia es el experto en robótica que ha construido a Tom, el cyborg. Creador y criatura, junto a una galería de personajes memorables, se involucran en una peligrosa aventura cuando un misterioso personaje regresa al país para cobrar venganza. Génesis, una organización internacional secreta que mantiene alianzas con antiguos torturadores y agentes de seguridad, espera el momento apropiado para regresar al poder. En el país aún sobreviven las heridas de una larga represión y la justicia aún está lejos de imperar a causa de fuerzas ocultas que promueven el crimen y la corrupción.

Las criaturas del cyborg, más allá del sello especial que le otorgan la ciencia ficción y la novela negra, que asegura tensión y placer a sus lectores, se entronca hondamente con aquella literatura que pone su centro en los asuntos humanos .La dimensión social es un protagonista esencial de esta novela, al igual que su prosa ágil y el sentido del humor que invitan a una lectura grata y vertiginosa.

ALGUNAS REFERENCIAS CRÍTICAS DE LA NOVELA ANTERIOR: “FLORES PARA UN CYBORG”

“Para la lectura del libro de Muñoz Valenzuela, además del ya mencionado sentido del humor que lo recorre, adquiere importancia la soltura de la prosa, la facilidad con que se avanza: no es difícil liquidar las más de 260 páginas de tirón”.
Pepe Cervera, España, 2009

“El chileno Muñoz Valenzuela combina el género ne¬gro, la ciencia ficción y la novela social en una vertiginosa novela centrada en la corrupción política y en los experimentos en torno a la inteligencia artificial”.
Revista Mercurio, febrero 2009, España

“¿Una novela de ciencia ficción ambientada en Chile? Sí pero, también y a su manera, Flores para un cyborg es una historia delirante y un thriller social que no logra acomodarse en ningún género salvo en aquel al que todos los escritores aspiran: mantener atrapado al lector desde la primera página”.
Hari Seldon, España, 2009

“Diego Muñoz, al crear esta simbiosis genérica en su relato, con elementos tan dispares como la ciencia-ficción y el realismo sociopolítico, logra una originalidad narrativa pionera en nuestro medio, superponiéndose a las restricciones que se exige al asumir lo fantástico y que supone la agresión con el mundo de lo real cotidiano.
RAMIRO RIVAS, diario El Siglo, 5 al 11 de junio de 1998

“La más reciente novela de Muñoz Valenzuela […] nos entrega un grado notable de madurez. Flores para un cyborg es un relato sorprendente, sospechoso, científico, político, tierno, divertido. Y contiene una honda reflexión sobre la condición del hombre en estos tiempos un tanto huracanados que vivimos, acercándonos al fin del milenio.
POLI DELANO Revista Milenio, México, 1998

“Texto curioso, distinto a cuanto acostumbran abordar los narradores nacionales, muestra a un autor sagaz, que arma bien sus argumentos, presenta a los personajes de manera adecuada y sustenta sólidamente en un trabajo idiomático serio. Diego Muñoz conoce las palabras, las elige, las pule y entrega al final una prosa limpia, grata de leer, efectiva en la proyección hacia el interés del lector.
ANTONIO ROJAS GOMEZ, diario El Mercurio de Valparaíso, 29 de Marzo de 1998

“La visión crítica, el humor y el delirio ficcional, con una trama que se escapa de lo convencional, hacen que la novela se lea con agrado y preocupación, que va más allá del destino de la robótica y abarca el futuro de la humanidad, a menudo carente de convicciones para seguir adelante”.
LUIS MOULIAN, revista ERCILLA, 12 de Enero de 1998

“Por sus cualidades narrativas, el relato se lee con extrema facilidad y cuesta dejarlo. Esto, obviamente, es un mérito esencial. Por una lado, entretenernos (el “placer de la lectura”) y por otro, ir descubriendo las claves de la historia, muy cercanas a la triste realidad de hace algunos años. Pero, más allá de los logros estilísticos, de la fluidez del lenguaje, de algunas situaciones inolvidables, de un diálogo ameno, sobresale – por su propia humanidad – el vínculo afectivo entre Rubén y Tom, este científico medio chalado y arrogante (como él mismo se define) y el cyborg que “da su vida” para proteger a su creador”.
EDUARDO GUERRERO, diario LA HORA, 23 de Diciembre de 1997

“En "Flores para un cyborg", Diego Muñoz Valenzuela (1956), narra la historia de un exiliado que regresa a Chile, y lo hace acompañado de un ente cibernético -ciborg- que lo ayudará a ejecutar su venganza en contra de los que en el pasado fueron sus enemigos políticos. La novela se mueve en los terrenos de la ciencia ficción y el relato policial, unión de dos géneros que se ha hecho frecuente en otros países, pero que en Chile resulta novedoso, y que por lo tanto le confiere un atractivo especial a esta novela”
RAMON DIAZ ETEROVIC, artículo “LA NARRATIVA POLICIAL CHILENA DE LOS AÑOS 80 EN ADELANTE

“Flores para un cyborg es un relato de modernidad encubierto en ropajes que camuflan sus viejos discursos de protesta y disconformidad; aunque ya no desde un proyecto colectivo, sino muy por el contrario totalmente privado. Y aun cuando preferíamos al Muñoz Valenzuela más duro, intransigente y sentimental de los 90, no se puede desconocer que la experimentación le ha permitido construir una novela diferente, por sobre todo entretenida y, fundamentalmente, coherente en términos de creencias”.
PATRICIA ESPINOSA, La Época, suplemento Literatura y Libros, domingo 8 de febrero de 1997.

La creación de un cyborg, más que la obra del doctor Frankestein, un androide superior al robot común, con destellos humanos perfectos, que sabe odiar, amar, ser que es romántico, comediante, filósofo, hasta mentiroso como suelen serlo los hombres, pese a no ser de carne y huesos, sino de complexión cibernética, lleno de tubos, alambres, termina por cautivar y entregar simpatía al lector que busca y aquí encuentra originalidad plena en esta obra literaria meritoria de Diego Muñoz Valenzuela.
ENRIQUE NEIMAN, diario VI Región, sábado 20 de diciembre de 1997

“Tal vez eso de la ternura influye en la naturaleza, por muy electrónica que sea, de este Tom capaz de desarrollar una personalidad propia. Sí, Tom resulta ser lo que llamaríamos un tipo liberado, que se independiza de su creador, como un Adán de fierro, chips y tornillos. Independencia y no rebeldía, porque Tom se aviene con su creador y lo sigue, aunque con iniciativa propia, lo que siempre es un peligro, sobre todo para el amo”.
HERNAN POBLETE VARAS, diario EL MERCURIO, suplemento LITERATURA Y LIBROS, sábado 29 de noviembre de 1997

“(Flores para un cyborg) da cuenta de una mezcla abigarrada de elementos sobre los cuales se construye una visión de mundo caótica y no tan lejana; con rasgos que resultan familiares, tal como en la fábula futurista de (Ridley) Scott.
MAURICIO ILLANES, diario EL MERCURIO, cuerpo A, domingo 14 de diciembre de 1998

“Muñoz Valenzuela ha publicado una curiosa obra de género bastante indefinido. Tiene de ciencia-ficción, por una parte, en la propuesta de creación de un cyborg, expresión que designa a un androide dotado de inteligencia; en otras palabras, lo que los fanáticos de Blade Runner llamarían un replicante. Y por otro lado aborda la novela política, en una trama marcada por el castigo a los culpables de violaciones de los derechos humanos en un país innominado…”.
RODRIGO PINTO, revista Caras, año 10, No. 257, 6 de febrero de 1998

02 septiembre, 2010

Adiós a Guillermo Blanco


Excelente escritor, intelectual consistente y persona extraordinaria. Tres cualidades difíciles de encontrar en un mismo hombre. Y por cierto que podrían agregarse muchas otras. Estoy seguro de que si Guillermo Blanco leyera estas palabras, movería la cabeza y me reprendería con alguna de sus hábiles estocadas humorísticas. La sencillez y la modestia le hacían ser de aquella manera francamente entrañable.
Mi primer conocimiento de Guillermo Blanco fue a través de la lectura, como ha ocurrido con la mayoría de los escritores con quienes he construido alguna amistad, que la verdad no son demasiados. Lo primero que llegó a mis manos fueron sus cuentos. Un ejemplar de Adiós a Ruibarbo, que me sedujo por la exquisitez de la prosa. El cuento que da título al volumen tiene por personajes a un niño –un testigo impoluto y frágil de la injusticia del mundo humano-, a un viejo caballo, y por escenario al campo de nuestra zona central. Ese campo de callejuelas polvorientas, casas de adobe, carretas con bueyes cargadas hasta el tope, y las gentes sencillas que lo conforman. Aquel campo que conforma nuestros orígenes, nuestra historia y nuestra razón de ser; así lo creen muchos, entre ellos el cineasta Raúl Ruiz. Ahí está la esencia de la chilenidad. Lo que somos y lo que cada día –desafortunadamente- vamos dejando de ser.
Tal es el objeto de la escritura de Guillermo Blanco. Y siempre constituirá el sentido profundo de la gran literatura: la aventura de reflejar la complejidad del alma humana, sus enormes y sorprendentes contradicciones, la convivencia entre la pureza y la maldad, la imperiosa necesidad de sobrevivir que coexiste con la solidaridad, la generosidad y la avaricia, las pasiones enloquecedoras y los delirios de toda especie.
A mi modo de ver, literatura y humanidad son dos caras de la misma moneda. La literatura no es un constructo frío, inteligente, racional; como tampoco puede reducirse a un perfecto entramado técnico de palabras destinado a producir un significado y un efecto estético. La literatura es mucho más que lo mencionado. Hay un misterio subyacente, incomprensible, y esto es palpable sobre todo en el cuento: un género difícil, arisco, que se resiste a las manipulaciones de cualquier orden.
Vuelvo a Adiós a Ruibarbo. Debo haber tenido trece o catorce años cuando lo leí. Ya lo he dicho: disfruté la prosa, sus descripciones precisas, impregnadas de poesía, que me trasportaron al sitio de mi propia infancia: el campo chileno de la zona central, una realidad profusamente reflejada en la producción literaria de una galería de autores notable: Mariano Latorre, Luis Durand, Rafael Maluenda, Federico Gana, Marta Brunet.
Imposible soslayar la conexión con otro cuento magnífico, leído en su oportunidad apenas unas semanas antes: Lucero del gran Oscar Castro, otro escritor que se abocó al retrato de nuestra auténtica chilenidad. En ambos cuentos ocupa un lugar protagónico el caballo, el leal compañero de los hombres del campo chileno. En Lucero aparece un arriero, y en Adiós a Ruibarbo un niño; ambos personajes hermanados por el amor a bestias con las que comparten su vida. Ambos enfrentados a la tragedia que aguarda emboscada en el sendero de la vida; el momento en que enfrentan sentimientos y creencias con la cruda realidad. Allí surge lo mejor y lo peor del ser humano, enseñanza de los grandes maestros rusos, cuyo rumbo Guillermo Blanco supo seguir con talento e innovación.
No contaré más acerca de la historia de Adiós a Ruibarbo. Es un cuento tan conmovedor y brillante como breve: merece ser leído por todos. Si no tienen el libro, Internet hará el milagro. Y sigan con otros cuentos maestros de Guillermo Blanco, Misa de Réquiem, o La espera. Luego, cuando se hayan convencido de la fina maestría del autor, lean todos sus cuentos y sigan con sus novelas. Aprenderán más de la naturaleza humana y más acerca de nuestra idiosincrasia –eso que llamamos chilenidad- que en mil manuales o cien cursos.
Durante la dictadura militar, Guillermo Blanco ejerció con notable coraje su oficio de periodista. No vaciló en defender con los hechos la libertad de prensa que ejerció siempre en sus crónicas, en las épocas más difíciles, cuando el peligro era una sombra que se cernía amenazante sobre quienes osaban defender las libertades públicas.
Aun mayor mérito reviste su decidida acción opositora a la dictadura, considerando su tendencia a mantenerse alejado de los escenarios y las actividades masivas. Bajo perfil, se diría ahora. Yo prefiero decir sencillez, modestia auténtica, sabiduría, generosidad.
Recuerdo que a mediados de los 80 –difíciles años de censura y oscurantismo- leí con emoción una reseña de mi primer libro de cuentos. Tras unas líneas alentadoras y generosas, hallé la firma de Guillermo Blanco. Lo conocí unos años después, en diversos encuentros a propósito de la narrativa, y siempre fueron ocasiones agradables y fructíferas. Era un maestro nato, enseñaba sin querer, encantando a quienes estaban con él.
En los últimos años tuve el gusto de encontrarlo en la casa de su hija Pilar y Claudio, ambos queridísimos amigos. Allí nos poníamos al día sobre los asuntos que nos interesan a los escritores y a muy pocos más. Y las bromas iban y venían. Recordábamos a mi padre, también escritor, con quien mantuvo una amistad que traspuso las dos décadas de adelanto que le llevaba. Los hermanaba el crisol de la literatura que pone el acento en los temas humanos más profundos y emocionantes.
A sus virtudes se agregaba el fino humor con que acompañaba la destreza y la elegancia del lenguaje. Un apasionado de la forma y el fondo, completamente ajeno a las exasperaciones, a los desbordes del temperamento y a los excesos lingüísticos. No necesitaba levantar la voz para hacerse escuchar.
Se cuenta que en su casa había un mapa de América del Sur rotulado como “Talca y sus alrededores”, fina muestra de su sentido del humor y de su amor por la tierra que lo vio nacer.
Miro a través de la empañada ventana de mi biblioteca. Imagino al niño de Adiós a Ruibarbo y elucubro posibles destinos del caballo. Y me siento un poco más solo que antes.

Septiembre de 2010

Diego Muñoz Valenzuela

29 agosto, 2010

Tragicomedia doméstica


Presionó el interruptor de la luz y se encendió el televisor. Apagó la estufa y se activó el despertador. Enfurecido, partió a la cocina para encender el hervidor, pero sólo consiguió activar la calefacción. Abrió el refrigerador y saltó el tostador. En vez de servirse un vaso de agua, activó el regadío automático. Desesperado, salió de la casa y trató de arrancar el automóvil. Se encendieron todas las luces de la casa. Presionó el control remoto del portón automático para escapar y se activó la alarma. Arrastrado por una mezcla de desazón y miedo, hundió con fuerza la bocina. Entonces todo se fue a negro.

22 agosto, 2010

Lepidópteros


A Chuang Tzu le dio por transformarse en vampiro. Hurgó en sus sueños hasta que dio con Drácula. Dejó que el conde lo mordiera y le extrajera hasta el último ápice de su sangre. Chuang Tzu murió a la luz de la luna llena. Al poco rato despertó y se convirtió en mariposa. Trató de seguir al príncipe de la noche, pero este desapareció tras una terrible y humillante carcajada.

Desde entonces se lo pasa libando el néctar de las flores. Las sobrevuela un rato antes dejarse caer con violencia sobre ellas. Las acomete con furor ridículo y procede a libarlas sin compasión. Después, extenuado, se deja arrastrar por el sopor. Y sueña.

14 agosto, 2010

Tiempos modernos


Cobró el sueldo. Pagó la hipoteca, la cuota del préstamo, las tarjetas de crédito, la colegiatura de los hijos, las cuentas de servicios. Comprobó que no le restaba un céntimo. Besó a sus retoños y a su mujer. Se acostó. Cerró los ojos y se durmió. Soñó con su madre. Era un bebé feliz. Le prodigaban besos y lo cargaban a todas partes. Sonó el despertador.

07 agosto, 2010

El reposo


Don Zenón estaba dichoso porque su cumpleaños número sesenta y cinco se acercaba vertiginosamente junto con el momento de la jubilación. Incluso alcanzó a organizar una magna celebración con parientes y amigos. Sin embargo, unos días antes de que el plazo se cumpliera, el gobierno promulgó la ley que extendía el retiro hasta los setenta años. Se deprimió intensamente. ¡Cinco años más!, se quejaba amargamente. Finalmente se resignó.
Arrastrando los pies y una sarta de enfermedades crónicas, Zenón logró mantenerse activo y acercarse a la condición de septuagenario. Su empleador tuvo a bien mantenerlo en su puesto. Esta vez –viendo acercarse la fecha del aniversario- se abstuvo de organizar celebraciones a pesar de la alegría que lo embargaba. Se había convertido en un supersticioso.
Argumentando razones fundadas en la crisis mundial de las finanzas y el espectacular alargamiento de la vida humana, el gobierno anunció una nueva extensión del plazo. Setenta y cinco fue la nueva meta. ¿Quién iba a emplear a un viejo hasta aquella edad? Nadie, se respondía.
Así fue. Su empleador le dijo que hasta allí no más llegaban, y Zenón lo comprendió. Su rendimiento era precario en extremo. Resolvió gastar sus ahorros en un quiosco de bebidas y golosinas y se instaló allí a esperar el nuevo vencimiento.
Allí está, esperando. Lo veo cada día cuando llego a mi trabajo. Paga religiosamente las imposiciones con sus menguadas ganancias. Eso me ha contado don Zenón. ¡Qué paradoja! -suele decirme con voz cascada cuando le compro galleticas- Cualquier día ponen la jubilación a los ochenta. ¡Pero no van a derrotarme!
Nunca le contesto. Arrastro mis piernas en dirección a mi trabajo sumido en profundas reflexiones filosóficas. Por las noches sueño que soy un conejo corriendo contra una tortuga que me lleva una ínfima ventaja. Jamás la alcanzo, por más que corra. La tortuga tiene el rostro de don Zenón. Idioteces que sueño.
 
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