Estoy hecho de libros, no de
células, menos aún de moléculas o átomos. Si se me observa mediante un
microscopio podrán comprobarlo: huesos constituidos por ínfimos libros blancos de
arquitectura y biología; músculos y tendones
fabricados con fibrosas páginas trenzadas provenientes de textos
filosóficos; órganos internos confeccionados a partir de compendios filosóficos
y de mecánica del movimiento; cerebro conformado por micro enciclopedias y
textos especializados en electrónica, astronomía, política, economía y
telecomunicaciones. La sangre es un concentrado de narrativa de ficción que
alimenta todo el sistema. La carne, una mixtura de poesía y ensayo. El sistema
digestivo se compone de tratados de química y bioquímica. Como podrá imaginarse,
el sistema excretor resulta de una concatenación de elementales librillos de autoayuda. ¿Y la piel?,
preguntará usted; pues, páginas con fotografías, reproducciones de cuadros,
iluminaciones y otros diseños. ¿Y usted, de qué está hecho? ¿Será muy diferente
a mí?
24 febrero, 2016
19 febrero, 2016
El arte del cambio
Para el otoño, con la ayuda del
helado viento, el pájaro se transformó en hoja. Por aburrimiento y cansancio la
hoja devino en saudade; la devoró un poeta y así se convirtió en literatura, y
después en libro. El libro llegó a las manos de un niño en una apartada región
del sur, donde reinaban los glaciares y los bosques interminables. El niño leyó
el libro, consumió el otoño bañado de hojas que volaron por sobre los árboles y
los glaciares, trocadas en bellos pájaros bermellón y azul eléctrico.
11 febrero, 2016
Delirium Tremens
Había bebido en exceso aquella
noche, al igual que todas las precedentes. Cuando levanté la cabeza tras echar
un sueñecito, el esqueleto todavía estaba allí, justo en frente de mí,
echándose un tequila tras otro. Fumaba con la misma intensidad y el humo
escapaba por el hueco de sus órbitas y por sobre la mandíbula.
Entonces concluí que había
comenzado con el delirium tremens. Ya era hora. Tendría que habitar en un mundo
lleno de espantajos como aquél. Mucho mejor que mi antiguo entorno. Había
conseguido mi objetivo. Suspiré con alivio. El esqueleto me sirvió una ración
de tequila, del que más me gusta.
06 febrero, 2016
La tierra prometida
De pronto el celular de Moisés se
largó con una pieza de rock sinfónico. El viejo contestó rabioso, en esencia
porque siempre estaba de mal humor. Una voz grave lo conminó a subir al monte
más cercano. Moisés estaba perezoso y quiso negarse, pero la voz se alzó con
furia y tuvo que rendirse. Subió a duras penas, blasfemando. Llegó hasta una
zarza cerca de la cima, y de nuevo sonó el teléfono. “arrójalo dentro de la
zarza”, ordenó la voz y Moisés acató. La zarza se incendió sin arder, algo raro.
El anciano entró en trance neurolingüístico y recibió una serie de
instrucciones. Descendió reconvertido en líder. El teléfono quedó dentro de la
zarza; al poco rato se auto desintegró, tal
como estaba previsto
30 enero, 2016
Flores para un cyborg: presentación de Cristián Montes Capó
FLORES PARA UN CYBORG fue publicada en
1997 por Ed. Mondadori, después que ganara en 1996 el Premio a la mejor novela
inédita (Premio Mejores Obras Literarias) que concede anualmente el Consejo Nacional
del Libro, reconocido como el más importante en Chile. FLORES PARA UN CYBORG rompió el largo silencio de la ciencia
ficción en el país, que abarcó toda la dictadura y el primer periodo
democrático, y colocó al género en una posición de igualdad con la mejor
narrativa chilena.
En 2003 fue
reeditada en Chile por Ediciones RIL, y en 2011 Simplemente Editores, junto con
la edición de LAS CRIATURAS DEL CYBORG,
segundo volumen de la trilogía que completa OJOS DE METAL (2014), de Simplemente Editores.
En 2008 fue
editada en España por EDA Libros, en Italia como FIORI PER UN CYBORG en 2013 por y en Croacia bajo el título CVIJECE
ZA JEDNOG KIBORGA a fines de 2014.
El Doctor en
Literatura Cristián Montes CApó, profesor de la
Universidad de Chile, presentó la edición croata de FLORES PARA UN CYBORG en Croacia en Octubre de 2015. Este es el
texto de la presentación.
Flores para un cyborg
de Diego Muñoz Valenzuela
Aunque Flores
para un cyborg (2008) de Diego Muñoz Valenzuela ha sido definida como una
novela de ciencia ficción, los diversos registros narrativos convocados en su
representación de mundo la sitúan en lo que actualmente se define como novela
híbrida. Dicha condición se expresa en Flores
para un cyborg en una sintomatología posmoderna signada por la
proliferación de usos de lenguaje, la mezcla de géneros discursivos, la
multiplicidad y fragmentación generalizada y la transtextualidad, entre otros
rasgos claramente posmodernos. En consecuencia, pueden visualizarse en el
discurso de las ideas de la novela rasgos genéricos de la novela de ciencia
ficción, la novela negra, la novela social y la novela de aventuras, entre
otras modalidades discursivas activadas en el imaginario narrativo.
En cuanto a la inscripción de Flores para un cyborg en el género de la ciencia ficción es
importante destacar dos aspectos significativos: por un lado es la novela que marca
la recuperación del género una vez alcanzada la democracia. A partir de ahí se
genera un corpus de novelas en la que la ciencia ficción permitirá a los
autores potenciar el género en cuanto a su capacidad de espejar el presente a
través de sus diversas construcciones imaginarias del futuro. Por otro lado se
está ante una escritura que revela una sólida erudición sobre el tema ficcionalizado.
El lector se ve así apelado por una enciclopedia cultural que remite a competencias de por sí
exigentes en cuanto al conocimiento científico sobre tecnología, ciencia y en
lo referido al concepto de cyborg. En este sentido Flores para un cyborg se distancia ostensiblemente del resto de las
novelas de ciencia ficción escritas previamente en Chile.
Por otro lado y respecto a la vertiente social y
política entrelazada con la de ciencia ficción, Flores para un cyborg tensiona algunos rasgos posmodernos,
especialmente en lo relativo al tratamiento de la historia y la revalorización
de la memoria colectiva. Se inserta así
en una tendencia de la narrativa chilena de postdictadura donde es fundamental la
presencia de la historia, la necesidad de no permitir que el olvido de la
catástrofe dictatorial triunfe en la conciencia del país, una problematización
del presente posdictatorial, un intento de elaborar el duelo respecto a las
muertes acaecidas en dictadura y una reflexión sobre las vastas consecuencias
de la experiencia vivida.
Ambas dimensiones de la novela se entrelazan en la
configuración de una trama regulada por la inestabilidad del presente narrativo
y una enunciación situada en tiempos de la transición democrática chilena. A
partir de ese punto de hablada el narrador realizará constantes remisiones a las
etapas de su infancia y adolescencia, a los tiempos vividos en dictadura
militar, a las situaciones de vida que redundaron en su exilio en Estados Unidos,
a sus estudios de Doctorado en Ciencias y a su regreso al país. En dichos racontos
se accede a la experiencia de un narrador personaje que vivió la utopía de construir
colectivamente un país más justo y que
el golpe militar y los años de dictadura pulverizaron de manera radical. Sin
embargo, lo que motiva la acción de la novela es lo que sucede en tiempos de
democracia, puesto que, según el narrador, todavía no se hecho justicia y ni se
ha logrado encarcelar a los culpables. La novela se erige así en una escucha
privilegiada del discurso social de la época en que fue escrita. Como lo han
señalado diversos historiadores y sociólogos chilenos, el deseo de vitalizar la
memoria en Chile, ha debido batallar con un proceso de democratización dudoso y
con una ambigua forma de continuidad entre la dictadura y la postdictadura. Desde
diversas perspectivas se ha señalado que el país de la actualidad fue generado al
interior de una matriz dictatorial que finalmente devino en? constitucional en
tiempos de democracia y que intentó por todos los medios olvidar dichos
orígenes. Esta forma de amnesia se
identifica con la voluntad de consenso que caracteriza la política neoliberal implementada por los
gobiernos de la concertación. El resultado fue una operación de blanqueo que
exigía olvidar los orígenes del Chile actual, es decir, el golpe militar, las
muertes, las desapariciones, para mostrar al mundo que el Chile de la
Concertación había conseguido superar el pasado.
Es esta atmósfera social y política la que Flores para un cyborg recrea a partir de
una escritura que rechaza el silencio generalizado ante las atrocidades del
pasado y la primacía del olvido por sobre el ejercicio de la memoria. Como afirma
el narrador, Chile se convirtió en: “el país del silencio, donde nadie parecía
querer hablar de la verdad, a excepción de los científicos locos”.
Según se advierte en Flores para un cyborg, la corrupción generalizada y la mentalidad neoliberal
imperante se han vuelto cómplices del enriquecimiento e impunidad de la que
gozan los antiguos represores y asesinos del régimen militar. La investigación
realizada por el narrador y por el cyborg permitirá descubrir que las fuerzas
del mal condensadas en el “Proyecto Génesis”, tal como es nominado en la
novela, no descansarán hasta conquistar nuevamente el poder. De esta
manera la novela evidencia el trauma generalizado del país y el temor de que
pueda volver a suceder en el país lo que ocurrió en el pasado. Por tal razón,
seres como el narrador, el cyborg y un
conjunto de diversos héroes anónimos portadores y representantes de una ética
de la resistencia, deberán estar alertas para que ello no ocurra.
Es en este contexto sociocultural y político de
amenaza de un eventual retorno del terror dictatorial y empresarial donde el
cyborg creado en Estados Unidos cumplirá en Chile su función justiciera. Los
diversos registros de la novela, tales como la ciencia ficción y la crítica
social se potencian partir de un dispositivo estructural privilegiado como es
el caso de la aventura. La trama delirante y la aparición de un tipo de héroe
inédito en la narrativa chilena hacen
del relato de aventura su formante privilegiado para develar las claves
del mundo descrito. Las múltiples capas
de sentido que configuran el espesor narrativo de Flores para un cyborg resaltan en el transcurrir de una acción enriquecida por la presencia de un humor
sumamente eficiente y efectivo. No se trata, sin embargo, de una comicidad que
radique en situaciones puntuales de la
trama o del acontecer de los personajes, sino de un tipo de humor corrosivo que
carnavaliza las verdades establecidas, los discursos convencionales y las
maneras como el país se autorepresenta: una forma de humor que en el despliegue
de la aventura va fortaleciendo su capacidad crítica y disolvente.
Dicho relato de aventura, sin embargo, permite igualmente
la transición constante a momentos descriptivos donde la trama y la acción
quedan en suspenso y al mismo tiempo enriquecen la polivalencia y el nivel
simbólico del texto. Ello ocurre especialmente en torno a la figura del cyborg
y lo que significa su creación. No se trata aquí únicamente de la descripción
de los vínculos entre creador y su obra, sino también de una consistente reflexión
existencial acerca de la autonomía espiritual del ser humano, del tema del sí
mismo, del otro y del otro que es uno mismo. Es elocuente, al respecto, que el narrador
perciba que su creación ya es parte del mismo y que sus almas están hermanadas.
Por otro lado son explícitos sus temores acerca
del mal uso de la inteligencia artificial y de la posible creación de
seres perversos que atenten contra la humanidad.
A manera de conclusión, cabe enfatizar que Flores para un cyborg es una cruda y
potente reflexión sobre el Chile de la postdictadura, con todas sus fisuras, promesas
incumplidas y sueños derrumbados. En medio de una cultura neoliberal donde la
posibilidad de hacer memoria es cada vez más compleja y difícil, el discurso de
la novela revela por un lado el rechazo a toda forma represiva de poder (“odio
concentrado contra el abuso de poder, el crimen, la tortura”) y por otro el
valor asignado a una conducta que enaltezca al ser humano y le otorgue dignidad
a su vida (como es el caso de los hombres “que no ceden un ápice en sus
convicciones ni en su ética”). En la escritura de Flores para un cyborg se evidencia que aún sigue persistiendo en el
discurso social la necesidad de elaborar el duelo y de no permitir que el
pasado se transforme en un compartimento vaciado. Es este estado de ánimo –oscilante entre la
frustración y la esperanza- el que gravita en el centro mismo de la
representación de Flores para un cyborg.
Y ha sido el género de la ciencia ficción, pero enriquecido, como se dijo
anteriormente, por la denuncia social y el relato de aventura, lo que ha
permitido cristalizar la compleja visión de mundo que la novela despliega.
Cristian Montes Capó
20 enero, 2016
La muerte y la doncella
La perfecta belleza ebúrnea de
piel suave como terciopelo, el tono marfilino de la piel, las curvas
enloquecedoras, el triángulo del pubis, los senos diseñados por un dios.
Desnuda, dormida, entregada al beso de la calavera hambrienta, la belleza se
prodiga. Desde un ángulo inferior contemplo el brazo exánime y la luz me revela
el pezón destellando como una joya pulcra, un diamante del deseo. La parca
desliza la osamenta de su mano sobre el muslo –delicia indescriptible- adivino
que camino del sexo. Y los labios, pues el mondo cráneo los posee, buscan tu
boca angelical con el deseo de la vida y de la muerte.
09 enero, 2016
Picnic bestial
El
monstruo de Frankenstein organiza un paseo al campo; insiste en que Drácula
facilite la carroza durante el día para subir a la montaña. El vampiro se
rehúsa al paseo porque es de día, pero el hombre lobo ofrece cargarlo atrás en
el ataúd y despertarlo al atardecer con una buena ración de carne sangrienta.
Lo convence, punto bueno. La momia, en cambio, parte feliz; “milenios que no salgo de picnic”, argumenta mientras se
acicala los vendajes. La mujer pez advierte que no lavará los platos ni servirá
como si fuera mucama; deja fuera cualquier intento de instrumentalización. De
cocaví: un par de humanos y bolsas de plasma para acompañar. La vida es simple
y bella cuando se asume con buena voluntad. 31 diciembre, 2015
Realismo o renuncia: despidiendo el 2015
Mi personaje no sabe si le gusta
el realismo; se lo pregunta hundiéndose los incisivos.
Tras unos segundos concluye que abomina
de él. Detesta devenir en conformista.
Entonces le menciono la renuncia
y estalla en llamas: que no va a renunciar a nada, menos a lo imposible, que
los sueños son el motor de la humanidad, y que de preferencia me vaya a freír
monos al averno de los ingenuos.
Arteramente (bien lo sabe usted),
lanzo mi estocada gramsciana; aquello del pesimismo de la razón y el optimismo
de la voluntad. Lo dejo seco, touché, por un buen rato. Elucubrando.
¿Cuál voluntad, la de quién?, contraataca
mi personaje (que nunca se da por vencido, vaya convenciéndose). Aquí hay una
sola voluntad que se impone por sobre cualquiera, y usted lo sabe, no venga a
joder con esa moneda de la democracia.
Pero hemos avanzado,
contrarresto, eso no puede negarlo; no puede tapar el sol con un dedo.
¿Avanzado hacia dónde? Dígame
usted donde vamos, querido amigo…
Voy por una botella de cola de
mono y un par de vasos. Es lo mejor para cerrar este año. Ya está claro que nos
vamos a fastidiar de este modo las últimas horas de 2015. No nos vamos a poner
de acuerdo. Eso es lo único claro. Aunque sí hay una coincidencia: no pretendemos
pensar igual. Solo pensar. Eso es lindo. Trae esperanzas. ¡Feliz 2016!
27 diciembre, 2015
Realidad y sueño
El caballo galopa con energía,
salta y se difumina igual que su jinete. Fragmentos desaparecen, otros se
diluyen, y algunos se mantienen sólidos, palpables. Se mezclan con el viento y
vuelan felices como una carcajada.
En mi sueño no ocurre así: ni el
caballo es tan hermoso, ni el jinete tan diestro, ni hay ráfagas de aire
fresco, ni la velocidad es asombrosa. Todo es sólido, visible, constatable,
moroso e imperfecto.
Tal vez mis sueños son demasiado vívidos
y la realidad se escapa por los bordes.
Eso entiendo.
19 diciembre, 2015
Otros mundos: Arboretum
Todo el
mundo es un árbol gigante, nada más existe que él y sus habitantes: animales e
insectos. No existen otras plantas, excepto unas de flores rojas muy bellas que
son parásitas; casi animales, podría decirse. Los pájaros son pequeños y de
variedad y aspecto muy amplios; multicolores, de trinos melodiosos, inquietos;
hacen de los amaneceres un auténtico concierto.
La
procedencia de la luz es un misterio: proviene de una zona desconocida y lejana,
donde han de hallarse las fronteras o los límites de Arboretum. Nadie ha
llegado a tales confines, aunque expedicionarios decididos los ha habido, y
bastantes; jamás han regresado y se ha construido una leyenda negra sobre esta
clase de aventura. Así se contiene el espíritu de los jóvenes animales
impetuosos.
Los
animales son bellos e inteligentes, hay doce clases muy diferentes entre sí.
Conviven en paz, con escasas diferencias. Cultivan la música imitando los
pájaros, la pintura sobre corteza del gran árbol, la recolección de los
abundantes frutos que se prodigan y la escritura de textos como este. He
enviado varias copias con jóvenes aventureros. Confío en que alguna de ellas
llegue a sus manos, gentil ser desconocido.
05 diciembre, 2015
Albores de navidad
Desde la barricada, los rebeldes
lanzan coloridos ramos de flores hacia la multitud que se los pelea,
desquiciada. Dos gánsteres apuntan con sendas bananas a la Monalisa, que a
cambio les dirige un lanzallamas amenazando que prenderá sus cigarrillos. Dos
soldados se besan apasionadamente en una esquina mientras Caperucita pasea al
Lobo firmemente sujeto de una espinosa cadena. Los policías mean en las esquinas
y Cristo sigue crucificado en el frontis de la catedral, con grandes bolsas de
regalos colgando de las manos exánimes.14 noviembre, 2015
Gato con nido
El felino de nuestra historia
pensó tanto en los pájaros a lo largo de su vida que los convirtió en su razón
para vivir. Los acechaba con sus ojos magnéticos desde cualquier escondite:
camuflado entre las ramas, desde los puntos altos, en las sombras. Rara vez los
atrapaba, pues era algo lerdo; tampoco necesitaba alimentarse con ellos; era un
gato de casa, bien cuidado y nutrido.
Con los años, llegó a amarlos;
abandonó el propósito ancestral de la cacería. Les agradaba contemplar la
majestuosidad de su vuelo, los ornamentos que algunos lucían como si fuesen
joyas, sus trinos melodiosos y originales. Así, fueron llenando su mente. Por
fin, en sus últimos tiempos, surgió un nido sobre su cabeza.
Por los bordes construidos con
finas ramas apenas sobresalen sus puntudas orejas. Se escucha el piar de las
jóvenes aves. Nuestro gato se aprecia feliz. Es un gran espectáculo.
04 noviembre, 2015
Diego Muñoz Valenzuela, ha cultivado el microrrelato desde mediados de los 70 y es uno de los principales exponentes contemporáneos del género en Chile e Hispanoamérica. Demonios vagos es una antología de su trabajo en este género preparada por el profesor Cristián Montes.La antología está compuesta tanto por microrrelatos publicados en los libros: Nada ha terminado (1984), Ángeles y verdugos (2002), De monstruos y bellezas (2007), Microcuentos (2007) Las nuevas hadas (2011), Breviario mínimo (2011) y Microsauri (2014).
En la presente antología es posible apreciar diversos registros estilísticos y expresivos. Uno de estos registros es el género fantástico. En concordancia con el estilo de Cortázar, el ingreso a lo fantástico se presenta como un quiebre con las coordenadas de la realidad descrita o como una ampliación de la misma.
En lo que concierne al discurso de ideas desplegado en los diversos microrrelatos, predomina, de manera explícita, pero también en sordina, la denuncia de lo sucedido en Chile en tiempos de la dictadura militar. El período dictatorial, el trauma social todavía imperante y la necesidad de un duelo colectivo, son unidades temáticas que el discurso de ideas reelabora desde variados ángulos de significación.
24 octubre, 2015
10 octubre, 2015
Mañana viajo a Croacia a presentar la versión croata de FLORES PARA UN CIBORG en Zagreb y Pula, editada por ALFA y traducida por Zeljka Lovrencic. Presentaré la novela en Zagreb y en Pula, donde asistiré a un encuentro de escritores sobre la libertad y no libertad en nuestra sociedad moderna.
Flores para un ciborg fue premiada en el concurso Mejores Obras Literarias por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura en 1996, y publicada al año siguiente por Random House Mondadori, con gran presencia en medios y buen nivel de ventas. Fue reeditada en 2003 por RIL Editores y en 2011 por Simplemente Editores; es decir, posee tres ediciones en Chile. También fue publicada en España en 2008, en Italia en 2013 y ahora en Croacia.
La novela forma parte de la trilogía del cyborg –mixtura de ciencia ficción, género negro y novela social- está conformada por tres novelas: Flores para un Cyborg (1997), seguida por Las criaturas del ciborg (2011) y continuada por Ojos de metal (2014).
07 octubre, 2015
Fábula de aves humanizadas
El recinto es cerrado y sombrío,
apenas iluminado por una solitaria ampolleta colgante. La mujer pájaro se
afirma con sus garritas al columpio de su jaula de oro gracias al prodigioso
manejo de su larga cola emplumada y contempla con devoto amor al gran pájaro de
rigurosa etiqueta que la vigila desde su silla. De la mano del pájaro hombre
emerge la cuerda que acaba en la pulsera que aprisiona la pata de la mujer
pájaro, una precaución innecesaria, pues ella lo adora con una fuerza solo
comparable a la devoción de él. Así permanecen, vinculados ad aeternum,
convencidos que los unen ataduras inútiles y febles, amantes eternos e
indestructibles.
04 octubre, 2015
La sirena monstruo
para Javier Perucho
La sirena ha despertado
convertida en cefalópodo bajo su ombligo
perfecto. Se mantiene reclinada cómodamente sobre una chaise longue, afirmada
por sus brazos ebúrneos. Con uno de sus ocho tentáculos sostiene un espejo de
plata donde refleja su belleza sin par. Otra de sus extremidades enjuga un
pañuelo humedecido por la conciencia de su terrible aspecto. El tercero cepilla
su cabello con peineta de oro. Los restantes miembros ondulan al ritmo de las
olas marinas que estallan muy cerca, furiosas y admirables. Ay de los
pretendientes que caigan en su celada.
02 octubre, 2015
Amores de otra época
La muchacha rubia con rizos
dorados y traje carmín en la torre más alta del castillo frente a la ventana
por donde entra el viento a raudales y llega el gran pez rojo a robarle un beso
con sus grandes ojos fijos. Ella cierra los suyos para soñar la realidad y el
pez escribe este relato.
26 septiembre, 2015
¡Vivo el ojo!
Es una sirena bellísima, pero maligna. Se
echa semidesnuda en la playa para asolear su cola azulina y secar su cabellera
ensortijada y rojiza. Los varones caen redondos, obnubilados por sus pechos
perfectos y generosos. Ella simula que no percibe la presencia de los galanes,
deja que se acerquen y entonces los atrapa para devorarlos. Lo he visto con
estos ojos. Sus manos de doncella se transmutan en garras con uñas filosas como
navajas. La delicada boquita de fémina se convierte en una mandíbula provista
de colmillos letales. Despedaza a los incautos en un dos por tres; les desgarra
el tórax y las piernas con especial fruición, sorbe los ojos como delicatesen,
saborea las orejas como trufas. El sexo lo deja para postre: mastica con vigor,
primero la verga, luego los testículos.
Los restos, en su mayoría cuero y huesos, los arroja a un pozo
insondable. Por fin, regresa a su frágil y atractiva forma de doncella marina.
Es insaciable, cuídense de sus apetitos. Sé
que están grandes, pero alguien tiene que advertirles.
20 septiembre, 2015
Dilema de la rata blanca
Dentro del roto bulbo de la
ampolleta está atrapada una rata blanca de laboratorio con grandes ojos negros
desesperados. A su alrededor una campana de cristal la encierra de manera
hermética. La campana está dentro de un huevo con manchitas marrones como
pecas. Y el huevo dentro de otro mayor, sobre el cual se cierne un martillo en
un mundo distinto al nuestro. Imagine el próximo hecho que acaecerá en tal
universo, en el entendido que las reglas que usted conoce son del todo
inválidas.
17 septiembre, 2015
Resiliencia a los desastres
El terremoto comenzó causando
primero desconcierto, luego temor, finalmente pánico. Lo que ignorábamos es que
jamás terminaría. Hubo que acostumbrarse a coexistir con el terremoto:
trabajar, comprar, ducharse, enamorar. Lo que más me costó fue lograr
rasurarme: suelo cortarme con excesiva frecuencia. Lo demás fue simple: hacer
la cola de los bancos, confeccionar cheques, negociar precios, responder al
correo electrónico.
En suma, ya estamos allanados a
esta tembladera infinita.
13 septiembre, 2015
Ateísmo 29
Se me apareció de improviso,
quizás con el ánimo de sorprenderme. Cabeza de pescado, cuerpo de mosca, voz
atiplada, alas doradas. Un engendro. “Tú no puedes ser dios”, le espeté con
furia. Después lo acribillé. Dios no existe.
11 septiembre, 2015
Once
Los bombarderos cruzan el cielo
sobre el Palacio de la Moneda. Explosiones, llamas, humo, órdenes, ráfagas, botas
contra el pavimento, temibles helicópteros. La tónica de aquellos días amargos
y terribles convirtiéndose en impronta. Combatientes épicos disparando los
últimos cartuchos para defender al Gobierno Popular. La represión científica,
sistemática, destinada a descabezar la organización del pueblo. Los torturadores
uniformados y sus métodos aprendidos en las escuelas internacionales. Las
primeras reuniones clandestinas por donde trata de asomar la esperanza. La
larga lucha para regresar la democracia, camino plagado de héroes. Las
transacciones y los pactos para entregar los emblemas del poder. El acomodo, el
olvido y la gradual renuncia a los principios. Así han pasado los años,
Salvador: ya suman cuarenta y dos.
09 septiembre, 2015
Post it
El hombre se cubrió completamente
con papelitos amarillos engomados sobre los cuales escribió múltiples deberes.
Así lo encontraron, frente al escritorio donde reposaba su computador, todo
cubierto con urgentes notas doradas. Lo pusieron en un ataúd que pronto estuvo
empapelado con despedidas emotivas. En su tumba suelen dejarle flores de papel
áureas, de las que emanan fragancias en forma de palabras.
06 septiembre, 2015
Ateísmo 28
04 septiembre, 2015
El hombre de las gafas enormes
La primera vez que vi en persona a Salvador Allende fue en un mitin para las elecciones presidenciales de 1964, como candidato del FRAP (Frente de Acción Popular). Yo estaba feliz, instalado sobre los hombros de mi padre, observando a ese señor de lentes con marcos tan gruesos hablando desde una improvisada tribuna en los alrededores del Parque Forestal. Su discurso estaba lleno de pasión y aunque miraba de vez en cuando unas cuartillas invisibles para nosotros, parecía que las palabras brotaban de su corazón, y no desde una reflexión prefabricada. Yo era un niño, incapaz de vislumbrar el significado completo de su discurso, pero sí pude advertir la contagiosa emoción que emanaba ese hombre entrañable. Describía un mundo nuevo, esbozado en sus sueños, mientras flameaban estandartes azules desde donde sonreía un sol pleno de ilusión.
Como
yo era un niño, no sospechaba la importancia que el hombre de profusos anteojos
iba a tener en mi vida, y en la de millones de chilenos en los años venideros.
Menos todavía podía adivinar los sentimientos que ahora me embargan ante la
sola mención de su nombre, emociones que van intensificándose con el transcurso
del tiempo. ¡Cuántas veces evité pensar en su apellido, aunque lo hubiese
gritado mil veces, transmutado en consigna poderosa, aunque lo hubiese pintado
en los muros de la ciudad, trasminado de lágrimas y risas! Para evitar el
dolor, para enterrar ciertos sufrimientos, para vadear un terreno cenagoso,
donde aguardan ciertas reflexiones con sabores amargos. Una sensación difusa,
extraña, inasible; un sabor a hiel que visita la garganta. De alguna forma
comprendo hoy, ahora que escribo estas líneas, que he tratado de exorcizar su
nombre, aunque parezca lo contrario. Y no ha sido por cobardía, ni por
vergüenza, ni por neutralidad, ni oportunismo, ni conveniencia, sino porque
intuyo que entraña una reflexión pendiente para mí, para todos nosotros. No
estuvimos a la altura, no estamos ahora, mucho menos...
No
se confunda usted que me lee. No vaya a creer que le he arrancado el traste a
la jeringa. O sea, conscientemente no. Y sin embargo, lo he hecho. Tampoco voy
a avanzar demasiado en esta oportunidad, eso es lo peor. Es apenas el comienzo
de una deliberación conmigo mismo. Y con ustedes. Intentaré explicarme
nuevamente.
Creo
que no comprendimos, no entendimos sus sueños. Ninguno de nosotros. Todavía no
lo hacemos. Quizás entendimos otra cosa, algo que se asemejaba al mundo que
narraba en sus palabras, pero que no era. Lo aplaudíamos y las palmas
celebraban otra idea distinta, una que estaba al otro lado, más allá de,
inalcanzable. La formidable distancia que a veces se da entre la racionalidad y
las emociones. Tan lejos, tan cerca, Salvador Allende.
En
la campaña presidencial de 1970 escribí decenas de veces su apellido en las
calles de Santiago, vestido con un mameluco impregnado de pintura de todos los
colores del arco iris. Escribía Allende, pero en verdad pensaba en solidaridad,
en amor, en libertad, en esperanzas, en justicia; poco en mí, mucho en los
demás. Yo trazaba enormes letras en el estilo del pop-ar,t y mis
camaradas, delirantes chascones adolescentes, las iban rellenando con las
brochas que sumergían en los tarros de pintura amarilla, verde, roja. Nuestra
alma se quedaba allí, adherida a las paredes de Santiago. Pintábamos sueños, no
consignas.
Cuando
vivimos el interminable invierno que se extendió por diecisiete eternos años,
no vaya a pensar usted que no hice nada, que me quedé con las manos en los
bolsillos, esperando un milagro. Que renegué del hombre de las gafas enormes.
No, no viene de allí mi amargura, no se equivoque. Es otra cosa, es algo
infinitamente más complejo que cualquier escritura, que cualquier pieza de
música que pudiera ejecutarse. No voy a poder decírselo, ¿me entiende? En medio
de esa noche terrible escribí su apellido y agregué a su lado la palabra VIVE.
No estuve solo, había muchos otros al mismo lado. También escritores y
artistas. No fui un héroe, para nada, estaba muerto de miedo, con frecuencia a
punto de cagarme en los pantalones. A veces pintábamos durante el toque de
queda. En la noche silenciosa, interrumpida apenas por el paso ocasional de las
patrullas militares, nos parecía que el sonido de las brochas superaba el
despliegue atronador de las orugas de un tanque. ALLENDE VIVE, escrito en
letras temblorosas, espectrales, manchadas de miedo.
El
día que Salvador Allende ganó las elecciones, el 4 de septiembre de 1970, la
increíble noticia recorrió el país de
punta a punta. El sueño hecho realidad, al cuarto intento, contra todas las
probabilidades, las estadísticas y las encuestas; contra los poderes omnímodos,
los internos y los foráneos. Derribado por una gripe brutal, estuve condenado a
escuchar las noticias en la vieja radio a tubos que reposaba sobre el velador
de mi padre. El corazón iba dándonos vuelcos con cada cómputo. Ocurría lo
imposible. Aquello que demandaban los estudiantes en el París de Mayo de 1968,
estaba convirtiéndose en palpable materialidad: seamos realistas,
exijamos lo imposible. Lloré de alegría junto a esa bendita radio que me
traía las noticias de mis compañeros felices, diseminados por el país, por el
mundo. Con cierta sensación culposa, alentados por mi pujanza, mis padres
salieron a celebrar, y aunque estuve solo esa noche, mientras los demás
celebraban en las calles, jamás –en el resto de mi vida- he vuelto a sentirme
tan acompañado.
Después
tantas cosas, tantas. Lo que algunos llaman el devenir de la historia (¡qué
simple suena dicho así!). Vi muchas veces al Compañero Presidente, como lo
llamábamos con auténtico cariño. En marchas, aniversarios, salones, en la
televisión, con una sensación cada vez más rica en emociones. A poco andar del gobierno de la Unidad
Popular, la marcha de los acontecimientos comenzó a parecerme insoportablemente
morosa. Todo esfuerzo me parecía insuficiente, precario, tímido. Aunque también
percibía los peligros de la desunión y los esfuerzos siniestros de la derecha
fascista y los oficiales del imperio.
El cielo fue
adquiriendo tonos grisáceos y la atmósfera se cargó de electricidad hasta un
extremo insoportable. Recuerdo el 10 de setiembre de 1973 como un día triste,
gris, tenso, pesado; el ambiente anunciaba hechos terribles. Al día siguiente,
muy temprano, partí caminando desde mi casa al colegio; una distancia de por lo
menos cincuenta cuadras. No había microbuses, esa era la razón de la caminata;
las continuas huelgas de transportistas procuraban paralizar la actividad
productiva, las clases, todo. Por eso los estudiantes que apoyábamos al
gobierno de la Unidad Popular nos levantábamos de madrugada para asistir a
clases; lo sentíamos nuestro deber patriótico. Nuestro profesor de matemáticas
hizo lo propio ese día; antes de la hora oficial estábamos iniciando su clase
con la mitad de los alumnos. Antes de las nueve de la mañana ingresó
intempestivamente a la sala uno de nuestros compañeros de curso anunciando,
exaltado y feliz, el golpe militar en curso. Nos miramos espantados, atónitos,
aunque el suceso era más que previsible a esas alturas. Los aviones de la
Fuerza Aérea comenzaban a sobrevolar la Moneda a escasos doscientos metros del
colegio (era el Instituto Nacional).
Bajamos al
subterráneo para organizar la resistencia. Éramos un puñado de adolescentes
dispuestos a defender al gobierno del Presidente Allende hasta la última gota
de sangre. Allí esperamos una hora que llegaran unas armas que jamás arribaron.
El ruido de los Hawker Hunter era atronador, terrorífico. Un profesor vino a
decirnos que nos fuéramos para la casa. “Nunca van a llegar esas armas,
muchachos, váyanse antes que los masacren”. Nos fuimos, con los ojos rojos,
llenos de lágrimas y de rabia. El bombardeo estaba próximo a iniciarse y se
escuchaban ráfagas de ametralladoras por doquiera y el espantoso trepidar de
los helicópteros que llevo grabado en la médula de los huesos. Milagrosamente
tomé una micro aparecida como por arte de magia, tal vez la última, en
silencio. Nadie hablaba. Imperaba un silencio sordo y terrible que me apretaba
el estómago con su peso infinito. Todo el camino de regreso experimenté una
amargura tremenda. Una vez en casa, alcancé a escuchar su discurso, antes de
que los aviones derribaran la antena de la Radio Magallanes, último bastión de
la libertad de prensa.
He
escuchado a muchas personas referirse en términos condenatorios al suicidio de
Allende: que habría podido organizarse un gobierno en el exilio, menos
represión, dictadura más corta, en fin, críticas miopes e injustas. Su suicidio
fue el último acto de lucidez histórica, de entrega, de sacrificio por los
demás. No tuvo sentido para él vivir la derrota de su proyecto político, porque
no estaba derrotado, sólo interrumpido. La vía democrática al socialismo es
posible, nos quiso transmitir; ahora es imposible, pero otras personas
lo lograrán en el futuro.
Éramos demasiado
débiles, crueles, mezquinos, desunidos, flojos, ingenuos, siniestros, serviles,
egoístas, estúpidos para que fuera posible aquel sueño. Podemos aplicar esta
misma frase en presente: somos... Eso es lo que me dolió ese día, lo que me
sigue doliendo, cuando recuerdo el rostro del hombre con las gafas grandes, el
hombre que tantos años encarnó las esperanzas más altas del ser humano. Y que
lo sigue haciendo, más allá de la muerte, con esa voz tan querida que me
susurra sueños por dentro.
Diego Muñoz Valenzuela
02 septiembre, 2015
Execración del nazismo
La cabeza de Hitler bañada en
mierda dentro de una bacinica. Los putos bigotillos untados en petróleo
ardiendo. El führer gesticulando furibundo sumergido en un pozo séptico donde nadie puede verlo ni oírlo. La pulcra
faz del líder nazi cortada en diagonal por un preciso hachazo. Sus pequeños
ojos crueles vidriosos, nebulosos por la muerte, anulados por la nada.
29 agosto, 2015
El sobreviviente
El único pájaro atraviesa el
cielo de la ciudad vacía y silenciosa. Su vuelo es agitado, urgente, incierto,
trémulo, empavorecido. Nadie lo ve, ni personas, ni animales, ni otras aves. La
urbe está muerta y solo el ave vive. Y usted lee esta historia mientras el
abandono y el miedo ascienden como serpientes heladas por su espalda.
26 agosto, 2015
Senectud de los superhéroes
La
Mujer Maravilla estaba vieja, canosa y medio esquelética; le colgaba piel de
los antebrazos, enormes patas de gallo decoraban su rostro anguloso y colmado
de ojeras, manchas cafés y granos. Batman estaba obeso, la guata flácida
colgaba sobre sus piernas raquíticas esforzadas al máximo para sostener a el
pesado tronco; los ojos tras el antifaz se apreciaban enrojecidos y muertos.
Supermán estaba enjuto, roñoso, encorvado; los ojos hundidos en la calavera que
tenía por cabeza se complementaban bien con las escasas greñas que habitaban el
cuero cabelludo; el traje le quedaba grande, suelto, grotesco. Flash se movilizaba en una silla de ruedas
gracias al empeño de una enfermera rubia y rolliza. No me atreví a pedirles
autógrafo, di media vuelta unos metros antes. El cansancio y la nostalgia
brillaban en sus ojos apagados.
22 agosto, 2015
El recurso del ególatr
Léame a mí no más, no desperdicie
su tiempo. Ningún otro autor valdrá la pena, no lo compruebe por sí mismo. En
este paisito nadie ha escrito una historia interesante, apenas uno que otro
texto prescindible. Acá, bajo mi nombre –quizás debe decir marca- encontrará
oro puro. ¡Qué digo! Platino, esmeraldas, zafiro, perlas, diamantes, riqueza
incalculable. Tampoco espere vanamente que otro escritor pueda igualarme en el
futuro.
Ni siquiera soy el más grande,
sino el único.
19 agosto, 2015
Ateísmo 14
Nadie podrá superarte en el
diseño y la construcción de tu mejor infierno. Lo mismo vale para tu cielo,
pero es más difícil.
17 agosto, 2015
Causalidad y causalidad electrónicas
Se cortó el pelo y su correo
electrónico se borró. Recordó la historia de Sansón, pero la desechó como
explicación.
Se hirió el talón con un clavo
oxidado, soltó el computador y se hizo
añicos; perdió toda la información. Recordó la historia de Aquiles y -tras un
rato consagrado a las reflexiones- la desechó como explicación.
Por caminar en la calle hablando
por teléfono, tropezó y cayó sobre un madero aguzado que se clavó en un ojo, y
recordó la historia de Polifemo. La desechó, con dudas.
Como pudo, se incorporó, restañó
la sangre del ojo vaciado con un pañuelo y caminó vacilante, pensando cómo
conseguir un GPS. Cuando vio ante sí la enorme cruz, emprendió la retirada en desesperada
carrera.
14 agosto, 2015
El zombi ateo
Quiso
atacarnos el horroroso no muerto, pero lo paré en seco con un formidable golpe
en pleno pecho. Se encogió ante el impacto, como si le doliera. ¿Acaso sienten
dolor los zombis? Estaba fétido ya. Lo tomé de la garganta con repugnancia y
temí que se le fuera a desprender la cabeza. Por suerte aguantó.
-Dinos
cómo es el otro mundo. Qué viste allá –le propiné un par de cachetadas sobre su
verdosa cara con la finalidad de motivarlo.
-Nada,
nada –masculló- ¿Quieren que les narre historias de luces celestiales, ángeles
y babosadas similares? Son unos pelotudos. No hay dios ni cielo, idiotas. Esto
es todo. La única vida posterior a la que pueden aspirar es esta –se golpeó el
pecho con vanidad y volvió a doblarse por el dolor.
-Aquí
el único idiota eres tú –le separé la cabeza del tronco con un contundente
uppercut-, ahora sí que finalizaste. Buenas noches.
Esa
fue su despedida y epitafio.
-No
existe dios, ya lo escucharon –concluí-. Ahora echemos unos tragos, que la vida
es corta.
11 agosto, 2015
Antiutopía 1
El ácaro
mutante entró por su oído mientras D dormía, perforó el tímpano para abrirse
paso al cerebro. D aulló de dolor y saltó de la cama, desesperado. La molestia
pasó pero dejó su huella. D se acostó, inquieto. El ácaro inició su avance; con
sus quijadas filosas cortaba e iba devorando la materia gris. D había caído a
un pozo de sueños negros y profundos, sin escapatoria. Sus recuerdos se iban
borrando a medida que el ácaro realizaba su labor devastadora. Cuando al día
siguiente D abrió los ojos, el trabajo estaba hecho y el objetivo cumplido. Se
iniciaba una nueva era.
08 agosto, 2015
Vengador sucesivo
Lo atravesó con una certera estocada y murió ipso facto. El desdichado contendor se
derrumbó y el espadachín lo abrió en cruz. Por el tajo salió un hombre más
pequeño que el anterior. De inmediato se tornó belicoso y atacó al asesino de
su predecesor. El diestro esgrimista se apresuró a darle muerte y cuando -de
acuerdo a su inveterada costumbre- lo destripó, de su interior emergió un enano
furioso. Aunque menudo, el chico era de cuidado; con un salto se precipitó al
cuello del criminal, que aprovechó el momento para demediarlo con un solo
alfanjazo. Una vez más, de los restos mortales surgió un vengador tan furioso
como minúsculo.
Y así sucesivamente, hasta que el adversario
alcanzó el tamaño de un ínfimo mosquito. El espadachín no pudo asestarle ni un
solo golpe, y el ente microscópico se introdujo por el oído hasta el cerebro y
le ordenó cortarse en dos a sí mismo. Obedeció. No tenía a nadie más en su
interior.
05 agosto, 2015
Doble faz
Tenía un rostro por delante y
otro por detrás. La cara del frente era bondadosa, límpida, sonriente. La
trasera, abyecta, furibunda, artera. Ya ve usted, era una persona completamente
normal.
02 agosto, 2015
31 julio, 2015
26 julio, 2015
Muerte enojada
Q llegó atrasado al momento establecido para
su deceso. La Muerte estaba furiosa, a Ella nadie la deja plantada. Se fue. Por
esa razón, Q ganó la inmortalidad.
23 julio, 2015
La resurrección de la conciencia
La reapertura del caso de los jóvenes
quemados, Rodrigo Rojas Denegri y Carmen Gloria Quintana, trae de regreso, una
vez más, la eterna pesadilla de la dictadura militar. Así ocurrirá mientras se
mantenga pendiente el ejercicio de una justicia eficaz con las miles de víctimas
de la represión que las fuerzas armadas ejercieron contra los opositores
durante 17 largos y terribles años. Aquellos que pretenden imponer el silencio
y el olvido lo hacen amparados por su complicidad en estos horribles crímenes,
o bien –y quizás sea peor- por conveniencia política y económica.
La culpa hizo su trabajo golpeando tres décadas
en la conciencia de un exconscripto, hasta que rompió ese siniestro pacto de
silencio establecido y amparado por oficiales del Ejército. Bendita sea esta acción
de arrepentimiento y confesión, pero faltan muchas más. El daño provocado, la
muerte, la tortura, la persecución sistemática que ejerció un estado fascista
en contra de los ciudadanos que se atrevieron a enfrentar la injusticia, son inconmensurables,
en verdad irreparables. Lo menos que se puede hacer es justicia y castigar a
los culpables. Esto porque hay otros
daños que considero tanto o más terribles, catastróficos, que mencionaré más
adelante.
Cuando la dictadura empezó, yo tenía 17 años;
cuando acabó, 34. Esto es lo que vivió mi generación en su juventud: un horror
sistemático. Apenas alcanzamos a disfrutar del sueño utópico de los 70, no
fuimos actores decisivos de ese periodo, pero tuvimos que asumir las
consecuencias. La mayor consecuencia fue la convivencia con el terror ejercido
como sistema por un estado criminal. Aclaro que no pretendo que nadie me
indemnice ni pida mi perdón por ello; tampoco existe la manera de repararlo. Como
miles de compatriotas, me las he arreglado solo, y puedo seguir haciéndolo.
Quizás por qué sobreviví al horror cotidiano:
suerte, ingenio, instinto, solidaridad, piedad. Muchos amigos quedaron en el
camino desde los primeros días. Vivo y revivo cada día el dolor de su desaparición,
tortura y muerte. He escrito sobre ello y sigo escribiendo, porque no puedo
evitarlo. No puedo olvidar lo que viví. Y tengo que hablar por quienes no
pueden hacerlo. Creo que ese es el sentido de haber sobrevivido.
Experimenté en carne propia los peligros y
los rigores de la clandestinidad, los compartí con miles de compañeros y
compañeras anónimas –los que sobrevivieron por ahí están, esperando algo
impreciso, como yo- y me siento orgulloso de haberlo hecho. Puedo mirar de
frente a mis hijos y contárselos: no eludí luchar con todas mis fuerzas y
posibilidades contra un régimen cruel y oprobioso. Creo que es lo mejor que
hice en mi vida. Y no esperé ni espero recompensas, honores ni reconocimientos
por ello.
La verdad es que es muy modesto lo que
espero. Un poco de justicia real, algo más que lo “posible”. Dije antes que el
daño fue muy grande. Una auténtica hecatombe. Lo explico en lo que sigue.
El socialismo a la chilena, con empanadas y
vino tinto, en democracia; la fórmula acuñada por Salvador Allende, representó
un peligro atroz para los detentores del poder económico, político y militar.
Un peligro mucho mayor que el “socialismo real”, burocrático, estaliniano, que
terminaría por derrumbarse en unas décadas, tal como ocurrió.
Este era un peligro mucho mayor para los
gigantescos y concentrados intereses de los amos, los visibles y los
invisibles. Así se desató la intriga que culminó con el golpe militar que dio por
tierra con el gobierno de Allende. Ahí comenzó a actuar la aplanadora fascista:
exterminar a las organizaciones políticas de izquierda y a las organizaciones
sindicales, eliminar a los mejores cuadros dirigentes: los más lúcidos,
generosos, flexibles, innovadores y visionarios, partiendo por el propio
presidente. Fue un trabajo sistemático de exterminio llevado a cabo en esos 17
años. Muy fructífero, si se juzga por los resultados.
También aprovecharon –esa era la finalidad al
fin y al cabo- de destruir el sistema educacional, previsional, la salud.
Jibarizar al estado, poblarlo de tecnócratas, introducir la venalidad en los
sistemas de gobierno, instaurar las bases para el desarrollo de un experimento
ultra neoliberal.
En ese mundo horrible vivimos, sin muchas
esperanzas de cambio real. Con los partidos políticos al servicio de los
intereses económicos, con las elites dominadas por aventureros, ignorantes y
corruptos, con los intelectuales y artistas arrinconados, cooptados o
domesticados. Con los medios de comunicación totalmente instrumentalizados y
dirigidos.
Esta es una visión muy desalentadora, es
verdad. Pero siempre es posible hacer algo. Partir por decirlo y reconocerlo.
Luego, hecha la catarsis, vendrán los actos de ejercicio de la responsabilidad individual,
como ha hecho el conscripto que rompió el pacto de silencio. O su propia
reflexión: me dirijo a quien lee este texto. ¿Qué puede hacer usted? Yo he
escrito estas palabras, tal vez impulsado por una difusa esperanza. Deben producirse
muchos más de esta clase de actos, millones de ellos.
Eso podrá impulsar, quizás, otros actos
mayores, comunitarios, ojalá multitudinarios que quiebren la presunta
estabilidad del silencio, la neutralidad y el conformismo. Siempre es posible hacer
algo, más allá de los meros límites de los intereses individuales.
Conocí a Carmen Gloria Quintana. Fuimos
compañeros de esperanzas. Admiro sin reservas su valor, su consistencia, su
ejemplo moral. Conocí a muchas otras buenas personas, valientes, generosas,
luchadoras. Me pregunto dónde estarán ahora mismo aquellas que sobrevivieron. Quisiera
que den noticias de su existencia: que hablen, escriban, aplaudan, que hagan lo
que les sea posible.
Como tantas veces ha ocurrido en la historia,
la humanidad tiene el derecho irrenunciable a soñar un mundo mejor y el deber
de ponerse en movimiento para cambiarlo.
Diego Muñoz
Valenzuela
escritor
.
18 julio, 2015
Alienígenas intrusos
Vasili
es un viejo amigo cosmonauta que de vez en cuando me visita y trae obsequios de
planetas recónditos. Siempre tengo una botella de vodka reservada para
atenderlo: me cuenta sus últimas aventuras, bebe como cosaco y al final –cuando
está borracho como cuba- me entrega el regalo, cuya naturaleza no fue anunciada
de modo alguno. A esa altura tampoco cabe esperar explicaciones de su parte: su
estado es deplorable.
La
semana pasada repitió su rutina y me dejó una especie de pez plano alienígena.
Estaba dentro de un cubo de cristal ambarino al que estaban adosados una serie
de minúsculos aparatos. Vasili de fue tambaleando y me dejó con la criatura.
Era de color verde oscuro y piel de apariencia suave. De pronto, tras un largo
periodo de inmovilidad, abrió unos grandes ojos esmeralda, preciosos, muy
humanos. Me miró con ellos de manera seductora; hizo un guiño coqueto.
Realizó
un rápido movimiento y la tapa del cubo –que creí hermética- se levantó. Mi
casa se inundó con un perfume embriagador. Aquella cosa saltó sobre mí sin
previo aviso, distendiéndose para envolverme en un abrazo total y exquisito.
Vino un periodo de placer intenso, mayor a cualquiera experimentado hasta
entonces. Cuando desperté, la criatura estaba de nuevo en su cubo,
aparentemente sumida en un profundo sopor.
Ahora
la contemplo con arrobación. Espero con inquietud que despierte. Estoy
perdidamente enamorado. Vaya líos que me acarrea Vasili.
16 julio, 2015
Gobiernos de pacotilla
El Ogro Tesko amaneció de mal humor y se puso
el uniforme de gala, las charreteras, sus falsas medallas y comandó un golpe de
estado en contra del presidente al que había jurado lealtad. Logró que sus
soldaditos ejecutar al gobernante y sus principales colaboradores, Tras semanas
de terror, sintió que el nuevo poder –el suyo se había asentado. Entonces tuvo
que pensar en un programa de gobierno.
Decidió consultarle a su novia, la Bruja
Ladora. Ella le sugirió el camino más seguro:
Reducir:
·
Los impuestos
·
El tamaño del estado
·
Las fiscalizaciones a
los privados
·
Los beneficios
sociales
Aumentar:
·
Las franquicias a los
exportadores
·
Las externalizaciones
a los privados
·
El fomento de las
inversiones
·
La cantidad de
policías
Fue un gobierno exitoso: los ricos se
hicieron más ricos. El resto, usted ya lo sabe.
14 julio, 2015
Fantasía zoológica 2
El pájaro vuela aunque no posea alas. Le
falta una pata completa. No obstante en su pecho tiene una cavidad donde habita
un pájaro pequeño, que nos mira con curiosidad. El nuestro es un mundo muy raro.
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