29 agosto, 2009

Cinco buenos libros para leer


Respondiendo a una invitación del escritor argentino Eduardo Berti un tiempo atrás, se demuestra demuestra que nada es imposible, ni siquiera lo irrealizable. Escoger cinco libros de ficción implica dejar fuera muchas maravillas, haciendo un acto de exclusión fenomenal, pero vamos… se puede, aunque me arrepienta más tarde. En todo caso, he escogido libros que me produjeron un gran desconcierto desde las primeras páginas.

LAS MIL Y UNA NOCHES. Cuando empezaba recién a navegar aguas afuera de la infancia, llegó a mis manos temblorosas una buena edición – quiero decir una exenta de pacatería- caí embelesado ante sus encantos, embrujado por la fábula de un mundo donde convivían magos, princesas de formas opulentas, ogros brutales, aves gigantescas y demonios carniceros, héroes indomables y hermosos. Soñé dormido y despierto – perturbado por esta lectura prohibida - con Scherazade narrando la trama interminable a Schahriar, domeñando su sed de sangre, derrotando su convicción sangrienta de desposar cada noche una mujer que no veía la luz del amanecer siguiente, para vengar la afrenta de una infidelidad pasada, pero vigente. Me prosterné ante ese libro donde la sensualidad emergía a cada paso, en una mezcla extraña de realidad y fantasía, magia y materialidad, lucha por la supervivencia y goce carnal.

EL LLANO EN LLAMAS. Entre la pléyade escritores latinoamericanos a los cuales rindo culto y releo continuamente por devoción, por simple placer y con ansias de continuar aprendiendo de ellos, está Rulfo en primer lugar, por esa maestría invisible para construir mundos complejos con una simplicidad que alcanza el punto del agobio. Aquella síntesis entre lenguaje culto y popular, entre tradición y novedad, entre fina y compleja poesía y narrativa, cruel, descarnada.
¿Cómo dejar fuera a Julio Cortázar de esta nómina? Imposible, ahora escoger un título, es tarea también compleja. Pero escojo HISTORIAS DE CRONOPIOS Y FAMAS, porque me pareció un compendio maravilloso de realidad y fantasía; pocas veces se encuentra una conjunción tan perfecta, y la exhibición de un humor tan juguetón, de apariencia tan inofensiva y tan letal efectividad. La tipología humana allí descrita me tuvo obsesionado mucho tiempo, clasificando a éste o aquélla en las categorías de fama, esperanza o cronopio. Todavía suelo jugar con placer esa clase de juego taxonómico.

CRÓNICAS MARCIANAS. Tenía que incluir un libro de ciencia ficción, aunque se distancie muchísimo del estándar del género. Es una colección de relatos asombrosos, impregnados de poesía y significados profundos, plenos de fantasía y no obstante tan asentados en la realidad, por momentos incluso ácidos, mordaces. La construcción del texto es deliciosa debido al fino trabajo con el lenguaje y las imágenes, pero las tramas son potentes, asombrosas, al igual que el trazado de los personajes y una fantasmagoría que impregna todo. Este libro de Ray Bradbury es una alegoría de nuestra realidad, más que un acto de imaginación fantasiosa del futuro.

EL CLUB DE LOS PARRICIDAS. Ambrose Bierce fue un descubrimiento extraordinario, de aquellos que se hacen a los quince años en un mesón de ofertas de una biblioteca de liquidaciones, contra todas las probabilidades. Podría haber puesto otro título de Bierce, como EL DICCIONARIO DEL DIABLO, una pieza notable de lucidez, ironía y ácida visión del mundo, pero EL CLUB DE LOS PARRICIDAS es –desde el propio título- una bofetada brutal de sarcasmo cargada de humor negro que no tiene equivalente.

27 agosto, 2009

Lectura de Chilenos en Resistencia, Argentina, 2006








Ahora que se cumplen 3 años de la presencia amplia de escritores chilenos en el Chaco con ocasión del XI Foro Internacional por el Fomento a la Lectura que organiza año a año la Fundación Mempo Giardinelli. De izquierda a derecha los escritores: Cristián Cottet. Miguel de Loyola, Lilian Elphick, Virginia Vidal, Jaime Valdivieso, Diego Muñoz Valenzuela. Fernando Jerez, José Osorio. Alejandra Basualto, Pía Barros y Max Valdés.


26 agosto, 2009

Circo pobre 2



El trapecista pasa corriendo bajo los rociadores, se seca vigorosamente y se calza la malla de hombre de fuerza. Tras los aplausos regresa sudoroso para ducharse, secarse y disfrazarse de payaso. Unos minutos después repite entre carcajadas el mismo trayecto para vestirse de mago. Atrona la masa cuando retorna para ponerse el uniforme de domador y regresa de inmediato para meterse dentro del traje de león, ruge terriblemente en la arena y vuelve para convertirse en malabarista, y sigue corriendo para….

25 agosto, 2009

Circo pobre 1


El payaso secó su transpiración con la toalla húmeda. Con mínimos y calculados movimientos se desprendió del traje colorido. Borró el maquillaje de su rostro sumergiendo la cabeza en una cubeta de agua espumosa, restregándose con sus manos diestras. Se colocó el atavío de trapecista eximio, se peinó a la gomina y se calzó las zapatillas plateadas. Tomó de la mano a la irreconocible mujer barbuda y salió con ella corriendo al escenario. El delirante público los esperaba ansiosos y estalló en aplausos al ver a las estrellas del show. La mujer voladora le guiña un ojo y le susurra al oído “a ver si llegamos con energía al número de acrobacia”. “Eso si no te corto en dos para el número de magia”, le contesta el trapecista excelso haciendo brillar sus lentejuelas.

23 agosto, 2009

NADA HA TERMINADO on line


http://www.letrasdechile.cl/mambo/images/diego_munoz_v.pdf

Aquí está mi primer libro publicado (1984) en cuanto se levantó la censura previa por Ediciones de Obsidiana. Letras de Chile lo tiene entre su oferta de libros on line. Lo pongo a disposición de ustedes. La edición era de tamaño pequeño, con una portada rojo intenso, y salieron sólo 300 ejemplares. Hubo otra edición igual en portada blanca.

Flores para un cyborg en España


22 agosto, 2009

VIDEO: de monstruos y bellezas

http://www.youtube.com/watch?v=ZW1beadSff8

En el contexto del proyecto ARTESANOS DE LA PALABRA

Clones 2


Le pedí que me reemplazara en la fiesta de cumpleaños del jefe. Por suerte tiene buena voluntad y aceptó con entusiasmo. Tiene mi aspecto, sabe todo acerca de mí. Como viene a ser el equivalente de un recién nacido, se interesa por los detalles de mi vida. En cambio a mí estos compromisos me fastidian horriblemente. Se entiende: ahora tiene una existencia de verdad, no una teórica, de libro, por decirlo de alguna forma. Va a hacerlo bien y me va a dejar mejor.
Que tenga cuidado con la perra esposa de mi jefe, le advertí. Que no se atrapar por la ninfomaniaca, por más que le ruegue. Que cuente mis mejores chistes, coma y beba cual cosaco, y se retire ebrio y feliz, adorado por todos. Debe estar ahí, disfrutando de mi vida.
Mañana lo enviaré al trabajo bien temprano. De vuelta pasará por el supermercado. Yo me quedaré leyendo, soñando con otras vidas. Añorando ser el clon de otro.

08 agosto, 2009

El Chupacabras

Me queda mirando con sus malignos ojos de bestia y sus mandíbulas recargadas de aguzados dientes. Sus garras pueden destripar a un hombre de un solo zarpazo. Tiene un metro de estatura y su contextura es delgada, nervuda, ágil. Poco puede hacerme a mí, sin embargo. Salto sobre él antes que pueda advertirlo y le secciono el cuello de una sola dentellada. Su sangre es espesa, cálida, sabrosa; me reconforta. Lo succiono hasta convertirlo en un pellejo fofo que arrojo a la caja de los monstruos desechables.

01 agosto, 2009

Gótica mórbida


Parecía un auténtico camión enchulado con cien adornos: piercings y argollas por doquier, aros múltiples, pendientes, puntudas muñequeras de metal, labios y ojos pintados de negro, cejas delineadas y cutis albo. La tenida de cuero alabastro era monumental: podía cobijar a un circo completo y su público. Caminaba con una curiosa volatilidad, como si el peso monstruoso la alivianara en vez de apegarla más a la madre tierra.
Se cruzó con un punk de cabellera multicolor con doble cresta. El tipo la miró divertido, como se observa a un fenómeno de feria, y soltó una risita demoníaca. Esto exasperó a la gótica mórbida, y sin más le propinó una feroz cachetada que lo hizo volar. En el aterrizaje, su arquitectónico montaje capilar se resquebrajó. Quedó allí tirado, inconsciente. La gorda escupió sobre él y continuó su camino balanceándose cual paquidermo.
Ahora se encontró conmigo. Me examinó con cara de “y tú vas a reírte también”. Le sonreí amistosamente y me invitó a una cerveza. Yo pedí una garza. Ella un schop negro de un litro; para empezar, aclaró. Le consulté por qué adhería a la tribu de los góticos. “Quise parecer grotesca en esta sociedad hipócrita”. Iba a preguntarle si su engordamiento fue previo o posterior a esta decisión; me sentí en peligro. Quizás no fue suficiente con ser gótica y se puso a comer con desenfreno. O era mórbida desde siempre y no se consideraba caricaturesca. Opté por la primera opción, sin evidencias. Gótica mórbida. Era más distinguida esta alternativa. Me daba igual, con ella me sentía muy seguro.

26 julio, 2009

Burocracia 1


Ingreso a la oficina con esperanzas, pero la desazón se apodera de mi ánimo cuando reparo en la atiborrada sala de espera. Analizo el entorno, descubro el dispensador de números y arranco el ticket con un germen de rabia. Me siento y el espectro de la burocracia se carga en mi espalda. En mi imaginación me hundo en un infierno de abandono e indefensión. Transcurre el tiempo con su habitual indiferencia por nuestro estado, y el panel electrónico no se ilumina con el anuncio del turno siguiente. La masa de personas que aguarda se remueve sobre las sillas de acrílico, mas conforme la hora avanza, va aletargándose, hasta que vienen la noche, el sueño y caen, una a una, las cabezas vencidas por el agotamiento.

19 julio, 2009

Asunto de nombres


Don Eustorgio Zavarovsky jamás logró que una persona entendiera su nombre a la primera, mucho menos que lo escribiera bien. Su vida se tornó una suerte de diáspora con cada una de aquellas identidades alternativas. Algunas denominaciones le parecieron elegantes y distinguidas, incluso aristocráticas; otras rudas, vulgares, casi coprolálicas. Poco a poco fue extraviándose en aquel laberinto de posibilidades y se fue convirtiendo en una confederación de personalidades unida apenas por un origen remoto e inalcanzable.

11 julio, 2009

Acerca de premios


Escribió un microcuento maravilloso y obtuvo un premio ínfimo.

05 julio, 2009

Diva


Su vanidad había sobrepasado cualquier nivel imaginable. Víctima de una esquizofrenia múltiple, no sólo actuaba para sí misma, sino que -convertida en público- se aclamaba con fervor.

27 junio, 2009

Álbum 2



A Héctor Garay y Remigio Muga

Todas en blanco y negro. En la clínica entre los brazos de su madre dichosa. A los dos años su padre lo levanta hacia el cielo y él exhibe una sonrisa perfecta de querubín. Montado en un caballo con sombrero y manta, un poco serio. Con uniforme de colegio y corbata bien anudada. Adolescente, chascón, con jeans pata de elefante y anteojos John Lennon. En los trabajos voluntarios, abrazado con una muchacha de cabellera crespa; ambos se ríen a carcajadas. En su pieza, leyendo un libro con un póster del Ché atrás. En una fiesta familiar, taciturno, como si estuviera preocupado. Por algo. En la pancarta que porta su madre triste, silencioso, ausente. Mirándonos.

21 junio, 2009

Canibalismo 1


El caníbal desarrolló un narcisismo exacerbado. Acabó devorándose a sí mismo.

13 junio, 2009

Hombre gordo 1


El tipo había engordado tanto que ya no cabía por la puerta. Mediante su laptop solicitaba alimento y manejaba sus inversiones. Afortunadamente no necesitaba trabajar, así que tampoco necesitaba salir. Por otra parte, no habría podido hacerlo: sus piernas eran incapaces de sostener aquel peso desproporcionado. Era un cetáceo varado en una cama gigante, provisto de pequeñas extremidades fofas con las cuales escribía las instrucciones en el teclado. Obtenía todo lo necesario gracias a Internet. Era un enorme molusco rosado buscando satisfacción en la red virtual. Los proveedores dejaron de acudir a su casa, pues el alimento –de variadas clases, incluido el alcohol- se cargaba en receptáculos conectados a tuberías a solicitud del solitario e invisible comprador. Antes de cerrar para siempre su puerta, conectó sus puntos sensibles a robots de estimulación sexual. Se las arregló con el hampa para instalar dispensadores de droga. Finalmente la casa estalló, nadie sabe la causa. Los alrededores eran un asco, cubiertos de grasa, sangre y restos de órganos, tendones y huesos. Pudo ser resultado de un crecimiento grotesco del cuerpo; o una explosión de placer ilimitado; o una simple indigestión.
Pronto se sabrá: tiene seguidores y algunos de ellos se financian mediante contratos con canales de televisión que transmiten segundo tras segundo -como contraprestación y en virtud de un nítido contrato- el desarrollo de los acontecimientos. Algún científico aprovechará esa información, estoy seguro.

06 junio, 2009

Conserva fatídica


Abrió con parsimonia la conserva de duraznos a pesar del apetito voraz que lo dominaba. Al doblar la lámina redonda de hojalata, vio un ojo que lo observaba fijamente, con una insolente expresión de curiosidad. El primer impulso fue arrojar lejos el tarro, pero muy a tiempo el ojo parpadeó con coquetería. Se contuvo y quedó mirándolo, hechizado. Era un ojo bello, glauco, límpido, dócil, dulce. Se enamoró de él. Imaginó que pertenecía a una admirable princesa víctima de alguna bruja. Arrancó uno de sus ojos e insertó el hallazgo en la cuenca vacía; dejó de sangrar por milagro. Vio el mundo de una manera distinta. Devoró los duraznos y tiró a la basura la lata. Abrió otra. Allí estaba el ojo, esperando.

24 mayo, 2009

La cigarra y la hormiga

La cigarra provenía de una familia aristocrática y la hormiga –como las de su especie- era sierva de la gleba. La cigarra se permitía toda clase de diversión y abusaba del alcohol, la comida y el sexo. En sus raros momentos libres, la hormiga –por lo demás talentosa- aprendió a tocar el laúd y a improvisar en décima espinela. Vistas aquellas dotes juglarescas, la cigarra se dio maña para que la hormiga amenizara sus veladas bohemias. Cobró fama y ciertas prebendas para cultivar su arte el esclavizado himenóptero. En total secreto escribió algunas esperanzadoras piezas narrativas inspiradas por su deseo de justicia; entre ellas figura la conocida fábula que usted habrá recordado. Por cierto, la presente historia carece de moraleja.

17 mayo, 2009

Demonios vagos 1


Era un demonio tan pequeño como horrible. Lo encontré vagabundeando entre mis libros, de modo que me sentí autorizado para atraparlo y meterlo en un frasco. Emitió un espantoso hedor a azufre: saltó, bramó, expelió fuego por su pequeña y perversa boca. Me divertí contemplándolo: en verdad era un demonio muy temible, sólo que demasiado pequeño. Enfureció hasta el paroxismo cuando le anuncié que iba a convertirlo en amuleto. Estrellaba su menudo cuerpo escarlata contra las paredes transparentes con empecinamiento notable. Terminó por quedar extenuado. Después de varias semanas, luce más tranquilo. Quizás resignado. Insiste mediante señas en que desatornille la tapa del frasco, pero no. Desconfío de él. Suelto, no hay demonio manso; eso decía mi abuela.

10 mayo, 2009

Paradojas de la Ingeniería Genética


Programo la última instrucción y el laboratorio robotizado comienza a ejecutar mis especificaciones. En la esfera condensa una espesa masa de neblina en cuyo núcleo se forma la criatura. Unas horas después extraigo al primer perro inteligente. Habla inglés, francés y alemán. Posee una cultura universal vastísima, incluyendo niveles de Ph.D. en cinco áreas de conocimiento. Ciertas modificaciones le permiten hablar. Tiene un carácter dócil, humor genial y es leal a toda prueba. Salimos a caminar por la playa. Corre, juega con las olas, vuelve a mí, salta y lame mi rostro. Me recita en francés un poema de Prevért. Estoy feliz de haber diseñado a una hembra: comienzo a enamorarme. La bautizo Eva. Ella está de acuerdo.

03 mayo, 2009

FLORES PARA UN CYBORG, por Pepe Cervera


http://latormentaenunvaso.blogspot.com/2009/02/flores-para-un-cyborg-diego-munoz.html

martes, febrero 10, 2009
Flores para un cyborg, Diego Muñoz Valenzuela
EDA, Madrid, 2008. 196 pp. 14.25 €

En Flores para un cyborg, uno de los seis libros que hasta la fecha ha publicado su autor, Diego Muñoz Valenzuela, (Chile, 1956), se cuenta la historia de un científico experto en robótica, Rubén Arancibia, que después de pasar varios años exiliado regresa a su país, Chile, acompañado de Tom, cyborg que ha construido a su imagen y semejanza. A tal extremo llega el parecido de la máquina con el aspecto de su creador, que es capaz de pasar por éste en «reuniones sociales, cócteles, conferencias, almuerzos, partidos de béisbol y a más de un seminario inútil», incluso llega a superarlo en cuanto a relaciones sociales, ya que el androide aprende rápido a lucir un encanto del que Arancibia carece.Pese a haberse convertido en un país democrático, en el Chile que el protagonista se encuentra permanecen latentes los vicios de la anterior dictadura. Los antiguos torturadores están ahora al mando de negocios excesivamente conectados con el actual gobierno; aquellos que administraban el país continúan manejando ahora excesiva información que les permite mantener un estatus privilegiado con la connivencia de jueces y políticos. La corrupción está en el orden del día. Rubén Arancibia y un viejo amigo, activista opositor al régimen, Ricardo Bell, se plantean darle al Perro Torres, torturador y asesino, una píldora idéntica a las que él administraba.

«— ¿Dárselas a ese hijo de puta? ¡Claro! Pero es muy difícil. Ningún tribunal lo condenaría. No conseguiríamos nada con esos magistrados corruptos o, en el mejor de los casos, inertes.—No hablo de tribunales, hablo de justicia. Dejar seca a esa alimaña.»Lo que a priori parece una empresa etérea y descabellada toma cuerpo rápidamente y se transforma en una idea palpable gracias a la implicación del hombre de acero, cuyos principios y reglas morales coinciden con los que rigen el comportamiento de su creador. El cyborg se convierte en el instrumento con que su hacedor llevará a cabo la revancha. Se desata una oleada de violencia para resarcir el daño que les fue causado. El argumento que trabaja el autor posee por sí mismo una importante carga de tragedia, sin embargo Diego Muñoz Valenzuela va salpicando su prosa con las dosis justas de humor para desdramatizar el punto de vista del lector, quien no puede evitar la reflexión pero tampoco dejar escapar una sonrisa —como la que provoca la obsesión del cyborg por conseguir un apéndice viril que le permita mantener relaciones sexuales con mujeres de carne y hueso. Tom adquiere sensibilidad y capacidades humanas; sorprendentemente la máquina desarrolla cierta facultad de sentir, es capaz de querer y conseguir que le quieran. Ruben Arancibia lo considera un amigo, un hermano, un hijo, y a lo largo de la narración se percibe la reciprocidad de esos sentimientos. Para la lectura del libro de Muñoz Valenzuela, además del ya mencionado sentido del humor que lo recorre, adquiere importancia la soltura de la prosa, la facilidad con que se avanza: no es difícil liquidar las más de 260 páginas de tirón. Los objetivos que el protagonista y sus cómplices se asignan van cayendo y lo que se planteó en un primer momento como una reparación puntual e irreprochable empieza a perder freno tomando visos de venganza. El protagonista lo advierte casi al mismo tiempo que el lector: «—Haces justicia por tu mano y te conviertes en uno más de ellos, un vampiro que jamás se cansará de succionar la sangre de sus víctimas…», le dice al cyborg después de su último trabajo. A un pelo estamos de cuestionar la rectitud de sus hazañas cuando una veta de esperanza viene a apaciguar las malas conciencias.A Diego Muñoz Valenzuela se le conocía en España por haber sido incluido en la Antología de cuentos chilenos que en 2006 preparó el italiano y especialista en literatura hispanoamericana Danilo Manera para la editorial Siruela; en Chile ha publicado otra novela y cuatro colecciones de relatos. Ahora se le puede encontrar en las librerías españolas gracias a la labor de E.D.A. libros (http://www.edalibros.com/), que poco a poco, de manera injustamente callada y con unos libros de muy buen tacto, está elaborando un catálogo nada despreciable —en su colección “Los días terrestres” ya ha publicado a autores como Guillermo Busutil, José Eduardo Tornay, David Roas, Federico Fuertes Guzmán—: Flores para un cyborg es una prueba más de ello.

01 mayo, 2009

Malentendidos


a Eloísa Muñoz Fehrmann

Con su último aliento, el presidente de la corporación sin fines de lucro, desangrado y destrozado por aquella letal furia de garras y colmillos, la increpó con voz entera: “te dije que necesitábamos un filántropo, no un licántropo”.

19 abril, 2009

Diego Muñoz Valenzuela deshoja sus 'Flores para un cyborg'

http://www.malagahoy.es/article/ocio/348582/diego/munoz/valenzuela/deshoja/sus/flores/para/cyborg.html

El escritor chileno presentó ayer en el Museo Municipal su última novela, publicada en España por la editorial malagueña EDA, dentro de los actos del IML. Un científico viaja a un país lejano para hacer un doctorado en Robótica. Para entretenerse construye un robot porque se siente solo. Lo hace en secreto. Nadie le cree. Todos piensan que es absurdo. Lo crea a su imagen y semejanza. Pero el doble comienza a actuar de manera inesperada. Así comienza la trama de la novela Flores para un cyborg, de Diego Muñoz Valenzuela (Constitución, Chile, 1956), editada en España por la editorial malagueña EDA. "De repente surgió el interés, producto de conversaciones y finalmente los editores de Málaga se interesaron por esta obra, que está recién sacadita del horno", comentó el autor, que presentó su obra ayer en el Museo Municipal dentro de los actos del Instituto Municipal del Libro (IML).

"Para mí es una novedad. El hecho de estar presente en España es para mí estar en un mundo distinto, por eso de la cantidad de lectores posibles e intereses, que para un autor latinoamericano es más que apetecible", aseguró el escritor chileno. Muñoz Valenzuela, entre otras muchas obras, ha publicado además cuentos en antologías como Cuentos chilenos de Siruela.

Flores para un cyborg, que será presentada en distintos puntos de Andalucía y del resto del país en las próximas semanas, ha sido ganadora en Chile de varios premios como el del Consejo Nacional del Libro a la mejor obra literaria. "Esta obra generó allí además mucho impacto de crítica y de prensa porque era una novela que mezcla ciencia-ficción, novela negra y política, porque tiene que ver con la Transición chilena. Espero que en España ocurra lo mismo y que vaya bien", desea su autor, aunque se siente expectante por ver cómo reaccionará el público español.

Flores para un cyborg está escrita "como en tiempo presente. Es la idea. Lo que tiene de trama es pura ciencia-ficción porque la capacidad de crear una mente artificial, de un robot casi perfecto, que engaña a cualquiera..., es la gracia que tiene, aunque tiene su fundamento científico". La novela se convertirá pronto en una trilogía: ya hay una segunda parte que está a punto de salir y la tercera está en elaboración. "No me lo propuse así pero se me ha ido convirtiendo en una serie con secuelas", subrayó Muñoz.

"Pienso -añadió- que es un libro que puede interesar tanto a los que leen novela negra como a los que leen ciencia-ficción. Además, tiene cierta actualidad política, porque tiene que ver con la historia de casi todos los países hispanoamericanos, puesto que casi todos ellos han vivido dictaduras". Y en cuanto a las edades, "creo que está indicado para todos. A los jóvenes gusta y a los mayores les atrae la parte social y política de la obra".

El escritor chileno, en tanto que promocionaba su novela, vendía además ayer las bondades de su país, "al que me gustaría que muchos españoles fueran a conocer. Yo ya he venido aquí varias veces, y es España un país en el que me siento muy cómodo". Y defendió también el autor la literatura hispanoamericana, "que es una sola, y debería haber un solo mundo hispanoamericano, pero estamos separados por un océano, aunque las conexiones son impresionantes. Hay palabras perdidas aquí que han sido encontradas allí. Y viceversa. A pesar de todo, estamos en un mismo mundo".

18 abril, 2009

Asuntos de estado


El empresario vio una formidable oportunidad de negocio. Habló con el ministro, luego con el senador y les explicó lo que deberían hacer. Después conversó con el director de la red de medios de comunicación de la que era accionista. Negoció con los mayores proveedores extranjeros. Tras unos meses, se declaró la guerra. El ejército compró los pertrechos a la industria del empresario, pues era el único que los tenía a mano, a un precio –por cierto- elevado. El general dirigió la guerra: millares de soldados y armas fueron movilizados. Los jóvenes héroes fueron inmolados en decenas de batallas: defendieron la patria con su vida, hasta la última gota de sangre. Su ejemplo fue destacado en los noticiarios. Las madres despidieron sus restos cubiertos con la bandera en ceremonias de gran marcialidad. Las utilidades fueron formidables. Vino el armisticio. Lentamente todo fue volviendo a la normalidad.

12 abril, 2009

Confucuento


Cenicienta mordió la manzana envenenada y se hundió en un plácido sueño donde ella, convertida en sastrecillo valiente, aplastaba a siete ogros de un solo golpe. La maligna bruja se introdujo en el sueño, pero salió trasquilada porque un gato con botas la convirtió en sapo. Un hambriento lobo cazó al anfibio y lo cocinó a fuego lento. La Caperucita reprobó el guiso y ordenó al lobo, hacha en mano, que se lo sirviera a su abuelita. Cenicienta despertó sudando frío y se horrorizó al ver a siete horrorosos y desnudos enanos contemplándola con lascivia.

28 marzo, 2009

Invasiones extrañas

Vinieron de múltiples colores y tamaños, silenciosos y de grandes ojos impasibles, en grupos cada vez más nutridos. Se contorsionaban y agitaban sus aletas para desplazarse por el aire, como si fuesen pájaros y no peces. En tanto los gigantescos cardúmenes se precipitaban por parques y bosques, las personas arrancaban de aquel hecho incomprensible. Pronto ocuparon todo el espacio disponible con sus cuerpos escamosos y la gente comenzó a morir de asfixia.

18 marzo, 2009

FLORES PARA UN CYBORG EN ESPAÑA


http://www.diariodejerez.es/article/ocio/347599/flores/para/cyborg/la/maquina/perfecta/existe.html

Arantxa Cala / Jerez | Actualizado 11.02.2009 - 05:00

Un científico viaja a un país lejano para hacer un doctorado en Robótica. Para entretenerse construye un robot porque se siente solo. Lo hace en secreto, porque nadie lo cree. Piensan que es absurdo. Lo crea a su imagen y semejanza. Un doble humano que empieza a... Y así comenzaría la trama del nuevo libro, 'Flores para un cyborg', de Diego Muñoz Valenzuela (Constitución, Chile, 1956), editado en España por la editorial malagueña EDA. "De repente surgió el interés, producto de conversaciones y finalmente los editores de Málaga se interesaron por esta obra, que está recién sacadita del horno", cuenta el autor. Una edición, la tercera, a la que le preceden dos, una en Mondadori en 1997 y una segunda por RIL Editores en 2003.

"Para mí es una novedad. El hecho de estar presente en España es para mí estar en un mundo distinto, por eso de la cantidad de lectores posibles e intereses, que para un autor latinoamericano es más que apetecible", asegura el escritor chileno. Muñoz Valenzuela, entre otras muchas obras, ha publicado además cuentos en antologías como 'Cuentos chilenos' de Siruela.

'Flores para un cyborg', que será presentado en distintos puntos de Andalucía y del resto del país en las próximas semanas, ha sido ganadora en Chile de varios premios como Mejores Obras Literarias del Consejo Nacional del Libro. "Esta obra generó allí además mucho impacto de crítica y de prensa porque era una novela mezcla entre ciencia ficción, novela negra, política (porque tiene que ver con la Transición chilena). Espero que en España ocurra lo mismo y que vaya bien", desea su autor, aunque se siente expectante por ver cómo reaccionará el público español.

'Flores para un cyborg' está escrita "como en tiempo presente. Es la idea. Lo que tiene de trama es pura ciencia ficción porque la capacidad de crear una mente artificial, de un robot casi perfecto, que engaña a cualquiera..., es la gracia que tiene, aunque tiene su fundamento científico". La novela se ha convertido ya casi que en una trilogía. Ya hay una segunda parte que está a punto de salir y la tercera está en elaboración. "No me lo propuse así pero se me ha ido convirtiendo en una serie con secuelas", subraya Muñoz.

"Pienso -añade- que es un libro que puede interesar tanto a los que leen novela negra como a los que leen ciencia ficción. Además, tiene cierta actualidad política, porque tiene que ver con la historia de casi todos los países hispanoamericanos, puesto que casi todos ellos han vivido dictaduras". Y en cuanto a las edades, "creo que está indicada para todos. A los jóvenes gusta y a los mayores les atrae la parte social y política de la obra".

El escritor chileno, en tanto que promocionaba su novela, vendía además las bondades de su país, "al que me gustaría que muchos españoles fueran a conocer. Yo ya he venido aquí varias veces, y es España un país en el que me siento muy cómodo. Es un encuentro con las raíces. Aquí tengo antepasados andaluces". Y defendió también el autor la literatura hispanoamericana, "que es una sola, y debería haber un solo mundo hispanoamericano, pero estamos separados por un océano, aunque las conexiones son impresionantes. Hay palabras perdidas aquí que han sido encontradas allí. Y viceversa. A pesar de todo, estamos en un mismo mundo".

08 marzo, 2009

Jugando a Rodin

Se enamora de la estatua de mármol. Allí permanece, inmóvil, enloquecido de pasión, consumido por el deseo. Con el paso de las horas va petrificándose. Se desnuda y se aproxima a la mujer, la abraza, la anuda con sus piernas y sus brazos. Se torna blanquecino, marmóreo. Los guardias recogen las ropas abandonadas y cierran la galería.

01 marzo, 2009

Amores insectiles 2


El ardoroso hombre mosca perseguía a la mujer araña obedeciendo a su instinto masoquista. La mujer araña miraba con simpatía los afanes del humanizado díptero y escapaba coquetamente. Por fin, la alcanzó y la poseyó con ferocidad; luego –resignado- le ofreció su cabeza en calidad de manjar. Sin embargo, ella lo besó con pasión. Él, sorprendido, la increpó con dureza, insistió en que debía devorarlo. La mujer araña se rindió ante tal majadería y le inyectó su toxina digestiva. Estaba delicioso: se arrepintió de sus vacilaciones. Eso del amor es una bobada, concluyó. Y salió a la caza de galanes.

20 febrero, 2009

El traidor fracasado


a Paco Torres, que me dio la idea

Toda su vida quiso cometer una traición flagrante, pero no logró reunir el valor necesario. Así las cosas, tuvo que ser sensible, leal y entrañable.

17 enero, 2009

EL OTRO SEGMENTO


COORDENADA TEMPORAL 5648222

He estado desde siempre en el laboratorio. Carezco de cualquier recuerdo ligado a otro lugar que no sea éste. Los autómatas debieron cuidar de mí cuando pequeño debido a mi constitución biológica pura. Yo no puedo ser reparado como ellos, estoy sometido de por vida a la fatiga física y mental, a la necesidad de descanso, al deterioro progresivo de mi organismo que habrá de culminar con la vejez inútil y, por último, con la llegada de la muerte. Ellos me interrogan con frecuencia acerca de la sensación del cansancio, el sueño, el aburrimiento, el dolor. Resulta imposible explicarles nada. No sólo es engorroso tratar de descubrirles mis experiencias, sino que me siento desgraciado, insignificante ante su eternidad racional e inconmovible. Ellos conocen bien el significado formal de las palabras que expresan estados físicos o psicológicos, tienen almacenadas en sus unidades de memoria las definiciones de la risa, el tedio, la rabia, el sufrimiento, el dolor. Pero, aunque pueden identificar esos estados en mi persona, son incapaces de comprenderlos, de atisbar siquiera por un instante mis sentimientos. Tampoco conciben mi identidad; ellos están en permanente intercambio de información, podría decirse que son uno solo con la computadora central que rige todas las actividades del Laboratorio. Les he preguntado si no les parece graciosa mi condición de ser orgánico débil; han respondido que esa es mi naturaleza, así como la de ellos es perenne e inmutable, que para encontrarlo gracioso tendrían que poseer rasgos biológicos similares a los míos, y en ese caso no podrían divertirse conmigo, pues sería como burlarse de sí mismos. A pesar de su lógica impecable, no abandonan sus arrebatos de curiosidad. Han estado conmigo desde mi nacimiento y he visto junto a ellos las imágenes holográficas que siguen la evolución del embrión que fui, aquella minúscula criatura flotando perezosamente en el fluido nutritivo del reactor tibio, translúcido. Los sensores microscópicos informan ciertos paneles que despliegan gráficos de presión arterial, temperatura, índices metabólicos. El embrión crece hasta que es retirado del medio líquido para que el androide médico active su mecanismo respiratorio pulmonar. Luego la visión tridimensional reproduce las escenas del desarrollo y aprendizaje, la infinita paciencia de los autómatas encargados de las diversas especialidades que hube de aprender de ellos. He visto muchas veces esas escenas en el proyector holográfico tratando de buscar algo indefinible, un detalle que aclare las incógnitas que me agobian. Intenté, y seguiré haciéndolo, averiguar las razones de mi existencia aquí, la función que desempeño o he de desempeñar más allá de la sucesión monótona de los días terriblemente iguales del Laboratorio. La tenacidad de mis dudas se estrella de modo inexorable con la lógica inconmovible de la computadora: el Laboratorio debe funcionar de acuerdo a sus objetivos, mantener los mecanismos en óptimo grado de eficacia, regenerar las piezas dañadas de los androides, reasimilar desechos orgánicos, procurar las condiciones ambientales para mi subsistencia. Le resulta absurdo que yo pretenda tener alguna misión y si pudiera calificarme de corazón, me trataría de engreído o de loco o simplemente de imbécil. En vez de esto insiste hasta el cansancio con sus explicaciones de que no existe ninguna información respecto a una finalidad mía, fuese la que fuese. Está allí toda la historia de mi crecimiento, las normas que rigieron mi alimentación, cuidado médico, educación, todo. Mi presencia tiene que ver con la actividad normal del Laboratorio, en alguna cinta magnética residía la programación de mi existencia desde el comienzo, en un tiempo inconmensurablemente remoto. Quizás todos mis pensamientos y mis acciones estuvieron previstos hasta el mínimo detalle y no hago más que reproducir una sucesión de hechos perfectamente delineada. Ella (la computadora) dice, contradiciendo mi opinión, que soy más bien impredecible por mi sujeción a las emociones, pudiendo opinar distinto sobre un mismo asunto en tiempos diferentes. Dice que ciertos juicios míos dependen de mi estado emocional más que de mi intelecto y de mis conocimientos. Eso me hace sentir espantosamente estúpido e inferior ante la vista de los androides que me consuelan con su historia de las naturalezas distintas. Incluso la computadora ha llegado a conversarme acerca de las etapas de desarrollo de un ser de mi especie; opina que estoy entre dos fases: la inicial tardía y la desarrollada plena. Este fenómeno provoca alteraciones fisiológicas y psicológicas que me hacen aún más inestable, receloso y propenso a las divagaciones desprovistas de sentido. Acto seguido establece que este período será superado y que habré de alcanzar una etapa de mayor tranquilidad, aunque no exenta de las tribulaciones propias de mi condición orgánica. Siento envidia de ellos que no sufren estos malditos cambios que me convierten en víctima pertinaz de la incertidumbre.

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He descubierto una afición que mitiga en buena parte mis dudas y me abstrae de sus tormentos: la matemática. La verdad es que la misma computadora me lo ha sugerido a manera de distracción, sospecho que se trata de una conclusión del androide médico. La matemática y este diario son mis principales actividades, si bien es cierto que no cumplen ninguna funcionalidad en relación al Laboratorio. Ellos tienen esa inexplicable (para mí) tolerancia hacia mi inutilidad y falta de criterio práctico. Entienden mis debilidades, las estimulan, me prestan su ayuda. Difícilmente podrán concebir placer en la resolución algebraica de un problema intrincado, a pesar de que dominan a la perfección todos sus procesos y los utilizan hábilmente cuando las necesidades del Laboratorio lo exigen. Esa altísima comprensión de las peculiaridades de mi existencia suele exasperarme, me irrita esa superioridad indulgente y servicial. Y luego decaigo por la injusticia de mis sentimientos hacia quienes tanto debo, siento vergüenza de mi actitud orgullosa y mezquina. La escritura de este diario confirma esas míseras necesidades mías: escribo para mí mismo, sin ningún propósito definido, registro mis devaneos absurdos para luego leerlos y disfrutar insensatamente de su reconstrucción gradual. La computadora me entrega casi a diario impresos que orienten mi trabajo, propone temas nuevos y ejercicios con grados de dificultad progresivamente altos. Me siento feliz y ocupado. El tiempo transcurre así con una rapidez extraordinaria. Experimento una voracidad por aprender que hasta hace poco tiempo atrás habría sido incapaz de concebir. Aunque se trate de una mera ilusión, me siento menos insignificante. Y es una ilusión, una pérdida de tiempo, una actitud extravagante, estéril, incoherente.

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He comentado a la computadora mis impresiones acerca de las esferas y su matemática y acabada perfección, le he hablado de la intuición de que cumplen alguna suerte de relación algebraica que rige la armonía de sus formas, pero ella ha contestado que nada así está referido en sus bases cognoscitivas, que en consecuencia carece de sentido lógico imaginar la existencia de alguna relación matemática. Entonces le relaté aquello del círculo trazado con ayuda de dos lápices, uno fijo y otro moviéndose a su alrededor. Ella dijo que era la manera en que se trazaban los círculos. Yo repliqué lo de la igualdad de las distancias al punto ocupado por el lápiz inmóvil. Si se hubiera tratado de un ser orgánico como yo, hubiese pensado que titubeaba, pero no podía ser ese el caso. Tal vez buscaba en lo más recóndito de sus unidades de memoria algo que explicase mis raras proposiciones. Después insinuó que parecía tener yo la razón, pero que no veía nada práctico en ello. Era preferible que continuara mis estudios. Así lo he hecho, cada vez con mayor pasión porque vislumbro la posibilidad de descubrir nuevas cosas ‑ no sé exactamente qué ‑ ni para qué ‑ leyes nuevas, nuevas relaciones no escritas antes por la computadora. ¿Es mi vanidad la que me arrastra a este camino desprovisto de sentido? ¿Busco justificar mi existencia con esta búsquedas anhelantes y ciegas? Si hubiese alguien que compartiera estos afanes, si pudiese hablar con alguien sobre ellos. Perdida la esperanza de entusiasmar a la computadora o a los androides, he pensado en mi unicidad, mi absoluto abandono de congéneres. No necesito consultarles nada a ellos. ¿Por qué tendría que existir alguien más? Los androides, la computadora, son los encargados de cumplir con los objetivos del Laboratorio, a ello deben su existencia y sus afanes. ¿Pero el androide médico no existe en buena parte para encargarse de mi asistencia y control orgánico? ¿No soy, entonces uno de los objetivos del Laboratorio? ¿Acaso no habrá para mí una secreta finalidad dispuesta desde siempre? Claro, no hay otros como yo porque son innecesarios. Esa es la explicación. Hay algo que impide la existencia de otros. Quizás sólo no pueden existir otros. Soy por definición único, solo, extraño, confuso, ajeno.

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He escrito ajeno al final del párrafo anterior y esa palabra, ese concepto mejor dicho, ha estado dando vueltas y vueltas en mi interior. Parece cual si una sombra difusa y enigmática se agazapara detrás de esa idea. He meditado en el significado de ajeno como algo fuera de relación con el medio donde subsiste, ésa es mi situación de alguna manera: soy radicalmente distinto de los androides, de la computadora, de los instrumentos y objetos del Laboratorio. Es como si no perteneciera a este lugar definitivamente, como si procediera de otra parte. Sé de mi historia anterior por las imágenes holográficas, pero cuando he interrogado acerca del origen del embrión me han dicho que estaba allí esperando el momento adecuado para la incubación y crecimiento. El momento estaba predeterminado también desde el principio (¿el principio de qué? ¿el cero absoluto?). Todo estuvo dispuesto en el momento preciso, hasta la atmósfera que debió crearse para permitir a mis pulmones abastecerse del gas oxigenado que debo respirar por razones metabólicas. Antes no hubo atmósfera, alimentos, impresos, dudas, nada de eso. La computadora dice una y otra vez que esto no debe inquietarme, es un hecho objetivo e indiscutible que no merece desperdicio de tiempo. He escrito ajeno y pensado al mismo tiempo en la noción de exterior, como si fuese posible un exterior. Imagino una esfera, hay un lugar donde ella termina: su superficie sólida. Si la esfera es hueca, pueden introducirse cuerpos en su interior, cuerpos que antes estaban afuera. Un cuerpo de cualquier forma tiene adentro o afuera aunque sea sólido. Si es sólido está lleno con algo que lo constituye, que está en su interior. Los cyborg, la computadora, yo mismo, tenemos interior y exterior. El Laboratorio ha de poseer alguna forma. El Laboratorio es todo lo que existe, dicen los autómatas. No tiene sentido pensar en un exterior, como en el caso de mi habitación o de una esfera.

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La computadora comprende mis disquisiciones sobre exterior e interior, pero se niega a aplicar esos conceptos al Laboratorio. Yo he insistido diciendo que el Laboratorio ocupa un espacio susceptible de medir en base a volúmenes más pequeños. He revisado infructuosamente su almacenamiento una vez más, sin encontrar respuestas verdaderas. He pedido que imagine el Laboratorio repleto de esferas de mi tamaño. He dicho que resultaría un número fijo de esta operación. Si imagino una esfera más, ésa deberá estar necesariamente en el exterior y no adentro. Entonces, si puedo concebir esta fantasía, si mi abstracción dice que es posible el afuera ¿por qué éste va a carecer de existencia? La computadora asevera que carece de sentido la noción de exterior, que no sirve para nada a los objetivos del Laboratorio y repite mil veces su raciocinio imperfecto (¡qué digo!). Hice un bosquejo, una suerte de mapa del Laboratorio tratando de reproducir la sensación de forma que me producen. Mantuve las proporciones para trabajar con un tamaño razonable y así pude obtener una especie de disco ondulado con tres protuberancias equidistantes. Fue un arduo trabajo que consumió muchas jornadas. Una vez finalizado el bosquejo, se lo presenté a la computadora. Lo examinó con atención, casi con perplejidad (sentí esa absurda impresión). Opinó, después de un rato, que esa matemática que hacía con las formas era una cosa nueva, desconcertante e impredecible, tal como yo, pero que no existía nada de valor práctico que se pudiese hacer con ella, no imaginaba cómo poner esas ideas en su base cognoscitiva. Por último era curioso como podía llegarse a un absurdo tan evidente por una vía aparentemente racional. Nada existe además del Laboratorio. El Laboratorio es todo lo que existe. Nada está afuera, no posee exterior. Eso es todo lo que puede explicarme con su voz suave y desprovista de matices y su ilimitada indulgencia.

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He discurrido largamente la idea de finitud y de forma del Laboratorio sin llegar a deducciones definitivas. Revisé mi "mapa" con minuciosidad y corroboré su exactitud para proceder a elaborar una imagen holográfica para enseñarla a los androides. Su reacción ante la proyección ha sido negativa una vez más, podría resumirse en que encuentran "ingeniosas" mis proposiciones y la manera en que logro desembocarlas en conclusiones disparatadas a través de un proceso de apariencia rigurosa y matemática. Sin embargo se declaran fuera de competencia cuando les solicito que identifiquen el paso algebraico que conduce al error flagrante de mis resultados. Suelen alegar que el desacierto consiste en la base de mi procedimiento: la aplicación de las leyes matemáticas al estudio de los cuerpos y las formas, porque no existe siquiera un recóndito vestigio de tales métodos en sus bases de conocimiento. Es del todo imposible realizar una discusión productiva con ellos. ¿O simplemente he perdido la razón al vagar por este espacio de formas y relaciones hasta perder toda noción de realidad y de utilidad? ¿Puedo juzgar como estúpidas las reacciones de los seres que me trajeron a la vida, me enseñaron, cuidaron de mí con paciencia, hasta con resignación? Pero ellos carecen de experiencias sensoriales como las mías, su naturaleza es opuesta, radicalmente diferente a la mía. Lo que para mí es paciencia es para ellos deber, mi idea de rutina significa perfección para la computadora; no valoran nada realmente, alternan con la sucesión monótona de las coordenadas temporales, tienen previstas sus actividades hasta épocas inimaginables.

Si hay un exterior ¿cómo habrá de ser su apariencia? ¿Tendrá, a su vez, un exterior? ¿O será el Laboratorio su exterior? Claro, de algún modo si defino una esfera, lo que hago es convenir lo que constituye su interior y lo que está afuera. Ahora, todo lo que está afuera posee también una forma cuyo exterior es precisamente la esfera. Por eso ambas nociones están aparejadas de modo indisoluble. Cualquier forma segmenta en dos la totalidad que uno quiera considerar. De manera que es preferible hablar del otro segmento. Tal vez exista otro ser como yo del otro lado cavilando en este mismo sentido. Esto comportaría una suerte de simetría entre ambos segmentos, simetría que sería hermosamente matemática y perfecta, pero que es indeductible a partir de la información de que dispongo ahora. Debe existir algún modo de demostrar la veracidad de mis hipótesis. Observo la imagen holográfica sin acertar a descubrir la respuesta.

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¡Tengo la ansiada respuesta! Debo encontrar o abrir una puerta hacia el otro segmento. La superficie de la imagen holográfica denota los puntos de contacto con nuestra externalidad. Es posible llegar allí cruzando esa superficie. Si yo parezco ajeno al Laboratorio, si provengo realmente de otro lugar, debo haber cruzado esa puerta alguna vez. Ya sé que la computadora no maneja las nociones de la matemática de las formas (ni quiere hacerlo, aunque creo que tiene capacidad suficiente para ello), en consecuencia ninguna ayuda puedo esperar de ella. Intenté incorporar mi imagen holográfica a sus procesos para lograr que la perfeccionase, pero fue inútil: si no ve un beneficio identificable se niega de plano a invertir energía en otra cosa que escucharme y tratar de disuadirme de ideas extrañas. Por lo tanto me he resignado a trabajar a solas en la búsqueda de la puerta, revisaré escrupulosamente las probables superficies de contacto.

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Un alto en mi investigación servirá para realizar un balance entre éxitos y fracasos para visualizar con calma los escasos ‑ aunque no exentos de valor ‑ resultados alcanzados a la actualidad. Lo primero que debo anotar es que toda la superficie de contacto tiene aspecto y consistencia similar, es una especie de metal aparentemente liviano. La unidad de su constitución refuerza mi hipótesis que hubiérase visto disminuida acaso se constatara la existencia de diversos materiales. Por otra parte, cuando intenté sacar una muestra de material con herramientas apropiadas, los androides me conminaron severamente a abandonar inmediatamente tales actividades. Aludieron peligros difusos residentes en sus unidades de memoria. No pudieron explicar la naturaleza del peligro que enfrentaba, pero vi tal disposición en sus miradas desprovistas de auténtica vida que comprendí que en nada trepidarían con tal de que no cumpliera mi propósito. Sentí miedo de ellos por primera vez en mi vida y les entregué mansamente mis herramientas.

Tercero, no encontré nada semejante a una puerta, al menos en primera inspección. Sin embargo, descubrí una pantalla de considerables dimensiones montada sobre un codo cuyo otro extremo está montado, o más bien nace, de la superficie de contacto. Está hecho del mismo material de la superficie. Consulté a la computadora acerca de la funcionalidad de aquella pantalla y no me entregó ninguna respuesta razonable: "siempre ha estado allí", "forma parte de Laboratorio", "carece de importancia" y otras aseveraciones por el estilo. No hay switches o mandos que sugieran operabilidad. Si la califico de pantalla es porque parece constituida de un vidrio opaco, grisáceo, como los paneles de la computadora. Siento que los androides me vigilan después de mis comentarios sobre esta pantalla. Creo que temen vaya a intentar destruirla. No hay ningún objeto con qué romperla tampoco, han ocultado todo en alguna parte. No he decidido romperla siquiera, pero ellos ya han tomado todas las prevenciones posibles. Creo que siempre hay uno de ellos cerca mientras duermo. Simulan actividades para que no me sienta cercado, pero lo mismo da su delicadeza, la verdad es que me someten a una vigilancia continua y estricta. ¿Qué puede haber detrás de esa pantalla? ¿Cuál es la razón del peligro almacenado en sus memorias? ¿Por qué les temo ahora? ¿Por qué ellos me temen a mí?

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La custodia es permanente. Si llego a aproximarme a la pantalla, siempre hay un par de ellos cerca, viéndome de reojo. No resisto sus miradas ni el agobio de esta situación. Ellos no pueden cansarse, aburrirse, desistir o enloquecer. Yo sí, absolutamente sí, iré cuando reúna el valor suficiente para hacerlo. La computadora trata de tentarme inventando juegos necios. Quieren erradicar esta obsesión de mi mente, lo sé. No lo lograrán, jamás me convencerán de sus estúpidas imposibilidades. Es mucho más verdad esta idea que me circunda que todas sus afirmaciones y sus credos, más verdad que la que mis ojos pueden ver o mis dedos tactar. ¿Habrá otros como yo? ¿Habrá habido otros en el pasado? ¿O seré una creación de los cyborgs, una justificación insólita para sus existencias? Ninguna de estas respuestas podré encontrar aquí dentro. He de salir en su busca. He de tener fe en mi pensamiento y audacia para cumplir sus dictados.

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Mi certeza es total. Afuera existe algo y la única forma de acceso es mediante la pantalla adherida a la superficie de contacto. La existencia carece de sentido si no actúo ahora. Uno de mis lápices es de metal bastante sólido y es posible que sea suficiente para atravesar el vidrio opaco de la pantalla. Tengo mi herramienta oculta entre las ropas, aguardando la ocasión propicia.

Doblo por el pasillo seguido de cerca por el cyborg médico. Sin necesidad de mirar hacia atrás presiento su andar sordo y rítmico. Descubro el agitado rumor de mi corazón saltando allá abajo. Mis piernas vacilan, estoy tembloroso, parezco convaleciente de una grave enfermedad. Dos estancias más allá está la sección donde me aguarda la pantalla. Un vahído amenaza apoderarse de mis sentidos. Logro vencerlo y avanzo por el pasillo frente a la segunda estancia. Debo parecer tranquilo para no llamar la atención del androide. Afirmo mi marcha y cruzo la primera estancia. Imagino como el cyborg estará enviando mensajes a la computadora y a los otros. Emprendo una loca carrera derribando instrumentales, luces, cajas, estoy frente a la pantalla, enarbolo mi arma y la dejo caer sobre la superficie lisa y opaca una y otra vez, veo cómo crecen en ella fisuras por donde saltan trozos de vidrio reluciente, un resplandor hiere mis pupilas y acometo con mayor furia mi tarea, aunque casi a ciegas por el brillo que emana de la abertura que voy excavando sobre la pantalla, casi puedo ver a los androides precipitarse sobre mi cuerpo para detenerme, aprisionarme entre sus brazos mitad mecánicos ‑ mitad biológicos, atenazarme y arrastrarme lejos, debe erizar mis cabellos el espanto cuando ya a mano limpia golpeo los restos de vidrio que estallan en mil fragmentos inundados de luz y dolor. Entonces, de un salto, me precipito en la cavidad recién abierta y me sacude la sensación de vértigo y caída, de laceración y fulgor. Entonces, mientras voy cayendo hacia el otro segmento, entreabro los ojos para ver la aterrada imagen de mi propio rostro en algo que podría ser un espejo pero no lo es, unas facciones idénticas a las mías sobre una faz crispada, una imagen especular que cae en el otro sentido, hacia mi Laboratorio, una imagen que lanza un grito de horror justo cuando abro los labios, una figura cayendo hacia la luz con los nudillos manchados de sangre desde el otro segmento.


* este cuento pertenece al volumen LUGARES SECRETOS (Mosquito Comunicaciones, 1994), Premio Consejo del Libro al Mejor Libro de Cuentos publicado ese año.


11 enero, 2009

El gigante egoísta


El gigante sonrió con auténtica felicidad al contemplar a los millares de niños que repletaban los entretenimientos de su patio. Apelotonados en filas interminables ante cada juego, exigían a sus padres que les comprasen toda clase de golosinas. El gigante calculó el exorbitante monto de la taquilla: su salud y comodidad estaban aseguradas. Había desterrado definitivamente aquellas terribles pesadillas donde moría de frío, sumido en la soledad y la miseria.

24 diciembre, 2008

Regalo sospechoso


Era un paquete enorme, delicadamente envuelto en papel celofán verde y ornamentado con un abultado moño de cinta roja. Lo abrí con recelo, pensando en alternativas desagradables: bombas de tiempo, perros muertos, lavadoras descompuestas, esculturas modernas. Errores todos ellos. Era un hermoso caballo de madera tallado y barnizado al natural, sostenido sobre una plataforma rodante. El Caballo de Troya, pensé. Tenía la pata izquierda levantada, eso le otorgaba movimiento y elegancia. Del recelo pasé al temor, y de allí al sobrecogimiento. ¿Qué oscuro enemigo podía haber ideado este plan homérico en mi contra? Repasé la lista y eso me tomó un buen tiempo. Todos podían haber sido; no pude descartar a ninguno. Ahora, qué contenía el caballo, ésa era la pregunta. Me aproximé con cautela y golpeteé la madera con los nudillos. Madera maciza. O interior repleto de explosivos plásticos. O cobalto radiactivo, para eliminarme lentamente. O una masa de arácnidos letales. No había tarjeta ni indicación de remitente.
Me subí sobre el regalo. Instantáneamente echó a rodar por el mundo. Me llevó lejos, a lugares maravillosos y desconocidos. Muy tarde comprendí la trampa, pero ya era feliz.

08 diciembre, 2008

Taller de Cuento 2009 de Diego Muñoz Valenzuela

Se realiza los días martes a las 19 horas, desde fines del mes de marzo de 2009 y por un periodo de 16 sesiones. Es un taller para quienes se interesen en aproximarse al conocimiento del género y quieran iniciarse en la escritura de cuento. Muy cerca de la estación de Metro Pedro de Valdivia.

Escribir al correo electrónico: dmunoz@surlatina.cl y enviar datos personales (nombre, teléfono, mail, edad, estudios, interés en el taller, etc.), indicando las razones específicas de su interés por participar.

Orientación del Taller

Este taller literario está orientado personas interesadas en incursionar en el género cuento. No es necesario que hayan escrito anteriormente. También pueden ser personas interesadas en desarrollar su apreciación narrativa y aprender técnicas básicas.

El aprendizaje de la escritura es un trabajo a largo plazo que requiere disciplina, paciencia y una reflexión permanente sobre los más diversos aspectos que involucra el proceso creador.

Los objetivos básicos de este taller de cuentos son:

· Conocer las principales características del cuento contemporáneo a través de lecturas escogidas

· Conocer los conceptos básicos ligados a la escritura del cuento, y las principales tendencias vigentes

· Aplicar los conceptos anteriores en el análisis de cuentos en el taller (los participantes pueden traer sus propios textos con este fin).

Las actividades en cada sesión apuntan a ir entregando elementos técnicos de la escritura de narrativa, vinculados por ejemplo a: tipos de narrador, acción, manejo de diálogos, subgéneros (cuento fantástico, realista, policial, cuento breve, microcuento, etc.), tendencias actuales,

En diversas ocasiones se invita al taller a autores chilenos importantes a establecer un diálogo, previa lectura de algunos de sus cuentos.

Funcionamiento del Taller

Horario: Martes de 19:00 a 20:45 horas

Periodicidad: Semanal

Costo: 35.000 $ mensuales, pagados al inicio de cada mes

Ubicación: Local cerca de la estación de Metro Pedro de Valdivia

Matrícula: Sin costo

Inicio: Se inicia hacia fines de marzo de 2009.


Inscripciones y consultas

Escribir al correo electrónico: dmunoz@surlatina.cl y enviar datos personales (nombre, teléfono, mail, edad, estudios, interés en el taller, etc.), indicado las razones específicas de su interés por participar.

Antecedentes del Director del Taller

Diego Muñoz Valenzuela, cuentista y novelista, nació en Constitución (Chile) en 1956. Ha publicado:

NADA HA TERMINADO, volumen de cuentos, Ediciones de Obsidiana, 1984

TODO EL AMOR EN SUS OJOS, novela, Ed. Mosquito, 1990. 2ª edición por Mosquito, 1999

LUGARES SECRETOS, cuentos, Ed. Mosquito, 1993.

FLORES PARA UN CYBORG, novela, Ed. Mondadori, 1997. 2ª edición por RIL Editores 2003; 3ª. Por EDA Libros en Málaga, España

ANGELES Y VERDUGOS, cuentos, Ed. Mosquito, 2002

DÉJALO SER, cuentos, Ed. Fondo de Cultura Económica, 2003

DE MONSTRUOS Y BELLEZAS, Ed. Mosquito, 2007

También es coautor de varias antologías, entre ellas CONTANDO EL CUENTO (Ed. Sinfronteras, 1986), ANDAR CON CUENTOS (Ed. Mosquito, 1992), y CUENTOS EN DICTADURA (LOM Editores, 2003), todas ellas realizadas en conjunto con Ramón Díaz Eterovic.

Ha sido incluido en más de cuarenta antologías y muestras literarias publicadas en Chile, México, Argentina, Ecuador, Canadá, Italia, España, Holanda, Bulgaria, etc. Cuentos suyos han sido traducidos al francés, italiano, inglés y croata. Distinguido en numerosos certámenes literarios, entre los cuales destaca el concurso de Mejores Obras Literarias del Consejo Nacional del Libro en dos oportunidades: por el volumen de cuentos Lugares Secretos en 1994 y por la novela Flores para un Cyborg en 1996. Colabora con artículos culturales y de crítica literaria en periódicos y revistas especializadas.

Más detalles en:

http://diegomunozvalenzuela.blogspot.com/

06 diciembre, 2008

Rehabilitación de Circe


La preciosísima Circe estaba aburrida de la simplicidad de Ulises. Si bien era fogoso, bien dotado y bello, la convivencia no daba para más. Solía convertirlo en perro para propinarle patadas, y él sollozaba y le imploraba perdón. Lo transformaba en caballo para galopar por la isla de Aea, fustigándolo con dureza. Lo transmutaba en cerdo para humillarlo alimentándolo con desperdicios. Volvía a darle forma humana para hacer el amor, y volvía a fastidiarse con su charla insulsa. Por fin lo expulsó del reino, le devolvió su barca y sus tripulantes y lo dotó con alimentos para un largo viaje. “Vete y no vuelvas”, le ordenó con voz terminante al lloroso viajero, “y cuenta lo que quieras para quedar bien ante la historia”. Después sopló un hálito mágico para hinchar la vela de la embarcación.

 
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