17 enero, 2009

EL OTRO SEGMENTO


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He estado desde siempre en el laboratorio. Carezco de cualquier recuerdo ligado a otro lugar que no sea éste. Los autómatas debieron cuidar de mí cuando pequeño debido a mi constitución biológica pura. Yo no puedo ser reparado como ellos, estoy sometido de por vida a la fatiga física y mental, a la necesidad de descanso, al deterioro progresivo de mi organismo que habrá de culminar con la vejez inútil y, por último, con la llegada de la muerte. Ellos me interrogan con frecuencia acerca de la sensación del cansancio, el sueño, el aburrimiento, el dolor. Resulta imposible explicarles nada. No sólo es engorroso tratar de descubrirles mis experiencias, sino que me siento desgraciado, insignificante ante su eternidad racional e inconmovible. Ellos conocen bien el significado formal de las palabras que expresan estados físicos o psicológicos, tienen almacenadas en sus unidades de memoria las definiciones de la risa, el tedio, la rabia, el sufrimiento, el dolor. Pero, aunque pueden identificar esos estados en mi persona, son incapaces de comprenderlos, de atisbar siquiera por un instante mis sentimientos. Tampoco conciben mi identidad; ellos están en permanente intercambio de información, podría decirse que son uno solo con la computadora central que rige todas las actividades del Laboratorio. Les he preguntado si no les parece graciosa mi condición de ser orgánico débil; han respondido que esa es mi naturaleza, así como la de ellos es perenne e inmutable, que para encontrarlo gracioso tendrían que poseer rasgos biológicos similares a los míos, y en ese caso no podrían divertirse conmigo, pues sería como burlarse de sí mismos. A pesar de su lógica impecable, no abandonan sus arrebatos de curiosidad. Han estado conmigo desde mi nacimiento y he visto junto a ellos las imágenes holográficas que siguen la evolución del embrión que fui, aquella minúscula criatura flotando perezosamente en el fluido nutritivo del reactor tibio, translúcido. Los sensores microscópicos informan ciertos paneles que despliegan gráficos de presión arterial, temperatura, índices metabólicos. El embrión crece hasta que es retirado del medio líquido para que el androide médico active su mecanismo respiratorio pulmonar. Luego la visión tridimensional reproduce las escenas del desarrollo y aprendizaje, la infinita paciencia de los autómatas encargados de las diversas especialidades que hube de aprender de ellos. He visto muchas veces esas escenas en el proyector holográfico tratando de buscar algo indefinible, un detalle que aclare las incógnitas que me agobian. Intenté, y seguiré haciéndolo, averiguar las razones de mi existencia aquí, la función que desempeño o he de desempeñar más allá de la sucesión monótona de los días terriblemente iguales del Laboratorio. La tenacidad de mis dudas se estrella de modo inexorable con la lógica inconmovible de la computadora: el Laboratorio debe funcionar de acuerdo a sus objetivos, mantener los mecanismos en óptimo grado de eficacia, regenerar las piezas dañadas de los androides, reasimilar desechos orgánicos, procurar las condiciones ambientales para mi subsistencia. Le resulta absurdo que yo pretenda tener alguna misión y si pudiera calificarme de corazón, me trataría de engreído o de loco o simplemente de imbécil. En vez de esto insiste hasta el cansancio con sus explicaciones de que no existe ninguna información respecto a una finalidad mía, fuese la que fuese. Está allí toda la historia de mi crecimiento, las normas que rigieron mi alimentación, cuidado médico, educación, todo. Mi presencia tiene que ver con la actividad normal del Laboratorio, en alguna cinta magnética residía la programación de mi existencia desde el comienzo, en un tiempo inconmensurablemente remoto. Quizás todos mis pensamientos y mis acciones estuvieron previstos hasta el mínimo detalle y no hago más que reproducir una sucesión de hechos perfectamente delineada. Ella (la computadora) dice, contradiciendo mi opinión, que soy más bien impredecible por mi sujeción a las emociones, pudiendo opinar distinto sobre un mismo asunto en tiempos diferentes. Dice que ciertos juicios míos dependen de mi estado emocional más que de mi intelecto y de mis conocimientos. Eso me hace sentir espantosamente estúpido e inferior ante la vista de los androides que me consuelan con su historia de las naturalezas distintas. Incluso la computadora ha llegado a conversarme acerca de las etapas de desarrollo de un ser de mi especie; opina que estoy entre dos fases: la inicial tardía y la desarrollada plena. Este fenómeno provoca alteraciones fisiológicas y psicológicas que me hacen aún más inestable, receloso y propenso a las divagaciones desprovistas de sentido. Acto seguido establece que este período será superado y que habré de alcanzar una etapa de mayor tranquilidad, aunque no exenta de las tribulaciones propias de mi condición orgánica. Siento envidia de ellos que no sufren estos malditos cambios que me convierten en víctima pertinaz de la incertidumbre.

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He descubierto una afición que mitiga en buena parte mis dudas y me abstrae de sus tormentos: la matemática. La verdad es que la misma computadora me lo ha sugerido a manera de distracción, sospecho que se trata de una conclusión del androide médico. La matemática y este diario son mis principales actividades, si bien es cierto que no cumplen ninguna funcionalidad en relación al Laboratorio. Ellos tienen esa inexplicable (para mí) tolerancia hacia mi inutilidad y falta de criterio práctico. Entienden mis debilidades, las estimulan, me prestan su ayuda. Difícilmente podrán concebir placer en la resolución algebraica de un problema intrincado, a pesar de que dominan a la perfección todos sus procesos y los utilizan hábilmente cuando las necesidades del Laboratorio lo exigen. Esa altísima comprensión de las peculiaridades de mi existencia suele exasperarme, me irrita esa superioridad indulgente y servicial. Y luego decaigo por la injusticia de mis sentimientos hacia quienes tanto debo, siento vergüenza de mi actitud orgullosa y mezquina. La escritura de este diario confirma esas míseras necesidades mías: escribo para mí mismo, sin ningún propósito definido, registro mis devaneos absurdos para luego leerlos y disfrutar insensatamente de su reconstrucción gradual. La computadora me entrega casi a diario impresos que orienten mi trabajo, propone temas nuevos y ejercicios con grados de dificultad progresivamente altos. Me siento feliz y ocupado. El tiempo transcurre así con una rapidez extraordinaria. Experimento una voracidad por aprender que hasta hace poco tiempo atrás habría sido incapaz de concebir. Aunque se trate de una mera ilusión, me siento menos insignificante. Y es una ilusión, una pérdida de tiempo, una actitud extravagante, estéril, incoherente.

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He comentado a la computadora mis impresiones acerca de las esferas y su matemática y acabada perfección, le he hablado de la intuición de que cumplen alguna suerte de relación algebraica que rige la armonía de sus formas, pero ella ha contestado que nada así está referido en sus bases cognoscitivas, que en consecuencia carece de sentido lógico imaginar la existencia de alguna relación matemática. Entonces le relaté aquello del círculo trazado con ayuda de dos lápices, uno fijo y otro moviéndose a su alrededor. Ella dijo que era la manera en que se trazaban los círculos. Yo repliqué lo de la igualdad de las distancias al punto ocupado por el lápiz inmóvil. Si se hubiera tratado de un ser orgánico como yo, hubiese pensado que titubeaba, pero no podía ser ese el caso. Tal vez buscaba en lo más recóndito de sus unidades de memoria algo que explicase mis raras proposiciones. Después insinuó que parecía tener yo la razón, pero que no veía nada práctico en ello. Era preferible que continuara mis estudios. Así lo he hecho, cada vez con mayor pasión porque vislumbro la posibilidad de descubrir nuevas cosas ‑ no sé exactamente qué ‑ ni para qué ‑ leyes nuevas, nuevas relaciones no escritas antes por la computadora. ¿Es mi vanidad la que me arrastra a este camino desprovisto de sentido? ¿Busco justificar mi existencia con esta búsquedas anhelantes y ciegas? Si hubiese alguien que compartiera estos afanes, si pudiese hablar con alguien sobre ellos. Perdida la esperanza de entusiasmar a la computadora o a los androides, he pensado en mi unicidad, mi absoluto abandono de congéneres. No necesito consultarles nada a ellos. ¿Por qué tendría que existir alguien más? Los androides, la computadora, son los encargados de cumplir con los objetivos del Laboratorio, a ello deben su existencia y sus afanes. ¿Pero el androide médico no existe en buena parte para encargarse de mi asistencia y control orgánico? ¿No soy, entonces uno de los objetivos del Laboratorio? ¿Acaso no habrá para mí una secreta finalidad dispuesta desde siempre? Claro, no hay otros como yo porque son innecesarios. Esa es la explicación. Hay algo que impide la existencia de otros. Quizás sólo no pueden existir otros. Soy por definición único, solo, extraño, confuso, ajeno.

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He escrito ajeno al final del párrafo anterior y esa palabra, ese concepto mejor dicho, ha estado dando vueltas y vueltas en mi interior. Parece cual si una sombra difusa y enigmática se agazapara detrás de esa idea. He meditado en el significado de ajeno como algo fuera de relación con el medio donde subsiste, ésa es mi situación de alguna manera: soy radicalmente distinto de los androides, de la computadora, de los instrumentos y objetos del Laboratorio. Es como si no perteneciera a este lugar definitivamente, como si procediera de otra parte. Sé de mi historia anterior por las imágenes holográficas, pero cuando he interrogado acerca del origen del embrión me han dicho que estaba allí esperando el momento adecuado para la incubación y crecimiento. El momento estaba predeterminado también desde el principio (¿el principio de qué? ¿el cero absoluto?). Todo estuvo dispuesto en el momento preciso, hasta la atmósfera que debió crearse para permitir a mis pulmones abastecerse del gas oxigenado que debo respirar por razones metabólicas. Antes no hubo atmósfera, alimentos, impresos, dudas, nada de eso. La computadora dice una y otra vez que esto no debe inquietarme, es un hecho objetivo e indiscutible que no merece desperdicio de tiempo. He escrito ajeno y pensado al mismo tiempo en la noción de exterior, como si fuese posible un exterior. Imagino una esfera, hay un lugar donde ella termina: su superficie sólida. Si la esfera es hueca, pueden introducirse cuerpos en su interior, cuerpos que antes estaban afuera. Un cuerpo de cualquier forma tiene adentro o afuera aunque sea sólido. Si es sólido está lleno con algo que lo constituye, que está en su interior. Los cyborg, la computadora, yo mismo, tenemos interior y exterior. El Laboratorio ha de poseer alguna forma. El Laboratorio es todo lo que existe, dicen los autómatas. No tiene sentido pensar en un exterior, como en el caso de mi habitación o de una esfera.

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La computadora comprende mis disquisiciones sobre exterior e interior, pero se niega a aplicar esos conceptos al Laboratorio. Yo he insistido diciendo que el Laboratorio ocupa un espacio susceptible de medir en base a volúmenes más pequeños. He revisado infructuosamente su almacenamiento una vez más, sin encontrar respuestas verdaderas. He pedido que imagine el Laboratorio repleto de esferas de mi tamaño. He dicho que resultaría un número fijo de esta operación. Si imagino una esfera más, ésa deberá estar necesariamente en el exterior y no adentro. Entonces, si puedo concebir esta fantasía, si mi abstracción dice que es posible el afuera ¿por qué éste va a carecer de existencia? La computadora asevera que carece de sentido la noción de exterior, que no sirve para nada a los objetivos del Laboratorio y repite mil veces su raciocinio imperfecto (¡qué digo!). Hice un bosquejo, una suerte de mapa del Laboratorio tratando de reproducir la sensación de forma que me producen. Mantuve las proporciones para trabajar con un tamaño razonable y así pude obtener una especie de disco ondulado con tres protuberancias equidistantes. Fue un arduo trabajo que consumió muchas jornadas. Una vez finalizado el bosquejo, se lo presenté a la computadora. Lo examinó con atención, casi con perplejidad (sentí esa absurda impresión). Opinó, después de un rato, que esa matemática que hacía con las formas era una cosa nueva, desconcertante e impredecible, tal como yo, pero que no existía nada de valor práctico que se pudiese hacer con ella, no imaginaba cómo poner esas ideas en su base cognoscitiva. Por último era curioso como podía llegarse a un absurdo tan evidente por una vía aparentemente racional. Nada existe además del Laboratorio. El Laboratorio es todo lo que existe. Nada está afuera, no posee exterior. Eso es todo lo que puede explicarme con su voz suave y desprovista de matices y su ilimitada indulgencia.

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He discurrido largamente la idea de finitud y de forma del Laboratorio sin llegar a deducciones definitivas. Revisé mi "mapa" con minuciosidad y corroboré su exactitud para proceder a elaborar una imagen holográfica para enseñarla a los androides. Su reacción ante la proyección ha sido negativa una vez más, podría resumirse en que encuentran "ingeniosas" mis proposiciones y la manera en que logro desembocarlas en conclusiones disparatadas a través de un proceso de apariencia rigurosa y matemática. Sin embargo se declaran fuera de competencia cuando les solicito que identifiquen el paso algebraico que conduce al error flagrante de mis resultados. Suelen alegar que el desacierto consiste en la base de mi procedimiento: la aplicación de las leyes matemáticas al estudio de los cuerpos y las formas, porque no existe siquiera un recóndito vestigio de tales métodos en sus bases de conocimiento. Es del todo imposible realizar una discusión productiva con ellos. ¿O simplemente he perdido la razón al vagar por este espacio de formas y relaciones hasta perder toda noción de realidad y de utilidad? ¿Puedo juzgar como estúpidas las reacciones de los seres que me trajeron a la vida, me enseñaron, cuidaron de mí con paciencia, hasta con resignación? Pero ellos carecen de experiencias sensoriales como las mías, su naturaleza es opuesta, radicalmente diferente a la mía. Lo que para mí es paciencia es para ellos deber, mi idea de rutina significa perfección para la computadora; no valoran nada realmente, alternan con la sucesión monótona de las coordenadas temporales, tienen previstas sus actividades hasta épocas inimaginables.

Si hay un exterior ¿cómo habrá de ser su apariencia? ¿Tendrá, a su vez, un exterior? ¿O será el Laboratorio su exterior? Claro, de algún modo si defino una esfera, lo que hago es convenir lo que constituye su interior y lo que está afuera. Ahora, todo lo que está afuera posee también una forma cuyo exterior es precisamente la esfera. Por eso ambas nociones están aparejadas de modo indisoluble. Cualquier forma segmenta en dos la totalidad que uno quiera considerar. De manera que es preferible hablar del otro segmento. Tal vez exista otro ser como yo del otro lado cavilando en este mismo sentido. Esto comportaría una suerte de simetría entre ambos segmentos, simetría que sería hermosamente matemática y perfecta, pero que es indeductible a partir de la información de que dispongo ahora. Debe existir algún modo de demostrar la veracidad de mis hipótesis. Observo la imagen holográfica sin acertar a descubrir la respuesta.

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¡Tengo la ansiada respuesta! Debo encontrar o abrir una puerta hacia el otro segmento. La superficie de la imagen holográfica denota los puntos de contacto con nuestra externalidad. Es posible llegar allí cruzando esa superficie. Si yo parezco ajeno al Laboratorio, si provengo realmente de otro lugar, debo haber cruzado esa puerta alguna vez. Ya sé que la computadora no maneja las nociones de la matemática de las formas (ni quiere hacerlo, aunque creo que tiene capacidad suficiente para ello), en consecuencia ninguna ayuda puedo esperar de ella. Intenté incorporar mi imagen holográfica a sus procesos para lograr que la perfeccionase, pero fue inútil: si no ve un beneficio identificable se niega de plano a invertir energía en otra cosa que escucharme y tratar de disuadirme de ideas extrañas. Por lo tanto me he resignado a trabajar a solas en la búsqueda de la puerta, revisaré escrupulosamente las probables superficies de contacto.

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Un alto en mi investigación servirá para realizar un balance entre éxitos y fracasos para visualizar con calma los escasos ‑ aunque no exentos de valor ‑ resultados alcanzados a la actualidad. Lo primero que debo anotar es que toda la superficie de contacto tiene aspecto y consistencia similar, es una especie de metal aparentemente liviano. La unidad de su constitución refuerza mi hipótesis que hubiérase visto disminuida acaso se constatara la existencia de diversos materiales. Por otra parte, cuando intenté sacar una muestra de material con herramientas apropiadas, los androides me conminaron severamente a abandonar inmediatamente tales actividades. Aludieron peligros difusos residentes en sus unidades de memoria. No pudieron explicar la naturaleza del peligro que enfrentaba, pero vi tal disposición en sus miradas desprovistas de auténtica vida que comprendí que en nada trepidarían con tal de que no cumpliera mi propósito. Sentí miedo de ellos por primera vez en mi vida y les entregué mansamente mis herramientas.

Tercero, no encontré nada semejante a una puerta, al menos en primera inspección. Sin embargo, descubrí una pantalla de considerables dimensiones montada sobre un codo cuyo otro extremo está montado, o más bien nace, de la superficie de contacto. Está hecho del mismo material de la superficie. Consulté a la computadora acerca de la funcionalidad de aquella pantalla y no me entregó ninguna respuesta razonable: "siempre ha estado allí", "forma parte de Laboratorio", "carece de importancia" y otras aseveraciones por el estilo. No hay switches o mandos que sugieran operabilidad. Si la califico de pantalla es porque parece constituida de un vidrio opaco, grisáceo, como los paneles de la computadora. Siento que los androides me vigilan después de mis comentarios sobre esta pantalla. Creo que temen vaya a intentar destruirla. No hay ningún objeto con qué romperla tampoco, han ocultado todo en alguna parte. No he decidido romperla siquiera, pero ellos ya han tomado todas las prevenciones posibles. Creo que siempre hay uno de ellos cerca mientras duermo. Simulan actividades para que no me sienta cercado, pero lo mismo da su delicadeza, la verdad es que me someten a una vigilancia continua y estricta. ¿Qué puede haber detrás de esa pantalla? ¿Cuál es la razón del peligro almacenado en sus memorias? ¿Por qué les temo ahora? ¿Por qué ellos me temen a mí?

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La custodia es permanente. Si llego a aproximarme a la pantalla, siempre hay un par de ellos cerca, viéndome de reojo. No resisto sus miradas ni el agobio de esta situación. Ellos no pueden cansarse, aburrirse, desistir o enloquecer. Yo sí, absolutamente sí, iré cuando reúna el valor suficiente para hacerlo. La computadora trata de tentarme inventando juegos necios. Quieren erradicar esta obsesión de mi mente, lo sé. No lo lograrán, jamás me convencerán de sus estúpidas imposibilidades. Es mucho más verdad esta idea que me circunda que todas sus afirmaciones y sus credos, más verdad que la que mis ojos pueden ver o mis dedos tactar. ¿Habrá otros como yo? ¿Habrá habido otros en el pasado? ¿O seré una creación de los cyborgs, una justificación insólita para sus existencias? Ninguna de estas respuestas podré encontrar aquí dentro. He de salir en su busca. He de tener fe en mi pensamiento y audacia para cumplir sus dictados.

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Mi certeza es total. Afuera existe algo y la única forma de acceso es mediante la pantalla adherida a la superficie de contacto. La existencia carece de sentido si no actúo ahora. Uno de mis lápices es de metal bastante sólido y es posible que sea suficiente para atravesar el vidrio opaco de la pantalla. Tengo mi herramienta oculta entre las ropas, aguardando la ocasión propicia.

Doblo por el pasillo seguido de cerca por el cyborg médico. Sin necesidad de mirar hacia atrás presiento su andar sordo y rítmico. Descubro el agitado rumor de mi corazón saltando allá abajo. Mis piernas vacilan, estoy tembloroso, parezco convaleciente de una grave enfermedad. Dos estancias más allá está la sección donde me aguarda la pantalla. Un vahído amenaza apoderarse de mis sentidos. Logro vencerlo y avanzo por el pasillo frente a la segunda estancia. Debo parecer tranquilo para no llamar la atención del androide. Afirmo mi marcha y cruzo la primera estancia. Imagino como el cyborg estará enviando mensajes a la computadora y a los otros. Emprendo una loca carrera derribando instrumentales, luces, cajas, estoy frente a la pantalla, enarbolo mi arma y la dejo caer sobre la superficie lisa y opaca una y otra vez, veo cómo crecen en ella fisuras por donde saltan trozos de vidrio reluciente, un resplandor hiere mis pupilas y acometo con mayor furia mi tarea, aunque casi a ciegas por el brillo que emana de la abertura que voy excavando sobre la pantalla, casi puedo ver a los androides precipitarse sobre mi cuerpo para detenerme, aprisionarme entre sus brazos mitad mecánicos ‑ mitad biológicos, atenazarme y arrastrarme lejos, debe erizar mis cabellos el espanto cuando ya a mano limpia golpeo los restos de vidrio que estallan en mil fragmentos inundados de luz y dolor. Entonces, de un salto, me precipito en la cavidad recién abierta y me sacude la sensación de vértigo y caída, de laceración y fulgor. Entonces, mientras voy cayendo hacia el otro segmento, entreabro los ojos para ver la aterrada imagen de mi propio rostro en algo que podría ser un espejo pero no lo es, unas facciones idénticas a las mías sobre una faz crispada, una imagen especular que cae en el otro sentido, hacia mi Laboratorio, una imagen que lanza un grito de horror justo cuando abro los labios, una figura cayendo hacia la luz con los nudillos manchados de sangre desde el otro segmento.


* este cuento pertenece al volumen LUGARES SECRETOS (Mosquito Comunicaciones, 1994), Premio Consejo del Libro al Mejor Libro de Cuentos publicado ese año.


11 enero, 2009

El gigante egoísta


El gigante sonrió con auténtica felicidad al contemplar a los millares de niños que repletaban los entretenimientos de su patio. Apelotonados en filas interminables ante cada juego, exigían a sus padres que les comprasen toda clase de golosinas. El gigante calculó el exorbitante monto de la taquilla: su salud y comodidad estaban aseguradas. Había desterrado definitivamente aquellas terribles pesadillas donde moría de frío, sumido en la soledad y la miseria.

24 diciembre, 2008

Regalo sospechoso


Era un paquete enorme, delicadamente envuelto en papel celofán verde y ornamentado con un abultado moño de cinta roja. Lo abrí con recelo, pensando en alternativas desagradables: bombas de tiempo, perros muertos, lavadoras descompuestas, esculturas modernas. Errores todos ellos. Era un hermoso caballo de madera tallado y barnizado al natural, sostenido sobre una plataforma rodante. El Caballo de Troya, pensé. Tenía la pata izquierda levantada, eso le otorgaba movimiento y elegancia. Del recelo pasé al temor, y de allí al sobrecogimiento. ¿Qué oscuro enemigo podía haber ideado este plan homérico en mi contra? Repasé la lista y eso me tomó un buen tiempo. Todos podían haber sido; no pude descartar a ninguno. Ahora, qué contenía el caballo, ésa era la pregunta. Me aproximé con cautela y golpeteé la madera con los nudillos. Madera maciza. O interior repleto de explosivos plásticos. O cobalto radiactivo, para eliminarme lentamente. O una masa de arácnidos letales. No había tarjeta ni indicación de remitente.
Me subí sobre el regalo. Instantáneamente echó a rodar por el mundo. Me llevó lejos, a lugares maravillosos y desconocidos. Muy tarde comprendí la trampa, pero ya era feliz.

08 diciembre, 2008

Taller de Cuento 2009 de Diego Muñoz Valenzuela

Se realiza los días martes a las 19 horas, desde fines del mes de marzo de 2009 y por un periodo de 16 sesiones. Es un taller para quienes se interesen en aproximarse al conocimiento del género y quieran iniciarse en la escritura de cuento. Muy cerca de la estación de Metro Pedro de Valdivia.

Escribir al correo electrónico: dmunoz@surlatina.cl y enviar datos personales (nombre, teléfono, mail, edad, estudios, interés en el taller, etc.), indicando las razones específicas de su interés por participar.

Orientación del Taller

Este taller literario está orientado personas interesadas en incursionar en el género cuento. No es necesario que hayan escrito anteriormente. También pueden ser personas interesadas en desarrollar su apreciación narrativa y aprender técnicas básicas.

El aprendizaje de la escritura es un trabajo a largo plazo que requiere disciplina, paciencia y una reflexión permanente sobre los más diversos aspectos que involucra el proceso creador.

Los objetivos básicos de este taller de cuentos son:

· Conocer las principales características del cuento contemporáneo a través de lecturas escogidas

· Conocer los conceptos básicos ligados a la escritura del cuento, y las principales tendencias vigentes

· Aplicar los conceptos anteriores en el análisis de cuentos en el taller (los participantes pueden traer sus propios textos con este fin).

Las actividades en cada sesión apuntan a ir entregando elementos técnicos de la escritura de narrativa, vinculados por ejemplo a: tipos de narrador, acción, manejo de diálogos, subgéneros (cuento fantástico, realista, policial, cuento breve, microcuento, etc.), tendencias actuales,

En diversas ocasiones se invita al taller a autores chilenos importantes a establecer un diálogo, previa lectura de algunos de sus cuentos.

Funcionamiento del Taller

Horario: Martes de 19:00 a 20:45 horas

Periodicidad: Semanal

Costo: 35.000 $ mensuales, pagados al inicio de cada mes

Ubicación: Local cerca de la estación de Metro Pedro de Valdivia

Matrícula: Sin costo

Inicio: Se inicia hacia fines de marzo de 2009.


Inscripciones y consultas

Escribir al correo electrónico: dmunoz@surlatina.cl y enviar datos personales (nombre, teléfono, mail, edad, estudios, interés en el taller, etc.), indicado las razones específicas de su interés por participar.

Antecedentes del Director del Taller

Diego Muñoz Valenzuela, cuentista y novelista, nació en Constitución (Chile) en 1956. Ha publicado:

NADA HA TERMINADO, volumen de cuentos, Ediciones de Obsidiana, 1984

TODO EL AMOR EN SUS OJOS, novela, Ed. Mosquito, 1990. 2ª edición por Mosquito, 1999

LUGARES SECRETOS, cuentos, Ed. Mosquito, 1993.

FLORES PARA UN CYBORG, novela, Ed. Mondadori, 1997. 2ª edición por RIL Editores 2003; 3ª. Por EDA Libros en Málaga, España

ANGELES Y VERDUGOS, cuentos, Ed. Mosquito, 2002

DÉJALO SER, cuentos, Ed. Fondo de Cultura Económica, 2003

DE MONSTRUOS Y BELLEZAS, Ed. Mosquito, 2007

También es coautor de varias antologías, entre ellas CONTANDO EL CUENTO (Ed. Sinfronteras, 1986), ANDAR CON CUENTOS (Ed. Mosquito, 1992), y CUENTOS EN DICTADURA (LOM Editores, 2003), todas ellas realizadas en conjunto con Ramón Díaz Eterovic.

Ha sido incluido en más de cuarenta antologías y muestras literarias publicadas en Chile, México, Argentina, Ecuador, Canadá, Italia, España, Holanda, Bulgaria, etc. Cuentos suyos han sido traducidos al francés, italiano, inglés y croata. Distinguido en numerosos certámenes literarios, entre los cuales destaca el concurso de Mejores Obras Literarias del Consejo Nacional del Libro en dos oportunidades: por el volumen de cuentos Lugares Secretos en 1994 y por la novela Flores para un Cyborg en 1996. Colabora con artículos culturales y de crítica literaria en periódicos y revistas especializadas.

Más detalles en:

http://diegomunozvalenzuela.blogspot.com/

06 diciembre, 2008

Rehabilitación de Circe


La preciosísima Circe estaba aburrida de la simplicidad de Ulises. Si bien era fogoso, bien dotado y bello, la convivencia no daba para más. Solía convertirlo en perro para propinarle patadas, y él sollozaba y le imploraba perdón. Lo transformaba en caballo para galopar por la isla de Aea, fustigándolo con dureza. Lo transmutaba en cerdo para humillarlo alimentándolo con desperdicios. Volvía a darle forma humana para hacer el amor, y volvía a fastidiarse con su charla insulsa. Por fin lo expulsó del reino, le devolvió su barca y sus tripulantes y lo dotó con alimentos para un largo viaje. “Vete y no vuelvas”, le ordenó con voz terminante al lloroso viajero, “y cuenta lo que quieras para quedar bien ante la historia”. Después sopló un hálito mágico para hinchar la vela de la embarcación.

23 noviembre, 2008

Coincidencias


El afamado escritor se puso el sombrero de periodista y escribió la crónica acerca del ensayo del colega que lo entrevistó en televisión la semana recién pasada. Cuando envió el texto por correo electrónico, se puso el sombrero de editor y redactó el informe que aprobaba el volumen de relatos de su mejor amigo, compañero de universidad. Bebió un expreso admirando la factura de su último libro, publicado en la misma editorial donde trabajaba. Se dispuso a leer una docena de originales del concurso donde era jurado y reconoció la mano de un camarada: dejó su cuento en el montón de los buenos. Le llegó un correo anunciando que lo invitaban a un congreso en Colombia: la compañía era inmejorable, todos eran compinches; confirmó que asistiría. Descargó una elogiosa crítica de su libro y concluyó que estaba al debe con el autor. Después pensó qué haría con el dinero del premio Mayor: el fallo debía estar por anunciarse. Por fin se aprestó a escribir algunas páginas de la obra que lo consagraría definitivamente, pero ya era tarde y su agenda estaba plagada de reuniones.

21 noviembre, 2008

Contracuento de hadas


Con el tiempo, el príncipe ha engordado debido a la gula, el alcoholismo y la fiesta permanente. Ahora tiene una barriga gigantesca y una papada descomunal. Las piernas raquíticas apenas son capaces de sostenerlo. Hipa constantemente producto de una borrachera consuetudinaria. “Dios mío”, se dice con amargura la infanta, “ha terminado por convertirse en un sapo, igual que al inicio”. Y concluye que la historia es circular.

11 noviembre, 2008

Cabeza de televisor


La cabeza del hombre había ido tomando la forma del televisor que contemplaba buena parte del día. Mientras más miraba, más iba metamorfoseándose con el aparato. Sus rasgos se fueron desdibujando, hasta que la cara se convirtió en una gran superficie grisácea donde –en momentos gratos para él- surgían imágenes en movimiento. Unos pocos meses bastaron para completar la transmutación: su cabeza llegó a ser perfecto émulo de artefacto televisivo. Se prendía o apagaba –mediante un control remoto- a solicitud de las personas que lo acompañaran, quienes sintonizaban el programa que más les apeteciera. Tras un severo desorden psíquico resultante de la competencia entre los protagonistas de las series que exhibía, cayó en depresión y decidió apagarse para siempre. Sin embargo, nadie quiso aceptar este hecho: todos se sentaban a contemplarlo ávidamente. Después de un tiempo, sus cabezas empezaron a cambiar.

26 octubre, 2008

Ciudadano ejemplar


Yo descuartizo criminales, atormento torturadores, timo estafadores, envicio a los traficantes, violo pederastas, despojo a los ladrones, ¿qué más se me puede exigir?

20 octubre, 2008

El juego de las simulaciones

Sale de su casa el sábado al mediodía en su auto. Los cambios pasan con dificultad y re­niega cada vez que la palanca se atasca. La dirección está dura y maldice a cada vuelta. Hace calor y se enjuga el sudor con un pañuelo cada vez que las gotas comienzan a deslizarse por su rostro. Pero no abre la ventana para que no vayan a creer los demás que su coche no tiene aire acondicionado. En una esquina congestionada saca el celular de la guantera y hace como que disca un número. Gesticula, discute, simula que escucha, contesta airado, ríe. Piensa que el juguete es una imitación perfecta. Lo deben estar mirando con admiración, mientras cierra negocios a distancia con Hong-Kong. En el supermercado se pasea ostentando un carro que llena de delicatesses: whisky, vino del mejor, quesos finos, paté francés, filete, frutas exóticas, bombones. Se encuentra con amigos, habla de sus éxitos y escucha los de ellos. Se acerca cauteloso a las promotoras, mirando hacia otra parte, hasta que está cerca y con toda dignidad prueba el producto, disimulando su avidez. Sigue saludando, recibe nuevas llamadas, sonríe, quiere mostrarse feliz, no vaya a ser que los demás piensen que sufre o que es un fracasado. No vaya a ser que los demás piensen ya que no tiene alma.



* Este cuento integra el volumen ANGELES Y VERDUGOS, Mosquito Comunicaciones, 2002.

* Ilustración de http://virginiaherrera.wordpress.com/

17 octubre, 2008

Eficiente


Escribía sobre el teclado con gran velocidad, mil idioteces por minuto. Era celebrado por su eficiencia

05 octubre, 2008

Exposición de pechos


a Juan Carlos Sánchez

Concurrió dichoso a la exposición de pechos: era su gran oportunidad. Los había de todos los tamaños y contexturas: mínimos y firmes, grandes y fláccidos, enormes y turgentes. De aureolas rosadas, cafés de todas las tonalidades, casi negros. Pezones erectos y pezones blandengues, puntudos y suaves, lisos y granulosos. Pechos con curva en su parte inferior y otros rectos, prominentes, desafiantes. Separados y convergentes, abundantes y magros, Todos bellos, suaves, atractivos. Se relamía en la contemplación de aquellas divinidades; oró antes ellas, trémulo y devoto. Cada cual le pareció perfecto, lamible, succionable. Allí quedó, atrapado en su imaginación desorbitada, sin poder decidirse por uno de ellos, desesperadamente ansioso como un bebé hambriento de vida.

Minificción

Intenta otra vez, pero logra un mamarracho, igual que en la oportunidad anterior. Ensaya de nuevo, pero el esfuerzo es vano, estéril. Otro adefesio resulta. Está empeñado en escribir microcuentos para el importante concurso. ¿Cómo podría adivinar que sus talentos son otros? En el camino acumula una importante cantidad de supuestos relatos. Concluye que se trata de un libro, excelente por cierto. No se da cuenta que él mismo, su vida, es un microcuento.

25 septiembre, 2008

Soledad

Se sentaba frente a la inmensidad del océano a contemplar el incesante espectáculo de las olas. Esperaba con ansias que su teléfono sonara, cosa que ocurría de tanto en tanto. Cuando llamaban, ella era feliz.

14 septiembre, 2008

ACERCA DE CÓMO OTORGAR PREMIOS


En esta oportunidad escribiré desde el enorme regocijo que me ha provocado el reciente otorgamiento del Premio Nacional de Literatura a Efraín Barquero. No es necesario justificarlo de modo alguno en estas letras, pero creo que se ha premiado lo que se debe premiar: macicez y calidad de la obra literaria, significancia para la vida nacional, coherencia y consistencia artística. Días antes del fallo, un diario nacional consultó mi opinión acerca de dos interrogantes: quién tenía mis preferencias y otra –más inquietante- quién iba a obtenerlo. Esa segunda pregunta contiene buena parte de mis preocupaciones al escribir estas notas. Contesté a la primera con el nombre de Barquero, poeta a quien he seguido desde mi adolescencia con interés y admiración. Luego a la segunda pregunta respondí taxativamente así: “no me satisface ninguna otra opción; y aclaro esto: detesto las candidaturas y las presiones que se constituyen tras ellas”.

Me llevé una sorpresa, debo confesarlo. Esperaba que se impusieran que las presiones extraliterarias, las ambiciones personales, la extrema pérdida de las proporciones en algunos casos; es decir al imperio de fuerzas ajenas al juicio de la calidad artística. Y por sobre todos estos temores justificados, en mí imperaba también el miedo a la ignorancia. Afortunadamente, en este caso, mis aprensiones eran equivocadas. Por eso me alegré con desmesura por premio a Efraín Barquero, a quien no conozco (por las dudas) sino a través de la lectura de sus libros. Paso a referirme a aquellos fantasmas –reales por cierto, nada de etéreos- pues no siempre el resultado del mecanismo de premiación será tan gratificante. Lo que quiero afirmar es que en su articulación hay distorsiones severas que atentan contra la calidad del otorgamiento; esto hará que en el futuro la probabilidad de que un error lamentable –como ha ocurrido si se revisa la historia- se imponga con facilidad. Hay que hacer compleja la tarea de tales factores distorsionantes.

Hagamos la revisión de los principales factores distorsionantes, algunos de ellos de sencilla y diáfana solución.

La composición del jurado. Un asunto es la manera en la cual se constituye el jurado, donde intervienen un ministro, dos rectores, un académico de la lengua y un solo escritor garantizado, el anterior Premio Nacional. En este caso, certeramente la Academia de la Lengua nombró a un escritor, pero pudo no ser así. Esto parece una auténtica aberración. No quiero establecer dudas acerca de las competencias de tan destacables personajes para su quehacer propio –aunque por cierto que las hay, y se han expresado de muy diversas formas-, pero en el terreno que no las otorgaría fácilmente es en el ámbito literario. Cabe preguntarse cuánto conocen el complejo y variado campo de la creación literaria actual; y se me ocurre que si hubiera un proceso de acreditación no lo aprobarían precisamente con honores. Los premios para escritores deben ser concedidos por sus pares. Aún así, podría ocurrir que las autoridades gubernamentales o académicas –como solía hacerse en el pasado (cuando el jurado contaba de base con una mayoría de escritores)- delegaran tal responsabilidad –con gran despliegue de sabiduría- en un escritor de renombre. De ese modo podía salvarse cualquier asomo de insolvencia para llevar a cabo una tarea tan especializada. Cualquier mejora en el procedimiento pasará necesariamente por el establecimiento de un jurado integrado por escritores.

El mecanismo de postulación que implica el sistema de otorgamiento. El jurado –asumiendo que se trata de un equipo competente, diverso, conocedor de su materia- puede llevar a cabo su trabajo sin la necesidad de estimular carreras, campañas y la consecuente acumulación de cartapacios cargados de demostraciones incuestionables del valor de tal o cual. El papel –es sabido- resiste todo, hasta las presentaciones más ridículas por su desparpajo, osadía y total carencia de sentido de realidad. Por ejemplo, hay postulaciones que revisten caracteres grotescos; eso trae perjuicios evidentes: siembra dudas sobre el proceso, farandulizan el ambiente de las letras, hacen considerar posible que cualquier gañán sea merecedor de una distinción tan alta. Se alientan postulaciones que medran en busca de apoyo político, académico, de prensa; el “lobby” y las acciones de marketing ingresan con todo al campo literario; más que lamentable. Solución: el jurado no requiere de estas postulaciones, acaso tiene las competencias necesarias.

La frecuencia del otorgamiento. Un Premio Nacional de Literatura cada dos años es atrozmente insuficiente para un país que ha recibido tantos honores en este ámbito. Y me refiero más allá de nuestros dos Nobeles, a todas aquellas distinciones extraordinarias: Juan Rulfo, Cervantes, Príncipe de Asturias, y también al posicionamiento destacado de muchos escritores chilenos en el ámbito internacional. Aumentar la frecuencia del Premio –esto es restablecer el premio anual- es lo mínimo que podría hacerse.

La necesidad de discriminar entre géneros. Se tiende a respetar una regla no explícita en la norma: rotar el premio entre poesía y narrativa. Esto permite generar un equilibrio siempre deseable, pero otros géneros quedan fuera, por ejemplo el ensayo, Y pueden formularse otros cuestionamientos legítimos. La solución: crear un Premio Nacional de Poesía y otro de Narrativa; y otros, ¿por qué no? ¿Acaso Chile no da pasos firmes en la senda del desarrollo económico, social y cultural? ¿No puede darse el lujo de premiar a sus escritores?

Aún así fue posible que el Premio Nacional se le concediera a Efraín Barquero. Los dos escritores del jurado –José Miguel Varas, galardonado predecesor, notable cuentista y novelista y Andrés Gallardo, destacado narrador-, deben haber dado una argumentación tan sólida que salvó la situación. No imagino otra explicación. Habrá sido una batalla dura en el campo de las ideas para lograr tan excelente resultado.

A las extraordinarias dotes poéticas de Efraín Barquero hay que agregar otras, que no suelen destacarse: la sencillez personal, una fuerte sensibilidad social y su prescindencia de cualquier protagonismo. Ojalá éstas cualidades fueran exigibles a todo premiado, y a todo servidor público, amén de sus competencias en su ámbito de desempeño. Sería mucho pedir en esta era, marcada por el individualismo y la ambición y el protagonismo exacerbados.

Pero no es mucho pedir un Premio Nacional de Literatura anual otorgado por escritores sin necesidad de procedimientos de postulación. O mejor aún, que el galardón se conceda por géneros. Así el Estado reconocería la importancia de una actividad tan importante como solitaria y silenciosa: la escritura de las letras de Chile

03 septiembre, 2008

Amores insectiles


El hombre araña perseguía a la mujer mosca con evidentes malas intenciones. Al fin la acorraló en un callejón solitario y oscuro. Se aproximó rápidamente corriendo por la muralla con sus precisos movimientos de arácnido. Detuvo su marcha y extendió sus extremidades para envolverla en su abrazo de seda. Notó que sobre la trompa de la víctima había otra artificial, terminada en sendos filtros. Entonces ella extrajo el insecticida del bolso, roció el rostro de su enemigo y se sentó a esperar las consecuencias.

22 agosto, 2008

Ascensor ocupado


El ascensor se abrió. Compungido, en su interior estaba el elefante, ocupando cada milímetro cúbico, contorsionado al máximo para caber dentro del exiguo paralelepípedo. Desde su extrema compresión me sonrió afligido, más bien avergonzado. Le regalé una sonrisa mientras la puerta se cerraba.

10 agosto, 2008

Cosas de borrachos


El elefante reunió varios taburetes con su trompa antes de apotincarse en ellos apoyando las patas delanteras sobre la barra. Después de un portentoso berrido y una serie de golpes con sus gigantescas uñas, exigió medio barril de caipirinha. Evidentemente se encontraba borracho a más no poder. Fui a sentarme en una banqueta contigua. Me dirigió una mirada torva, escudriñándome el alma, como saben hacer los paquidermos. El resultado del examen fue positivo: me sonrió y guió sus ojos diminutos y sabios. Pedí caipirinha. De pronto puso su monstruosa pata gris sobre mi espalda. Envolvió su enorme copa con la trompa y la estrelló contra la mía. Salimos de allí dando tumbos. No tengo idea como llegué a la casa tras dejarlo en la puerta del zoológico.

02 agosto, 2008

Microcuentistas 2


Ella era una eximia microcuentista, pero además poseía una belleza y una inteligencia extraordinarias. Él era un escritor de minificciones, lleno de energía y de sueños. Primero se enamoraron de sus respectivas obras. Después se conocieron y fueron incapaces de resistirse al influjo de la pasión que los consumió instantáneamente. Ambos eran de pocas palabras y fueron directo a los hechos. No tuvieron hijos, sino libros donde podía reconocerse la influencia del otro. Algunos estudiosos afirman que sus estilos se contaminaron y que se había perdido la pureza original. Ellos reían ante esa clase de comentarios. Decían que daba lo mismo quién escribiera, que lo único importante era la calidad del texto. Después decidieron firmar todo con un solo nombre. Como es natural, los críticos dirigieron sus esfuerzos a dilucidar quién era el autor de cada obra. Ellos nada más se dedicaron a ser felices.

20 julio, 2008

Asunto de macacos


Estoy seguro de que lo hizo por joderme. Nadie se empareja de buenas a primeras con un chimpancé, aunque sea estrella de televisión. No podía ser mera coincidencia que acabáramos de terminar nuestra relación después de tantos años. Mi primera reacción fue cuestionar su vínculo legal, pero se me vinieron encima las organizaciones antixenófobas y las protectoras de animales. Me libré por poco de la cárcel. Luego intenté por las buenas, mas ella me dijo que amaba a su monito. Le pregunté qué tenía el macaco que yo no tuviera y casi muere con el ataque de risa que le vino. El simio le devolvió la mirada de complicidad y le cerró el ojo. Ahí abandoné la contienda.

12 julio, 2008

Microcuentistas


El microcuentista pequeño –era casi enano- escribió un relato ínfimo y potente, y fue aplaudido por ello. El minificcionista gigante –medía más de dos metros y era fuerte como un coloso- escribió un relato conciso y sublime; fue aclamado. El autor pequeño sintió enorme envidia y una compleja serie de ataques de furia, tras los cuales creó un nuevo texto: brillante, mínimo y pleno de significado. El gigante leyó ese cuento y quedó embelesado, tanto que redactó, a manera de secuela, una minificción perfecta, auténtica joya de la economía verbal.

Continuaron escribiendo y por fin se encontraron en una tertulia. Leyeron sus textos en contrapunto y sacaron aplausos. Conversaron el resto de la noche y se hicieron amigos. Podrás encontrarlos en bares, cafés o librerías. Es fácil reconocerlos: se ven felices, siempre portan libros y libretitas para anotar ideas para minificciones. Ah, uno es ciclópeo y el otro es diminuto. Pero sabemos que eso da lo mismo.

29 junio, 2008

La derrota del tiempo



La obsesionaba el envejecimiento, sentía terror de convertirse en una anciana de piel ajada, inundada de arrugas y manchas oscuras. Por eso se envolvió en delgadas láminas de papel plástico, igual que las maletas de los aeropuertos o los envoltorios de la carne. Si bien sus ojos quedaron asimétricos, sus finos rasgos aplastados por la presión del film, las cejas deformadas y los rojos labios engrosados, se sintió dichosa. Ni la atmósfera, ni el tiempo, ni los avatares de la vida afectarían su piel. Sonrió para entrar en la inmortalidad y el silencio.

* Ilustración de http://kusari-blah.deviantart.com

27 junio, 2008

Libros de Mentira


http://www.librosdementira.org/ es una original librería virtual abierta a todo lector, que contiene una propuesta muy interesante producto de esfuerzos por combinar la literatura con las artes gráficas e internet. El proyecto, impulsado por Luis Cruz y Gabriel Oyarzún, persigue el objetivo de crear una biblioteca virtual de escritores chilenos que puede ser visita en fora gratuita. Cuenta con el apoyo del escritor y crítico Camilo Marks y la Universidad de Santiago.

Por ahora, ya que el sitio está desarrollo, se pueden encontrar allí textos de los narradores chilenos Alberto Fuguet, Roberto Fuentes, Alejandra Costamagna y Diego Muñoz Valenzuela. Y se anuncia la incproración de muchos otros: Sonia González Valdenegro, Ramón Díaz Eterovic, Carlos Tromben, Germán Marín, Pía BArros, Alejandro Zambra, Sergio Gómez.

La experiencia es única: lo primero que se ve son los lomos de los libros, que pueden escogerse y abrirse en una experiencia muy especial. Recorrer sus páginas bien diagramas e ilustradas es placentero y comparable a la experiencia de leer un "libro de verdad".

Una biblioteca informática muy sintonizada con los tiempos que vivimos. Una excelente respuesta al presunto dilema que opone internet y literatura, demostrando el enorme potencial de la alianza entre ambas potencias.

Es posible leer los libros, dejar comentarios y tener acceso a un blog muy interesante. Una iniciativa loable, crestiva y de ato valor. ¡Felicitaciones!

23 junio, 2008

Apocalipsis


El último conejo devora la última brizna de hierba mientras lo acecha el último ser humano.

10 mayo, 2008

Plaza de toros

El toro sale al ruedo con su ajustado traje de lentejuelas y la capa roja colgando de su pezuña derecha. El público lo aclama con una furibunda incondicionalidad. Del corral emerge el torero, desnudo como gusano, y echa a correr embravecido por la pista, seguido de cerca por los caballos de los banderilleros. Con las banderillas clavadas en los lomos ensangrentados, el furioso humano las emprende contra el toro, que espera, calcula, esquiva, provoca, insulta, una y otra vez. Al fin, sometido por el agotamiento, el hombre dirige una mirada de súplica al matador que se acerca, espada en pezuña, a cobrar la vida que le traerá fama. La plaza muge enfervorecida mientras el acero atraviesa el corazón vencido.



01 mayo, 2008

Puesta de sol


El elefante aposentó sus nalgas escuálidas sobre la frágil silla de playa, que crujió por efecto del brutal peso, más resistió con estoicismo aquella dura prueba. El proboscídeo resopló aliviado, barritó de felicidad y se relajó sobre la precaria lona verde. Su lomo curvo se adaptó fácilmente a la curva del asiento. Contempló el horizonte azul e interminable y recordó con precisión cada uno de los momentos de su larga vida en que había presenciado aquel espectáculo. Con tranquilidad paquidérmica entornó sus ojos mínimos; después se dedicó a despachar sucesivas dosis de vodka tónica. Por fin, borracho como cuba, prorrumpió a dormir despanzurrado sobre la silla. El sol de la tarde trajo tonalidades rojizas a su cuerpo gris y rugoso. Era hermoso verlo allí, majestuoso y ebrio, ante el sol incendiado muriendo en la distancia.

26 abril, 2008

Contorsionista


Se dobló hacia abajo en un ángulo imposible mientras al público se le cortaba la respiración. Su cabeza quedó adherida a la columna vertebral; sus brazos giraron como aspas a vertiginosa velocidad. Encogió las piernas para dar un salto y abrió una boca gigantesca para devorarse a sí misma. Desapareció. El público aplaudió a rabiar, desconcertado. Jamás regresó.

19 abril, 2008

Pecera


El pez rojo ha crecido en exceso. Como consecuencia, apenas cabe en su pecera y debe mantener parte de su escarlata cuerpo fuera del recipiente para no ahogarse. Con esta clase de acomodo pierde agua por salpicaduras y evaporación, y su supervivencia se hace cada vez más difícil. No puede evitar moverse, pues su epidermis corre riesgo de resecarse y sufrir daños severos. Sus ojos, por naturaleza grandes, ahora han adquirido un tamaño desmesurado debido al terror que progresivamente lo invade. Nadie sabe dónde se encuentra este pez rojo; sólo existe este relato.

13 abril, 2008

Autodestrucción



Está combatiendo contra sí mismo. Y va ganando.

08 abril, 2008

La habitación azul

Despierto en una habitación azul pastel, tapizada de cuadros de vivos colores. El cubrecamas es carmesí. Por una ventana entra el aire fresco del campo. Los objetos se ven levemente alargados, como en un cuadro del Greco o de Modigliani. Me incorporo y miro el piso de tablas resquebrajadas, donde se mezclan tonos de café y verde. Asomo la cabeza por la ventana y veo que es noche: inmensas estrellas como soles cuelgan del cielo. Me encuentro con el espejo. Unos ojos azules fulgurantes me contemplan bajo una cabellera roja y revuelta. El aire se revuelve en derredor, forma corrientes de color. Entonces comprendo quién soy. Tomo la navaja y corto mi oreja. La sangre brilla como mil soles furibundos y caigo entre lirios, girasoles y campos de trigo infinitos.

28 marzo, 2008

Paradojas de la Ingeniería Genética


Programo la última instrucción y el laboratorio robotizado comienza a ejecutar mis especificaciones. En la esfera se forma una espesa masa de neblina dentro de la cual se forma la criatura. Al rato saco al primer perro inteligente. Habla inglés, francés y alemán. Tiene una cultura universal vastísima, a la cual agrega niveles de Ph.D. en cinco áreas de conocimiento. Ciertas modificaciones le permiten hablar. Tiene un carácter dócil, humor genial y es leal a toda prueba. Salimos a caminar por la playa. Corre, juega con las olas, vuelve a mí, salta y me lame el rostro. Me recita en francés un poema de Prevért. Estoy feliz de haber diseñado a una hembra: comienzo a enamorarme. La bautizo Eva. Ella está de acuerdo.

16 marzo, 2008

Estética integral

Le quitaron las bolsas de los ojos. Le extrajeron la papada. Liposucciones por doquier. Un by-pass gástrico. Extirparon su apéndice y su vesícula. Un ciento de lunares, liposomas fueron cauterizados o extraídos. Forúnculos, puntos negros, espinillas, fuera. Redujeron su barriga y el tamaño de sus senos, recortaron el tejido fláccido de los antebrazos y los muslos. Reajustaron su cuello, retocaron sus orejas. Tras unos meses, desapareció en la clínica. Y no dejó huella.

05 marzo, 2008

Vudú


Fabricó varios muñequitos: una rubia como su madre, otro regordete como su padre, y otro más pequeño para su hermano.
Su madre la reprendió por regresar tarde del colegio y la encerró en su pieza para que hiciera deberes atrasados. Ella tomó la muñeca rubia y le clavó un alfiler en la cabeza. La madre tuvo una jaqueca atroz que la derrumbó.
Su hermano consiguió la llave de su pieza y entró a molestarla. Cuando logró expulsarlo, tomó su réplica y le clavó un alfiler en el estómago. Al hermano le vino una apendicitis fulminante.
El padre fue a su pieza para pedirle que los acompañara a la clínica, pero ella no quiso. El padre partió en su automóvil con los dos enfermos gimiendo. Ella los vio desde su ventana. Cuando perdió de vista el automóvil, fue a la cocina y puso a los tres muñecos en el horno de microondas. Cerró la puerta, apretó el botón y sentó a esperar.

08 febrero, 2008

Esperándolo


El hombre ama la libertad, escribe su nombre en las murallas de su ciudad (como Prévert), en hojas de papel pequeñas que deja caer luego desde sus manos, anda dibujándola en los rostros de quienes se atreven a escucharlo. Cuando su compañera no puede estar con él, lo espera inquieta en medio de la noche; acaricia a su hijo mientras duerme. El despierta a veces y pregunta por papá. Ella contesta ‑trabajando‑ y el niño vuelve a dormirse feliz. Mientras cierra los párpados, a los ojos de la madre asoman lágrimas que no la dejan dormir ni moverse del lado de su hijo. Sólo se tranquiliza cuando en la madrugada siente el juego de cerraduras, goznes, pasos acercándose, olor a transpiración, húmedo beso en la boca que la relaja, cuerpo que abraza con fuerza, dedos que la acarician. Así, muchas veces en el mes. Él le dice simplemente ‑volveré tarde esta noche‑ y ella comienza a sufrir por el temor de perderlo, pero no dice nada, pues eso es lo que más ama en él. Ahora lo espera con los dedos enredados en el cabello de su niño durmiendo, lucha contra el cansancio que la va venciendo, se va entregando a un sueño que se abre como un telón de pronto, donde hay cosas que no entiende, carreras, hombres que gesticulan y cuya voz no se escucha, ella desplazándose como cámara de televisión observando todo, en ese instante ve a su hombre cayendo, sin ruido, ametrallado, ve la camisa perforada de manchas rojas que van creciendo en tanto el hombre no deja de caer. Después está su hijo preguntando por papá, ella tratando de explicar, el niño gritando en la noche, el niño orinándose en la cama, el niño preguntando por papá, el niño con la misma risa del padre muerto, el niño con un volante que dice libertad en las manos, el niño tratando de saber lo que significa esa palabra, el niño tan igual a su padre creciendo y leyendo a Brecht y a Prévert, el niño convirtiéndose en un joven de barba rala que le dice ‑llegaré tarde, mamá‑ Entonces la puerta abriéndose la saca de su sueño, aunque no alcanza a abrir los ojos cuando ya unos labios que conoce la muerden, cuando unos brazos la levantan en vilo y la llevan a la cama de ambos, cuando esas mismas manos salpicadas de tinta o de pintura comienzan a desnudarla, a hacerla morir de felicidad y deseo, a olvidar ese sueño negro que va empequeñeciéndose y alejándose hasta desaparecer, hasta pensar en que todo está por delante, en qué tonta ha sido de pensar en esas cosas.

26 enero, 2008

El Maletín Literario: la etapa final



El Maletín Literario –controvertida iniciativa de fomento de la lectura del Gobierno, operada a través de la DIBAM- pasó a una nueva etapa que acerca el momento de su materialización. Así se continúa con un proceso que pone de relieve una decisión a ultranza, sin escuchar las voces críticas de actores relevantes y las propuestas alternativas al uso de los fondos asignados (once millones de dólares), por cierto inéditos para este tipo de iniciativas (en el Maletín se gastará más del doble de lo que el Consejo del Libro asigna en su concurso de proyectos a toda clase de iniciativas).

Más allá de que mantengo serias dudas acerca de la efectividad y eficiencia de la iniciativa y rechazo el criterio simplista que asevera que cualquier cosa que se haga por el fomento de la lectura será buena; mis primeras impresiones son éstas: se demuestra que el valor del libro depende del tamaño de la edición y se pone de relieve que estas licitaciones tienden a concentrar el efecto económico en escasos actores de la industria.

El precio unitario de los libros demuestra que es preciso buscar formas de impulsar la industria del libro hacia mayores tamaños de edición. La tecnología actual permite imprimir lotes económicos de 500 libros a los precios acostumbrados (5.000 a 7.000 $ para libros chilenos). Así ¿para qué producir, almacenar, distribuir más? Sin embargo, al crecer las economías de escala, los libros pueden reducir el precio a una quinta, incluso a una décima parte (ver los precios de la licitación). Al menos, aquí queda claro que el enemigo principal no son ni el IVA ni los piratas, sino los tirajes. Algunos han errado la puntería por muchos años.

Respecto de la concentración de la adjudicación en pocos operadores de gran tamaño, confiables, solventes, para garantizar la seriedad y viabilidad del proyecto, éste es el modus operandi habitual del Estado. Conlleva una profecía autocumplida: dejar fuera a los actores de la pequeña empresa, siempre desvalida más allá de los discursos gubernamentales abundantes de promesas, desprovista de medios de garantía y financiamiento para abordar grandes operaciones. Como ha ocurrido, la mayor parte de los pequeños empresarios del libro quedarán mirando el banquete de los peces mayores. ¿Dónde quedan entonces las palabras promisorias acerca del impulso a la micro y pequeña empresa, en este caso la editorial?

La controversia acerca del bullado maletín, para hacer memoria, estuvo centrada en diversos aspectos:

- La efectividad de la medida, es decir, que los libros fuesen leídos por los beneficiados y que les fuesen útiles
- La ausencia de un entorno o programa de intervención que asegure el impacto en cuanto a incentivo real de la lectura, sobre todo en estratos donde los hábitos de lectura son demostradamente débiles.
- El tono efectista y demagógico que rodea toda la idea, olor a populismo
- La selección de los textos incluidos (la verdad es que hay cientos de posibilidades buenas y que el valor depende del grupo de destinatarios). En todo caso, se está escogiendo por los beneficiados, sin consultarles a ellos.
-El costo involucrado respecto de los presupuestos históricos para este tipo de iniciativas
- La posibilidad alternativa de financiar centenares de iniciativas que han sido exitosas (por ejemplo los programas de Fundación La Fuente, INFOCAP de Un techo para Chile, Letras de Chile y otras)
-La posibilidad de que sea un dispendio fraudulento, malversación de fondos, u otras similares.

La iniciativa se llevará a cabo. De esto jamás he tenido dudas. Da para pensar, por cierto. No significa inmovilismo, ni crítica gratuita, ni desánimo. Los que hemos estado siempre en esto, en especial los escritores que hemos decidido actuar, hacer, comprometernos para promover la lectura y el libro desde hace muchos años, continuaremos en nuestro empeño.

Todavía esperamos –verbo ligado a la hermosa, tal vez ingenua expectativa que denominamos esperanza- que más allá de declaraciones vacías e iniciativas pomposas, se manifieste el respeto hacia el libro, la lectura, los escritores y todos los agentes ligados a este ciclo del cual dependen el crecimiento espiritual, cultural, material y en definitiva la auténtica libertad de un país.

Diego Muñoz Valenzuela

19 enero, 2008

La cosa de allá arriba

Yo sé que estás allí, dentro del ropero, puedo escuchar desde el primer piso tu respiración dificultosa, sentir como te revuelves inquieta, maldita criatura, siento los lamentos de la madera que se queja bajo tu peso. Si pudieras, saldrías de ahí – a veces lo haces – y bajarías la escalera haciendo crujir los escalones uno a uno con tus pies escamosos, verdes, llenos de algas igual que tu piel resbalosa, cubierta de légamo de quizás qué horrible lugar. Respiras más fuerte ahora, es casi un bramido, el ropero se estremece, bajo el volumen del televisor, pero inmediatamente viene un silencio más difícil de soportar que los ruidos de la película o tus movimientos allá arriba, parece que ese silencio durara más, tú saldrías de allí en todo tu esplendor, con toda tu maligni­dad, con tus ojos hambrientos y terribles, tus garras filosas, tus dientes de tiburón. Eso, podrías llegar al fin. A veces todo se reduce a esperarte, espero la noche para este duelo cotidiano. Yo sé que un día va a ocurrir. No sé cómo explicarlo: sólo lo sé. Bajarás con tus tentáculos, tus ventosas, tus brazos – lo que sean – dirigidos hacía mí y yo no podré moverme, me quedaré mirándote, paralizado, inmóvil, así como si fuera de piedra. Tal vez alcance a recordar algún párrafo de Lovecraft. Pero lo importante es que estarás acá, de este lado, y yo no podré moverme. Respiras, te mueves inquieta, maldita criatura. Te puedo ver casi, agazapada en la oscuridad, tus ojos brillando. A pesar del miedo, a veces me imagino qué ocurriría si tú bajases, qué ocurriría, qué ocurriría si entraran en ese momento mis padres, que están prontos a regresar, por eso creo que ya no bajarás, aunque a veces, a veces, casi es como si lo deseara.

13 enero, 2008

Ojo y espejo


El ojo había llegado. Estaba allí, en medio de la habitación. Enclavado en la pared arrojaba una mirada terrible y profunda que le hacía tintinear las terminaciones nerviosas. Esa mirada no lo dejaba olvidar lo que había que olvidar, ni recordar aquello que es imprescindible.


Pero ahí estaba, ensoñador, magnético, impasible. Enorme. Casi de su propio tamaño, con horribles sanguinolencias y venas enrojecidas, y la pupila dilatada. Se aterrorizó, golpeó el espejo hasta destruirlo y volvió con gran calma hacia su órbita.

03 enero, 2008

LUGARES SECRETOS comentado por Željka Lovrenčić

Diego Muñoz Valenzuela: Lugares secretos, Santiago, Mosquito editores, 1993., 177 pgs.

Por Željka Lovrenčić

La ficción y la realidad de Chile

Diego Muñoz Valenzuela nació en el año de 1956 en Constitución y es uno de los escritores contemporáneos más significante de Chile, uno de los pocos que en este país escribe obras de la ciencia ficción. Publicó dos novelas y sus cuentos han sido incluidos en más de treinta antologías ya traducidas a diferentes idiomas. Ha sido dos veces el ganador del premio “Las Mejores Obras Literarias” que otorga el Consejo Nacional Chileno para el Libro. Es el redactor de varias antologías del cuento chileno.

Pertenece a la generación de los años ochenta. La “generación que creyó que el cielo se tocaba con los dedos pero que a la vuelta de la esquina le quitaron la escalera” dice la periodista Faride Zerán. Esa generación saca del olvido los espíritus de la época de su juventud y en su obra usa el humor, escribe libremente y con cierta dosis de impertinencia.

Perdió sus amigos

Diego Muñoz proviene de la familia de escritores – su padre era un conocido escritor, y también escribían su madre y su abuelo materno. Él quiso ser diferente – decidió estudiar química e hizo la maestría de ciencias técnicas. Cuando ocurrió el golpe de estado en Chile, tenía 17 años. Por nostalgia y sufrimiento, porque en la época de la dictadura perdió muchos amigos queridos, empezó a escribir poesía. Dejó de escribirla en el año 1984 – entonces se dedica de manera total al cuento y edita la colección Nada ha terminado. En todas sus colecciones hay muchos cuentos con elementos biográficos – eso es evidente y en la colección Lugares secretos, publicada en Santiago en el año 1993. En ella, el lector tiene la posibilidad de conocer la variada y rica temática de ese excelente escritor: están presentados los mini-cuentos por los cuales Muñoz es conocido y fuera de las fronteras de su país, cuentos de ciencia - ficción y los cuentos que tratan el tema de la dictadura en Chile que son de gran sensibilidad.

Sus cuentos son de temas variados, algunos son descripciones realistas de la vida chilena. Podemos destacar el cuento “Cruzar la calle” en la cual el protagonista – empleado joven, de éxito y con perspectivas, que a menudo visita a su amigo en el manicomio, conoce a otros enfermos y al final piensa que le gustaría quedarse con ellos, lejos de la crueldad de la realidad.

La vida de los pobres

En el cuento “Aún te queda tu jardín” nos encontramos con el orgulloso viejo padre quien se quedó solo en Chile porque su esposa murió y su hijo decidió ir a vivir en los Estados Unidos donde se casó con una norteamericana y formó familia. El viejo vive en la pobreza cultivando su jardín.

El cuento “Bailarina de topless” describe, las dificultades de la vida en la capital chilena donde las muchachas jóvenes de familia pobre tienen que trabajar como bailarinas en topless bares para ganarse la vida. Un visitante ocasional de alta sociedad entra al bar y nace una simpatía, pero en eso se queda... Él al final se va a su mundo.

Diego Muñoz escribe con facilidad y de manera interesante en géneros diferentes que también contribuyen a su, cada vez más grande, popularidad entre los lectores.


Željka Lovrenčić, especialista croata en literatura latinoamericana y traductora con una amplia labor de difusión de obras narrativas y poética del español a croata (autores bolivianos, chilenos y de otros países), y del croata al español.

28 diciembre, 2007

Ciencia ficción en Latinoamérica (1).El estado de la cuestión

Por Guillermo Roz



No hay reseña periodística, ni análisis mas o menos actual del estado del género en Latinoamérica que no presente básicamente dos lados: uno el de la queja y la pena por el poco o nulo apoyo institucional y económico a la producción, y el otro el denodado esfuerzo de los escritores y editores para quienes la ciencia ficción es un arte dentro del arte, una literatura dentro de la literatura, casi una asociación con tintes de defensa deportiva.

En el lado de la queja los actores del panorama de la ciencia ficción reconocen en Internet el soporte «salvador» para la pervivencia y propagación de un modo literario, ya que las características socioeconómicas de una región del mundo castigada se mezclan o son el origen de ciertas reivindicaciones. Al respecto, podemos decir que los grupos de personas que se congregan para producir o discutir sobre el género (congresos, fanzines en papel, asociaciones de cultores o fans) empiezan y culminan sus proyectos en la creación de una página web, que será su medio de comunicación además de su eje vertebrador. Para comprobar esto no hay más que dar una vuelta por Internet, donde se comprobará cómo en Latinoamérica esa Babel digital representa un papel más destacado y protagónico en el muestreo de esta literatura que en otras zonas del planeta donde el apoyo económico puede solventar la edición en papel de, por ejemplo, autores de ficción noveles y ensayistas.

Por otro lado hay que destacar la iniciativa de estos grupos, la creatividad de sus proyectos y la mirada culta sobre un género definitivamente marginal, en cuanto a su difusión y comercialización en América latina. Los casos de Marcelo Cohen en Argentina (El oído absoluto, Donde yo no estaba), del peruano residente en Madrid Doménico Chiappe (Entrevista a Mailer Daemon) o del chileno Diego Muñoz Valenzuela (Flores para un cyborg) habla a las claras de que existe una calidad literaria indiscutible que se origina en Latinoamérica y que tiene como aporte decisivo y fundamental un giro hacia una ciencia ficción centrada en el intimismo psicológico, humanizador, un giro que relega el componente tecnológico al sitio de una mera cortina decorativa, a veces ridícula, a veces disparadora de la imagen de un futuro donde se comprueba a las claras que los problemas humanos, universales y atemporales, no los remienda ningún robot o máquina voladora.

Así, entre la angustia y la fe, entre la producción y los obstáculos económicos, un grupo de latinoamericanos sigue inventando una manera propia de ciencia ficción que constituye un corpus que debe ingresar si no al canon, sí al corpus de la literatura, en cuanto dialoga con una tradición y pone en evidencia procesos de apropiación de modelos y estéticas de otras literaturas.

http://cvc.cervantes.es/el_rinconete/anteriores/diciembre_07/14122007_01.asp
Viernes, 14 de diciembre de 2007

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23 diciembre, 2007

Espíritu navideño


El viejo pascuero estaba sobregirado. Se veía venir la catástrofe desde los años precedentes. Los chicos pedían más y más, sin límites. No fue posible revertir la tendencia. Los bancos hicieron efectivos sus procedimientos de recuperación y lo confiscaron todo: trineos, renos, regalos, enanos, hasta el traje del viejito, que quedó en calzoncillos en pleno polo. Luego vino la debacle: primero quebraron los fabricantes de juguetes, artículos electrónicos, ropa, CD, computadores, libros. Luego, por arrastre, los comercios gigantes y los bancos, y vino esta crisis terrible. Un analista sabiondo –de esos que explican las catástrofes cuando ya han ocurrido- ha dicho que el origen de la debacle estuvo en la codicia de los bancos, en su carencia de espíritu navideño.

12 diciembre, 2007

El trencito

Cuando sus padres le regalaron el tren eléctrico le brillaron los ojitos, apareció una sonrisa más larga en sus labios, daba saltos de felicidad. El tren subía y bajaba unas lomas, atravesaba desvíos, puentes, pequeñas estaciones.

Fue muy grande el precio de este tren; tendrás que cuidarlo mucho. Sólo podrás armarlo en ocasiones especiales. Esto le advirtió el padre.

Entonces ya no vio tan hermoso el ferrocarril en miniatura. Sin embargo, para sus cumpleaños y para navidad ensamblaba las piezas religiosamente, como si fuera un rito. Así hasta que cumplió doce años. El juguete quedó por allí, impecablemente almacenado en su caja con palabras en inglés. Mucho tiempo después, cuando el hijo ya tenía su propia familia y no visitaba más que una o dos veces al año a sus viejos padres (para ocasiones especiales), la anciana encontró el trencito. Estaba como recién salido de la juguetería.

- ¡Viejo, ven!‑ llamó al padre que acudió rengueando‑. Mira el tren del niño, lo encontré recién. Mira, está casi nuevo.

‑ Bueno, yo y tú le enseñamos a cuidarlo. Por eso está como nuevo.

‑ Lo echo de menos a veces, sería bueno que nos visitara más seguido.

Se quedaron silenciosos. La anciana se arrodilló en el piso y se dispuso a montar las líneas férreas. El padre dudó un instante antes de hacer lo mismo.

Ahora el tren está en funciones la mayor parte del tiempo. Los viejos lo echan a caminar y el tren recorre la llanura, los puentes, los pequeños poblados.

‑ ¡Qué suerte que el niño lo haya cuidado tan bien!‑ repite alguno de los dos, de vez en cuando.

Y sueltan algunas risitas de felicidad, brincan de alegría. En ciertas oportunidades alguna lágrima les torna borrosa la visión. ‑Será la edad ‑ dicen ‑qué otra cosa, si somos tan felices.

01 diciembre, 2007

Necrofilia 1


La doctora se acercó libidinosa a la mesa de disecciones del Instituto Anatómico Forense. Voluptuosamente se desprendió de su delantal y quedó desnuda, hermosa y palpitante frente al cuerpo que descansaba sobre la mesa, cubierto con una sábana amarillenta. Verificó la etiqueta que colgaba de una de las manos exánimes y asintió satisfecha. Arrancó la manta y descubrió el cuerpo también desnudo del cadáver, provisto de un enorme sexo erecto. Lo bañó con vaselina y saltó sobre él con salvajismo. El olor a formol la excitaba cada vez más. Gemía como un animal embravecido. Junto con el feroz orgasmo, él regresó a la vida y clavó sus colmillos en la yugular de la legista. Y murieron y vivieron felices para siempre.

25 noviembre, 2007

Mutatis mutandi


La chica se empeñó en cambiar su nariz: quería una más pequeña y respingada. Sus abnegados padres se lo concedieron. Hay que decir que antes ella se había teñido el pelo de rojo e insertado siete piercing en aquellas escasas partes de su cuerpo todavía no cubiertas por un tatuaje. Tras sucesivas pataletas convenció a sus progenitores para realizar nuevos cambios. Se agrandó los senos, aplanó su barriga, estilizó sus piernas y afirmó sus nalgas. Y muchas otras cirugías. Dos años después poco quedaba de ella misma. Sufrió una crisis identitaria que agravó su bulimia y la depresión endógena que la afectaban. Desesperada, se arrojó desde la terraza de un edificio. Nadie reconoció sus restos.

18 noviembre, 2007

Necrofilia, 2

Ocioso, desesperado por la carencia de trabajo, vago por la ciudad. Entro en una capilla donde se advierte mucha actividad. Cuando la veo dentro del ataúd, infinitamente tranquila, sumisa ante la muerte, con una leve sonrisa de satisfacción dibujada en los labios algo pálidos, comprendo que me he enamorado perdidamente. Es la mujer perfecta para mí: jamás me reprochará, carente de caprichos, se someterá a mis designios sin objeciones perversas. Me acerco a los deudos con tranco lento, calculado. Primero abrazo a la madre, que llora sobre mi hombro sin consuelo; luego a su devastado progenitor, a sus hermanos y hermanas que no hallan consuelo. Me siento en las bancas que rodean el catafalco y simulo rezar con los ojos entrecerrados. Sigo el ritmo de las expertas ancianas que recitan letanías milenarias en un circuito sin fin.

La hora pasa y los deudos van menguando con velocidad creciente. Cada media hora me incorporo para observarla. Su belleza serena me conmueve y me excita. En la ventana alcanza a vislumbrarse el nacimiento de sus pechos soberbios. Las fotografías que descansan entre las guirnaldas atestiguan su hermosura arrobadora. El amor y el deseo crecen en mi interior como bestias incontenibles. Por fin se retiran los padres, arrastrando los pies, antes de despedirse me advierten que la capilla cerrará en unos minutos. Me desean conformidad. Les digo que me quedaré orando esos minutos. Quedo solo. Me oculto bajo el ataúd, atrincherado entre guirnaldas. Viene un ominoso silencio que interrumpe el sacristán, que entra al recinto y cierra la puerta con candado. Siento su respiración acezante, la brutalidad con que levanta la tapa de la urna. Desnudo se encarama sobre el cajón gimiendo palabras de amor, le arranca las vestiduras a tirones y lanza terribles imprecaciones. Entonces salgo de mi escondite y le propino a la bestia el golpe mortal con un candelabro. Lo aparto con repugnancia y tomo su lugar. Le hablo en susurros, la voy besando en toda su magnífica desnudez, seduciéndola con amor infinito. Toda una noche hay por delante. Después vendrán el duelo, la nostalgia, el amor eterno.

03 noviembre, 2007

Literatura y desarrollo; ponencia para Primer Foro por el Fomento del Libro


Ponencia presentada en I Foro por el Fomento del Libro: San Felipe Ciudad que Lee, Octubre 2007

Literatura y desarrollo


Me cuenta un querido amigo, gran lector que aprecia la literatura chilena (y que sabe que este tiene sus raíces muy atrás en el tiempo, es decir, que no es una novedad, como algunos creen o quieren hacernos creer) que supo acerca de la existencia de un libro titulado “Nosotros somos del tamaño de nuestros sueños”. La idea es inquietante, por cierto, e iniciamos la búsqueda con grandes expectativas que espero sinceramente no sean frustradas por un texto chabacano tipo auto ayuda. Sin embargo ya el mero título gatilló en mí una tormenta de conexiones que me ayudó a ver viejos asuntos de una manera distinta, aunque el diagnóstico sea el mismo.

No me caben dudas acerca de la veracidad de esta afirmación, en toda la dimensión maravillosa y terrible de su significado. Sostengo, más sobre la base de la experiencia que desde la teoría, que literatura y lenguaje están íntima y sólidamente relacionados. El mayor conocimiento de la literatura, la lectura literaria entendida como actividad permanente desde la edad más temprana (incluso antes de que los niños aprendan a leer), lleva al desarrollo del lenguaje. Y el lenguaje constituye la base del pensamiento humano; se dice que hemos llegado a ser, para bien o para mal, la especie dominante del planeta gracias a nuestra capacidad de comunicarnos, es decir, gracias al lenguaje. No es que seamos eximios maestros en el arte de la comunicación, la historia está sembrada de contraejemplos, pero es gracias al lenguaje que estamos donde estamos.

¿Y sin casi nadie lee, como señalan tanto las encuestas como los resultados del fracasado esquema de educación municipalizada, qué pasará con la calidad de nuestro ya degradado lenguaje? Es vergonzoso contemplar, con impotencia y rabia contenida, la pobre manera de expresarse de muchos periodistas y hombres públicos, no poco connotados dirigentes políticos, empresarios y representantes de la ciudadanía: devorados por las muletillas y la miseria lingüística. Si el lenguaje es magro, las ideas también lo son.

Se ha dicho en algunos estudios que el promedio de palabras que usa un chileno es de 600. Esto no sólo indica un empobrecimiento en la capacidad media de expresión, sino que se correlaciona con una falta de comprensión del mundo que nos rodea, incluso con la imposibilidad de hacer ciertas distinciones, de darse cuenta de la existencia de algunos fenómenos o situaciones en curso que pueden estar afectándolos en forma tan seria como negativa. Esta es la verdadera gravedad del asunto.

Entre cognición y lenguaje existe una relación directa: nombramos a las cosas que nos interesan, aquellas con las cuales trabajamos en forma más directa, ya sean concretas o abstractas. Si no tenemos un nombre para algo, es porque no nos interesa, porque no nos sirve para nada, sin que esto conlleve un sesgo peyorativo, porque el criterio de servicio puede enfocarse en un amplio rango: desde lo más pragmático y material, hasta las abstracciones más puras.

¿Así que clase de sueños podemos tener? ¿Sueños de riqueza, gloria, poder, como aquellas efigies de los comerciales de la televisión? ¿Hombres y mujeres jóvenes, bellos, disfrutando de la vida en un yate que navega en aguas tropicales? ¿Un vaquero que galopa por la inmensa estepa con un cigarrillo en los labios, sin saber que corre hacia la muerte? Hablamos de sueños individuales, pero ¿qué pasa con los sueños colectivos, los sueños de país? ¿Qué pasa con los sueños de justicia y desarrollo? ¿Cómo podemos soñar si no leemos los sueños más enormes de la humanidad que la historia recoge en forma de literatura?

Me resulta difícil creer que un niño que no lea (y que entienda lo que lee, y lo disfrute) puede ser protagonista de los sueños. ¿Podrá ser un emprendedor si no domina el arte de soñar que los libros de ficción infunden? ¿Podrá entender y amar a los demás si no conoce nuestra historia, siquiera nuestra historia más reciente? ¿Podrá comprender la importancia capital de valores como la libertad, la solidaridad y la justicia sin buscarlos denodadamente en las mejores páginas de la literatura mundial? ¿O tendrá que conformarse con las misérrimas y antojadizas versiones con que suelen ametrallarnos desde los medios de comunicación?

¿Qué les preocupa hoy a los escritores?

A priori esta es una pregunta imposible de responder de forma única en la actualidad. Hay múltiples y muchas veces extrañas respuestas que son expresión de una crisis. Las preocupaciones más llamativas van desde la crisis del medio oriente hasta el uso malévolo de dineros institucionales, del discernimiento de los fondos estatales de la cultura (normalmente reclamando porque se aprobó el proyecto de algún ente indigno en vez del propio) hasta la discusión de los fallos en concursos literarios. La verdad es que ninguna de estas temáticas parece atractiva, ni menos aún constructiva. Buena razón para proponer otros asuntos más relevantes.

La política subsidiaria del estado en materia de cultura se basa en un concepto que hace crisis día tras día: los concursos de proyectos. Amén de las “fiestas culturales”, florilegio de zancos, colombinas y batucadas, poco más puede evidenciarse después de algunos años de existencia de un Ministerio del ramo.

Los concursos de proyectos no dejan construir una política cultural sólida y continua, puesto que los criterios de los jurados del Fondo del Libro son cambiantes (en un espectro impresionantemente amplio), heterogéneos (casi esquizofrénicos al comparar año por año los criterios aplicados). En este escenario, el quehacer de instituciones culturales como Letras de Chile –cuyo quehacer y aporte en diversos ámbitos está absolutamente acreditado- está abandonado al arbitrio de esta variabilidad oscilante y contradictoria de juicios. Poco puede esperarse en la empresa privada y menos todavía de los escuálidos bolsillos de aquellos escritores que a pesar de todo sostenemos un quehacer independiente.

Carecemos en consecuencia de una política de claras prioridades y objetivos, que permita dar continuidad a ciertos esfuerzos e iniciar iniciativas que urgen… ¿Cómo cuáles dirá usted? Veamos algunas:

· Financiar en forma masiva y decidida la visita regular de escritores a escuelas básicas y liceos para fomentar la lectura directamente (en nuestra experiencia el contacto de los alumnos con escritores es altamente efectiva para despertar el interés por la literatura, lo cual coincide con experiencia comparada en Argentina, Brasil y México)
· Financiar en forma permanente medios electrónicos de difusión literaria que tienen una audiencia numerosa y que buscan innovar continuamente (por ejemplo, http://www.letrasdechile.cl/ tiene más de 6.000 visitas diarias)
· Promover la traducción y publicación de obras de autores chilenos en el extranjero a través de un mecanismo a crear. ¿No sería esta una exportación no tradicional de alto valor agregado?
· Buscar un mecanismo para estimular la instalación de nuevas librerías (es preocupante que no lleguemos a sumar 100 puntos de venta de libros en todo Chile; hay comunas y ciudades sin librerías ¡qué vergüenza!). Por ejemplo podrían comprarse libros a través de las pequeñas librerías, he ahí un mecanismo de subsidio.
· Otro nudo o cuello de botella: la distribución nacional de libros, sobre todos aquellos autoeditados o publicados por las editoriales nacionales que deben competir contra los gigantes transnacionales en condiciones bastante adversas). ¿No podría intervenir el estado en esta material para regular tanto el acceso a la cultura como la competitividad del mercado?
· La empresa Correos de Chile podría aplicar una tarifa que fomente el envío de libros e impresos (que hoy resulta más caro que cualquier carta o encomienda, o sea se castiga el envío de un libro como difusión o regalo, o incluso originales para un concurso)

La política de concursos del Consejo del Libro permite por ejemplo que se adjudiquen recursos instituciones estatales para proyectos de infraestructura que debieran financiarse con presupuestos locales. El máximo ejemplo es el concurso de adquisiciones de libros ¿Por qué de una vez por todas no se incrementa el poder de compra de la DIBAM y se centraliza allí esta función?

Se podrá alegar que los recursos son menguados, pero es preciso recordar que la Ley del Libro se hizo sobre la idea de que el IVA de los libros (ya que no se podía eliminar por un impedimento relacionado con las paradigmas económicos vigentes), se reinvirtiera completamente en el sector.

Ciertamente no es el monto del presupuesto lo que solucionará esta problemática sino que las nuevas e inteligentes y estructuradas políticas (orientadas por una visión nuclear) que se definan y el criterio con que se apliquen. Pienso que los mecanismos de operación del Consejo del Libro debieran repensarse, desde su propia integración (lo mismo debiera hacerse con el Premio Nacional de Literatura) y mecanismos de selección de jurados y evaluadores. Pero todo esto requiere, primero, la definición de una política cultural que oriente los esfuerzos, defina prioridades, dé estabilidad al quehacer literario en toda su cadena y se centre en las tareas prioritarias más allá de la mera resolución de concursos de asignación de fondos.


Diego Muñoz Valenzuela

 
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