05 marzo, 2010

ZAGREB ES UNA CIUDAD ARMÓNICA, PLÁCIDA Y AMABLE

A continuación se reproduce la entrevista realizada por la traductora croata Zeljka Lavrencic al escritor chileno Diego Muñoz Valenzuela, que estuvo en Zagreb en Noviembre de 2009 con ocasión de la presentación de su libro de cuentos LUGARES SECRETOS, publicado por la editorial ZNANJE. La entrevista fue publicada por la revista Puente (The Bridge); Vol. 3-4 2009, de la Asociación de Escritores Croatas.

Z.L.: ¿Diego, puedes decirnos algo acerca de tus impresiones sobre Croacia?

D.M.V.: Llegué por primera vez a Zagreb a media tarde de un día otoñal que más bien parecía primavera y tuve la visión inicial de una ciudad armónica, plácida y amable. Esta primera impresión es casi idéntica al balance que elaboré al prepararme a abandonar –con pocas ganas- Croacia tras varios días de intensas y productivas actividades literarias.

Mucho espacio disponible: calles amplias, avenidas gigantes, parques generosos, una diferencia fundamental con la mayoría de las grandes urbes del mundo y de Europa. En Zagreb todavía se percibe el pulso de una vida menos contaminada que otras capitales europeas por la celeridad excesiva del progreso, y se impone una humanidad reflexiva, amistosa y pacífica. Es prácticamente imposible pensar que el país estuvo inmerso en una cruenta guerra hace pocos años atrás.

En todo momento de mi visita evidencié la presencia de un gran interés y respeto por la literatura, lo cual habla de un país culto, afín a la lectura de obras de ficción, y atento a la posibilidad de conocer y contactarse con personas de otras latitudes.

Chile es bien conocido entre los croatas debido a su importancia como destino de la diáspora. Nuestro fue el destino elegido de varias decenas de miles de emigrantes, y hoy existe una importante población descendiente de aquellos primeros viajeros en busca de nuevos horizontes.

Tanto en la presentación misma de mi libro como en las diversas actividades y diálogos que tuve con escritores, profesores, estudiantes, tuve oportunidad de constatar el considerable interés que existe por la literatura hispanoamericana y la gran disposición a establecer canales de comunicación permanentes.

Z.L.: ¿Qué opinas de la posible colaboración con nuestra Sociedad de Escritores?

D.M.V.: Existen diversas alternativas de colaboración entre los escritores croatas y los escritores chilenos. Existe una base objetiva a partir de la cual desarrollar esta relación, que deriva de la existencia de la diáspora y la constatación de la importancia de la comunidad croata en Chile, donde hay un relevante peso específico entre escritores y artistas. Desde el mismo inicio de la inmigración croata, se dio esta fuerte relación e influencia en el medio cultural chileno.

En la actualidad formo parte del Directorio de la Corporación Letras de Chile. Esta es una organización sin fines de lucro dedicada a la difusión de la literatura y el fomento de la lectura. Está integrada por escritores, profesores, investigadores, editores, libreros y profesionales que adhieren a sus principios y objetivos. Letras de Chile organiza un amplio y diverso conjunto de actividades de promoción literaria: encuentros de escritores, talleres para jóvenes y adultos, seminarios, congresos, proyectos de gestión cultural, visitas a escuelas y universidades, entre muchas otras.

Es posible que trabajos traducidos (cuentos, poemas, artículos) de autores croatas contemporáneos sean publicados en una de las páginas web más prestigiosas del medio literario chileno: www.letrasdechile.cl Esta página tiene del orden de 50.000 visitas por mes, no sólo de Chile, sino de todo el mundo hispanoamericano, lo cual la convierte en un portal de difusión de primer nivel. Contiene secciones de cuento, poesía, microcuento, crítica, entre otras, todas las cuales se prestan para un trabajo de difusión. Es preciso que las colaboraciones tengan una extensión apropiada –la más breve posible- para facilitar el acercamiento de lectores jóvenes, que constituyen la mayoría de nuestro público virtual. Acompañar una breve nota biográfica y una fotografía en formato JPG es recomendable. Este será un modo expedito para lograr proveer una visión de la literatura croata en la actualidad.



Otra alternativa interesante y factible es la asistencia a los eventos de escritores organizados por Letras de Chile, como es el caso de los Encuentros de Minificción u otros proyectados en Literatura Fantástica.

Z.L.: Cuéntanos algo sobre la escritura en la época de dictadura.

D.M.V.: Pertenezco a una generación literaria llamada del 80 (N.N. o marginal la llaman también algunos) que salía de la adolescencia cuando el golpe militar de 1973 llevó al poder a Augusto Pinochet y se inició su dictadura a sangre y fuego. Esta experiencia –por muchos vivida intensamente debido al exilio, la persecución o la lucha abierta o clandestina- actuó como un crisol y dejó –quiérase o no- una impronta imborrable. Quienes en aquellos años descubrimos y asumimos nuestra pasión por la literatura, lo hicimos en un entorno signado no sólo por la censura y la falta de medios de comunicación libres, sino que por realidades bastante más atroces. La desaparición, la tortura y la muerte no eran un susurro o una posibilidad teórica, sino que una realidad próxima, horriblemente cercana, imposible de advertir y menos aún de negar.

Aunque resulte terrible reconocerlo, la dictadura militar viene a ser un hecho trascendental en las vidas de quienes dedicaron una porción fundamental de sus energías a luchar por el retorno a la democracia. La generación del 80, huérfana de mentores, se desarrolló literariamente en estas condiciones de emergencia, lejos de quienes debieron ser sus maestros, debido al exilio en el extranjero o dentro del propio Chile, sometidos a censura, vigilancia, cesantía y persecución.
En esos días ominosos y terribles, sobre todo en los primeros años, la Sociedad de Escritores de Chile, presidida por Luis Sánchez Latorre, jugó un rol libertario que debe reconocerse en todo su espléndido valor. En aquella época de emergencia, la SECH convocaba a una amplia variedad de escritores de valía en torno de la lucha anti dictatorial. Esto requirió gran osadía y capacidad para articular los esfuerzos de escritores de las más diversas posiciones ideológicas.

Bajo el alero de la SECH, a mediados de los 70, se formó la Unión de Escritores Jóvenes (UEJ) gran protagonista de las Semanas por la Cultura y La Paz, una de las primeras manifestaciones culturales de resistencia contra la dictadura. En paralelo surgió la actividad de los talleres literarios universitarios, ligados a la Agrupación Cultural Universitaria (ACU), donde trabé amistad con varios miembros de mi generación.

Luego, en los 80, vino el turno del Colectivo de Escritores Jóvenes (CEJ), donde conocí a varias decenas de poetas y narradores. La experiencia del CEJ fue múltiple, activa y centrada en lo literario, pero también integrada a la lucha por las libertades civiles, lo que fue un elemento dinamizador de la SECH, donde finalmente confluyeron múltiples iniciativas y experiencias que establecieron puentes que hicieron posible el encuentro de diferentes generaciones, opciones estéticas e ideológicas.

De esa confluencia surgieron encuentros, talleres, revistas artesanales, antologías, hojas de poesía, recitales. Varias veces, en pleno imperio del toque de queda y de la plena acción de los servicios de inteligencia, efectuamos vigilias artísticas, desafiando abiertamente a la tiranía. Decenas de escritores sostuvieron una posición digna y firme en la lucha por la defensa de la libertad y afrontaron los riesgos que esto significaba en los primeros años, donde muy pocos se atrevían a alzar su palabra cuando el imperio de la barbarie carecía de contrapartidas.

Esta decisión, mostrada en los hechos, aquí en Chile, en los momentos más difíciles, nada tuvo de maniqueo para quienes siempre hemos concebido la literatura como un gran juego muy serio –citando a Cortázar– no como un terreno para el proselitismo bobo o para los balbuceos lingüísticos, ni menos como la autopista apropiada para una carrera de jamelgos en pos del premio de la fama.

La labor del escritor es una faena silenciosa y solitaria, asentada en sus obsesiones, que requiere autonomía y libertad de pensamiento. Sin embargo, el artista es capaz de salir a la palestra cuando las exigencias de la vida social obligan a establecer un paréntesis en esa relación un poco distante y tensa con el mundo real. Eso hicieron, muchos escritores durante la dictadura, desafiando desde su posición al orden represivo, sin más armas que el conocimiento, el lenguaje y la inteligencia.

Los primeros libros de mi generación literaria vieron la luz junto con el momento en que se levantó la censura previa, a comienzos de 1984. No obstante el término de la dictadura aún estaba lejano, la verdadera apertura democrática tardó todavía seis años.

Z.L.: Y de tu conocimiento con Pablo Neruda

D.M.V.: Me remonto muy atrás en el tiempo, probablemente hacia la primavera de 1916, y diviso una ciudad del Sur chileno que va revelando poco a poco sus contornos. Un aroma a madera y humedad impregna el aire purísimo que corre invisible, arrastrando nubes blancas y gruesas en un cielo tan azul que hiere la vista. Bajo ese horizonte interminable, tres muchachos conversan a la sombra del gran árbol del patio del Liceo de Temuco. Intercambian opiniones sobre libros. El más delgado de ellos recita de memoria poemas de Góngora, Quevedo, Whitman, Tagore. El de ojos rasgados habla de guardabosques, de flores, de plantas, de aromas. El de nariz aguileña menciona a Dostoiesvsky, a Gógol, a Chéjov, a Gorki. También conversan de un mundo nuevo, por venir, que va a resucitar como Ave Fénix de las cenizas humeantes de la Gran Guerra, y traerá como regalo la paz entre los pueblos. Un mundo donde la literatura será más importante que el papel moneda, donde la cultura será el idioma común de todos los seres humanos. El adolescente delgado, de mirada lánguida y profunda, es Neftalí Reyes Basualto, quien habrá de transformarse en Pablo Neruda. El recio mocetón de ojos como rayas es Gilberto Concha Riffo, que adoptará el seudónimo de Juvencio Valle. El de nariz quebrada y aire severo es Diego Muñoz Espinoza, mi padre. Ninguno de ellos sospecha que el destino les depara honores, exilios, persecuciones, premios, fiestas, noches de bohemia, listas negras, estrecheces, amenazas, alabanzas. Todos los sabores de la vida los esperan, ocultos en la acechanza del tiempo.

La amistad de estos tres escritores chilenos, nacida en los albores de la adolescencia, duró toda una vida. Para mí era habitual ver al “tío Pablo” los fines de semana, o en actividades culturales junto a una pléyade de “tíos” escritores, pintores, fotógrafos, científicos, profesionales, políticos e intelectuales. Tuve la suerte de alternar con ellos de manera cotidiana, muy próxima, prácticamente familiar, y-de alguna manera por esta misma razón- no le atribuí importancia hasta que alcancé la adolescencia y pude ver estos hechos y personalidades en perspectiva.

Con frecuencia creciente, desde fines de los sesenta hasta los años del gobierno de Salvador Allende –quebrantado por la fuerza de las armas se septiembre de 1973- participé en actividades donde Pablo Neruda estuvo presente: recitales, conferencias, campañas de diversa índole, debates y –posiblemente las más inolvidables- tertulias, celebraciones y varios cumpleaños en las casas del Vate en Santiago e Isla Negra.

El verano de 1973 vi por última vez al “tío Pablo”. Habíamos ido, mi padre y yo, solos de vacaciones a El Tabo. Allí cumplí los diecisiete años. Estuvimos un par de semanas de las que guardo un recuerdo extraordinario. Todos los días, después del almuerzo y la extensa sobremesa destinada a discutir la revuelta situación del país en mesas de diverso tamaño, mi padre partía caminando a Isla Negra para conversar con Pablo. Yo me resistía a acompañarlo por no romper su intimidad. Entre susurros sus amigos comentaban que Neruda estaba bastante delicado de salud y yo no quería verlo postrado. Sesenta años de amistad, sueños, luchas, lecturas y tropelías eran un vínculo poderoso frente al cual me sentía un intruso. Pero una de esas tardes me sumé, y partimos juntos a Isla Negra.

Matilde nos hizo pasar a la habitación de Pablo, que por orden médica estaba en reposo y sometido a estricta dieta. Los saludos me sonaron algo protocolares; ambos amigos estaban muy serios; parecían lejanos, casi desconocidos. Primero pensé acaso habría ocurrido algún desencuentro entre ellos; luego que yo –tal como intuía- era el factor inhibitorio, y comencé a elucubrar una retirada digna. Sin embargo, cuando Matilde se retiró y quedamos solos, el cuadro cambió radicalmente. La cara de Pablo se iluminó y se transformó en la faz de un demonio que indicaba en dirección al ropero. Mi padre, convertido en feliz Satanás, se dirigió sonriente al mueble para rescatar un par de botellas del más fino scotch, escapadas a la férrea vigilancia. Recién había terminado la guerra de Vietnam y celebramos, con alegría y con alcohol, esa victoria que parecía anunciar un cambio positivo en el mundo, el fin del dolor y de la injusticia. Bebimos como cosacos esa tarde. Entre brindis y brindis reconstruían el pasado común, día a día y hora a hora. Hoy en día, un biógrafo vendería su alma al diablo por estar en mi lugar aquella última sesión de bohemia que tuvieron juntos.

Pronto vendrían tiempos difíciles, pero eso no lo sabíamos. Capturado por un sueño mágico, derivado del whisky y del entusiasmo de los viejos bohemios, bebí mano a mano con ellos, felices como en los buenos tiempos, sin más preocupación que hacer de la noche un espacio libre. Cantamos canciones de viejos marinos noruegos, canciones olvidadas de corsarios y filibusteros, cuecas apócrifas y tonadas picarescas. Y ya entrada la noche nos despedimos con grandes abrazos de un Neruda radiante, sano, indestructible. “Hoy estaba bien Pablo”, me dijo de vuelta mi padre, “me dio gusto verlo así, pero está enfermo, tiene muchas molestias, incluso dolores. El whisky es una medicina infalible”. Nos reímos.

Esa fue la última vez que vi al “tío Pablo”, poco más de seis meses antes del Golpe Militar.

Z.L.: Cuáles son géneros renovadores en la literatura chilena?

D.M.V.: En la literatura chilena actual, cuyo panorama es demasiado amplio para referirse en breve tiempo, pueden destacarse sin embargo algunas tendencias recientes que tiene sentido advertir oportunamente, pues son reveladoras de cambios profundos, que con seguridad tendrán efectos importantes en el futuro próximo. Nos referimos a la novela policial o género negro, la literatura fantástica y la ciencia ficción, y a los microcuentos o minificción.

El género policial

Una de ellas, no obstante tiene una raigambre histórica nacional, es el género policial, también denominado novela negra, donde se ha observado la irrupción de un creciente número de autores de éxito, entre los cuales destacan Ramón Díaz Eterovic y Roberto Ampuero –ambos con una apreciable serie de novelas- , junto a otros narradores que han abordado el género en forma recurrente, aunque no exclusiva, como el conocidísimo internacionalmente Luis Sepúlveda, Poli Délano, Mauricio Electorat, Antonio Rojas Gómez, Sergio Gómez, José Román, entre otros. A ellos se suma una serie de narradores que exploran con pericia y garra las posibilidades del género encabezados por Carlos Tromben, Bartolomé Leal, José Gai. De las raíces más antiguas del género existen evidencias en la producción de Alberto Edwards, Luis Enrique Délano (Premio Nacional de Periodismo).

El género policial constituye una realidad muy fuerte en el movimiento literario contemporáneo, lo cual se expresa en la realización reciente, en octubre recién pasado, de un gran festival literario llamado Santiago Negro, donde concurrieron autores nacionales y extranjeros, junto a estudiosos de diversas universidades. Por ende puede verse como una corriente en pleno desarrollo, más que incipiente.

Otra situación es la de la literatura fantástica y el microcuento o minificción. Ambas son tendencias emergentes, si bien pueden encontrarse también raíces en la literatura del siglo XX, e incluso antes, pero su desarrollo actual es menor en términos cualitativos y cuantitativos si se compara con el género policial, si bien el potencial es bastante grande y crece con bastante rapidez su presencia.

La literatura fantástica

La literatura fantástica tiene antecedentes y cultores en el pasado, así como los tiene en la actualidad, especialmente en el ámbito de la ciencia ficción, como lo atestigua una serie de publicaciones muy recientes. Durante el siglo XX, la ciencia ficción chilena transitó caminos dispares, siendo cultivada por numerosos escritores -desde Pedro Sienna a Ariel Dorfman- que dejaron una obra heterogénea y dispersa. Sobresalen por su recurrencia los textos de política ficción y las obras utópicas referidas a civilizaciones perdidas como la Atlántida o la Ciudad de los Césares, tópicos visitados por escritores como Manuel Rojas, Luis Enrique Délano, Fernando Alegría -quien publicó la antología Leyenda de la ciudad perdida- y Manuel Astica Fuentes, cuya novela Thimor abre esta línea temática en 1932. Sin embargo, a partir de la década de 1950 y de la mano de la publicación de Los altísimos de Hugo Correa, la ciencia ficción chilena inició su época más fructífera, contando con exponentes permanentes del género encabezados por el mismo Correa, quien ha sido incluido en numerosas antologías extranjeras y traducido a diversos idiomas, y al que se suman autores como Elena Aldunate y Antoine Montagne (Antonio Montero).

Hoy, con la publicación de obras como Flores para un cyborg (1997, 2003, 2008 en España) de Diego Muñoz Valenzuela, que obtuvo el premio del Consejo Nacional del Libro en 1996, la antología Años luz de Marcelo Novoa en 2006, la publicación de las novelas Ygdrasil (2005) y Synco de Jorge Baradit , la literatura de ciencia ficción parece estar tomando un nuevo impulso, que quizás abra finalmente la puerta de una historia desconocida y fascinante. A los nombrados se suma una serie de autores entre los cuales mencionamos a Claudio Jaque, Oscar Barrientos Bradasic, Francisco Ortega, Sergio Amira, Luis Saavedra y Gabriel Mérida.

Por otra parte, acaba de publicarse en Chile El hipódromo de Alicante, una notable colección de cuentos de Héctor Pinochet Ciudad, fallecido hace una década, probablemente el principal exponente de la literatura fantástica propiamente tal.
En suma, tanto a través de las publicaciones crecientes del género, como de la presencia en páginas web especializadas o de letras en general, la literatura fantástica –liderada por la ciencia ficción- se muestra como una tendencia vigorosa que dejará huella.

El microcuento o minificción

Es posible rastrear antecedentes tempranos del microcuento en Chile en el poeta Vicente Huidobro, en el paso del nicaragüense Rubén Darío por Chile, y más tarde en narradores como Alfonso Alcalde, Poli Délano, Virginia Vidal, entre otros. Sin embargo, es mucho después cuando el microcuento tomó cierta fuerza y presencia en el contexto literario nacional, y ello aconteció durante la dictadura militar.

El profesor y escritor Juan Armando Epple ha estudiado, antologado y divulgado el género en el concierto hispanoamericano y ha desarrollado múltiples trabajos sobre la evolución de este nuevo género en Chile. Entre los principales cultores actuales del género encontramos a varios integrantes de la llamada Generación de los 80: Pía Barros, Diego Muñoz Valenzuela, Lilian Elphick, Carlos Iturra, Gabriela Aguilera, Max Valdés, Susana Sánchez. De otras generaciones anteriores están Andrés Gallardo y el propio Juan Armando Epple.

Esta presencia se ha manifestó en los 80 en lecturas públicas (con cierta connotación de rebeldía libertaria), publicaciones en revistas semiclandestinas e inclusión en algunos volúmenes de cuentos). Hacia fines de los 90 y más decididamente en la década siguiente, surgen los primeros volúmenes del género y también algunas editoriales interesadas en llevar adelante colecciones de microcuentos. Desde mediados de la presente década se han realizado diversos encuentros, concursos y simposios del género, incluyendo un Congreso Internacional de Minificción (2004, Valparaíso), los Encuentros SEA BREVE POR FAVOR I y II organizados por la corporación Letras de Chile en 2007 y 2008 (se proyecta el III para 2010), el concurso de microcuentos SANTIAGO EN CIEN PALABRAS que organizan la revista PLAGIO y el Metro de Santiago por décima vez.

La minificción va ganando adeptos con rápido paso: se comienza a estudiar en las universidades como fenómeno de interés; se invita a escritores a dialogar con académicos; se forman especialistas; las editoriales van incluyendo el nuevo género en sus catálogos; y –lo que más importa- el público juvenil siente una gran afinidad con él. Un potencial que se va materializando con gran velocidad, pero que también va creando nuevos espacios y nuevas posibilidades.

Z.L.: ¿Quiénes son los más destacados escritores de origen croata en Chile?

D.M.V.: Existe una curiosa y poderosa relación en el ámbito literario entre Chile y Croacia. Varios de los escritores más destacados en la actualidad –particularmente en el ámbito de la narrativa- son descendientes de croatas. Soy amigo personal de varios de ellos, una coincidencia curiosa de la que me enorgullezco. Hablo de mis compañeros de generación Ramón Díaz Eterovic, Juan Mihovilovich y Mario Banic, todos ellos nacidos como escritores durante la larga dictadura militar. A los nombres célebres de la actualidad hay que agregar varios otros, entre ellos destaca Antonio Skármeta, cuentista y novelista de la generación del Novísimos que hizo eclosión en los años 60.

Entre los escritores nacionales de origen croata hay una larga lista donde se consignan nombres como Arturo Givovich, Amalia Rendic, Nicolás Mihovilovic, Ernesto Livacic y más recientemente Eugenio Mimica Barassi y Oscar Barrientos Bradasic. Por cierto, la enumeración podría ser mucho más extensa.

Para referirnos a la actualidad, habría que detenerse, aunque sea brevemente a la obra de algunos autores en plena producción, pudiendo esta reseña extenderse a otros autores, me remito a cuatro de ellos:

Antonio Skármeta, cuentista, novelista y relevante creador audiovisual, perteneciente a la generación de los Novísimos, cuya producción literaria se inició a fines de los 60. Estuvo exiliado en el periodo dictatorial. Es autor de varias novelas, libros de relatos y guiones cinematográficos. Su obra aborda los acontecimientos políticos que rodearon la historia chilena a principios de los setenta tratados con humor y emotividad. Ardiente paciente (1985) es la obra en la que se inspiró para hacer el guión de la exitosa película El cartero y Pablo Neruda (1994). Esta obra se reeditó en 1996 bajo el nombre de El cartero de Neruda. Posteriormente publicó La boda del poeta (1999), primera obra de una trilogía, ahora película dirigida por Esteban Trueba. Tiene a su haber una larga lista de galardones, entre ellos, el premio Planeta de Novela.

Ramón Díaz Eterovic, popularmente conocido por su detective privado ficticio llamado Heredia. Novelista y cuentista perteneciente a la generación del 80, ha destacado por sus publicaciones en el ámbito de la novela negra. Heredia ha sido el protagonista de más de una decena de novelas que constituyen la saga Heredia (la cual devino en varios capítulos de una serie televisiva), comenzando en 1987 con La ciudad está triste, a las cuales se añaden una novela, varios libros de cuentos, diversas antologías y varios poemarios. Su obra ha sido reconocida con múltiples galardones literarios, entre ellos el Premio del Consejo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura, el Premio Municipal de Santiago, Premio Las Dos Orillas del Salón Iberoamericano de Gijón (2000). Sus novelas han sido publicadas en Alemania, Croacia, Holanda, Italia, España, Portugal, Grecia y Francia.

Juan Mihovilovich Hernández, ejerció como abogado de Derechos Humanos durante la dictadura militar; actualmente se desempeña como juez en Curepto, un pequeño pueblo de la región del Maule. Ha publicado varias novelas y volúmenes de cuentos de gran aceptación. Su novela El contagio de la locura (2006) fue una de las novelas seleccionadas para el premio Herralde, en España, el año 2005. Destaca por su profundidad entre los narradores de la generación del 80, que inició a la escritura en la dictadura militar. Ha sido antologado en diversas publicaciones dentro y fuera de Chile.

Mario Banic Illanes, cuentista de la generación del 80 con varios volúmenes de cuentos publicados. Ha obtenido distinciones en diversos concursos, entre ellos el Premio de Cuento Nacional de Diario La Tercera, y el de la Revista Paula. Sus relatos han sido incluidos en diversas antologías publicadas en el país y en el extranjero.

Z.L.: ¿Cuáles son tus planes literarios?

D.M.V.: Siempre estoy escribiendo algo, pero hay varias obras terminadas, prácticamente listas para entrar en prensa; dos novelas y dos libros de cuentos, que son los siguientes:

LAS CRIATURAS DEL CYBORG, continuación de FLORES PARA UN CYBORG, novela de ciencia ficción con elementos de novela negra (neopolicial), donde TOM, el cyborg que se ha convertido en el símil de un ser humano: autónomo, creativo, sentimental, da nuevos pasos en su lucha contra los poderes siniestros que provienen de los enemigos de la democracia y los negocios ilegales. Aquí aparece la nanotecnología como un relevante elemento de anticipación.

DEMONIOS DE MAXWELL, es una nueva colección de cuentos (la sexta en mi caso), que incluye temáticas fantásticas, urbanas, humor, muy actuales, que incluyen ambientes que combinan negocio y mendicidad, venta de sexo, especuladores afortunados, visitas divinas, obsesiones escatológicas, borracheras enamoramientos y toda clase de sueños demenciales.

CONTRACUENTOS DE HADAS, un volumen que contiene cerca de doscientos microrrelatos (con extensión menor a una página, en el orden de las cien palabras cada uno) sobre temas fantásticos. El desafío de este volumen, más allá de la cantidad de microrrelatos, es la unidad temática que los sitúa dentro del género fantástico.

OJOS DE METAL, una tercera novela de la serie del Cyborg, donde la acción es llevada a Ultramar, introduciendo nuevos elementos de tecnologías ultravanzadas en la lucha contra los clanes de narcotraficantes, represores en retiro temporal y oscuros gánsteres ligados a toda clase de corrupción,

En etapa de escritura y preparación tengo otros volúmenes temáticos de microrrelatos, un nuevo volumen de cuentos, y una novela fantástica con otra temática diferente a la serie del cyborg.

01 marzo, 2010

Constitución: matrimonio de mar y río


Mi pueblo natal ha sido arrasado por un terrible terremoto y después por un maremoto spantoso. Apenas he podido ver unas pocas imágenesde esta tragedia. Acá va -como testimonio del enorme afecto por mi tierra y la pena que me embarga- lo que escribí para la serie NOSOTROS LOS CHILENOS publicada por LOM Ediciones.


Nueva Bilbao de Gardoqui

Cual si unas gigantescas manos hubieran descendido del cielo para moldear la confluencia de océano, cordillera, bosques, río, dunas y tierras fértiles, Constitución se plasma en un extraño capricho de la naturaleza, buen escenario para historias y esplendores pasados. El ancho Maule, primer río navegable de norte a sur del país, forma parte indisoluble de la historia de Constitución, ciudad construida junto a su desembocadura, fundada en 1794 por Ambrosio O´Higgins bajo la denominación de Nueva Bilbao de Gardoqui. Se requería con urgencia un lugar donde embarcar trigo, porotos, lentejas, los famosos vinos maulinos y otras riquezas agrícolas producidas en las haciendas de la zona. Así esta pequeña ciudad se convirtió en puerto. Con el tiempo adquirió incluso el ampuloso título de Puerto Mayor, no por la profusión y magnitud de sus instalaciones, sino que en virtud del considerable comercio que floreció por espacio de muchas décadas. Este fue el caldo de cultivo para una estirpe de soñadores regionalistas, vehementes, cazurros, grandes exponentes de la sabiduría huasa, astutos y maliciosos como el culpeo, nominados con el orgulloso gentilicio de “mauchos”.
Una y otra vez, los mauchos han hecho caso omiso de amenazas y catástrofes de diverso signo, confabuladas para aniquilar la existencia de la ciudad. Le han doblado la mano al destino con esfuerzo y pertinacia extremas, ¿chauvinismo acendrado?, ¿locura? Inundaciones, tsunamis, terremotos, embancamientos y crisis económicas no impidieron que Constitución siga allí para testimoniar la enorme potencialidad del ser humano y sus obsesiones.
En las orillas del río, producto de la necesidad, del ingenio y del comercio floreciente, nacieron los astilleros, madres de las lanchas y los famosos “faluchos”, embarcaciones fabricadas con roble pellín de la zona, otrora dominante en el paisaje. El roble pellín, desplazado ahora por los pinos y eucaliptos que alimentan el apetito inagotable de la planta de celulosa instalada a fines de los sesenta. Dada la carencia de caminos, las lanchas maulinas constituían la mejor vía para comunicar la vecina e importante ciudad de Talca, las haciendas de la zona y el puerto de Constitución.
En el siglo XIX, Constitución era el mayor puerto entre Talcahuano y Valparaíso; de allí su estratégica importancia para la agricultura, y luego para la naciente minería. Los faluchos recorrían no sólo los puertos de Chile, sino que toda la orilla americana del Océano Pacífico, llegando incluso hasta la Bahía de California, al mítico San Francisco, donde desembarcaron miles de febriles chilenos tras la quimera del oro. A mediados del siglo XX, en el Mercado de Constitución era posible adquirir pinturas ingenuas que reproducían la geografía intrincada del puerto californiano, su vida bulliciosa, llena de luces; eran dibujos nacidos de las manos de navegantes mauchos que recorrieron la costa del Pacífico de cabo a rabo. Florecieron los astilleros, arrastrados por el comercio creciente y la consecuente demanda de nuevas naves. Se cree que los artesanos autóctonos adaptaron un modelo de embarcación normanda, adecuándolo a los materiales disponibles y a las características del río, sin preocuparse de finezas. Los faluchos son naves gruesas, rústicas y resistentes, dotadas de mástiles gruesos y bajos, exentas de comodidades para sus tripulantes.

Bordeando el litoral

El litoral ubicado al sur del estuario es abundante en formaciones rocosas de extrañas y atractivas geometrías, entre las cuales destaca la Piedra de la Iglesia, enorme monumento natural, mudo testigo de las aventuras de comerciantes, marinos, filibusteros y pescadores temerarios. Azotados por la fuerza inclemente del océano, que jamás toma descanso en esa latitud, así como por vientos inmisericordes que trasminan los huesos, los roqueríos han adoptado curiosas formas con el paso de los milenios. La naturaleza se erige allí en escultor caprichoso, venal, propenso a la creación de arcos, grutas y cavernas de dimensiones colosales y propósitos inextricables. Asimismo, la constante furia marina muele silenciosamente las moles pétreas sumergidas, convirtiéndolas en finísima arena negra, propia de las playas de Constitución. No es raro presenciar el escape de ingenuos bañistas, envueltos en sus toallas para atenuar el azote de las feroces ventoleras que levantan tormentas de arena negra para azotar la piel de los desprevenidos.
La Piedra de la Iglesia, símbolo indiscutible de Constitución, exhibe en su alta cima una pequeña cruz, instalada allí por un imprudente que debió rivalizar en destrezas con las aves marinas que pululan sobre su irregular superficie, profusa en guano blanco. Una gruta ojival al medio de su base le otorga la apariencia de templo. La cara sur de la Piedra ofrece la posibilidad de equilibrarse a través de senderos excavados en la roca y precarios puentes que se van empinando cada vez más alto, hasta ir a perderse en la abertura en penumbras. La travesía de la escarpada roca siempre se me antojó infranqueable. Cada vez que intenté internarme en la gruta fracasé, contenido por el vértigo o el siniestro retumbar de las olas, que va incrementándose a medida que el escalador se aproxima a la entrada mediante acrobacias. Quienes ingresaron alguna vez a su nave, aseveran haber oído voces de mando de corsarios perdidos en el confín del tiempo, y carcajadas de brujas maléficas, ansiosas de engullir almas con un soplido.
Por doquiera sobrevuelan miríadas de gaviotas, prestas a abalanzarse sobre sus presas ocultas bajo el oleaje. Entre la muchedumbre de aves marinas propensas a la algarabía, resalta la silueta de los alcatraces, tranquilas aeronaves que se dejan arrastrar por las corrientes de aire con destreza de pilotos expertos, guardianes severos de las alturas, gendarmes del océano, inmunes a su cólera. Los tímidos gaviotines de caminar rápido y ridículo, payasos de la costa, van dejando sus huellas sobre la arena húmeda para que el agua borre su rastro de inmediato. Un observador paciente descubrirá una familia de toninas retozando, regalando sus saltos de artistas circenses, o a una banda de ahítos lobos de mar, entregados al ocio y la vagancia. El aire es límpido, rebelde, impregnado de materias marinas: aroma de océano, sal, cochayuyo, yodo y briznas de espuma. Las olas depositan caracoles azulados, conchuela, piedras negras pulimentadas, fragmentos de cuarzo, trozos de medusas, y de cuando en vez, una tentadora macha, fresca y apetitosa.

Ermitaños, cavernas y tesoros

Deambulando hacia el sur por el litoral, camino al puerto de Maguillines, última tentativa frustrada de resucitar la actividad portuaria de Constitución en la década de los 70, después de cruzar el Arco de los Enamorados y disfrutar el caprichoso paisaje de roqueríos, de atravesar corriendo un túnel que comunica dos playas aisladas por una mole granítica, el aventurero perseverante arribará al entorno de la Cueva del Ermitaño. Es una gruta disimulada, casi inaccesible, ubicada a más de veinte metros por sobre el nivel del mar. Habrá sido excavada por el océano millones de años atrás, en una época remota. Ascender hasta su entrada imponente constituye hazaña no despreciable, por lo escarpado y resbaloso del sendero que conduce a ella. Muchos exploradores renuncian a la tarea después de una caída. Aquel persistente investigador que alcance la meta, sentirá latir su corazón por la emoción de hallarse en el refugio secreto de un ermitaño –genio trastornado para algunos, simple deschavetado para otros- que custodió los tesoros que un corsario famoso ocultó en un foso insondable.
Hasta allí llegué, muchos años atrás, trémulo, sudoroso, rasmillado y provisto de una exigua linterna. Me interné por los senderos de la gruta, sorteando las estalactitas, hasta penetrar en un túnel estrecho y horriblemente oscuro; tan negro que parecía devorar al instante el haz de luz de mi pequeña linterna. Arrastrándome la mayor parte del camino, deslizándome sobre rocas puntiagudas, alcancé el inicio de una bóveda mayor, cuya oscuridad era infinita. Había un gran silencio. Experimenté un horror sin límite. La mano descarnada del ermitaño se posaría en mi hombro en cualquier instante. Dejé de respirar. De pronto escuché el fragor del océano que había quedado allá afuera, lejos. ¿Cómo podía escuchar de nuevo el oleaje? Comprendí que el sonido llegaba a través de grietas excavadas en la roca: existía un abismo invisible justo al frente de mis ojos, una sima que no podía ver. Lancé un guijarro hacia la oscuridad. Por varios segundos no se oyó nada más que el mar. Al fin, tras una espera eterna, llegó el eco de la piedra entrando al agua. Tal vez allí, justo ante mis narices, descansaban los cofres repletos de doblones, custodiados por los esqueletos de los piratas. El terror me dominó y escapé hacia la salida. Así culminó la búsqueda del tesoro.

Añoranzas y sueños

A fines del siglo XIX comenzó la decadencia del puerto. Fue despojado de su categoría de puerto mayor. La desembocadura del río se había ido embancando con arena y atravesar la barra se convirtió en una tarea pródiga en peligros para cualquier embarcación. Si bien el Maule se dejaba navegar (y todavía lo permite), la salida al mar se hizo progresivamente compleja, asunto de peritos. Las últimas grandes compañías navieras suspendieron sus servicios hacia Constitución en 1910. Constitución se aislaba y los productos del esplendor agrícola iban quedando atrapados, sin salida, asfixiando lentamente la vida económica de la región. La desesperación cundía y las propuestas de solución se sucedían, vertiginosas y alocadas. La añoranza del esplendor pasado incubó sueños demenciales y así fue que muchos mauchos prominentes se entregaron a la causa de habilitar un nuevo puerto. Finalmente, avanzada la década de 1920, se emprendió un macroproyecto de puerto marino, muy próximo al estuario. Comenzaron las faenas y también se inició el progresivo embancamiento que alejó el mar de la orilla y dejó a los gigantescos molos varados en la costa, convertidos en ballenas muertas. Los trabajos fueron abandonados y el sueño de transformar a Constitución en una activa urbe cosmopolita se extinguió. Los bancos de arena impedían el paso de los barcos nacidos de los astilleros. Así se extinguió la industria de los faluchos maulinos.
El vacío generado por el fracaso del puerto se llenó en parte con la esperanza de desarrollar el turismo. Desde comienzos del siglo XIX los talquinos habían sido seducidos por la extraordinaria belleza del paisaje, y escogieron a Constitución como su sitio de veraneo. Los fines de semana, el tren de trocha angosta llegaba cargado de veraneantes talquinos, un trayecto cautivante que culminaba con el cruce en altura por sobre el río Maule. En la actualidad, éste es el único ramal de ferrocarriles que se mantiene en actividad, llevando y trayendo veraneantes y campesinos a través de estaciones rurales. Es un verdadero viaje en el tiempo. El traqueteo del tren es complementado por el voceo de los vendedores ambulantes de tortillas con chicharrones, pan de huevo y uva rosada, y las risas y conversaciones de los pasajeros que engullen huevos duros, pollos cocidos y toda clase de manjares que portan en canastos de mimbre, arrebozados entre blancos trozos de sacos de harina.
Pocos recodos de nuestro país evidencian una confabulación geográfica tan flagrante como Constitución. La extravagancia del paisaje se infiltró hacia la mente de los mauchos, contaminándola con delirios de grandeza. Quizás la naturaleza se ensañó con estos sueños, saboteándolos a conciencia. Tal vez la planta de celulosa instalada a fines de los sesenta trajo la prosperidad anhelada, pero bajo la superficie de la modernidad descansan los auténticos atractivos: las casas de adobe con múltiples patios, los techos de tejas, las veredas encumbradas, la caprichosa combinación de escenarios, el litoral agreste y prehistórico, el ritmo cansino de la actividad agrícola, las carretas de bueyes y las trillas a yegua, el misterioso abrazo de mar y río que sigue alentando los sueños de los mauchos. Sueños de campos pletóricos de riquezas que se distribuyen por el mundo en faluchos que atraviesan la barra cargados de vinos excepcionales, cereales dorados y legumbres exquisitas para desterrar definitivamente la sed y el hambre de la humanidad.

23 febrero, 2010

De cómo la poesía infunde historias de amor


La bruja dulce se enamoró del licántropo. No sabe si la sedujo su sonrisa bondadosa y cargada de colmillos, su mirada lobuna inundada de deseo, o sus palabras lentas y cuidadas. La cuestión es que le dio por leer poesía. Leyó a Miguel Hernández y sintió los vuelcos de su corazón de terciopelo ajado. Leyó a García Lorca y se convirtió en potra de nácar y luego en mozuela. Rogó al licántropo para que la llevara al río. Él, gentil, accedió. Bajo la luna hicieron el amor y fueron felices. Después, cuando el alba fue anunciada por un gallo, él se fue para siempre, cantando. La bruja reconoció los versos y cantó con su bellísima voz. Amo el amor de los marineros que besan y se van. Dejan una promesa, no vuelven nunca más.

15 febrero, 2010

Civilización futura 2


Le dijo en todos los tonos al robot lo que era, o lo que creía que era. Primero con arrogancia, enérgico, violento por momentos. Luego paciente, entregando fundamentos sólidos, ordenados, bien estructurados. Finalmente en súplica, de rodillas, implorante, empapado en lágrimas de auto compasión. No hubo caso, el robot ejecutó la sentencia que llevaba programada. Hacía muchos años que nadie leía un libro. Un escritor nada tenía que hacer en aquel mundo moderno. El seco estampido regresó las cosas al orden previsto.

10 febrero, 2010

Civilización futura 1


Conectó el tubo de oxígeno a su máscara e inspiró dos veces con gran intensidad. Se sintió mejor, fuerte y lúcido. Dio arranque a su nuevo jeep y se precipitó por la supercarretera. El coche reclamó combustible y programó una detención en la próxima estación de recarga. Recibió una llamada de su mujer. Por su tono de voz, estaba desesperada, pero no le entendía nada debido a las interferencias. El automóvil se detuvo para llenar el tanque. La aguja se atajó a la mitad. Un mensaje surgió en el visor. “Su fondo de pensión está agotado. Consulte a la central”. No logró comprender. Aceleró el jeep para regresar a la supercarretera subterránea. El teléfono se había apagado. Pronto el auto se paralizó. “No tiene crédito para el peaje”, anunció la pantalla. El motor se extinguió. Una fuerza invisible levantó la máquina y la arrastró a una oscuridad sin retorno.

24 enero, 2010

Alarmas


Suena la alarma del auto, pero nadie hace caso. El ladrón lo desvalija con parsimonia. Algunos vecinos riegan el césped, indiferentes a lo que acontece. Justo en frente resuena la alarma de una casa. Varios tipos cargan el camión estacionado afuera. El sonido ululante no logra alterarlos. Se toman su tiempo. Después de un rato el auto y el camión se marchan sin prisa. Los vecinos continúan regando.

14 enero, 2010

Asunto de procesiones


Bailó dos días y dos noches sin parar, con el traje rojo con lentejuelas y la colorida máscara de diablo. Tras la efigie de la virgen sagrada danzó en honor de dioses perdidos en el tiempo. Tenía el atavío pegado al cuerpo sudoroso y su aliento era más bien una vaharada infernal. Entró al baño, extrajo con cuidado la horrible máscara frente al espejo y la depositó junto al lavatorio. Desde el reflejo lo observaba un rostro verdoso, con ojos rojos como ascuas, dientes filosos y cachos curvados. Sonrió satisfecho: realmente su máscara era una caricatura grotesca.

05 enero, 2010

Asunto de humaredas


El fumador sacó la cajetilla del bolsillo de su chaqueta. El que había dejado de fumar tomó su mano para detenerlo. El que nunca había fumado no entendió lo que estaba aconteciendo. “Aquí no se permite fumar” advirtió el que había renunciado al vicio. El fumador enfureció y dijo “a mí nadie me impide disfrutar un buen cigarrillo”. Y encendió el suyo con un diestro movimiento del Ronson a bencina. “Esta es la zona sin fumar. Tendría que ir afuera”, declaró el mozo indicándole el patio. El fumador se paró y fue adonde podía fumar. El que había dejado de fumar murmuró algunas imprecaciones. El que nunca había fumado, denegó con la cabeza, incapaz de comprender. “Yo creo que el negocio se fue a la mierda”, dijo el que había abandonado el vicio, “uno no puede asociarse con energúmenos”. Y se mandó cambiar. El que nunca había fumado pagó la cuenta. El fumador prendió un nuevo pitillo con su Ronson. “El negocio se convirtió en humo por un maldito cigarro”, concluyó el que nunca había fumado. Y se esfumó.

30 diciembre, 2009

Acerca de licántropos


La luna brilla siniestramente sobre la ciudad amurallada y el licántropo despierta convulso. Es hora de trabajar. A duras penas se viste: sus garras son torpes para esa tarea. Están hechas para desgarrar, no para abrochar botones. Tras grandes esfuerzos logra cerrar el botón superior de su camisa alba. Ahora debe anudar la corbata escarlata. Suspira resignado. Quince minutos después sale de su casa vestido de rigurosa etiqueta, aunque sin zapatos. No hay talla que soporte esas enormes zarpas. Sube a su coche y parte a toda velocidad. Cuando llega a la discoteca sus admiradores lo aclaman. Es la celebridad de la fiesta. Él sonríe con discreción y se encamina al escenario, salta, ruge y se pone a bailar al ritmo de la música estruendosa. Devórame, lobito, le grita una muchacha. Muérdeme el cuello, aúlla otra. Chupa mi sangre. Poséeme. Mátame. Eso le piden, como cada noche. Deberá elegir, como cada noche, una dama a quien hacer feliz.

20 diciembre, 2009

Estética


Visitó en su taller al pintor de monstruos para solicitarle un retrato. Quedó feliz con el resultado. Era una obra de belleza extraordinaria.

12 diciembre, 2009

Miedos del escritor


Temía la noche, pues era el momento de dormir. Sabía que sus personajes lo perseguirían en sueños sin misericordia.
Al llegar el día, feliz, bosquejaba sus pesadillas.

10 diciembre, 2009

Deja vu: la metamorfosis


Cuando el bello escarabajo despertó, vio con horror que se había transformado en Gregorio Samsa.
Tras el espanto, pensó que el asunto le resultaba familiar. “Debo haberlo vivido o soñado antes. O quizás leído”.

04 diciembre, 2009

LUGARES SECRETOS PUBLICADO EN CROACIA


El 19 de Noviembre de 2009 fue presentado en la Biblioteca Nacional y Universitaria de Zagreb (Croacia) el volumen de cuentos LUGARES SECRETOS (TAJNA MJESTA) del escritor chileno Diego Muñoz Valenzuela, publicado por ZNANJE, una de las casas editoriales más prestigiosas de Croacia.


En la ocasión, se refirieron al autor y su obra el Doctor Tihomil Maštrović, director de la Biblioteca Nacional y Universitaria de Zagreb; Alberto Sepúlveda, el Embajador de Chile en la República de Croacia; Tomislav Vintar, Presidente del Grupo Editorial Znanje, y la traductora Zeljka Lovrenčić. El actor Dubravko Sidor leyó varios fragmentos de la obra. Además la traductora entrevistó al autor ante un público estimado en doscientas personas.


La prensa acogió esta publicación con noticias y reportajes, destacando la nacionalidad chilena del autor y su pertenencia a la generación del 80, que surgió a la escritura en medio de una dictadura. De la veintena de cuentos incluidos en el volumen, se destacaron características tales como el predominio de lo fantástico, la soledad y el abandono en la urbe moderna, y la presencia del humor, calificándolo dentro del ámbito de la narrativa postmoderna.


En la prensa se afirmó, por ejemplo, que “algunas de estas historias ilustran fielmente la atmósfera de miedo y desesperanza durante la dictadura en Chile”, que es el caso de Auschwitz, La biblioteca, El visitante. Da “la impresión de que los personajes de Muñoz Valenzuela son personas de carne y hueso, víctimas de la sociedad como una bailarina erótica (Bailarina de topless) o un saxofonista loco (Cruzar la calle). “Diego Muñoz anima a pensar sus historias de profunda introspección, y sugieren que nuestros lugares secretos interiores no sólo significan aislamient,o sino que de alguna forma se conectan con el resto del mundo.


Asimismo en diversas entrevistas y crónicas de prensa, se destacó su obra en géneros innovadores como la ciencia ficción y el microrrelato.

01 diciembre, 2009

Civilización futura 2


Le dijo en todos los tonos al robot lo que era, o lo que creía que era. Primero con arrogancia, enérgico, violento por momentos. Luego paciente, entregando fundamentos sólidos, ordenados, bien estructurados. Finalmente en súplica, de rodillas, implorante, empapado en lágrimas de auto compasión. No hubo caso, el robot ejecutó la sentencia que llevaba programada. Hacía muchos años que nadie leía un libro. Un escritor nada tenía que hacer en aquel mundo moderno. El seco estampido regresó las cosas al orden previsto.

29 noviembre, 2009

Civilización futura 1


Conectó el tubo de oxígeno a su máscara e inspiró dos veces con gran intensidad. Se sintió mejor, fuerte y lúcido. Dio arranque a su nuevo jeep y se precipitó por la supercarretera. El coche reclamó combustible y programó una detención en la próxima estación de recarga. Recibió una llamada de su mujer. Por su tono de voz, estaba desesperada, pero no le entendía nada debido a las interferencias. El automóvil se detuvo para llenar el tanque. La aguja se atajó a la mitad. Un mensaje surgió en el visor. “Su fondo de pensión está agotado. Consulte a la central”. No logró comprender. Aceleró el jeep para regresar a la supercarretera subterránea. El teléfono se había apagado. Pronto el auto se paralizó. “No tiene crédito para el peaje”, anunció la pantalla. El motor se extinguió. Una fuerza invisible levantó la máquina y la arrastró a una oscuridad sin retorno.

21 noviembre, 2009

Desventuras de Odiseo


“¿Acaso crees que soy idiota y nunca supe acerca de tu idilio con Circe?”, espetó furiosa Penélope, azotándole el rostro con el sudario tejido por sus manos extrañadas. “Mátalos a todos, o perderás toda honra, pues cada noche terminé este sudario para revolcarme sobre él con alguno de mis pretendientes”.

14 noviembre, 2009

Alzheimer


El avance de la enfermedad fue devastador. Su cerebro se limpió de recuerdos, como si un operador invisible se empeñase en hacer espacio para almacenar una enciclopedia. Olvidó todo: la ambición desmedida, el deseo de imponerse a cualquier voluntad, la codicia, su afán por la traición y la intriga, el arte de la muerte y su predilección por la violencia, la incapacidad de amar. Se convirtió en un anciano bueno, misericordioso, de límpida mirada.

07 noviembre, 2009

El dragón


Depositó su gigantesco corpachón cubierto con escamas verdes en el Central Park una tibia mañana de mayo, como si hubiera tenido la intención de regocijar a los niños que jugaban y gritaban en el césped, vigilados de cerca por sus padres. Al principio, creyendo que se trataba de un anuncio publicitario, no le hicieron mucho caso. El dragón tuvo miedo del bullicio y trató de escapar, batió las alas, levantó polvo, mas nada consiguió, a excepción de la atención de los presentes que comenzaron a rodearlo. Estaba viejo y enfermo. Intentó exhalar una lengua de fuego para desanimar a los imprudentes, pero sólo una ridícula voluta de humo emergió desde sus fauces. Un niño se encaramó por su lomo chillando de felicidad. Cerró los ojos; estaba tan cansado.

31 octubre, 2009

Cuento con ogro y bruja


El ogro queda mirando muy feo a su esposa, la bruja, aunque en realidad ella sea la antiestética en cuerpo y alma. Alza el brazo como si fuese a descargarlo sobre la nariz retorcida y verrugosa, pero a última hora se arrepiente.
-Eres una bruja manipuladora, un ser horrible y pérfido. Me has hecho desdichado –concluye con tristeza.
-Todo eso lo sabías antes de casarte conmigo, estúpido –le responde con voz cascada la anciana de aliento fétido y ponzoñoso-, pero más pudo tu interés por el dinero.
-¡Qué dinero, bruja maldita, si con el precio de tus hechizos no alcanza ni para el maíz de las gallinas!
-El del tesoro que hurté a Barbanegra después de convertirlo en sapo. ¿Acaso no lo sabías…? –pregunta incrédula, abriendo todo lo que puede sus ojillos maléficos.
-No.
-¿Fue por amor entonces, bello y bobo ogro, eso quieres decir? –interroga conmovida, con los ojos llorosos- ¿Tantas vicisitudes por nada? ¿Cómo he podido hacerlo? –duda unos segundos pero finalmente toma una compleja decisión- Descorre la alfombra y levanta la trampa de madera, allí está el tesoro.
El ogro ejecuta la tarea con diligencia. Una bóveda repleta de diamantes, rubíes, esmeraldas, perlas, metales nobles. Extrae una poderosa espada de oro macizo cuyo mango está engastado con piedras preciosas.
-Ese es un regalo para ti, hermoso ogro, por tu amor –anuncia la bruja con voz musical-, fue la espada del invencible Carlomagno.
El ogro blande el arma con fiereza y decapita a su esposa con un mandoble cabal. La infernal cabeza de la hechicera rueda por el piso de piedra e intenta lanzar una maldición, pero ya es tarde: la hoja de oro ha cortado sus vínculos con el averno. La dulce elfa emerge de su escondite y tomando por los cabellos grises la testa balbuceante la arroja a las llamas de la chimenea. El alarido tapa los efectos del chisporroteo infernal. La elfa salta a los brazos del ogro para besarlo con pasión.
-Ves, querido, el amor es más fuerte. Y la paciencia una virtud poderosa. Se lo enseñaremos a nuestros hijos, ¿verdad?

25 octubre, 2009

Ciudad Nueva


La ciudad ofrece rincones nuevos por doquier, basta con disponerse a recorrerla dotados de espíritu de aventura. Caminamos por sus calles como si fuera una ciudad extranjera, atentos a las sorpresas que el azar quiera depararnos. Al comienzo lo hicimos para vencer el pantanoso tedio donde nos fuimos hundiendo. Estábamos acostumbrados a rodar por las calles de Nueva York, Buenos Aires, México, Roma. Hasta a Shangai habíamos llegado a dar con nuestras almas. Eso ocurría en la época en que el dinero sobraba, se acumulaba en montañas virtuales en la cuenta corriente. Cuando ya se formaban cordilleras, organizábamos un viaje para toda la familia: Montevideo, Sao Paulo, Montreal, San Francisco, lo que fuera. Me parece que vivíamos arriba de los aviones. Así era nuestra vida hasta que se me ocurrió cumplir cincuenta años y la empresa donde trabajaba, a modo de celebración, decidió darme de baja con honores. Salí por la puerta grande, como suele decirse. Soñaba con las nuevas oportunidades de trabajo entre las cuales tendría que optar. Haría un concienzudo análisis antes de tomar una decisión. Me sentía tranquilo, optimista; la casa estaba pagada y no tenía deudas.
Pero nunca más encontré un trabajo. Nadie necesita ancianos en sus empresas. Eso aprendí. Por suerte Mariana tiene trabajo. Con ese dinero pagamos el supermercado, el colegio de los niños, la bencina y las cuentas de la casa. Para las emergencias –arreglos propios de la casa, los regalos, las medicinas y otros imprevistos- vamos devorando mis ahorros, que con terror veo menguar, mes tras mes. Tuvimos que suspender la televisión por cable, internet, los celulares y vender el segundo auto. Recién vendimos la casa en la playa porque no podemos solventar más los dividendos; la diferencia la deposité en mi cuenta para compensar las mermas continuas. Con frecuencia despierto transpirando, agitado, convulso. Una y otra vez se repite el mismo sueño: vago por desierto sediento y agónico. El agua de mi cantimplora se va agotando y me sigue una jauría de hienas hambrientas, cuyas fauces siento aproximarse. Mariana sabe de mis sueños y trata de consolarme con sus besos. “Ya va a pasar esta mala racha” me dice.
Por cierto ya no podemos viajar a ninguna parte. Así inventé los paseos de fin de semana. Escogemos un barrio y generamos un plan para recorrerlo. Al comienzo, este trabajo inicial hacía solo, pero ahora todos participan. Afortunadamente la ciudad es grande. Todos los meses emerge un barrio nuevo, así es que jamás nos quedamos sin panorama. Tenemos el cuidado de disfrazarnos para no parecer sospechosos. Para visitar los barrios de nuevos ricos, nos vestimos con elegancia, los hombres con traje, corbata, zapatos lustrosos; las mujeres con vestidos de seda y zapatos sin talón, muy bien peinadas y maquilladas. Poseemos tenidas especiales para cada tipo de barrio: de millonarios, aristócratas, empresarios, profesionales, empleados, obreros, cesantes, vendedores. En los sectores proletarios usamos ropa vieja y destartalada, y pasamos desapercibidos acaso nos ensuciamos un poco manos y rostros y nos revolvemos el cabello. Fue difícil convencer a mis hijos, pero terminaron por acostumbrarse.
A mis antiguos amigos no los veo nunca, progresivamente dejaron de llamarnos. Los escasos parientes nos han olvidado también, en consecuencia, vivimos solos y felices, sin interrupciones. Ayudo a los niños más pequeños con sus tareas. Cuido la chacra que he ido creando en el patio; gracias a ella disfrutamos de frutas y verduras gratis. He concebido la idea de criar conejos pero me preocupa que se produzca demasiado olor y eso moleste a los vecinos. Cuando estoy por sentirme abatido, abro el mapa de la ciudad sobre la mesa del comedor y me aboco a estudiarlo. Es una urbe extraña, llena de misterios, desconocida, apasionante. Cada día me siento más extranjero en ella.

21 octubre, 2009

Entretenciones


El rinoceronte de la taquilla dio un resoplido feroz y me extendió la entrad y el vuelto con su mano de dedos cortos y torpes. Le sonreí compungido y desaparecí lo más rápidamente que pude. El gorila de uniforme azul me cortó la entrada después de inspeccionarme con una mirada penetrante. Galopé por el sendero de entrada para visitar la jaula de los humanos. Mi atracción preferida es arrojarles galletas de chocolate con crema porque combaten con fiereza, como bestias que son.

14 octubre, 2009

Ducha matinal


Ayer instaló la nueva ducha teléfono. La antigua apenas tiraba el agua y se había convertido en un tormento largo y progresivo. El baño de la mañana se convirtió en una experiencia frustrante, la peor manera de comenzar un día. Por eso decidió reemplazarla. Cuidadosamente escogió el modelo y llegó agitado a la casa dispuesto a instalarla esa misma noche para disfrutar en breve los beneficios del cambio. Durmió feliz y esperanzado.
Llegó el añorado amanecer. Caminó hacia el baño, se desnudó y abrió la llave con placer. El cálido y vigoroso chorro resultante de la conjunción de centenares de surtidores ínfimos se estrelló contra su piel. Suspiró. Mucho mejor de lo esperado. Primero sintió ardor, pronto vino el malestar y al fin el dolor. Abrió los ojos para ver su piel cayendo a la tina en jirones. El hombro y el brazo estaban descarnados y se veían los huesos a los cuales todavía se mantenían adheridos algunos desgastados tendones. Soltó la ducha y el chorro maléfico disolvió su abdomen, luego la ingle y por último las piernas. Quiso gritar, pero el chorro saltó a su rostro para borrarlo. La tina, el baño, la casa empezaron lentamente a disolverse. Sólo se oía aquel espeso borboteo del chorro.

07 octubre, 2009

Estatuas en los parques


Desde el principio de los tiempos, las estatuas fueron concebidas como torrecillas de reposo para las aves y simultáneamente como repositorios de sus desechos. A estos efectos, se escogen como modelos personajes ilustres, de preferencia gloriosos, que representan odios seculares, envidia o al menos recelos. De este modo durante los plácidos fines de semana los cínicos, los apóstatas, los ácratas y los escépticos logran reponerse de sus amarguras al pasear por los parques y las plazas.

04 octubre, 2009

Carlos Olivárez, el bebedor de cocacola


Conocí a Carlos Olivárez, el Mono para los amigos, a comienzos de la década de los 80, muy probablemente en la Casa del Escritor. Miento. La verdad es que lo conocí más de una década antes, cuando leí Concentración de bicicletas, una colección de cuentos que despertó mi vivo interés en aquel momento (siendo un quinceañero) y me conectó con los Novísimos, una generación con la que la propia –la de los 80- entabló rápidamente -cuando esto fue posible (me refiero a los efectos compartimentadores de la dictadura militar)- una conexión muy fuerte
Los Novísimos donde contamos autores relevantes como Carlos Olivárez, Poli Délano, Antonio Skármeta, Ariel Dorfman, Eugenia Echeverría, Fernando Jerez, Ramiro Rivas, Luis Domínguez y Mauricio Wacquez, enfrentaron la coyuntura social de fines de los años 60, el Gobierno Popular de Salvador Allende, la interminable dictadura militar y el retorno a la democracia. Estos son más o menos los mismos sucesos que marcaron a fuego –con un desfase generacional- a la Generación de los 80. Y eso genera un hermanamiento profundo, al cual podemos añadir otros vínculos como la influencia gravitante de otras literaturas, la norteamericana y la europea, el boom latinoamericano, los aires libertarios de la revolución de las flores, la influencia y el compromiso con las ideas revolucionarias y una larga lista de elementos históricos comunes.
De este modo resultaba inevitable el encuentro con el Mono, y eso ocurrió a comienzos de los 80, como he dicho muy posiblemente en algún rincón poco iluminado de la Casa del Escritor, y en medio del oscuro escenario de la dictadura, con persecución, censura previa y rebeldía efervescente. Cuando supe quién era aquel personaje de ojos oblicuos, pómulos salientes, ancha cabeza, pelo retinto y sonrisa fácil, apariencia por la que recibió la distinción cariñosa de Príncipe de Arauco, me di maña para iniciar una conversación con él. Y fue cosa fácil, porque él estaba bien informado –como solía estarlo de todo- acerca de las andanzas iniciáticas de nuestro “team” ochentero.
Larga charla sobre literatura chilena y universal, sobre amigos comunes como Jorge Teillier y Rolando Cárdenas, sobre los tiempos heroicos del Pedagógico (reeditados en aquellos años con la resistencia universitaria) y personajes literarios claves como algunos ya nombrados, sobre chascarros y anécdotas ocurridas en la misma sede de la Sociedad de Escritores, poblada en esos años por toda clase de seres extravagantes, ingeniosos, temerarios, dementes o geniales, así como por agentes de seguridad a la caza de alguna información. Tras una hora de conversaciones, decidimos trasladarnos a un sitio más apropiado, y eso me trajo grandes expectativas. Nos sentamos en un bar, y ante mi sorpresa, él pidió cocacola. No podía creerlo. El ídolo se venía al suelo. Yo pedí algo más serio, y él no se inmutó. Después supe que para el Mono, el trago había quedado atrás para siempre, consumida ya la dosis para una vida completa. O para varias vidas. Continuó la conversación sin límite, aquella vez y muchas veces más en el futuro. Era un escritor ocurrente, simpático, divertido, agudo, sabio, una delicia de persona. Yo pedí otro trago y él otra cocacola, inaugurando un acuerdo tácito que se prolongó en el tiempo.
Unos años después, Carlos, junto con Fernando Jerez y el entonces recién retornado Poli Délano, alentaron al Instituto Cultural Chileno-Francés para realizar un Encuentro de Narrativa llamado ENCUENTO, que provocó mucho revuelo en aquella época. Fue una especie de puesta en escena, emblema de la narrativa chilena en años difíciles, y un lanzamiento propiamente tal para muchos autores de los 80. Posteriormente, la Editorial Bruguera dirigida por Hugo Galleguillos, publicó los cuentos leídos en este evento en un volumen que forma parte de la historia literaria más relevante de aquellos años.
Fue difícil de creer al comienzo: íbamos a leer nuestros cuentos ante un masivo público ávido e inteligente, desafiando la censura. Bellos afiches, programa, luego la publicación del libro en una edición muy hermosa. Y más encima nos pagaron derechos de autor, un verdadero bautismo de fuego. Recuerdo que Carlos en una reunión nos dijo que debíamos haber enmarcado aquel primer cheque en vez de cobrarlo. Pero tras contemplar ese valioso documento, incrédulos y felices, la necesidad tuvo, como suele tener, cara de hereje. Lo cobramos y lo gastamos sin piedad al día siguiente. Eran tiempos difíciles.
En la rutina del consumo infinito de cocacolas –única bebida que aceptaba el Mono, leal hasta las últimas consecuencia, un auténtico baluarte de la fidelidad de marca- participaban muchos otros escritores, entre ellos Ramón Díaz Eterovic, Fernando Jerez, Ramiro Rivas, Poli Délano (ninguno de ellos bebedores de cocacola precisamente). Las sucesivas rondas iban tornando traposas las lenguas a medida que avanzaba la noche, y para nuestra sorpresa la lengua del Mono también se iba amodorrando al mismo ritmo. Terminábamos hermanados en una borrachera colectiva de whisky, vodka, gin o lo que fuera –nosotros los bebedores- y el abstemio consumidor de cocacolas. Ignoro si era resultado del reflejo de un bebedor jubilado, una forma de solidaridad consciente, o un efecto no catalogado aún de la gaseosa estelar.
A comienzos de los 90, época en la cual Ramón Díaz Eterovic y el que escribe estas letras, asumimos la conducción de la Sociedad de Escritores, sin más respaldo político que la absoluta orfandad y la máxima ingenuidad, amén de varios buenos amigos con buena voluntad, encontramos en Carlos Olivárez un eficaz colaborador que alentó la creación de SIMPSON 7, una revista literaria que por su calidad, dimensión y originalidad dejó huella profunda, como tantas otras aventuras que el Mono emprendió.
En aquellas numerosas horas de charla con el Mono, desfilaron centenares de historias, personajes y anécdotas memorables que darían para más de un libro. Entre ellas la engreída confesión de que -durante la época en que trabajó como redactor creativo de agendas publicitarias- había inventado el ingenioso slogan VAMOS BIEN MAÑANA MEJOR, estandarte que la dictadura enarboló en aquellos años. No sé si era un invento de su mente de fabulador, muy posible explicación, o de una realidad desafiante. Por mi parte, yo le narré como a comienzos de los 80 una turba de rebeldes derribamos, destruimos e incendiamos un letrero luminoso con el referido slogan. Lo celebró con grandes carcajadas.
A Concentración de Bicicletas sucedió –tras un largo silencio narratico- Combustión Interna, un segundo volumen de relatos de tanta importancia y valor como el primero. A sus méritos propios de cuentista, más que suficientes para recordarlo con admiración, se añade su labor periodística y cultural en La Época, su trabajo como antologista y gestor cultural. Gran escritor, hombre sencillo y práctico, pleno de talentos múltiples. Muchas veces estuve en su casa, con su mujer, la querida Sonia y sus hijos Pablo y Rodrigo, respecto a cuyos progresos y andanzas siempre se preocupaba, orgulloso, de mantenerme informado. Todo esto refleja al entrañable Mono Olivárez a quienes tuvimos la suerte de conocer, respetar, querer y -desde hace diez años- extrañar.

03 octubre, 2009

La rock star del microcuento


Para Paulina Bermúdez

Viaja por todo el mundo recorriendo congresos, seminarios, conferencias. La aplauden de pie, aúllan, baten sus palmas, la esperan gritando en los aeropuertos para escuchar. Ordena, deduce, taxonomiza, establece categorías, interpreta y las masas vibran de felicidad. Sus conferencias están siempre repletas. Las revistas donde escribe se agotan y se transan a precios astronómicos en las bosas. Abandona un país para viajar a otro. Mientras vuela escribe artículos, conferencias, reseñas. Los fanáticos organizan el recibimiento. Una microhistoria que se repite una y otra vez.

29 septiembre, 2009

Alienígenas 1


Cuando abrí la puerta del excusado, encontré al maldito extraterrestre instalado allí. El almuerzo me había caído pésimo y necesitaba el inodoro con urgencia. Me miró a través de su escafandra translúcida con aquellos enormes, oblicuos y oscuros ojos de alienígena. Tenía la parte inferior de su traje espacial abajo. Apestaba y eso empeoró la situación porque me vinieron arcadas. Vomité sobre su escafandra. El asqueroso fluido que salió de mis entrañas escurrió empañando el vidrio. Al fulano no debe haberle agradado mi acción, por cierto involuntaria, y llevó rápidamente su mano –o lo que fuera, tentáculo, seudópodo, pata- a la altura donde debieran estar sus caderas. Ya he visto suficientes películas del far-west; a mí no me vienen con cuentos. Le vacié la Walther 38 sobre el pecho. No quería que me saltaran vidrios al rostro. Ocho puntitos verdes aparecieron sobre su traje de cosmonauta, y por ellos comenzaron a escurrir verdes color esmeralda. Antes que cayera, lo levanté en vilo y lo tiré a la tina para que no ensuciara más. Me senté al fin. Y vino el alivio, aunque podía oler la peste de la criatura que convulsionaba en la bañera.

27 septiembre, 2009

Sueños de una gata bizca


A Marcelo, Gabriela y Miguel, pero en especial a Sussy

Los escritores viajaron para participar en una lectura predestinada a no efectuarse. Los recibió una graciosa gata bizca que se les restregó con especial ternura. La hipotética lectura estaba programada en una esquina de un cerro. Hasta allí llegaron los autores, precedidos por la gata turnia trotando ágilmente. Los esperaban un fotógrafo cibernético, un revolucionario retirado (no muy diferente a los escritores), un perro lanudo y otros autores. Por un momento la esperanza brilló en todos ellos, pero luego se desvaneció alegremente. Al fin y al cabo, como ya sabemos, la lectura no era imprescindible. El mundo iba a continuar su marcha ineluctable e impredecible. El fotógrafo cibernético enarboló sus máquinas traídas del futuro y registró la lectura que no se efectuó. Muchas imágenes de aquel evento teórico. La gata estaba sentada como si aguardara aquella lectura que jamás se inició. El ojo bizco miraba hacia adentro graciosamente y hacía felices a los escritores. Por fin todos se fueron a beber y a conversar sobre trenes descarrilados, revoluciones fracasadas y libros maravillosos. Fue una tarde magnífica.
Unos días después, el fotógrafo envió las imágenes fidedignas de aquella quimérica lectura. Entre el numeroso y atento público, faltaba la gata bizca. En su lugar estaba Susan Sarandon, rodeada por libidinosos galanes que la moraban con picardía. Alguien comentó que los galanes que se parecían mucho a Kafka, Buñuel y Freud. Otro echó de menos a la gata. Pero como se trataba de un hecho que no alcanzó a ocurrir jamás, se quedaron con la alegría de aquella tarde imaginaria soñada por una gata bizca.

23 septiembre, 2009

Elecciones 2


La ambición es grande, pero los números no dan. Ni los votos presuntos, ni los aportes de los mecenas, que se han esfumado. Hay que liquidarlo todo, decide el candidato. No perseverar en el intento. Vender a precio de remate. Ahora. Votos, conciencias, palabras, programas, promesas, esperanzas, sueños. Habrá que dar explicaciones, aunque sean febles, precarias. Quizás algunos, unos pocos avispados, reclamarán traición. Los demás están acostumbrados. Seguirán el rumbo señalado o buscarán otra quimera. Números, nada más que números.

20 septiembre, 2009

Arenga a la patria


El asunto es clarísimo. A los cesantes les encuentras empleo o los conviertes en emprendedores. Construyes enormes cárceles para encerrar de por vida a los ladrones, los traficantes, los homicidas, los homosexuales, los terroristas y las prostitutas. No les concedes libertad provisional y ya, vives tranquilo en tu casa, sin temor a que te atraquen. Vendes las empresas del estado y obtienes fondos abundantes para que todo sea eficiente. Así puedes reducir el impuesto que pagan las empresas y el país crecerá vertiginosamente. Hay que gobernar con firmeza, no se trata de ir por ahí dándole el gusto a minorías étnicas o sexuales. Si las armas de la razón no bastan… en fin, hay otras. El futuro es luminoso.

18 septiembre, 2009

Elecciones 1


Cualquier ínfima semejanza con la realidad corresponde a una mera coincidencia

El candidato asevera que representa al cambio. Ofrece generoso, critica con acidez, ironiza, blasfema, sonríe ante las cámaras Afirma que tiene un programa de gobierno auténtico y que lo cumplirá sin ambages. Convertido en carroñero, aletea sobre los despojos de las otras ligas, una manga de tránsfugas y oportunistas. Antes los calificaba de oportunistas, vendepatrias, corruptos y vendidos. Ahora se han convertido en aliados. O en simples votos a precio de remate. Y para bien de la patria, calcula sus futuros beneficios.

17 septiembre, 2009

16 septiembre, 2009

Clones 1


Lo compré por internet. Tuve que mandar una muestra de sangre junto con mi autorización notarial. Fue bastante caro, pero había decidido hacerme ese regalo. Tras separarme de mi tercera esposa me sentía solo. Mis hijos estaban viviendo en otros países y poco o nada sabía de ellos. Amigos, ni hablar, los negocios nunca dejaron espacio para ellos.
Tal como anunció un escueto correo electrónico, llegó una tarde de domingo calurosa y apacible. Golpeó la puerta y cuando abrí, entró cual Pedro por su casa. Bueno, era su casa. Era mi réplica exacta a la fecha de la muestra: aspecto, recuerdos, conocimientos. Se sentó en mi sillón favorito e inició la lectura del periódico.
De pronto, levantó la vista y la dirigió hacia mí, sin demostrar un ápice de sorpresa. “Tráeme un whisky en las rocas”, ordenó antes de agregar, “de doce años”. Continuó leyendo. Se lo preparé y agregué una dosis mortal de cianuro. Lo merecía. Bebió la mitad del vaso de una sola sentada, exhaló un suspiro de placer y quiso proseguir la lectura, pero no fue posible. Un estertor lo sacudió por completo. Trató de ponerse de pie, pero la muerte lo detuvo. Quedó seco, retorcido, con una grotesca mueca de dolor.
Arrojé sus restos al incinerador de basura, mientras reapreciaba las ventajas de la soledad. Me sentí mejor cuando oprimí el botón que ponía en funcionamiento el horno. Después escancié un whisky de doce años, no de seis como el que le había servido.

15 septiembre, 2009

VIDEO: Orden

http://www.youtube.com/watch?v=J_ua-1B_mvA

En el contexto del proyecto Artesanos de la Palabra

14 septiembre, 2009

El vínculo


El papelito decía: "Brasil con Alameda, esquina poniente, 25, 19, Victoria lleva libro verde bajo el brazo, diario abierto en la cartelera de cines; Túnel pregunta si le ha conocido en el cumpleaños de Enrique; Victoria contesta no me acuerdo haberlo visto ahí; Túnel dice que es hermano de Ramón, el músico". Aprendí de memoria el contenido y lo quemé para mayor seguridad. Ahora lo recuerdo mientras camino por el centro haciendo tiempo, viendo cómo se acerca la hora, miro el reloj: aún faltan diez minutos, salí demasiado temprano de la casa, había estado inquieto todo el día dándome vueltas, más de un año sin noticias, sin ver a nadie, concurriendo a misa todos los últimos domingos del mes a la iglesia convenida hasta que por fin, yo escuchaba aburrido la liturgia, como siempre, de improviso llegó alguien a sentarse a mi lado, vi de reojo a una mujer madura, aunque atractiva. Cuando comenzó a cantar el coro se inclinó un poco hacia mí y susurró Hola, Ernesto, no mires, voy a dejarte un recado en el periódico yo quedé como helado, ocurrió cuando menos lo esperaba, creo que en mi interior pensaba que esto era como un rito sin fin, que nunca iba a pasar nada, cerré los ojos, "Tanto tiempo, tanto tiempo, ahora el corazón salta y me siento como un niño", me quedé así, como soñando y cuando miré al costado no había nadie, pero estaba el periódico plegado esperando que lo tomase; a la primera oportunidad salí del recinto, era una sensación tan extraña, afuera todo transcurría normalmente, caminaba entre cientos de personas que no me miraban, pero yo me sentía como un bicho raro con ese diario apretado contra el brazo, aferrado a él como a la vida. Doy una vuelta a la manzana, estoy a dos cuadras de mi destino, cinco minutos todavía, me detengo a mirar los titulares de los periódicos por cuarta o quinta vez, simulo interés, cuatro minutos y medio, a ver, estoy a dos cuadras, a lo más tres minutos si camino lento, me sobra entonces como un minuto y medio, estudio la vitrina de una tienda de repuestos automotrices, más allá una venta de ropa interior femenina, ¿Necesita algo para su esposa? pregunta la dependiente que está como de guardia en la puerta No, no, miraba solamente me siento idiota por la respuesta y me alejo intranquilo, ah: tres minutos, marcho con lentitud hacia el punto, alrededor el ruido de los microbuses atronando, nunca me ha gustado ese bullicio, comienza a oscurecer y eso ahuyenta mi nerviosismo, enciendo un cigarrillo, cuesta mucho a causa del viento, quemo cuatro, cinco fósforos, aspiro el humo, tengo que doblar el diario en la página indicada, pero cuando atraviese la calle, cruzo, un minuto apenas, apuro el tranco, el diario está listo, lo tomo en la mano izquierda junto al libro de modo que ambos se vean claramente, sostengo el cigarrillo con la mano derecha, cuento los pasos y los pasos son el corazón que late por dentro, treinta segundos, hay algunas personas en esa esquina, ¿será alguno de ellos? Hacia el poniente hay un resplandor rojizo cada vez más débil, atravieso Brasil a las siete en punto y comienzo la espera. Cerca mío hay una pareja de ancianos que descarto de inmediato; una mujer joven, bien vestida que mira la hora con inquietud, tendría que haber visto bien el libro y el diario desde donde está, no, no puede ser ella; por Alameda se aproxima un hombre de barba, anteojos, con un portadocumentos, pasa por mi lado sin mirarme, observo desilusionado como se aleja; ahora se detiene un auto y desciende un individuo del interior, el coche parte, hay tres tipos adentro, no alcanzo a ver sus rostros, el que se acerca hacia acá es alto, fornido, terno café claro, me cruzo con sus ojos, imagino la pistola que oculta bajo la axila, ¡qué bien hice en quemar el papel!, bajo la vista para mirar el reloj, las siete y cinco, escucho sus pasos, cierro los ojos un segundo, alguien me toma el brazo con fuerza y pregunta la hora, en frente hay una jovencita de rostro risueño, veo ahora como el tipo de terno besa a la mujer que esperaba en la esquina, Son las siete ni siquiera miro el reloj, ¿Te pasa algo?, te ves nervioso me dice, reparo en sus ojos verdes, tendrá dieciocho, tal vez veinte años, es bonita, No tengo nada contesto apresuradamente para librarme de ella, ¿No nos hemos visto antes? insiste ella con sus ojos Claro, en el cumpleaños de Enrique , No recuerdo haberte visto , Yo sí, soy la hermana del pianista, de Ramón, ¿te acuerdas? , quedo en silencio, sorprendido, se toma de mi brazo sonriendo y caminamos por Brasil abajo, Hola Victoria me dice con aire divertido, Hola, Túnel contesto un poco avergonzado y nos ponemos a reír como locos, tanto que la gente del barrio se fija en nosotros y un anciano mira con admiración a Túnel, Lo felicito musita guiñándome el ojo con picardía, Gracias contesto y aprieto el brazo de Túnel mientras nos alejamos.

12 septiembre, 2009

Arthur Miller en Chile


Aquellas reflexiones y recuerdos inevitables que surgen a propósito de los nefastos aniversarios del 11 de septiembre de 1973, me trajeron la estampa serena e inteligente de un escritor que supo darse tiempo para venir a defender nuestras conculcadas libertades en plena dictadura. Así confirmó que los escritores pueden y deben actuar en la vida social y política; desgraciadamente un ejemplo poco seguido en nuestros días.

La muerte de Arthur Miller el año 2005, cuyos méritos en cuanto a escritura están fuera de discusión, generó menciones en la prensa local, aunque por cierto mucho menos de las que uno hubiera esperado. La literatura ostenta una magra importancia –por no decir nula- en la llamada posmodernidad, frente a otros asuntos de auténtica relevancia que los medios de comunicación exaltan a niveles galácticos, tales como los enormes senos de una reina de festivales, la hostigosa propaganda de las teleseries que adormecerán las conciencias durante el primer semestre, y nuestros bullados y dudosos éxitos deportivos. Pero éste es otro asunto.
Aquellos representantes de la ínfima minoría que todavía privilegia la cultura recordarán con admiración obras tales como Las brujas de Salem o Muerte de un vendedor viajante, de entre una extensa lista de títulos que –para muchos- lo erigieron en el dramaturgo estadounidense más destacado, aún por sobre Eugene O’Neill y Tenessee Williams. Se distinguió como un acerbo crítico de la cultura norteamericana; en sus obras abordó el conflicto social generado por el individualismo propio del modelo liberal, que lleva a la destrucción mediante la ruptura de la ética de la solidaridad y la justicia. No siempre contó con el apoyo de la crítica, con quien siempre mantuvo una actitud –mutua- de beligerancia. Se refería a los críticos como “gente que no puede cantar o bailar” y afirmaba “no conozco a ninguno que sea capaz de llegar al corazón de nada”.
Su intensa sensibilidad ante la injusticia del mundo lo llevó a mantener, durante toda su vida, una actitud activa en pro de la democracia y la libertad, mucho más allá del territorio literario, donde tampoco eludió de tratar estos temas, para él centrales en su visión humanista. En su momento, a fines de la década de 1930, su férreo código ético lo puso en directa (y por cierto peligrosa) trayectoria de colisión con el mccarthismo, inquisición renovada creada por la ultraderecha (y su pontífice fascistoide, el senador Joseph McCarthy) para perseguir al comunismo en una suerte de guerra interna infame desatada contra intelectuales y artistas en la “más grande democracia de occidente”. Miller se negó a dar nombres a la temida comisión de actividades antiamericanas encabezada por el implacable McCarthy, en tanto otros sí lo hicieron, como fue el caso de Elia Kazan (quizás el director que mejor entendió su obra), con quien se enemistó posteriormente. Sólo once intelectuales se negaron a delatar a sus colegas comunistas en el interrogatorio de la “comisión”. Las brujas de Salem es una metáfora de la caza de brujas de aquellos años de persecución, y hay quienes detectan en la obra un ajuste cuentas con Kazan.
Esos decididos pasos en pro de la democracia lo trajeron a Chile en los días previos al plebiscito a mediados de 1988, junto con el gran novelista William Styron (autor de novelas descollantes como La decisión de Sophie y Las confesiones de Nat Turner) para solidarizar con los artistas y escritores chilenos, a respaldar su libertad de expresión y sobre todo para apoyar la lucha de la oposición en contra de la dictadura de Pinochet. Tuve la suerte de compartir muchas horas con Miller y Styron en la Sociedad de Escritores, donde estuvieron en varias oportunidades, y conversar con ellos y otros escritores –entre ellos Poli Délano, uno de sus anfitriones. Ambos escritores se reunieron también con la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, liderada por la inolvidable Sola Sierra, y con la Vicaría de la Solidaridad, entre muchas otras organizaciones de derechos humanos.
En la sede de la Sociedad de Escritores, Miller dio una conferencia donde explicó las razones de su visita. Allí expresó “Nos preocupa la situación de los periodistas puestos en prisión. También supe que artistas y actores fueron amenazados. Quiero demostrar que en Estados Unidos nos preocupamos por estas cosas”. “Para mí, Pinochet representa la dictadura y pienso que es inaceptable”. Por ahí un periodista agudo y bien vestido lo enfrentó con dureza preguntándole acaso había venido para ser utilizado políticamente; Miller sonrió para contestarle con simpleza: “sí”, respuesta que fue saludada con risas y un aplauso estruendoso del público.
En uno de los sucesivos encuentros, no pude resistir la tentación de –al saludarlo- estrecharle la mano vivamente y expresarle en mi limitado inglés “la enorme dicha que sentía por sostener la mano que había tenido el privilegio de acariciar a Marylin Monroe”. Él celebró con entusiasmo esta salida de madre, haciendo gala de buen humor, tal vez adivinando que era otro más de los eternos enamorados de la estrella. Los cuatro años que compartió con Marylin fueron turbulentos y complejos; apenas pudo escribir algo, y lo expusieron a una fama adicional todavía más intensa que la ganada como dramaturgo. Su relación con Marylin lo persiguió toda la vida, y en su estadía en Chile le preguntaron sobre ella varias veces en público; una de aquellas veces el escritor afirmó: “si estuviera viva, ya no sería un mito, y si pudiera hablarles, les diría que quisieran mucho a sus hijos, porque los maltratos que sufrió en su infancia la destruyeron más tarde”. No faltó la nota graciosa y absurda: un pasquín local nos avergonzó como país titulando “ex marido de Marylin Monroe visita Chile”.
Era muy, muy alto, y con su envidiable impermeable flotando se veía imponente caminando junto a nosotros, sus más bajos colegas chilenos, que nos sentíamos protegidos a su alero, como si nada fuera a ocurrir desde ese momento, como si el poder de la dictadura comenzara a corroerse, anticipando el derrumbe.
Ganador del codiciado Pulitzer, reconocido más allá de las fronteras de su país por su aporte a la dramaturgia, nunca se abandonó a la tentación de la comodidad, el glamour, o el mero distanciamiento de los problemas sociales. Indagó en la suciedad oculta debajo de las alfombras del sueño americano: la corrupción, el doblegamiento de la moral ante el poder del dinero,
Casi a los noventa años, murió en la casa de la granja en Connecticut que compró con su primer éxito teatral: Todos eran mis hijos. Con sus propias manos construyó su estudio y el mismo escritorio donde después escribiría Muerte de un vendedor viajero
A pesar de que recuerdo a Miller como un hombre que supo mostrar alegría en aquellos días de su visita a Chile, no era de sonrisa fácil. Por momentos su rostro reflejaba desazón, tristeza, y un examen más atento de su actitud un poco distante, incluso fría, aunque jamás desatenta, revelaba que en su interior flotaban sentimientos de rebeldía y disconformidad. Creyó que el teatro era un arma para traer luz al mundo, para disminuir las injusticias y el dolor humano. No sé si tiene razón, pero simpatizo con la idea; es más, intuyo que de un modo intrincado, inaccesible, está en lo correcto. Lo recuerdo con afecto, enorme y solidario, afectuoso, sabio, triste, ingenioso, ajeno a la complacencia, y sobre todo, lleno de ternura por la humanidad.

11 septiembre, 2009

De lobos y ovejas


Primero la follaré y después la devoraré, anunció el Lobo, y una profusa salivación emanó de sus fauces temibles. Golpeó el vaso vacío contra la barra como para impresionar a sus compañeros de parranda. Ya se las verá conmigo esa tal Caperucita Roja.
La verdad es que los impresionó, pues recientemente había derribado, en días sucesivos, las casas de tres cerditos hermanos para engullirlos vivos ante el horror de los paralogizados vecinos.
Salió de allí con paso decidido hacia el bosque.
Algunas semanas después lo vieron comprando menestras en el almacén del pueblo. Tenía la piel teñida de blanco, el pelo de la cabeza ensortijado y bien recortados los colmillos y las garras. De su brazo colgaba una dichosa Caperucita vestida con sus mejores galas. Pagaron con la tarjeta de Lobo, que la extendió con aire sumiso al tendero. Cargó las mercancías en su carruaje, miró con nostalgia el bar desde donde lo contemplaban sus amigos, y dio media vuelta para ayudar a su esposa a subir.

09 septiembre, 2009

El sitio


Está el castillo sitiado por un ejército enemigo. Quienes resisten en la fortaleza de piedra padecen de sed, hambre y fatiga. Desesperado por el asedio, el Barón hace llamar al Mago, quien ejecuta un sortilegio de inversión; ahora es el ejército invasor quien resiste dentro del castillo y son las fuerzas del Barón las que hostilizan a los defensores.
El Amo de los enemigos despierta sobresaltado y sorprendido por su propio sueño. Ordena el ataque.
El Barón despierta en su sillón señorial, donde lo había vencido el cansancio; escucha los clarines del combate y corre para organizar la defensa.
Bulle entonces la carcajada del Mago por almenas, fosos y puentes levadizos, por el llano. Lanza sus sortilegios maravillosos. Ríe.
El Barón nada oye y carga furiosamente con sus hombres hacia los torreones.
El Barón no escucha sino los gritos de sus enemigos y desenvaina la espada para la que será, acaso, su última batalla.

06 septiembre, 2009

Viaje nocturno


Leonor despertó a la luna para hacer más apacible y translúcida a la noche. La luz blanquecina sostuvo una breve batalla con la oscuridad antes de hacerla retroceder hacia los más impenetrables reductos.
Después se despojó de las ropas, tomó un gran sombrero color naranja y con cinta de tercio¬pelo, y se echó a volar suavemente por los barrios cordilleranos que eran los más favorables para un viaje de esa naturaleza.

05 septiembre, 2009

El guerrero



El mejor guerrero de una tribu nómade, el más valeroso y el más fuerte, se ha quedado en el camino mirando con desprecio la caravana que se aleja. Piensa que son unos cobardes, que ninguno es capaz de sobrevivir por sí mismo en el desierto.
No son hombres verdaderos, piensa.
Algunos días después, el guerrero muere calcinado por el sol. De su cuerpo devorado por las aves de rapiña sólo quedan osamentas. Su arrogancia son huesos blanqueados en la arena interminable.

04 septiembre, 2009

El arquero


Un arquero oscuro y perverso dispara flechas que deberán encontrar el corazón del enemigo, que está solo, desarmado, preocupado del cuidado de una rosa deslumbrante.
Las flechas cruzan limpiamente el valle, llegan a destino, pero horrorizadas de ensuciarse con crueldad y sangre, retornan y atraviesan al arquero uno y otra vez, hasta dejarlo irreconocible.

03 septiembre, 2009

Muerte del mago


El último Gran Mago agoniza, viejísimo y agotado su cuerpo, pero lúcida su mente, poderosa y viva su magia como el primer día, hace milenios.
Acuden a despedirse cientos de seres fantásticos productos de su poder; ángeles y sirenas, licántropos y vampiros, monstruos fabulosos que sollozan sin consuelo junto a su lecho, que es la piel de un unicornio.
El Kraken y la serpiente marina, criaturas preferidas y privilegiadas, lloran silenciosamente, con respeto, sobrecogidas, sin pensar siquiera en chapotear o salpicar.
- Sólo el Hombre no ha venido - señala el anciano, con un gesto de inmenso dolor -, sólo él. Y muere.

02 septiembre, 2009

Lucha social


Una rosa descontenta con su cuidado pincha furiosamente las manos del jardinero y maldice al jazmín vecino que sólo da perfume, ¡el muy inconsciente!

31 agosto, 2009

Huida de la flor


Una flor desertora de un jardín lejano y fabuloso va a tenderse a la orilla del mar a meditar sobre su reciente liberación. De pronto estalla en lágrimas su ocultada soledad, y tanto es lo que llora que al final se seca, y ya ni siquiera el mar es capaz de resucitarla.

30 agosto, 2009

Fábula


Unas decenas de años atrás vuestra ciudad no era más que una miserable aldea de chozas cenicientas, de hombres y mujeres escuálidos y desamparados.
Cierto día el Buen Abdul descubrió que bajo el suelo de la aldea se ocultaba un inagotable filón de oro y una portentosa cantidad de piedras preciosas, y avisó de ello a todo el mundo dando gracias a Alá por tal hallazgo y haciendo constantes genuflexiones a su efigie imaginaria.
Diez días de fiesta sucedieron al formidable descubrimiento del Buen Abdul; todos bendecían a Alá que les había traído tanta dicha: el fin de la miseria y el hambre en la aldea.
En medio de tanta alegría, nadie se fijó en la llegada de un hombre pequeño de piel oscura y ojos vivaces que observaba pacientemente los festejos.
Cuando todo volvió a la normalidad y los aldeanos comenzaron a discutir la forma más justa de distribuir tanta riqueza, apareció el hombre pequeño denominándose "Elegido de Alá" en medio del estupor del pueblo que esperaba la llegada de un profeta anunciada por una antigua leyenda. De modo que el "Elegido de Alá" fue aclamado como profeta por los aldeanos, y se le rindieron homenajes y se le hicieron ricas ofrendas de acuerdo con su elevada dignidad. Gran cantidad de riquezas le fueron entregadas para la construcción de un templo consagrado a la eterna adoración de Alá Baal y sus emisarios terrestres.
Así fue pues que la aldea creció y se convirtió en una maravillosa ciudad con torrecillas y almenas, hermosos templos y prósperos mercados donde se ha desahogado la avaricia y la envidia de los fieles, para finalmente llegar a ser el poderoso y rico Sultanato que es hoy día.
Quiero poner en vuestro reconocimiento, que el bienamado Sultán no es otro que el hombrecillo de ojos vivaces que llegó con las manos vacías tiempo atrás, y que el Buen Abdul, cegado con fierros candentes por la cruel Guardia del Sultanato, es el ciego miserable que junto a otros cientos de mendigos imploran limosnas a los extranjeros, ya que los habitantes de la ciudad tienen prohibición estricta de otorgárselas.
 
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